La Revolución Francesa fue impulsada por causas económicas, sociales y político-ideológicas, incluyendo el endeudamiento estatal y el descontento de la burguesía y el tercer estado. La fase ascendente (1789-1794) estuvo marcada por la toma de poder de la burguesía, la constitución de la Asamblea Nacional y la proclamación de la República, mientras que la fase descendente (1794-1799) culminó en el golpe de estado de Napoleón que estableció el Consulado. Este proceso transformó radicalmente la estructura política y social de Francia, disipando los privilegios feudales y consolidando la oligarquía burguesa.