El documento critica la postura de sectores conservadores de la iglesia sobre la situación de los divorciados en nueva unión, argumentando que su discriminación es un problema global que trasciende clases y nacionalidades. Se plantea la necesidad de una pastoral más inclusiva y misericordiosa, cuestionando la falta de atención a las desigualdades en el tratamiento de casos de nulidad matrimonial. Se enfatiza que la discusión sobre el acceso a la comunión debe ir acompañada de una reflexión sobre la realidad de las familias y el sufrimiento que enfrentan.