Detras de la barda 
... regresa cuando puedas, tengo mil años para esperarte... así decía la voz detrás de la pared, 
era una voz dulce como de una jovencita que aun no terminaba la secundaria, yo solía escucharla 
durante horas y horas mientras me contaba de sus amigos y su familia, mientras me contaba de 
sus sueños y de sus galanes que de cuando en cuando le regalaban chocolates y flores. 
Una vez me conto que dejo de sentir miedo a casi todo menos a la soledad, pues era horrible, 
casi insoportable el no poder hablar con nadie, que ella tenía tantas cosas que contar y nadie 
tenía ni el tiempo ni la intención de escucharla y que a lo largo del tiempo se había casi olvidado 
de cómo hablar pues por más que lo intento no encontró lugar en los oídos de nadie. 
Cuando me conoció a mi fue por casualidad, yo me recargue en la delgada pared de losa y el 
golpe de mi espalda la puso en alerta mientras yo intentaba rascarme un poco esta horrible 
comezón que de cuando en cuando me ataca, en un momento de silencio escuche ..Hola, cómo 
te llamas?.. 
Yo al principio me saque de onda pues no veía de donde provenía la voz que era clara y fuerte, 
empecé a preguntar con cierta desesperación... quién anda ahí?... después de un corto silencio 
respondió ... me llamo Ángela... 
Me preguntó que si tenía un poco de tiempo yo le respondí que sí, me pregunto que si me sentía 
incomodo que platicáramos de esta manera y la verdad yo solo respondí que no. 
Me dijo tengo 17 años y hace mucho que no platico con nadie, me preguntó que si quería ser su 
amigo a lo que yo respondí que solo iba de paso, ella guardo silencio...
Después de unos minutos recargado en la pared y con francas ganas de partir hice un "ultimo" 
intento por recuperar a mi nueva amiga Ángela así que pregunté ... Ángela estas ahí?... ella dijo 
si, le dije ok, seamos amigos te prometo regresar cada que pueda pero te advierto que suelo 
perder el rumbo muy fácil y tal vez un día no sepa regresar aquí, ella solo dijo ... el tiempo que 
tengas para mi es suficiente y si un día dejas de venir yo te esperare por mil años... a mí eso me 
puso los vellos de punta dije wow de verdad esta chica necesita hablar con alguien... 
Yo recargaba mi espalda y cabeza en la barda y ella hablaba por horas y debo confesar que a 
veces el sueño me ganaba y la imaginaba acariciándome el pelo y contándome todo lo que nadie 
había tenido tiempo de escuchar, la imaginaba hermosa muy hermosa pues su voz me dejaba v er 
eso y aunque la pared era fría yo sentía el calor de sus manos en mi cara mientras yo recargaba 
mi cabeza en sus piernas., si ya sé que suena enfermo que un hombre como yo tenga estos 
pensamientos con una joven de 17, pero eran solo eso pensamientos... 
Un día la curiosidad me estaba ganando y le dije que quería conocerla pues me había vuelto 
adicto a ella y a su voz, ella me respondió que si quería entrara, así que busque la puerta con 
desesperación y al encontrarla me di cuenta que era enorme y tenia mil candados así que pensé 
en brincarme la barda y llegar hasta donde ella estaba pero algo en mi me dijo que no era ni el 
lugar ni el tiempo, que la puerta estaba ahí para no dejar entrar a nadie y para no dejar salir a 
nadie, así que regrese al lugar donde estaba Ángela y ella dijo, no te preocupes tal vez en el 
tiempo podremos conocernos, para eso tenemos mil años... 
Las platicas se volvieron constantes e interesantes, reíamos llorábamos pero nunca hablábamos 
de como era el lugar donde estaba cada uno pues ese pedacito de barda fría era nuestro imperio 
y ahí nada hacía daño o mentía, ahí todo era perfecto. 
En el tiempo yo regresaba de cuando en cuando y ella siempre estaba esperándome con su dulce 
voz y su intoxicante risa y hablábamos del amor y la esperanza, de lo eterno de un beso y de lo 
efímero de las promesas, hablábamos de todo y de nada, hablábamos de ser perfectos en un 
mundo lleno de errores y eso nos hacia tremendamente felices. 
Se llego el invierno y para mí era más difícil llegar hasta el lugar donde me encontraba con 
Ángela, ella me dijo lo entiendo pero por favor regresa con la primavera que yo te esperare mil
años, yo extendí mi mano sobre la barda y pegue mi mejilla derecha y de verdad les digo que 
podría jurar que Ángela del otro lado hacia lo mismo, nos dijimos hasta pronto y me fui... 
Desde ese invierno han pasado ya 10 años que no he regresado a ese lugar pero es que la verdad 
cuando lo pienso bien me resulta algo extraño ir por la noches y recargar mi espalda en la barda 
de un cementerio mientras alguien me habla del otro lado... 
No sé a lo mejor no había pensado en el miedo que eso me provoca, creo que tengo que esperar a 
que ese miedo se vaya y llegue el miedo de la soledad que sentía Ángela, el miedo de no ser 
escuchado por nadie, tal vez solo así regrese a esa barda, espero regresar antes de los 990 años 
de espera que restan. 
(Cuento corto de la serie Juan Pérez un libro que nunca termine de escribir) 
Etiquetas: Juan Pérez, mis cuentos

Lectura de apoyo

  • 1.
    Detras de labarda ... regresa cuando puedas, tengo mil años para esperarte... así decía la voz detrás de la pared, era una voz dulce como de una jovencita que aun no terminaba la secundaria, yo solía escucharla durante horas y horas mientras me contaba de sus amigos y su familia, mientras me contaba de sus sueños y de sus galanes que de cuando en cuando le regalaban chocolates y flores. Una vez me conto que dejo de sentir miedo a casi todo menos a la soledad, pues era horrible, casi insoportable el no poder hablar con nadie, que ella tenía tantas cosas que contar y nadie tenía ni el tiempo ni la intención de escucharla y que a lo largo del tiempo se había casi olvidado de cómo hablar pues por más que lo intento no encontró lugar en los oídos de nadie. Cuando me conoció a mi fue por casualidad, yo me recargue en la delgada pared de losa y el golpe de mi espalda la puso en alerta mientras yo intentaba rascarme un poco esta horrible comezón que de cuando en cuando me ataca, en un momento de silencio escuche ..Hola, cómo te llamas?.. Yo al principio me saque de onda pues no veía de donde provenía la voz que era clara y fuerte, empecé a preguntar con cierta desesperación... quién anda ahí?... después de un corto silencio respondió ... me llamo Ángela... Me preguntó que si tenía un poco de tiempo yo le respondí que sí, me pregunto que si me sentía incomodo que platicáramos de esta manera y la verdad yo solo respondí que no. Me dijo tengo 17 años y hace mucho que no platico con nadie, me preguntó que si quería ser su amigo a lo que yo respondí que solo iba de paso, ella guardo silencio...
  • 2.
    Después de unosminutos recargado en la pared y con francas ganas de partir hice un "ultimo" intento por recuperar a mi nueva amiga Ángela así que pregunté ... Ángela estas ahí?... ella dijo si, le dije ok, seamos amigos te prometo regresar cada que pueda pero te advierto que suelo perder el rumbo muy fácil y tal vez un día no sepa regresar aquí, ella solo dijo ... el tiempo que tengas para mi es suficiente y si un día dejas de venir yo te esperare por mil años... a mí eso me puso los vellos de punta dije wow de verdad esta chica necesita hablar con alguien... Yo recargaba mi espalda y cabeza en la barda y ella hablaba por horas y debo confesar que a veces el sueño me ganaba y la imaginaba acariciándome el pelo y contándome todo lo que nadie había tenido tiempo de escuchar, la imaginaba hermosa muy hermosa pues su voz me dejaba v er eso y aunque la pared era fría yo sentía el calor de sus manos en mi cara mientras yo recargaba mi cabeza en sus piernas., si ya sé que suena enfermo que un hombre como yo tenga estos pensamientos con una joven de 17, pero eran solo eso pensamientos... Un día la curiosidad me estaba ganando y le dije que quería conocerla pues me había vuelto adicto a ella y a su voz, ella me respondió que si quería entrara, así que busque la puerta con desesperación y al encontrarla me di cuenta que era enorme y tenia mil candados así que pensé en brincarme la barda y llegar hasta donde ella estaba pero algo en mi me dijo que no era ni el lugar ni el tiempo, que la puerta estaba ahí para no dejar entrar a nadie y para no dejar salir a nadie, así que regrese al lugar donde estaba Ángela y ella dijo, no te preocupes tal vez en el tiempo podremos conocernos, para eso tenemos mil años... Las platicas se volvieron constantes e interesantes, reíamos llorábamos pero nunca hablábamos de como era el lugar donde estaba cada uno pues ese pedacito de barda fría era nuestro imperio y ahí nada hacía daño o mentía, ahí todo era perfecto. En el tiempo yo regresaba de cuando en cuando y ella siempre estaba esperándome con su dulce voz y su intoxicante risa y hablábamos del amor y la esperanza, de lo eterno de un beso y de lo efímero de las promesas, hablábamos de todo y de nada, hablábamos de ser perfectos en un mundo lleno de errores y eso nos hacia tremendamente felices. Se llego el invierno y para mí era más difícil llegar hasta el lugar donde me encontraba con Ángela, ella me dijo lo entiendo pero por favor regresa con la primavera que yo te esperare mil
  • 3.
    años, yo extendími mano sobre la barda y pegue mi mejilla derecha y de verdad les digo que podría jurar que Ángela del otro lado hacia lo mismo, nos dijimos hasta pronto y me fui... Desde ese invierno han pasado ya 10 años que no he regresado a ese lugar pero es que la verdad cuando lo pienso bien me resulta algo extraño ir por la noches y recargar mi espalda en la barda de un cementerio mientras alguien me habla del otro lado... No sé a lo mejor no había pensado en el miedo que eso me provoca, creo que tengo que esperar a que ese miedo se vaya y llegue el miedo de la soledad que sentía Ángela, el miedo de no ser escuchado por nadie, tal vez solo así regrese a esa barda, espero regresar antes de los 990 años de espera que restan. (Cuento corto de la serie Juan Pérez un libro que nunca termine de escribir) Etiquetas: Juan Pérez, mis cuentos