Los monasterios en la Edad Media eran residencias para comunidades de monjes y monjas que se dedicaban a la oración, meditación, cultivo y asistencia a los pobres y enfermos. Vivían de forma aislada siguiendo reglas específicas como las de San Benito. Los monasterios tenían zonas para rezar, dormir y trabajar. También albergaban esculturas y pinturas con temas religiosos para la educación.