Los visigodos entraron en España a finales del siglo V desde Europa central y expulsaron a los vándalos y alanos con la ayuda de los romanos. Gobernaron la península ibérica manteniendo la división romana en provincias llamadas ducados y condados, aunque compartieron el poder con los suevos durante 80 años. Uno de sus reyes más importantes fue Leovigildo, que trasladó la capital a Toledo y derrotó a los suevos, tratando de unificar a visigodos y hispano-romanos.