En el siglo V, los pueblos germánicos de los suevos, vándalos y alanos invadieron la península ibérica desde el norte de Europa. Los romanos pidieron ayuda a los visigodos para combatir a los invasores. Los visigodos se asentaron en la península y expulsaron a los vándalos y alanos, aunque los suevos resistieron durante más tiempo en el noroeste. Más adelante, los visigodos lograron controlar casi todo el territorio peninsular.