Nicholas Carr estudió literatura y se convirtió en un experto en tecnología luego de descubrir Internet. Sin embargo, dejó de ser un buen lector al perder su capacidad de concentración después de pocas páginas. Preocupado por esto, se mudó a una cabaña aislada para alejarse de la tecnología. Aunque reconoce los beneficios de servicios como Google, advierte que el Internet se está convirtiendo en una extensión de nuestro cerebro, haciendo algunas tareas en lugar de nosotros y adaptándose