De acuerdo con la tradición prehispánica, los dioses aztecas, mayas y toltecas podían transformarse en animales, y cada persona tenía un espíritu animal protector llamado nahual. Algunos brujos podían establecer un vínculo con su nahual y transformarse en el animal, tomando su forma de manera temporal. Estas transformaciones de los nahuales se consideraban tanto un don sagrado como una habilidad peligrosa, y por ello los nahuales a menudo eran temidos.