El documento aborda la necesidad de que la educación superior se adapte a los desafíos de la globalización y la digitalización, enfatizando que las universidades deben ir más allá de la capacitación profesional para convertirse en agentes de cambio ético y social. Se discute cómo la institución universitaria debe generar conocimientos para el beneficio común, promover la justicia social y reducir desigualdades. Finalmente, se sostiene que la transformación de la educación superior es esencial para enfrentar los problemas actuales de la humanidad.