NUESTRO 2020
Voces y miradas detrás del cristal
TODAS LAS QUE SOMOS
NUESTRO 2020
Voces y miradas detrás del cristal
TODAS LAS QUE SOMOS
Este libro, es un esfuerzo colectivo.
Los derechos de cada escrito pertenecen a su autora.
Edición y recopilación: Yolanda Alicia Cicero Ocaranza
Maquetación y diseño: Yolanda Jose Gudiño Cicero
Ilustración: Tania Recio
Dedicamos esta obra a todos y todas las trabajadoras de salud, de limpieza,
del campo, quienes con su trabajo diario e incansable han sostenido
nuestra existencia.
Lo dedicamos también a la memoria de quienes perdieron la batalla
pero vivirán siempre en nuestros corazones.
Prólogo
En una plática que tuvimos mi hija y yo, surgió la idea de
hacer un libro basado en las experiencias vividas durante la pan-
demia de COVID19. Esta pandemia causó gran temor entre la
población mundial, ya que, habiendo empezado en China, pron-
to abarcó todo el mundo, provocando una serie de cambios, no
sólo en los cuidados sanitarios como el uso del cubrebocas, go-
gles, caretas y lavado frecuente de manos; una cuarentena que em-
pezó en marzo y no tiene para cuándo acabar, también transfor-
mó la economía y la educación, en fin, un cambio total en la vida.
	En este escenario, quisimos tener el testimonio de muje-
res de todas las edades. A mi mente acudieron los nombres de al-
gunas amigas que podrían participar, así las fui anotando, prime-
ro las integrantes de mi familia, mi hija, mi nieta, mis nueras, mis
primas, sus hijas, sus nietas, después amigas, sus hijas y nietas.
	La respuesta fue muy positiva, dos días después de la
invitación empezaron a llegar las participaciones, así, conta-
mos con la colaboración de una queridísima amiga de 96 años,
todo un ejemplo de vitalidad y excelente actitud ante la vida.
Hay relatos de toda índole, algunos llenos de humor, otros
mostrando preocupación, otros más, reflejando una gran tran-
quilidad... en fin, todo un retrato de la rara situación que esta-
mos viviendo y, que sin duda nos dejará marcadas para siempre.
Gracias a todas ustedes por participar en este proyecto, ha sido
muy hermoso leer sus experiencias.
Yolanda Cicero Ocaranza, CDMX septiembre del 2020
Presentación
Un día, tuvimos que recluirnos en casa ante la amenaza de un
nuevo virus. Ya nos había pasado antes, sin embargo, nunca con tan-
tos medios de comunicación para enterarnos de lo que acontece al
otro lado del mundo, nunca con la posibilidad de unir nuestras voces
para hermanarnos a la distancia. En este contexto de incertidumbre y
aislamiento, fue que, a través de una llamada de Whats, mi mamá y yo
ideamos este proyecto.
Nos ilusinó la idea de escuchar los relatos de nuestras amigas
y familiares, pensarnos juntas a pesar de la distancia. Tejer historias,
que es lo que siempre hemos hecho, es nuestra vocación compartida.
En esta serie de relatos hay voces de niñas pequeñas, adolescentes,
jóvenes y adultas. Al principio no imaginamos que la respuesta fuera
tan rápida, ni que tantas mujeres se dieran un tiempo para sentarse a
escribir su historia y compartírnosla por mail, pero lo hicieron.
Las mujeres contamos historias para vaciar el alma, para apren-
der y enseñar, para construir el futuro propio y el de las otras, a través
de la palabra nos llenamos de esperanza y fuerza. Estos relatos del
2020 están escritos desde distintas perspectivas, diferentes ciudades y
países, pero todos hablan desde las mujeres niñas, jóvenes y adultas a
quienes el 2020, obligó a mirar la vida a través de la ventana y desde
ahí narrarse como protagonistas de una historia que apenas se está
escribiendo.
Muchas gracias a todas las que nos confiaron sus voces y acep-
taron compartirlas. Seguramente sus testimonios habrán de unirse a
muchos otros alrededor del mundo.
Yolanda Gudiño Cicero. CDMX, Septiembre del 2020
Índice
Aida Brener B. Pesadilla terrorífica
Alba Malaver Terapia poética en tiempos de pandemia
Alejandra Molina Gudiño Testimonio de la pandemia
Amparo Montoya Mi anécdota, COVID 19
Ana Leticia Gudiño Escrito pandemia
Anahí Robles Hernández Cuarentena
Azahari Zarza Trujillo Experiencia, tiempos de COVID 19
Azucena Edalí Molina G. Sorpresiva cuarentena
Brenda Sánchez Escrito pandemia
Clara González Espacio tiempo
Claudia Jacal Murillo Algunas vivencias durante la cuarentena
Concepción Azuara ¿Cómo he vivido el COVID 19?
Dina Dantus ¿Cómo me afectó el Coronavirus?
Elena Flores Zárate Experiencia de esta cuarentena
Esther Ortega Ruiz Pandemia 2020
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Frida Palos Gudiño Tocar fondo en la cuarentena es lo mejor que me
ha pasado
Guadalupe Moguel Pasquel Aprendizajes de pandemia
Irma López de la Rosa Mi hermano Alberto en cuarentena
Isabel Cicero Ortiz Mi vida duante la pandemia
Jimena Mateos González Tiempo de capullo
Josefina Romero Nuestro descanso obligatorio
Laura Castro Experiencia COVID 19
Leticia Arana Mundo arrodillado
Lilia Miranda Colín Experiencia cuarentena
Lucía García Morales Una cuarentena mundial que supera todo lo
vivido
Lucía Zúñiga Aplausos
Luisa Antonieta Mateos Enero 1 de 2020
Ma. de Lourdes Alarcón Robles Bodas de oro
Ma. de Lourdes Espinosa Serrano Confinamiento Lulú
Ma. del Rosario Pliego Neri Experiencia desagradable
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Ma. Esther Betanzos 19 en Italia
Macarita Elizondo Gasperín/ Macarita Náder Elizondo
40 Reflexiones en una cuarentena
María Clara de Greiff De bolsas veganas y COVID 19 en Vermont
María José Cortés López Una playa para mí, un aeropuerto vacío
y el duelo
Mariana Ruiz Velazco El día a día en los tiempos de la cuarentena
Martina Villareal Mateos Sobreviviente del COVID 19
Paula Carolina Mateos Pandemia Covid 19, 2020
Pilar López de la Rosa ¿Alguna vez imaginamos esto?
Renata Quiroz Sepúlveda Lo que he pensado esta cuarentena
Rocío Villegas Pandemia, música y dulces/ Mi cumpleaños COVID
Samantha Jasso Horrible cuarentena 2020
Silvia Sirota 10 de mayo 2020
Sofía Rincón Pandemia 2020
Tere Gudiño Tere abuela y madre
Verónica Jacal Murillo Lo que importa
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Verónica Vallejo Mi experiencia en esta cuarentena
Yolanda Cicero Ocaranza Pandemia Covid 19 2020
Yolanda García Morales Ciudad típica de Metepec
Yolanda Gudiño Cicero No se aceptan niños
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Pesadilla terrorífica
Aida Brener B.
Un extraño enemigo llamado Coronavirus, que es invisible y
que contagia y contamina al ser humano, nos amenaza con un pano-
rama de terror y un gran miedo e incertidumbre por no saber cómo
combatirlo. Esto parece un mal sueño, una pesadilla, pero desafor-
tunadamente no lo es, porque es la realidad a la que se enfrenta el
mundo entero en este siglo XXI, que se ve, en mayor o menor medida,
amenazado por este virus que ha creado una pandemia.
El brote surgió a finales de diciembre en la ciudad de Wuhan,
China, en ese lugar viven once millones de personas, de ahí se ha ex-
pandido a casi todo el mundo. Este virus, a diferencia de los anteriores
que ha padecido la humanidad, se transmite y se contagia de persona
a persona, sólo con pequeñas gotas de saliva al toser, estornudar o al
hablar.
Los científicos han observado que las personas de la cuarta edad
son las más propensas a contraer el virus y a fallecer, pues es la pobla-
ción más vulnerable, también las personas con diabetes y problemas
cardiacos, por esta razón hay que mantenerlos aislados para evitar que
se contagien o contagien a los demás, esto es para evitar un colapso
en el sistema de salud.
El mundo entero se enfrenta a un gran reto, en la actualidad
no hay ningún medicamento que lo detenga y las indicaciones de los
científicos son: lavarnos las manos continuamente, usar un gel an-
tibacterial y mantener una distancia de tres metros entre persona y
persona. Es la mayor crisis de esta generación, no podemos tocarnos,
saludarnos, besarnos, abrazarnos, reunirnos y salir a divertirse.
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Mis hijos están muy preocupados por mí, cada uno por separa-
do me hablaron y me dijeron: “te tienes que quedar en casa por catorce
días”, a lo cual yo accedí, así que heme aquí en mi casa tratando de
sobrellevar este aislamiento y encierro voluntario, me siento viviendo
como en una burbuja protegida por cuatro paredes, he tratado de estar
ocupada para evitar caer en el aburrimiento y el tedio. Estoy comu-
nicada con el exterior virtualmente, el encierro me lleva a una vida
virtual y a una comunicación telefónica con todos.
En este momento no estoy aburrida porque tengo cosas en
qué ocuparme, por primera vez desde mi niñez y juventud me sobra
tiempo, mismo que he tratado de utilizar haciendo cosas productivas,
como realizar las tareas propuestas por el profesor de literatura, estoy
haciendo “Mis memorias por escrito”.
Yo también estoy muy preocupada por mis hijos, ellos también
son de la tercera edad, temo que se contagien, nadie está exento y eso
me angustia. Han tomado la decisión de trabajar en casa y creo que lo
están logrando, lo cual me tranquiliza un poco. Todos estamos preo-
cupados, pero como dice mi hijo Gregorio: “no hay que preocuparse,
hay que ocuparse”, sabias palabras que nos llevan a reflexionar sobre
qué hacer en estos momentos de crisis.
Estoy llena de dudas e incertidumbre, por ejemplo, ¿qué sigue
después de estos catorce días de encierro y aislamiento? ¿voy a poder
salir a la calle y ver a mi familia y amigos? Todo el porvenir es muy
incierto.
Me preocupa la pandemia, pero también que las personas cai-
gan en un estado de aburrimiento, apatía, depresión y angustia, que
aparezca una psicosis colectiva en la cual se pierdan límites y el res-
peto hacia los otros y florezca el miedo, porque un encierro completo
puede generar escasez de todo lo necesario, el desabasto de alimentos
puede ocasionar una gran hambruna en el mundo. Pero a pesar de
estas preguntas, trato de ser optimista y no pierdo la esperanza de que
pronto encuentren algo que frene esta pandemia.
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Terapia poética en tiempos de pandemia
Alba Malaver
“Lo más maravilloso del mundo es saber cómo pertenecer a uno
mismo”.
Michel de Montaigne
Solo unos pocos logramos escapar del miedo, del encierro. Huir
de la presión de los medios de comunicación, de la sobrecarga laboral,
de la soledad, de la pérdida del empleo, del caos producido por el ma-
nejo de la pandemia del Covid-19. Mantenernos vivos. Salvarnos. Este
espacio lo encontramos elevando nuestra conciencia, haciendo uso del
lenguaje a través de la terapia poética. Las letras nos han salvado.
Aunque la carga laboral en mi hogar se dividió equitativamen-
te, al llegar la pandemia me hallé en medio de una vorágine, libre de
dependientes pero sumida en un bumerang de improvisaciones para
sostener el nivel de aprendizaje de mis alumnos de español. Nadie es-
taba preparado. El día con todas sus horas en estas circunstancias no
alcanza. ¿Cómo robarle tiempo al tiempo para la lectura y escritura?
Recordé, no es la primera vez que vivo el encierro. El internado
donde estudié la secundaria me enseñó a convivir y a encontrar en
las letras el mejor refugio. Corría el mes de julio del 2020 y para mi
fortuna, en medio del caos mundial y gracias a la tecnología, apareció
la oportunidad de ingresar a un Taller de escritura creativa impartido
por el escritor mexicano Gunter Petrak. ¡Me alegré! Me emocionó el
hecho de poder invitar a mi madre a participar de esta maravillosa
experiencia. Ella, una profesora retirada de 71 años, quien a pesar
de estar acostumbrada a permanecer en casa, comenzaba a sentirse
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agobiada por las determinaciones del gobierno Colombiano para pro-
teger la vida de los adultos mayores; cuarentenas se convirtieron en
meses de aislamiento. Ahora, las dos tendríamos algo que nos uniría
semana a semana, un taller literario desde México; ella en Colombia y
yo en Estados Unidos.
El taller tomó rumbo. La cita de los lunes a las cinco de la tarde
a través de zoom se convirtió en un ritual. No importaron las trasno-
chadas ni las madrugadas para completar mi trabajo docente con tal
de llegar a tiempo con los escritos. No estuvimos solas mi madre y yo,
también Julieta, Claudia, Pilar, Eugenia, Estefanía, además de Victor,
Fidel y Raymundo formaron parte del grupo. Todos en la misma bús-
queda. Siete mujeres y tres hombres. Ellas sicólogas, investigadoras,
docentes; ellos, un ingeniero, un publicista y un empresario. Esto no
es una coincidencia. Hallamos un lugar para ser libres, el maravilloso
mundo de las letras. Cada uno compartió un escrito nuevo cada sema-
na durante dos meses.
Puntuales a las 5:00 de la tarde, cada lunes nuestros escritos
fueron desnudándonos. Prosa y versos eran confesiones. Temas como
la angustia frente a la muerte, la levedad del ser, el amor, el desamor,
relatos autobiográficos del campo y la ciudad, instantes de poesía, la
vida en la época de la revolución mexicana y hasta tácticas para en-
frentar la pandemia se convirtieron en un deleite.
Estuvimos de acuerdo, la confianza entregada por el maestro
fue uno de los grandes aportes pues animó y suscitó la emoción de la
entrega semanal. Nos leíamos y nos escuchábamos. Claudia nos delei-
tó con sus cartas, una de ellas a la muerte, encontrando una profun-
da reconciliación; Julieta registró episodios del contraste de su propia
vida; cuando niña debió emigrar de la ciudad al campo; Víctor nos
llevó de viaje a San Juan Raya, Puebla y al matrimonio de su hija en
Alemania; su narración logró que viéramos cada uno de los colores
de sus registros fotográficos, enriqueciendo con sus palabras nuestra
imaginación y cultura a través de su experiencia visual, fielmente de-
tallada. Viajamos y bailamos en la celebración junto a él.
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Fidel, desde su mundo textil, logró tejer con palabras versos li-
bres en donde pudimos palpar algo tan simple como una copa de vino
sobre la mesa. Eugenia compartió la felicidad de haber consolidado,
después de décadas, su deseo de escribir; al comienzo horas frente al
papel, ahora minutos solamente para soltar su pluma. Estefanía, una
joven investigadora se sintió libre de viajar dentro de sí misma, re-
flexionar sobre su soledad y encontrarse plena, allí en su mundo inte-
rior. Pilar, nos recordó la importancia de cultivar en nuestros jóvenes
el amor por la educación y la determinación necesaria para lograr sus
metas. Raymundo nos llevó a Acatlán, Oaxaca; pudimos saborear el
proceso de la extracción y elaboración de la miel de caña de la mano
de una abuelita y su nieta. Mi madre, Rosa Elena, logró reencontrarse
con su sensibilidad para la poesía y compartirnos imágenes que pervi-
virán. Yo volví a divisar la belleza de mi pueblo, Manta, Cundinamar-
ca, y comprobar una vez más el papel del lenguaje en un mundo ávido
de esperanza y de salvación.
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Testimonio de la pandemia
Alejandra Molina Gudiño
Mi nombre es Alejandra, tengo treinta y cuatro años, tengo dos
hijos, la mayor de cuatro años y el menor de un año. Mi esposo y yo
trabajamos en empresas de tecnología. Antes del coronavirus mi hija
asistía al colegio, mi hijo a la guardería, nosotros trabajábamos en la
mañana en la oficina y por la tarde en casa.
¿Cómo nos afectó la pandemia? De inicio de un día para otro
supimos que los niños no podrían ir al colegio y recibimos comunica-
dos de las empresas pidiendo que permaneciéramos en casa y conti-
nuáramos nuestras labores desde ahí, incluso se me informó que había
un caso sospechoso de coronavirus en la oficina y que el sitio tendría
que permanecer cerrado para su desinfección. El manejo de la empre-
sa fue impecable, los directores se mostraron increíblemente humanos
y transmitieron esto en cascada. Afortunadamente mi esposo recibió
el mismo apoyo.
Definitivamente nos cambió la dinámica familiar. Decidimos
que la persona que nos apoya con el quehacer permaneciera en su casa
por un tiempo en lo que la crisis pasaba, de esta manera ni ella ni no-
sotros estaríamos expuestos, también decidimos que seguiríamos pa-
gándole una parte de su sueldo como apoyo y aseguramos su regreso
a trabajar en cuanto las cosas estuvieran más tranquilas.
Mi esposo y yo tuvimos que adecuarnos, pues ahora las labo-
res habían aumentado, los niños necesitaban a sus padres y nosotros
necesitábamos seguir trabajando. Al principio nos costó mucho, mi
pequeño aún gateaba y pasaba la mayor parte del tiempo en el suelo,
por lo que era vital mantener lo más limpio posible. Esa parte se car-
gó un poco más en mí, tal vez porque inconscientemente las mujeres
tenemos el cargo de administradoras y ejecutoras. No aguanté mucho,
tuve que soltar, relajarme y apoyarme más en mi pareja. Repartimos
tareas y realmente él fue mi mejor apoyo emocional.
Iniciaron las clases virtuales para mi hija, ahora pasaba horas en
la pantalla entre las clases de kinder e incluso las clases de ballet y, la
televisión y Netflix se volvieron nuestro mejor aliado cuando tenía-
mos conferencias de trabajo o días con más carga laboral. Sé que no
es lo mejor, pero realmente no hay muchas opciones. Hay días en que
me siento fatal por las horas que pasan en la pantalla, cargo con mil
culpas por todo lo que quisiera hacer y no puedo. Tuve que adicionar
las labores de maestra a mis actividades y hacer malabares con el resto
de mis obligaciones.
Creo que los niños son los que más se han visto afectados, pues
perdieron sus actividades y tuvieron que adaptarse a una nueva ruti-
na, dejaron de ver a sus amigos y sí se desesperan por no poder salir,
hacen mil preguntas y no terminan de entender qué pasa; sin embar-
go, son un ejemplo, aceptaron los cambios, nos motivaron a seguir, a
reinventarnos y construir nuevos proyectos, a ser más creativos. Sin
duda son superhéroes.
Mal que bien, con días buenos y días malos, hemos ido adap-
tándonos a la realidad que elegimos vivir. Ocurrieron mil cosas y no
alcanzaría a escribirlas todas, pero dentro de todo, me siento afortu-
nada. La pandemia me dio la oportunidad de retomar mis clases de
baile (que dejé por falta de tiempo), tengo trabajo, no he dejado de
percibir mi sueldo (con algunos ajustes pero no ha dejado de llegar),
tengo a mis hijos conmigo, un esposo maravilloso que no ha dejado
de apoyarme ni un minuto y nos hemos mantenido más unidos, tengo
a mis amigas con quienes intercambiamos tips y nos escuchamos; mis
padres y hermana con quienes el contacto se volvió indispensable para
mantener la salud emocional de todos.
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Al final, cada uno decidimos quedarnos con lo bueno o lo malo,
claro que ha habido cosas malas, pero elegí ver lo positivo, aprender
de esto y seguir adelante.
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Mi anécdota, COVID 19
Amparo Montoya
Somos una familia numerosa, nos gusta reunirnos en cumplea-
ños, aniversarios, lutos y misas, recordando a nuestros seres queridos
que ya han fallecido y vanagloriando a aquellos que aún siguen por
aquí, siempre encontramos un motivo para reunirnos, comer y con-
vivir.
La pandemia no nos ha permitido reunirnos pero el internet ha
hecho lo suyo y a pesar de la distancia física podemos seguir comuni-
cándonos y festejando de forma virtual.
Dentro de la familia hay muchas personalidades únicas, rim-
bombantes, risibles y admirables; dentro del selecto grupo tengo dos
sobrinas que han aprovechado esta situación para crear videos caseros
donde vierten mucha de su creatividad, ya que en mayo la mayoría de
los hermanos, sobrinos y coadyubados celebran sus cumpleaños, las
habilidades de mis sobrinas han sido de gran ayuda, pues se les ha
ocurrido grabar videos como regalo de cumpleaños personalizados
para cada festejado. Se le pide a la familia fotografías donde el feste-
jado aparezca, música de su agrado, grabaciones de voz y el video es
para desearles mil felicidades.
La casa que mi madre me heredó con mucho amor está dividida
en dos, mi hermano vive en la parte superior y nosotros en la inferior.
Mis sobrinas hicieron un video para mi vecino – hermano el día de
su cumpleaños, debo mencionar que mi hermano es de un humor
“especial”, así que mis sobrinas estaban emocionadas por mandarle su
video y ver su reacción. Enviaron el video en el primer minuto de la
madrugada por lo que lo despertaron, él pudo haber agradecido y sen-
tirse feliz con el regalo, pero en vez de hacer eso les envió un mensaje
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que decía: ¡chamacas ya duérmanse y dejen dormir jaja muchas gracias
por quitarme el sueño”.
Esa noche convivimos por primera vez en mucho tiempo en
esta pandemia, pues nos reímos a carcajadas al enterarnos del mensaje
que él les había enviado a mis sobrinas, la partida del pastel y el soplido
de la vela. Nos conectamos por video chat con los demás familiares y
esa noche hubo risas, recuerdos, porras, canciones y la pasamos bien.
Basta con salir por el portón para darse cuenta de la situación
por la que pasa la colonia donde vivo. Algunas personas usan masca-
rillas profesionales, que se dice duran una semana con buena protec-
ción, otras más utilizan cubrebocas convencionales y más comunes
que duran tres horas, también hay cubrebocas de neopreno, los hay
caseros hechos con algún material improvisado, algún girón de tela,
camiseta vieja con hoyos, un bóxer y hasta llegué a encontrar con un
brasier jaja, en estos últimos no estamos seguros de su eficacia o si
puedan proteger, pero dan risa sus mascarillas.
También ves personas con caretas improvisadas hechas de algu-
na mica o plástico, algunos otros con lentes de sol, gogles e incluso al-
gún ocurrente con careta de soldador. La gente usa cubrebocas, otros
utilizan cubrebocas y careta, algunos cubrebocas sin tapar la nariz y
muchos mas no usan más que valor mexicano.
Los medios y el gobierno comenzaron a otorgar información en
el mes de abril. Observé que la gente iba por la calle comprando, sin
cubrebocas ni careta. Al pasar el tiempo el gobierno seguía con sus
informes diarios acerca de la pandemia y de su evolución, sin embargo
las personas no se cuidaban, pero hoy en día la gente por fin ha deci-
dido protegerse.
Decidí hacer una encuesta entre los vecinos y personas conoci-
das: ¿por qué aumentó el uso de cubrebocas y caretas? La respuesta
fue que tuvieron una experiencia personal, donde un familiar, vecino
o compañero resultó contagiado. Unos sobreviven y otros fallecen y
por eso han decidido protegerse.
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Escrito pandemia
Ana Leticia Gudiño Arana
Desde mis inicios en la vida del ser médico y madre … no lle-
gué a imaginar lo que cambiaría un ser microscópico la rutina, los
malos hábitos e inclusive el afecto entre los seres queridos. Día a día
nos enfrentamos a enfermedades, accidentes, vida y muerte pero esto
sobrepasó los límites .
Miedos e incertidumbre pero con la certeza de que era inminen-
te la necesidad de un cambio radical, una sacudida social, para darnos
cuenta de que íbamos muy “campantes” viviendo sin cuidados.
Ser madre y médico ha sido un gran desafío en todos los senti-
dos, dividir la mente y el corazón es un reto que tomé, donde hay días
en los que cierro los ojos y pienso en la mirada de mi hijo, en su olor,
esas ganas de correr y abrazarlo. Pero también en el ímpetu de crecer
y contribuir a la sociedad, a los dolientes, que día a día ingresan al
nosocomio esperando esa calidez y la solución a su problema de salud.
Esa motivación nos ha llevado a tomar este camino, frío en bastantes
ocasiones pero lleno de momentos de satisfacción .
Grandes experiencias nos permite la pandemia, retos emocio-
nales y físicos, equipos de protección personal que nos roban la co-
modidad, esa sensación de ahogo durante 8 horas, cargando angustia
y peso extra, llegando momentos que definen todo, en los que sobre
tus manos y criterio médico descansan los pronósticos y la decisión de
a quién otorgarle una máquina de ventilación mecánica (que se sabe
abiertamente que estuvieron contadas en la mayoría de terapias inten-
sivas); rebasadas por el número de pacientes que ingresaban …
Sabiendo que el paciente grave es hijo , sobrino, nieto, padre de
alguien más que lo espera en casa, donde radica el derecho a la salud y
que todos merecemos la oportunidad de luchar. En fin, ¿vale la pena?
La respuesta es Sí , no hay duda
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Cuarentena
Anahí Robles Hernández
Mi nombre es Anahí, tengo 32 años, mi esposo se llama Jai-
me, tengo dos hijas hermosas, Sinahí y Ana Sofía, soy profesora de
nivel primaria, vivimos con mis padres y mi hermano menor Iván
Alejandro y quiero platicar mi experiencia durante esta cuarentena. Es
un tanto difícil, pero para mí fueron de una gran ayuda económica,
voy a platicar por qué. Actualmente, o mejor dicho, hace tiempo me
encontré en un problema financiero muy fuerte, estresante para mí
y para mi familia, pero a pesar de la situación adversa en la que me
encontraba, lo tomé con calma en el trabajo, fueron días en los que
mandas trabajos, recabas evidencias, pero pensé: estamos en contin-
gencia, no van a hacer las cosas, para qué mando tanto trabajo si no le
van a dar la importancia que debe tener, claro, algunos alumnos, no
todos. Les mandé las actividades y les pedí me enviaran evidencias de
que hicieron lo que solicité, hubo padres que repetían las fotos, me di
cuenta que lo hicieron sólo por cumplir, sin embargo yo cumplí con
mi trabajo de alguna manera, así que yo no me estresé tanto.
Ahora tengo un problema, o no se si lo sea realmente, tengo
ganas de vender algo. Un día, terminando Semana Santa, le dije a mi
papá: ¿y si vendemos pollo? y él accedió diciendo “órale”, pero de re-
pente se quedó callado y luego me dijo: ¿y qué pasará cuando entres
a trabajar? Yo le respondí, pues tú sigues vendiendo, así ya no vas a
manejar el taxi, mejor lo das a trabajar y tú sigues con el puesto, ¿cómo
ves? Obviamente no empezaría al día siguiente porque no contaba con
dinero en ese momento, pero estaba próxima la quincena y de ahí in-
vertiría, pero al día siguiente mi papá me levantó temprano y me dijo:
¿vas a ir por el pollo? Y qué creen, él me dio el dinero para invertir,
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así es que inicié mi negocio de pollo fresco y como en todo negocio, a
veces se vende y a veces no y de ese modo fue un escape para no estar
pensando en la contingencia.
Al principio no sabía si creer o no creer en este virus, pero estar
vendiendo nos ayuda a distraernos. Mi vecina es viuda y vive sola,
tiene una tienda, no sabíamos si realmente comía o no y, desde que
estamos vendiendo nos da de desayunar, se viene a comer a la casa con
nosotros, en fin, todo el tiempo estamos conviviendo y eso le ha ayu-
dado para olvidarse de su enfermedad y del virus, a mis hijas también
les ha ayudado, ellas no salen a ningún lado, son inteligentes y saben
que debemos tener precauciones como el lavado de manos, sólo mi
esposo y yo vamos por el pollo pero tomando todas las precauciones
necesarias, porque aunque no hemos tenido gente cercana con ese
problema, nos cuidamos.
Seguimos vendiendo pollo y con las ventas y las quincenas que
me siguen pagando estamos abonando a las deudas y las estamos sal-
dando más rápido. Gracias a Dios y al esfuerzo de mi esposo estamos
saliendo adelante. Ya sólo nos quedan dos deudas por pagar, pero
saldadas éstas, estaremos más tranquilos.
Esta cuarentena también me ayudó a acercarme más a mi hija
mayor porque está atravesando por una etapa difícil, en la que por
todo rezongaba y, lo peor, también en la escuela estaba teniendo di-
ficultades, constantemente me llamaban para darme quejas y obvia-
mente me enojaba y la regañaba, le pegaba y en esta contingencia me
sentaba con ella a trabajar en sus tareas que fueron demasiadas y, tra-
bajábamos las dos diciéndole qué hacer, cómo hacerlo y algunas cosas
yo las hacía. ¿Por qué? porque no le daba tiempo de terminar con todo
y debía enviar el trabajo a una hora determinada, pero le ayudó a darse
cuenta que no es difícil, sólo es cuestión de que tenga ganas de hacer
las cosas, así que espero que esto le haya servido de experiencia para
echarle más ganas el siguiente ciclo escolar.
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Ana Sofía feliz de la vida por no ir a la escuela, sí trabajó al-
gunas cosas pero no todo el tiempo, desde mi punto de vista, no era
necesario estresar a los niños pequeños con tantas actividades. Sofi
trabaja bien cuando se dedica y está sin presión, ella quiere entrar a la
primaria, aprende rápido, mejor que le cueste a su maestra de primer
grado su aprendizaje.
Salimos a caminar por el pueblo guardando todas las medidas
precautorias como usar cubrebocas, no saludar de mano, etc. Al re-
gresar nos lavamos las manos. Estamos bien, cuando nos dieron el
aviso formal que hasta el 10 de agosto reanudaremos clases me sentí
tranquila, más relajada y consciente que el próximo ciclo escolar en-
traré a trabajar con más ganas, porque, soy sincera, este ciclo escolar
que pasó, entre tantos problemas que venía arrastrando en el trabajo,
personales, económicos, familiares, etc., no me daban ganas de ir a
trabajar, sólo lo hacía por inercia y no debe ser así, porque me gusta
mi trabajo a pesar de que no es mi vocación, he aprendido a tomarle
cariño y lo que hago lo hago bien y lo veo en los resultados que tienen
mis alumnos, gracias a ellos me esfuerzo cada día más por ser la mejor
profesora de la escuela que, aunque soy nueva ahí, me estoy integran-
do al equipo de trabajo y hasta el momento vamos bien
Esto es algo de lo que puedo platicar de mi experiencia en esta
contingencia, que tomo como una pausa en mi vida laboral para acla-
rar mi situación financiera y emocional. Y ahora estoy bien, mi familia
está bien, todos estamos bien, logrando salir de este problema al que
los arrastré a todos en cuestión emocional, pero si me ven bien, ellos
estarán bien y le doy gracias a Dios por ayudarme en todo momento y
por no dejarme sola, ¡gracias!
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Experiencia, tiempos de COVID 19
Azhari Zarza Trujillo
Soy Azhari, tengo una pequeña hija, soy nutrióloga y mi esposo
paramédico, vivo al lado de casa de mi mamá, tengo una hermana y
una sobrina que, en una semana “normal” nos vemos una o dos veces
a la semana, a veces hasta diario.
Trabajo en oficinas de lunes a viernes con seis personas más; los
días de trabajo son divertidos, la dinámica diaria ha sido loca y son
como mi segunda familia, apurada pero día a día me iba acoplando y
haciendo mi rutina tratando de organizar cada día.
Desde que empezó esta pandemia, lo primero que se me vino a
la mente, fue mi familia, su seguridad, su salud, ante todo mi hija, mi
mamá, esto lo cambió todo de repente.
Han pasado muchas etapas, de pánico, de estrés, de tristeza, de
impotencia y hasta de incredulidad; han sido tres meses que a veces
pasan lento y a veces pasan rápido, es como una montaña rusa donde
a veces estoy de buen ánimo y a veces no tanto y otras en el suelo. Se
siente un peso y una responsabilidad muy grande en los hombros hoy
en día, se suman más cosas que llevar de las normales... una casa, una
educación (de mi hija), un cuidado, una economía, en fin, todo se du-
plicó, a todo se sumaron mil cosas más.
1.- Trabajo y escuela en casa: hoy en día trabajo una semana en
oficina y una semana desde casa, al trabajo se ha sumado la educación
de mi hija desde casa, sus clases en línea, sus tareas, tenerle paciencia,
al principio fue complicado, hoy tengo mucha más paciencia y al hacer
sus actividades hemos aprendido a hacerlas más fáciles. Estar al pen-
diente de su educación y de su alimentación desde casa, cocinar más,
tenga tiempo o no, saber si hizo su clase los días que no estoy, ver con
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quién se queda, porque papá trabaja 24 por 24, monitorear si desayu-
nó, si comió, si tomó agua, si obedeció, etc., me hace feliz.
En el trabajo estoy casi sola, únicamente vamos dos o tres per-
sonas la semana que voy, pero de mi programa de trabajo sólo voy yo,
así que todo lo que salga lo saco sola, la mayor parte del día estoy sola
sin nadie con quien platicar, con quien apoyarse y no hay con quien
tomar un café antes de comenzar. Trato de hacer y adelantar todo lo
más posible para no llevar trabajo a casa y sólo sacar lo que vaya sa-
liendo cuando me toca estar desde casa y poner más atención a lo que
me toca en el hogar.
2.- Miedo a enfermar: se sumó el miedo a mi salud, la de mi
hija y la de mi mamá, depende mucho del cuidado que tengamos mi
marido y yo al salir a trabajar; del contacto que tengamos con pacien-
tes o con personas enfermas. Al salir, todas las medidas posibles, pero
hay días que entra la paranoia y lavo mis manos mil veces, salir a la
calle a comprar la despensa para nosotros y mi mamá, cuidar lo que
toco, no estar cerca de la gente, no tocar mi cara, etc. Hay días en los
que solo estando en casa me siento protegida. Hemos cruzado mil plá-
ticas mi esposo y yo acerca de lo que pasaría si alguien enfermara, cuál
sería el plan A o el plan B. Rentamos una casa para que él fuera a vivir
aparte en caso de atender a un paciente y así no pondríamos en riesgo
a los demás, pudimos vivir así una semana o dos, pero la distancia y
nuestras actividades no nos dejaron y regresamos a vivir juntos otra
vez con el miedo de siempre de saber que algún día él puede traer el
virus o la enfermedad; a veces relajamos las medidas de seguridad, se
nos olvida que existe, que está pasando y que es real, que está afuera.
Hoy sabemos de más casos, más cerca, de gente que conocemos que
da positivo al virus y volvemos a estresarnos y a intensificar las me-
didas.
3.- Aprender a organizarte de diferente manera: organizar los
tiempos en casa, en el trabajo, para las compras, para las salidas esen-
ciales, las actividades en la familia, distraer la mente entre nosotros.
Comencé a tratar de organizar mi tiempo para hacer las cosas de la
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escuela, la comida, el aseo, el trabajo, arreglos y limpieza en casa que
no hago por falta de tiempo. Soy una persona que hace listas para todo
para no olvidarlo, entonces empecé a hacer listas para todo lo que te-
nía que hacer, lo que faltaba de comprar, para despensa, para comida,
para los “arreglos”, en fin, una lista que nunca termino y que aun es-
tando en casa sigo sin tiempo para avanzar en ella. Traté de empezar a
hacer ejercicio, a cuidar mi cara, mi cabello, creo que he puesto tantas
cosas pendientes por hacer que no he sido constante en ninguna y que
apenas voy medio flotando en el día a día.
4.- Estados de ánimo: cursas por los estados de ánimo de
todos los que vivimos “juntos” (mi hija, mi mamá, mi marido y los
míos) y de los que no vivimos “juntos” (mi hermana). El estado de
ánimo ha sido muy variable en todos. Para mi mamá, quien es muy
independiente en sus actividades y muy frecuentes sus salidas “viajes
pequeños o largos”, ha sido complicado no poder salir en tres meses
o más, entonces cruza por depresión, ansiedad, tristeza, impotencia
y coraje, cuando llega a salir a la esquina ve tanta gente que no usa
cubrebocas... mi hija a veces se desespera, ya quiere ver a sus amigos,
regresar a la escuela, se aburre, todo el día quiere que juegue con ella,
algunas veces puedo dedicarle unos minutos pero entre tanto, siento
que no es suficiente; mi hermana aun en la distancia, también necesita
llamadas de pláticas para soltar todo lo que nos pasa y todo lo que sen-
timos, compartimos miedos, sentimientos, son llamadas largas, ahora
las visitas son más seguidas, una vez a la semana para distraer a mi
mamá y a las niñas, eso nos ha ayudado mucho, seguimos siendo gran
apoyo entre nosotras; mi marido (él y yo somos una ruleta rusa, somos
nuestra primera “línea de estrés jaja) en tres meses hemos estado bien
y hemos estado mal, mi genio a veces disparado al igual que su genio,
todo se ha juntado, pero poco a poco vamos sobreviviendo a estas
emociones, platicamos de lo que sabemos de la enfermedad, de nues-
tros proyectos que se vieron pausados, de la dinámica familiar, de lo
que nos aburrimos, etc. Y yo, pues he experimentado mil sentimientos
día a día, a veces me siento confiada, hay días que muero de estrés,
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de miedo, (tanto que hasta siento dolor de cabeza, de oídos o lo que
sea) hay días en los que no quiero hacer nada, otros en que lo quiero
hacer todo, pero a todos hay algo que nos pegó duro, el no tocarnos,
no abrazarnos, no besarnos, a veces siento que exageramos pero me
da tanto miedo sentirme culpable que mi mamá o mi hija se enfermen,
lo importante es que cada día agradezco un día más de vida, un día
más de salud.
5.- Lo bueno: creo que dentro de todo mi familia, en lo general
y yo en lo particular, hemos tenido cosas buenas a raíz de esto, esta-
mos más unidos, más al pendiente de saber cómo amanecimos, le lla-
mo más a mi papá, pregunto más cómo está, si ya comió, si está bien.
Llamo o escribo más a mis tíos, a la familia, a las amigas, comemos
mejor, tratamos de hacer ejercicio y pasamos más tiempo juntos. Bien
o no, trato de hacer mis hábitos de cuidado hacia mi persona, hacia mi
familia. Hoy valoro más lo que tengo, hoy valoro más cada día la vida
de mis padres, la de la familia más cercana.
Esta pandemia ha dejado muchos cambios, muchos sentimien-
tos, muchas lágrimas, muchos corajes, un poco de paz, muchos agra-
decimientos por ser tan bendecida, ha dejado de todo, ha dejado cosas
buenas y, para mí, la idea de cambiar mi chip, de retomar las cosas
buenas, mis creencias, de ser mejor persona, voltear a ver cosas que
dejé y que lo importante siempre serán las cosas que no se pueden
comprar, que ahorrar es indispensable, que uno debe tener priorida-
des y el tiempo para tu familia es lo primero. A pesar de no ser muy
joven, pero no muy grande, este tiempo también me ha dejado pensar
¿qué pasará cuando yo falte? Y de eso, lo que más me asusta es dejar
a mi pequeña y los pormenores de quién verá o hará lo que yo hago,
sea poco o sea mucho. Lo único que hoy en día quiero, es tener a mi
familia completa, pasar esto victoriosos y unidos, que aprendamos a
retomar la vida “normal” y adaptarnos a esto, aprender a vivir con la
nueva realidad que de ninguna manera volverá a ser como antes.
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Sorpresiva cuarentena
Azucena Edalí Molina G.
Me llamo Edalí, casada desde hace cinco años y tengo dos niñas
hermosas. Cuando esta cuarentena empezó, mis niñas tenían dos años
ocho meses y un año cinco meses.
Normalmente desempeño un trabajo muy demandante. Mi hija
mayor iba a maternal y la pequeña estaba al cuidado de mi mamá. Ella
cuidaba a las dos niñas cuando el trabajo se alargaba por muchas horas
después de mi horario de salida. Algunas veces mi esposo apoyaba.
En enero de este año fui diagnosticada con dos enfermedades
reumatológicas y estuve sometida desde finales de ese mes, a inmuno-
supresores y corticoides.
La cuarentena me tomó por sorpresa y, al igual que a muchas
personas, me cambió el ritmo de vida, en pocas palabras (y debido a
decisiones que se tomaron por el bien de las niñas) pasé de nunca es-
tar en casa, ni los fines de semana, a quedarme todos los días, de casi
nunca cocinar a cocinar los siete días de la semana, las tres comidas,
y a hacerme cargo de las labores domésticas casi por completo, ya que
la señora que me ayuda no vendría porque al utilizar el transporte pú-
blico, el peligro al contagio del virus era muy grande.
En un inicio la dinámica familiar fluyó bien, aunque con algu-
nos tropiezos. Yo estaba feliz de poder pasar tiempo con mis hijas y
tenía toda la pila y la energía para ponerles hasta cuatro actividades
diferentes al día, pintura, plastilina, texturas, todo lo que veía en inter-
net que podían hacer, sobre todo mi hija mayor que estaba cursando
maternal, incluso hicimos una piñata y le organizamos una fiesta de
cumpleaños a mi esposo, cocinábamos pizza, galletas y pasteles, en
pocas palabras el tiempo en familia nos sentó bastante bien.
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Pensamos que esta situación duraría sólo hasta el quince de
abril, al no ser así, la división de tareas domésticas entre mi esposo
y yo empezaron de nuevo a recaer mayormente en mí y vaya que ya
no me resultaban tan divertidas. El encierro se me hizo cada vez más
difícil y el estado de ánimo de los adultos en casa se puso un poco más
tenso.
En mi trabajo, debía entrar de guardia para los primeros días
de mayo, sin embargo, debido a los medicamentos y a los malos re-
sultados médicos, quedé exenta de presentarme, teniendo que estar al
pendiente del teléfono por si podía ayudar a mis compañeros en algo
desde casa. Simultáneamente, comenzaron a enviarme de la escuela
actividades para que realizara mi hija mayor, teniendo que mandar
evidencia de cada actividad todos los días.
Para estas fechas, sentí que dentro de mí crecía un trol, sentí que
no estaba cumpliendo con nada, ni como mamá, ni como trabajadora
y mucho menos como educadora. Pasaba por un sinfín de emociones
al día, ninguna muy agradable, estaba enojada, frustrada, desesperada
y hasta deprimida, después llegó el insomnio, dolores de cabeza, en
fin, mi estado físico y mental no lograban encontrar un equilibrio.
Así llegué a inicios de junio, la situación seguía igual de compli-
cada, sobre todo porque ya llevaba mucho tiempo sin dormir. Decidí
dejar en paz el envío de evidencias de las tareas de mi hija, ya que no
tenía paciencia para ayudarla a desarrollarlas y al estar en maternal no
afectaría sus calificaciones de preescolar. Mi esposo empezó a irse a
trabajar unos días, eso, aunque me ayudó a liberar un poco de tensión,
también implicaba que me quedara sola con las pequeñas, pero con mi
poca paciencia, por las noches solo sentía culpa por no ser lo que yo
considero una buena madre.
Aunado a que, debido al trabajo y a las situaciones emocionales
de mi marido, cada día se hacía cargo de menos actividades domésti-
cas y del cuidado de las niñas, a las que regañaba aún más que yo.
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Para colmo, al realizarme mis estudios de rutina, la enferme-
dad reumatológica que afectaba mi sangre empeoró, al grado de casi
terminar en el hospital y requerir transfusiones de sangre. A fin de
evitarlo me aumentaron las dosis de cortisona, lo que agigantó al trol
interno.
Una semana después, mi doctora me diagnosticó con fibromial-
gia, resultó que esta enfermedad y el uso prolongado de corticoides,
eran responsables de alimentar a mi trol y mis malestares físicos.
A partir de mediados de junio he trabajado a distancia y, aunque
las dosis de cortisona e inmunodepresores son altísimas, sin mencio-
nar todo lo que tengo que tomar para combatir sus efectos adversos,
he salido adelante de esta cuarentena, con la ayuda invaluable de mi
mamá quien me ha apoyado mucho con mis hijas, sobre todo los días
que mi esposo se va a trabajar.
También exigí el regreso de la señora que me ayuda, ya que con
los dolores físicos, el trabajo, la cocina y las hijas, me resultaba por
demás imposible hacerme cargo también de la limpieza.
Y así iniciamos julio y parece que esta cuarentena no termina...
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Escrito pandemia
Brenda Sánchez
Mi nombre es Brenda y mi experiencia en esta cuarentena ha
tenido altas y bajas, estoy casada hace casi 23 años y tengo 3 hermosos
hijos. Antes de que el Covid 19 llegara a nuestras vidas, yo pensaba
pedirle el divorcio a mi esposo porque hace mucho tiempo que ya no
lo amo y él lo sabe... él no ha querido darme el divorcio porque dice
que me ama. Esta cuarentena me ha mostrado quién me ama y quién
no, quién es mi amiga y quién no. Empecé a ver las cosas de otra for-
ma y empecé a valorar las cosas simples de la vida, el aire, el sol en mi
cara, el abrazo de mi madre, de una amiga y sé que mi esposo me ama
de verdad y, no lo he decidido aún, pero creo que me voy a dar otra
oportunidad con él.
Siento mucha tristeza al ver que hay tanta gente que no cree en
este virus... conozco personas que han muerto por la necesidad de
salir a trabajar y gente a la que no le importa porque no cree que esto
es real. Hoy Dios y el planeta están hartos de esperar a que nos caiga
el veinte para cambiar y ser mejores seres humanos, pero creo que
ya se cansaron de esperar a que la humanidad reaccione. No lo va a
hacer nunca porque seguimos cometiendo los mismos errores; no nos
importa la naturaleza ni los animales ni todas las cosas hermosas que
Dios nos dio, no lo valoramos y no lo merecemos, sólo espero que la
humanidad reaccione antes de que no haya vuelta atrás, y que Dios
nos ilumine y que los que no creen en el Covid 19 se cuiden y cuiden
a los demás.
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Cuidemos a la madre Tierra con todos los animales que hay en
ella y que los niños que hoy nacen sean educados para amar y cuidar
la naturaleza, que crezcan con valores y principios.
Sólo pido un mundo mejor para mis hijos, por favor Señor apiá-
date de nosotros.
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Espacio tiempo
Clara González
Por lo pronto la suerte de poder estar física o virtualmente con
Juan el compañero de mi vida, nuestras hijas, Gisela, Frida y Jimena y
nietos Santiago, Emilia, Alina y Martina, todos queridísimos.
Agradecer el avance de la tecnología y contar con los maravi-
llosos celulares. Poder llamar y ver a los entrañables de la familia,
hermanas, primas y por supuesto amigos.
Compartir esta inesperada vivencia colectiva desde un escenario
para algunos de nosotros más que privilegiado. Ese es nuestro caso.
Aproximadamente hace 45 años durante la infancia y adolescen-
cia de nuestros hijos, con un pequeño grupo de amigos con los que
compartíamos formas de vida y experiencias en diferentes escuelas,
en búsqueda de una educación basada en métodos que estimulan la
creatividad, investigación, experimentación, el trabajo en equipo, el
respeto a las diferencias y capacidades de los otros, nos involucramos
y consolidamos una gran amistad,
Con este grupo de amigos que Juan Mateos bautizó con el nom-
bre de Club Quintito, al llegar a secundaria con nuestros hijos mayo-
res, dejamos la escuela y creamos el colegio Icarie con un grupo de
maestros entusiastas y con mi hermana amiga de toda la vida, Cristina
Payán Q.P.D., con la que compartimos varios proyectos de vida en
temas educativos y culturales.
Uno de los principios que a mí me entusiasmó y me pareció muy
importante, era cómo se integró el consejo técnico de la escuela, que
de manera tripartita estaba formado por la representación de alumnos,
maestros y padres de familia, donde se planteaban y discutían todo
tipo de temas para la toma de decisiones.
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Un día, mientras empezaba un evento en la escuela, Alejandra
Jaidar, otra querida amiga, que era la representante de los padres de fa-
milia y yo, comentábamos lo entusiasmados que veíamos a los jóvenes
y la escuela y, a manera de juego se nos ocurrió que podríamos iniciar
un nuevo proyecto: “hacernos viejitos juntos”
Lo compartimos con nuestras familias y comenzamos a fan-
tasear. Lo primero era encontrar un terreno para construir nuestras
casas y las instalaciones para disfrutar con los hijos y los nietos, viendo
al futuro, para apoyarnos cuando estuviéramos pensionados, poder
compartir gastos si requeríamos enfermeros, fisioterapias y esas reali-
dades al envejecer.
Fue un año complicado para muchos por un recorte que hizo el
gobierno, recuerdo que se bautizó como sida (sin ingresos desde agos-
to) y cuatro de los integrantes del Club Quintito perdimos el trabajo
el mismo día.
En septiembre de 1985 fue el temblor que nos marcó a todos.
Para el mes de diciembre nos asociamos con los Aceves y los Peña y
entre las tres familias pusimos un pequeño restaurante en el centro
de Tlalpan, su nombre: “La Quimera”, nombre que nunca se pudo
utilizar, entonces se le puso el nombre original que habíamos pensado
“Boca del Río”.
Unos meses después, algunos consiguieron trabajo, los Aceves
en Roma y Maru y yo seguimos juntas un año, al siguiente nos queda-
mos solos Juan y yo. Desafortunadamente Alejandra enfermó y muy
joven nos dejó. Pedro, su hermano menor, se unió al club y creo que
fue en 1986 cuando encontró Oacalco, un pequeño pueblo en More-
los, tranquilo y con una extraordinaria vista.
El proyecto de hacernos viejitos juntos seguía adelante, noso-
tros teníamos dificultades económicas y los amigos solidarios insistie-
ron en prestarnos para que pudiéramos comprar el terreno donde, re-
unidas las cinco familias, Los Quintos, “nos haríamos viejitos juntos”
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En Oacalco hemos compartido cualquier cantidad de situacio-
nes y celebrado cumpleaños, bodas, nacimientos de los nietos...
Maru y Pedro al igual que Alejandra enfermaron y fallecieron.
Pues es en Oacalco donde estamos hace casi cuatro meses, in-
tentando como muchos habitantes del planeta, percibir, imaginar y
aprehender esta nueva forma de vivir la vida y la muerte de miles de
personas por el Coronavirus, sólo conocemos las cifras y no sabemos
sus nombres y lugares donde han fallecido con grandes diferencias y
desigualdades.
45
Algunas vivencias durante la cuarentena
Claudia Jacal Murillo
Al principio no lo podía creer, pero al cerrar oficinas privadas
y de gobierno, pues como que lo tuve que asimilar. He tomado todas
las medidas necesarias para protegerme y proteger a mis papás, se oían
comentarios de que a un amigo de un amigo de un conocido le dio el
virus, mes y medio después ya era a un conocido el que se enfermó
de Covid 19, ahora ya mencionan a mi colonia como de las que tie-
nen más contagios, esto me genera miedo, incertidumbre, enojo, son
muchas emociones y sólo me consuela el tener lo necesario y poder
aguantar.
A mí me toca salir a la calle a conseguir lo necesario para la
comida, antes de salir, la verdad, me pongo muy nerviosa y ansiosa, al
llegar al super espero que no se me acerquen y no me acerco tampoco,
sin embargo en una ocasión, un señor se puso muy agresivo porque
decía que me le acerqué demasiado (ni aunque hubiera estado guapo
jajaja), la verdad me sorprendió, yo que estoy procurando cumplir con
todas las indicaciones y sale este hombre con sus comentarios absur-
dos de que me le estaba acercando mucho, le dije que no, que yo estaba
a más de metro y medio y siguió diciendo enojado que yo no respetaba
y bla bla bla y le dije: señor, ¿sabe cuánto mide más o menos mi brazo
más lo largo del carrito? Se enojó más y nunca aceptó su error y se fue
diciendo miles de barbaridades que fue mejor no escuchar.
En otra ocasión, en otra tienda, yo estaba formada y parada en
mi “X”, me moví un poquito porque una persona iba a pasar y me
alejé de ella lo más posible, en eso la que estaba formada tras de mí se
puso en mi crucecita y yo dije: ¿en serio?, señora no está guardando la
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distancia y me quitó mi lugar y contestó muy enojada: noooo tú estás
mal, no señora y volvió a decirme nooo tú estás mal, ya no le dije nada,
porque como al otro, no la iba a sacar de su error y, para qué discutir,
de todas formas salí molesta por cómo la gente se comporta.
En otra ocasión, en el banco me senté en un sillón a esperar
que me atendieran con mi ticket y una señora se sentó al lado mío,
cuando por indicaciones debió hacerlo en el sillón de atrás, me puse
algo nerviosa y me volteé, me saludó, le contesté y se enojó porque no
volteé a verla y me dijo: ¿qué les pasa a todos, andan muy asustados,
qué crees que te voy a contagiar, por qué no me contestas el saludo? Le
dije, sí señora hay mucho susto y sí le contesté el saludo, no tengo por
qué voltear, no la vaya a contagiar además debió sentarse atrás como
se indica, ella se molestó y me dijo: mi esposo es doctor y me dice que
no hay que exagerar, no por ello hay que ser maleducado porque yo
soy muy sociable y me gusta platicar y la gente exagera y es grosera, le
dije: señora hay que comprender la situación, no es algo que se haya
vivido antes, qué bueno, me da gusto que su esposo sea doctor para
que la atienda, ya que es peligroso estar hablando con todo mundo, no
la vayan a contagiar y, yo no soy tan sociable, así que sólo salgo lo in-
dispensable y sí le contesté el saludo, que tenga un buen día y cuídese
mucho, en eso la llamaron a ella para atenderla. Así que tanto socia-
bles como antisociales la situación altera a todos de una u otra forma.
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¿Cómo he vivido el COVID 19?
Concepción Azuara
Fuerte pregunta pero mucho que decir.
A mí, el 20 me cayó el lunes 16 de marzo de 2020, pues mi hijo
Pierre estaba en Londres estudiando su maestría y mi esposo esta-
ba viendo con su agente de viajes si nos podíamos traer a Pierre de
regreso, ya que en Londres se estaban poniendo las cosas difíciles y
su universidad cerró. Había la posibilidad de que viajara a México el
miércoles 18 de marzo y estábamos en pláticas con él de qué era lo más
conveniente. En eso, el lunes 16 nos llamó el agente de viajes dicién-
donos que el vuelo del día 18 se había cancelado pero que había un
vuelo para ese mismo lunes y que Pierre debía estar en el aeropuerto
en las siguientes dos horas, mi esposo llamó a nuestro hijo y sabia-
mente tomaron la decisión de que regresara.
Ese mismo día 16 era el cumpleaños de nuestra hija Paulina que
vive en Kalimori, una residencia para personas con discapacidad inte-
lectual que se encuentra en Malinalco, ella tiene rasgos autistas y ese
día venía a la ciudad de México, nos visita cada 15 días de domingo a
martes y regresa a Kalimori.
Ante la situación de que Pierre regresaba de Londres, hablamos
a la terapeuta de Kalimori pidiéndole que no enviara a Paulina a la
Ciudad de México pues existía el riesgo de que Pierre estuviese conta-
giado del Covid 19 y no podíamos tenerlos juntos. Esa tarde me puse
muy mal, lloré mucho temiendo el trayecto de Pierre desde Londres
hasta llegar a mi casa, las posibilidades de contagiarse en el camino y
al mismo tiempo la tristeza de no poder ver a Paulina. Hasta hoy no
la hemos podido ver, pues por medidas de seguridad Kalimori no deja
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que vayamos a visitarla ni puede venir, lo agradezco porque la cuidan
y está en un lugar bellísimo en el campo.
Esa tarde decidí dormirme, desconectarme, no pensar. En la
noche entré a mi primer zoom de muchos, como todos sabemos es lo
de hoy.
Decidí entrar al zoom para pensar en otra cosa, vi a mi maestra
y amigas del yoga y observé la clase, me dio paz y pensé: me late. Por
la noche llegó Pierre de Londres y estuvo una catorcena en su cuarto,
mis respetos por la manera de aceptar estar así.
Yo me cuido mucho por mi familia pero sobre todo por mi
mamá que tiene 92 años y es de alto riesgo, la amo y no quiero dejar
de verla, es al único lugar que salgo.
Después de ese lunes decidí que tenía que aceptar quedarme en
casa y empecé a organizar mi vida de manera de hacerla más fácil y
placentera, me metí de lleno a clases de yoga todos los días con mis
maestras de toda la vida, por zoom e instagram, retomé mis clases
de inglés, me organicé con mi equipo de trabajo de mi inmobiliaria y
estamos diario en línea estando en contacto apoyádonos unos a otros.
Con mi esposo e hijo organizamos ver películas, hacer manua-
lidades, cocinar, escucharnos, apoyarnos, cuando uno cae el otro lo
levanta.
Me siento afortunada de poder vivir la cuarentena en una bella
casa con espacios para cada uno de nosotros y que hemos tenido el
apoyo, ayuda y amistad de Sandy y Reina que trabajan con nosotros
en casa y eso me ha permitido trabajar, hacer yoga y estar menos es-
tresada.
El Covid cambió al mundo, cambió la manera de ver la vida y
entender que puede pasar mucho tiempo para que vuelva a ver a mi
hija Regina, mi adorada nieta Leonora y mi yerno Lowry, pero lo que
más agradezco es que estemos con vida y deseo que las personas que
están sufriendo encuentren consuelo.
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¿Cómo me afectó el Coronavirus?
Dina Dantus
Me dio mucha tristeza, no el estar en cuarentena, sino el no po-
der ver a la familia y a las amistades como antes.
Me entristeció también ver a México tan hermoso, alegre y vi-
vaz, ahora solitario y apagado. Tanta gente que no puede recibir ayuda
médica por causa de un gobierno nefasto que, aún sabiendo lo que se
venía, no se preparó para ayudar durante esta pandemia. Todo por no
haber tomado las medidas necesarias.
También me entristece ver como la gente no puede llevar comi-
da a su casa por falta de empleo.
Dios bendiga a los médicos, enfermeras, personal de salud y a
toda la gente que está haciendo todo lo posible para que los que pode-
mos estar en casa estemos bien.
Dios ilumine al gobierno para que salve a nuestro país.
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Experiencia de esta cuarentena
Elena Flores Zárate
Para mí esta cuarentena no se me ha dificultado tanto, pues yo
soy de estar más tiempo en casa y me gusta convivir con mis hijos. En
casa vivimos tres generaciones, mis padres que cuentan con 85 años y
les ha sido difícil adaptarse al encierro, pues todavía son personas muy
activas y no están quietas y me ha costado hacer que acaten las reglas,
aun así, los he visto muy preocupados porque nos hemos dado cuenta
que han muerto varias personas conocidas.
Llevamos a cabo medidas de limpieza en lo posible. Están preo-
cupados por los empleos de sus hijos, aunque les decimos que gracias
a Dios todos conservan su trabajo. También están preocupados por la
gente que ha perdido su empleo y por la situación que se viene. Aquí
en casa hemos ayudado en lo posible a los que lo necesitan, incluso a
mi sobrino le preocupó tanto la situación de varias personas, que de-
cidió juntar despensas y repartirlas a los más necesitados.
A mis hermanos, que los absorbe el trabajo todo el día, les ha
costado adaptarse a estar en casa, pero les ha servido para convivir
más con sus hijos y se van a hacer ciclismo en la montaña con todas
las medidas de seguridad y han hecho ejercicio en familia. Los hijos
se adaptan más al encierro porque ellos prácticamente nacieron con la
tecnología y saben mejor que sus papás llevar un curso por internet.
Pero aun así todos estamos preocupados por los empleos, pues
estamos viviendo una situación muy difícil y muchas empresas están
quebrando.
Queremos saber cómo se va a resolver esta pandemia y desea-
mos que nadie de nuestra familia pase por un mal momento o por un
contagio como otras familias lo están viviendo.
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Todo esto nos dejará un aprendizaje, cada quien lo verá de di-
ferente manera y cada quien tiene su opinión del por qué de esta si-
tuación. Además, muchos hemos perdido la confianza y credibilidad
en el gobierno. Por el momento, aquí en casa hemos tratado de ser
productivos por muy pequeño que sea nuestro esfuerzo y oramos por
toda la humanidad. Mis padres se han dado cuenta que nos dieron una
gran enseñanza para poder superar este tipo de contratiempos.
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Pandemia 2020
Esther Ortega Ruiz
Soy Esther Ortega Ruiz, tengo 96 años y a estas alturas de mi
vida he presenciado muchos eventos que pueden haberse considera-
do como pandemias. Cuando empecé a tener consciencia recuerdo la
Expropiación Petrolera, situación que unió a los mexicanos ante una
adversidad extranjera que veía amenazados sus intereses, también la
llegada de españoles que solicitaron asilo a México motivada por la
guerra civil en su país, más tarde a mediados de los años 40, la inesta-
bilidad política y atrocidades que provocaba el hermano del presidente
Ávila Camacho. Después, la llegada de un civil a la presidencia: Mi-
guel Alemán, con muchas promesas y el pueblo con mucha esperanza
de que algo bueno sucediera, pero fuimos prosperando a costa de
germinar y enquistar una corrupción de enorme daño y magnitud que,
hasta la fecha, nos sigue lacerando en todos los aspectos socio cultu-
rales y económicos del país.
Para los años 60 y 70, observé el actuar de presidentes que agre-
dieron a sus ciudadanos, llegando a usar al ejército para masacrarlos.
Posteriormente, hasta la fecha, grandes despojos, robo y corrupción,
de la clase política que dice amar a México y se dedica a saquear al país
y a desestabilizar el posible desarrollo que se debería haber llevado a
cabo bajo gobiernos honestos.
Me ha tocado saber de casos de poliomielitis, viruela, saram-
pión, rabia, tuberculosis, sida, influenza y ahora el Covid 19. Esta bre-
ve introducción sólo sirve como antecedente pero no sólo ha ocurrido
en México, quizá aquí sí en mayor magnitud, sino también en todo el
mundo, en donde lo que ha prevalecido es el Gran Egoísmo humano
55
generando guerras económicas y ahora las biológicas. Considero que
este bicho ha sido creado con fines de desestabilización económica, no
importando la cantidad de muertos, aún en el propio país que pudo
haber generado este virus.
A mi parecer, la pandemia es el hombre, sobre todo aquellos
que dirigen a los países, ya que su ambición desmedida, el racismo, la
xenofobia, las amenazas y su “supuesta superioridad racial” hacen que
el mundo penda de un hilo, ejemplo Donald Trump.
Se mandan misiones al espacio donde se dejan muestras de
quiénes habitan el planeta Tierra, dejando mensajes de Paz Universal,
mientras que aquí se han saqueado países y continentes, dejados en
la miseria y abandonados a su suerte, viéndolos con repugnancia y
cerrando las fronteras, convirtiendo los actos bélicos en dobles inten-
ciones de crueldad y de maldad.
Me da enorme tristeza la cantidad de inocentes que han muerto
y otros tantos cuya suerte no será nada agradable.
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57
Tocar fondo en la cuarentena es lo mejor
que me ha pasado
Frida Palos Gudiño
Mi 2020 comenzó como el de muchas personas, lleno de metas
y propósitos. Empecé a ir más seguido al gimnasio, con el mismo
mantra (bastante tóxico si me lo preguntan) de todos los años, “éste
año iré al gimnasio diario, solo comeré ensaladas y tendré mi cuerpo
soñado para junio”. Como es de esperarse, esto duró solo un mes,
antes de ceder y comer todo lo que me había prohibido. Pero todo iba
muy bien, salía con mis amigas cada fin de semana, me habían dado
el papel principal en una obra de teatro que íbamos a montar, estaba
saliendo con alguien de mi universidad. Todo era perfecto, tal vez
demasiado perfecto. Si esos tres meses hubieran sido un fast-forward
en una película, la canción Easy de Commodores hubiera sonado en el
fondo como banda sonora.
Como pueden imaginarse la escena de comedia romántica no
me duró y me pasó lo que le pasó a todo el mundo. De un día para
otro tuve que empacar todas mis pertenencias en cajas y despedirme
de mi libertad, amigas, papel principal en la obra de teatro y de todo lo
bueno que me estaba pasando. Regresé a casa de mi mamá, en donde
todos los días tenía que averiguar como meterme a mis clases en línea,
veía las noticias con la esperanza de regresar a mi comedia romántica
lo antes posible, solo para decepcionarme y asustarme por lo que salía
en la televisión.
Comenzaron las vacaciones de verano y el no tener contacto con
más personas comenzó a afectarme. No podía escapar de la realidad,
ya había leído mi libro favorito dos veces y visto todas las series y pe-
lículas buenas en Netflix, no quería entrar a las redes sociales que sólo
me recordaban que no podía estar con las personas a las que quiero y
hacer rutinas de ejercicio como todos los demás simplemente no me
apetecía. Decidí encerrarme en mi cuarto por días sin salir, mas que
para ir al baño y a veces para asaltar el refrigerador y volver a escon-
derme en mi cuarto. Dormía todo el día y lloraba toda la noche. Las
veces que estaba despierta por el día, todo me irritaba y las peleas con
mi mamá eran interminables.
Así pasaron semanas, días y me da vergüenza pero casi meses,
hasta que decidí buscar ayuda. Encontré una psicóloga que me ha es-
tado dando terapia por medio de video llamadas y aunque ha sido un
proceso largo y pesado, poco a poco me fui sintiendo mejor. Me die-
ron ganas de empezar hobbies nuevos, como hornear pan de plátano,
intentar aprender a pintar con óleo, hacer yoga ,entre otras cosas. Poco
a poco volví a recuperar una rutina de sueño sana, me atreví a decirle
a mis amigas por lo que estaba pasando y no sólo eso, ahora también
estoy trabajando en cosas de mi pasado que no sabía que me afecta-
ban, estoy aprendiendo a tener una buena relación conmigo misma e
incluso disfruto el tiempo en cuarentena.
No puedo decir que todo es perfecto y estoy feliz las veinticua-
tro horas del día, todavía hay días en los que no quiero salir de mi
cama y otros en los que termino llamándole a alguna amiga a las tres
de la mañana, pero todo esto me ha ayudado más que cualquier expe-
riencia en mi vida y me ha hecho apreciar más a las amigas que tengo.
58
Aprendizajes de pandemia
Guadalupe Moguel Pasquel
En enero de 2020, cuando apareció el Covid 19 en China, en
México muchos lo veíamos muy lejano. En aquel momento no ima-
ginábamos que este virus causaría un gran revuelo en unos cuantos
días atrapando a nuestros cuerpos, sacudiendo nuestras mentes y en
muchos casos robando también nuestros espíritus. Se nos había olvi-
dado que ya hoy existen vuelos de diecisiete horas y media sin escalas,
que conquistan los cielos y atraviesan los mares y océanos cruzando
desafiantes hasta diez husos horarios, para comunicar al mundo en
menos de lo que dura un día (Auckland, Nueva Zelanda, hasta Doha,
la capital de Catar, 14,529 km de distancia entre las dos ciudades).
Al paso del tiempo, mientras van corriendo los meses, muchos
sentimientos han perturbado a mi alma. Guardada en mi apartamento
he aprendido muchas cosas, la primera: agradecer a la vida todos los
días por las dichas que me ha obsequiado en mi camino por ella. Gra-
cias por la salud y el bienestar de todos los míos, yo incluida, gracias
por la fortuna vergonzosa que me permite despertar cada mañana
sin zozobra sabiendo que estos tiempos difíciles un día van a termi-
nar, mientras que yo, afortunada de mí, aguardo leyendo, escribiendo,
viendo películas y comunicándome por diferentes medios con mi fa-
milia y amigos.
En segundo lugar, esta pandemia me ha permitido organizarme
con mis tres hijas para platicar con ellas, su padre, mis nietas, mis yer-
nos y mi consuegra en la distancia y disfrutar de nuestros encuentros
semanales reuniendo mágicamente los miles de kilómetros que nos
separan en una pantalla y reírnos compartiendo anécdotas y hasta co-
59
miendo todos juntos, cada uno desde su casa. De esta manera hemos
festejado los cumpleaños, aniversarios especiales, el día de las madres
y de los padres y en otros momentos, también he convivido con el
resto de mi familia, con mis hermanos, sobrina y amigos, estrechando
nuestros lazos solidarios en medio de la desventura que le tocó vivir al
mundo en este desolado año.
Mi tercer aprendizaje concierne a mi cuñado, con el que alimen-
to a mi cuerpo y a mi alma. Hoy también gozo al degustar mis guisos,
los que preparo sólo para mí, aquellos que antes de la pandemia amaba
cocinar para los otros. Saboreo con el mismo placer mis platillos, así
como mis libros y mis momentos frente a mi computador que me per-
mite aprender, viajar, crear, inventar y entretejer historias...
La reflexión me ha acompañado todo este tiempo, a veces de
manera interna, en ocasiones, compartiendo con amigos. Me pregun-
to qué le sucede al ser humano para maltratar con tanto empeño a su
planeta y me respondo que el egoísmo ha alimentado ciegamente su
egolatría, destruyendo a su paso sin piedad a seres vivos, aniquilando
por igual a otros humanos, arrollando la vegetación y exterminando
a los animales. Empeñándose sin sosiego en alterar el equilibrio del
medio ambiente.
Vivimos tiempos difíciles, nos espera otros, tal vez peores, es
primordial que aprendamos de las experiencias y que guardemos en
nuestra memoria a largo plazo los propósitos y promesas que nos he-
mos hecho durante estos prolongados meses de contingencia, recor-
demos que cuando Noé comenzó a construir su arca aún no estaba
lloviendo.
Quiero tener fe, quiero creer y guardar la esperanza de que este
feroz virus que ha destruido implacable a centenares de miles de vi-
das, que ha llevado a la ruina física y mental a millones de personas a
lo largo del mundo, va a dejar tatuada en nuestros corazones la ense-
ñanza que nos permitirá convertirnos en mejores personas:
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Como dice Mario Benedetti:
“Cuando la tormenta pase
y se amasen los caminos
y seamos sobrevivientes
de un naufragio colectivo...
Cuando la tormenta pase
te pido Dios apenado
que nos devuelvas mejores,
como nos habías soñado”
Así observo el transcurso de los días en compañía de mis dos
gatas, mientras me deshago de viejas ataduras y de bultos inservibles
que me impiden viajar libre y ligera y espero el momento en que por
fin podré estrechar otra vez entre mis brazos a todos los míos y de-
cirles muy de cerca cuánto los amo. Soy jubilada, maestra jubilada de
la UNAM.
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Mi hermano Alberto en cuarentena
Irma López de la Rosa
Hola buenos días, el 12 de marzo recibí una llamada angustiosa,
era Pancho, me dijo que mi hermano Alberto estaba muy mal. Fui de
inmediato, estaba en un puesto de tamales, Eve, la secretaria de mi
cuñado, estaba con él, sudaba mucho y llamamos una ambulancia, nos
llevaron a una clínica, donde permaneció hasta el sábado 14, lo que
le sucedió fue que la presión le subió mucho y se le paralizó el lado
izquierdo del cuerpo, en esa clínica nada le hicieron.
El lunes el Dr. Bonilla nos dijo que lo lleváramos al sanatorio
Balbuena y ahí le hicieron unos exámenes, mismos que salieron bien.
Su rehabilitación era muy importante, el Dr. Bonilla nos recomen-
dó una terapista, pero nunca pudimos contactar con ella, mi amigo
Efraín nos recomendó otra terapista y nos ha dado muy buen resulta-
do, mi hermano empezó a caminar con la andadera hace dos meses y
empieza a ir al baño a bañarse con la ayuda de Efraín.
Yo tengo muy mal el dedo gordo de la mano derecha, me duele
mucho y el dolor aumentaba al lavar los trastes del desayuno, comida
y cena, pero ahora Alberto me ayuda con eso, además ya se baña solo
y se rasura.
Han pasado tres meses sin salir de casa por el Coronavirus, para
distraerme empecé a hacer gelatinas y pasteles y me salen ricos.
Hoy se cumplen cuatro meses de que se enfermó, ya va mejor, el
otro día dijo que sacaría a pasear a Golem, mi perro, yo no lo detuve,
después de una hora regresaron, di gracias a Dios por traerlo con bien,
hoy salió a la carnicería y después se fue hasta Plutarco y Municipio
Libre a comprar corazones e hígados de pollo pero no hubo, luego fue
a comprar una papaya.
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Ya llevamos dos meses rezando el rosario dos veces al día, a las
once de la mañana y a las seis de la tarde y los domingos vemos la misa
de la Basílica de Guadalupe a las doce del día.
Doy gracias a Dios porque mi hermano se está recuperando.
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Mi vida durante la pandemia
Isabel Cicero Ortiz
Soy una mujer de 65 años, jubilada hace cuatro años, que dis-
fruté mis treinta y cinco años de vida laboral en la Secretaría de Edu-
cación Pública en el área de Educación Especial y siempre pensé que
cuando me jubilara, sería para dedicar más tiempo a la familia y mi
casa. Así lo he hecho.
Al igual que la mayoría, nunca imaginé que viviríamos una pan-
demia de esta magnitud, que nos obligaría a cambiar tanto nuestro
comportamiento y actividades. La gravedad y los riesgos que enfren-
tamos cada día son increíbles, al principio el peligro lo veíamos un
poco más lejano, pero poco a poco hemos visto el peligro más cerca
de nosotros, al empezar a identificar a los contagiados entre amigos
y familiares. Eso va pesando en el ánimo, sobre todo, al ver que los
meses van pasando y la esperanza que teníamos en un principio, de
que sería de dos o tres meses, se va transformando en seis, doce o
dieciocho meses.
En estas circunstancias la vida y la salud de la familia es lo pri-
mordial. Mi esposo y yo al igual que mi hija y su familia, en virtud
de que vivimos en un mismo terreno de unos setenta metros de largo,
decidimos ser compañeros de pandemia y también recibimos una vez
por semana, por lo general, a nuestros otros dos hijos, buscando tam-
bién un equilibrio entre la salud física y emocional.
Hemos tenido que limitar el apoyo que teníamos de personal
de limpieza de las casas y diversas reparaciones. Eso ha tenido conse-
cuencias positivas y negativas. Positivas, como involucrar a los niños
en todas esas actividades y que yo disfruto mucho hacer las cosas per-
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sonalmente y el trabajo en el jardín y en mi pequeño huerto. Negativas
como un accidente que provocó quemaduras a mi esposo, que pueden
haber sido de tercer grado y que él decidió curarse en casa con asesoría
médica telefónica, yo dudé en varias ocasiones, pero él se mantuvo fir-
me y al cabo de unas cinco o seis semanas logró curarse por completo.
Yo después de años de no tener catarro y haberme desapareci-
do los síntomas de las alergias que padecí por muchos años, el abuso
de la actividad física y el exceso de humedad que hemos tenido, me
llevó a recaer en un cuadro de alergia que me trajo preocupada en un
principio, pues su manifestación ha sido inflamación en el pecho y tos
seca. El doctor me ha asegurado que es alergia, así que ahora tengo
que medir mis actividades.
En estos días he valorado mucho el tener algunos frutales y
hortalizas en casa, coseché papayas, guayabas, mameyes y una gua-
nábana, me ocupé de distribuir toda la fruta sobrante entre amigos y
familiares. He dedicado tiempo a sembrar nuevas plantas y mejorar
los cuidados de las que tengo, también he mejorado el manejo de la
composta, optimizando el empleo del desecho vegetal de la cocina y
los árboles, para eso he estado consultando información en línea.
En general, aunque mi actividad física es mayor por tener que
ocuparme mayormente de la casa y del jardín, nuestra vida es más
relajada, ya no hay que llevar o recoger a los niños a la escuela y activi-
dades extraescolares, en las cuales yo tenía participación. Al principio
acostumbrábamos reunirnos a las seis de la tarde alrededor de la pis-
cina a conocer los avances de la pandemia y convivir entre nosotros,
pero hemos dejado de hacerlo porque cada vez las noticias fueron
siendo más alarmantes y buscamos otros momentos para convivir,
como a la hora de la comida.
Todos estamos conscientes de las afectaciones emocionales que
podemos sufrir por lo que estamos viviendo, lo hemos externado y
hemos procurado ser tolerantes con el que tiene alguna manifestación.
Tuve que aceptar la inclusión de un nuevo miembro en la familia, la
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mascota con la que mis nietos soñaron por mucho tiempo. Para mí
no ha sido agradable, pero tuve que contener mis manifestaciones de
desagrado por el bien de los demás, para mi hija y su familia la llegada
de Yoyo a la casa ha traído más beneficios que inconvenientes. Él y yo
ya somos amigos respetuosos. He tratado de estar más pendiente de
los niños, así cuando tuvieron clases en línea apoyé cuando se necesitó
y he procurado contribuir proponiendo o realizando actividades con
ellos para mantenerlos divertidos u ocupados, les varío la rutina invi-
tándolos a veces a desayunar o cenar o hacerles sus postres o comidas
favoritas. Para mí ha sido prioritario conversar entre nosotros para
darnos ánimo y apoyarnos.
La familia extensa y los amigos han sido también compañeros
invaluables y la tecnología nos ha permitido tener un contacto fre-
cuente con ellos.
Nuestro grupo familiar de pandemia ha sido una fortaleza, in-
cluyendo a mis dos hijos, que por lo general comparten unas horas
cada semana. Hemos platicado más que nunca y nos hemos apoyado
unos a otros, me da mucho gusto que mis nietos suelan buscarme o a
su abuelo para platicar de pasatiempos o plantearnos alguna preocu-
pación.
Agradezco a la vida por mi familia y los amigos que tengo, quie-
ro mucho a mi estado y mi país, pero quisiera sentirme orgullosa de
él por tener gobernantes ordenados, generosos, sabios y humanos que
procuren el bienestar de todos.
Mérida, Yucatán Julio 20 de 2020
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Tiempo de capullo
Jimena Mateos González
Querido diario, hoy es el tache número 85 que marco en el ca-
lendario desde que nos mandaron a casa el 16 de marzo a causa de
la epidemia del Coronavirus. Esta mañana mi hija y yo dimos juntas
una clase de cómo preparar guacamole al resto de su clase de 3er gra-
do de primaria. Sacamos el molcajete que heredamos de la abuela de
mi esposo, un molcajete donde se preparan salsas desde la década de
1940. El artefacto nacido en San Juan Ixcayopan hace 80 años viajó en
barco hasta Los Gatos, California y ha sido bien honrado en altares y
manjares.
Los días son largos, pero muy ordenados, muy parecidos uno al
otro, hemos creado nuevos rituales familiares y nuestra gatita de un
año no podría estar más feliz teniéndonos a todos en casa y haciéndole
mimos cada vez que no nos deja bajar las escaleras.
Las ruedas de las bicicletas están cansadas de tanto girar, lleva-
ban cinco años paraditas y empolvándose en el garage, en los últimos
días salen a trabajar casi todas las tardes, en velocidad crucero, alrede-
dor del barrio y cada que podemos nos vamos en bici al lago.
Esta semana recibiré mi última quincena. La empresa para la
que trabajaba está por declararse en quiebra, tenía un preescolar que
ha cerrado sus puertas porque los padres ya no quieren pagar colegia-
turas a maestras virtuales que, aunque entregan su corazón a la sesión
de Zoom, no logran conectar psicológicamente del todo con los niños
y los padres terminan por tener que encargarse de sus hijos, cosa que
para algunos es imposible por distintas razones.
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El casero del preescolar y las oficinas donde yo trabajaba, es un
pastor quien no accedió a condonar el alquiler y puso los pizarrones y
mesitas de patitas en la calle. Así son las cosas.
No hay mal que por bien no venga, durante este tiempo me he
acordado lo mucho que me gusta ayudar y comunicar... ahora retomé
mi camino y mi negocio, ahora vendo Viajes Virtuales.
Querido diario... ya regresé al teclado, hoy es el día 109 desde
que nos mandaron a casa. Ya fui y vine, literal, ya volví a hacer las
compras en el súper, ya fuimos a la playa y hasta nos quedamos a
dormir en un hotel y comimos sentados en un restaurante. Siento que
olemos a desinfectante de tanto que nos hemos puesto, nos estamos
volviendo locos.
Dicen que cambiar de aires es muy sano, quiero mucho a mi
familia, pero...hay días que no quiero lavar ni una sola calabacita más.
Esa escapadita al mar fue un gran alivio, correr descalza en la playa,
sentir el viento en la cara, subir las dunas a contemplar el océano y
mirar el horizonte sin pensar en nada, hasta que una gaviota se acercó
a querernos robar el lunch improvisado y devorarlo sin miedo al con-
tagio. Recordé lo sencillo que puede ser el mundo, lo básico que es el
humano, lo poco que necesitamos para vivir.
Hoy es 4 de julio y para evitar contagios de Covid 19, desde la
mañana cerraron el acceso a las playas de nuestro condado, porque
por tradición la gente se aglomera junto al mar a celebrar con cohetes
y música el Día de la Independencia. Al parecer es México quien no
quiere que cruce nadie de norte a sur para evitar contagios.
Hay poco que celebrar, las manifestaciones de Black Lives Mat-
ter nos han llenado de esperanza, pero en nuestro barrio no ha habido
una sola marcha, aunque las tiendas sí tapiaron sus aparadores por
miedo a los saqueos que se desataron. La pintoresca Ciudad de Los
Gatos, por dos semanas parecía pueblo fantasma del oeste. Silencio
o miedo.
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Pero ayer que pasamos por ahí, las terrazas de los restaurantes
estaban vivas, con gente sentada sin mantener muy sana distancia,
los ojos se veían sonrientes, la boca no lo sé, porque muchos usaban
cubrebocas.
La moda del cubrebocas. Hemos visto ya distintos estilos, el
mío sigue siendo el de cirujano, pero como calzones, ahora todos te-
nemos que ponernos uno, no importa si tiene florecitas, puntitos o
rayas, a diferencia del chonino, el cubreboca es mejor mientras más
te cubra, nada de tanga, nada de encaje, debe ser como de abuelita,
grueso y como paracaídas.
Sin más rollo me despido porque ya llegó la hora del lunch y hay
que lavar y picar las calabacitas, pero ahora con mejor humor y muy,
muy animada con mi nuevo negocio virtual que me ha llevado a reco-
nectar con mis pasiones y con la gente que más quiero.
Somos prudentes y seguiremos sin reunirnos con casi nadie,
nos lavaremos las manos ya agrietadas de tanto lavar y rociaremos
todo con desinfectante. Seremos pacientes y no tomaremos un avión
a México, porque si vamos es para ver y abrazar a los abuelos, pero
hay que hacer cuarentena antes de verlos y hay que hacer cuarentena
al regresar, si es que están las fronteras abiertas.
Por cierto... ya no bajé a hacer la calabacita, mi marido va a
preparar hotdogs caseros, me relajo y bienvenido sea el jitomate en
catsup sin calabacitas y a relajarnos en este día de fiesta local. Happy
4th of July!
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Nuestro descanso obligatorio
Josefina Romero
Soy Josefina, tengo 85 años, mi esposo se llama Julián Matagne,
él es contador público y tiene un despacho contable, llevamos cin-
cuenta años de casados más siete de noviazgo.
Nuestro descanso obligatorio por el problema del Coronavirus
no ha sido mucho problema pues hemos hecho cosas que nos gustan
a Julián y a mí; él se pone a trabajar en sus papeles del despacho o se
pone a ver las noticias en la computadora, yo, como todos los días, me
pongo a pintar después de haber desayunado y dejar preparado lo que
vamos a comer.
Como a las doce le llevo su café a Julián para que siga trabajando
y yo sigo pintando. En estos meses creo que he pintado como diez o
más cuadros porque les voy a mandar a mis sobrinas para sus hijos,
uno de ellos es una jovencita que tiene una flor en la mano, otros son
unas hermanas en que una de ellas pinta y la otra le sostiene un apara-
to de petróleo porque pintaba de noche, se ven muy bonitas. Otro es
para un niño, es un zorro que lo tiene abrazado un niño.
Todo lo que pinto me gusta mucho, pero lo que más disfruto es
pintar a la Vírgen de Guadalupe, estas pinturas no son grandes, miden
como 30 cm por 20 cm, cuando las pinto le digo a la Vírgen de Gua-
dalupe que me siga permitiendo pintarla, ya he regalado muchas, no
sé cuántas, pero soy feliz de pintar. Si Dios nuestro Señor me ha dado
el don de pintar y regalar las vírgenes, les digo a las personas a quienes
las regalo, que le recen su Ave María.
Por la tarde Julián y yo nos ponemos a leer y ya como a las siete
de la noche, rezamos nuestro rosario, porque gracias a Dios somos
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católicos desde niños y, así como estamos de grandes, le rezamos al
angelito de la guarda y la Dulce Madre.
Han sido tres meses de estar en casa, pero para mí no ha sido
pesado, pues tenemos un jardín al que regamos cada día y le ponemos
agüita de granadina a los pajaritos y vienen desde temprano, uno que
viene es negro, blanco y amarillo, se llama primavera, es lindo, hay
otros rojos de la cabeza y la colita y otros gorriones y colibríes, todos
son muy lindos, yo los tengo a la vista desde donde pinto, soy feliz.
Yo creo que ya pronto se terminará nuestro encierro. Ya tengo
ganas de ver a mis amigas y platicar personalmente con ellas y pre-
guntarles cómo pasaron este tiempo de cuarentena y poder ir a comer
a un restaurante.
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Experiencia COVID 19
Laura Castro
La experiencia que he tenido con esta pandemia, creo es una
situación difícil de entender, pues en un momento nos cambió la vida.
Se presentaron cambios que nunca imaginamos, quizás cuando empe-
zó nunca creímos en la magnitud de los cambios en nuestra forma de
vida. Al inicio creímos que serían días para dedicar tiempo a nuestro
hogar, hacer arreglos en casa que, por siempre andar de prisa, no po-
díamos hacerlos a detalle.
Así pasan días y días y aún no podemos decir que esto ya está
resuelto, cada día hay más preocupación. Luego fuimos agotando los
pendientes de casa, las llamadas, y así pasan los días sin que haya so-
lución.
Extrañamos mucho a los hijos, a los nietos, a la familia, a los
amigos. No poder abrazarlos y por nuestra edad tener riesgo de conta-
giarnos, que tristeza y además no saber hasta cuándo será esto.
También hay cambios favorables en nuestra forma de ver y ana-
lizar, quizás esto nos ha hecho valorar muchas cosas, no poder estar
y disfrutar de las reuniones en familia, abrazarnos y visitarnos sin
restricciones, no tener la libertad que teníamos de salir. Las noches
son de insomnio queriendo resolver todo esto y pensando cuándo po-
dremos tener la libertad que teníamos; que tristeza ver que el mundo
está lleno de contagio y de peligros, lo que nos queda es dar gracias a
Dios por estar vivos y pedir que pronto pase esta pesadilla.
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Mundo arrodillado
Leticia Arana
Pocos nos atreveríamos a predecir con exactitud, menos si fuese
un panorama como el actual, tan aterrador como apocalíptico, que
tiene de rodillas a todas las naciones del mundo. Tampoco, imaginar
que así de insignificante, por su dimensión microscópica, se convierta
en un Emperador implacable.
Grandes, pequeños, potentados, miserables, ricos, pobres, sa-
bios e insulsos, religiosos, ateos, arrogantes, caritativos adivinadores
o videntes, famosos, brujos y calculadores, nos hemos convertido en
súbditos de éste que con descaro, lleva en su nombre, la Corona.
No hay fórmulas mágicas que le resistan, ni estrategias cien-
tíficas capaces por ahora, de minimizar tal poderío, pues su avance
despiadado traspasó fronteras sin pasaporte o visa, ensanchando el
temor, pánico y desesperación, amén de los enormes efectos econó-
micos, airados “rings” entre autoridades de todos los niveles, quienes
gritan a modo de mercado, una división polarizante e infinita.
Coronavirus te detesto, por esa enorme capacidad para someter
a fuertes y débiles, imponer muros prohibir abrazos y arrebatar la vida.
Tu tránsito, facilitando discriminación, rechazos, desconfianza
y separación física entre hermanos o afectos filiales, por miedo al con-
tagio, enmarca una inaceptable realidad.
Lamentable herencia dialéctica para los pequeños, cuya inocen-
cia también canta el impacto de un “bicho” que se ha enseñoreado,
robando nuestra felicidad. Coronavirus, he de reconocer que llegaste
para alcanzar nuestro destino.
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Experiencia cuarentena
Lilia Miranda Colín
Me llamo Lilia, tengo 55 años, me casé de 18, llevo 36 años de
casada, soy Contador Público y actualmente tengo un despacho con-
table. Soy madre de 3 hijos: Axel de 36, Emmanuel de 27 y Marisol de
24, los 3 son abogados, el mayor de ellos, casado. Tengo 2 hermosos
nietos, Dulce María de 10 y Gael de 7.
La experiencia que he tenido en estos tres meses de cuarentena,
ha sido de incertidumbre, tristeza, dolor y cierta ansiedad, pero a su ve
alentadora y llena de esperanza. El giro repentino que todo esto vino a
dar a nuestras vidas, ha representado un parteaguas donde he tratado
de anteponer mi fe por encima de cualquier momento o sentimiento
adverso. Mantengo mi mente ocupada con pensamientos positivos; lo
primero que hago al despertar, es agradecer a Dios por el nuevo día,
preparo el desayuno, realizo trabajo de oficina en casa y, aunque tengo
quien me apoye en el hogar me he involucrado más en ello, leo, plati-
co con mis hijos, jugamos, reímos, hacemos video llamadas con mis
nietos, llamo a mis hermanos y amigos, disfruto preparar la comida,
tres días a la semana hago ejercicio, lo cual me produce bienestar físico
y trato de comer sanamente. En fin, he procurado que este tiempo en
familia sea productivo, alentador y de enseñanza. Gracias a Dios hasta
hoy, esta ha sido la forma de afrontar este difícil momento de pande-
mia que afronta la humanidad.
Trato de no ver noticias, por el contrario, me concreto en orar
por todos los enfermos, personal médico, enfermeras, químicos, gente
que se ha quedado sin empleo etc. Clamo a Dios que se apiade de la
humanidad y cuide de nuestras familias.
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Cabe señalar que en noviembre de 2019, escuché en los dife-
rentes noticieros acerca de este virus Covid 19 que inició en Wuhan,
China, llegué a pensar que esto sería controlable, así como lo fue en su
momento el de la influenza, pero a medida que el tiempo transcurría
y la información fluía en todas partes (noticias, redes sociales, amigos,
familiares...) fui haciendo consciencia de la incontrolable pandemia a
la que se enfrentaba el mundo, bastaba prender el televisor para es-
cuchar y ver imágenes desgarradoras de países europeos, tales como
España e Italia y Francia donde los hospitales se encontraban a su
máxima capacidad llegando el momento en que se daba prioridad de
ser atendidos a las personas que tuvieran mayores posibilidades de
sobrevivir.
En febrero de 2020 se dan los primeros casos de Covid 19 en
México provenientes de personas que llegaban del extranjero, paula-
tinamente se fueron multiplicando, de ahí que el gobierno mexicano
tomara medidas de protección: quedarse en casa, usar cubrebocas, gel
antibacterial, lavado constante de manos y sana distancia.
La prioridad del hombre es tener, hacer, ir, venir, comprar. Vivi-
mos de manera desmedida. Hoy es muy triste ver cómo la juventud ha
caído en los excesos sin importar las consecuencias que acarrea todo
esto, el hombre se da culto a sí mismo levantando sus propios ídolos
(dinero, poder, placer). La pérdida de valores y la desintegración fami-
liar ha traído consigo todos estos males que tristemente han acabado
con las familias.
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Una cuarentena mundial que supera todo lo vivido
Lucía García Morales
Un sábado del mes de marzo en la sobremesa comentando so-
bre un virus, bacteria, sabrá Dios que había empezado en China y se
estaba expandiendo en el mundo, empezaron a sonar los celulares,
mensajes alarmantes que el próximo viernes sería el último día que
asistirían los alumnos a la escuela dos semanas antes de Semana San-
ta, muchos maestros nos preguntábamos, ¿y qué vamos a hacer sin
alumnos? Según la indicación del Secretario de Educación Pública y
de forma contradictoria, dice que los docentes no estamos inmunes a
esta enfermedad. Llega el lunes y la indicación es preparen clase, acti-
vidades, estrategias, etc., y un grupo de WhatsApp para tener comu-
nicación con sus alumnos. A partir de mañana deben traer una carta
de salud donde los padres testifiquen que su hijo está sano y no tiene
síntomas de tos, temperatura y respira bien. Pasa la semana y todos a
su casa, no salgan. “Quédate en casa”, las noticias son alarmantes.
¿Qué vamos a realizar en un principio? cuatro semanas... bueno
hay mucho que hacer.
En familia, limpiar hasta el último rincón de la casa, tenemos
mucho tiempo y hay que entretenernos.
Pasan las horas, los días, las semanas y el primer mes de la cua-
rentena. No hay regreso a la escuela, el contagio es muy grande. Al-
gunos por miedo, temor y respeto a la autoridad no salimos, otros no
creen y siguen con sus actividades (no precisamente de trabajo).
Como todo es novedad, hay muchas cosas que tenemos que ha-
cer, tenemos tiempo de sobra, manualidades, hornear, hacer comida
más laboriosa y diferente a la habitual; pero el celular, la televisión y
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la computadora cansan, aburren y empiezan las emociones a salir, la
ansiedad, la impaciencia y que ya no tienes la paciencia para elaborar
alguna actividad y no hay donde comprar los materiales, todo está
cerrado.
Hay cumpleaños que no podemos festejar, fechas importantes,
aniversarios, día del niño, de las madres, todas esas fechas que tuvie-
ron que ser festejadas en aislamiento y, no sólo esas fechas sino que
hasta cosas relevantes como citas médicas, tratamientos y cosas simi-
lares fueron canceladas o aplazadas y te empiezas a preguntar ¿será
cierto?
Las noticias y las redes sociales dicen “sí”, gracias a Dios no
hay nadie cercano enfermo, pero también es bien conocido que todos
tenemos un familiar, un amigo o alguien que está o trabaja en el sec-
tor salud y platicando con ellos te dicen “es cierto cuídense” y es muy
doloroso.
Difícil ya que no hay suficientes materiales para atenderte y la
lucha sigue contigo mismo, no puedo salir, tengo que estar en mi casa,
pasan dos meses y hay momentos en que me rebasa la paciencia, la
ansiedad y llega el llanto a mi cara ¡ya no puedo!, calma, no está en
nuestras manos, hay que echarle ganas. Y así pasa el tiempo, llegan
noticias de las escuelas, si el semáforo está en verde esperaremos el
C.T.E. presencial, de lo contrario será virtual.
Yo pido y ruego a Dios que la gente entienda y nos cuidemos
para volver a la normalidad con su respectiva distancia, uso de cubre-
bocas y todas aquellas medidas de prevención, para evitar que se siga
propagando el Covid 19.
Gracias por permitir expresar algo de lo que siento, pienso y
vivo a diario.
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Aplausos
Lucía Zúñiga
Hola soy Lucía, tengo 13 años y vivo en Madrid, España.
Al abrir los ojos cada mañana, esperaba con gran ilusión que
fueran las ocho de la noche, ya que mientras siguiéramos encerrados
en casa, cada día sería igual.
Sin embargo, había una actividad que siempre esperaba con mu-
chas ganas: la hora de los aplausos. Un momento en el que los vecinos
teníamos la oportunidad de convivir pese a que fuese cada uno desde
su ventana, ¡a veces incluso manteníamos cortas conversaciones!
Tantas ganas tenía de que aquella actividad llegara que... ¡a veces
era capaz de comenzarla yo! A mis padres esto no les gustaba mucho,
pero no obstante yo disfrutaba viendo cómo se iban uniendo los ve-
cinos poco a poco.
Mis emociones y ánimo al aplaudir estaban reflejados en mis
manos ya que siempre terminaban rojas.
La razón por la que tanto me gustaba esta acción era porque
para los ciudadanos era nuestro momento de convivir mientras para
otras personas, como podrían ser los médicos, era señal de apoyo y
fuerza.
Poco a poco, conforme el virus iba disminuyendo, los aplau-
sos de los vecinos también disminuían. Ahora ya nadie aplaude por
suerte, pues eso significa que esto ya casi se acabará, o al menos eso
pensamos.
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Enero 1 de 2020
Luisa Antonieta Mateos
2020, el 4 de febrero cumplí 80 años, algo por lo que aún estoy
feliz. Era una esperanza secreta llegar a ver mi vida desde esta altura,
estoy bien, muy bien, sin embargo me doy cuenta que lo que hago lo
hago más despacio, el tiempo se me pasa más rápido, también noto
que camino más lento.
Tal vez, sólo tal vez, este sea el año en el que dejaré de dar clases
de inglés a mis queridos pequeños.
¡Marzo Coronavirus! ¡Covid 19! !cuarentena! ¡quédate en casa!
Desconcierto. Miedo. ¿Qué pasa?
La querida escuela en la que he pasado 19 años, cerrada. Los
pequeños deben quedarse en casa. ¡Clases virtuales! Todo lo que tiene
que ver con esto es muy difícil.
¡Sorpresa! es algo nuevo y un reto.
28 de mayo nuestro aniversario número 60, no lo puedo creer,
cumplimos 60 años de casados, me encanta sí, si estoy feliz.
Junio, sigue la pandemia, quédate en casa, la nueva normalida.
Cubrebocas, sana distancia, lávate las manos... Veré que sigue, los nue-
vos sucesos. ¡Que interesante! ¿Qué pasará?
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Bodas de oro
Ma. de Lourdes Alarcón Robles
Sólo relataré un acontecimiento verdaderamente importante du-
rante esta pandemia. Mi esposo murió en enero de 2019. Él estaba
muy entusiasmado con celebrar las bodas de oro y quería que fuése-
mos organizando nuestro festejo. El once de junio, mismo día de mi
cumpleaños número 77 sería nuestro aniversario. Era tan grande su
deseo de festejar nuestras bodas de oro, que la víspera de esta fecha,
decidí organizar una reunión en línea por zoom con mi hijo, su esposa
y mis dos lindas nietas de 13 y 11 años que viven en Madrid.
Me vestí de novia con el mismo vestido de la boda y aparecí en
escena con los acordes de la marcha nupcial entonados por mí. En esta
reunión virtual, también estaba la familia de mi querida nuera, todos,
excepto mi hijo y su familia, vivimos en la ciudad de México. Fue una
verdadera sorpresa para todos. Hicimos un gran brindis y al finalizar
la reunión me tomé una foto junto a la de los novios de hacía 50 años.
Para mí y los míos fue una fiesta inolvidable.
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Confinamiento Lulú
Ma. de Lourdes Espinosa Serrano
En el gran confinamiento que empezó para nosotros el 23 de
marzo de 2020, he estado viviendo la oportunidad de estar más en
contacto con mis seres queridos, tanto con los que viven conmigo
como con los externos, con ellos lo hago a través de video llamadas y
por teléfono fijo, al igual que con mis alumnos de la tercera edad.
Tengo la oportunidad de dar clases a un grupo de adultos mayo-
res y debido a esta situación les he elaborado rutinas de calentamiento,
movimientos para la salud, así como las formas diez y trece que son de
la disciplina china Taichi Chuan (manos libres y formas) y terminando
con los cuatro elementos de energía (tierra, agua, viento y fuego), esto
lo he logrado a través de la red del WhatsApp logrando que se ejerci-
ten en los espacios de su casa.
Me han proporcionado una gran satisfacción al ver que sí los
llevan a cabo, ya que me han comentado que se han sentido muy bien
física, mental y espiritualmente.
Se dio la oportunidad de que una amiga me llamó y me comentó
que había visto unos ejercicios en YouTube, los cuales no le satisfa-
cían, porque no le daban una explicación sobre los mismos y me pidió
si le podía enviar algunos de los que yo doy.
Le envié algunas rutinas de calentamiento con su debida ex-
plicación y me comentó que algunos eran como los que hacía ella en
yoga, le comenté que efectivamente son disciplinas que van muy uni-
das, primero fue el Taichi (movimientos suaves), en ambos hay esti-
ramientos, en Taichi trabajamos en silla por ser adultos mayores pero
su función es dar el bienestar al Ser (mente, cuerpo y espíritu) esto me
dio la oportunidad de elaborar el procedimiento escrito de las rutinas
89
de calentamiento para observar el trabajo de los doce meridianos más
importantes de nuestro Ser.
Retomando mi entorno familiar, hemos tenido la oportunidad
de bordar servilletas en compañía de mi mamá,, he terminado una
bolsa que empecé a tejer con gancho ingeniándomela con material de
reciclaje, la empecé en febrero por ratos y la terminé a fines de marzo.
En el mes de abril retomé el ejercicio de Taichi, por la mañana
en el tiempo que despierto a mi mamá a las seis, para darle un medi-
camento, tengo la oportunidad de efectuarlo y ella, si se levanta, me
acompaña a hacerlo. Ejecutamos los calentamientos, el ejercicio de
la salud y los cuatro elementos durante veinte minutos, transcurrido
ese tiempo, la llevo a su cama para que siga durmiendo y yo continúo
con mis rutinas de Taichi aproximadamente una hora, después hago
meditación por quince minutos y empiezo mis labores de casa, las de
siempre, preparo el desayuno de mi mamá y el mío y en compañía
de mi hermana nos organizamos para la elaboración de la comida y,
mientras llega la hora de comer, leo a ratos, cambio rutinas, me pongo
a coser o a tejer la orilla de las servilletas que se han bordado, hago
una limpieza extra de documentos, desecharlos, o veo mi celular y
contesto mensajes.
Comemos como a las cuatro ya que nuestros horarios han cam-
biado y se han recorrido. Somos siete personas (mi mamá de noventa
años, cuatro hermanas, una sobrina y mi cuñado). Después de comer
platicamos, mi sobrina tiene clases en línea, mi cuñado es catedrático
e imparte sus clases también por línea y además estudia italiano.
Algunos elaboramos panqué por la tarde mi sobrina, mi her-
mana y yo, así pasamos un rato ocupadas, en otras ocasiones usando
ingredientes que he conservado, como hojas de maíz para hacer ta-
males. Mi cuñado es quien sale a comprar, él nunca iba ni a comprar
las tortillas, ni a nada, ahora él y mi hermana salen al supermercado
cuando se requiere.
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En el transcurso del día nos estamos comunicando por el What-
sApp o por video llamada con los hermanos, generalmente por las
mañanas, yo les envío saludos a mi grupo de adultos mayores, al gru-
po de oración donde pedimos por las necesidades de la gente y por la
humanidad entera.
Terminando de comer, procedemos a la limpieza de la cocina y
después a descansar, unos toman una siesta, otros continúan con sus
clases en línea y otros ven una película o una serie; como a las ocho
mi mamá, mis hermanas y yo rezamos el Santo Rosario.
Procedemos a cenar y como a las diez nos retiramos a descan-
sar, llevo a mi mamá a su recámara, la arropo y rezamos al Ángel de la
Guarda y otras oraciones y me despido de ella y me voy a dormir o a
seguir escribiendo el procedimiento de la forma de la salud y algunas
veces veo las noticias en resumen.
En abril hay varios eventos como cumpleaños de dos amigas
que son hermanas, una es del día 6 y la otra del día 12, les envié fe-
licitación y una oración por su salud, una de ellas viaja mucho, pero
gracias a Dios, le permitió estar aquí en México y convivir con su her-
mano, ya que ella vive sola, luego la llamé por teléfono para saludarla
y platicamos un rato, me comenta que luego nadie le habla.
Durante la Semana Santa (del 8 al 10) vivimos las transmisiones
guiadas por el Santo Padre desde Roma a través de YouTube.
Así llegamos al Día del Niño el 30, enviamos saludos y felici-
taciones por video llamadas a los sobrinos, a mi mamá la festejé con
música de sus tiempos de niña, como Doña Blanca, Tengo una muñe-
ca vestida de azul, etc., ella bailó y cantó, disfrutó mucho y les envié
el video a mis hermanos para que también disfrutaran a mi mamá con
esos recuerdos.
Algunas veces nos ponemos a bailar, a mi mamá le encanta bai-
lar y cantar canciones como La Panchita, Solamente una vez, Tres
cosas hay en la vida, el vals Alejandra, Hoja seca, Cachito Cachito y
muchas más.
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También los nietos y bisnietos celebraron el día del niño y con
su ingenio elaboraron unos cartelones y los compartieron con sus
compañeros de escuela haciendo fiesta en su casa, otros con sus mas-
cotas. Todos estuvimos felices.
Llegó mayo, Dios nos ha permitido llegar con bien, es un mes
con muchos eventos, empezando con el 4 de mayo, santo de mi papá,
todos los hermanos hicimos una oración para que Dios lo tenga en su
gloria. El día 8 festejamos el cumpleaños de mi cuñado con un panqué
y atole de chocolate elaborados en casa por mi hermana y mi sobrina.
Yo le regalé una funda para almohadón.
El Día de las Madres, les envié las mañanitas cantadas por Ja-
vier Solís, a todas las mamás conocidas, hermanas, cuñadas, alumnas,
amigas, primas y elevando una oración por todas ellas, vivas y finadas.
A mi mamá le gustan mucho las flores, tenemos una buganvilia,
así como malvones y diario les quita las hojas secas, y corta algunas
flores para la Virgen María que tenemos en casa.
Pues qué creen, ese día cortamos algunas flores y se las pusimos
a la Virgen y otras se las dimos a mi mamá, nos retratamos y compar-
timos la foto por WhatsApp con mis hermanos y amistades, hicimos
un panqué y atole de chocolate y comimos pambazos, mi hermana
Rosy le regaló rompope que le encanta.
Yo por primera vez salí al banco para que me asesoraran cómo
hacer transferencias y hacer los pagos que se requieren. Aproveché
para ir al supermercado y cuando regresé limpié mis zapatos, me lavé
las manos y luego me bañé.
El día 23 fue cumpleaños de mi tío Antonio, hermano de mi
mamá, cumplió 93 años, lo felicitamos, mi mamá le cantó las mañani-
tas, le pusimos música de Glen Miller que le gustaba bailar, así como
Jarito Pardo, Cha Cha Chá y mis primos también lo felicitaron.
Seguimos la misma rutina de casa, viendo alguna serie de Net-
flix ya que también es necesaria la diversión, seguir rezando el Santo
Rosario por todas las necesidades de la humanidad y los ángeles que
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cuidan a los enfermos, todo el equipo médico y todas las personas que
laboran en los hospitales.
El 24 fue cumpleaños de otra amiga con quien hemos com-
partido momentos bellos, la felicitamos con las mañanitas de Plácido
Domingo cantándole mi mamá, Rosy mi hermana y yo y dedicamos
una oración para ella y su familia deseándole lo mejor.
Así Dios nos permitió llegar a junio, un mes muy movido, em-
pezando por el cumpleaños de mi hermana María de la Luz el día
primero, ella es la quinta de nueve hermanos, tiene dos hijos, su hija
trabaja en línea y mi sobrino está terminando su carrera en línea, estu-
dia Interpretación de Guitarra Eléctrica, está a punto de graduarse, es
una gran satisfacción para sus padres y para toda la familia. Festejaron
a mi hermana con un desayuno en su casa y un rico pastel.
El día 29, día que nunca olvidaré, cumplió dos años que par-
tió con Dios, nuestra querida amiga-hermana Julieta Elva González
González, una gran mujer en toda la extensión de la palabra, un ser
lleno de luz, que aún en estos dos años, nos sigue llegando su luz y
amor, le mandamos decir una misa a puerta cerrada, que descanse en
paz.
El día 30 mi mamá cumplió 91 años, Dios nos ha permitido
tenerla con nosotros, es un gran milagro, la pudimos festejar junto
con mis hermanas Catalina, Martha Patricia, Rosa María y mi sobrina
Dafne, mi cuñado Enrique y yo, los demás hijos la felicitaron por vi-
deo llamada, pusimos las mañanitas por YouTube y todos le cantamos,
uno de mis hermanos vive en Cancún y un sobrino en Argentina, él
está becado por la UNAM, estudia Artes Visuales, él no pudo conec-
tarse con todos debido al cambio de horario, pero después la llamó.
Hubo baile con mi mamá, por lo general se efectuaba la fiesta
con las dos familias, la de mi tío, sus hijos que son nueve, nos reu-
níamos hasta sesenta y cinco personas, hoy fue diferente, sólo en casa
pero hubo baile y ella se divirtió.
93
El día 7 de julio, mi hermana Isabel, la más pequeña de la fa-
milia, es viuda y se festejó en Morelos con sus hijos Rodrigo Adrián y
Ricardo Andrés, ambos estudian en la UNAM, el primero Leyes y el
otro Químico Farmacobiólogo, a ella también la felicitamos vía video
llamada.
El día 8, mi sobrina Dafne, hija de mi hermana Martha Patricia,
cumplió años y la festejamos con pastel y chocolate y todos le hicieron
video llamadas, ella y sus papás viven con nosotros.
Otra sobrina nieta cumplió quince años, ella es nieta de mi her-
mano mayor Miguel Ángel, él tiene tres hijos y cuatro nietos, festejó
su cumpleaños con sus abuelos y sus papás y por video llamada todos
la felicitamos.
El día 10 de julio cumplió dieciseis años la nieta de mi herma-
no José Antonio, la festejaron en su casa con un pastelito, ella pasó a
preparatoria con muy buenas calificaciones, su hermana Valeria pasó
a tercero de Secundaria.
Llegó el día 16, día de la Virgen del Carmen, santo de mi mamá,
la festejamos con una comida y recibió muchas felicitaciones de la fa-
milia y amistades, de su hermano Antonio y de su única cuñada, Pie-
dad Mendoza de ochenta y tres años, también hubo baile y mi mamá
estuvo cantando canciones de sus recuerdos, gracias a Dios por dar-
nos esta gran dicha.
El día 25 fue cumpleaños de mi hermano Gabriel Sebastián que
vive en Cancún, él tiene una hija, un hijo y una nieta. Muy temprano
le llamamos y para él fue una gran sorpresa pues no se lo esperaba,
estaba a punto de desayunar con su familia, mi mamá le envió su
bendición, más tarde llegaría su hija con su esposo e hija a felicitarlo.
Desafortunadamente su yerno se quedó sin trabajo debido al cierre de
hoteles, a mi hermano y mi cuñada sólo les pagan el 50% de su sueldo,
por allá sigue el semáforo rojo.
El día 26 cumple años mi cuñada Rocío, esposa de mi hermano
José Antonio, también la felicitamos por video llamada y en su casa la
festejaron con una comida y pastel.
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El día 29 fue aniversario luctuoso de mi abuelita Leonarda Lima
Muñoz, cumplió treinta y cinco años de fallecida, ella nació el 6 de
noviembre de 1900, era mamá de mi mamá, mujer muy trabajadora,
quedó viuda muy joven y con dos hijos, tuvo dieciocho nietos, fue un
gran ejemplo para toda la familia, ella nos inculcó la religión al igual
que mi papá, la recordamos con mucho cariño, era una abuelita muy
animosa, decía: yo no doy remedios pero les cuento chistes.
El día 30 sería el cumpleaños de Julieta Elva, ella tenía mucha
ilusión de festejar sus setenta años, pero faltando un mes para ello,
Dios se la llevó a su gran fiesta en el cielo, descanse en paz.
Hemos vivido este confinamiento con las noticias de los dicho-
sos semáforos rojo, naranja y verde, cuidándonos todos.
Como la mayoría de las familias hemos vivido con emociones
altas y bajas, tratando de superarlas con ocupaciones de casa, lecturas,
rezando, viendo misa por YouTube, reflexiones del café católico, di-
versión, ejercicio o trabajo en línea.
Mi mamá añora sus salidas, ir a clase de Taichi, caminar de re-
greso a casa, la convivencia con sus compañeritas de la tercera edad.
Ahora cada ve que ve la puerta de salida, me pregunta si ya nos vamos
y debo decirle que no podemos salir, entonces la distraigo haciendo
ejercicios. Hay una terapia que consiste en aplaudir por veinte segun-
dos con las palmas de las manos, veinte segundos con los puños cerra-
dos, veinte segundos con las yemas de los dedos y veinte segundos con
el carpo de las manos, esto es mejor hacerlo entonando una canción,
este ejercicio estimula al cerebro y activa la memoria.
Les agradezco por haberme permitido que vieran por una ven-
tana a mi familia así como nuestras ocupaciones y preocupaciones,
que hoy en día nos presenta esta situación, pero teniendo fe en que
esto pronto pasará y que será un mundo mejor retomando nuestros
valores, que ya se estaban quedando dormidos, hay que trabajar mu-
cho hombro con hombro para sacar al país de este gran bache.
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Experiencia desagradable
Ma. del Rosario Pliego Neri
Soy Ma. del Rosario, mi esposo y yo somos técnicos laboratoris-
tas y trabajamos en San Antonio la Isla, Estado de México.
Hoy me levanté como todas las mañanas a las 6 y cuarto, me
vestí, preparé a mis niñas para llevarlas a casa de mi mamá mientas
Luis, mi esposo, se arreglaba. Preparé el desayuno para los dos y par-
timos rumbo a casa de mi mamá, las niñas desayunan con ella, nos
despedimos de ellas dándoles un beso y diciéndoles “se portan bien”,
nos dirigimos al trabajo y en el camino platicamos de cosas familiares.
Llegamos a San Antonio la Isla, mi lugar de trabajo, abrí mi unidad y
me reporté con mis jefes. Luis y yo desayunamos, me dio un beso y se
fue a su trabajo.
Fue un día tranquilo, a lo largo del día nos comunicamos él y yo,
ese día no hubo trabajo, él no quiso comer porque tenía mucho traba-
jo, yo comí sola y me puse triste, llegó la hora de salida y le pregunté
dónde nos veíamos y sólo me dijo: no entres a la clínica, me descon-
certó y le pregunté que por qué; me dijo que llegaron dos personas
que presentan los síntomas del Covid 19 y en ese momento lo único
que pensé fue en él y le pregunté si estaba bien, me dijo que sí que
ya estaban sanitizando el lugar pero aún así no quedé tranquila. Lo
esperé fuera de la clínica como me había indicado y no dejó que me le
acercara y me platicó la apariencia física que presentaban las personas
que daban positivo.
Llegando a la casa de mi mamá a recoger a las niñas, tampoco
permitió que se le acercaran, cuando llegamos a casa, de inmediato se
bañó y se puso ropa limpia, entonces pudo saludar y besar a las niñas.
El temor de contagiarnos lo tenemos todos los días, tenemos
las medidas de seguridad, seguimos trabajando pidiendo a Dios nos
proteja.
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19 en Italia
Ma. Esther Betanzos
Hola soy Ma. Esther, vivo en Staletti, Italia. Cuando empezaron
a verse en la televisión las primeras imágenes de lo que estaba pasando
en China y llegaban noticias de la gran cantidad de muertos que estaba
provocando este virus, uno pensaba, pobre gente, ¿qué está sucedien-
do? Y pedimos a Dios que los ayudara.
Deteniéndome a pensar en aquellos días cuando empezó todo,
pienso en la angustia, tristeza y principalmente mucho miedo de estar
junto a la gente para evitar ser contagiados, miedo de que alguna de
nuestras personas queridas les pudiera llegar a suceder algo así y, por
este motivo, nos metíamos de lleno a trabajar (por fortuna nuestro
trabajo lo tenemos en la planta baja de la casa), esperando la llegada
de algún mensaje o llamada para saber si nuestros hijos estaban bien.
Uno de ellos está viviendo en una de las zonas más afectadas
del norte de Italia, es fácil imaginar el estado de angustia en que nos
encontrábamos, sentimiento, que al pasar de los días, semanas y al
final meses, se ha ido atenuando, porque la pandemia aquí, al parecer,
está siendo controlada con las medidas sanitarias que nos fueron im-
puestas.
La única cosa positiva que nos está dejando esta pandemia, es
que somos más conscientes y damos más valor a las cosas esenciales,
apreciamos más la libertad, la salud, la familia y las personas cercanas
a nosotros.
Reflexionando sobre los acontecimientos que se han sucedido y
siguen sucediendo en el mundo entero, no nos queda más que esperar
que no pase mucho tiempo antes que podamos decir que poco a poco
estamos regresando a la “normalidad” que va a ser muy diferente de
aquella que conocimos.
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40 reflexiones en una cuarentena
Macarita Elizondo Gasperín
Macarita Nader Elizondo
Vivir una pandemia no puede pasar inadvertido, pues deja una
profunda huella en la historia de la humanidad.
Escribir en medio de la furia irrefrenable del COVID 19, albo-
rota por igual el pensamiento y los sentimientos de quienes coincidi-
mos en esta línea del tiempo.
Los cuarenta puntos siguientes no son sino resultado de las con-
tradicciones que motiva este virus, en una generación que siempre se
sintió dueña del universo, que creía tener en sus manos la respuesta a
todo, el control hacia todos y el poder de decisión y destrucción.
En fin, poco, muy poco puede describir con palabras, lo que
hemos vivido, sufrido, leído, reído y compartido para palear la cicatriz
que jamás se borrará.
1 No puede negarse que se hizo más lento el tiempo.
2 Estar voluntariamente a fuerzas entre cuatro paredes nos obli-
ga a encontrarnos a nosotros mismos.
3 Apreciar las cosas sencillas de la vida: la buena música, una
taza de café y la conversación con la persona amada.
4 Disfrutar cada rincón de la casa y descubrir nuevas sensacio-
nes en su estancia.
5 Reconocer que no hay “microenemigo” enano.
6 Es evidente, la naturaleza es la única que pudo respirar a sus
anchas.
7 Se invirtieron las prioridades frente al trabajo; la salud es lo
más importante.
8 Convivir sin interrupciones nos hace conocer a la familia más
cercana.
9 Se invirtió la rutina: el uniforme diario fue la pijama.
10 Estar más cerca de Dios y la esperanza.
11 Agradecer por todo lo que teníamos y dábamos por sentado.
12 Descubrirnos con talentos que no sabíamos que existían.
13 Extrañar a los amigos y a los vecinos, el saludo y el abrazo.
14 La alegría diaria de nuestras mascotas.
15 Actualizar nuestros conocimientos en tecnología y comuni-
cación a distancia.
16 Sabernos iguales aquí y en China.
17 Nunca antes la humanidad más limpia y oliendo a jabón.
18 Reconocer la allende superficialidad de algunas compras y la
rutina.
19 Aprender a sonreír con los ojos.
20 La mejor prueba de amistad es usar el codo y compartir gel
antibacterial.
21 La grosería más pesada es silenciar a la persona en zoom.
22 Todos somos un año más jóvenes: 2020 no cuenta.
23 El maya que dijo que el fin del mundo era en 2012 era dislé-
xico, seguro pensó en el 2021.
24 Nunca antes la muerte se había contado día a día, minuto a
minuto.
25 Nunca antes se había prohibido despedir a nuestros muertos.
26 Una botella de cloro se aprecia más que una botella de vino
tinto.
27 Todos los días de la semana son domingo.
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28 Surgió un nuevo superhéroe: Susana.
29 El mayor terror de niños y adultos es que se vaya la luz.
30 Descubrir por la ventana las manías de los vecinos.
31 Ser tu propio chef.
32 Convertir la sala en multiusos: gimnasio, oficina, aula y par-
que de diversiones.
33 El lugar más transitado del mundo es del pasillo de la recá-
mara a la cocina.
34 Deseamos que se achaten todo tipo de curvas.
35 El sonido más reconfortante es el susurro del spray antibac-
terial.
36 ¡Era cuarentena no cadena perpetua!
37 La pandemia vino a unificar quereres y deberes.
38 Se puso a prueba nuestra paciencia.
39 Esta emergencia sanitaria nos ha enviado muchos mensajes,
nos ha hecho ver lo pequeño y vulnerable que somos. Nos ha
dejado desnudos, hincados y yaciendo ante su poder inconteni-
ble.
40 Siempre el tiempo es nuestro mejor aliado...
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De bolsas veganas y Covid-19 en Vermont
María Clara de Greiff
Ella se despierta temprano y maneja 42 kilómetros desde Stra-
fford Vermont a West Lebanon en Nueva Hampshire a donde está el
súper mercado más cercano, lista en mano para comprar los víveres
de la semana. Ir al súper, exige un acto de suprema concentración,
de enfoque, que no admite el más mínimo error. Cero distracciones.
Una estructura digna de cualquier comportamiento obsesivo-com-
pulsivo-paranoide. Ella estaciona el carro. Antes de apagarlo apaga
también la música clásica. Saca las llaves de la marcha, se las cuelga
en el pecho. Ella abre su bolsa eco-friendly, exquisitamente vegana,
de diseño mexicano, de piñatex y nopal, muy a la vanguardia y ad-hoc
con las ideas liberales de la tierra de progreso donde ella habita. Saca
un frasquito en el que se lee “gel desinfectante al 75% de alcohol”, en
otro frasquito se lee “gel desinfectante para manos a base de aceites
naturales y alcohol isopropílico al 99% con sábila, lavanda y tea tree”,
en otro frasquito tipo espray se lee “loción de eucalipto, con alcanfor
alcohol, cebada y etanol, desinfectante ambiental”. Cada frasquito está
herméticamente cerrado dentro de una bolsa ziploc.
En otro compartimento de la bolsa al estilo la bolsa de Mary
Poppins, se asoman nueve bolsitas ziploc marcadas con plumones
indelebles. En una se lee “guantes de latex talla mediana”, en otra
bolsita “toallitas limpiadoras desinfectantes desechables”, en la otra
“tapabocas de algodón limpio-impecable”, en otra bolsa se destaca
un “tapabocas nuevo desechable en color azul”, en otra bolsa más
se lee “tapabocas de algodón en caso de que alguien no traiga uno,
limpio y listo para usarse”, “guantes extras en talla mediana, pequeña
y grande” y una bolsa que tiene un tapabocas “N 95” para ser usado
105
en caso de aglomeraciones. Por último, “bolsita vacía para depositar el
tapabocas recién usado y llegar a lavar en casa”.
Cada bolsa y frasquito están numerados en el orden que deben
ser usados para no cometer un atentado al meticuloso proceso de des-
infectado. Proceso que conlleva además atención profunda. Exacti-
tud, exige. Ella abre el primer frasquito y se unta el gel antibacterial
en las manos. Lo cierra y lo deposita en la bolsita correspondiente.
Cuenta hasta diez. Respira. Espera a que se seque. Acto seguido, abre
la bolsa con guantes de quirófano desechables y se los coloca. Abre
el frasquito con gel natural-casero a base de aceites esenciales y frota
las manos ya cubiertas con guantes con este desinfectante. Cierra el
frasquito. Abre la bolsita con el tapabocas. Abre la bolsita que tiene el
espray de eucalipto. Rocía el tapabocas antes de colocárselo. Cierra las
bolsitas. Tapa el espray. Se ajusta el tapabocas bien a la nariz. Cierra el
coche. Camina a la entrada del supermercado. Toma un carrito. Saca
las toallitas limpiadoras desinfectantes y limpia compulsivamente el
carrito. Tras limpiarlo, tira a la basura las toallitas. Nuevamente saca
de su bolsa el gel a base de aceites esenciales y los unta vigorosamente
en los guantes. Con lista en mano recorre los pasillos. Atolondrada
por las nuevas señalizaciones y flechas contradictorias camina apresu-
rada. Cuida la distancia. Se detiene. Observa. Se arrincona. El lugar
está moderadamente lleno. Ella guarda toda su distancia social. Hace
actos de malabarismo para no chocar con otro carrito.
Tras andar por los pasillos con las toallitas desinfectantes y lim-
piar cada objeto que deposita en el carro, Ella se apresura a ir al área
de verduras.
Toma una bolsa para las verduras. Trata afanosamente de abrir-
la. Y la embiste el lapsus, la costumbre traicionera, el hábito tatuado
por años. Se quita el tapabocas y el guante de la mano derecha y en
nanosegundos toca con el dedo índice su lengua, lo unta de saliva
para abrir la bolsa. La bolsa se empeña en su hermetismo. Ella repite
el acto. Unos ojos como balas la observan, le disparan, la penetran.
Ella cae en cuenta. Disparada sale hacia el baño, con la lengua afuera,
106
no traga saliva. Llega al baño, experta es en abrir las puertas con los
codos. Se lava las manos. Se niega a cantar el “Happy Birthday” por
diez segundos como lo indican las normas y las campañas. Se pone
jabón en la lengua. Hace gárgaras. Escupe furiosamente. Y repite la
operación diez veces diez. Otros ojos la observan, absortos, los ojos.
Ella cierra la llave con toalla de papel en mano. Está como ida. Sale
del baño. Abre la puerta con la misma destreza que ha adquirido desde
marzo del 2020. Con los codos. Camina desorientada. Busca el carrito.
No lo encuentra. Deambula por los pasillos sin tapabocas, sin guan-
tes, sin la vida. Sale al estacionamiento. Llega a su carro. Llora. Llora.
Copiosamente, llora. Sale alguien del supermercado y le dice “disculpe
ha dejado su bolsa en el súper, acompáñeme por ella”. Pero Ella sólo
lo mira. No es capaz. Permanece impávida.
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Una playa para mí, un aeropuerto vacío y el duelo
María José Cortés López
A mí el inicio de pandemia me agarró en Salvador de Bahía,
Brasil y la verdad es que no me fue nada mal. Estaba visitando a una
de mis mejores amigas y fuimos a Itaparica a la casa de los abuelos de
su esposo, a una isla hermosa.
Lo mejor es que como todo el mundo estaba muy asustado, no
había nadie, la playa nos tocó sólo para nosotros, fue una de las ex-
periencias más bonitas, entrar al mar sin gente, poder disfrutarlo de
verdad, escucharlo.
Uno de esos días me puse a flotar boca arriba en el mar y mien-
tras estaba ahí con los ojos cerrados escuchando el sonido del mar,
me preguntaba ¿por qué está pasando esto? Y clarito escuché como
me espondió el mar: “necesitábamos una pausa de ustedes” y, no sé
por qué sonreí, me alegré muchísimo por el mar, por la playa, por los
animales, por el aire, por toda la naturaleza, que hoy nos mandará a
nuestras casas, nos echará llave y por fin, podrá respirar, descansar sin
nosotros.
Después de unos días en la isla regresamos a Salvador, al depar-
tamento de mis amigos, ellos viven frente a una zona protegida y una
de sus ventanas tiene vista a esta zona, me encantaba sentarme ahí y
admirar el verdor y un día, durante horas vi pasar mariposas, volví
a agradecer por este regalo. Otro día vi un pleito entre un chango y
unos pájaros, desconozco la especie de cada uno, pero fue muy gra-
cioso cómo los pájaros perseguían al mono para alejarlo de su nido.
Días después de eso tuve que emprender el regreso a casa y ahí
empezó la tristeza. Me siento muy afortunada porque puedo viajar
109
frecuentemente y eso siempre me ha llenado el corazón, amo los ae-
ropuertos, amo el tiempo en el avión, tiempo que era para mí, desco-
nectada del mundo, ahora ya no tanto porque llevamos wifi a todos los
sitios, pero antes era MI MOMENTO, de conectar conmigo, con mis
pensamientos, de escucharme, de pesar o no si así lo deseaba, de no
hacer nada, en fin, momentos que me agradaban, pero en esta ocasión
sentí un inmenso vacío en el corazón, los aeropuertos estaban vacíos,
toda la gente con cubrebocas, nadie se acercaba a nadie, se sentía mu-
cha tensión y ahí volví a pensar en lo que me dijo el mar, “una pausa
de nosotros”.
Pensé que así los hacemos sentir, desolados, abandonados, mal-
tratados, sin libertad. Y me di cuenta de que lo tenemos muy mereci-
do, que no hemos sabido valorar todo lo que la tierra nos da, que no
hemos podido equilibrar nuestra vida con la de la naturaleza y deseé
con todo el corazón que encontráramos ese equilibrio.
Después de dos vuelos, que se me hicieron eternos, llegué a
casa, a pasar quince días aislada y, aunque muchos pensaron que sería
algo terrible, yo lo disfruté muchísimo. Tuve quince días de mí, de mis
pensamientos, de mis libros, de mi tejido, de meditación, de ejercicio,
quince días para pensar qué iba a hacer con mi vida, porque el día 21
de abril yo me mudaba a Barcelona, dejaba todo en México para seguir
mi sueño y ¡oh sorpresa!, llegó el Covid 19 y me tengo que quedar en
México.
Así es que desde ese momento comenzó la búsqueda, misma
que aún continúa, pero ahora está con la certeza de que nada es fijo
y que siempre puedo encontrar nuevas opciones, sigo pensando en
mudarme pero ya sin fecha fija.
Lo que también llegó durante estos meses fue el duelo, el 10 de
julio mi papá cumple dos años de muerto y siento que no había podido
sentir su pérdida, no digo que no lo haya llorado o que no lo extrañe
siempre, pero no había tenido el tiempo de realmente sentirlo, de dar-
me cuenta de lo mucho que me hace falta, de lo perdida que me siento
110
sin él. Estos dos años han sido de reacomodarme, de reencontrarme,
de aprender, de experimentar también, de darme cuenta de que puedo
ser independiente y de verme a mí misma vulnerable pero fuerte.
Así que el virus me ha traído momentos únicos en todos los
sentidos, me trajo alegrías, una playa para mí sola, un reencuentro con
mi dolor, me abrió nuevos caminos y me reconfortó teniendo a mis
seres amados cerca de mí.
Han sido meses difíciles, meses de soledad, de sentir que estoy
en lo más profundo para después levantarme y aceptar que esto que
nos está pasando es consecuencia de nuestros actos como comunidad
mundial, pero que también todos podemos sacar algo positivo, que
todos podemos renacer y florecer en el tiempo adecuado.
111
El día a día en los tiempos de la cuarentena
Mariana Ruiz Velasco
Hasta lo extraordinario se puede volver una rutina si se le per-
mite durar un par de semanas, no se diga meses. Tengo la fortuna de
poder desarrollar mi trabajo enteramente desde casa y, sin planearlo,
ahora soy mucho más productiva de lo que era hace un par de meses.
No todo ocurrió de la noche a la mañana, claro está. Las primeras dos
semanas hubo días cuando fallas en la infraestructura digital no me
permitieron seguir. Encontrar un lugar dentro de mi casa donde me
sintiera cómoda tomó meses, pero finalmente decidí migrar de la mesa
de la cocina a un escritorio en otra habitación. Irónicamente ahora que
se nos ha permitido volver a la oficina he de cidido permanecer unas
semanas más en casa, seguir con mi productividad y dejar el contacto
“social” laboral en el formato de llamadas virtuales
¡Quiero aclarar que no soy tan introvertida como puede pare-
cer! El no tener que viajar en horas pico al trabajo me ha permitido
ahorrar tiempo de vida. Ese tiempo ahora lo invierto en pasarlo con
mi esposo, a veces en cocinar, otras tantas tan solo en ver una serie.
Debo incluso presumir que hemos probado recetas nuevas, como co-
chinita pibil, la cual cuando se vive lejos de México sabe a un pedacito
de gloria envuelta en una tortilla y complementada con cebollas rojas
en escabeche. También me he dado tiempo para leer mas y hasta para
desempolvar un pasatiempo que pertenecía solo a los periodos vaca-
cionales largos: bordar.
Es así que esta mezcla de trabajo a distancia, leer, bordar y coci-
nar fue consumiendo mis días. En un par de meses –en los cuales he
vivido momentos agridulces- la rutina ha resultado en una paradoja
113
donde a mayor tiempo “libre”, mayor la velocidad con la que se vive.
La pandemia y el aislamiento me hicieron vivir días cuando me sentía
triste e incluso impotente de no poder cambiar la situación. ¡Esa visita
de mis padres planeada por meses cancelada! Esas vacaciones inexis-
tentes... no se diga todas las salidas y hasta mi fiesta de cumpleaños.
Tampoco pude evitar sentir miedo durante los peores días, cuando las
cifras llegaban a los casi 7000 casos nuevos. Pero fue justo esos mo-
mentos cuando, en un intento de distracción, pasé horas apreciando
nuestros alrededores e incrementando la cercanía con mis familiares
y amigos, aún a miles de kilómetros de distancia. ¡Qué pleitos y qué
escándalo se traían las aves! Por otro lado, mis plantas han seguido
creciendo y cultivamos unas papas caseras que nos comimos en un
guisado hace unos días.
Es así que ahora que la vida poco a poco comienza a regresar
a la “normalidad” no puedo evitar reflexionar en un par de morale-
jas. Espero que esta crisis nos haya recordado nuestra pequeñez ante
la naturaleza y nos haga un tanto más humildes en cómo la hemos
tratado. Deseo que permitamos a los animales ser mas libres y que
encontremos maneras de no contaminar y dañarla tanto. También me
gustaría que cobráramos conciencia de que a veces los mayores tesoros
se encuentran en el tiempo con nuestros seres amados y no en lo ma-
terial. Por último, si algo me enseñó este tiempo, es que hay que tener
paciencia, sobre todo cuando las cosas no salen como las planeamos.
¡Ah! Y ojalá se valore más la labor científica, médica y de muchos
otros trabajos –algunos que incluso se habían considerado “meno-
res”- y que fueron críticos en esta situación. Aprendamos, crezcamos
y mejoremos como resultado de esta cuarentena.
114
Sobreviviente del COVID 19
Martina Villareal Mateos
Todo comenzó cuando la maestra nos pidió untarnos las manos
con gel antibacterial y ninguno le dimos demasiada importancia. Un
par de días más tarde, la profesora nos pidió empacar todos nuestros
libros de texto, desde el cuaderno de alemán hasta el de inglés, inclui-
dos nuestros pinceles y el tapete de yoga. Pusimos todo en las mo-
chilas y nos fuimos a casa. Todos los niños del salón nos quejábamos
de cuán pesadas estaban las mochilas y la maestra comentó “es sólo
por si acaso el colegio cierra más días, sólo por si acaso” y la semana
siguiente: ¡CUARENTENA!
Mi papá tomó su teléfono y leyó en voz alta: “lamentamos co-
municarle que el Colegio Alemán de Silicon Valley cerrará debido a
la orden oficial de cierre de emergencia”. Antes de terminar de leer el
e-mail me sentí aterrada, pensé que a partir de ese momento mis pa-
dres serían mis maestros, pero ¿quería yo eso? ¡NO! Mi papá continuó
la lectura, “la escuela será en línea con Google meet”. Me sentí libera-
da. Pensé en las cosas positivas y negativas, al menos justo ese fin de
semana hicimos una pequeña fiesta en la casa y fue muy divertida. Lo
desafortunado fue que ese sábado 14 de marzo fue la última reunión
antes de que la escuela cerrara para el resto del año escolar.
El lunes siguiente comenzaron las clases en línea. Todos ha-
blaban al unísono, pero lo peor fue que algunos les ponían en modo
mudo a otros porque se escuchaba mucho ruido de fondo, en la barra
de debajo de la pantalla se leía... blablabla puso mute a tal persona.
Esa semana la maestra nos enviaba email con el trabajo que te-
níamos que hacer en casa, pero después de las vacaciones de Semana
Santa recurrió a la plataforma llamada Google classroom, así fue más
115
fácil la comunicación con la clase y podíamos marcar nuestro trabajo
como entregado, así todo fue más divertido.
Cuando supe que mi cumpleaños sería durante la cuarentena
creé una fiesta de cumpleaños Google Meet e invité a toda mi clase,
una semana después, la escuela bloqueó que los niños de primaria pu-
diéramos crear nuestros propios Google meets. Afortunadamente yo
ya había hecho la invitación con la conferencia enviada como adjunto.
Al mes siguiente celebré mi cumpleaños con la mitad de mi clase, el
tema de la fiesta fue “Pájaros”, mis papás me ayudaron a hacer un
pastel y a poner decoraciones y durante la fiesta hicimos origami, pero
como todos saben, origami en videoconferencia no es tan sencillo.
Al siguiente mes ya todos eran masters usando las computado-
ras, iPads y teléfonos. La escuela ya iba a terminar y todos nos sen-
tíamos muy emocionados, aunque tristemente dos niñas de nuestro
salón ya se van a cambiar de escuela. Fue un año muy loco. Lo mejor
fue que la última semana de clases tuvimos motto week. El lunes fue
día de pijama, el martes fue el día de los pelos locos, el miércoles era
el día de un solo color y el jueves... esperen escuchen esto... tuvimos
¡Día de disfraces! ¿saben lo que yo hice cada uno de esos días? El lu-
nes me dejé la pijama puesta, el martes me hice una cola de caballo en
fuente, con broches de colores ober arriba de la frente, el miércoles me
vestí toda de rosa, un collar rosa, una camiseta rosa y una bata rosa.
Por último pero no por ello menos importante, el jueves me vestí de
romana. El último día también anunciaron quiénes habían ganado el
premio de los reyes de lectura que habían obtenido más puntos en el
sistema de lectura llamado Antolin. Adivinen qué, ¡yo gané el segundo
lugar!
Ayer fue el último día de clases y también el día que tuve mi
recital de baile en Zoom. Las maestras de Jazz y ballet nos grabaron
mientras hacíamos el baile desde casa y finalmente estoy feliz que ya
siento la vibra del verano. Y bien, ya escucharon toda mi historia sobre
el Covid 19. Dato curioso, Covid 19 no es lo mismo que Coronavirus.
116
Pandemia COVID 19, 2020
Paula Carolina Mateos
Hola me llamo Paula Carolina, tengo 72 años y esta cosa del
demonio nos agarró por sorpresa a todos. Tengo una catarata en el
ojo derecho que casi lo cubre por completo, por lo tanto casi no veo,
yo estaba muy contenta, pues mi cirugía estaba programada para abril
y por el momento no tengo idea de cuándo será, espero que cuando
sea todavía funcione.
Por lo cual si antes no salía, ahora, ahora salgo menos, me des-
espero porque no puedo ver la tele, no puedo leer, no puedo salir a
caminar, no puedo ir al súper. Afortunadamente Cisne, mi nuera, está
conmigo y ella me hace el super y todas las cosas que necesito, lo cual
le agradezco con el alma . Por otro lado, mi marido, que es mayor que
yo y que está descansado del trabajo, permanece todo el día en casa,
lo cual le ha causado una gran depresión, aunque él no se dé cuenta.
En abril se murió mi gato más querido, lo extraño mucho, pero
mi hijo el güero y mis nietos decidieron que yo debía tener un gato y
hoy, 12 de junio, me lo trajeron, es una mirruñez pero está muy lindo,
espero que no nos tiremos mutuamente.
Afortunadamente mis nietas, hijas de mi hijo David, están en
Connecticut y están bien de salud y mis nietos Samantha e Ian, hijos
de mi hijo Luis, viven aquí y los veo los fines de semana.
Extraño a mi hermana, ella vive en Apizaco pero, aunque vivie-
ra aquí cerca, no la podría ver. Lucy, quien me ayuda, no me deja, pero
muero por un abrazo, por un cariño, quiero ver a mis compañeras,
a mis primas y espero que esto termine en algún momento y si algo
bueno saldrá de esto, aguantemos otro poco.
117
¿Alguna vez imaginamos esto?
Pilar López de la Rosa
Creo que muchos nunca imaginamos vivir una pandemia. En
mi caso, me siento afortunada de poder estar en casa y cuando pienso
en la gente que verdaderamente sufre, me dije: no me voy a quejar,
indudablemente el encierro es difícil, me gusta estar en casa pero tener
una vida libre de ir a donde uno quiere es maravilloso.
Pensé: hoy tengo que vivir esto y lo voy a hacer de la mejor
manera, tenemos la tecnología, que sabiendo aprovecharla, cuánto se
puede aprender.
Y me dije: miedo no voy a tener, si debo salir, lo haré con las
precauciones necesarias y así lo he hecho.
Sé que es difícil porque en la vida siempre habrá bueno y malo,
pero ojalá esto haga que sea un mundo mejor para nuestros jóvenes y
niños.
Termino con esto:
ME GUSTAN LAS MARIPOSAS PORQUE ME HACEN
RECORDAR QUE EN LA VIDA TODO SE TRANSFORMA
SIEMPRE.
119
Lo que he pensado en esta cuarentena
Renata Quiroz Sepúlveda
Soy Renata, tengo 9 años y estoy en tercero de primaria.
Esta cuarentena nos ha cambiado la vida, debemos ser pacientes
y esperar que esto acabe pronto.
La escuela es difícil, tener las clases en línea es cansado y tene-
mos mucha tarea. Extraño a mis amigos, eso es lo más triste.
Mis papás hacen lo que pueden para ayudarme con mis deberes
escolares y les agradezco su esfuerzo.
Tenemos que darnos cuenta de todo lo que tenemos, hay niños
que no pueden tomar clases; no debemos desperdiciar la comida, hay
que acabarla toda porque hay niños que no tienen comida y darían
todo por comer.
Tenemos que obedecer las reglas y cuidarnos, no quiero morir,
tengo muchos sueños por cumplir. Ojalá esto pase rápido.
121
Pandemia, música y dulces
Rocío Villegas
Después de varias semanas de aislamiento por la pandemia co-
menzaban a pasar por nuestra calle muchas personas tocando su mú-
sica, acordeón trompeta y tambor, guitarras y güiro, una marimba con
un buen repertorio y finalmente hasta cilindreros.
Todos buscando alguna ayuda de puerta en puerta, ya que no
había gente en la calle ni en los negocios que fueron cerrado de golpe.
Nosotros compartimos con todos lo que pudimos y eran ya tan-
tos que comenzamos a ofrecerles alimentos no perecederos, fruta y lo
que había a mano. Un día paso un señor de ocupación mecánico que
tenía dos meses sin trabajo y una familia con dos niños pequeños que
alimentar, El no pedía dinero, sino una sopita o algo que llevarles para
comer.
A la par de los músicos, pasaron artesanos ofreciendo sus canas-
tos y bolsos bordados El señor de los camotes, ottos ofreciendo pan
y llegó el momento en que tuvimos que comprar un poco más de lo
habitual y en la medida de nuestra capacidad, para poder seguirles
brindando ese granito de ayuda.
Incluso nuestros hijos al saberlo enviaron también su aportación
a la causa y con agrado constatamos que varios vecinos también ayu-
daban a músicos y vendedores en cuanto comenzaban a tocar. Así
transcurrían los días y no sabemos si era coincidencia, pero casi siem-
pre que llegaban cuando empezábamos a comer o ya íbamos a media
comida. Contrario a incomodarnos por la interrupción, salíamos ya
con algo de la despensa para apoyarlos un poco pensando en que no
podíamos seguir comiendo como si nada, cuando la necesidad tocaba
a nuestra puerta.
123
Una tarde escuchamos a lo lejos un pregón conocido y que hacía
tiempo no se oía. Era un chico merenguero, ya la segunda generación,
ahora padre e hijo se repartían la ruta, ambos son gente buena y traba-
jadora. Salí lo más rápido posible y lo busque pensando que ya se había
ido, estaba mas adelante cargando su charola al hombro y la mirada
perdida en un horizonte sin gente y en un silencio que solo rompía
su grito vendiendo sus merengues y gaznates. Desde la reja lo llamé
y cuando me vio, su expresión cambio y seguro detrás del cubreboca
que usaba, habrá esbozado una sonrisa. Se acercó preguntando cuan-
tos me daba y le conteste que por ahora no podíamos comer dulce
pero que nos permitiera ayudarlo con algo. Inclinó su charola para
que la pudiera ver y me dijo: “no he podido vender nada” y continuo:
“que Dios la bendiga pero acepte los merengues y así me voy más
contento” Yo que para ese momento ya sentía un nudo en la garganta,
le dije que ya sería la próxima, pero que por ahora nos permitiera que
le diéramos esa pequeña contribución Finalmente aceptó y nos despe-
dimos ambos con mucha emoción contenida. Cuídate mucho, le dije.
“Ustedes también señora”, me contestó con voz quebrada.
Al entrar yo abiertamente lloraba, ´que ¡ah como nos vuelto chi-
llones esta pandemia! Luego me percaté que por esa tarde no volvimos
a escuchar el tradicional grito ¡meerenguees!
Mi cumple COVID
La verdad no he querido tener consciencia plena de cuánto lle-
vamos en confinamiento pero ya es un ¡chorro de tiempo! Así que
con el asunto de mi cumpleaños, le hice un poquito de chantaje senti-
mental a Benja y, después de un poquito de estira y afloja, tomamos la
decisión audaz de irnos de fin de semana... (por favor no nos juzguen
irresponsables, la desesperación ya era mucha).
Comenzamos a empacar lo menos posible y lo más indispensa-
ble. Ahora ya importan tanto las mudas de ropa interior como el gel
desinfectante y el jabón. La ropa exterior para lucir tampoco es impor-
tante, lo esencial son los cubrebocas, de los cales pensaba tener unos
124
“home made” de paliacates, pero me fue imposible hacerlos, así que
cargamos los KN95 con válvula de exhalación y seis certificaciones.
De caretas ni hablar, porque como la decisión fue de último momen-
to y en un arrebato desesperado, aún cuando ya estaban pedidas, no
llegarían a tiempo.
Dos pares de chanclas por aquello de desinfectar unas y cam-
biarte a las otras. Toallitas desinfectantes ya no hemos encontrado,
pero llevamos alcohol y servitoallas por si acaso. El asunto es que cada
uno cargó su back pack y mirándonos a los ojos y tomando una fuerte
inhalación de aire, nos arrancamos a la aventura.
Llegamos a nuestro destino y, aunque es terreno conocido, co-
menzamos a limpiar superficies y a tratar de acomodar nuestras extra-
ñas pertenencias de manera que quedaran a resguardo de caerse o de
contaminarse con los muebles del entorno. En la operación de limpie-
za y reconocimiento nos dieron las dos de la mañana y estábamos tan
cansados que ya nos dio lo mismo no trapear la mayor área posible con
pedazos de servilleta empapados en alcohol, igual también habríamos
caído dormidos por inhalación etílica.
Pensábamos que apenas habíamos cerrado los ojos, cuando mi
celular celular sonó insistentemente. Les debe haber pasado que cuan-
do están en otro lugar y no han despertado del todo, de pronto no
sabe uno ni dónde está, así es que traté de levantarme de volada y me
propiné un calaverazo con la pared en donde está adosada la cama.
Medio dormida y golpeada me levanté hacia el otro lado y brinqué
sobre algo que resultó ser Benja, quien despertó afligido gritando que
sentía una opresión en el pecho y vientre, pero lo tranquilicé y le dije
que no se preocupara y que había sido yo quien le pasara por encima.
Cuando llegué al celular ya no sonaba ni se veía llamada perdida, pero
sí veía a Benja que muy molesto se levantaba y comenzaba a reunir
sus pertenencias ya sin importar protocolo y cuidados y muy serio me
decía: ¡no he podido descansar nada, ésta es la última vez que inventas
un fin de semana en la recámara de invitados!
125
Horrible cuarentena 2020
Samantha Jasso
Hola mi nombre es Samantha y la cuarentena para mí ha sido un
poco difícil, ya que como dice mi psicóloga, me encuentro pensando
constantemente en mis cosas y me encuentro con los monstruos en
mi cabeza que normalmente están dormidos o logro controlar, pero
como no puedo salir y normalmente estoy sola en mi cuarto, no lo
puedo controlar tan bien como antes y eso provoca que mi ansiedad
aumente.
La cuarentena ha traído varias cosas a mi vida, tanto buenas
como malas, una de las cosas que podría considerar buena es que de
alguna manera estoy dejando salir a esos monstruos que aunque no
me gusten son parte de mí y de alguna manera me sirve para conocer-
me mejor y darme cuenta de varias cosas.
Algo que sí considero bastante malo son las clases en línea y
no poder convivir con mis amigos y maestros, que de alguna manera
son bastante importantes en mi vida y siempre me ayudan a no estar
tan ansiosa, las clases en línea, al menos para mí, han sido todo un
desafío, me cuesta muchísimo trabajo poner atención y concentrarme
es casi imposible, pero creo que a lo largo de los meses he logrado un
equilibrio en el que puedo poner un poco más de atención.
Algo que me ha costado mucho trabajo es controlar mis ataques
de ansiedad y el insomnio que me da gracias a todos los pensamientos
que vienen a mi cabeza, la cuarentena, en mi caso, no ha sido nada
fácil, me cuesta el no poder ir a la escuela y ver a mis amigos, o algo
tan simple como es ir al psicólogo, que al menos en mi vida es fun-
damental y me ayuda a estar tranquila y no tan ansiosa, aunque tengo
127
mis terapias en línea me sucede igual que en las clases en línea, me
cuesta mucho trabajo concentrarme y extraño el contacto y el olor del
consultorio que siempre tiene un relajante aroma de velas.
Ha sido un proceso un poco difícil el poder adaptarme a todos
estos cambios que nos trajo la cuarentena y esta nueva realidad que
vivimos, pero al mismo tiempo me hace pensar que era un grito de
ayuda de la Tierra, ya que nos estábamos adueñando de ella y la está-
bamos matando, por esa parte me quedo un poco tranquila porque me
gusta pensar que es la Tierra diciéndonos que necesita un respiro del
peor virus del mundo, que desde mi punto de vista, somos los huma-
nos; pero espero que con esto que estamos viviendo nos volvamos un
poco más conscientes y cuidemos más nuestro hogar.
Quiero finalizar diciendo que todos deberíamos aprovechar este
momento de cuarentena y de soledad, para poder conocernos mejor,
dejar que nuestros monstruos internos salgan y no dejar de pensarlos,
dejarlos salir un rato y llegar a conocernos mejor, porque aunque da
miedo y, en mi caso es algo que me provoca mucha ansiedad, nos ayu-
dan a conocernos y aceptarnos.
Espero que pronto podamos salir y podamos ver a nuestros
seres queridos y abrazarlos, porque me hace mucha falta un abrazo
de mis amigos y un buen café acompañado de su compañía y buena
plática.
Espero que todos se encuentren bien y que esto les sirva, aun-
que sea por un rato, de distracción.
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10 de mayo 2020
Silvia Sirota
La víspera del Día de las Madres de este año fue un día en que
me sentí sentimental recordando viejos tiempos en que toda la familia
nos reuníamos y en la noche les escribí con todo mi corazón a todos.
Pepito quédate tranquilo, ya ves como me cuidan, como tú se
los pediste y sé que me quieren mucho.
Mis adoradas hijas son el regalo que la vida me dio, nacieron
del amor tan grande que tuve con mi Pepito, mis nietos y bisnietos
son el regalo precioso e invaluable que las hijas nos dieron, los quiero
mucho, con ellos aprendo y comparto la vida, ellos me han dado el sol
y la luz, con ellos renazco a una nueva vida.}
La mañana siguiente entre el teléfono y los mensajes cariñosos
me sentí muy querida, todos estaban preocupados por mí, ese amor
fue el regalo más grande y valioso que recibí.
Yo sin mi familia no puedo vivir, pues son mi razón de ser, los
quiero muchísimo.
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Pandemia 2020
Sofía Rincón
La pandemia nos ha unido aún más como familia y nos ha he-
cho disfrutar lo que tenemos sin necesitar más.
Lo que esta pandemia nos ha dado ha sido increíble, nos ha uni-
do más como familia y en especial agradezco la unión que ha creado
entre Rodri y su papá. Ahora que lo ve diario no deja de preguntar por
él y verlos disfrutarse en cada momento me llena de amor.
Esta pandemia también nos ha ayudado a hacer cosas que tenía-
mos pendientes de la casa, a limpiar, a arreglar y a empezar a construir
nuevos proyectos.
De igual forma es increíble cómo he visto crecer a mi niño en
este tiempo, se soltó a hablar y cada día veo en él muchos cambios y
de eso estoy también enormemente agradecida, porque gracias a que
no ando corriendo de un lado para otro, ahora me he dado el tiempo
de observar y darme cuenta de todo.
Desde que empezó la pandemia decidí empezar a poner mi
huerto que tanto quería y en estos tres meses ha crecido muchísimo.
Compré mi composta y por lo menos una vez a la semana me dedico
a hacer jardinería (déjenme decirles que es una terapia muy padre y
a mí me ha funcionado muy bien). Con esto también hemos creado
una rutina muy padre Ro y yo juntos, saludamos a las plantas todas las
mañanas, las regamos, las acariciamos, abrazamos a los árboles y les
agradecemos y el ver como a Ro le encanta hacer esto y que ya lo hace
por iniciativa propia, me llena de luz y felicidad.
Así que no me queda mas que decir gracias. #graciascovid19
131
Tere abuela y madre
Tere Gudiño
Mi nombre es Teresa, tengo 65 años, mi esposo es dos años ma-
yor que yo, se jubiló hace 10 años y desde entonces está en casa.
Tengo dos hijas casadas, la mayor tiene una niña de cuatro años
y un bebé de 10 meses, la otra hija tiene dos niñas muy seguidas, una
de dos años diez meses y la pequeña de un año cinco meses.
La niña más grande ya asiste al kinder y la otra niña de dos años,
casi tres, está en la guardería, cuido a los dos más pequeños.
Cuando se paró toda actividad debido a la pandemia y enviaron
a mis hijas y yernos a trabajar desde casa, los niños se quedaron con
ellos; pocas veces los veíamos sentaditos en el coche y nosotros (par
de viejos) los veíamos desde afuera.
Tanto mis hijas como yo nos quedamos sin quien nos ayudara
en casa, no obstante les seguimos pagando.
Al principio de la pandemia me sentía tan tremendamente can-
sada que pensé en recuperarme un poco y sacar pendientes de la casa,
cosas como ordenar clósets, limpiar gabinetes de la cocina, la despen-
sa, etc., etc., etc. Y a limpiar mi casa porque no tenía ayuda.
A la tercer semana empecé a tener una tremenda ansiedad de
día y de noche era mucho más pesada, no podía leer, ni coser, ni hacer
nada, no podía dormir a pesar de los medicamentos que tomo a diario,
antidepresivos y Alprazolan para dormir, mi salud no es buena. Pero
dejaron de funcionar y mis noches eran tremendas.
Acudí a mi doctora y me comentó que tenía una fuerte depre-
sión por no ver a mis nietos, entonces me trajeron a los niños y los
pude abrazar.
133
Yo notaba mal, a mi hija menor, insistí en que se hiciera unos es-
tudios pues desde su primer embarazo presentó un cuadro de baja de
plaquetas; efectivamente los estudios rebelaron una baja considerable
de plaquetas, de 150 mil tenía 65 mil, las opiniones de los especialistas
fueron encontradas, unos opinaban que era urgente internarla, pero
dadas las condiciones de la pandemia esto era muy riesgoso, optaron
entonces por una dosis alta de cortisona y muchos medicamentos. El
diagnóstico: Shougren y Fibromialgia y algo más que no recuerdo.
El Covid pasó a segundo término, tenemos todos los cuidados
y salimos lo indispensable. Mi hija volvió al trabajo fuera de casa, así
lo demanda su empleo, el cual no deja porque éste le da el seguro de
gastos médicos mayores y el tratamiento que requiere es muy costoso.
Yo cuido a sus niñas.
En Dios y María Santísima creo y confío. No le temo a la muer-
te pero sí le temo a complicar la vida de mis hijas.
Con el favor de Dios y su inmensa misericordia saldremos ade-
lante y todo estará bien.
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Lo que importa
Verónica Jacal Murillo
18 de marzo de 2020 estoy en la oficina y corre el rumor de que
nos mandarán a casa por el COVID-19, los compañeros entran en
tensión, se siente en el ambiente el nerviosismo, la incredulidad; nos
enteramos de que en otras áreas ya dieron la salida, y los corazones se
empiezan a acelerar, se externan por fin las preocupaciones ...Maestra,
dile al jefe si ya nos van a dejar ir, ¿Maestra, tú qué sabes?, ¡ya se fueron
en otras áreas!, Maestra tú que tienes chance dile al jefe que estamos
preocupados, que ya nos queremos ir, porque si ya se fueron en otras
áreas ¡esto está muy cañón!, ¿no?…
Es hasta el día 20 que a mí me permiten irme a casa, aunque
algunos pudieron irse antes, los hijos suspendieron clases ese día, a mi
esposo ese mismo viernes 20 les dijeron en su trabajo que trabajarían
desde casa; a mi ayudante en las labores domésticas también le pedí
que se fuera a su casa. Llega el primer fin de semana en cuarentena…
“normal”, aún no lo asimilábamos del todo, y así fueron pasando los
días, semanas y ahora meses…
En este tiempo he tenido la oportunidad y el tiempo de com-
partir con mis hijos y esposo, de unas cuantas horas al día, por los ho-
rarios de nuestras actividades, a todo el día. Nos estamos conociendo
más, estamos aprendiendo a respetar mucho más nuestras formas de
ser, de convivir, y porqué no, también a tolerarnos con todas nuestras
cosas buenas y malas y a darnos aún dentro de la misma casa nuestros
espacios. También he tenido el tiempo de pensar, reflexionar y agrade-
cer mucho más lo que tengo, mi familia, mi trabajo, el tener un techo,
que no nos falta nada, ¡somos privilegiados!, justo ayer que salí a la
farmacia vi a una familia en el semáforo, los niños limpiando vidrios,
el papá haciendo malabares y la mamá vendiendo chicles.
Se necesita tan poco realmente, la familia, salud, amor, un te-
cho, comida; que excesivo el que mucha gente tenga cosas tan innece-
sarias, ¿para qué? acaso para decir que las tiene, los autos de lujo, los
muebles de marca, la cafetera que además muele el café, el celular de
última generación…
Si bien ha sido enriquecedor, también me ha significado todo
un reto personal; el tener que trabajar a distancia, las reuniones de tra-
bajo a distancia, pero además supervisar las clases en línea de mi hijo
menor, hacer mi licenciatura en línea (a veces pienso “sólo a ti se te
ocurre”, ¿pero qué necesidad?, ¡estarías muy tranquila!, pero lo mismo
pensé con cada diplomado y con la maestría ni se diga).
Lo que realmente me tiene en jaque son las labores de la casa,
he valorado realmente el trabajo de la Sra. ayudante, ¡bendita mujer!;
a pesar de que tratamos de distribuir las labores, no hay tiempo que
alcance para encargarse de todo. He tenido que respirar muy profundo
para no colapsar, me ha costado mucho ceder al impulso de limpiar
y ordenar, y el que los demás lo hagan como creo que se debe hacer,
ha sido un martirio, pero también un aprender a soltar y que no pasa
nada, bueno aún estoy en eso; tuve que buscar esta estrategia, des-
pués de la fatídica mañana, y digo fatídica porque me lleve ¡toda la
mañana!, en doblar bolsas del super… pero por supuesto que ya tenía
un plan, primero separar por colores y luego por tamaños y colores,
doblarlas perfectamente para que ocuparan el menor espacio, pero ya
casi para terminar me encontré con una bolsa rebelde que no cedía
a los dobleces perfectos. Traté una y otra vez, pero la triste bolsa no
se dejaba, prácticamente después de mi décimo intento, me pregunté
¿qué tan malo es que una bolsa no esté como las demás de su catego-
ría?, así que la separé y continué con las otras, pero al terminar tomé
esa bolsa rebelde y le dije.. tú no te puedes quedar así… seguí y seguí y
en cada intento pude darme cuenta que me estaba estresando terrible-
mente, me palpitaba el corazón cada vez más fuerte, no podía respirar
bien, realmente me sentí mal, así que … respire profundo por un rato
e hice el último intento, prometiéndome que quedara como quedara
136
no la doblaría nuevamente, y pues…no quedo y la dejé, aunque el resto
del día estuve super tentada a regresar por ella; ahora le agradezco a la
bolsa rebelde, porque después del evento traumático con su rebeldía,
he aprendido a ir soltando en lo que hace a las labores de la casa. An-
tes no alcanzaba a dimensionar el gran trabajo del ama de casa, ahora
tienen todo mi respeto, no es nada fácil; bueno, aquellas que sí se en-
cargan. Se los aplaudo, pero discúlpenme no se los envidio para nada.
El vivir con 4 hombres no hace más sencillas las cosas, con eso
de que las mujeres somos de Venus y ellos de Marte, el repetir 2, 3,
hasta 4 veces la misma petición y que regresen y te pregunten ¿qué me
dijiste?, cuando están buscando cualquier cosa y preguntan ¿en dónde
está …?, pues si estás buscando el jamón seguramente está en el baño
¿no crees?, ya busqué en el refri y no está…-yo- ¿ya buscó?, seguro sólo
abrió el refri y cree que saltará el jamón diciéndole ¿me buscabas?... y
así podría describir muchas situaciones; sin embargo son pequeños
detalles, que ya que pasan muero de risa, porque me la paso muy bien,
son muy amorosos, divertidos, comprensivos y apoyadores; me apapa-
chan, me buscan mucho, aun cuando les digo que voy a tener reunión
de trabajo a distancia, mis niños siempre aparecen en cámara o cuan-
do les pido que no me interrumpan porque voy a estar en evaluación
siempre aparece alguno y porqué no hasta los 3…
Además me tienen muy impresionada y me hacen sentir orgu-
llosa, porque aunque son 2 adolescentes se han portado muy responsa-
bles y comprensivos con la situación de encierro y buscan actividades
para mantenerse ocupados, uno de ellos aprendió a tocar guitarra en
la cuarentena, el otro ha estado componiendo y el más pequeño ha-
ciéndose más responsable con sus clases en línea y sus actividades de
casa. Mi esposo siempre está haciendo algo, sobre todo leer, que no es
raro; lo que me tiene sumamente emocionada es que ordena y limpia
sin que haya una petición de por medio, eso sí que está fabuloso. He
escuchado muchos comentarios de conocidas y amigas, quienes dicen
que ya no aguantan ni a los hijos y mucho menos al marido, no es mi
caso en absoluto, lo estoy disfrutando mucho.
137
Y pues a seguir en espera, con todas las precauciones, aunque
hay desde quien dice que el COVID no existe, que es invento de los
gobiernos, etc., ya sólo me falta escuchar que es genético. Lo que me
queda claro es que después de 3 meses, te acostumbras, aprendes a vi-
vir con ello, lo que ya no sé es, ¿cómo será cuando se regrese al trabajo
presencial?, de lo que estoy muy segura es que no extraño nada las 3
horas de tráfico al día, pero lo que sí extrañaré, es desde el café de las
mañanas con mi esposo y las pláticas familiares nocturnas, hasta las
preguntas capciosas de ¿dónde está el jamón? y los besos en la cabeza
en mis reuniones a distancia.
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Mi experiencia en esta cuarentena
Verónica Vallejo
Al principio de la cuarentena pensé que era algo, sí delicado,
pero que no sería tan grave como en el resto del mundo. Poco a poco
nos fuimos enterando de casos y más casos, poco creía en la infor-
mación que nos daban en radio, televisión, internet, etc., ya que para
mí no era lógico que en países con una infraestructura hospitalaria
mucho mejor que la nuestra, la cantidad de casos era ya descontrolado
y aquí iba aumentando muy lento.
Después vino el cierre de escuelas, que fue lo primero, de una
manera exageradamente rápida (ni en el terremoto, se tomó una deci-
sión tan rápida), que fue donde en lo personal comencé a dudar de la
magnitud del problema. No importó que estuvieran en exámenes los
chicos, que fuera medio año, nada, no importó nada.
Cerraron oficinas de gobierno en su totalidad y aun así todo
estaba “controlado”. Por otros medios que si son confiables me fui
enterando que el virus iba entrando cada vez más a la población y cada
vez más cerca de nosotros, pero me sentía segura cuidando de mis pa-
dres, de mis hijos, de mi esposo y obviamente de mi misma, tomando
las precauciones que se nos indicaban. Al principio fue muy extraño
para mí ir a la Ciudad de México y usar cubrebocas, guantes, porque
para colmo al principio de todo esto me llevé la “gratísima” sorpresa
que ahora soy diabética y obviamente me tengo que proteger aún más
y ver cómo la gente nos veía con rareza y hasta con cara burlona por
traerlos, era un sentimiento de coraje, vergüenza, en fin muchas cosas.
Aún así, seguimos adelante con los cuidados, mi preocupación
principal han sido, son y seguirán siendo mis padres por su vulnerabi-
139
lidad ante esta situación, me aterroriza el pensar que mi papá se pueda
contagiar yo sé que algo así sería mortal para él por los problemas
pulmonares que actualmente tiene y por eso desde un principio he
hecho lo posible porque no salgan en lo absoluto. Aun cuando eso me
conlleva un mayor riesgo.
Con todo esto, y a pesar de que según yo estaba tranquila por-
que el virus estaba lejos de mi familia, comencé a sentir mayor preo-
cupación por la situación.
Bromeaba con mi hijo que esta pandemia nos había echado a
perder nuestro cumpleaños y para colmo el día de la madre. Ese día
para mí, ahora, fue muy especial estuvimos con mi mamá mi fami-
lia, mis papás y de repente llegó mi hermano con un arreglo floral
para mi mamá y un ramo de flores para mí. Nos dio nuestro abrazo,
comimos, platicamos. De repente el equipo de sonido de mi papá se
descompuso. Seguimos platicando, de repente mi hermano se levantó,
se despidió de todos y se fue. Después de media hora volvió a llegar
con una televisión para mi mamá y un equipo para mi papá. Ellos
le agradecieron con un abrazo. El abrazo que le dio a mi mamá me
hizo sacar lágrima, fue un abrazo muy especial y se dijeron cosas muy
bonitas, que nunca lo había yo visto. Se volvió a despedir de todos, se
acercó a mi esposo para despedirse y le dijo: Te los encargo y a mi hijo
le dijo: Te dejo chamba. Y se fue…..
Los contagios iban en aumento y mi temor porque me sucediera
algo también. Mi cuñada me llamó para platicarme que mi hermano
no andaba bien que andaba con molestias gástricas y renales pero que
ya estaba en atención, eso fue un día viernes. El martes siguiente mi
otro hermano me llamó para informarme que Héctor seguía mal y que
todo indicaba que era Covid-19 que le iban a hacer el estudio pero que
tardaba 8 días en darle el resultado, inmediatamente me comuniqué
con Yola para preguntarle si conocía algún otro laboratorio que die-
ra los resultados más rápido y me dijo que no, que todos trabajaban
igual, me recomendó que le tomaran una tomografía y una placa para
obtener los resultados el mismo día. Yo pasé la información pero ellos
140
decidieron que mejor hacían la prueba. El médico que lo comenzó
a ver, les dijo que por los síntomas lo iba a comenzar a tratar como
paciente covid y le envió medicamentos. Mi hermano comenzó con
problemas de respiración, cada vez más intensos. El siguiente sábado,
ya más enfermo, se comunicó con un médico de su absoluta confianza
y éste le dijo que no esperara más tiempo que se hiciera “una tomogra-
fía y una placa de tórax” investigué y encontré laboratorio y en hora y
media mi hermano ya tenía los resultados, con ellos ya lo comenzó a
tratar un especialista en covid. El cada momento peor, el domingo fue
un día desesperante para toda la familia ya que mi cuñada nos decía
que lo veía muy mal pero que no quería irse a ningún hospital que no
fuera al que él siempre iba, todos tratamos de conseguir hospital, pero
todos los privados del área de Toluca estaban saturados, inclusive en
la Ciudad de México. El día lunes él estaba ya muy mal conseguí una
cita con un neumólogo, que por cosas de la vida y de Dios, nunca llegó
a la consulta. Una de las hermanas de mi cuñada, en un momento de
verdadera suerte encontró una cama en un hospital, por fin mi herma-
no iba a ser atendido en un hospital especializado!!!
Comenzaron a trascurrir los días y nos decían que mi hermano
iba recuperándose muy lento pero que afortunadamente no había re-
trocesos ni tropiezos que tuviéramos mucha fe, que todo iba por buen
camino……
Así transcurrieron dos semanas y la desesperación iba en au-
mento porque todos los días le preguntábamos que como había ama-
necido y su respuesta siempre la misma: Con mucha dificultad para
respirar pero ay la llevo, cuídense……..
El lunes 15 nos mandó mensaje: Aquí todo bien. Cuídense……
En la madrugada del día 16 a la 1:10 me llamó mi cuñada avisándo-
me que mi hermano se había puesto mal y que el médico le pedía su
autorización para entubarlo, lo único que pude contestarle fue que la
decisión que tomaran ella y mis sobrinos era la correcta y que nosotros
la apoyábamos. Después a las 2:48 me llamó muy mal diciéndome que
mi hermano no respondía que ya habían tratado de reanimarlo y nada,
141
que me pedía hablara con mis papás. Colgamos…….. A las 4:06 me
llamó mi sobrino para avisarme que mi hermano se había ido a las
3:40 fue el segundo momento más terrible de mi vida y obviamente
el momento más obscuro de esta “cuarentena”. Ese mismo día a las
19:00 de mi hermano ya sólo existían sus cenizas y su recuerdo.
Esto ha sido una pesadilla, no puedo creer que él ya no está,
que ya no podré volver a verlo. El querer llorar y que todos me digan:
Tienes que ser fuerte por tus papás, por tus hijos, por tu esposo; lo
sé!!! Pero y lo que yo siento? Cómo y con quién puedo expresar todo el
dolor que me causa esta situación, quisiera llorar, gritar. Sé que tengo a
un gran hombre a mi lado, dos buenos hijos y otro excelente hermano,
pero el saber que él estaba en algún lado, me daba seguridad, sabía que
con solo un mensaje o una llamada iba a tener su mano, su apoyo, su
cariño y ahora simplemente ya no está………..
Así que en resumen mi experiencia en esta cuarentena se ha
convertido en miedo, preocupación, enojo y una terrible tristeza.
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Pandemia Covid 19 2020
Yolanda Cicero Ocaranza
Nadie esperaba esto. Llegó como furtivo ladrón. Detuvo al
mundo. Empezó en Asia, en una ciudad llamada Wuhan en China en
diciembre de 2019, pasó entonces a Japón y otros países asiáticos, de
ahí se desplazó a Europa golpeando principalmente a Italia y España
y, poco a poco, se apoderó del continente dejando a su paso muerte,
miedo, incertidumbre...
En febrero llegó a México, hoy estamos viviendo poco más de
cien días de cuarentena. Mucha gente ha muerto, otros están contagia-
dos, algunos se han recuperado y muchos otros piensan que no existe
el virus.
La Organización Mundial de la Salud ha recomendado desde el
inicio de la pandemia que nos quedemos en casa, para muchos no es
posible hacerlo. El trabajo desde casa se ha hecho común y los niños y
jóvenes reciben sus clases en línea. Todo se ha tenido que implementar
sobre la marcha pues no estábamos preparados para esto.
Para mí ha sido esta forzada estadía en casa, una oportunidad
para reflexionar y conocerme. Siempre estaba corriendo y estresada,
ahora estoy tranquila, sí preocupada por todo lo que está sucediendo,
pero he podido darle su justo valor a las cosas y, lo más importante a
las personas.
He leído y disfrutado mi departamento, la vista del jardín y la
música que cada noche a las ocho ponen los vecinos en apoyo al per-
sonal sanitario que día a día arriesga la vida en el combate de este vi-
rus, vecinos del conjunto habitacional y vecinos de edificios aledaños
llevan el ritmo con las linternas de sus celulares y al finalizar cada
canción aplauden y agradecen el momento.
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Todo el mundo desea que esto pase pronto y podamos volver a
abrazar a nuestros seres queridos.
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Ciudad típica de Metepec
Yolanda García Morales
Mayo 29 de 2020
Hola, soy Yolanda García, mi esposo y yo somos Químicos Far-
macobiólogos y tenemos un laboratorio de análisis clínicos donde pa-
samos la mayor parte del tiempo.
Quiero contarles cómo he vivido durante esta pandemia, prime-
ro quiero que sepan que cuando empezó la noticia de esta epidemia
en China, creo que la mayoría de nosotros pensamos: ah China está
muy lejos y nunca pensamos que nos llegaría, además, se trataba de
una epidemia.
Cuando en marzo se dio a conocer el primer caso en México,
me preocupó que en nuestra cultura todo lo ponemos en duda y pen-
samos que es invento o no existe, aunque ahora ya estamos hablando
de una pandemia, no de una epidemia.
Empezó a llegar mucha información que nos llenó de temor por
la gravedad de esta nueva enfermedad, diario eran de 8 a 10 correos
con información, mucha de la cual resultó falsa o alarmista. Por otro
lado, noticias terribles de esta pandemia en países como Italia, Francia
y España, que nos alertaban que esto no era broma y mucho menos
fácil de atacar.
Yo me levanto muy temprano, a las 5 de la mañana, ahí empie-
za mi día , me baño, alisto el desayuno y la comida que llevaremos
al laboratorio, ya que desde que empezó la pandemia preparamos la
comida en cada, antes únicamente llevábamos el desayuno y comprá-
bamos la comida, ahora todo lo preparamos en casa, es aquí donde se
complican las cosas con la pandemia. No teníamos la costumbre de
145
planear los alimentos ni tener a la mano los insumos necesarios para
hacerlos, además no soy muy buena cocinera, afortunadamente no
somos “chocantes” para comer y vamos pasando los días ya sin mayor
complicación, pero al principio era un caos.
Otro problema son las medidas de seguridad para desempeñar
el trabajo y disminuir el riesgo de contagio, vi mucha gente imaginan-
do los síntomas de la enfermedad e inventando que en su familia ya
había muchos infectados, conforme ha ido pasando el tiempo esto ha
disminuido, pero los casos reales han aumentado.
Vivimos con miedo a cada momento, ya hemos atendido pa-
cientes con el virus. En una ocasión llegó un señor solicitando oxí-
geno y un médico, le dije que no teníamos nada que ofrecerle, ya que
somos un laboratorio, poco después llegó su hija y le dije que lo llevara
a la Cruz Roja, hay una unidad muy cerca del laboratorio, así lo hizo,
era miércoles, su hija nos informó que el jueves falleció el señor a cau-
sa del COVID 19. A partir de ese momento nuestro estrés aumentó.
Vivimos aislados para no infectarnos y no infectar a nadie, usamos
ropa desechable misma que tiramos al finalizar el día. Recibimos por
parte de las autoridades, una notificación para disminuir el horario de
atención y así lo hemos hecho.
Estamos muy frustrados porque mientras nosotros arriesgamos
la vida dando atención a los pacientes, la gente parece no entender y
los vemos paseando sin la menor medida de protección.
Lo peor es que el viernes me encontraba barriendo la calle y
pasaron cuatro jóvenes, cuyas voces se escuchaban alcoholizadas y me
insultaron, diciendo una serie de groserías y, que nosotros éramos los
contagiosos, sentí miedo y coraje. Al día siguiente mi esposo acudió
a la panadería y al salir, un taxista lo agredió diciéndole que nosotros
éramos los culpables porque les echábamos el virus a la población,
que nos habíamos de morir todos, se subió al coche y se lo aventó a
mi esposo, eso nos llenó de rabia y de tristeza. Las empleadas de la
panadería nos comentaron que no le habían vendido nada al agresor y
146
que si nosotros necesitábamos pan o algo más, les llamáramos y ellas
nos lo traerían.
Así hemos vivido la pandemia, aislados, agraviados, estresados
y cansados de trabajar con esta ropa tan incómoda.
Les deseo mucha suerte y que Dios nos proteja de esta terrible
enfermedad.
Junio 16 de 2020
Hola, otra vez yo, espero no haberlas aburrido con mi otro es-
crito, pero hoy me encuentro desconsolada con las noticias que hemos
recibido. Hace tres semanas el hermano mayor de una familia muy
querida por nosotros, se contagió de coronavirus, su hermana Vero
colabora con nosotros en el laboratorio, me llamó y me dijo que su
hermano requería la prueba, nosotros no la realizamos por el poten-
cial riesgo que representa.
Le comenté que le realizaran una tomografía de tórax y un tele
también de tórax, que el diagnóstico era más rápido y más confiable,
sin embargo, el médico le solicitó la prueba, se la realizaron y el resul-
tado lo entregaron ocho días después, para el quinto día su hermano
había empezado a saturar el 90% de oxígeno y se sentía mal, presen-
taba dolor de cabeza y la temperatura era alta. Consiguieron cita con
un neumólogo, que nunca lo recibió, acudieron entonces a realizarle la
tomografía y el tele de tórax y así se confirmó la noticia, era portador
del virus, para cuando le entregaron los resultados de la prueba, su
oximetría había bajado y fue necesario hospitalizarlo.
Debo comentar que los servicios sanitarios están llenos, no hay
lugar en los hospitales de Toluca. Lograron internarlo en un hospi-
tal privado en urgencias con todos los síntomas del virus y con una
oximetría de 86%, se encontraba grave, su esposa y su hijo fueron
enviados a su casa a estar en cuarentena, los médicos comentaban que
avanzaba muy lento pero que avanzaba.
Su hijo dio síntomas de estar contagiado y fue ingresado al mis-
mo hospital que su papá, los informes médicos son proporcionados
147
únicamente por teléfono de 3 a 4 de la tarde, no hay contacto físico
alguno con el paciente, lo cual debe ser desesperante.
El viernes pasado se le repitió la tomografía y, para sorpresa de
todos, las lesiones pulmonares han avanzado y no presenta ninguna
mejoría, al contrario, requiere 15 litros de oxígeno por minuto y su
saturación sólo sube a 90%, sin oxígeno baja a 80%.
Sabemos, en base a sus niveles clínicos, que ahora está teniendo
problema con su glucosa y su presión arterial, todo parece estar com-
plicándose, él es aún muy joven, tiene 56 años.
Hoy por la madrugada me llamó Vero, respiró profundo y me
dijo: mi hermano se ha ido. Quedé fría, sin palabras, todo es muy ex-
traño, me siento desolada, no entiendo qué fue lo que pasó, ¡oh Dios!,
pobres padres, pobre esposa, pobres hijos, pobre familia que no pudo
estar a su lado.
Más tarde me comunicaron que les entregaron el cuerpo vía
funeraria a la 1 de la tarde para que fuera cremado, pero que este
hospital les deba la opción de despedirse de su familiar en una sala de
despido hermética, para que la familia no tuviera riesgo alguno, sólo
podrían entrar 7 personas, pero no pudieron aprovechar esto porque
al llegar les dijeron que había un lugar disponible para cremarlo y así
lo hicieron. Todos dicen que lo peor es no haberse despedido de él y
ni siquiera vieron pasar la carroza y menos el ataúd.
Durante la mañana recibí una llamada de mi comadre Carmen,
para decirme que su primo José Luis, su esposa y sus dos hijas, habían
fallecido entre sábado, domingo y lunes y que les habían entregado
cuatro papeletas para que fueran siete días después, a recoger las ceni-
zas de sus familiares.
Mi corazón está roto, ¿Qué está pasando? ¿Cómo entender lo
que estamos viviendo sin sentir un miedo que te recorre el cuerpo?
Pero venía lo peor, Vero me solicitó que hablara con su mamá, la lla-
mé ese mismo día por la tarde, escuché la voz triste, apagada y de un
momento a otro rompió a llorar y a lanzarme mil preguntas que yo no
148
podía contestar, era la voz más doliente que yo he escuchado. Entre
otras cosas me dijo que la última vez que vio a su hijo fue el diez de
mayo, me dijo: vino como siempre con sus bolsotas de comida, con su
regalo (ella cumple años ese día) y pensar que no lo volveré a ver, debo
confesar que el llanto me brotó del alma, no sólo de los ojos. ¿Cómo
entender lo que está pasando, Dios ¿qué nos quieres enseñar?
Una vez más el temor se apoderó de mí, al grado de sufrir casi
un ataque de ansiedad, sentía que no podía respirar, chequé mi oxime-
tría y me di cuenta que todo era producto de mi miedo, logré tranqui-
lizarme y aquí estoy, trabajando como cada día, cubriéndome con mi
traje de astronauta y con el temor a flor de piel.
Doy gracias hoy más que nunca de estar viva, con salud, con fe
en el creador de que todo y todos estaremos bien.
Deseo para todos los que hayan leído este texto, “Dios les con-
ceda toda la salud posible para disfrutar la vida y vida para disfrutar
de todo”.
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No se aceptan niños
Yolanda Gudiño Cicero
Ciudad de México. Cuarentena del 2020
Día 82 ¿o 94? Confundo el paso de los días, El que sea martes
miércoles o sábado, no me dice nada, mucho menos ahora que las
clases virtuales terminaron y las reuniones de la Secretaría de Cultura
se han espaciado. Dicen que para que podamos concentrarnos en las
lecturas, pero lo cierto es que se acumulan en la computadora bajo
nombres genéricos, en anaqueles virtuales, que estoy segura consulta-
ré un día antes de entregar las reseñas.
Hoy volví al súper. No olvidé ninguna cosa. Cubrebocas, el pelo
recogido y cubierto, mangas largas, armada con una botella de gel
antibacterial y otra de cloro, según mi hijo, precaución innecesaria...
pero una nunca sabe. Lo traigo en un aspersor pequeño para rociar
de cuando en cuando mis zapatos, el carrito del súper, las bolsas del
mandado, la fruta suelta, los cartones de leche... después lo vuelvo a
lavar todo en casa.
En la puerta del estacionamiento hay un gran letrero con las
reglas para ingresar: una persona por familia, se prohíbe entrar sin
cubrebocas, y hablar. Tampoco se admiten niños. Quizá por esta ra-
zón, un niño y una niña esperan pacientemente parados con sus cu-
brebocas. La niña tendrá 8 años y el niño 10. Ella lleva un cubrebocas
de princesas y él uno con algún personaje de Marvel. Apenas si se
mueven con la mirada fija en una señora que avanza lentamente por la
banda eléctrica. Imagino que es su madre.
151
Llevo una lista. Compro rápido, sin pausa, sin fijarme en las
marcas. Quiero pescado pero la vitrina apesta desde varios pasillos an-
tes. Prefiero no arriesgarme. Pienso que más que marcas debo fijarme
en las fechas de caducidad de los productos. Imagino los cientos de
paquetes etiquetados y reetiquetados, descomponiéndose lentamente.
Acabo antes de lo planeado y pago, meto todo en las bolsas y me doy
cuenta que empaquetar productos es todo un arte. Cuando vuelvan
los empacadores, personas de la tercera edad, seré más generosa con
las propinas. Bajo por la banda eléctrica sosteniendo el carrito con los
antebrazos.
Los niños siguen ahí. Ella tira con fuerza su cubrebocas que
acaba debajo de uno de los carros parados en el estacionamiento. Él le
palmea la espalda. Se prepara. Calcula el tiro, mide la distancia hacia el
espejo, arruga su cubrebocas dentro del puño, da tres giros violentos a
la mano y lanza. El cubrebocas se queda a mitad de distancia, apenas
si sortea el charco aceitoso bajo la banqueta. Ella ríe. Corre y recoge
del piso su cubrebocas. Está despeinada. Se mete el elástico en la boca
para detener el paño mientras se peina de nuevo con las manos y mete
todos los cabellos sueltos en una cola de caballo, evalúa el resultado
en el espejo del coche y sonríe. Él recoge su cubrebocas, lo sacude a
golpes en el pantalón, saca la lengua y lame su mano, luego persigue a
su hermana para ensalivarle el cachete, ella corre y ríe, le grita que es
un bebé y que no sabe perder, él responde que ella es una tramposa.
Se persiguen riendo alrededor de los coches, entre los clientes con
cara de espanto que los esquivan detrás de máscaras transparentes y
guantes.
Antes de alcanzarla, ella prefiere tirarse al suelo, hacerse bolita
junto a los carritos vacíos del supermercado, él se le tira encima y jue-
gan igual que dos cachorros. De sus frentes escurre un sudor negro
que quitan de tanto en tanto con la mano. Él señala a la mujer que
baja por la banda eléctrica con la mirada fija en el celular. El juego
termina. Ambos sacuden los cubrebocas a golpes sobre sus rodillas y
se los vuelven a colocar, ella se peina, él se limpia el sudor de la frente
152
y se colocan junto a la puerta del estacionamiento tratando de dete-
ner sus jadeos, de desacelerar el corazón. La mujer no los mira, teclea
algo en su teléfono, suelta el carrito para buscar las llaves dentro de la
bolsa, toma entre sus manos un poco de gel antibacterial que le ofrece
el vigilante y, sin voltear a ver a los niños, les dice que lo tomen, ellos
extienden las manos, dejan que una minúscula gota les impregne las
palmas y se lo frotan en las manos, las rodillas y los codos. La mujer
camina mientras el niño empuja el carrito y la niña salta con un pie
detrás de ellos. La madre abre la cajuela, saca el gel antibacterial de la
bolsa, les pide a los críos que entren a la camioneta mientras desinfecta
minuciosamente cada una de las bolsas.
Miro al vigilante e imagino que detrás de su cubrebocas ríe
mientras mueve ligeramente la cabeza de un lado a otro.
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Esta obra se terminó de editar en el mes de octubre de 2020
Aún no sabemos cuándo terminará la pandemia.
Nuestro 2020

Nuestro 2020

  • 1.
    NUESTRO 2020 Voces ymiradas detrás del cristal TODAS LAS QUE SOMOS
  • 3.
    NUESTRO 2020 Voces ymiradas detrás del cristal TODAS LAS QUE SOMOS
  • 4.
    Este libro, esun esfuerzo colectivo. Los derechos de cada escrito pertenecen a su autora. Edición y recopilación: Yolanda Alicia Cicero Ocaranza Maquetación y diseño: Yolanda Jose Gudiño Cicero Ilustración: Tania Recio
  • 5.
    Dedicamos esta obraa todos y todas las trabajadoras de salud, de limpieza, del campo, quienes con su trabajo diario e incansable han sostenido nuestra existencia. Lo dedicamos también a la memoria de quienes perdieron la batalla pero vivirán siempre en nuestros corazones.
  • 7.
    Prólogo En una pláticaque tuvimos mi hija y yo, surgió la idea de hacer un libro basado en las experiencias vividas durante la pan- demia de COVID19. Esta pandemia causó gran temor entre la población mundial, ya que, habiendo empezado en China, pron- to abarcó todo el mundo, provocando una serie de cambios, no sólo en los cuidados sanitarios como el uso del cubrebocas, go- gles, caretas y lavado frecuente de manos; una cuarentena que em- pezó en marzo y no tiene para cuándo acabar, también transfor- mó la economía y la educación, en fin, un cambio total en la vida. En este escenario, quisimos tener el testimonio de muje- res de todas las edades. A mi mente acudieron los nombres de al- gunas amigas que podrían participar, así las fui anotando, prime- ro las integrantes de mi familia, mi hija, mi nieta, mis nueras, mis primas, sus hijas, sus nietas, después amigas, sus hijas y nietas. La respuesta fue muy positiva, dos días después de la invitación empezaron a llegar las participaciones, así, conta- mos con la colaboración de una queridísima amiga de 96 años, todo un ejemplo de vitalidad y excelente actitud ante la vida. Hay relatos de toda índole, algunos llenos de humor, otros mostrando preocupación, otros más, reflejando una gran tran- quilidad... en fin, todo un retrato de la rara situación que esta- mos viviendo y, que sin duda nos dejará marcadas para siempre. Gracias a todas ustedes por participar en este proyecto, ha sido muy hermoso leer sus experiencias. Yolanda Cicero Ocaranza, CDMX septiembre del 2020
  • 9.
    Presentación Un día, tuvimosque recluirnos en casa ante la amenaza de un nuevo virus. Ya nos había pasado antes, sin embargo, nunca con tan- tos medios de comunicación para enterarnos de lo que acontece al otro lado del mundo, nunca con la posibilidad de unir nuestras voces para hermanarnos a la distancia. En este contexto de incertidumbre y aislamiento, fue que, a través de una llamada de Whats, mi mamá y yo ideamos este proyecto. Nos ilusinó la idea de escuchar los relatos de nuestras amigas y familiares, pensarnos juntas a pesar de la distancia. Tejer historias, que es lo que siempre hemos hecho, es nuestra vocación compartida. En esta serie de relatos hay voces de niñas pequeñas, adolescentes, jóvenes y adultas. Al principio no imaginamos que la respuesta fuera tan rápida, ni que tantas mujeres se dieran un tiempo para sentarse a escribir su historia y compartírnosla por mail, pero lo hicieron. Las mujeres contamos historias para vaciar el alma, para apren- der y enseñar, para construir el futuro propio y el de las otras, a través de la palabra nos llenamos de esperanza y fuerza. Estos relatos del 2020 están escritos desde distintas perspectivas, diferentes ciudades y países, pero todos hablan desde las mujeres niñas, jóvenes y adultas a quienes el 2020, obligó a mirar la vida a través de la ventana y desde ahí narrarse como protagonistas de una historia que apenas se está escribiendo. Muchas gracias a todas las que nos confiaron sus voces y acep- taron compartirlas. Seguramente sus testimonios habrán de unirse a muchos otros alrededor del mundo. Yolanda Gudiño Cicero. CDMX, Septiembre del 2020
  • 11.
    Índice Aida Brener B.Pesadilla terrorífica Alba Malaver Terapia poética en tiempos de pandemia Alejandra Molina Gudiño Testimonio de la pandemia Amparo Montoya Mi anécdota, COVID 19 Ana Leticia Gudiño Escrito pandemia Anahí Robles Hernández Cuarentena Azahari Zarza Trujillo Experiencia, tiempos de COVID 19 Azucena Edalí Molina G. Sorpresiva cuarentena Brenda Sánchez Escrito pandemia Clara González Espacio tiempo Claudia Jacal Murillo Algunas vivencias durante la cuarentena Concepción Azuara ¿Cómo he vivido el COVID 19? Dina Dantus ¿Cómo me afectó el Coronavirus? Elena Flores Zárate Experiencia de esta cuarentena Esther Ortega Ruiz Pandemia 2020 15 17 21 25 27 29 33 37 41 43 47 49 51 53 55
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    Frida Palos GudiñoTocar fondo en la cuarentena es lo mejor que me ha pasado Guadalupe Moguel Pasquel Aprendizajes de pandemia Irma López de la Rosa Mi hermano Alberto en cuarentena Isabel Cicero Ortiz Mi vida duante la pandemia Jimena Mateos González Tiempo de capullo Josefina Romero Nuestro descanso obligatorio Laura Castro Experiencia COVID 19 Leticia Arana Mundo arrodillado Lilia Miranda Colín Experiencia cuarentena Lucía García Morales Una cuarentena mundial que supera todo lo vivido Lucía Zúñiga Aplausos Luisa Antonieta Mateos Enero 1 de 2020 Ma. de Lourdes Alarcón Robles Bodas de oro Ma. de Lourdes Espinosa Serrano Confinamiento Lulú Ma. del Rosario Pliego Neri Experiencia desagradable 57 59 63 65 69 73 75 77 79 81 83 85 87 89 97
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    Ma. Esther Betanzos19 en Italia Macarita Elizondo Gasperín/ Macarita Náder Elizondo 40 Reflexiones en una cuarentena María Clara de Greiff De bolsas veganas y COVID 19 en Vermont María José Cortés López Una playa para mí, un aeropuerto vacío y el duelo Mariana Ruiz Velazco El día a día en los tiempos de la cuarentena Martina Villareal Mateos Sobreviviente del COVID 19 Paula Carolina Mateos Pandemia Covid 19, 2020 Pilar López de la Rosa ¿Alguna vez imaginamos esto? Renata Quiroz Sepúlveda Lo que he pensado esta cuarentena Rocío Villegas Pandemia, música y dulces/ Mi cumpleaños COVID Samantha Jasso Horrible cuarentena 2020 Silvia Sirota 10 de mayo 2020 Sofía Rincón Pandemia 2020 Tere Gudiño Tere abuela y madre Verónica Jacal Murillo Lo que importa 99 101 105 109 113 115 117 119 121 123 127 129 131 133 135
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    Verónica Vallejo Miexperiencia en esta cuarentena Yolanda Cicero Ocaranza Pandemia Covid 19 2020 Yolanda García Morales Ciudad típica de Metepec Yolanda Gudiño Cicero No se aceptan niños 139 143 145 151
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    Pesadilla terrorífica Aida BrenerB. Un extraño enemigo llamado Coronavirus, que es invisible y que contagia y contamina al ser humano, nos amenaza con un pano- rama de terror y un gran miedo e incertidumbre por no saber cómo combatirlo. Esto parece un mal sueño, una pesadilla, pero desafor- tunadamente no lo es, porque es la realidad a la que se enfrenta el mundo entero en este siglo XXI, que se ve, en mayor o menor medida, amenazado por este virus que ha creado una pandemia. El brote surgió a finales de diciembre en la ciudad de Wuhan, China, en ese lugar viven once millones de personas, de ahí se ha ex- pandido a casi todo el mundo. Este virus, a diferencia de los anteriores que ha padecido la humanidad, se transmite y se contagia de persona a persona, sólo con pequeñas gotas de saliva al toser, estornudar o al hablar. Los científicos han observado que las personas de la cuarta edad son las más propensas a contraer el virus y a fallecer, pues es la pobla- ción más vulnerable, también las personas con diabetes y problemas cardiacos, por esta razón hay que mantenerlos aislados para evitar que se contagien o contagien a los demás, esto es para evitar un colapso en el sistema de salud. El mundo entero se enfrenta a un gran reto, en la actualidad no hay ningún medicamento que lo detenga y las indicaciones de los científicos son: lavarnos las manos continuamente, usar un gel an- tibacterial y mantener una distancia de tres metros entre persona y persona. Es la mayor crisis de esta generación, no podemos tocarnos, saludarnos, besarnos, abrazarnos, reunirnos y salir a divertirse. 15
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    Mis hijos estánmuy preocupados por mí, cada uno por separa- do me hablaron y me dijeron: “te tienes que quedar en casa por catorce días”, a lo cual yo accedí, así que heme aquí en mi casa tratando de sobrellevar este aislamiento y encierro voluntario, me siento viviendo como en una burbuja protegida por cuatro paredes, he tratado de estar ocupada para evitar caer en el aburrimiento y el tedio. Estoy comu- nicada con el exterior virtualmente, el encierro me lleva a una vida virtual y a una comunicación telefónica con todos. En este momento no estoy aburrida porque tengo cosas en qué ocuparme, por primera vez desde mi niñez y juventud me sobra tiempo, mismo que he tratado de utilizar haciendo cosas productivas, como realizar las tareas propuestas por el profesor de literatura, estoy haciendo “Mis memorias por escrito”. Yo también estoy muy preocupada por mis hijos, ellos también son de la tercera edad, temo que se contagien, nadie está exento y eso me angustia. Han tomado la decisión de trabajar en casa y creo que lo están logrando, lo cual me tranquiliza un poco. Todos estamos preo- cupados, pero como dice mi hijo Gregorio: “no hay que preocuparse, hay que ocuparse”, sabias palabras que nos llevan a reflexionar sobre qué hacer en estos momentos de crisis. Estoy llena de dudas e incertidumbre, por ejemplo, ¿qué sigue después de estos catorce días de encierro y aislamiento? ¿voy a poder salir a la calle y ver a mi familia y amigos? Todo el porvenir es muy incierto. Me preocupa la pandemia, pero también que las personas cai- gan en un estado de aburrimiento, apatía, depresión y angustia, que aparezca una psicosis colectiva en la cual se pierdan límites y el res- peto hacia los otros y florezca el miedo, porque un encierro completo puede generar escasez de todo lo necesario, el desabasto de alimentos puede ocasionar una gran hambruna en el mundo. Pero a pesar de estas preguntas, trato de ser optimista y no pierdo la esperanza de que pronto encuentren algo que frene esta pandemia. 16
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    Terapia poética entiempos de pandemia Alba Malaver “Lo más maravilloso del mundo es saber cómo pertenecer a uno mismo”. Michel de Montaigne Solo unos pocos logramos escapar del miedo, del encierro. Huir de la presión de los medios de comunicación, de la sobrecarga laboral, de la soledad, de la pérdida del empleo, del caos producido por el ma- nejo de la pandemia del Covid-19. Mantenernos vivos. Salvarnos. Este espacio lo encontramos elevando nuestra conciencia, haciendo uso del lenguaje a través de la terapia poética. Las letras nos han salvado. Aunque la carga laboral en mi hogar se dividió equitativamen- te, al llegar la pandemia me hallé en medio de una vorágine, libre de dependientes pero sumida en un bumerang de improvisaciones para sostener el nivel de aprendizaje de mis alumnos de español. Nadie es- taba preparado. El día con todas sus horas en estas circunstancias no alcanza. ¿Cómo robarle tiempo al tiempo para la lectura y escritura? Recordé, no es la primera vez que vivo el encierro. El internado donde estudié la secundaria me enseñó a convivir y a encontrar en las letras el mejor refugio. Corría el mes de julio del 2020 y para mi fortuna, en medio del caos mundial y gracias a la tecnología, apareció la oportunidad de ingresar a un Taller de escritura creativa impartido por el escritor mexicano Gunter Petrak. ¡Me alegré! Me emocionó el hecho de poder invitar a mi madre a participar de esta maravillosa experiencia. Ella, una profesora retirada de 71 años, quien a pesar de estar acostumbrada a permanecer en casa, comenzaba a sentirse 17
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    agobiada por lasdeterminaciones del gobierno Colombiano para pro- teger la vida de los adultos mayores; cuarentenas se convirtieron en meses de aislamiento. Ahora, las dos tendríamos algo que nos uniría semana a semana, un taller literario desde México; ella en Colombia y yo en Estados Unidos. El taller tomó rumbo. La cita de los lunes a las cinco de la tarde a través de zoom se convirtió en un ritual. No importaron las trasno- chadas ni las madrugadas para completar mi trabajo docente con tal de llegar a tiempo con los escritos. No estuvimos solas mi madre y yo, también Julieta, Claudia, Pilar, Eugenia, Estefanía, además de Victor, Fidel y Raymundo formaron parte del grupo. Todos en la misma bús- queda. Siete mujeres y tres hombres. Ellas sicólogas, investigadoras, docentes; ellos, un ingeniero, un publicista y un empresario. Esto no es una coincidencia. Hallamos un lugar para ser libres, el maravilloso mundo de las letras. Cada uno compartió un escrito nuevo cada sema- na durante dos meses. Puntuales a las 5:00 de la tarde, cada lunes nuestros escritos fueron desnudándonos. Prosa y versos eran confesiones. Temas como la angustia frente a la muerte, la levedad del ser, el amor, el desamor, relatos autobiográficos del campo y la ciudad, instantes de poesía, la vida en la época de la revolución mexicana y hasta tácticas para en- frentar la pandemia se convirtieron en un deleite. Estuvimos de acuerdo, la confianza entregada por el maestro fue uno de los grandes aportes pues animó y suscitó la emoción de la entrega semanal. Nos leíamos y nos escuchábamos. Claudia nos delei- tó con sus cartas, una de ellas a la muerte, encontrando una profun- da reconciliación; Julieta registró episodios del contraste de su propia vida; cuando niña debió emigrar de la ciudad al campo; Víctor nos llevó de viaje a San Juan Raya, Puebla y al matrimonio de su hija en Alemania; su narración logró que viéramos cada uno de los colores de sus registros fotográficos, enriqueciendo con sus palabras nuestra imaginación y cultura a través de su experiencia visual, fielmente de- tallada. Viajamos y bailamos en la celebración junto a él. 18
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    Fidel, desde sumundo textil, logró tejer con palabras versos li- bres en donde pudimos palpar algo tan simple como una copa de vino sobre la mesa. Eugenia compartió la felicidad de haber consolidado, después de décadas, su deseo de escribir; al comienzo horas frente al papel, ahora minutos solamente para soltar su pluma. Estefanía, una joven investigadora se sintió libre de viajar dentro de sí misma, re- flexionar sobre su soledad y encontrarse plena, allí en su mundo inte- rior. Pilar, nos recordó la importancia de cultivar en nuestros jóvenes el amor por la educación y la determinación necesaria para lograr sus metas. Raymundo nos llevó a Acatlán, Oaxaca; pudimos saborear el proceso de la extracción y elaboración de la miel de caña de la mano de una abuelita y su nieta. Mi madre, Rosa Elena, logró reencontrarse con su sensibilidad para la poesía y compartirnos imágenes que pervi- virán. Yo volví a divisar la belleza de mi pueblo, Manta, Cundinamar- ca, y comprobar una vez más el papel del lenguaje en un mundo ávido de esperanza y de salvación. 19
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    21 Testimonio de lapandemia Alejandra Molina Gudiño Mi nombre es Alejandra, tengo treinta y cuatro años, tengo dos hijos, la mayor de cuatro años y el menor de un año. Mi esposo y yo trabajamos en empresas de tecnología. Antes del coronavirus mi hija asistía al colegio, mi hijo a la guardería, nosotros trabajábamos en la mañana en la oficina y por la tarde en casa. ¿Cómo nos afectó la pandemia? De inicio de un día para otro supimos que los niños no podrían ir al colegio y recibimos comunica- dos de las empresas pidiendo que permaneciéramos en casa y conti- nuáramos nuestras labores desde ahí, incluso se me informó que había un caso sospechoso de coronavirus en la oficina y que el sitio tendría que permanecer cerrado para su desinfección. El manejo de la empre- sa fue impecable, los directores se mostraron increíblemente humanos y transmitieron esto en cascada. Afortunadamente mi esposo recibió el mismo apoyo. Definitivamente nos cambió la dinámica familiar. Decidimos que la persona que nos apoya con el quehacer permaneciera en su casa por un tiempo en lo que la crisis pasaba, de esta manera ni ella ni no- sotros estaríamos expuestos, también decidimos que seguiríamos pa- gándole una parte de su sueldo como apoyo y aseguramos su regreso a trabajar en cuanto las cosas estuvieran más tranquilas. Mi esposo y yo tuvimos que adecuarnos, pues ahora las labo- res habían aumentado, los niños necesitaban a sus padres y nosotros necesitábamos seguir trabajando. Al principio nos costó mucho, mi pequeño aún gateaba y pasaba la mayor parte del tiempo en el suelo, por lo que era vital mantener lo más limpio posible. Esa parte se car-
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    gó un pocomás en mí, tal vez porque inconscientemente las mujeres tenemos el cargo de administradoras y ejecutoras. No aguanté mucho, tuve que soltar, relajarme y apoyarme más en mi pareja. Repartimos tareas y realmente él fue mi mejor apoyo emocional. Iniciaron las clases virtuales para mi hija, ahora pasaba horas en la pantalla entre las clases de kinder e incluso las clases de ballet y, la televisión y Netflix se volvieron nuestro mejor aliado cuando tenía- mos conferencias de trabajo o días con más carga laboral. Sé que no es lo mejor, pero realmente no hay muchas opciones. Hay días en que me siento fatal por las horas que pasan en la pantalla, cargo con mil culpas por todo lo que quisiera hacer y no puedo. Tuve que adicionar las labores de maestra a mis actividades y hacer malabares con el resto de mis obligaciones. Creo que los niños son los que más se han visto afectados, pues perdieron sus actividades y tuvieron que adaptarse a una nueva ruti- na, dejaron de ver a sus amigos y sí se desesperan por no poder salir, hacen mil preguntas y no terminan de entender qué pasa; sin embar- go, son un ejemplo, aceptaron los cambios, nos motivaron a seguir, a reinventarnos y construir nuevos proyectos, a ser más creativos. Sin duda son superhéroes. Mal que bien, con días buenos y días malos, hemos ido adap- tándonos a la realidad que elegimos vivir. Ocurrieron mil cosas y no alcanzaría a escribirlas todas, pero dentro de todo, me siento afortu- nada. La pandemia me dio la oportunidad de retomar mis clases de baile (que dejé por falta de tiempo), tengo trabajo, no he dejado de percibir mi sueldo (con algunos ajustes pero no ha dejado de llegar), tengo a mis hijos conmigo, un esposo maravilloso que no ha dejado de apoyarme ni un minuto y nos hemos mantenido más unidos, tengo a mis amigas con quienes intercambiamos tips y nos escuchamos; mis padres y hermana con quienes el contacto se volvió indispensable para mantener la salud emocional de todos. 22
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    Al final, cadauno decidimos quedarnos con lo bueno o lo malo, claro que ha habido cosas malas, pero elegí ver lo positivo, aprender de esto y seguir adelante. 23
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    Mi anécdota, COVID19 Amparo Montoya Somos una familia numerosa, nos gusta reunirnos en cumplea- ños, aniversarios, lutos y misas, recordando a nuestros seres queridos que ya han fallecido y vanagloriando a aquellos que aún siguen por aquí, siempre encontramos un motivo para reunirnos, comer y con- vivir. La pandemia no nos ha permitido reunirnos pero el internet ha hecho lo suyo y a pesar de la distancia física podemos seguir comuni- cándonos y festejando de forma virtual. Dentro de la familia hay muchas personalidades únicas, rim- bombantes, risibles y admirables; dentro del selecto grupo tengo dos sobrinas que han aprovechado esta situación para crear videos caseros donde vierten mucha de su creatividad, ya que en mayo la mayoría de los hermanos, sobrinos y coadyubados celebran sus cumpleaños, las habilidades de mis sobrinas han sido de gran ayuda, pues se les ha ocurrido grabar videos como regalo de cumpleaños personalizados para cada festejado. Se le pide a la familia fotografías donde el feste- jado aparezca, música de su agrado, grabaciones de voz y el video es para desearles mil felicidades. La casa que mi madre me heredó con mucho amor está dividida en dos, mi hermano vive en la parte superior y nosotros en la inferior. Mis sobrinas hicieron un video para mi vecino – hermano el día de su cumpleaños, debo mencionar que mi hermano es de un humor “especial”, así que mis sobrinas estaban emocionadas por mandarle su video y ver su reacción. Enviaron el video en el primer minuto de la madrugada por lo que lo despertaron, él pudo haber agradecido y sen- tirse feliz con el regalo, pero en vez de hacer eso les envió un mensaje 25
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    que decía: ¡chamacasya duérmanse y dejen dormir jaja muchas gracias por quitarme el sueño”. Esa noche convivimos por primera vez en mucho tiempo en esta pandemia, pues nos reímos a carcajadas al enterarnos del mensaje que él les había enviado a mis sobrinas, la partida del pastel y el soplido de la vela. Nos conectamos por video chat con los demás familiares y esa noche hubo risas, recuerdos, porras, canciones y la pasamos bien. Basta con salir por el portón para darse cuenta de la situación por la que pasa la colonia donde vivo. Algunas personas usan masca- rillas profesionales, que se dice duran una semana con buena protec- ción, otras más utilizan cubrebocas convencionales y más comunes que duran tres horas, también hay cubrebocas de neopreno, los hay caseros hechos con algún material improvisado, algún girón de tela, camiseta vieja con hoyos, un bóxer y hasta llegué a encontrar con un brasier jaja, en estos últimos no estamos seguros de su eficacia o si puedan proteger, pero dan risa sus mascarillas. También ves personas con caretas improvisadas hechas de algu- na mica o plástico, algunos otros con lentes de sol, gogles e incluso al- gún ocurrente con careta de soldador. La gente usa cubrebocas, otros utilizan cubrebocas y careta, algunos cubrebocas sin tapar la nariz y muchos mas no usan más que valor mexicano. Los medios y el gobierno comenzaron a otorgar información en el mes de abril. Observé que la gente iba por la calle comprando, sin cubrebocas ni careta. Al pasar el tiempo el gobierno seguía con sus informes diarios acerca de la pandemia y de su evolución, sin embargo las personas no se cuidaban, pero hoy en día la gente por fin ha deci- dido protegerse. Decidí hacer una encuesta entre los vecinos y personas conoci- das: ¿por qué aumentó el uso de cubrebocas y caretas? La respuesta fue que tuvieron una experiencia personal, donde un familiar, vecino o compañero resultó contagiado. Unos sobreviven y otros fallecen y por eso han decidido protegerse. 26
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    27 Escrito pandemia Ana LeticiaGudiño Arana Desde mis inicios en la vida del ser médico y madre … no lle- gué a imaginar lo que cambiaría un ser microscópico la rutina, los malos hábitos e inclusive el afecto entre los seres queridos. Día a día nos enfrentamos a enfermedades, accidentes, vida y muerte pero esto sobrepasó los límites . Miedos e incertidumbre pero con la certeza de que era inminen- te la necesidad de un cambio radical, una sacudida social, para darnos cuenta de que íbamos muy “campantes” viviendo sin cuidados. Ser madre y médico ha sido un gran desafío en todos los senti- dos, dividir la mente y el corazón es un reto que tomé, donde hay días en los que cierro los ojos y pienso en la mirada de mi hijo, en su olor, esas ganas de correr y abrazarlo. Pero también en el ímpetu de crecer y contribuir a la sociedad, a los dolientes, que día a día ingresan al nosocomio esperando esa calidez y la solución a su problema de salud. Esa motivación nos ha llevado a tomar este camino, frío en bastantes ocasiones pero lleno de momentos de satisfacción . Grandes experiencias nos permite la pandemia, retos emocio- nales y físicos, equipos de protección personal que nos roban la co- modidad, esa sensación de ahogo durante 8 horas, cargando angustia y peso extra, llegando momentos que definen todo, en los que sobre tus manos y criterio médico descansan los pronósticos y la decisión de a quién otorgarle una máquina de ventilación mecánica (que se sabe abiertamente que estuvieron contadas en la mayoría de terapias inten- sivas); rebasadas por el número de pacientes que ingresaban …
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    Sabiendo que elpaciente grave es hijo , sobrino, nieto, padre de alguien más que lo espera en casa, donde radica el derecho a la salud y que todos merecemos la oportunidad de luchar. En fin, ¿vale la pena? La respuesta es Sí , no hay duda 28
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    Cuarentena Anahí Robles Hernández Minombre es Anahí, tengo 32 años, mi esposo se llama Jai- me, tengo dos hijas hermosas, Sinahí y Ana Sofía, soy profesora de nivel primaria, vivimos con mis padres y mi hermano menor Iván Alejandro y quiero platicar mi experiencia durante esta cuarentena. Es un tanto difícil, pero para mí fueron de una gran ayuda económica, voy a platicar por qué. Actualmente, o mejor dicho, hace tiempo me encontré en un problema financiero muy fuerte, estresante para mí y para mi familia, pero a pesar de la situación adversa en la que me encontraba, lo tomé con calma en el trabajo, fueron días en los que mandas trabajos, recabas evidencias, pero pensé: estamos en contin- gencia, no van a hacer las cosas, para qué mando tanto trabajo si no le van a dar la importancia que debe tener, claro, algunos alumnos, no todos. Les mandé las actividades y les pedí me enviaran evidencias de que hicieron lo que solicité, hubo padres que repetían las fotos, me di cuenta que lo hicieron sólo por cumplir, sin embargo yo cumplí con mi trabajo de alguna manera, así que yo no me estresé tanto. Ahora tengo un problema, o no se si lo sea realmente, tengo ganas de vender algo. Un día, terminando Semana Santa, le dije a mi papá: ¿y si vendemos pollo? y él accedió diciendo “órale”, pero de re- pente se quedó callado y luego me dijo: ¿y qué pasará cuando entres a trabajar? Yo le respondí, pues tú sigues vendiendo, así ya no vas a manejar el taxi, mejor lo das a trabajar y tú sigues con el puesto, ¿cómo ves? Obviamente no empezaría al día siguiente porque no contaba con dinero en ese momento, pero estaba próxima la quincena y de ahí in- vertiría, pero al día siguiente mi papá me levantó temprano y me dijo: ¿vas a ir por el pollo? Y qué creen, él me dio el dinero para invertir, 29
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    así es queinicié mi negocio de pollo fresco y como en todo negocio, a veces se vende y a veces no y de ese modo fue un escape para no estar pensando en la contingencia. Al principio no sabía si creer o no creer en este virus, pero estar vendiendo nos ayuda a distraernos. Mi vecina es viuda y vive sola, tiene una tienda, no sabíamos si realmente comía o no y, desde que estamos vendiendo nos da de desayunar, se viene a comer a la casa con nosotros, en fin, todo el tiempo estamos conviviendo y eso le ha ayu- dado para olvidarse de su enfermedad y del virus, a mis hijas también les ha ayudado, ellas no salen a ningún lado, son inteligentes y saben que debemos tener precauciones como el lavado de manos, sólo mi esposo y yo vamos por el pollo pero tomando todas las precauciones necesarias, porque aunque no hemos tenido gente cercana con ese problema, nos cuidamos. Seguimos vendiendo pollo y con las ventas y las quincenas que me siguen pagando estamos abonando a las deudas y las estamos sal- dando más rápido. Gracias a Dios y al esfuerzo de mi esposo estamos saliendo adelante. Ya sólo nos quedan dos deudas por pagar, pero saldadas éstas, estaremos más tranquilos. Esta cuarentena también me ayudó a acercarme más a mi hija mayor porque está atravesando por una etapa difícil, en la que por todo rezongaba y, lo peor, también en la escuela estaba teniendo di- ficultades, constantemente me llamaban para darme quejas y obvia- mente me enojaba y la regañaba, le pegaba y en esta contingencia me sentaba con ella a trabajar en sus tareas que fueron demasiadas y, tra- bajábamos las dos diciéndole qué hacer, cómo hacerlo y algunas cosas yo las hacía. ¿Por qué? porque no le daba tiempo de terminar con todo y debía enviar el trabajo a una hora determinada, pero le ayudó a darse cuenta que no es difícil, sólo es cuestión de que tenga ganas de hacer las cosas, así que espero que esto le haya servido de experiencia para echarle más ganas el siguiente ciclo escolar. 30
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    Ana Sofía felizde la vida por no ir a la escuela, sí trabajó al- gunas cosas pero no todo el tiempo, desde mi punto de vista, no era necesario estresar a los niños pequeños con tantas actividades. Sofi trabaja bien cuando se dedica y está sin presión, ella quiere entrar a la primaria, aprende rápido, mejor que le cueste a su maestra de primer grado su aprendizaje. Salimos a caminar por el pueblo guardando todas las medidas precautorias como usar cubrebocas, no saludar de mano, etc. Al re- gresar nos lavamos las manos. Estamos bien, cuando nos dieron el aviso formal que hasta el 10 de agosto reanudaremos clases me sentí tranquila, más relajada y consciente que el próximo ciclo escolar en- traré a trabajar con más ganas, porque, soy sincera, este ciclo escolar que pasó, entre tantos problemas que venía arrastrando en el trabajo, personales, económicos, familiares, etc., no me daban ganas de ir a trabajar, sólo lo hacía por inercia y no debe ser así, porque me gusta mi trabajo a pesar de que no es mi vocación, he aprendido a tomarle cariño y lo que hago lo hago bien y lo veo en los resultados que tienen mis alumnos, gracias a ellos me esfuerzo cada día más por ser la mejor profesora de la escuela que, aunque soy nueva ahí, me estoy integran- do al equipo de trabajo y hasta el momento vamos bien Esto es algo de lo que puedo platicar de mi experiencia en esta contingencia, que tomo como una pausa en mi vida laboral para acla- rar mi situación financiera y emocional. Y ahora estoy bien, mi familia está bien, todos estamos bien, logrando salir de este problema al que los arrastré a todos en cuestión emocional, pero si me ven bien, ellos estarán bien y le doy gracias a Dios por ayudarme en todo momento y por no dejarme sola, ¡gracias! 31
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    Experiencia, tiempos deCOVID 19 Azhari Zarza Trujillo Soy Azhari, tengo una pequeña hija, soy nutrióloga y mi esposo paramédico, vivo al lado de casa de mi mamá, tengo una hermana y una sobrina que, en una semana “normal” nos vemos una o dos veces a la semana, a veces hasta diario. Trabajo en oficinas de lunes a viernes con seis personas más; los días de trabajo son divertidos, la dinámica diaria ha sido loca y son como mi segunda familia, apurada pero día a día me iba acoplando y haciendo mi rutina tratando de organizar cada día. Desde que empezó esta pandemia, lo primero que se me vino a la mente, fue mi familia, su seguridad, su salud, ante todo mi hija, mi mamá, esto lo cambió todo de repente. Han pasado muchas etapas, de pánico, de estrés, de tristeza, de impotencia y hasta de incredulidad; han sido tres meses que a veces pasan lento y a veces pasan rápido, es como una montaña rusa donde a veces estoy de buen ánimo y a veces no tanto y otras en el suelo. Se siente un peso y una responsabilidad muy grande en los hombros hoy en día, se suman más cosas que llevar de las normales... una casa, una educación (de mi hija), un cuidado, una economía, en fin, todo se du- plicó, a todo se sumaron mil cosas más. 1.- Trabajo y escuela en casa: hoy en día trabajo una semana en oficina y una semana desde casa, al trabajo se ha sumado la educación de mi hija desde casa, sus clases en línea, sus tareas, tenerle paciencia, al principio fue complicado, hoy tengo mucha más paciencia y al hacer sus actividades hemos aprendido a hacerlas más fáciles. Estar al pen- diente de su educación y de su alimentación desde casa, cocinar más, tenga tiempo o no, saber si hizo su clase los días que no estoy, ver con 33
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    quién se queda,porque papá trabaja 24 por 24, monitorear si desayu- nó, si comió, si tomó agua, si obedeció, etc., me hace feliz. En el trabajo estoy casi sola, únicamente vamos dos o tres per- sonas la semana que voy, pero de mi programa de trabajo sólo voy yo, así que todo lo que salga lo saco sola, la mayor parte del día estoy sola sin nadie con quien platicar, con quien apoyarse y no hay con quien tomar un café antes de comenzar. Trato de hacer y adelantar todo lo más posible para no llevar trabajo a casa y sólo sacar lo que vaya sa- liendo cuando me toca estar desde casa y poner más atención a lo que me toca en el hogar. 2.- Miedo a enfermar: se sumó el miedo a mi salud, la de mi hija y la de mi mamá, depende mucho del cuidado que tengamos mi marido y yo al salir a trabajar; del contacto que tengamos con pacien- tes o con personas enfermas. Al salir, todas las medidas posibles, pero hay días que entra la paranoia y lavo mis manos mil veces, salir a la calle a comprar la despensa para nosotros y mi mamá, cuidar lo que toco, no estar cerca de la gente, no tocar mi cara, etc. Hay días en los que solo estando en casa me siento protegida. Hemos cruzado mil plá- ticas mi esposo y yo acerca de lo que pasaría si alguien enfermara, cuál sería el plan A o el plan B. Rentamos una casa para que él fuera a vivir aparte en caso de atender a un paciente y así no pondríamos en riesgo a los demás, pudimos vivir así una semana o dos, pero la distancia y nuestras actividades no nos dejaron y regresamos a vivir juntos otra vez con el miedo de siempre de saber que algún día él puede traer el virus o la enfermedad; a veces relajamos las medidas de seguridad, se nos olvida que existe, que está pasando y que es real, que está afuera. Hoy sabemos de más casos, más cerca, de gente que conocemos que da positivo al virus y volvemos a estresarnos y a intensificar las me- didas. 3.- Aprender a organizarte de diferente manera: organizar los tiempos en casa, en el trabajo, para las compras, para las salidas esen- ciales, las actividades en la familia, distraer la mente entre nosotros. Comencé a tratar de organizar mi tiempo para hacer las cosas de la 34
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    escuela, la comida,el aseo, el trabajo, arreglos y limpieza en casa que no hago por falta de tiempo. Soy una persona que hace listas para todo para no olvidarlo, entonces empecé a hacer listas para todo lo que te- nía que hacer, lo que faltaba de comprar, para despensa, para comida, para los “arreglos”, en fin, una lista que nunca termino y que aun es- tando en casa sigo sin tiempo para avanzar en ella. Traté de empezar a hacer ejercicio, a cuidar mi cara, mi cabello, creo que he puesto tantas cosas pendientes por hacer que no he sido constante en ninguna y que apenas voy medio flotando en el día a día. 4.- Estados de ánimo: cursas por los estados de ánimo de todos los que vivimos “juntos” (mi hija, mi mamá, mi marido y los míos) y de los que no vivimos “juntos” (mi hermana). El estado de ánimo ha sido muy variable en todos. Para mi mamá, quien es muy independiente en sus actividades y muy frecuentes sus salidas “viajes pequeños o largos”, ha sido complicado no poder salir en tres meses o más, entonces cruza por depresión, ansiedad, tristeza, impotencia y coraje, cuando llega a salir a la esquina ve tanta gente que no usa cubrebocas... mi hija a veces se desespera, ya quiere ver a sus amigos, regresar a la escuela, se aburre, todo el día quiere que juegue con ella, algunas veces puedo dedicarle unos minutos pero entre tanto, siento que no es suficiente; mi hermana aun en la distancia, también necesita llamadas de pláticas para soltar todo lo que nos pasa y todo lo que sen- timos, compartimos miedos, sentimientos, son llamadas largas, ahora las visitas son más seguidas, una vez a la semana para distraer a mi mamá y a las niñas, eso nos ha ayudado mucho, seguimos siendo gran apoyo entre nosotras; mi marido (él y yo somos una ruleta rusa, somos nuestra primera “línea de estrés jaja) en tres meses hemos estado bien y hemos estado mal, mi genio a veces disparado al igual que su genio, todo se ha juntado, pero poco a poco vamos sobreviviendo a estas emociones, platicamos de lo que sabemos de la enfermedad, de nues- tros proyectos que se vieron pausados, de la dinámica familiar, de lo que nos aburrimos, etc. Y yo, pues he experimentado mil sentimientos día a día, a veces me siento confiada, hay días que muero de estrés, 35
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    de miedo, (tantoque hasta siento dolor de cabeza, de oídos o lo que sea) hay días en los que no quiero hacer nada, otros en que lo quiero hacer todo, pero a todos hay algo que nos pegó duro, el no tocarnos, no abrazarnos, no besarnos, a veces siento que exageramos pero me da tanto miedo sentirme culpable que mi mamá o mi hija se enfermen, lo importante es que cada día agradezco un día más de vida, un día más de salud. 5.- Lo bueno: creo que dentro de todo mi familia, en lo general y yo en lo particular, hemos tenido cosas buenas a raíz de esto, esta- mos más unidos, más al pendiente de saber cómo amanecimos, le lla- mo más a mi papá, pregunto más cómo está, si ya comió, si está bien. Llamo o escribo más a mis tíos, a la familia, a las amigas, comemos mejor, tratamos de hacer ejercicio y pasamos más tiempo juntos. Bien o no, trato de hacer mis hábitos de cuidado hacia mi persona, hacia mi familia. Hoy valoro más lo que tengo, hoy valoro más cada día la vida de mis padres, la de la familia más cercana. Esta pandemia ha dejado muchos cambios, muchos sentimien- tos, muchas lágrimas, muchos corajes, un poco de paz, muchos agra- decimientos por ser tan bendecida, ha dejado de todo, ha dejado cosas buenas y, para mí, la idea de cambiar mi chip, de retomar las cosas buenas, mis creencias, de ser mejor persona, voltear a ver cosas que dejé y que lo importante siempre serán las cosas que no se pueden comprar, que ahorrar es indispensable, que uno debe tener priorida- des y el tiempo para tu familia es lo primero. A pesar de no ser muy joven, pero no muy grande, este tiempo también me ha dejado pensar ¿qué pasará cuando yo falte? Y de eso, lo que más me asusta es dejar a mi pequeña y los pormenores de quién verá o hará lo que yo hago, sea poco o sea mucho. Lo único que hoy en día quiero, es tener a mi familia completa, pasar esto victoriosos y unidos, que aprendamos a retomar la vida “normal” y adaptarnos a esto, aprender a vivir con la nueva realidad que de ninguna manera volverá a ser como antes. 36
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    Sorpresiva cuarentena Azucena EdalíMolina G. Me llamo Edalí, casada desde hace cinco años y tengo dos niñas hermosas. Cuando esta cuarentena empezó, mis niñas tenían dos años ocho meses y un año cinco meses. Normalmente desempeño un trabajo muy demandante. Mi hija mayor iba a maternal y la pequeña estaba al cuidado de mi mamá. Ella cuidaba a las dos niñas cuando el trabajo se alargaba por muchas horas después de mi horario de salida. Algunas veces mi esposo apoyaba. En enero de este año fui diagnosticada con dos enfermedades reumatológicas y estuve sometida desde finales de ese mes, a inmuno- supresores y corticoides. La cuarentena me tomó por sorpresa y, al igual que a muchas personas, me cambió el ritmo de vida, en pocas palabras (y debido a decisiones que se tomaron por el bien de las niñas) pasé de nunca es- tar en casa, ni los fines de semana, a quedarme todos los días, de casi nunca cocinar a cocinar los siete días de la semana, las tres comidas, y a hacerme cargo de las labores domésticas casi por completo, ya que la señora que me ayuda no vendría porque al utilizar el transporte pú- blico, el peligro al contagio del virus era muy grande. En un inicio la dinámica familiar fluyó bien, aunque con algu- nos tropiezos. Yo estaba feliz de poder pasar tiempo con mis hijas y tenía toda la pila y la energía para ponerles hasta cuatro actividades diferentes al día, pintura, plastilina, texturas, todo lo que veía en inter- net que podían hacer, sobre todo mi hija mayor que estaba cursando maternal, incluso hicimos una piñata y le organizamos una fiesta de cumpleaños a mi esposo, cocinábamos pizza, galletas y pasteles, en pocas palabras el tiempo en familia nos sentó bastante bien. 37
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    Pensamos que estasituación duraría sólo hasta el quince de abril, al no ser así, la división de tareas domésticas entre mi esposo y yo empezaron de nuevo a recaer mayormente en mí y vaya que ya no me resultaban tan divertidas. El encierro se me hizo cada vez más difícil y el estado de ánimo de los adultos en casa se puso un poco más tenso. En mi trabajo, debía entrar de guardia para los primeros días de mayo, sin embargo, debido a los medicamentos y a los malos re- sultados médicos, quedé exenta de presentarme, teniendo que estar al pendiente del teléfono por si podía ayudar a mis compañeros en algo desde casa. Simultáneamente, comenzaron a enviarme de la escuela actividades para que realizara mi hija mayor, teniendo que mandar evidencia de cada actividad todos los días. Para estas fechas, sentí que dentro de mí crecía un trol, sentí que no estaba cumpliendo con nada, ni como mamá, ni como trabajadora y mucho menos como educadora. Pasaba por un sinfín de emociones al día, ninguna muy agradable, estaba enojada, frustrada, desesperada y hasta deprimida, después llegó el insomnio, dolores de cabeza, en fin, mi estado físico y mental no lograban encontrar un equilibrio. Así llegué a inicios de junio, la situación seguía igual de compli- cada, sobre todo porque ya llevaba mucho tiempo sin dormir. Decidí dejar en paz el envío de evidencias de las tareas de mi hija, ya que no tenía paciencia para ayudarla a desarrollarlas y al estar en maternal no afectaría sus calificaciones de preescolar. Mi esposo empezó a irse a trabajar unos días, eso, aunque me ayudó a liberar un poco de tensión, también implicaba que me quedara sola con las pequeñas, pero con mi poca paciencia, por las noches solo sentía culpa por no ser lo que yo considero una buena madre. Aunado a que, debido al trabajo y a las situaciones emocionales de mi marido, cada día se hacía cargo de menos actividades domésti- cas y del cuidado de las niñas, a las que regañaba aún más que yo. 38
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    Para colmo, alrealizarme mis estudios de rutina, la enferme- dad reumatológica que afectaba mi sangre empeoró, al grado de casi terminar en el hospital y requerir transfusiones de sangre. A fin de evitarlo me aumentaron las dosis de cortisona, lo que agigantó al trol interno. Una semana después, mi doctora me diagnosticó con fibromial- gia, resultó que esta enfermedad y el uso prolongado de corticoides, eran responsables de alimentar a mi trol y mis malestares físicos. A partir de mediados de junio he trabajado a distancia y, aunque las dosis de cortisona e inmunodepresores son altísimas, sin mencio- nar todo lo que tengo que tomar para combatir sus efectos adversos, he salido adelante de esta cuarentena, con la ayuda invaluable de mi mamá quien me ha apoyado mucho con mis hijas, sobre todo los días que mi esposo se va a trabajar. También exigí el regreso de la señora que me ayuda, ya que con los dolores físicos, el trabajo, la cocina y las hijas, me resultaba por demás imposible hacerme cargo también de la limpieza. Y así iniciamos julio y parece que esta cuarentena no termina... 39
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    Escrito pandemia Brenda Sánchez Minombre es Brenda y mi experiencia en esta cuarentena ha tenido altas y bajas, estoy casada hace casi 23 años y tengo 3 hermosos hijos. Antes de que el Covid 19 llegara a nuestras vidas, yo pensaba pedirle el divorcio a mi esposo porque hace mucho tiempo que ya no lo amo y él lo sabe... él no ha querido darme el divorcio porque dice que me ama. Esta cuarentena me ha mostrado quién me ama y quién no, quién es mi amiga y quién no. Empecé a ver las cosas de otra for- ma y empecé a valorar las cosas simples de la vida, el aire, el sol en mi cara, el abrazo de mi madre, de una amiga y sé que mi esposo me ama de verdad y, no lo he decidido aún, pero creo que me voy a dar otra oportunidad con él. Siento mucha tristeza al ver que hay tanta gente que no cree en este virus... conozco personas que han muerto por la necesidad de salir a trabajar y gente a la que no le importa porque no cree que esto es real. Hoy Dios y el planeta están hartos de esperar a que nos caiga el veinte para cambiar y ser mejores seres humanos, pero creo que ya se cansaron de esperar a que la humanidad reaccione. No lo va a hacer nunca porque seguimos cometiendo los mismos errores; no nos importa la naturaleza ni los animales ni todas las cosas hermosas que Dios nos dio, no lo valoramos y no lo merecemos, sólo espero que la humanidad reaccione antes de que no haya vuelta atrás, y que Dios nos ilumine y que los que no creen en el Covid 19 se cuiden y cuiden a los demás. 41
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    Cuidemos a lamadre Tierra con todos los animales que hay en ella y que los niños que hoy nacen sean educados para amar y cuidar la naturaleza, que crezcan con valores y principios. Sólo pido un mundo mejor para mis hijos, por favor Señor apiá- date de nosotros. 42
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    Espacio tiempo Clara González Porlo pronto la suerte de poder estar física o virtualmente con Juan el compañero de mi vida, nuestras hijas, Gisela, Frida y Jimena y nietos Santiago, Emilia, Alina y Martina, todos queridísimos. Agradecer el avance de la tecnología y contar con los maravi- llosos celulares. Poder llamar y ver a los entrañables de la familia, hermanas, primas y por supuesto amigos. Compartir esta inesperada vivencia colectiva desde un escenario para algunos de nosotros más que privilegiado. Ese es nuestro caso. Aproximadamente hace 45 años durante la infancia y adolescen- cia de nuestros hijos, con un pequeño grupo de amigos con los que compartíamos formas de vida y experiencias en diferentes escuelas, en búsqueda de una educación basada en métodos que estimulan la creatividad, investigación, experimentación, el trabajo en equipo, el respeto a las diferencias y capacidades de los otros, nos involucramos y consolidamos una gran amistad, Con este grupo de amigos que Juan Mateos bautizó con el nom- bre de Club Quintito, al llegar a secundaria con nuestros hijos mayo- res, dejamos la escuela y creamos el colegio Icarie con un grupo de maestros entusiastas y con mi hermana amiga de toda la vida, Cristina Payán Q.P.D., con la que compartimos varios proyectos de vida en temas educativos y culturales. Uno de los principios que a mí me entusiasmó y me pareció muy importante, era cómo se integró el consejo técnico de la escuela, que de manera tripartita estaba formado por la representación de alumnos, maestros y padres de familia, donde se planteaban y discutían todo tipo de temas para la toma de decisiones. 43
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    Un día, mientrasempezaba un evento en la escuela, Alejandra Jaidar, otra querida amiga, que era la representante de los padres de fa- milia y yo, comentábamos lo entusiasmados que veíamos a los jóvenes y la escuela y, a manera de juego se nos ocurrió que podríamos iniciar un nuevo proyecto: “hacernos viejitos juntos” Lo compartimos con nuestras familias y comenzamos a fan- tasear. Lo primero era encontrar un terreno para construir nuestras casas y las instalaciones para disfrutar con los hijos y los nietos, viendo al futuro, para apoyarnos cuando estuviéramos pensionados, poder compartir gastos si requeríamos enfermeros, fisioterapias y esas reali- dades al envejecer. Fue un año complicado para muchos por un recorte que hizo el gobierno, recuerdo que se bautizó como sida (sin ingresos desde agos- to) y cuatro de los integrantes del Club Quintito perdimos el trabajo el mismo día. En septiembre de 1985 fue el temblor que nos marcó a todos. Para el mes de diciembre nos asociamos con los Aceves y los Peña y entre las tres familias pusimos un pequeño restaurante en el centro de Tlalpan, su nombre: “La Quimera”, nombre que nunca se pudo utilizar, entonces se le puso el nombre original que habíamos pensado “Boca del Río”. Unos meses después, algunos consiguieron trabajo, los Aceves en Roma y Maru y yo seguimos juntas un año, al siguiente nos queda- mos solos Juan y yo. Desafortunadamente Alejandra enfermó y muy joven nos dejó. Pedro, su hermano menor, se unió al club y creo que fue en 1986 cuando encontró Oacalco, un pequeño pueblo en More- los, tranquilo y con una extraordinaria vista. El proyecto de hacernos viejitos juntos seguía adelante, noso- tros teníamos dificultades económicas y los amigos solidarios insistie- ron en prestarnos para que pudiéramos comprar el terreno donde, re- unidas las cinco familias, Los Quintos, “nos haríamos viejitos juntos” 44
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    En Oacalco hemoscompartido cualquier cantidad de situacio- nes y celebrado cumpleaños, bodas, nacimientos de los nietos... Maru y Pedro al igual que Alejandra enfermaron y fallecieron. Pues es en Oacalco donde estamos hace casi cuatro meses, in- tentando como muchos habitantes del planeta, percibir, imaginar y aprehender esta nueva forma de vivir la vida y la muerte de miles de personas por el Coronavirus, sólo conocemos las cifras y no sabemos sus nombres y lugares donde han fallecido con grandes diferencias y desigualdades. 45
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    Algunas vivencias durantela cuarentena Claudia Jacal Murillo Al principio no lo podía creer, pero al cerrar oficinas privadas y de gobierno, pues como que lo tuve que asimilar. He tomado todas las medidas necesarias para protegerme y proteger a mis papás, se oían comentarios de que a un amigo de un amigo de un conocido le dio el virus, mes y medio después ya era a un conocido el que se enfermó de Covid 19, ahora ya mencionan a mi colonia como de las que tie- nen más contagios, esto me genera miedo, incertidumbre, enojo, son muchas emociones y sólo me consuela el tener lo necesario y poder aguantar. A mí me toca salir a la calle a conseguir lo necesario para la comida, antes de salir, la verdad, me pongo muy nerviosa y ansiosa, al llegar al super espero que no se me acerquen y no me acerco tampoco, sin embargo en una ocasión, un señor se puso muy agresivo porque decía que me le acerqué demasiado (ni aunque hubiera estado guapo jajaja), la verdad me sorprendió, yo que estoy procurando cumplir con todas las indicaciones y sale este hombre con sus comentarios absur- dos de que me le estaba acercando mucho, le dije que no, que yo estaba a más de metro y medio y siguió diciendo enojado que yo no respetaba y bla bla bla y le dije: señor, ¿sabe cuánto mide más o menos mi brazo más lo largo del carrito? Se enojó más y nunca aceptó su error y se fue diciendo miles de barbaridades que fue mejor no escuchar. En otra ocasión, en otra tienda, yo estaba formada y parada en mi “X”, me moví un poquito porque una persona iba a pasar y me alejé de ella lo más posible, en eso la que estaba formada tras de mí se puso en mi crucecita y yo dije: ¿en serio?, señora no está guardando la 47
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    distancia y mequitó mi lugar y contestó muy enojada: noooo tú estás mal, no señora y volvió a decirme nooo tú estás mal, ya no le dije nada, porque como al otro, no la iba a sacar de su error y, para qué discutir, de todas formas salí molesta por cómo la gente se comporta. En otra ocasión, en el banco me senté en un sillón a esperar que me atendieran con mi ticket y una señora se sentó al lado mío, cuando por indicaciones debió hacerlo en el sillón de atrás, me puse algo nerviosa y me volteé, me saludó, le contesté y se enojó porque no volteé a verla y me dijo: ¿qué les pasa a todos, andan muy asustados, qué crees que te voy a contagiar, por qué no me contestas el saludo? Le dije, sí señora hay mucho susto y sí le contesté el saludo, no tengo por qué voltear, no la vaya a contagiar además debió sentarse atrás como se indica, ella se molestó y me dijo: mi esposo es doctor y me dice que no hay que exagerar, no por ello hay que ser maleducado porque yo soy muy sociable y me gusta platicar y la gente exagera y es grosera, le dije: señora hay que comprender la situación, no es algo que se haya vivido antes, qué bueno, me da gusto que su esposo sea doctor para que la atienda, ya que es peligroso estar hablando con todo mundo, no la vayan a contagiar y, yo no soy tan sociable, así que sólo salgo lo in- dispensable y sí le contesté el saludo, que tenga un buen día y cuídese mucho, en eso la llamaron a ella para atenderla. Así que tanto socia- bles como antisociales la situación altera a todos de una u otra forma. 48
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    ¿Cómo he vividoel COVID 19? Concepción Azuara Fuerte pregunta pero mucho que decir. A mí, el 20 me cayó el lunes 16 de marzo de 2020, pues mi hijo Pierre estaba en Londres estudiando su maestría y mi esposo esta- ba viendo con su agente de viajes si nos podíamos traer a Pierre de regreso, ya que en Londres se estaban poniendo las cosas difíciles y su universidad cerró. Había la posibilidad de que viajara a México el miércoles 18 de marzo y estábamos en pláticas con él de qué era lo más conveniente. En eso, el lunes 16 nos llamó el agente de viajes dicién- donos que el vuelo del día 18 se había cancelado pero que había un vuelo para ese mismo lunes y que Pierre debía estar en el aeropuerto en las siguientes dos horas, mi esposo llamó a nuestro hijo y sabia- mente tomaron la decisión de que regresara. Ese mismo día 16 era el cumpleaños de nuestra hija Paulina que vive en Kalimori, una residencia para personas con discapacidad inte- lectual que se encuentra en Malinalco, ella tiene rasgos autistas y ese día venía a la ciudad de México, nos visita cada 15 días de domingo a martes y regresa a Kalimori. Ante la situación de que Pierre regresaba de Londres, hablamos a la terapeuta de Kalimori pidiéndole que no enviara a Paulina a la Ciudad de México pues existía el riesgo de que Pierre estuviese conta- giado del Covid 19 y no podíamos tenerlos juntos. Esa tarde me puse muy mal, lloré mucho temiendo el trayecto de Pierre desde Londres hasta llegar a mi casa, las posibilidades de contagiarse en el camino y al mismo tiempo la tristeza de no poder ver a Paulina. Hasta hoy no la hemos podido ver, pues por medidas de seguridad Kalimori no deja 49
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    que vayamos avisitarla ni puede venir, lo agradezco porque la cuidan y está en un lugar bellísimo en el campo. Esa tarde decidí dormirme, desconectarme, no pensar. En la noche entré a mi primer zoom de muchos, como todos sabemos es lo de hoy. Decidí entrar al zoom para pensar en otra cosa, vi a mi maestra y amigas del yoga y observé la clase, me dio paz y pensé: me late. Por la noche llegó Pierre de Londres y estuvo una catorcena en su cuarto, mis respetos por la manera de aceptar estar así. Yo me cuido mucho por mi familia pero sobre todo por mi mamá que tiene 92 años y es de alto riesgo, la amo y no quiero dejar de verla, es al único lugar que salgo. Después de ese lunes decidí que tenía que aceptar quedarme en casa y empecé a organizar mi vida de manera de hacerla más fácil y placentera, me metí de lleno a clases de yoga todos los días con mis maestras de toda la vida, por zoom e instagram, retomé mis clases de inglés, me organicé con mi equipo de trabajo de mi inmobiliaria y estamos diario en línea estando en contacto apoyádonos unos a otros. Con mi esposo e hijo organizamos ver películas, hacer manua- lidades, cocinar, escucharnos, apoyarnos, cuando uno cae el otro lo levanta. Me siento afortunada de poder vivir la cuarentena en una bella casa con espacios para cada uno de nosotros y que hemos tenido el apoyo, ayuda y amistad de Sandy y Reina que trabajan con nosotros en casa y eso me ha permitido trabajar, hacer yoga y estar menos es- tresada. El Covid cambió al mundo, cambió la manera de ver la vida y entender que puede pasar mucho tiempo para que vuelva a ver a mi hija Regina, mi adorada nieta Leonora y mi yerno Lowry, pero lo que más agradezco es que estemos con vida y deseo que las personas que están sufriendo encuentren consuelo. 50
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    ¿Cómo me afectóel Coronavirus? Dina Dantus Me dio mucha tristeza, no el estar en cuarentena, sino el no po- der ver a la familia y a las amistades como antes. Me entristeció también ver a México tan hermoso, alegre y vi- vaz, ahora solitario y apagado. Tanta gente que no puede recibir ayuda médica por causa de un gobierno nefasto que, aún sabiendo lo que se venía, no se preparó para ayudar durante esta pandemia. Todo por no haber tomado las medidas necesarias. También me entristece ver como la gente no puede llevar comi- da a su casa por falta de empleo. Dios bendiga a los médicos, enfermeras, personal de salud y a toda la gente que está haciendo todo lo posible para que los que pode- mos estar en casa estemos bien. Dios ilumine al gobierno para que salve a nuestro país. 51
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    Experiencia de estacuarentena Elena Flores Zárate Para mí esta cuarentena no se me ha dificultado tanto, pues yo soy de estar más tiempo en casa y me gusta convivir con mis hijos. En casa vivimos tres generaciones, mis padres que cuentan con 85 años y les ha sido difícil adaptarse al encierro, pues todavía son personas muy activas y no están quietas y me ha costado hacer que acaten las reglas, aun así, los he visto muy preocupados porque nos hemos dado cuenta que han muerto varias personas conocidas. Llevamos a cabo medidas de limpieza en lo posible. Están preo- cupados por los empleos de sus hijos, aunque les decimos que gracias a Dios todos conservan su trabajo. También están preocupados por la gente que ha perdido su empleo y por la situación que se viene. Aquí en casa hemos ayudado en lo posible a los que lo necesitan, incluso a mi sobrino le preocupó tanto la situación de varias personas, que de- cidió juntar despensas y repartirlas a los más necesitados. A mis hermanos, que los absorbe el trabajo todo el día, les ha costado adaptarse a estar en casa, pero les ha servido para convivir más con sus hijos y se van a hacer ciclismo en la montaña con todas las medidas de seguridad y han hecho ejercicio en familia. Los hijos se adaptan más al encierro porque ellos prácticamente nacieron con la tecnología y saben mejor que sus papás llevar un curso por internet. Pero aun así todos estamos preocupados por los empleos, pues estamos viviendo una situación muy difícil y muchas empresas están quebrando. Queremos saber cómo se va a resolver esta pandemia y desea- mos que nadie de nuestra familia pase por un mal momento o por un contagio como otras familias lo están viviendo. 53
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    Todo esto nosdejará un aprendizaje, cada quien lo verá de di- ferente manera y cada quien tiene su opinión del por qué de esta si- tuación. Además, muchos hemos perdido la confianza y credibilidad en el gobierno. Por el momento, aquí en casa hemos tratado de ser productivos por muy pequeño que sea nuestro esfuerzo y oramos por toda la humanidad. Mis padres se han dado cuenta que nos dieron una gran enseñanza para poder superar este tipo de contratiempos. 54
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    Pandemia 2020 Esther OrtegaRuiz Soy Esther Ortega Ruiz, tengo 96 años y a estas alturas de mi vida he presenciado muchos eventos que pueden haberse considera- do como pandemias. Cuando empecé a tener consciencia recuerdo la Expropiación Petrolera, situación que unió a los mexicanos ante una adversidad extranjera que veía amenazados sus intereses, también la llegada de españoles que solicitaron asilo a México motivada por la guerra civil en su país, más tarde a mediados de los años 40, la inesta- bilidad política y atrocidades que provocaba el hermano del presidente Ávila Camacho. Después, la llegada de un civil a la presidencia: Mi- guel Alemán, con muchas promesas y el pueblo con mucha esperanza de que algo bueno sucediera, pero fuimos prosperando a costa de germinar y enquistar una corrupción de enorme daño y magnitud que, hasta la fecha, nos sigue lacerando en todos los aspectos socio cultu- rales y económicos del país. Para los años 60 y 70, observé el actuar de presidentes que agre- dieron a sus ciudadanos, llegando a usar al ejército para masacrarlos. Posteriormente, hasta la fecha, grandes despojos, robo y corrupción, de la clase política que dice amar a México y se dedica a saquear al país y a desestabilizar el posible desarrollo que se debería haber llevado a cabo bajo gobiernos honestos. Me ha tocado saber de casos de poliomielitis, viruela, saram- pión, rabia, tuberculosis, sida, influenza y ahora el Covid 19. Esta bre- ve introducción sólo sirve como antecedente pero no sólo ha ocurrido en México, quizá aquí sí en mayor magnitud, sino también en todo el mundo, en donde lo que ha prevalecido es el Gran Egoísmo humano 55
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    generando guerras económicasy ahora las biológicas. Considero que este bicho ha sido creado con fines de desestabilización económica, no importando la cantidad de muertos, aún en el propio país que pudo haber generado este virus. A mi parecer, la pandemia es el hombre, sobre todo aquellos que dirigen a los países, ya que su ambición desmedida, el racismo, la xenofobia, las amenazas y su “supuesta superioridad racial” hacen que el mundo penda de un hilo, ejemplo Donald Trump. Se mandan misiones al espacio donde se dejan muestras de quiénes habitan el planeta Tierra, dejando mensajes de Paz Universal, mientras que aquí se han saqueado países y continentes, dejados en la miseria y abandonados a su suerte, viéndolos con repugnancia y cerrando las fronteras, convirtiendo los actos bélicos en dobles inten- ciones de crueldad y de maldad. Me da enorme tristeza la cantidad de inocentes que han muerto y otros tantos cuya suerte no será nada agradable. 56
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    57 Tocar fondo enla cuarentena es lo mejor que me ha pasado Frida Palos Gudiño Mi 2020 comenzó como el de muchas personas, lleno de metas y propósitos. Empecé a ir más seguido al gimnasio, con el mismo mantra (bastante tóxico si me lo preguntan) de todos los años, “éste año iré al gimnasio diario, solo comeré ensaladas y tendré mi cuerpo soñado para junio”. Como es de esperarse, esto duró solo un mes, antes de ceder y comer todo lo que me había prohibido. Pero todo iba muy bien, salía con mis amigas cada fin de semana, me habían dado el papel principal en una obra de teatro que íbamos a montar, estaba saliendo con alguien de mi universidad. Todo era perfecto, tal vez demasiado perfecto. Si esos tres meses hubieran sido un fast-forward en una película, la canción Easy de Commodores hubiera sonado en el fondo como banda sonora. Como pueden imaginarse la escena de comedia romántica no me duró y me pasó lo que le pasó a todo el mundo. De un día para otro tuve que empacar todas mis pertenencias en cajas y despedirme de mi libertad, amigas, papel principal en la obra de teatro y de todo lo bueno que me estaba pasando. Regresé a casa de mi mamá, en donde todos los días tenía que averiguar como meterme a mis clases en línea, veía las noticias con la esperanza de regresar a mi comedia romántica lo antes posible, solo para decepcionarme y asustarme por lo que salía en la televisión. Comenzaron las vacaciones de verano y el no tener contacto con más personas comenzó a afectarme. No podía escapar de la realidad, ya había leído mi libro favorito dos veces y visto todas las series y pe- lículas buenas en Netflix, no quería entrar a las redes sociales que sólo
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    me recordaban queno podía estar con las personas a las que quiero y hacer rutinas de ejercicio como todos los demás simplemente no me apetecía. Decidí encerrarme en mi cuarto por días sin salir, mas que para ir al baño y a veces para asaltar el refrigerador y volver a escon- derme en mi cuarto. Dormía todo el día y lloraba toda la noche. Las veces que estaba despierta por el día, todo me irritaba y las peleas con mi mamá eran interminables. Así pasaron semanas, días y me da vergüenza pero casi meses, hasta que decidí buscar ayuda. Encontré una psicóloga que me ha es- tado dando terapia por medio de video llamadas y aunque ha sido un proceso largo y pesado, poco a poco me fui sintiendo mejor. Me die- ron ganas de empezar hobbies nuevos, como hornear pan de plátano, intentar aprender a pintar con óleo, hacer yoga ,entre otras cosas. Poco a poco volví a recuperar una rutina de sueño sana, me atreví a decirle a mis amigas por lo que estaba pasando y no sólo eso, ahora también estoy trabajando en cosas de mi pasado que no sabía que me afecta- ban, estoy aprendiendo a tener una buena relación conmigo misma e incluso disfruto el tiempo en cuarentena. No puedo decir que todo es perfecto y estoy feliz las veinticua- tro horas del día, todavía hay días en los que no quiero salir de mi cama y otros en los que termino llamándole a alguna amiga a las tres de la mañana, pero todo esto me ha ayudado más que cualquier expe- riencia en mi vida y me ha hecho apreciar más a las amigas que tengo. 58
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    Aprendizajes de pandemia GuadalupeMoguel Pasquel En enero de 2020, cuando apareció el Covid 19 en China, en México muchos lo veíamos muy lejano. En aquel momento no ima- ginábamos que este virus causaría un gran revuelo en unos cuantos días atrapando a nuestros cuerpos, sacudiendo nuestras mentes y en muchos casos robando también nuestros espíritus. Se nos había olvi- dado que ya hoy existen vuelos de diecisiete horas y media sin escalas, que conquistan los cielos y atraviesan los mares y océanos cruzando desafiantes hasta diez husos horarios, para comunicar al mundo en menos de lo que dura un día (Auckland, Nueva Zelanda, hasta Doha, la capital de Catar, 14,529 km de distancia entre las dos ciudades). Al paso del tiempo, mientras van corriendo los meses, muchos sentimientos han perturbado a mi alma. Guardada en mi apartamento he aprendido muchas cosas, la primera: agradecer a la vida todos los días por las dichas que me ha obsequiado en mi camino por ella. Gra- cias por la salud y el bienestar de todos los míos, yo incluida, gracias por la fortuna vergonzosa que me permite despertar cada mañana sin zozobra sabiendo que estos tiempos difíciles un día van a termi- nar, mientras que yo, afortunada de mí, aguardo leyendo, escribiendo, viendo películas y comunicándome por diferentes medios con mi fa- milia y amigos. En segundo lugar, esta pandemia me ha permitido organizarme con mis tres hijas para platicar con ellas, su padre, mis nietas, mis yer- nos y mi consuegra en la distancia y disfrutar de nuestros encuentros semanales reuniendo mágicamente los miles de kilómetros que nos separan en una pantalla y reírnos compartiendo anécdotas y hasta co- 59
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    miendo todos juntos,cada uno desde su casa. De esta manera hemos festejado los cumpleaños, aniversarios especiales, el día de las madres y de los padres y en otros momentos, también he convivido con el resto de mi familia, con mis hermanos, sobrina y amigos, estrechando nuestros lazos solidarios en medio de la desventura que le tocó vivir al mundo en este desolado año. Mi tercer aprendizaje concierne a mi cuñado, con el que alimen- to a mi cuerpo y a mi alma. Hoy también gozo al degustar mis guisos, los que preparo sólo para mí, aquellos que antes de la pandemia amaba cocinar para los otros. Saboreo con el mismo placer mis platillos, así como mis libros y mis momentos frente a mi computador que me per- mite aprender, viajar, crear, inventar y entretejer historias... La reflexión me ha acompañado todo este tiempo, a veces de manera interna, en ocasiones, compartiendo con amigos. Me pregun- to qué le sucede al ser humano para maltratar con tanto empeño a su planeta y me respondo que el egoísmo ha alimentado ciegamente su egolatría, destruyendo a su paso sin piedad a seres vivos, aniquilando por igual a otros humanos, arrollando la vegetación y exterminando a los animales. Empeñándose sin sosiego en alterar el equilibrio del medio ambiente. Vivimos tiempos difíciles, nos espera otros, tal vez peores, es primordial que aprendamos de las experiencias y que guardemos en nuestra memoria a largo plazo los propósitos y promesas que nos he- mos hecho durante estos prolongados meses de contingencia, recor- demos que cuando Noé comenzó a construir su arca aún no estaba lloviendo. Quiero tener fe, quiero creer y guardar la esperanza de que este feroz virus que ha destruido implacable a centenares de miles de vi- das, que ha llevado a la ruina física y mental a millones de personas a lo largo del mundo, va a dejar tatuada en nuestros corazones la ense- ñanza que nos permitirá convertirnos en mejores personas: 60
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    Como dice MarioBenedetti: “Cuando la tormenta pase y se amasen los caminos y seamos sobrevivientes de un naufragio colectivo... Cuando la tormenta pase te pido Dios apenado que nos devuelvas mejores, como nos habías soñado” Así observo el transcurso de los días en compañía de mis dos gatas, mientras me deshago de viejas ataduras y de bultos inservibles que me impiden viajar libre y ligera y espero el momento en que por fin podré estrechar otra vez entre mis brazos a todos los míos y de- cirles muy de cerca cuánto los amo. Soy jubilada, maestra jubilada de la UNAM. 61
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    Mi hermano Albertoen cuarentena Irma López de la Rosa Hola buenos días, el 12 de marzo recibí una llamada angustiosa, era Pancho, me dijo que mi hermano Alberto estaba muy mal. Fui de inmediato, estaba en un puesto de tamales, Eve, la secretaria de mi cuñado, estaba con él, sudaba mucho y llamamos una ambulancia, nos llevaron a una clínica, donde permaneció hasta el sábado 14, lo que le sucedió fue que la presión le subió mucho y se le paralizó el lado izquierdo del cuerpo, en esa clínica nada le hicieron. El lunes el Dr. Bonilla nos dijo que lo lleváramos al sanatorio Balbuena y ahí le hicieron unos exámenes, mismos que salieron bien. Su rehabilitación era muy importante, el Dr. Bonilla nos recomen- dó una terapista, pero nunca pudimos contactar con ella, mi amigo Efraín nos recomendó otra terapista y nos ha dado muy buen resulta- do, mi hermano empezó a caminar con la andadera hace dos meses y empieza a ir al baño a bañarse con la ayuda de Efraín. Yo tengo muy mal el dedo gordo de la mano derecha, me duele mucho y el dolor aumentaba al lavar los trastes del desayuno, comida y cena, pero ahora Alberto me ayuda con eso, además ya se baña solo y se rasura. Han pasado tres meses sin salir de casa por el Coronavirus, para distraerme empecé a hacer gelatinas y pasteles y me salen ricos. Hoy se cumplen cuatro meses de que se enfermó, ya va mejor, el otro día dijo que sacaría a pasear a Golem, mi perro, yo no lo detuve, después de una hora regresaron, di gracias a Dios por traerlo con bien, hoy salió a la carnicería y después se fue hasta Plutarco y Municipio Libre a comprar corazones e hígados de pollo pero no hubo, luego fue a comprar una papaya. 63
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    Ya llevamos dosmeses rezando el rosario dos veces al día, a las once de la mañana y a las seis de la tarde y los domingos vemos la misa de la Basílica de Guadalupe a las doce del día. Doy gracias a Dios porque mi hermano se está recuperando. 64
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    Mi vida durantela pandemia Isabel Cicero Ortiz Soy una mujer de 65 años, jubilada hace cuatro años, que dis- fruté mis treinta y cinco años de vida laboral en la Secretaría de Edu- cación Pública en el área de Educación Especial y siempre pensé que cuando me jubilara, sería para dedicar más tiempo a la familia y mi casa. Así lo he hecho. Al igual que la mayoría, nunca imaginé que viviríamos una pan- demia de esta magnitud, que nos obligaría a cambiar tanto nuestro comportamiento y actividades. La gravedad y los riesgos que enfren- tamos cada día son increíbles, al principio el peligro lo veíamos un poco más lejano, pero poco a poco hemos visto el peligro más cerca de nosotros, al empezar a identificar a los contagiados entre amigos y familiares. Eso va pesando en el ánimo, sobre todo, al ver que los meses van pasando y la esperanza que teníamos en un principio, de que sería de dos o tres meses, se va transformando en seis, doce o dieciocho meses. En estas circunstancias la vida y la salud de la familia es lo pri- mordial. Mi esposo y yo al igual que mi hija y su familia, en virtud de que vivimos en un mismo terreno de unos setenta metros de largo, decidimos ser compañeros de pandemia y también recibimos una vez por semana, por lo general, a nuestros otros dos hijos, buscando tam- bién un equilibrio entre la salud física y emocional. Hemos tenido que limitar el apoyo que teníamos de personal de limpieza de las casas y diversas reparaciones. Eso ha tenido conse- cuencias positivas y negativas. Positivas, como involucrar a los niños en todas esas actividades y que yo disfruto mucho hacer las cosas per- 65
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    sonalmente y eltrabajo en el jardín y en mi pequeño huerto. Negativas como un accidente que provocó quemaduras a mi esposo, que pueden haber sido de tercer grado y que él decidió curarse en casa con asesoría médica telefónica, yo dudé en varias ocasiones, pero él se mantuvo fir- me y al cabo de unas cinco o seis semanas logró curarse por completo. Yo después de años de no tener catarro y haberme desapareci- do los síntomas de las alergias que padecí por muchos años, el abuso de la actividad física y el exceso de humedad que hemos tenido, me llevó a recaer en un cuadro de alergia que me trajo preocupada en un principio, pues su manifestación ha sido inflamación en el pecho y tos seca. El doctor me ha asegurado que es alergia, así que ahora tengo que medir mis actividades. En estos días he valorado mucho el tener algunos frutales y hortalizas en casa, coseché papayas, guayabas, mameyes y una gua- nábana, me ocupé de distribuir toda la fruta sobrante entre amigos y familiares. He dedicado tiempo a sembrar nuevas plantas y mejorar los cuidados de las que tengo, también he mejorado el manejo de la composta, optimizando el empleo del desecho vegetal de la cocina y los árboles, para eso he estado consultando información en línea. En general, aunque mi actividad física es mayor por tener que ocuparme mayormente de la casa y del jardín, nuestra vida es más relajada, ya no hay que llevar o recoger a los niños a la escuela y activi- dades extraescolares, en las cuales yo tenía participación. Al principio acostumbrábamos reunirnos a las seis de la tarde alrededor de la pis- cina a conocer los avances de la pandemia y convivir entre nosotros, pero hemos dejado de hacerlo porque cada vez las noticias fueron siendo más alarmantes y buscamos otros momentos para convivir, como a la hora de la comida. Todos estamos conscientes de las afectaciones emocionales que podemos sufrir por lo que estamos viviendo, lo hemos externado y hemos procurado ser tolerantes con el que tiene alguna manifestación. Tuve que aceptar la inclusión de un nuevo miembro en la familia, la 66
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    mascota con laque mis nietos soñaron por mucho tiempo. Para mí no ha sido agradable, pero tuve que contener mis manifestaciones de desagrado por el bien de los demás, para mi hija y su familia la llegada de Yoyo a la casa ha traído más beneficios que inconvenientes. Él y yo ya somos amigos respetuosos. He tratado de estar más pendiente de los niños, así cuando tuvieron clases en línea apoyé cuando se necesitó y he procurado contribuir proponiendo o realizando actividades con ellos para mantenerlos divertidos u ocupados, les varío la rutina invi- tándolos a veces a desayunar o cenar o hacerles sus postres o comidas favoritas. Para mí ha sido prioritario conversar entre nosotros para darnos ánimo y apoyarnos. La familia extensa y los amigos han sido también compañeros invaluables y la tecnología nos ha permitido tener un contacto fre- cuente con ellos. Nuestro grupo familiar de pandemia ha sido una fortaleza, in- cluyendo a mis dos hijos, que por lo general comparten unas horas cada semana. Hemos platicado más que nunca y nos hemos apoyado unos a otros, me da mucho gusto que mis nietos suelan buscarme o a su abuelo para platicar de pasatiempos o plantearnos alguna preocu- pación. Agradezco a la vida por mi familia y los amigos que tengo, quie- ro mucho a mi estado y mi país, pero quisiera sentirme orgullosa de él por tener gobernantes ordenados, generosos, sabios y humanos que procuren el bienestar de todos. Mérida, Yucatán Julio 20 de 2020 67
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    Tiempo de capullo JimenaMateos González Querido diario, hoy es el tache número 85 que marco en el ca- lendario desde que nos mandaron a casa el 16 de marzo a causa de la epidemia del Coronavirus. Esta mañana mi hija y yo dimos juntas una clase de cómo preparar guacamole al resto de su clase de 3er gra- do de primaria. Sacamos el molcajete que heredamos de la abuela de mi esposo, un molcajete donde se preparan salsas desde la década de 1940. El artefacto nacido en San Juan Ixcayopan hace 80 años viajó en barco hasta Los Gatos, California y ha sido bien honrado en altares y manjares. Los días son largos, pero muy ordenados, muy parecidos uno al otro, hemos creado nuevos rituales familiares y nuestra gatita de un año no podría estar más feliz teniéndonos a todos en casa y haciéndole mimos cada vez que no nos deja bajar las escaleras. Las ruedas de las bicicletas están cansadas de tanto girar, lleva- ban cinco años paraditas y empolvándose en el garage, en los últimos días salen a trabajar casi todas las tardes, en velocidad crucero, alrede- dor del barrio y cada que podemos nos vamos en bici al lago. Esta semana recibiré mi última quincena. La empresa para la que trabajaba está por declararse en quiebra, tenía un preescolar que ha cerrado sus puertas porque los padres ya no quieren pagar colegia- turas a maestras virtuales que, aunque entregan su corazón a la sesión de Zoom, no logran conectar psicológicamente del todo con los niños y los padres terminan por tener que encargarse de sus hijos, cosa que para algunos es imposible por distintas razones. 69
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    El casero delpreescolar y las oficinas donde yo trabajaba, es un pastor quien no accedió a condonar el alquiler y puso los pizarrones y mesitas de patitas en la calle. Así son las cosas. No hay mal que por bien no venga, durante este tiempo me he acordado lo mucho que me gusta ayudar y comunicar... ahora retomé mi camino y mi negocio, ahora vendo Viajes Virtuales. Querido diario... ya regresé al teclado, hoy es el día 109 desde que nos mandaron a casa. Ya fui y vine, literal, ya volví a hacer las compras en el súper, ya fuimos a la playa y hasta nos quedamos a dormir en un hotel y comimos sentados en un restaurante. Siento que olemos a desinfectante de tanto que nos hemos puesto, nos estamos volviendo locos. Dicen que cambiar de aires es muy sano, quiero mucho a mi familia, pero...hay días que no quiero lavar ni una sola calabacita más. Esa escapadita al mar fue un gran alivio, correr descalza en la playa, sentir el viento en la cara, subir las dunas a contemplar el océano y mirar el horizonte sin pensar en nada, hasta que una gaviota se acercó a querernos robar el lunch improvisado y devorarlo sin miedo al con- tagio. Recordé lo sencillo que puede ser el mundo, lo básico que es el humano, lo poco que necesitamos para vivir. Hoy es 4 de julio y para evitar contagios de Covid 19, desde la mañana cerraron el acceso a las playas de nuestro condado, porque por tradición la gente se aglomera junto al mar a celebrar con cohetes y música el Día de la Independencia. Al parecer es México quien no quiere que cruce nadie de norte a sur para evitar contagios. Hay poco que celebrar, las manifestaciones de Black Lives Mat- ter nos han llenado de esperanza, pero en nuestro barrio no ha habido una sola marcha, aunque las tiendas sí tapiaron sus aparadores por miedo a los saqueos que se desataron. La pintoresca Ciudad de Los Gatos, por dos semanas parecía pueblo fantasma del oeste. Silencio o miedo. 70
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    Pero ayer quepasamos por ahí, las terrazas de los restaurantes estaban vivas, con gente sentada sin mantener muy sana distancia, los ojos se veían sonrientes, la boca no lo sé, porque muchos usaban cubrebocas. La moda del cubrebocas. Hemos visto ya distintos estilos, el mío sigue siendo el de cirujano, pero como calzones, ahora todos te- nemos que ponernos uno, no importa si tiene florecitas, puntitos o rayas, a diferencia del chonino, el cubreboca es mejor mientras más te cubra, nada de tanga, nada de encaje, debe ser como de abuelita, grueso y como paracaídas. Sin más rollo me despido porque ya llegó la hora del lunch y hay que lavar y picar las calabacitas, pero ahora con mejor humor y muy, muy animada con mi nuevo negocio virtual que me ha llevado a reco- nectar con mis pasiones y con la gente que más quiero. Somos prudentes y seguiremos sin reunirnos con casi nadie, nos lavaremos las manos ya agrietadas de tanto lavar y rociaremos todo con desinfectante. Seremos pacientes y no tomaremos un avión a México, porque si vamos es para ver y abrazar a los abuelos, pero hay que hacer cuarentena antes de verlos y hay que hacer cuarentena al regresar, si es que están las fronteras abiertas. Por cierto... ya no bajé a hacer la calabacita, mi marido va a preparar hotdogs caseros, me relajo y bienvenido sea el jitomate en catsup sin calabacitas y a relajarnos en este día de fiesta local. Happy 4th of July! 71
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    Nuestro descanso obligatorio JosefinaRomero Soy Josefina, tengo 85 años, mi esposo se llama Julián Matagne, él es contador público y tiene un despacho contable, llevamos cin- cuenta años de casados más siete de noviazgo. Nuestro descanso obligatorio por el problema del Coronavirus no ha sido mucho problema pues hemos hecho cosas que nos gustan a Julián y a mí; él se pone a trabajar en sus papeles del despacho o se pone a ver las noticias en la computadora, yo, como todos los días, me pongo a pintar después de haber desayunado y dejar preparado lo que vamos a comer. Como a las doce le llevo su café a Julián para que siga trabajando y yo sigo pintando. En estos meses creo que he pintado como diez o más cuadros porque les voy a mandar a mis sobrinas para sus hijos, uno de ellos es una jovencita que tiene una flor en la mano, otros son unas hermanas en que una de ellas pinta y la otra le sostiene un apara- to de petróleo porque pintaba de noche, se ven muy bonitas. Otro es para un niño, es un zorro que lo tiene abrazado un niño. Todo lo que pinto me gusta mucho, pero lo que más disfruto es pintar a la Vírgen de Guadalupe, estas pinturas no son grandes, miden como 30 cm por 20 cm, cuando las pinto le digo a la Vírgen de Gua- dalupe que me siga permitiendo pintarla, ya he regalado muchas, no sé cuántas, pero soy feliz de pintar. Si Dios nuestro Señor me ha dado el don de pintar y regalar las vírgenes, les digo a las personas a quienes las regalo, que le recen su Ave María. Por la tarde Julián y yo nos ponemos a leer y ya como a las siete de la noche, rezamos nuestro rosario, porque gracias a Dios somos 73
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    católicos desde niñosy, así como estamos de grandes, le rezamos al angelito de la guarda y la Dulce Madre. Han sido tres meses de estar en casa, pero para mí no ha sido pesado, pues tenemos un jardín al que regamos cada día y le ponemos agüita de granadina a los pajaritos y vienen desde temprano, uno que viene es negro, blanco y amarillo, se llama primavera, es lindo, hay otros rojos de la cabeza y la colita y otros gorriones y colibríes, todos son muy lindos, yo los tengo a la vista desde donde pinto, soy feliz. Yo creo que ya pronto se terminará nuestro encierro. Ya tengo ganas de ver a mis amigas y platicar personalmente con ellas y pre- guntarles cómo pasaron este tiempo de cuarentena y poder ir a comer a un restaurante. 74
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    Experiencia COVID 19 LauraCastro La experiencia que he tenido con esta pandemia, creo es una situación difícil de entender, pues en un momento nos cambió la vida. Se presentaron cambios que nunca imaginamos, quizás cuando empe- zó nunca creímos en la magnitud de los cambios en nuestra forma de vida. Al inicio creímos que serían días para dedicar tiempo a nuestro hogar, hacer arreglos en casa que, por siempre andar de prisa, no po- díamos hacerlos a detalle. Así pasan días y días y aún no podemos decir que esto ya está resuelto, cada día hay más preocupación. Luego fuimos agotando los pendientes de casa, las llamadas, y así pasan los días sin que haya so- lución. Extrañamos mucho a los hijos, a los nietos, a la familia, a los amigos. No poder abrazarlos y por nuestra edad tener riesgo de conta- giarnos, que tristeza y además no saber hasta cuándo será esto. También hay cambios favorables en nuestra forma de ver y ana- lizar, quizás esto nos ha hecho valorar muchas cosas, no poder estar y disfrutar de las reuniones en familia, abrazarnos y visitarnos sin restricciones, no tener la libertad que teníamos de salir. Las noches son de insomnio queriendo resolver todo esto y pensando cuándo po- dremos tener la libertad que teníamos; que tristeza ver que el mundo está lleno de contagio y de peligros, lo que nos queda es dar gracias a Dios por estar vivos y pedir que pronto pase esta pesadilla. 75
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    Mundo arrodillado Leticia Arana Pocosnos atreveríamos a predecir con exactitud, menos si fuese un panorama como el actual, tan aterrador como apocalíptico, que tiene de rodillas a todas las naciones del mundo. Tampoco, imaginar que así de insignificante, por su dimensión microscópica, se convierta en un Emperador implacable. Grandes, pequeños, potentados, miserables, ricos, pobres, sa- bios e insulsos, religiosos, ateos, arrogantes, caritativos adivinadores o videntes, famosos, brujos y calculadores, nos hemos convertido en súbditos de éste que con descaro, lleva en su nombre, la Corona. No hay fórmulas mágicas que le resistan, ni estrategias cien- tíficas capaces por ahora, de minimizar tal poderío, pues su avance despiadado traspasó fronteras sin pasaporte o visa, ensanchando el temor, pánico y desesperación, amén de los enormes efectos econó- micos, airados “rings” entre autoridades de todos los niveles, quienes gritan a modo de mercado, una división polarizante e infinita. Coronavirus te detesto, por esa enorme capacidad para someter a fuertes y débiles, imponer muros prohibir abrazos y arrebatar la vida. Tu tránsito, facilitando discriminación, rechazos, desconfianza y separación física entre hermanos o afectos filiales, por miedo al con- tagio, enmarca una inaceptable realidad. Lamentable herencia dialéctica para los pequeños, cuya inocen- cia también canta el impacto de un “bicho” que se ha enseñoreado, robando nuestra felicidad. Coronavirus, he de reconocer que llegaste para alcanzar nuestro destino. 77
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    Experiencia cuarentena Lilia MirandaColín Me llamo Lilia, tengo 55 años, me casé de 18, llevo 36 años de casada, soy Contador Público y actualmente tengo un despacho con- table. Soy madre de 3 hijos: Axel de 36, Emmanuel de 27 y Marisol de 24, los 3 son abogados, el mayor de ellos, casado. Tengo 2 hermosos nietos, Dulce María de 10 y Gael de 7. La experiencia que he tenido en estos tres meses de cuarentena, ha sido de incertidumbre, tristeza, dolor y cierta ansiedad, pero a su ve alentadora y llena de esperanza. El giro repentino que todo esto vino a dar a nuestras vidas, ha representado un parteaguas donde he tratado de anteponer mi fe por encima de cualquier momento o sentimiento adverso. Mantengo mi mente ocupada con pensamientos positivos; lo primero que hago al despertar, es agradecer a Dios por el nuevo día, preparo el desayuno, realizo trabajo de oficina en casa y, aunque tengo quien me apoye en el hogar me he involucrado más en ello, leo, plati- co con mis hijos, jugamos, reímos, hacemos video llamadas con mis nietos, llamo a mis hermanos y amigos, disfruto preparar la comida, tres días a la semana hago ejercicio, lo cual me produce bienestar físico y trato de comer sanamente. En fin, he procurado que este tiempo en familia sea productivo, alentador y de enseñanza. Gracias a Dios hasta hoy, esta ha sido la forma de afrontar este difícil momento de pande- mia que afronta la humanidad. Trato de no ver noticias, por el contrario, me concreto en orar por todos los enfermos, personal médico, enfermeras, químicos, gente que se ha quedado sin empleo etc. Clamo a Dios que se apiade de la humanidad y cuide de nuestras familias. 79
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    Cabe señalar queen noviembre de 2019, escuché en los dife- rentes noticieros acerca de este virus Covid 19 que inició en Wuhan, China, llegué a pensar que esto sería controlable, así como lo fue en su momento el de la influenza, pero a medida que el tiempo transcurría y la información fluía en todas partes (noticias, redes sociales, amigos, familiares...) fui haciendo consciencia de la incontrolable pandemia a la que se enfrentaba el mundo, bastaba prender el televisor para es- cuchar y ver imágenes desgarradoras de países europeos, tales como España e Italia y Francia donde los hospitales se encontraban a su máxima capacidad llegando el momento en que se daba prioridad de ser atendidos a las personas que tuvieran mayores posibilidades de sobrevivir. En febrero de 2020 se dan los primeros casos de Covid 19 en México provenientes de personas que llegaban del extranjero, paula- tinamente se fueron multiplicando, de ahí que el gobierno mexicano tomara medidas de protección: quedarse en casa, usar cubrebocas, gel antibacterial, lavado constante de manos y sana distancia. La prioridad del hombre es tener, hacer, ir, venir, comprar. Vivi- mos de manera desmedida. Hoy es muy triste ver cómo la juventud ha caído en los excesos sin importar las consecuencias que acarrea todo esto, el hombre se da culto a sí mismo levantando sus propios ídolos (dinero, poder, placer). La pérdida de valores y la desintegración fami- liar ha traído consigo todos estos males que tristemente han acabado con las familias. 80
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    Una cuarentena mundialque supera todo lo vivido Lucía García Morales Un sábado del mes de marzo en la sobremesa comentando so- bre un virus, bacteria, sabrá Dios que había empezado en China y se estaba expandiendo en el mundo, empezaron a sonar los celulares, mensajes alarmantes que el próximo viernes sería el último día que asistirían los alumnos a la escuela dos semanas antes de Semana San- ta, muchos maestros nos preguntábamos, ¿y qué vamos a hacer sin alumnos? Según la indicación del Secretario de Educación Pública y de forma contradictoria, dice que los docentes no estamos inmunes a esta enfermedad. Llega el lunes y la indicación es preparen clase, acti- vidades, estrategias, etc., y un grupo de WhatsApp para tener comu- nicación con sus alumnos. A partir de mañana deben traer una carta de salud donde los padres testifiquen que su hijo está sano y no tiene síntomas de tos, temperatura y respira bien. Pasa la semana y todos a su casa, no salgan. “Quédate en casa”, las noticias son alarmantes. ¿Qué vamos a realizar en un principio? cuatro semanas... bueno hay mucho que hacer. En familia, limpiar hasta el último rincón de la casa, tenemos mucho tiempo y hay que entretenernos. Pasan las horas, los días, las semanas y el primer mes de la cua- rentena. No hay regreso a la escuela, el contagio es muy grande. Al- gunos por miedo, temor y respeto a la autoridad no salimos, otros no creen y siguen con sus actividades (no precisamente de trabajo). Como todo es novedad, hay muchas cosas que tenemos que ha- cer, tenemos tiempo de sobra, manualidades, hornear, hacer comida más laboriosa y diferente a la habitual; pero el celular, la televisión y 81
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    la computadora cansan,aburren y empiezan las emociones a salir, la ansiedad, la impaciencia y que ya no tienes la paciencia para elaborar alguna actividad y no hay donde comprar los materiales, todo está cerrado. Hay cumpleaños que no podemos festejar, fechas importantes, aniversarios, día del niño, de las madres, todas esas fechas que tuvie- ron que ser festejadas en aislamiento y, no sólo esas fechas sino que hasta cosas relevantes como citas médicas, tratamientos y cosas simi- lares fueron canceladas o aplazadas y te empiezas a preguntar ¿será cierto? Las noticias y las redes sociales dicen “sí”, gracias a Dios no hay nadie cercano enfermo, pero también es bien conocido que todos tenemos un familiar, un amigo o alguien que está o trabaja en el sec- tor salud y platicando con ellos te dicen “es cierto cuídense” y es muy doloroso. Difícil ya que no hay suficientes materiales para atenderte y la lucha sigue contigo mismo, no puedo salir, tengo que estar en mi casa, pasan dos meses y hay momentos en que me rebasa la paciencia, la ansiedad y llega el llanto a mi cara ¡ya no puedo!, calma, no está en nuestras manos, hay que echarle ganas. Y así pasa el tiempo, llegan noticias de las escuelas, si el semáforo está en verde esperaremos el C.T.E. presencial, de lo contrario será virtual. Yo pido y ruego a Dios que la gente entienda y nos cuidemos para volver a la normalidad con su respectiva distancia, uso de cubre- bocas y todas aquellas medidas de prevención, para evitar que se siga propagando el Covid 19. Gracias por permitir expresar algo de lo que siento, pienso y vivo a diario. 82
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    Aplausos Lucía Zúñiga Hola soyLucía, tengo 13 años y vivo en Madrid, España. Al abrir los ojos cada mañana, esperaba con gran ilusión que fueran las ocho de la noche, ya que mientras siguiéramos encerrados en casa, cada día sería igual. Sin embargo, había una actividad que siempre esperaba con mu- chas ganas: la hora de los aplausos. Un momento en el que los vecinos teníamos la oportunidad de convivir pese a que fuese cada uno desde su ventana, ¡a veces incluso manteníamos cortas conversaciones! Tantas ganas tenía de que aquella actividad llegara que... ¡a veces era capaz de comenzarla yo! A mis padres esto no les gustaba mucho, pero no obstante yo disfrutaba viendo cómo se iban uniendo los ve- cinos poco a poco. Mis emociones y ánimo al aplaudir estaban reflejados en mis manos ya que siempre terminaban rojas. La razón por la que tanto me gustaba esta acción era porque para los ciudadanos era nuestro momento de convivir mientras para otras personas, como podrían ser los médicos, era señal de apoyo y fuerza. Poco a poco, conforme el virus iba disminuyendo, los aplau- sos de los vecinos también disminuían. Ahora ya nadie aplaude por suerte, pues eso significa que esto ya casi se acabará, o al menos eso pensamos. 83
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    Enero 1 de2020 Luisa Antonieta Mateos 2020, el 4 de febrero cumplí 80 años, algo por lo que aún estoy feliz. Era una esperanza secreta llegar a ver mi vida desde esta altura, estoy bien, muy bien, sin embargo me doy cuenta que lo que hago lo hago más despacio, el tiempo se me pasa más rápido, también noto que camino más lento. Tal vez, sólo tal vez, este sea el año en el que dejaré de dar clases de inglés a mis queridos pequeños. ¡Marzo Coronavirus! ¡Covid 19! !cuarentena! ¡quédate en casa! Desconcierto. Miedo. ¿Qué pasa? La querida escuela en la que he pasado 19 años, cerrada. Los pequeños deben quedarse en casa. ¡Clases virtuales! Todo lo que tiene que ver con esto es muy difícil. ¡Sorpresa! es algo nuevo y un reto. 28 de mayo nuestro aniversario número 60, no lo puedo creer, cumplimos 60 años de casados, me encanta sí, si estoy feliz. Junio, sigue la pandemia, quédate en casa, la nueva normalida. Cubrebocas, sana distancia, lávate las manos... Veré que sigue, los nue- vos sucesos. ¡Que interesante! ¿Qué pasará? 85
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    Bodas de oro Ma.de Lourdes Alarcón Robles Sólo relataré un acontecimiento verdaderamente importante du- rante esta pandemia. Mi esposo murió en enero de 2019. Él estaba muy entusiasmado con celebrar las bodas de oro y quería que fuése- mos organizando nuestro festejo. El once de junio, mismo día de mi cumpleaños número 77 sería nuestro aniversario. Era tan grande su deseo de festejar nuestras bodas de oro, que la víspera de esta fecha, decidí organizar una reunión en línea por zoom con mi hijo, su esposa y mis dos lindas nietas de 13 y 11 años que viven en Madrid. Me vestí de novia con el mismo vestido de la boda y aparecí en escena con los acordes de la marcha nupcial entonados por mí. En esta reunión virtual, también estaba la familia de mi querida nuera, todos, excepto mi hijo y su familia, vivimos en la ciudad de México. Fue una verdadera sorpresa para todos. Hicimos un gran brindis y al finalizar la reunión me tomé una foto junto a la de los novios de hacía 50 años. Para mí y los míos fue una fiesta inolvidable. 87
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    Confinamiento Lulú Ma. deLourdes Espinosa Serrano En el gran confinamiento que empezó para nosotros el 23 de marzo de 2020, he estado viviendo la oportunidad de estar más en contacto con mis seres queridos, tanto con los que viven conmigo como con los externos, con ellos lo hago a través de video llamadas y por teléfono fijo, al igual que con mis alumnos de la tercera edad. Tengo la oportunidad de dar clases a un grupo de adultos mayo- res y debido a esta situación les he elaborado rutinas de calentamiento, movimientos para la salud, así como las formas diez y trece que son de la disciplina china Taichi Chuan (manos libres y formas) y terminando con los cuatro elementos de energía (tierra, agua, viento y fuego), esto lo he logrado a través de la red del WhatsApp logrando que se ejerci- ten en los espacios de su casa. Me han proporcionado una gran satisfacción al ver que sí los llevan a cabo, ya que me han comentado que se han sentido muy bien física, mental y espiritualmente. Se dio la oportunidad de que una amiga me llamó y me comentó que había visto unos ejercicios en YouTube, los cuales no le satisfa- cían, porque no le daban una explicación sobre los mismos y me pidió si le podía enviar algunos de los que yo doy. Le envié algunas rutinas de calentamiento con su debida ex- plicación y me comentó que algunos eran como los que hacía ella en yoga, le comenté que efectivamente son disciplinas que van muy uni- das, primero fue el Taichi (movimientos suaves), en ambos hay esti- ramientos, en Taichi trabajamos en silla por ser adultos mayores pero su función es dar el bienestar al Ser (mente, cuerpo y espíritu) esto me dio la oportunidad de elaborar el procedimiento escrito de las rutinas 89
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    de calentamiento paraobservar el trabajo de los doce meridianos más importantes de nuestro Ser. Retomando mi entorno familiar, hemos tenido la oportunidad de bordar servilletas en compañía de mi mamá,, he terminado una bolsa que empecé a tejer con gancho ingeniándomela con material de reciclaje, la empecé en febrero por ratos y la terminé a fines de marzo. En el mes de abril retomé el ejercicio de Taichi, por la mañana en el tiempo que despierto a mi mamá a las seis, para darle un medi- camento, tengo la oportunidad de efectuarlo y ella, si se levanta, me acompaña a hacerlo. Ejecutamos los calentamientos, el ejercicio de la salud y los cuatro elementos durante veinte minutos, transcurrido ese tiempo, la llevo a su cama para que siga durmiendo y yo continúo con mis rutinas de Taichi aproximadamente una hora, después hago meditación por quince minutos y empiezo mis labores de casa, las de siempre, preparo el desayuno de mi mamá y el mío y en compañía de mi hermana nos organizamos para la elaboración de la comida y, mientras llega la hora de comer, leo a ratos, cambio rutinas, me pongo a coser o a tejer la orilla de las servilletas que se han bordado, hago una limpieza extra de documentos, desecharlos, o veo mi celular y contesto mensajes. Comemos como a las cuatro ya que nuestros horarios han cam- biado y se han recorrido. Somos siete personas (mi mamá de noventa años, cuatro hermanas, una sobrina y mi cuñado). Después de comer platicamos, mi sobrina tiene clases en línea, mi cuñado es catedrático e imparte sus clases también por línea y además estudia italiano. Algunos elaboramos panqué por la tarde mi sobrina, mi her- mana y yo, así pasamos un rato ocupadas, en otras ocasiones usando ingredientes que he conservado, como hojas de maíz para hacer ta- males. Mi cuñado es quien sale a comprar, él nunca iba ni a comprar las tortillas, ni a nada, ahora él y mi hermana salen al supermercado cuando se requiere. 90
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    En el transcursodel día nos estamos comunicando por el What- sApp o por video llamada con los hermanos, generalmente por las mañanas, yo les envío saludos a mi grupo de adultos mayores, al gru- po de oración donde pedimos por las necesidades de la gente y por la humanidad entera. Terminando de comer, procedemos a la limpieza de la cocina y después a descansar, unos toman una siesta, otros continúan con sus clases en línea y otros ven una película o una serie; como a las ocho mi mamá, mis hermanas y yo rezamos el Santo Rosario. Procedemos a cenar y como a las diez nos retiramos a descan- sar, llevo a mi mamá a su recámara, la arropo y rezamos al Ángel de la Guarda y otras oraciones y me despido de ella y me voy a dormir o a seguir escribiendo el procedimiento de la forma de la salud y algunas veces veo las noticias en resumen. En abril hay varios eventos como cumpleaños de dos amigas que son hermanas, una es del día 6 y la otra del día 12, les envié fe- licitación y una oración por su salud, una de ellas viaja mucho, pero gracias a Dios, le permitió estar aquí en México y convivir con su her- mano, ya que ella vive sola, luego la llamé por teléfono para saludarla y platicamos un rato, me comenta que luego nadie le habla. Durante la Semana Santa (del 8 al 10) vivimos las transmisiones guiadas por el Santo Padre desde Roma a través de YouTube. Así llegamos al Día del Niño el 30, enviamos saludos y felici- taciones por video llamadas a los sobrinos, a mi mamá la festejé con música de sus tiempos de niña, como Doña Blanca, Tengo una muñe- ca vestida de azul, etc., ella bailó y cantó, disfrutó mucho y les envié el video a mis hermanos para que también disfrutaran a mi mamá con esos recuerdos. Algunas veces nos ponemos a bailar, a mi mamá le encanta bai- lar y cantar canciones como La Panchita, Solamente una vez, Tres cosas hay en la vida, el vals Alejandra, Hoja seca, Cachito Cachito y muchas más. 91
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    También los nietosy bisnietos celebraron el día del niño y con su ingenio elaboraron unos cartelones y los compartieron con sus compañeros de escuela haciendo fiesta en su casa, otros con sus mas- cotas. Todos estuvimos felices. Llegó mayo, Dios nos ha permitido llegar con bien, es un mes con muchos eventos, empezando con el 4 de mayo, santo de mi papá, todos los hermanos hicimos una oración para que Dios lo tenga en su gloria. El día 8 festejamos el cumpleaños de mi cuñado con un panqué y atole de chocolate elaborados en casa por mi hermana y mi sobrina. Yo le regalé una funda para almohadón. El Día de las Madres, les envié las mañanitas cantadas por Ja- vier Solís, a todas las mamás conocidas, hermanas, cuñadas, alumnas, amigas, primas y elevando una oración por todas ellas, vivas y finadas. A mi mamá le gustan mucho las flores, tenemos una buganvilia, así como malvones y diario les quita las hojas secas, y corta algunas flores para la Virgen María que tenemos en casa. Pues qué creen, ese día cortamos algunas flores y se las pusimos a la Virgen y otras se las dimos a mi mamá, nos retratamos y compar- timos la foto por WhatsApp con mis hermanos y amistades, hicimos un panqué y atole de chocolate y comimos pambazos, mi hermana Rosy le regaló rompope que le encanta. Yo por primera vez salí al banco para que me asesoraran cómo hacer transferencias y hacer los pagos que se requieren. Aproveché para ir al supermercado y cuando regresé limpié mis zapatos, me lavé las manos y luego me bañé. El día 23 fue cumpleaños de mi tío Antonio, hermano de mi mamá, cumplió 93 años, lo felicitamos, mi mamá le cantó las mañani- tas, le pusimos música de Glen Miller que le gustaba bailar, así como Jarito Pardo, Cha Cha Chá y mis primos también lo felicitaron. Seguimos la misma rutina de casa, viendo alguna serie de Net- flix ya que también es necesaria la diversión, seguir rezando el Santo Rosario por todas las necesidades de la humanidad y los ángeles que 92
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    cuidan a losenfermos, todo el equipo médico y todas las personas que laboran en los hospitales. El 24 fue cumpleaños de otra amiga con quien hemos com- partido momentos bellos, la felicitamos con las mañanitas de Plácido Domingo cantándole mi mamá, Rosy mi hermana y yo y dedicamos una oración para ella y su familia deseándole lo mejor. Así Dios nos permitió llegar a junio, un mes muy movido, em- pezando por el cumpleaños de mi hermana María de la Luz el día primero, ella es la quinta de nueve hermanos, tiene dos hijos, su hija trabaja en línea y mi sobrino está terminando su carrera en línea, estu- dia Interpretación de Guitarra Eléctrica, está a punto de graduarse, es una gran satisfacción para sus padres y para toda la familia. Festejaron a mi hermana con un desayuno en su casa y un rico pastel. El día 29, día que nunca olvidaré, cumplió dos años que par- tió con Dios, nuestra querida amiga-hermana Julieta Elva González González, una gran mujer en toda la extensión de la palabra, un ser lleno de luz, que aún en estos dos años, nos sigue llegando su luz y amor, le mandamos decir una misa a puerta cerrada, que descanse en paz. El día 30 mi mamá cumplió 91 años, Dios nos ha permitido tenerla con nosotros, es un gran milagro, la pudimos festejar junto con mis hermanas Catalina, Martha Patricia, Rosa María y mi sobrina Dafne, mi cuñado Enrique y yo, los demás hijos la felicitaron por vi- deo llamada, pusimos las mañanitas por YouTube y todos le cantamos, uno de mis hermanos vive en Cancún y un sobrino en Argentina, él está becado por la UNAM, estudia Artes Visuales, él no pudo conec- tarse con todos debido al cambio de horario, pero después la llamó. Hubo baile con mi mamá, por lo general se efectuaba la fiesta con las dos familias, la de mi tío, sus hijos que son nueve, nos reu- níamos hasta sesenta y cinco personas, hoy fue diferente, sólo en casa pero hubo baile y ella se divirtió. 93
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    El día 7de julio, mi hermana Isabel, la más pequeña de la fa- milia, es viuda y se festejó en Morelos con sus hijos Rodrigo Adrián y Ricardo Andrés, ambos estudian en la UNAM, el primero Leyes y el otro Químico Farmacobiólogo, a ella también la felicitamos vía video llamada. El día 8, mi sobrina Dafne, hija de mi hermana Martha Patricia, cumplió años y la festejamos con pastel y chocolate y todos le hicieron video llamadas, ella y sus papás viven con nosotros. Otra sobrina nieta cumplió quince años, ella es nieta de mi her- mano mayor Miguel Ángel, él tiene tres hijos y cuatro nietos, festejó su cumpleaños con sus abuelos y sus papás y por video llamada todos la felicitamos. El día 10 de julio cumplió dieciseis años la nieta de mi herma- no José Antonio, la festejaron en su casa con un pastelito, ella pasó a preparatoria con muy buenas calificaciones, su hermana Valeria pasó a tercero de Secundaria. Llegó el día 16, día de la Virgen del Carmen, santo de mi mamá, la festejamos con una comida y recibió muchas felicitaciones de la fa- milia y amistades, de su hermano Antonio y de su única cuñada, Pie- dad Mendoza de ochenta y tres años, también hubo baile y mi mamá estuvo cantando canciones de sus recuerdos, gracias a Dios por dar- nos esta gran dicha. El día 25 fue cumpleaños de mi hermano Gabriel Sebastián que vive en Cancún, él tiene una hija, un hijo y una nieta. Muy temprano le llamamos y para él fue una gran sorpresa pues no se lo esperaba, estaba a punto de desayunar con su familia, mi mamá le envió su bendición, más tarde llegaría su hija con su esposo e hija a felicitarlo. Desafortunadamente su yerno se quedó sin trabajo debido al cierre de hoteles, a mi hermano y mi cuñada sólo les pagan el 50% de su sueldo, por allá sigue el semáforo rojo. El día 26 cumple años mi cuñada Rocío, esposa de mi hermano José Antonio, también la felicitamos por video llamada y en su casa la festejaron con una comida y pastel. 94
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    El día 29fue aniversario luctuoso de mi abuelita Leonarda Lima Muñoz, cumplió treinta y cinco años de fallecida, ella nació el 6 de noviembre de 1900, era mamá de mi mamá, mujer muy trabajadora, quedó viuda muy joven y con dos hijos, tuvo dieciocho nietos, fue un gran ejemplo para toda la familia, ella nos inculcó la religión al igual que mi papá, la recordamos con mucho cariño, era una abuelita muy animosa, decía: yo no doy remedios pero les cuento chistes. El día 30 sería el cumpleaños de Julieta Elva, ella tenía mucha ilusión de festejar sus setenta años, pero faltando un mes para ello, Dios se la llevó a su gran fiesta en el cielo, descanse en paz. Hemos vivido este confinamiento con las noticias de los dicho- sos semáforos rojo, naranja y verde, cuidándonos todos. Como la mayoría de las familias hemos vivido con emociones altas y bajas, tratando de superarlas con ocupaciones de casa, lecturas, rezando, viendo misa por YouTube, reflexiones del café católico, di- versión, ejercicio o trabajo en línea. Mi mamá añora sus salidas, ir a clase de Taichi, caminar de re- greso a casa, la convivencia con sus compañeritas de la tercera edad. Ahora cada ve que ve la puerta de salida, me pregunta si ya nos vamos y debo decirle que no podemos salir, entonces la distraigo haciendo ejercicios. Hay una terapia que consiste en aplaudir por veinte segun- dos con las palmas de las manos, veinte segundos con los puños cerra- dos, veinte segundos con las yemas de los dedos y veinte segundos con el carpo de las manos, esto es mejor hacerlo entonando una canción, este ejercicio estimula al cerebro y activa la memoria. Les agradezco por haberme permitido que vieran por una ven- tana a mi familia así como nuestras ocupaciones y preocupaciones, que hoy en día nos presenta esta situación, pero teniendo fe en que esto pronto pasará y que será un mundo mejor retomando nuestros valores, que ya se estaban quedando dormidos, hay que trabajar mu- cho hombro con hombro para sacar al país de este gran bache. 95
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    97 Experiencia desagradable Ma. delRosario Pliego Neri Soy Ma. del Rosario, mi esposo y yo somos técnicos laboratoris- tas y trabajamos en San Antonio la Isla, Estado de México. Hoy me levanté como todas las mañanas a las 6 y cuarto, me vestí, preparé a mis niñas para llevarlas a casa de mi mamá mientas Luis, mi esposo, se arreglaba. Preparé el desayuno para los dos y par- timos rumbo a casa de mi mamá, las niñas desayunan con ella, nos despedimos de ellas dándoles un beso y diciéndoles “se portan bien”, nos dirigimos al trabajo y en el camino platicamos de cosas familiares. Llegamos a San Antonio la Isla, mi lugar de trabajo, abrí mi unidad y me reporté con mis jefes. Luis y yo desayunamos, me dio un beso y se fue a su trabajo. Fue un día tranquilo, a lo largo del día nos comunicamos él y yo, ese día no hubo trabajo, él no quiso comer porque tenía mucho traba- jo, yo comí sola y me puse triste, llegó la hora de salida y le pregunté dónde nos veíamos y sólo me dijo: no entres a la clínica, me descon- certó y le pregunté que por qué; me dijo que llegaron dos personas que presentan los síntomas del Covid 19 y en ese momento lo único que pensé fue en él y le pregunté si estaba bien, me dijo que sí que ya estaban sanitizando el lugar pero aún así no quedé tranquila. Lo esperé fuera de la clínica como me había indicado y no dejó que me le acercara y me platicó la apariencia física que presentaban las personas que daban positivo. Llegando a la casa de mi mamá a recoger a las niñas, tampoco permitió que se le acercaran, cuando llegamos a casa, de inmediato se bañó y se puso ropa limpia, entonces pudo saludar y besar a las niñas. El temor de contagiarnos lo tenemos todos los días, tenemos las medidas de seguridad, seguimos trabajando pidiendo a Dios nos proteja.
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    99 19 en Italia Ma.Esther Betanzos Hola soy Ma. Esther, vivo en Staletti, Italia. Cuando empezaron a verse en la televisión las primeras imágenes de lo que estaba pasando en China y llegaban noticias de la gran cantidad de muertos que estaba provocando este virus, uno pensaba, pobre gente, ¿qué está sucedien- do? Y pedimos a Dios que los ayudara. Deteniéndome a pensar en aquellos días cuando empezó todo, pienso en la angustia, tristeza y principalmente mucho miedo de estar junto a la gente para evitar ser contagiados, miedo de que alguna de nuestras personas queridas les pudiera llegar a suceder algo así y, por este motivo, nos metíamos de lleno a trabajar (por fortuna nuestro trabajo lo tenemos en la planta baja de la casa), esperando la llegada de algún mensaje o llamada para saber si nuestros hijos estaban bien. Uno de ellos está viviendo en una de las zonas más afectadas del norte de Italia, es fácil imaginar el estado de angustia en que nos encontrábamos, sentimiento, que al pasar de los días, semanas y al final meses, se ha ido atenuando, porque la pandemia aquí, al parecer, está siendo controlada con las medidas sanitarias que nos fueron im- puestas. La única cosa positiva que nos está dejando esta pandemia, es que somos más conscientes y damos más valor a las cosas esenciales, apreciamos más la libertad, la salud, la familia y las personas cercanas a nosotros. Reflexionando sobre los acontecimientos que se han sucedido y siguen sucediendo en el mundo entero, no nos queda más que esperar que no pase mucho tiempo antes que podamos decir que poco a poco estamos regresando a la “normalidad” que va a ser muy diferente de aquella que conocimos.
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    101 40 reflexiones enuna cuarentena Macarita Elizondo Gasperín Macarita Nader Elizondo Vivir una pandemia no puede pasar inadvertido, pues deja una profunda huella en la historia de la humanidad. Escribir en medio de la furia irrefrenable del COVID 19, albo- rota por igual el pensamiento y los sentimientos de quienes coincidi- mos en esta línea del tiempo. Los cuarenta puntos siguientes no son sino resultado de las con- tradicciones que motiva este virus, en una generación que siempre se sintió dueña del universo, que creía tener en sus manos la respuesta a todo, el control hacia todos y el poder de decisión y destrucción. En fin, poco, muy poco puede describir con palabras, lo que hemos vivido, sufrido, leído, reído y compartido para palear la cicatriz que jamás se borrará. 1 No puede negarse que se hizo más lento el tiempo. 2 Estar voluntariamente a fuerzas entre cuatro paredes nos obli- ga a encontrarnos a nosotros mismos. 3 Apreciar las cosas sencillas de la vida: la buena música, una taza de café y la conversación con la persona amada. 4 Disfrutar cada rincón de la casa y descubrir nuevas sensacio- nes en su estancia. 5 Reconocer que no hay “microenemigo” enano. 6 Es evidente, la naturaleza es la única que pudo respirar a sus anchas.
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    7 Se invirtieronlas prioridades frente al trabajo; la salud es lo más importante. 8 Convivir sin interrupciones nos hace conocer a la familia más cercana. 9 Se invirtió la rutina: el uniforme diario fue la pijama. 10 Estar más cerca de Dios y la esperanza. 11 Agradecer por todo lo que teníamos y dábamos por sentado. 12 Descubrirnos con talentos que no sabíamos que existían. 13 Extrañar a los amigos y a los vecinos, el saludo y el abrazo. 14 La alegría diaria de nuestras mascotas. 15 Actualizar nuestros conocimientos en tecnología y comuni- cación a distancia. 16 Sabernos iguales aquí y en China. 17 Nunca antes la humanidad más limpia y oliendo a jabón. 18 Reconocer la allende superficialidad de algunas compras y la rutina. 19 Aprender a sonreír con los ojos. 20 La mejor prueba de amistad es usar el codo y compartir gel antibacterial. 21 La grosería más pesada es silenciar a la persona en zoom. 22 Todos somos un año más jóvenes: 2020 no cuenta. 23 El maya que dijo que el fin del mundo era en 2012 era dislé- xico, seguro pensó en el 2021. 24 Nunca antes la muerte se había contado día a día, minuto a minuto. 25 Nunca antes se había prohibido despedir a nuestros muertos. 26 Una botella de cloro se aprecia más que una botella de vino tinto. 27 Todos los días de la semana son domingo. 102
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    28 Surgió unnuevo superhéroe: Susana. 29 El mayor terror de niños y adultos es que se vaya la luz. 30 Descubrir por la ventana las manías de los vecinos. 31 Ser tu propio chef. 32 Convertir la sala en multiusos: gimnasio, oficina, aula y par- que de diversiones. 33 El lugar más transitado del mundo es del pasillo de la recá- mara a la cocina. 34 Deseamos que se achaten todo tipo de curvas. 35 El sonido más reconfortante es el susurro del spray antibac- terial. 36 ¡Era cuarentena no cadena perpetua! 37 La pandemia vino a unificar quereres y deberes. 38 Se puso a prueba nuestra paciencia. 39 Esta emergencia sanitaria nos ha enviado muchos mensajes, nos ha hecho ver lo pequeño y vulnerable que somos. Nos ha dejado desnudos, hincados y yaciendo ante su poder inconteni- ble. 40 Siempre el tiempo es nuestro mejor aliado... 103
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    De bolsas veganasy Covid-19 en Vermont María Clara de Greiff Ella se despierta temprano y maneja 42 kilómetros desde Stra- fford Vermont a West Lebanon en Nueva Hampshire a donde está el súper mercado más cercano, lista en mano para comprar los víveres de la semana. Ir al súper, exige un acto de suprema concentración, de enfoque, que no admite el más mínimo error. Cero distracciones. Una estructura digna de cualquier comportamiento obsesivo-com- pulsivo-paranoide. Ella estaciona el carro. Antes de apagarlo apaga también la música clásica. Saca las llaves de la marcha, se las cuelga en el pecho. Ella abre su bolsa eco-friendly, exquisitamente vegana, de diseño mexicano, de piñatex y nopal, muy a la vanguardia y ad-hoc con las ideas liberales de la tierra de progreso donde ella habita. Saca un frasquito en el que se lee “gel desinfectante al 75% de alcohol”, en otro frasquito se lee “gel desinfectante para manos a base de aceites naturales y alcohol isopropílico al 99% con sábila, lavanda y tea tree”, en otro frasquito tipo espray se lee “loción de eucalipto, con alcanfor alcohol, cebada y etanol, desinfectante ambiental”. Cada frasquito está herméticamente cerrado dentro de una bolsa ziploc. En otro compartimento de la bolsa al estilo la bolsa de Mary Poppins, se asoman nueve bolsitas ziploc marcadas con plumones indelebles. En una se lee “guantes de latex talla mediana”, en otra bolsita “toallitas limpiadoras desinfectantes desechables”, en la otra “tapabocas de algodón limpio-impecable”, en otra bolsa se destaca un “tapabocas nuevo desechable en color azul”, en otra bolsa más se lee “tapabocas de algodón en caso de que alguien no traiga uno, limpio y listo para usarse”, “guantes extras en talla mediana, pequeña y grande” y una bolsa que tiene un tapabocas “N 95” para ser usado 105
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    en caso deaglomeraciones. Por último, “bolsita vacía para depositar el tapabocas recién usado y llegar a lavar en casa”. Cada bolsa y frasquito están numerados en el orden que deben ser usados para no cometer un atentado al meticuloso proceso de des- infectado. Proceso que conlleva además atención profunda. Exacti- tud, exige. Ella abre el primer frasquito y se unta el gel antibacterial en las manos. Lo cierra y lo deposita en la bolsita correspondiente. Cuenta hasta diez. Respira. Espera a que se seque. Acto seguido, abre la bolsa con guantes de quirófano desechables y se los coloca. Abre el frasquito con gel natural-casero a base de aceites esenciales y frota las manos ya cubiertas con guantes con este desinfectante. Cierra el frasquito. Abre la bolsita con el tapabocas. Abre la bolsita que tiene el espray de eucalipto. Rocía el tapabocas antes de colocárselo. Cierra las bolsitas. Tapa el espray. Se ajusta el tapabocas bien a la nariz. Cierra el coche. Camina a la entrada del supermercado. Toma un carrito. Saca las toallitas limpiadoras desinfectantes y limpia compulsivamente el carrito. Tras limpiarlo, tira a la basura las toallitas. Nuevamente saca de su bolsa el gel a base de aceites esenciales y los unta vigorosamente en los guantes. Con lista en mano recorre los pasillos. Atolondrada por las nuevas señalizaciones y flechas contradictorias camina apresu- rada. Cuida la distancia. Se detiene. Observa. Se arrincona. El lugar está moderadamente lleno. Ella guarda toda su distancia social. Hace actos de malabarismo para no chocar con otro carrito. Tras andar por los pasillos con las toallitas desinfectantes y lim- piar cada objeto que deposita en el carro, Ella se apresura a ir al área de verduras. Toma una bolsa para las verduras. Trata afanosamente de abrir- la. Y la embiste el lapsus, la costumbre traicionera, el hábito tatuado por años. Se quita el tapabocas y el guante de la mano derecha y en nanosegundos toca con el dedo índice su lengua, lo unta de saliva para abrir la bolsa. La bolsa se empeña en su hermetismo. Ella repite el acto. Unos ojos como balas la observan, le disparan, la penetran. Ella cae en cuenta. Disparada sale hacia el baño, con la lengua afuera, 106
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    no traga saliva.Llega al baño, experta es en abrir las puertas con los codos. Se lava las manos. Se niega a cantar el “Happy Birthday” por diez segundos como lo indican las normas y las campañas. Se pone jabón en la lengua. Hace gárgaras. Escupe furiosamente. Y repite la operación diez veces diez. Otros ojos la observan, absortos, los ojos. Ella cierra la llave con toalla de papel en mano. Está como ida. Sale del baño. Abre la puerta con la misma destreza que ha adquirido desde marzo del 2020. Con los codos. Camina desorientada. Busca el carrito. No lo encuentra. Deambula por los pasillos sin tapabocas, sin guan- tes, sin la vida. Sale al estacionamiento. Llega a su carro. Llora. Llora. Copiosamente, llora. Sale alguien del supermercado y le dice “disculpe ha dejado su bolsa en el súper, acompáñeme por ella”. Pero Ella sólo lo mira. No es capaz. Permanece impávida. 107
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    Una playa paramí, un aeropuerto vacío y el duelo María José Cortés López A mí el inicio de pandemia me agarró en Salvador de Bahía, Brasil y la verdad es que no me fue nada mal. Estaba visitando a una de mis mejores amigas y fuimos a Itaparica a la casa de los abuelos de su esposo, a una isla hermosa. Lo mejor es que como todo el mundo estaba muy asustado, no había nadie, la playa nos tocó sólo para nosotros, fue una de las ex- periencias más bonitas, entrar al mar sin gente, poder disfrutarlo de verdad, escucharlo. Uno de esos días me puse a flotar boca arriba en el mar y mien- tras estaba ahí con los ojos cerrados escuchando el sonido del mar, me preguntaba ¿por qué está pasando esto? Y clarito escuché como me espondió el mar: “necesitábamos una pausa de ustedes” y, no sé por qué sonreí, me alegré muchísimo por el mar, por la playa, por los animales, por el aire, por toda la naturaleza, que hoy nos mandará a nuestras casas, nos echará llave y por fin, podrá respirar, descansar sin nosotros. Después de unos días en la isla regresamos a Salvador, al depar- tamento de mis amigos, ellos viven frente a una zona protegida y una de sus ventanas tiene vista a esta zona, me encantaba sentarme ahí y admirar el verdor y un día, durante horas vi pasar mariposas, volví a agradecer por este regalo. Otro día vi un pleito entre un chango y unos pájaros, desconozco la especie de cada uno, pero fue muy gra- cioso cómo los pájaros perseguían al mono para alejarlo de su nido. Días después de eso tuve que emprender el regreso a casa y ahí empezó la tristeza. Me siento muy afortunada porque puedo viajar 109
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    frecuentemente y esosiempre me ha llenado el corazón, amo los ae- ropuertos, amo el tiempo en el avión, tiempo que era para mí, desco- nectada del mundo, ahora ya no tanto porque llevamos wifi a todos los sitios, pero antes era MI MOMENTO, de conectar conmigo, con mis pensamientos, de escucharme, de pesar o no si así lo deseaba, de no hacer nada, en fin, momentos que me agradaban, pero en esta ocasión sentí un inmenso vacío en el corazón, los aeropuertos estaban vacíos, toda la gente con cubrebocas, nadie se acercaba a nadie, se sentía mu- cha tensión y ahí volví a pensar en lo que me dijo el mar, “una pausa de nosotros”. Pensé que así los hacemos sentir, desolados, abandonados, mal- tratados, sin libertad. Y me di cuenta de que lo tenemos muy mereci- do, que no hemos sabido valorar todo lo que la tierra nos da, que no hemos podido equilibrar nuestra vida con la de la naturaleza y deseé con todo el corazón que encontráramos ese equilibrio. Después de dos vuelos, que se me hicieron eternos, llegué a casa, a pasar quince días aislada y, aunque muchos pensaron que sería algo terrible, yo lo disfruté muchísimo. Tuve quince días de mí, de mis pensamientos, de mis libros, de mi tejido, de meditación, de ejercicio, quince días para pensar qué iba a hacer con mi vida, porque el día 21 de abril yo me mudaba a Barcelona, dejaba todo en México para seguir mi sueño y ¡oh sorpresa!, llegó el Covid 19 y me tengo que quedar en México. Así es que desde ese momento comenzó la búsqueda, misma que aún continúa, pero ahora está con la certeza de que nada es fijo y que siempre puedo encontrar nuevas opciones, sigo pensando en mudarme pero ya sin fecha fija. Lo que también llegó durante estos meses fue el duelo, el 10 de julio mi papá cumple dos años de muerto y siento que no había podido sentir su pérdida, no digo que no lo haya llorado o que no lo extrañe siempre, pero no había tenido el tiempo de realmente sentirlo, de dar- me cuenta de lo mucho que me hace falta, de lo perdida que me siento 110
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    sin él. Estosdos años han sido de reacomodarme, de reencontrarme, de aprender, de experimentar también, de darme cuenta de que puedo ser independiente y de verme a mí misma vulnerable pero fuerte. Así que el virus me ha traído momentos únicos en todos los sentidos, me trajo alegrías, una playa para mí sola, un reencuentro con mi dolor, me abrió nuevos caminos y me reconfortó teniendo a mis seres amados cerca de mí. Han sido meses difíciles, meses de soledad, de sentir que estoy en lo más profundo para después levantarme y aceptar que esto que nos está pasando es consecuencia de nuestros actos como comunidad mundial, pero que también todos podemos sacar algo positivo, que todos podemos renacer y florecer en el tiempo adecuado. 111
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    El día adía en los tiempos de la cuarentena Mariana Ruiz Velasco Hasta lo extraordinario se puede volver una rutina si se le per- mite durar un par de semanas, no se diga meses. Tengo la fortuna de poder desarrollar mi trabajo enteramente desde casa y, sin planearlo, ahora soy mucho más productiva de lo que era hace un par de meses. No todo ocurrió de la noche a la mañana, claro está. Las primeras dos semanas hubo días cuando fallas en la infraestructura digital no me permitieron seguir. Encontrar un lugar dentro de mi casa donde me sintiera cómoda tomó meses, pero finalmente decidí migrar de la mesa de la cocina a un escritorio en otra habitación. Irónicamente ahora que se nos ha permitido volver a la oficina he de cidido permanecer unas semanas más en casa, seguir con mi productividad y dejar el contacto “social” laboral en el formato de llamadas virtuales ¡Quiero aclarar que no soy tan introvertida como puede pare- cer! El no tener que viajar en horas pico al trabajo me ha permitido ahorrar tiempo de vida. Ese tiempo ahora lo invierto en pasarlo con mi esposo, a veces en cocinar, otras tantas tan solo en ver una serie. Debo incluso presumir que hemos probado recetas nuevas, como co- chinita pibil, la cual cuando se vive lejos de México sabe a un pedacito de gloria envuelta en una tortilla y complementada con cebollas rojas en escabeche. También me he dado tiempo para leer mas y hasta para desempolvar un pasatiempo que pertenecía solo a los periodos vaca- cionales largos: bordar. Es así que esta mezcla de trabajo a distancia, leer, bordar y coci- nar fue consumiendo mis días. En un par de meses –en los cuales he vivido momentos agridulces- la rutina ha resultado en una paradoja 113
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    donde a mayortiempo “libre”, mayor la velocidad con la que se vive. La pandemia y el aislamiento me hicieron vivir días cuando me sentía triste e incluso impotente de no poder cambiar la situación. ¡Esa visita de mis padres planeada por meses cancelada! Esas vacaciones inexis- tentes... no se diga todas las salidas y hasta mi fiesta de cumpleaños. Tampoco pude evitar sentir miedo durante los peores días, cuando las cifras llegaban a los casi 7000 casos nuevos. Pero fue justo esos mo- mentos cuando, en un intento de distracción, pasé horas apreciando nuestros alrededores e incrementando la cercanía con mis familiares y amigos, aún a miles de kilómetros de distancia. ¡Qué pleitos y qué escándalo se traían las aves! Por otro lado, mis plantas han seguido creciendo y cultivamos unas papas caseras que nos comimos en un guisado hace unos días. Es así que ahora que la vida poco a poco comienza a regresar a la “normalidad” no puedo evitar reflexionar en un par de morale- jas. Espero que esta crisis nos haya recordado nuestra pequeñez ante la naturaleza y nos haga un tanto más humildes en cómo la hemos tratado. Deseo que permitamos a los animales ser mas libres y que encontremos maneras de no contaminar y dañarla tanto. También me gustaría que cobráramos conciencia de que a veces los mayores tesoros se encuentran en el tiempo con nuestros seres amados y no en lo ma- terial. Por último, si algo me enseñó este tiempo, es que hay que tener paciencia, sobre todo cuando las cosas no salen como las planeamos. ¡Ah! Y ojalá se valore más la labor científica, médica y de muchos otros trabajos –algunos que incluso se habían considerado “meno- res”- y que fueron críticos en esta situación. Aprendamos, crezcamos y mejoremos como resultado de esta cuarentena. 114
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    Sobreviviente del COVID19 Martina Villareal Mateos Todo comenzó cuando la maestra nos pidió untarnos las manos con gel antibacterial y ninguno le dimos demasiada importancia. Un par de días más tarde, la profesora nos pidió empacar todos nuestros libros de texto, desde el cuaderno de alemán hasta el de inglés, inclui- dos nuestros pinceles y el tapete de yoga. Pusimos todo en las mo- chilas y nos fuimos a casa. Todos los niños del salón nos quejábamos de cuán pesadas estaban las mochilas y la maestra comentó “es sólo por si acaso el colegio cierra más días, sólo por si acaso” y la semana siguiente: ¡CUARENTENA! Mi papá tomó su teléfono y leyó en voz alta: “lamentamos co- municarle que el Colegio Alemán de Silicon Valley cerrará debido a la orden oficial de cierre de emergencia”. Antes de terminar de leer el e-mail me sentí aterrada, pensé que a partir de ese momento mis pa- dres serían mis maestros, pero ¿quería yo eso? ¡NO! Mi papá continuó la lectura, “la escuela será en línea con Google meet”. Me sentí libera- da. Pensé en las cosas positivas y negativas, al menos justo ese fin de semana hicimos una pequeña fiesta en la casa y fue muy divertida. Lo desafortunado fue que ese sábado 14 de marzo fue la última reunión antes de que la escuela cerrara para el resto del año escolar. El lunes siguiente comenzaron las clases en línea. Todos ha- blaban al unísono, pero lo peor fue que algunos les ponían en modo mudo a otros porque se escuchaba mucho ruido de fondo, en la barra de debajo de la pantalla se leía... blablabla puso mute a tal persona. Esa semana la maestra nos enviaba email con el trabajo que te- níamos que hacer en casa, pero después de las vacaciones de Semana Santa recurrió a la plataforma llamada Google classroom, así fue más 115
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    fácil la comunicacióncon la clase y podíamos marcar nuestro trabajo como entregado, así todo fue más divertido. Cuando supe que mi cumpleaños sería durante la cuarentena creé una fiesta de cumpleaños Google Meet e invité a toda mi clase, una semana después, la escuela bloqueó que los niños de primaria pu- diéramos crear nuestros propios Google meets. Afortunadamente yo ya había hecho la invitación con la conferencia enviada como adjunto. Al mes siguiente celebré mi cumpleaños con la mitad de mi clase, el tema de la fiesta fue “Pájaros”, mis papás me ayudaron a hacer un pastel y a poner decoraciones y durante la fiesta hicimos origami, pero como todos saben, origami en videoconferencia no es tan sencillo. Al siguiente mes ya todos eran masters usando las computado- ras, iPads y teléfonos. La escuela ya iba a terminar y todos nos sen- tíamos muy emocionados, aunque tristemente dos niñas de nuestro salón ya se van a cambiar de escuela. Fue un año muy loco. Lo mejor fue que la última semana de clases tuvimos motto week. El lunes fue día de pijama, el martes fue el día de los pelos locos, el miércoles era el día de un solo color y el jueves... esperen escuchen esto... tuvimos ¡Día de disfraces! ¿saben lo que yo hice cada uno de esos días? El lu- nes me dejé la pijama puesta, el martes me hice una cola de caballo en fuente, con broches de colores ober arriba de la frente, el miércoles me vestí toda de rosa, un collar rosa, una camiseta rosa y una bata rosa. Por último pero no por ello menos importante, el jueves me vestí de romana. El último día también anunciaron quiénes habían ganado el premio de los reyes de lectura que habían obtenido más puntos en el sistema de lectura llamado Antolin. Adivinen qué, ¡yo gané el segundo lugar! Ayer fue el último día de clases y también el día que tuve mi recital de baile en Zoom. Las maestras de Jazz y ballet nos grabaron mientras hacíamos el baile desde casa y finalmente estoy feliz que ya siento la vibra del verano. Y bien, ya escucharon toda mi historia sobre el Covid 19. Dato curioso, Covid 19 no es lo mismo que Coronavirus. 116
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    Pandemia COVID 19,2020 Paula Carolina Mateos Hola me llamo Paula Carolina, tengo 72 años y esta cosa del demonio nos agarró por sorpresa a todos. Tengo una catarata en el ojo derecho que casi lo cubre por completo, por lo tanto casi no veo, yo estaba muy contenta, pues mi cirugía estaba programada para abril y por el momento no tengo idea de cuándo será, espero que cuando sea todavía funcione. Por lo cual si antes no salía, ahora, ahora salgo menos, me des- espero porque no puedo ver la tele, no puedo leer, no puedo salir a caminar, no puedo ir al súper. Afortunadamente Cisne, mi nuera, está conmigo y ella me hace el super y todas las cosas que necesito, lo cual le agradezco con el alma . Por otro lado, mi marido, que es mayor que yo y que está descansado del trabajo, permanece todo el día en casa, lo cual le ha causado una gran depresión, aunque él no se dé cuenta. En abril se murió mi gato más querido, lo extraño mucho, pero mi hijo el güero y mis nietos decidieron que yo debía tener un gato y hoy, 12 de junio, me lo trajeron, es una mirruñez pero está muy lindo, espero que no nos tiremos mutuamente. Afortunadamente mis nietas, hijas de mi hijo David, están en Connecticut y están bien de salud y mis nietos Samantha e Ian, hijos de mi hijo Luis, viven aquí y los veo los fines de semana. Extraño a mi hermana, ella vive en Apizaco pero, aunque vivie- ra aquí cerca, no la podría ver. Lucy, quien me ayuda, no me deja, pero muero por un abrazo, por un cariño, quiero ver a mis compañeras, a mis primas y espero que esto termine en algún momento y si algo bueno saldrá de esto, aguantemos otro poco. 117
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    ¿Alguna vez imaginamosesto? Pilar López de la Rosa Creo que muchos nunca imaginamos vivir una pandemia. En mi caso, me siento afortunada de poder estar en casa y cuando pienso en la gente que verdaderamente sufre, me dije: no me voy a quejar, indudablemente el encierro es difícil, me gusta estar en casa pero tener una vida libre de ir a donde uno quiere es maravilloso. Pensé: hoy tengo que vivir esto y lo voy a hacer de la mejor manera, tenemos la tecnología, que sabiendo aprovecharla, cuánto se puede aprender. Y me dije: miedo no voy a tener, si debo salir, lo haré con las precauciones necesarias y así lo he hecho. Sé que es difícil porque en la vida siempre habrá bueno y malo, pero ojalá esto haga que sea un mundo mejor para nuestros jóvenes y niños. Termino con esto: ME GUSTAN LAS MARIPOSAS PORQUE ME HACEN RECORDAR QUE EN LA VIDA TODO SE TRANSFORMA SIEMPRE. 119
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    Lo que hepensado en esta cuarentena Renata Quiroz Sepúlveda Soy Renata, tengo 9 años y estoy en tercero de primaria. Esta cuarentena nos ha cambiado la vida, debemos ser pacientes y esperar que esto acabe pronto. La escuela es difícil, tener las clases en línea es cansado y tene- mos mucha tarea. Extraño a mis amigos, eso es lo más triste. Mis papás hacen lo que pueden para ayudarme con mis deberes escolares y les agradezco su esfuerzo. Tenemos que darnos cuenta de todo lo que tenemos, hay niños que no pueden tomar clases; no debemos desperdiciar la comida, hay que acabarla toda porque hay niños que no tienen comida y darían todo por comer. Tenemos que obedecer las reglas y cuidarnos, no quiero morir, tengo muchos sueños por cumplir. Ojalá esto pase rápido. 121
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    Pandemia, música ydulces Rocío Villegas Después de varias semanas de aislamiento por la pandemia co- menzaban a pasar por nuestra calle muchas personas tocando su mú- sica, acordeón trompeta y tambor, guitarras y güiro, una marimba con un buen repertorio y finalmente hasta cilindreros. Todos buscando alguna ayuda de puerta en puerta, ya que no había gente en la calle ni en los negocios que fueron cerrado de golpe. Nosotros compartimos con todos lo que pudimos y eran ya tan- tos que comenzamos a ofrecerles alimentos no perecederos, fruta y lo que había a mano. Un día paso un señor de ocupación mecánico que tenía dos meses sin trabajo y una familia con dos niños pequeños que alimentar, El no pedía dinero, sino una sopita o algo que llevarles para comer. A la par de los músicos, pasaron artesanos ofreciendo sus canas- tos y bolsos bordados El señor de los camotes, ottos ofreciendo pan y llegó el momento en que tuvimos que comprar un poco más de lo habitual y en la medida de nuestra capacidad, para poder seguirles brindando ese granito de ayuda. Incluso nuestros hijos al saberlo enviaron también su aportación a la causa y con agrado constatamos que varios vecinos también ayu- daban a músicos y vendedores en cuanto comenzaban a tocar. Así transcurrían los días y no sabemos si era coincidencia, pero casi siem- pre que llegaban cuando empezábamos a comer o ya íbamos a media comida. Contrario a incomodarnos por la interrupción, salíamos ya con algo de la despensa para apoyarlos un poco pensando en que no podíamos seguir comiendo como si nada, cuando la necesidad tocaba a nuestra puerta. 123
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    Una tarde escuchamosa lo lejos un pregón conocido y que hacía tiempo no se oía. Era un chico merenguero, ya la segunda generación, ahora padre e hijo se repartían la ruta, ambos son gente buena y traba- jadora. Salí lo más rápido posible y lo busque pensando que ya se había ido, estaba mas adelante cargando su charola al hombro y la mirada perdida en un horizonte sin gente y en un silencio que solo rompía su grito vendiendo sus merengues y gaznates. Desde la reja lo llamé y cuando me vio, su expresión cambio y seguro detrás del cubreboca que usaba, habrá esbozado una sonrisa. Se acercó preguntando cuan- tos me daba y le conteste que por ahora no podíamos comer dulce pero que nos permitiera ayudarlo con algo. Inclinó su charola para que la pudiera ver y me dijo: “no he podido vender nada” y continuo: “que Dios la bendiga pero acepte los merengues y así me voy más contento” Yo que para ese momento ya sentía un nudo en la garganta, le dije que ya sería la próxima, pero que por ahora nos permitiera que le diéramos esa pequeña contribución Finalmente aceptó y nos despe- dimos ambos con mucha emoción contenida. Cuídate mucho, le dije. “Ustedes también señora”, me contestó con voz quebrada. Al entrar yo abiertamente lloraba, ´que ¡ah como nos vuelto chi- llones esta pandemia! Luego me percaté que por esa tarde no volvimos a escuchar el tradicional grito ¡meerenguees! Mi cumple COVID La verdad no he querido tener consciencia plena de cuánto lle- vamos en confinamiento pero ya es un ¡chorro de tiempo! Así que con el asunto de mi cumpleaños, le hice un poquito de chantaje senti- mental a Benja y, después de un poquito de estira y afloja, tomamos la decisión audaz de irnos de fin de semana... (por favor no nos juzguen irresponsables, la desesperación ya era mucha). Comenzamos a empacar lo menos posible y lo más indispensa- ble. Ahora ya importan tanto las mudas de ropa interior como el gel desinfectante y el jabón. La ropa exterior para lucir tampoco es impor- tante, lo esencial son los cubrebocas, de los cales pensaba tener unos 124
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    “home made” depaliacates, pero me fue imposible hacerlos, así que cargamos los KN95 con válvula de exhalación y seis certificaciones. De caretas ni hablar, porque como la decisión fue de último momen- to y en un arrebato desesperado, aún cuando ya estaban pedidas, no llegarían a tiempo. Dos pares de chanclas por aquello de desinfectar unas y cam- biarte a las otras. Toallitas desinfectantes ya no hemos encontrado, pero llevamos alcohol y servitoallas por si acaso. El asunto es que cada uno cargó su back pack y mirándonos a los ojos y tomando una fuerte inhalación de aire, nos arrancamos a la aventura. Llegamos a nuestro destino y, aunque es terreno conocido, co- menzamos a limpiar superficies y a tratar de acomodar nuestras extra- ñas pertenencias de manera que quedaran a resguardo de caerse o de contaminarse con los muebles del entorno. En la operación de limpie- za y reconocimiento nos dieron las dos de la mañana y estábamos tan cansados que ya nos dio lo mismo no trapear la mayor área posible con pedazos de servilleta empapados en alcohol, igual también habríamos caído dormidos por inhalación etílica. Pensábamos que apenas habíamos cerrado los ojos, cuando mi celular celular sonó insistentemente. Les debe haber pasado que cuan- do están en otro lugar y no han despertado del todo, de pronto no sabe uno ni dónde está, así es que traté de levantarme de volada y me propiné un calaverazo con la pared en donde está adosada la cama. Medio dormida y golpeada me levanté hacia el otro lado y brinqué sobre algo que resultó ser Benja, quien despertó afligido gritando que sentía una opresión en el pecho y vientre, pero lo tranquilicé y le dije que no se preocupara y que había sido yo quien le pasara por encima. Cuando llegué al celular ya no sonaba ni se veía llamada perdida, pero sí veía a Benja que muy molesto se levantaba y comenzaba a reunir sus pertenencias ya sin importar protocolo y cuidados y muy serio me decía: ¡no he podido descansar nada, ésta es la última vez que inventas un fin de semana en la recámara de invitados! 125
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    Horrible cuarentena 2020 SamanthaJasso Hola mi nombre es Samantha y la cuarentena para mí ha sido un poco difícil, ya que como dice mi psicóloga, me encuentro pensando constantemente en mis cosas y me encuentro con los monstruos en mi cabeza que normalmente están dormidos o logro controlar, pero como no puedo salir y normalmente estoy sola en mi cuarto, no lo puedo controlar tan bien como antes y eso provoca que mi ansiedad aumente. La cuarentena ha traído varias cosas a mi vida, tanto buenas como malas, una de las cosas que podría considerar buena es que de alguna manera estoy dejando salir a esos monstruos que aunque no me gusten son parte de mí y de alguna manera me sirve para conocer- me mejor y darme cuenta de varias cosas. Algo que sí considero bastante malo son las clases en línea y no poder convivir con mis amigos y maestros, que de alguna manera son bastante importantes en mi vida y siempre me ayudan a no estar tan ansiosa, las clases en línea, al menos para mí, han sido todo un desafío, me cuesta muchísimo trabajo poner atención y concentrarme es casi imposible, pero creo que a lo largo de los meses he logrado un equilibrio en el que puedo poner un poco más de atención. Algo que me ha costado mucho trabajo es controlar mis ataques de ansiedad y el insomnio que me da gracias a todos los pensamientos que vienen a mi cabeza, la cuarentena, en mi caso, no ha sido nada fácil, me cuesta el no poder ir a la escuela y ver a mis amigos, o algo tan simple como es ir al psicólogo, que al menos en mi vida es fun- damental y me ayuda a estar tranquila y no tan ansiosa, aunque tengo 127
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    mis terapias enlínea me sucede igual que en las clases en línea, me cuesta mucho trabajo concentrarme y extraño el contacto y el olor del consultorio que siempre tiene un relajante aroma de velas. Ha sido un proceso un poco difícil el poder adaptarme a todos estos cambios que nos trajo la cuarentena y esta nueva realidad que vivimos, pero al mismo tiempo me hace pensar que era un grito de ayuda de la Tierra, ya que nos estábamos adueñando de ella y la está- bamos matando, por esa parte me quedo un poco tranquila porque me gusta pensar que es la Tierra diciéndonos que necesita un respiro del peor virus del mundo, que desde mi punto de vista, somos los huma- nos; pero espero que con esto que estamos viviendo nos volvamos un poco más conscientes y cuidemos más nuestro hogar. Quiero finalizar diciendo que todos deberíamos aprovechar este momento de cuarentena y de soledad, para poder conocernos mejor, dejar que nuestros monstruos internos salgan y no dejar de pensarlos, dejarlos salir un rato y llegar a conocernos mejor, porque aunque da miedo y, en mi caso es algo que me provoca mucha ansiedad, nos ayu- dan a conocernos y aceptarnos. Espero que pronto podamos salir y podamos ver a nuestros seres queridos y abrazarlos, porque me hace mucha falta un abrazo de mis amigos y un buen café acompañado de su compañía y buena plática. Espero que todos se encuentren bien y que esto les sirva, aun- que sea por un rato, de distracción. 128
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    10 de mayo2020 Silvia Sirota La víspera del Día de las Madres de este año fue un día en que me sentí sentimental recordando viejos tiempos en que toda la familia nos reuníamos y en la noche les escribí con todo mi corazón a todos. Pepito quédate tranquilo, ya ves como me cuidan, como tú se los pediste y sé que me quieren mucho. Mis adoradas hijas son el regalo que la vida me dio, nacieron del amor tan grande que tuve con mi Pepito, mis nietos y bisnietos son el regalo precioso e invaluable que las hijas nos dieron, los quiero mucho, con ellos aprendo y comparto la vida, ellos me han dado el sol y la luz, con ellos renazco a una nueva vida.} La mañana siguiente entre el teléfono y los mensajes cariñosos me sentí muy querida, todos estaban preocupados por mí, ese amor fue el regalo más grande y valioso que recibí. Yo sin mi familia no puedo vivir, pues son mi razón de ser, los quiero muchísimo. 129
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    Pandemia 2020 Sofía Rincón Lapandemia nos ha unido aún más como familia y nos ha he- cho disfrutar lo que tenemos sin necesitar más. Lo que esta pandemia nos ha dado ha sido increíble, nos ha uni- do más como familia y en especial agradezco la unión que ha creado entre Rodri y su papá. Ahora que lo ve diario no deja de preguntar por él y verlos disfrutarse en cada momento me llena de amor. Esta pandemia también nos ha ayudado a hacer cosas que tenía- mos pendientes de la casa, a limpiar, a arreglar y a empezar a construir nuevos proyectos. De igual forma es increíble cómo he visto crecer a mi niño en este tiempo, se soltó a hablar y cada día veo en él muchos cambios y de eso estoy también enormemente agradecida, porque gracias a que no ando corriendo de un lado para otro, ahora me he dado el tiempo de observar y darme cuenta de todo. Desde que empezó la pandemia decidí empezar a poner mi huerto que tanto quería y en estos tres meses ha crecido muchísimo. Compré mi composta y por lo menos una vez a la semana me dedico a hacer jardinería (déjenme decirles que es una terapia muy padre y a mí me ha funcionado muy bien). Con esto también hemos creado una rutina muy padre Ro y yo juntos, saludamos a las plantas todas las mañanas, las regamos, las acariciamos, abrazamos a los árboles y les agradecemos y el ver como a Ro le encanta hacer esto y que ya lo hace por iniciativa propia, me llena de luz y felicidad. Así que no me queda mas que decir gracias. #graciascovid19 131
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    Tere abuela ymadre Tere Gudiño Mi nombre es Teresa, tengo 65 años, mi esposo es dos años ma- yor que yo, se jubiló hace 10 años y desde entonces está en casa. Tengo dos hijas casadas, la mayor tiene una niña de cuatro años y un bebé de 10 meses, la otra hija tiene dos niñas muy seguidas, una de dos años diez meses y la pequeña de un año cinco meses. La niña más grande ya asiste al kinder y la otra niña de dos años, casi tres, está en la guardería, cuido a los dos más pequeños. Cuando se paró toda actividad debido a la pandemia y enviaron a mis hijas y yernos a trabajar desde casa, los niños se quedaron con ellos; pocas veces los veíamos sentaditos en el coche y nosotros (par de viejos) los veíamos desde afuera. Tanto mis hijas como yo nos quedamos sin quien nos ayudara en casa, no obstante les seguimos pagando. Al principio de la pandemia me sentía tan tremendamente can- sada que pensé en recuperarme un poco y sacar pendientes de la casa, cosas como ordenar clósets, limpiar gabinetes de la cocina, la despen- sa, etc., etc., etc. Y a limpiar mi casa porque no tenía ayuda. A la tercer semana empecé a tener una tremenda ansiedad de día y de noche era mucho más pesada, no podía leer, ni coser, ni hacer nada, no podía dormir a pesar de los medicamentos que tomo a diario, antidepresivos y Alprazolan para dormir, mi salud no es buena. Pero dejaron de funcionar y mis noches eran tremendas. Acudí a mi doctora y me comentó que tenía una fuerte depre- sión por no ver a mis nietos, entonces me trajeron a los niños y los pude abrazar. 133
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    Yo notaba mal,a mi hija menor, insistí en que se hiciera unos es- tudios pues desde su primer embarazo presentó un cuadro de baja de plaquetas; efectivamente los estudios rebelaron una baja considerable de plaquetas, de 150 mil tenía 65 mil, las opiniones de los especialistas fueron encontradas, unos opinaban que era urgente internarla, pero dadas las condiciones de la pandemia esto era muy riesgoso, optaron entonces por una dosis alta de cortisona y muchos medicamentos. El diagnóstico: Shougren y Fibromialgia y algo más que no recuerdo. El Covid pasó a segundo término, tenemos todos los cuidados y salimos lo indispensable. Mi hija volvió al trabajo fuera de casa, así lo demanda su empleo, el cual no deja porque éste le da el seguro de gastos médicos mayores y el tratamiento que requiere es muy costoso. Yo cuido a sus niñas. En Dios y María Santísima creo y confío. No le temo a la muer- te pero sí le temo a complicar la vida de mis hijas. Con el favor de Dios y su inmensa misericordia saldremos ade- lante y todo estará bien. 134
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    135 Lo que importa VerónicaJacal Murillo 18 de marzo de 2020 estoy en la oficina y corre el rumor de que nos mandarán a casa por el COVID-19, los compañeros entran en tensión, se siente en el ambiente el nerviosismo, la incredulidad; nos enteramos de que en otras áreas ya dieron la salida, y los corazones se empiezan a acelerar, se externan por fin las preocupaciones ...Maestra, dile al jefe si ya nos van a dejar ir, ¿Maestra, tú qué sabes?, ¡ya se fueron en otras áreas!, Maestra tú que tienes chance dile al jefe que estamos preocupados, que ya nos queremos ir, porque si ya se fueron en otras áreas ¡esto está muy cañón!, ¿no?… Es hasta el día 20 que a mí me permiten irme a casa, aunque algunos pudieron irse antes, los hijos suspendieron clases ese día, a mi esposo ese mismo viernes 20 les dijeron en su trabajo que trabajarían desde casa; a mi ayudante en las labores domésticas también le pedí que se fuera a su casa. Llega el primer fin de semana en cuarentena… “normal”, aún no lo asimilábamos del todo, y así fueron pasando los días, semanas y ahora meses… En este tiempo he tenido la oportunidad y el tiempo de com- partir con mis hijos y esposo, de unas cuantas horas al día, por los ho- rarios de nuestras actividades, a todo el día. Nos estamos conociendo más, estamos aprendiendo a respetar mucho más nuestras formas de ser, de convivir, y porqué no, también a tolerarnos con todas nuestras cosas buenas y malas y a darnos aún dentro de la misma casa nuestros espacios. También he tenido el tiempo de pensar, reflexionar y agrade- cer mucho más lo que tengo, mi familia, mi trabajo, el tener un techo, que no nos falta nada, ¡somos privilegiados!, justo ayer que salí a la farmacia vi a una familia en el semáforo, los niños limpiando vidrios, el papá haciendo malabares y la mamá vendiendo chicles.
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    Se necesita tanpoco realmente, la familia, salud, amor, un te- cho, comida; que excesivo el que mucha gente tenga cosas tan innece- sarias, ¿para qué? acaso para decir que las tiene, los autos de lujo, los muebles de marca, la cafetera que además muele el café, el celular de última generación… Si bien ha sido enriquecedor, también me ha significado todo un reto personal; el tener que trabajar a distancia, las reuniones de tra- bajo a distancia, pero además supervisar las clases en línea de mi hijo menor, hacer mi licenciatura en línea (a veces pienso “sólo a ti se te ocurre”, ¿pero qué necesidad?, ¡estarías muy tranquila!, pero lo mismo pensé con cada diplomado y con la maestría ni se diga). Lo que realmente me tiene en jaque son las labores de la casa, he valorado realmente el trabajo de la Sra. ayudante, ¡bendita mujer!; a pesar de que tratamos de distribuir las labores, no hay tiempo que alcance para encargarse de todo. He tenido que respirar muy profundo para no colapsar, me ha costado mucho ceder al impulso de limpiar y ordenar, y el que los demás lo hagan como creo que se debe hacer, ha sido un martirio, pero también un aprender a soltar y que no pasa nada, bueno aún estoy en eso; tuve que buscar esta estrategia, des- pués de la fatídica mañana, y digo fatídica porque me lleve ¡toda la mañana!, en doblar bolsas del super… pero por supuesto que ya tenía un plan, primero separar por colores y luego por tamaños y colores, doblarlas perfectamente para que ocuparan el menor espacio, pero ya casi para terminar me encontré con una bolsa rebelde que no cedía a los dobleces perfectos. Traté una y otra vez, pero la triste bolsa no se dejaba, prácticamente después de mi décimo intento, me pregunté ¿qué tan malo es que una bolsa no esté como las demás de su catego- ría?, así que la separé y continué con las otras, pero al terminar tomé esa bolsa rebelde y le dije.. tú no te puedes quedar así… seguí y seguí y en cada intento pude darme cuenta que me estaba estresando terrible- mente, me palpitaba el corazón cada vez más fuerte, no podía respirar bien, realmente me sentí mal, así que … respire profundo por un rato e hice el último intento, prometiéndome que quedara como quedara 136
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    no la doblaríanuevamente, y pues…no quedo y la dejé, aunque el resto del día estuve super tentada a regresar por ella; ahora le agradezco a la bolsa rebelde, porque después del evento traumático con su rebeldía, he aprendido a ir soltando en lo que hace a las labores de la casa. An- tes no alcanzaba a dimensionar el gran trabajo del ama de casa, ahora tienen todo mi respeto, no es nada fácil; bueno, aquellas que sí se en- cargan. Se los aplaudo, pero discúlpenme no se los envidio para nada. El vivir con 4 hombres no hace más sencillas las cosas, con eso de que las mujeres somos de Venus y ellos de Marte, el repetir 2, 3, hasta 4 veces la misma petición y que regresen y te pregunten ¿qué me dijiste?, cuando están buscando cualquier cosa y preguntan ¿en dónde está …?, pues si estás buscando el jamón seguramente está en el baño ¿no crees?, ya busqué en el refri y no está…-yo- ¿ya buscó?, seguro sólo abrió el refri y cree que saltará el jamón diciéndole ¿me buscabas?... y así podría describir muchas situaciones; sin embargo son pequeños detalles, que ya que pasan muero de risa, porque me la paso muy bien, son muy amorosos, divertidos, comprensivos y apoyadores; me apapa- chan, me buscan mucho, aun cuando les digo que voy a tener reunión de trabajo a distancia, mis niños siempre aparecen en cámara o cuan- do les pido que no me interrumpan porque voy a estar en evaluación siempre aparece alguno y porqué no hasta los 3… Además me tienen muy impresionada y me hacen sentir orgu- llosa, porque aunque son 2 adolescentes se han portado muy responsa- bles y comprensivos con la situación de encierro y buscan actividades para mantenerse ocupados, uno de ellos aprendió a tocar guitarra en la cuarentena, el otro ha estado componiendo y el más pequeño ha- ciéndose más responsable con sus clases en línea y sus actividades de casa. Mi esposo siempre está haciendo algo, sobre todo leer, que no es raro; lo que me tiene sumamente emocionada es que ordena y limpia sin que haya una petición de por medio, eso sí que está fabuloso. He escuchado muchos comentarios de conocidas y amigas, quienes dicen que ya no aguantan ni a los hijos y mucho menos al marido, no es mi caso en absoluto, lo estoy disfrutando mucho. 137
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    Y pues aseguir en espera, con todas las precauciones, aunque hay desde quien dice que el COVID no existe, que es invento de los gobiernos, etc., ya sólo me falta escuchar que es genético. Lo que me queda claro es que después de 3 meses, te acostumbras, aprendes a vi- vir con ello, lo que ya no sé es, ¿cómo será cuando se regrese al trabajo presencial?, de lo que estoy muy segura es que no extraño nada las 3 horas de tráfico al día, pero lo que sí extrañaré, es desde el café de las mañanas con mi esposo y las pláticas familiares nocturnas, hasta las preguntas capciosas de ¿dónde está el jamón? y los besos en la cabeza en mis reuniones a distancia. 138
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    Mi experiencia enesta cuarentena Verónica Vallejo Al principio de la cuarentena pensé que era algo, sí delicado, pero que no sería tan grave como en el resto del mundo. Poco a poco nos fuimos enterando de casos y más casos, poco creía en la infor- mación que nos daban en radio, televisión, internet, etc., ya que para mí no era lógico que en países con una infraestructura hospitalaria mucho mejor que la nuestra, la cantidad de casos era ya descontrolado y aquí iba aumentando muy lento. Después vino el cierre de escuelas, que fue lo primero, de una manera exageradamente rápida (ni en el terremoto, se tomó una deci- sión tan rápida), que fue donde en lo personal comencé a dudar de la magnitud del problema. No importó que estuvieran en exámenes los chicos, que fuera medio año, nada, no importó nada. Cerraron oficinas de gobierno en su totalidad y aun así todo estaba “controlado”. Por otros medios que si son confiables me fui enterando que el virus iba entrando cada vez más a la población y cada vez más cerca de nosotros, pero me sentía segura cuidando de mis pa- dres, de mis hijos, de mi esposo y obviamente de mi misma, tomando las precauciones que se nos indicaban. Al principio fue muy extraño para mí ir a la Ciudad de México y usar cubrebocas, guantes, porque para colmo al principio de todo esto me llevé la “gratísima” sorpresa que ahora soy diabética y obviamente me tengo que proteger aún más y ver cómo la gente nos veía con rareza y hasta con cara burlona por traerlos, era un sentimiento de coraje, vergüenza, en fin muchas cosas. Aún así, seguimos adelante con los cuidados, mi preocupación principal han sido, son y seguirán siendo mis padres por su vulnerabi- 139
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    lidad ante estasituación, me aterroriza el pensar que mi papá se pueda contagiar yo sé que algo así sería mortal para él por los problemas pulmonares que actualmente tiene y por eso desde un principio he hecho lo posible porque no salgan en lo absoluto. Aun cuando eso me conlleva un mayor riesgo. Con todo esto, y a pesar de que según yo estaba tranquila por- que el virus estaba lejos de mi familia, comencé a sentir mayor preo- cupación por la situación. Bromeaba con mi hijo que esta pandemia nos había echado a perder nuestro cumpleaños y para colmo el día de la madre. Ese día para mí, ahora, fue muy especial estuvimos con mi mamá mi fami- lia, mis papás y de repente llegó mi hermano con un arreglo floral para mi mamá y un ramo de flores para mí. Nos dio nuestro abrazo, comimos, platicamos. De repente el equipo de sonido de mi papá se descompuso. Seguimos platicando, de repente mi hermano se levantó, se despidió de todos y se fue. Después de media hora volvió a llegar con una televisión para mi mamá y un equipo para mi papá. Ellos le agradecieron con un abrazo. El abrazo que le dio a mi mamá me hizo sacar lágrima, fue un abrazo muy especial y se dijeron cosas muy bonitas, que nunca lo había yo visto. Se volvió a despedir de todos, se acercó a mi esposo para despedirse y le dijo: Te los encargo y a mi hijo le dijo: Te dejo chamba. Y se fue….. Los contagios iban en aumento y mi temor porque me sucediera algo también. Mi cuñada me llamó para platicarme que mi hermano no andaba bien que andaba con molestias gástricas y renales pero que ya estaba en atención, eso fue un día viernes. El martes siguiente mi otro hermano me llamó para informarme que Héctor seguía mal y que todo indicaba que era Covid-19 que le iban a hacer el estudio pero que tardaba 8 días en darle el resultado, inmediatamente me comuniqué con Yola para preguntarle si conocía algún otro laboratorio que die- ra los resultados más rápido y me dijo que no, que todos trabajaban igual, me recomendó que le tomaran una tomografía y una placa para obtener los resultados el mismo día. Yo pasé la información pero ellos 140
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    decidieron que mejorhacían la prueba. El médico que lo comenzó a ver, les dijo que por los síntomas lo iba a comenzar a tratar como paciente covid y le envió medicamentos. Mi hermano comenzó con problemas de respiración, cada vez más intensos. El siguiente sábado, ya más enfermo, se comunicó con un médico de su absoluta confianza y éste le dijo que no esperara más tiempo que se hiciera “una tomogra- fía y una placa de tórax” investigué y encontré laboratorio y en hora y media mi hermano ya tenía los resultados, con ellos ya lo comenzó a tratar un especialista en covid. El cada momento peor, el domingo fue un día desesperante para toda la familia ya que mi cuñada nos decía que lo veía muy mal pero que no quería irse a ningún hospital que no fuera al que él siempre iba, todos tratamos de conseguir hospital, pero todos los privados del área de Toluca estaban saturados, inclusive en la Ciudad de México. El día lunes él estaba ya muy mal conseguí una cita con un neumólogo, que por cosas de la vida y de Dios, nunca llegó a la consulta. Una de las hermanas de mi cuñada, en un momento de verdadera suerte encontró una cama en un hospital, por fin mi herma- no iba a ser atendido en un hospital especializado!!! Comenzaron a trascurrir los días y nos decían que mi hermano iba recuperándose muy lento pero que afortunadamente no había re- trocesos ni tropiezos que tuviéramos mucha fe, que todo iba por buen camino…… Así transcurrieron dos semanas y la desesperación iba en au- mento porque todos los días le preguntábamos que como había ama- necido y su respuesta siempre la misma: Con mucha dificultad para respirar pero ay la llevo, cuídense…….. El lunes 15 nos mandó mensaje: Aquí todo bien. Cuídense…… En la madrugada del día 16 a la 1:10 me llamó mi cuñada avisándo- me que mi hermano se había puesto mal y que el médico le pedía su autorización para entubarlo, lo único que pude contestarle fue que la decisión que tomaran ella y mis sobrinos era la correcta y que nosotros la apoyábamos. Después a las 2:48 me llamó muy mal diciéndome que mi hermano no respondía que ya habían tratado de reanimarlo y nada, 141
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    que me pedíahablara con mis papás. Colgamos…….. A las 4:06 me llamó mi sobrino para avisarme que mi hermano se había ido a las 3:40 fue el segundo momento más terrible de mi vida y obviamente el momento más obscuro de esta “cuarentena”. Ese mismo día a las 19:00 de mi hermano ya sólo existían sus cenizas y su recuerdo. Esto ha sido una pesadilla, no puedo creer que él ya no está, que ya no podré volver a verlo. El querer llorar y que todos me digan: Tienes que ser fuerte por tus papás, por tus hijos, por tu esposo; lo sé!!! Pero y lo que yo siento? Cómo y con quién puedo expresar todo el dolor que me causa esta situación, quisiera llorar, gritar. Sé que tengo a un gran hombre a mi lado, dos buenos hijos y otro excelente hermano, pero el saber que él estaba en algún lado, me daba seguridad, sabía que con solo un mensaje o una llamada iba a tener su mano, su apoyo, su cariño y ahora simplemente ya no está……….. Así que en resumen mi experiencia en esta cuarentena se ha convertido en miedo, preocupación, enojo y una terrible tristeza. 142
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    Pandemia Covid 192020 Yolanda Cicero Ocaranza Nadie esperaba esto. Llegó como furtivo ladrón. Detuvo al mundo. Empezó en Asia, en una ciudad llamada Wuhan en China en diciembre de 2019, pasó entonces a Japón y otros países asiáticos, de ahí se desplazó a Europa golpeando principalmente a Italia y España y, poco a poco, se apoderó del continente dejando a su paso muerte, miedo, incertidumbre... En febrero llegó a México, hoy estamos viviendo poco más de cien días de cuarentena. Mucha gente ha muerto, otros están contagia- dos, algunos se han recuperado y muchos otros piensan que no existe el virus. La Organización Mundial de la Salud ha recomendado desde el inicio de la pandemia que nos quedemos en casa, para muchos no es posible hacerlo. El trabajo desde casa se ha hecho común y los niños y jóvenes reciben sus clases en línea. Todo se ha tenido que implementar sobre la marcha pues no estábamos preparados para esto. Para mí ha sido esta forzada estadía en casa, una oportunidad para reflexionar y conocerme. Siempre estaba corriendo y estresada, ahora estoy tranquila, sí preocupada por todo lo que está sucediendo, pero he podido darle su justo valor a las cosas y, lo más importante a las personas. He leído y disfrutado mi departamento, la vista del jardín y la música que cada noche a las ocho ponen los vecinos en apoyo al per- sonal sanitario que día a día arriesga la vida en el combate de este vi- rus, vecinos del conjunto habitacional y vecinos de edificios aledaños llevan el ritmo con las linternas de sus celulares y al finalizar cada canción aplauden y agradecen el momento. 143
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    Todo el mundodesea que esto pase pronto y podamos volver a abrazar a nuestros seres queridos. 144
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    Ciudad típica deMetepec Yolanda García Morales Mayo 29 de 2020 Hola, soy Yolanda García, mi esposo y yo somos Químicos Far- macobiólogos y tenemos un laboratorio de análisis clínicos donde pa- samos la mayor parte del tiempo. Quiero contarles cómo he vivido durante esta pandemia, prime- ro quiero que sepan que cuando empezó la noticia de esta epidemia en China, creo que la mayoría de nosotros pensamos: ah China está muy lejos y nunca pensamos que nos llegaría, además, se trataba de una epidemia. Cuando en marzo se dio a conocer el primer caso en México, me preocupó que en nuestra cultura todo lo ponemos en duda y pen- samos que es invento o no existe, aunque ahora ya estamos hablando de una pandemia, no de una epidemia. Empezó a llegar mucha información que nos llenó de temor por la gravedad de esta nueva enfermedad, diario eran de 8 a 10 correos con información, mucha de la cual resultó falsa o alarmista. Por otro lado, noticias terribles de esta pandemia en países como Italia, Francia y España, que nos alertaban que esto no era broma y mucho menos fácil de atacar. Yo me levanto muy temprano, a las 5 de la mañana, ahí empie- za mi día , me baño, alisto el desayuno y la comida que llevaremos al laboratorio, ya que desde que empezó la pandemia preparamos la comida en cada, antes únicamente llevábamos el desayuno y comprá- bamos la comida, ahora todo lo preparamos en casa, es aquí donde se complican las cosas con la pandemia. No teníamos la costumbre de 145
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    planear los alimentosni tener a la mano los insumos necesarios para hacerlos, además no soy muy buena cocinera, afortunadamente no somos “chocantes” para comer y vamos pasando los días ya sin mayor complicación, pero al principio era un caos. Otro problema son las medidas de seguridad para desempeñar el trabajo y disminuir el riesgo de contagio, vi mucha gente imaginan- do los síntomas de la enfermedad e inventando que en su familia ya había muchos infectados, conforme ha ido pasando el tiempo esto ha disminuido, pero los casos reales han aumentado. Vivimos con miedo a cada momento, ya hemos atendido pa- cientes con el virus. En una ocasión llegó un señor solicitando oxí- geno y un médico, le dije que no teníamos nada que ofrecerle, ya que somos un laboratorio, poco después llegó su hija y le dije que lo llevara a la Cruz Roja, hay una unidad muy cerca del laboratorio, así lo hizo, era miércoles, su hija nos informó que el jueves falleció el señor a cau- sa del COVID 19. A partir de ese momento nuestro estrés aumentó. Vivimos aislados para no infectarnos y no infectar a nadie, usamos ropa desechable misma que tiramos al finalizar el día. Recibimos por parte de las autoridades, una notificación para disminuir el horario de atención y así lo hemos hecho. Estamos muy frustrados porque mientras nosotros arriesgamos la vida dando atención a los pacientes, la gente parece no entender y los vemos paseando sin la menor medida de protección. Lo peor es que el viernes me encontraba barriendo la calle y pasaron cuatro jóvenes, cuyas voces se escuchaban alcoholizadas y me insultaron, diciendo una serie de groserías y, que nosotros éramos los contagiosos, sentí miedo y coraje. Al día siguiente mi esposo acudió a la panadería y al salir, un taxista lo agredió diciéndole que nosotros éramos los culpables porque les echábamos el virus a la población, que nos habíamos de morir todos, se subió al coche y se lo aventó a mi esposo, eso nos llenó de rabia y de tristeza. Las empleadas de la panadería nos comentaron que no le habían vendido nada al agresor y 146
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    que si nosotrosnecesitábamos pan o algo más, les llamáramos y ellas nos lo traerían. Así hemos vivido la pandemia, aislados, agraviados, estresados y cansados de trabajar con esta ropa tan incómoda. Les deseo mucha suerte y que Dios nos proteja de esta terrible enfermedad. Junio 16 de 2020 Hola, otra vez yo, espero no haberlas aburrido con mi otro es- crito, pero hoy me encuentro desconsolada con las noticias que hemos recibido. Hace tres semanas el hermano mayor de una familia muy querida por nosotros, se contagió de coronavirus, su hermana Vero colabora con nosotros en el laboratorio, me llamó y me dijo que su hermano requería la prueba, nosotros no la realizamos por el poten- cial riesgo que representa. Le comenté que le realizaran una tomografía de tórax y un tele también de tórax, que el diagnóstico era más rápido y más confiable, sin embargo, el médico le solicitó la prueba, se la realizaron y el resul- tado lo entregaron ocho días después, para el quinto día su hermano había empezado a saturar el 90% de oxígeno y se sentía mal, presen- taba dolor de cabeza y la temperatura era alta. Consiguieron cita con un neumólogo, que nunca lo recibió, acudieron entonces a realizarle la tomografía y el tele de tórax y así se confirmó la noticia, era portador del virus, para cuando le entregaron los resultados de la prueba, su oximetría había bajado y fue necesario hospitalizarlo. Debo comentar que los servicios sanitarios están llenos, no hay lugar en los hospitales de Toluca. Lograron internarlo en un hospi- tal privado en urgencias con todos los síntomas del virus y con una oximetría de 86%, se encontraba grave, su esposa y su hijo fueron enviados a su casa a estar en cuarentena, los médicos comentaban que avanzaba muy lento pero que avanzaba. Su hijo dio síntomas de estar contagiado y fue ingresado al mis- mo hospital que su papá, los informes médicos son proporcionados 147
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    únicamente por teléfonode 3 a 4 de la tarde, no hay contacto físico alguno con el paciente, lo cual debe ser desesperante. El viernes pasado se le repitió la tomografía y, para sorpresa de todos, las lesiones pulmonares han avanzado y no presenta ninguna mejoría, al contrario, requiere 15 litros de oxígeno por minuto y su saturación sólo sube a 90%, sin oxígeno baja a 80%. Sabemos, en base a sus niveles clínicos, que ahora está teniendo problema con su glucosa y su presión arterial, todo parece estar com- plicándose, él es aún muy joven, tiene 56 años. Hoy por la madrugada me llamó Vero, respiró profundo y me dijo: mi hermano se ha ido. Quedé fría, sin palabras, todo es muy ex- traño, me siento desolada, no entiendo qué fue lo que pasó, ¡oh Dios!, pobres padres, pobre esposa, pobres hijos, pobre familia que no pudo estar a su lado. Más tarde me comunicaron que les entregaron el cuerpo vía funeraria a la 1 de la tarde para que fuera cremado, pero que este hospital les deba la opción de despedirse de su familiar en una sala de despido hermética, para que la familia no tuviera riesgo alguno, sólo podrían entrar 7 personas, pero no pudieron aprovechar esto porque al llegar les dijeron que había un lugar disponible para cremarlo y así lo hicieron. Todos dicen que lo peor es no haberse despedido de él y ni siquiera vieron pasar la carroza y menos el ataúd. Durante la mañana recibí una llamada de mi comadre Carmen, para decirme que su primo José Luis, su esposa y sus dos hijas, habían fallecido entre sábado, domingo y lunes y que les habían entregado cuatro papeletas para que fueran siete días después, a recoger las ceni- zas de sus familiares. Mi corazón está roto, ¿Qué está pasando? ¿Cómo entender lo que estamos viviendo sin sentir un miedo que te recorre el cuerpo? Pero venía lo peor, Vero me solicitó que hablara con su mamá, la lla- mé ese mismo día por la tarde, escuché la voz triste, apagada y de un momento a otro rompió a llorar y a lanzarme mil preguntas que yo no 148
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    podía contestar, erala voz más doliente que yo he escuchado. Entre otras cosas me dijo que la última vez que vio a su hijo fue el diez de mayo, me dijo: vino como siempre con sus bolsotas de comida, con su regalo (ella cumple años ese día) y pensar que no lo volveré a ver, debo confesar que el llanto me brotó del alma, no sólo de los ojos. ¿Cómo entender lo que está pasando, Dios ¿qué nos quieres enseñar? Una vez más el temor se apoderó de mí, al grado de sufrir casi un ataque de ansiedad, sentía que no podía respirar, chequé mi oxime- tría y me di cuenta que todo era producto de mi miedo, logré tranqui- lizarme y aquí estoy, trabajando como cada día, cubriéndome con mi traje de astronauta y con el temor a flor de piel. Doy gracias hoy más que nunca de estar viva, con salud, con fe en el creador de que todo y todos estaremos bien. Deseo para todos los que hayan leído este texto, “Dios les con- ceda toda la salud posible para disfrutar la vida y vida para disfrutar de todo”. 149
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    No se aceptanniños Yolanda Gudiño Cicero Ciudad de México. Cuarentena del 2020 Día 82 ¿o 94? Confundo el paso de los días, El que sea martes miércoles o sábado, no me dice nada, mucho menos ahora que las clases virtuales terminaron y las reuniones de la Secretaría de Cultura se han espaciado. Dicen que para que podamos concentrarnos en las lecturas, pero lo cierto es que se acumulan en la computadora bajo nombres genéricos, en anaqueles virtuales, que estoy segura consulta- ré un día antes de entregar las reseñas. Hoy volví al súper. No olvidé ninguna cosa. Cubrebocas, el pelo recogido y cubierto, mangas largas, armada con una botella de gel antibacterial y otra de cloro, según mi hijo, precaución innecesaria... pero una nunca sabe. Lo traigo en un aspersor pequeño para rociar de cuando en cuando mis zapatos, el carrito del súper, las bolsas del mandado, la fruta suelta, los cartones de leche... después lo vuelvo a lavar todo en casa. En la puerta del estacionamiento hay un gran letrero con las reglas para ingresar: una persona por familia, se prohíbe entrar sin cubrebocas, y hablar. Tampoco se admiten niños. Quizá por esta ra- zón, un niño y una niña esperan pacientemente parados con sus cu- brebocas. La niña tendrá 8 años y el niño 10. Ella lleva un cubrebocas de princesas y él uno con algún personaje de Marvel. Apenas si se mueven con la mirada fija en una señora que avanza lentamente por la banda eléctrica. Imagino que es su madre. 151
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    Llevo una lista.Compro rápido, sin pausa, sin fijarme en las marcas. Quiero pescado pero la vitrina apesta desde varios pasillos an- tes. Prefiero no arriesgarme. Pienso que más que marcas debo fijarme en las fechas de caducidad de los productos. Imagino los cientos de paquetes etiquetados y reetiquetados, descomponiéndose lentamente. Acabo antes de lo planeado y pago, meto todo en las bolsas y me doy cuenta que empaquetar productos es todo un arte. Cuando vuelvan los empacadores, personas de la tercera edad, seré más generosa con las propinas. Bajo por la banda eléctrica sosteniendo el carrito con los antebrazos. Los niños siguen ahí. Ella tira con fuerza su cubrebocas que acaba debajo de uno de los carros parados en el estacionamiento. Él le palmea la espalda. Se prepara. Calcula el tiro, mide la distancia hacia el espejo, arruga su cubrebocas dentro del puño, da tres giros violentos a la mano y lanza. El cubrebocas se queda a mitad de distancia, apenas si sortea el charco aceitoso bajo la banqueta. Ella ríe. Corre y recoge del piso su cubrebocas. Está despeinada. Se mete el elástico en la boca para detener el paño mientras se peina de nuevo con las manos y mete todos los cabellos sueltos en una cola de caballo, evalúa el resultado en el espejo del coche y sonríe. Él recoge su cubrebocas, lo sacude a golpes en el pantalón, saca la lengua y lame su mano, luego persigue a su hermana para ensalivarle el cachete, ella corre y ríe, le grita que es un bebé y que no sabe perder, él responde que ella es una tramposa. Se persiguen riendo alrededor de los coches, entre los clientes con cara de espanto que los esquivan detrás de máscaras transparentes y guantes. Antes de alcanzarla, ella prefiere tirarse al suelo, hacerse bolita junto a los carritos vacíos del supermercado, él se le tira encima y jue- gan igual que dos cachorros. De sus frentes escurre un sudor negro que quitan de tanto en tanto con la mano. Él señala a la mujer que baja por la banda eléctrica con la mirada fija en el celular. El juego termina. Ambos sacuden los cubrebocas a golpes sobre sus rodillas y se los vuelven a colocar, ella se peina, él se limpia el sudor de la frente 152
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    y se colocanjunto a la puerta del estacionamiento tratando de dete- ner sus jadeos, de desacelerar el corazón. La mujer no los mira, teclea algo en su teléfono, suelta el carrito para buscar las llaves dentro de la bolsa, toma entre sus manos un poco de gel antibacterial que le ofrece el vigilante y, sin voltear a ver a los niños, les dice que lo tomen, ellos extienden las manos, dejan que una minúscula gota les impregne las palmas y se lo frotan en las manos, las rodillas y los codos. La mujer camina mientras el niño empuja el carrito y la niña salta con un pie detrás de ellos. La madre abre la cajuela, saca el gel antibacterial de la bolsa, les pide a los críos que entren a la camioneta mientras desinfecta minuciosamente cada una de las bolsas. Miro al vigilante e imagino que detrás de su cubrebocas ríe mientras mueve ligeramente la cabeza de un lado a otro. 153
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    Esta obra seterminó de editar en el mes de octubre de 2020 Aún no sabemos cuándo terminará la pandemia.