La obsolescencia programada es una realidad de la época moderna impulsada por el capitalismo y la globalización. Las empresas crean productos con poca durabilidad para obligar a las personas a comprarlos frecuentemente, lo que genera grandes cantidades de basura y fomenta valores basados en el consumismo. Además, acortar la vida de los productos solo para obtener mayores ganancias va en contra de la ética y ha contribuido a crisis financieras y sociales en países desarrollados.