San Ireneo fue obispo de Lyon en el siglo II d.C. que defendió la unidad y doctrina de la Iglesia frente a herejías como el gnosticismo. Escribió obras como Contra las herejías donde explicó que Dios creó al hombre de cuerpo y alma, y que la historia es el plan de Dios para salvar al hombre mediante Jesucristo. San Ireneo enseñó que Jesús es el nuevo Adán que rescata a la humanidad y la lleva a la visión perfecta de Dios, restaurando así la imagen original del hombre.