El documento analiza cómo la capacidad de las personas para vivir solas ha aumentado, reduciendo la presión social para casarse. Argumenta que las relaciones de alta calidad basadas en el respeto mutuo pueden florecer, mientras que los malos matrimonios impulsados por el miedo a la soledad tienen los días contados. Predice que en el futuro las personas podrán establecer uniones especiales sin vivir juntas, y solo contraerán matrimonio si comparten metas que justifiquen un vínculo societario como tener hijos.