PARÁBOLA EL BUEN SAMARITANO.

         Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de
despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto.
        Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verlo, dio un rodeo y se fue sin
ayudarle.
        De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio lo vio, sin prestarle ayuda, se marchó.
        Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verlo tuvo compasión; y,
acercándose, vendó sus heridas; y montándolo sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y
cuidó de él.
       Al día siguiente, sacando dinero, se los dio al posadero y dijo: "Cuida de él y, si gastas algo
más, te lo pagaré a la vuelta."


                          PARÁBOLA DEL HIJO PRÓDIGO
        Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre:
"Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde, que me marcho de casa."
        El padre entonces le repartió el dinero y pocos días después el hijo menor reuniendo
todo, se marchó a un país lejano donde malgastó todo su dinero…

«Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre en aquel país, y comenzó a pasar necesidad.
Entonces, fue y se ajustó con uno de aquel país, que le envió a sus fincas a cuidar cerdos.
Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.

Así que pensando dijo:
"¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo me muero de hambre!

Me levantaré, iré a mi padre y le diré:
      Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, ya no merezco llamarme hijo tuyo,
trátame como a uno de tus jornaleros."

Y, levantándose, se fue a su casa. . «Estando él todavía lejos, lo vio su padre y, conmovido, corrió,
se echó a su cuello y le besó.

El hijo le dijo: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo."

Pero el padre dijo a sus siervos: "Traed deprisa el mejor vestido, ponedle un anillo en su mano y
unas sandalias en los pies. Traed el ternero cebado, y celebremos una fiesta, porque mi hijo estaba
perdido y ha sido encontrado". Y comenzaron la fiesta.

Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las
danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.

Él le dijo: "Ha vuelto tu hermano y tu padre ha hecho una fiesta”
El se enfadó y no quería entrar. Salió su padre, entonces él replicó a su padre: "Hace tantos años
que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener
una fiesta con mis amigos; ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha gastado el dinero, le haces
una fiesta…
       Pero él le dijo: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía
celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida;
estaba perdido, y lo hemos encontrado”


                         PARÁBOLAS DE LOS TALENTOS.

        Un hombre muy poderoso tenía muchas tierras, y tuvo que marcharse durante una larga
temporada, reunió entonces a sus trabajadores y les confió su hacienda.
Al primer trabajador le dio cinco talentos, al segundo le dio dos talentos, y al tercero le dio un
talento, a cada uno según su capacidad.
        El que había recibido cinco se marchó enseguida a trabajar con ellos, y ganó otros cinco.
        El que había recibido dos hizo lo mismo, y ganó otros dos.
        Pero el que había recibido uno sólo se fue cavó en la tierra y guardó allí el dinero de su
señor.
        Después de mucho tiempo volvió el amo, y les pidió cuentas.
        Llegó el primero de los criados, diciendo: Señor, me entregaste cinco talentos he aquí otros
cinco que he ganado. El amo le dijo: ¡Bien! Has sido fiel en lo poco te confiaré mucho más.
        Se presentó entonces el segundo de los criados diciendo: Señor me entregaste dos talentos,
mira he ganado otros dos. Dijo entonces el amo: ¡Bien! Has sido fiel en lo poco te confiaré mucho
más.
        Por último se acercó el tercer criado que le dijo: Señor, se que eres duro, que cosechas
donde no siembras, y recoges donde no has cultivado, tuve miedo y escondí tu talento en la
tierra. El amo le contestó: Debías haber entregado mi dinero a los banqueros para que al volver yo,
lo retirase con intereses. Quitadle, pues, el talento, y dádselo al que tiene diez, porque el que se
esfuerza y trabaja recibirá su premio, pero el que no se quedará sin nada.




                                 BIENAVENTURANZAS.
1.- Dichosos los pobres de espíritu, porque suyo es el reino de Dios.
2.- Dichosos los que están tristes, porque Dios los consolará.
3.- Dichosos los humildes, porque heredarán la tierra.
4.- Dichosos los que tienen hambre de hacer la voluntad de Dios porque Dios los
saciará.
5.- Dichosos los misericordiosos, porque Dios tendrá misericordia de ellos.
6.- Dichosos los que tienen un corazón limpio, porque verán a Dios.
7.- Dichosos los que construyen la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
8.- Dichosos los perseguidos por hacer la voluntad de Dios, porque de ellos es el
reino de los cielos.

Parábolas y Bienaventuranzas.

  • 1.
    PARÁBOLA EL BUENSAMARITANO. Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verlo, dio un rodeo y se fue sin ayudarle. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio lo vio, sin prestarle ayuda, se marchó. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verlo tuvo compasión; y, acercándose, vendó sus heridas; y montándolo sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacando dinero, se los dio al posadero y dijo: "Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré a la vuelta." PARÁBOLA DEL HIJO PRÓDIGO Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: "Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde, que me marcho de casa." El padre entonces le repartió el dinero y pocos días después el hijo menor reuniendo todo, se marchó a un país lejano donde malgastó todo su dinero… «Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. Entonces, fue y se ajustó con uno de aquel país, que le envió a sus fincas a cuidar cerdos. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie se las daba. Así que pensando dijo: "¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo me muero de hambre! Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, ya no merezco llamarme hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros." Y, levantándose, se fue a su casa. . «Estando él todavía lejos, lo vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó. El hijo le dijo: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo." Pero el padre dijo a sus siervos: "Traed deprisa el mejor vestido, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el ternero cebado, y celebremos una fiesta, porque mi hijo estaba perdido y ha sido encontrado". Y comenzaron la fiesta. Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Él le dijo: "Ha vuelto tu hermano y tu padre ha hecho una fiesta” El se enfadó y no quería entrar. Salió su padre, entonces él replicó a su padre: "Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener
  • 2.
    una fiesta conmis amigos; ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha gastado el dinero, le haces una fiesta… Pero él le dijo: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y lo hemos encontrado” PARÁBOLAS DE LOS TALENTOS. Un hombre muy poderoso tenía muchas tierras, y tuvo que marcharse durante una larga temporada, reunió entonces a sus trabajadores y les confió su hacienda. Al primer trabajador le dio cinco talentos, al segundo le dio dos talentos, y al tercero le dio un talento, a cada uno según su capacidad. El que había recibido cinco se marchó enseguida a trabajar con ellos, y ganó otros cinco. El que había recibido dos hizo lo mismo, y ganó otros dos. Pero el que había recibido uno sólo se fue cavó en la tierra y guardó allí el dinero de su señor. Después de mucho tiempo volvió el amo, y les pidió cuentas. Llegó el primero de los criados, diciendo: Señor, me entregaste cinco talentos he aquí otros cinco que he ganado. El amo le dijo: ¡Bien! Has sido fiel en lo poco te confiaré mucho más. Se presentó entonces el segundo de los criados diciendo: Señor me entregaste dos talentos, mira he ganado otros dos. Dijo entonces el amo: ¡Bien! Has sido fiel en lo poco te confiaré mucho más. Por último se acercó el tercer criado que le dijo: Señor, se que eres duro, que cosechas donde no siembras, y recoges donde no has cultivado, tuve miedo y escondí tu talento en la tierra. El amo le contestó: Debías haber entregado mi dinero a los banqueros para que al volver yo, lo retirase con intereses. Quitadle, pues, el talento, y dádselo al que tiene diez, porque el que se esfuerza y trabaja recibirá su premio, pero el que no se quedará sin nada. BIENAVENTURANZAS. 1.- Dichosos los pobres de espíritu, porque suyo es el reino de Dios. 2.- Dichosos los que están tristes, porque Dios los consolará. 3.- Dichosos los humildes, porque heredarán la tierra. 4.- Dichosos los que tienen hambre de hacer la voluntad de Dios porque Dios los saciará. 5.- Dichosos los misericordiosos, porque Dios tendrá misericordia de ellos. 6.- Dichosos los que tienen un corazón limpio, porque verán a Dios. 7.- Dichosos los que construyen la paz, porque serán llamados hijos de Dios. 8.- Dichosos los perseguidos por hacer la voluntad de Dios, porque de ellos es el reino de los cielos.