Las formas de representación del poder político en el I milenio a.C. se dieron de diversas
maneras, aunque en todos los casos se puede localizar la presencia despótica de un
soberano, figura de máxima autoridad del país con un gobierno más o menos centralizado
según el caso. El soberano solía ser miembro de una dinastía, un grupo de personas que
tienen cierto parentesco entre ellos (usualmente eran familiares) y que gobiernan el
territorio consecutivamente uno detrás del otro por un período de tiempo determinado
(aunque ha habido casos de soberanos usurpadores que no pertenecían a la familia del
soberano anterior y llegan al poder, usualmente, mediante un golpe militar). En el imperio
Persa la dinastía Aqueménida gobernó por casi 200 años, comenzando su fase
expansionista durante el reinado del rey Ciro II con el anexo del reino Medo, inaugurando
así una serie de espectaculares conquistas ampliadas por sus sucesores, lo que llevo al
imperio a poseer la extensión más grande de tierras del momento.
Para mantener este orden de dominación social, el soberano y la nobleza apelaban a
distintos mecanismos del orden ideológico, entre los que podemos encontrar como principal
la propaganda iconográfica (ej: la procesión de vencidos conducidos con dogales, ante
Dario en Behistun). Estas le daban la posibilidad al Estado de demostrar y exagerar el poder
que poseían, que se proyecta tanto al sector subordinado de la población como a los
distintos países no dominados. Gandulla sostiene el hecho que se pueden utilizar distintos
métodos para lograr la afirmación y continuidad del orden ideológico, estos son las formas
discursivas de inevitabilidad (resignación, miedo, adaptación o diferencia) llegando a lograr
así un sentimiento de obediencia hacía el dominador porque este actúa en favor de los
dominados, porque esta dominación es beneficiosa.
Mann sostiene que pese a las intrigas dinásticas, a las sucesiones disputadas, y a todo tipo
de conflictos internos y externos fue la “solidaridad ideológica” regional de su clase
dirigente lo que mantuvo unido al imperio, la clase dominante se mantenía unida frente a
cualquier amenaza proveniente tanto del exterior como de la clase subordinada del imperio.
El soberano tenía como obligación, entre otras cosas, la protección de sus propios
territorios, la organización de su imperio y la reproducción de los cultos religiosos y
construcción de obras públicas.
La protección de sus territorios se dio de distintas maneras, aunque cabe afirmar que los
imperios estudiados de la época tuvieron un carácter expansionista y universalista. Todos
buscaron expandir sus territorios mediante enormes campañas militares, movilizando una
cantidad de hombres y recursos nunca antes vista. Una vez conquistadas, existían distintas
maneras de sostener el poder sobre la zona, pero siempre se exigía el pago de un tributo, el
cual se daba de distintas maneras como ganado, granos, materiales preciosos, etc. Algunas
de estas maneras de sostener el poder eran más feroces, más violentas, como las llevadas a
cabo por Asiria en algunos casos. Estas incluían la conquista, el sometimiento de la
población mediante el uso del militarismo, deportación de pueblos (Israel), etc. (en palabras
de Liverani, la unificación por supresión de lo distinto). Otras eran más laxas, como por
ejemplo las llevadas a cabo por el imperio Persa, ya que debido a la dimensión de su
imperio no podían mantenerlo unido con métodos tan inflexibles. Como sostiene Mann,
había partes del imperio que solo reconocían el tipo más general de soberanía Persa, que se
hallaban bajo un sentido muy dilatado de gobierno.
Los persas exigían una sumisión al Gran Rey Pe, el rey persa, quien era marcado por
Ahuramazda (Dios de la religión persa). Este rey no tenía un carácter divino como puede
verse en Egipto, sino que era el gobernador que Dios había elegido para la tierra. No
toleraban la existencia de reyes clientes (como si lo hacían los asirios), aunque si de
gobernadores y vasallos subordinados. Lo novedoso en el caso persa es que su método
flexible de dominación permitía mantener un respeto hacía las tradiciones de los pueblos
conquistados, generar un agradecimiento en los pueblos subordinados (por la misma
clemencia que mostraban los persas al conquistar territorios, como sucedió en Babilonia
donde el rey Ciro destituyó a Nabónido, su par de Babilonia que no contaba con el apoyo
de gran parte de la sociedad de su imperio) y sobre todo la toma de elementos de estas
tradiciones y de la cultura extranjera que fuesen útiles para el imperio (como por ejemplo
lenguas, tipos de escritura, tipos de formaciones militares, etc.). Incluso los reyes persas
llegaron a rendir culto a las deidades de otros pueblos, como lo hizo Ciro con Jehová, dios
de los judíos, o con Marduk, dios de Babilionia. De esta manera se aseguraban la lealtad de
estos mismos pueblos subordinados, y era condición para esta tolerancia religiosa la
aceptación de Ahuramazda. Como sostiene Liverani, “los reyes vencidos eran perdonados,
las ciudades conquistadas no eran destruidas y las divinidades y los cultos locales eran
mantenidos e incluso adoptados por el propio Ciro”.
La organización del imperio debía tener en cuenta tanto a las tierras pertenecientes a la
propia nación como a las tierras adquiridas mediante la conquista, esto se traducía a una
gran cantidad de diversas tierras heterogéneas. Es a partir del reinado de Dario en el cual se
realiza la organización definitiva del imperio dividiendo a este en veinte satrapías. Cada
una de estas satrapías era un microcosmos de la administración del rey, y eran gobernadas
por un sátrapa, que se encargaba de la justicia, el pago del tributo y la administración en
general. Estos sátrapas podían ser tanto nobles persas como gobernadores locales que
simplemente se limitaban a adquirir un nuevo título (esto supone que en algunas zonas las
elites siguieron gobernando de igual forma a la que la hacían antes, como sucedió en
Egipto, solo que ahora debían rendir tributo al imperio persa). Eran autónomos del imperio
siempre y cuando aportaran tributo y levas militares, y mantuvieran el orden administrativo
de la región. A su vez no se les permitía tener ejércitos de más de mil persas, con lo que se
buscaba reducir la peligrosidad que podía tener un sátrapa rebelde o infiel. Este sistema de
satrapías deja en claro la pretensión del imperio de estar centrado el su máximo gobernante.
Las satrapías son desiguales en su extensión y ubicación, en su situación demográfica y en
su capacidad contributiva. La tributación que se daba en estas distintas satrapías quedó
asentada por Herodoto, y se la considera el aporte organizativo más grande de Dario. Se
aplica un mismo tipo de forma de tributo y una proporcionalidad para las cantidades del
mismo. Esto es un gran cambio ya que previo al sistema de satrapías el tributo variaba en
forma y cantidad dependiendo de la región, en algunas regiones se encontraba más
articulado y definido y en otras consistía de “presentes”, lo cual se sostiene solo para
algunas tribus marginales.
El tributo se calculaba en peso de plata, ya que se logró unificar (o imponer) el sentido
ponderal y el sentido de valor dentro del imperio. El punto culmine de la unificación es la
difusión de la moneda, que cada vez se da de mayor manera, aunque subsisten algunos
medios de pago locales.

Parcial

  • 1.
    Las formas derepresentación del poder político en el I milenio a.C. se dieron de diversas maneras, aunque en todos los casos se puede localizar la presencia despótica de un soberano, figura de máxima autoridad del país con un gobierno más o menos centralizado según el caso. El soberano solía ser miembro de una dinastía, un grupo de personas que tienen cierto parentesco entre ellos (usualmente eran familiares) y que gobiernan el territorio consecutivamente uno detrás del otro por un período de tiempo determinado (aunque ha habido casos de soberanos usurpadores que no pertenecían a la familia del soberano anterior y llegan al poder, usualmente, mediante un golpe militar). En el imperio Persa la dinastía Aqueménida gobernó por casi 200 años, comenzando su fase expansionista durante el reinado del rey Ciro II con el anexo del reino Medo, inaugurando así una serie de espectaculares conquistas ampliadas por sus sucesores, lo que llevo al imperio a poseer la extensión más grande de tierras del momento. Para mantener este orden de dominación social, el soberano y la nobleza apelaban a distintos mecanismos del orden ideológico, entre los que podemos encontrar como principal la propaganda iconográfica (ej: la procesión de vencidos conducidos con dogales, ante Dario en Behistun). Estas le daban la posibilidad al Estado de demostrar y exagerar el poder que poseían, que se proyecta tanto al sector subordinado de la población como a los distintos países no dominados. Gandulla sostiene el hecho que se pueden utilizar distintos métodos para lograr la afirmación y continuidad del orden ideológico, estos son las formas discursivas de inevitabilidad (resignación, miedo, adaptación o diferencia) llegando a lograr así un sentimiento de obediencia hacía el dominador porque este actúa en favor de los dominados, porque esta dominación es beneficiosa. Mann sostiene que pese a las intrigas dinásticas, a las sucesiones disputadas, y a todo tipo de conflictos internos y externos fue la “solidaridad ideológica” regional de su clase dirigente lo que mantuvo unido al imperio, la clase dominante se mantenía unida frente a cualquier amenaza proveniente tanto del exterior como de la clase subordinada del imperio. El soberano tenía como obligación, entre otras cosas, la protección de sus propios territorios, la organización de su imperio y la reproducción de los cultos religiosos y construcción de obras públicas.
  • 2.
    La protección desus territorios se dio de distintas maneras, aunque cabe afirmar que los imperios estudiados de la época tuvieron un carácter expansionista y universalista. Todos buscaron expandir sus territorios mediante enormes campañas militares, movilizando una cantidad de hombres y recursos nunca antes vista. Una vez conquistadas, existían distintas maneras de sostener el poder sobre la zona, pero siempre se exigía el pago de un tributo, el cual se daba de distintas maneras como ganado, granos, materiales preciosos, etc. Algunas de estas maneras de sostener el poder eran más feroces, más violentas, como las llevadas a cabo por Asiria en algunos casos. Estas incluían la conquista, el sometimiento de la población mediante el uso del militarismo, deportación de pueblos (Israel), etc. (en palabras de Liverani, la unificación por supresión de lo distinto). Otras eran más laxas, como por ejemplo las llevadas a cabo por el imperio Persa, ya que debido a la dimensión de su imperio no podían mantenerlo unido con métodos tan inflexibles. Como sostiene Mann, había partes del imperio que solo reconocían el tipo más general de soberanía Persa, que se hallaban bajo un sentido muy dilatado de gobierno. Los persas exigían una sumisión al Gran Rey Pe, el rey persa, quien era marcado por Ahuramazda (Dios de la religión persa). Este rey no tenía un carácter divino como puede verse en Egipto, sino que era el gobernador que Dios había elegido para la tierra. No toleraban la existencia de reyes clientes (como si lo hacían los asirios), aunque si de gobernadores y vasallos subordinados. Lo novedoso en el caso persa es que su método flexible de dominación permitía mantener un respeto hacía las tradiciones de los pueblos conquistados, generar un agradecimiento en los pueblos subordinados (por la misma clemencia que mostraban los persas al conquistar territorios, como sucedió en Babilonia donde el rey Ciro destituyó a Nabónido, su par de Babilonia que no contaba con el apoyo de gran parte de la sociedad de su imperio) y sobre todo la toma de elementos de estas tradiciones y de la cultura extranjera que fuesen útiles para el imperio (como por ejemplo lenguas, tipos de escritura, tipos de formaciones militares, etc.). Incluso los reyes persas llegaron a rendir culto a las deidades de otros pueblos, como lo hizo Ciro con Jehová, dios de los judíos, o con Marduk, dios de Babilionia. De esta manera se aseguraban la lealtad de estos mismos pueblos subordinados, y era condición para esta tolerancia religiosa la aceptación de Ahuramazda. Como sostiene Liverani, “los reyes vencidos eran perdonados,
  • 3.
    las ciudades conquistadasno eran destruidas y las divinidades y los cultos locales eran mantenidos e incluso adoptados por el propio Ciro”. La organización del imperio debía tener en cuenta tanto a las tierras pertenecientes a la propia nación como a las tierras adquiridas mediante la conquista, esto se traducía a una gran cantidad de diversas tierras heterogéneas. Es a partir del reinado de Dario en el cual se realiza la organización definitiva del imperio dividiendo a este en veinte satrapías. Cada una de estas satrapías era un microcosmos de la administración del rey, y eran gobernadas por un sátrapa, que se encargaba de la justicia, el pago del tributo y la administración en general. Estos sátrapas podían ser tanto nobles persas como gobernadores locales que simplemente se limitaban a adquirir un nuevo título (esto supone que en algunas zonas las elites siguieron gobernando de igual forma a la que la hacían antes, como sucedió en Egipto, solo que ahora debían rendir tributo al imperio persa). Eran autónomos del imperio siempre y cuando aportaran tributo y levas militares, y mantuvieran el orden administrativo de la región. A su vez no se les permitía tener ejércitos de más de mil persas, con lo que se buscaba reducir la peligrosidad que podía tener un sátrapa rebelde o infiel. Este sistema de satrapías deja en claro la pretensión del imperio de estar centrado el su máximo gobernante. Las satrapías son desiguales en su extensión y ubicación, en su situación demográfica y en su capacidad contributiva. La tributación que se daba en estas distintas satrapías quedó asentada por Herodoto, y se la considera el aporte organizativo más grande de Dario. Se aplica un mismo tipo de forma de tributo y una proporcionalidad para las cantidades del mismo. Esto es un gran cambio ya que previo al sistema de satrapías el tributo variaba en forma y cantidad dependiendo de la región, en algunas regiones se encontraba más articulado y definido y en otras consistía de “presentes”, lo cual se sostiene solo para algunas tribus marginales. El tributo se calculaba en peso de plata, ya que se logró unificar (o imponer) el sentido ponderal y el sentido de valor dentro del imperio. El punto culmine de la unificación es la difusión de la moneda, que cada vez se da de mayor manera, aunque subsisten algunos medios de pago locales.