Rosario Arciniegas, una niña caprichosa de Valledupar, desobedeció a sus padres y se bañó en el río Guatapurí en Jueves Santo. Al salir del agua, descubrió que sus piernas se habían convertido en una cola de pez, transformándola en una sirena. A la mañana siguiente, apareció sobre la roca desde donde se había lanzado y se despidió con la cola antes de zambullirse en el río para siempre. Desde entonces, dicen que la ven y oyen cantar a