Ricardo Carreiro plantó la primera viña en 1978 con sus ahorros de su emigración a América. En 2000, su hijo Ricardo asumió el negocio y expandió la bodega y viñedos para hacer vinos de alta calidad de variedades autóctonas gallegas. Actualmente cultivan 28 hectáreas en más de 40 parcelas con prácticas de viticultura ecológica y elaboran una gama de vinos blancos y tintos complejos y expresivos de la región.