Los íberos eran un pueblo que habitó el sur y este de la península ibérica en el primer milenio a.C., organizándose en tribus y destacándose en agricultura, ganadería y artesanía. Por otro lado, los celtas, un grupo diverso que habitó el oeste y centro de la península, vivían en castros y eran expertos en la metalurgia, aunque no tenían escritura ni moneda propia. Ambos pueblos presentaban características culturales y sociales distintivas, reflejadas en su arquitectura y prácticas funerarias.