El niño vivía cerca del mar. Su papá y él extraían mariscos como piures, almejas y jaibas del mar. Una tarde, su papá llevó un canasto con una docena de jaibas para cocinar. Su primo sugirió soltar las jaibas en el patio para atraparlas, pero una jaiba atrapó el dedo del pie del niño con sus pinzas, haciéndolo llorar de dolor.