El gatito vivía feliz con sus amos, aunque no le gustaba que lo encerraran temprano. Una tarde se quedó jugando con sus amigos y cuando quiso entrar a casa, la puerta estaba cerrada porque sus amos ya estaban dormidos. Pasó una noche larga y fría afuera, aprendiendo que aunque los otros gatos eran libres, para él era mejor estar dentro de casa con sus amos.