El romanticismo en la primera mitad del siglo XIX se caracteriza por la expresión de la individualidad y la intensidad emocional del artista, buscando la belleza en lo cotidiano y en la naturaleza como fuente de sentimientos. Exponentes como Théodore Géricault y Eugène Delacroix destacaron en este movimiento, abordando temas como la miseria social y la grandeza de la emoción a través de obras impactantes como 'La balsa de la Medusa'. El romanticismo no solo transformó el arte, sino que también redefinió la relación entre el artista y la sociedad, promoviendo la libertad creativa y la expresión personal.