La ciudad romana de Segóbriga, ubicada en Cuenca, España, floreció entre los siglos I y II d.C. gracias al comercio del yeso traslúcido que exportaban. Contenía edificios notables como un anfiteatro, teatro, termas, acueducto y murallas. Tras la invasión musulmana en el siglo VIII, la ciudad fue despoblándose gradualmente hasta quedar en ruinas.