Gabriel García Moreno consolidó el estado ecuatoriano entre 1830 y 1860, enfrentándose a reformas liberales impulsadas por José María Urbina y otros líderes. Su gobierno se caracterizó por un fuerte liderazgo conservador, la integración del mercado nacional, reformas fiscales y el apoyo de la Iglesia Católica, aunque también enfrentó revueltas populares debido a la crisis económica y la opresión de los indígenas. La política y economía de este período estuvieron marcadas por tensiones entre exportadores de la región litoral y hacendados de la sierra, resultando en inestabilidad política.