La muerte de Stalin en 1953 marcó el inicio de la desestalinización en la Unión Soviética bajo el nuevo líder Nikita Kruschev. Este período se caracterizó por reformas económicas y sociales, una política exterior de distensión con Occidente, y esfuerzos para democratizar el sistema político interno. La distensión continuó en las décadas siguientes a través de acuerdos para limitar la carrera armamentista entre Estados Unidos y la Unión Soviética.