El teatro moderno se caracterizó por su libertad de planteamiento y por la transformación del arte teatral gracias a las nuevas posibilidades técnicas. El Festspielhaus de Bayreuth, construido a finales del siglo XIX, supuso la primera ruptura con los modelos italianos tradicionales e influyó en el desarrollo de escenarios más plásticos y dinámicos. El teatro de calle surgió como una forma de representación libre de las limitaciones arquitectónicas convencionales.