La crisis económica de la década de 1860, incluidas las crisis financiera, industrial y de subsistencias, contribuyó al deterioro político en España y al descontento público con el gobierno de Isabel II. Varios partidos de la oposición, incluidos los progresistas y demócratas, firmaron el Pacto de Ostende en 1867 para derrocar a la monarquía isabelina y establecer un nuevo sistema de gobierno, ya sea monárquico o republicano, elegido por sufragio universal.