La templanza es una virtud cardinal que implica moderación y continencia en la vida, reflejando el equilibrio emocional, intelectual, físico y espiritual a través de pruebas. Al igual que los metales que son templados por el fuego y el hielo, nuestras experiencias moldean nuestro carácter y facetas humanas. El proceso de templar el alma es fundamental para alcanzar el amor verdadero y el equilibrio personal.