El documento argumenta que los maestros deben tener un profundo conocimiento del desarrollo infantil para comprender las capacidades y dificultades de los niños en diferentes etapas y así adaptar su enseñanza de manera efectiva. La neuroeducación ha avanzado con técnicas como imágenes cerebrales y simulaciones que ayudan a estudiar trastornos del aprendizaje, y los maestros deben saber aplicar estos conocimientos para ayudar a cada niño.