La religión doméstica se basaba en la creencia de la inmortalidad del alma y el culto a los muertos. Los griegos y romanos adoraban a dioses antropomórficos como parte de su panteón mitológico. Se comunicaban con los dioses a través de sacrificios y adivinación, como los oráculos, para conocer su voluntad. Además de estas creencias oficiales, también practicaban la astrología y la filosofía.