Yahvéh es el Señor nuestra justicia, es un juez justo que condena la maldad y perdona a aquellos cuyos corazones conoce. Solo Dios puede proveer justicia en el mundo. Aquellos que se amparan en el sacrificio de Jesucristo, el Cordero de Dios, son justificados por su sangre derramada y salvos de la ira de Dios, según lo declarado en Romanos 5.