El documento describe el Altar del Incienso en el santuario bíblico, donde el sacerdote quemaba incienso y ofrecía sacrificios por los pecados. Esto prefiguraba la obra de Cristo como sumo sacerdote en el santuario celestial, donde ofrece su sangre por la humanidad. El amor de Dios se demuestra en el sacrificio de Cristo en la cruz para liberarnos del pecado y darnos vida eterna.