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Como corolario, traigo a colación una frase del Pbro. Fabio de Jesús Arcila, rectordel Seminario Misionero del Espíritu Sa...
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LA VOCACIÓN SACERDOTAL, UNA REALIDAD INNEGABLE. Cristian Camilo Cárdenas Aguirre

  1. 1. LA VOCACION SACERDOTAL: UNA REALIDAD INNEGABLENos hallamos inmersos en una sociedad post-moderna donde fantasiosamente secree que el mundo está avanzando simultáneamente en todas las esferas yámbitos de la vida humana, pero cuando me refiero al término fantasioso esporque ingenuamente se cree que es verdad, pero muchas veces lo que ocurre esun proceso de involución antropológica, donde lo único que se pretende es sacara Dios de la vida de los hombres, es lo que en realidad los gobiernos y la sociedadsecular se proponen, puesto que saben que si dejan al hombre sin Dios, puedenhacer lo que ellos quieran con él; lo anterior explica meridianamente el porqué dela persecución que siempre se ha tenido contra la Iglesia Católica,específicamente con sus ministros, que son los hombres que evocan y provocan lapresencia de Dios en medio de un mundo que busca silenciar toda voz quesusurre transcendencia, en consecuencia, la figura del sacerdote aparece enmuchos ambientes seculares como fastidiosa e incómoda, ya que como hombrede Dios hace pensar en Dios e impregna todo de Dios.Una de los grandes artilugios de la post-modernidad es manipular a los jóvenescon el consumismo, los placeres, la diversión vana, logrando así que éstos nopiensen en Dios, ni busquen la Iglesia Católica porque saben que allí realmente seles ofrece un proyecto de vida en Cristo obteniendo como resultado la felicidad y lasalvación.Pero, por más que luchen, son fuerzas que los post-modernos gastaránvanamente, pues Cristo no se cansa de llamar a sus hijos a la vocación sacerdotalde forma libre y voluntaria, aunque sea cierto que el auge de vocaciones no esigual que en los siglos anteriores; pero eso no anquilosa la misión de ver que losobreros de la mies continúan surgiendo cada día más, pues la Iglesia recuerdaestas palabras de Jesús a Pedro: “y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro y quesobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevaleceráncontra ella”1La vocación no consiste en recibir una llamada telefónica de Dios, sino enescuchar a Dios cada momento que habla al corazón del hombre como sucediócon Samuel2. Por ello, es menester la ayuda de otra persona para descubrirrealmente esa voz que llama. Por lo tanto, si un joven tiene buena salud física ypsíquica (no es necesario ser un supermán), si le gusta el estudio (no es necesarioser un genio), si tiene buena intención (no se trata de buscar el modo de ganarsela vida) puede vivir habitualmente en gracia, con la ayuda de Dios (no hace falta1 Evangelio de San Mateo 16, 182 Libro primero de Samuel 3, 4-18
  2. 2. ser ya un santo), todo con el fin de ir en busca de su propia perfección y lasalvación integral de todos los hombres, llegando a preguntarse si es Dios quien lellama al sacerdocio,3 por consiguiente, iniciaría un proceso formativo discerniendocada día acerca de ese llamado. Y es el Seminario Misionero del Espíritu Santo,“casa y escuela de comunión”, que, a lo largo de sus 30 años ha acompañado alos candidatos al sacerdocio, ofreciendo pautas para descubrir en el joven si esCristo quien llama, y es así como ha formado y continúa formando sacerdotesmisioneros para que anuncien a todo el mundo que Cristo está vivo.El Seminario MIES, como todos los seminarios mayores, moldean a los candidatosal sacerdocio dentro del marco de las cuatro dimensiones de la formaciónpropuestas por la conferencia episcopal de Colombia:4 la dimensión humana, quecomo dice la Pastores dabo vobis permite ser sensible ante el dolor y las alegríasde la humanidad5; la dimensión Espiritual, permite tener ese encuentro íntimo yprolongado con el Señor6, este encuentro es indispensable para poder recibir laordenación, ya que no se entiende un discípulo-misionero sin antes haber vividola experiencia del maestro, muestra de ello y necesaria es el encuentro de Pablocon el maestro camino a Damasco7 pues si esto no acaeciese, nunca hubiesetenido Pablo el ardor de evangelizar; la dimensión intelectual, importantísima paraenfrentarse a un mundo tan exigente, y es el sacerdote quien debe orientar alpueblo de Dios al camino de la salvación, es por eso que C.I.C dice: se debeformar al alumno diligentemente en lo que se refiere al ministerio sagrado, sobretodo en la práctica del método catequético y homilético y en el trato también conlos no católicos o no creyentes8, y la dimensión pastoral y misionera, que seinserta con las otras tres dimensiones, para que pueda desarrollarse con unverdadero celo pastoral. Tal razón tiene el Beato Juan Pablo II cuando pide que sealiente en los formandos el Espíritu misionero, para que con nuevo ardor, nuevasexpresiones, y nuevos métodos, se comprometan en la obra de hacer vivir y reinara Jesús en el corazón de sus hermanos.9Esto, para que se lleve a cabo y el formando llegue a convertirse en“alter christus” se necesita del acompañamiento de personas que ya hayan tenidola experiencia con el maestro y sean un testimonio preclaro frente aquellos quebuscan configurarse con el Señor, y es aquí donde deseo exaltar la labor de lospadres formadores de distintos seminarios y especialmente a los padres3 Encontrado en: http://www.aciprensa.com/sacerdocio/sacerdocio.htm4 Conferencia Episcopal de Colombia. Normas Básicas para la formación inicial presbiteral en losseminarios mayores de Colombia; capítulo IV: Dimensiones de la formación. P. 79-1435 BEATO JUAN PABLO II. Exhortación apostólica postsinodal PASTORES DABO VOBIS N°726 Ibíd., N° 427 Hechos de los Apóstoles 9, 3-68 Código de Derecho Canónico N° 2569 JUAN PABLO II. Documento de SANTO DOMINGO; IV Conferencia general del EpiscopalLatinoamericano N° 28-30
  3. 3. formadores del Seminario Misionero del Espíritu Santo, aquellos que a lo largo de30 años de vida del seminario han contribuido con un grano de arena a laformación sacerdotal, encargo tan delicado que Cristo y la Iglesia les encomienda.Son ellos, escogidos dentro de un presbiterio, sacrifican muchas cosas de su vida,como el querer estar en una parroquia, congregado con muchos fieles de la greydel Señor, mueren a sus propios deseos que por esencia son buenos, noobstante, Dios confía en ellos para que den vida por medio del ministeriopresbiteral a aquellos elegidos por Dios a realizar una sola tarea: la salvación. Alreferir el verbo morir, quiero decir con ello, que todo sacerdote formador renunciaa la posibilidad de realizarse en una vida parroquial para convertirse como uncandidato más, ofreciendo testimonio de vida, de oración, de sacrificio y de amorfiel a lo que se le ha confiado: ser escultor del sacerdocio de Cristo, teniendo comofin último la configuración total con el Maestro: “hasta ver a Cristo formado envosotros”10Venero la labor de todos los formadores, (una misión sublime y silenciosa quemuchas veces no se percibe) quienes además de morir a su propio “yo”, debenposeer una formación Intelectual profunda y sólida, puesto que los jóvenes queingresan a los seminarios son hijos de la post-modernidad, y como tales haninternalizado los valores y antivalores propios de la sociedad post-moderna con elque libremente expresan sus ideas y sentimientos, ahora bien, sin entrar arecriminar a los jóvenes por lo que son y por lo que la sociedad actual ha hecho deellos, tendríamos que anotar que uno de los desafíos más grandes que ellosplantean a la Iglesia en el momento de direccionar una proceso de discernimientoy acompañamiento vocacional, es precisamente el hecho de corroborar que estoshan recibido una formación cristiana superficial y débil, en pocas palabras este esel prototipo de vocacionados a los que el Señor llama y que no es cuestión dealarma, puesto que Dios se fija en lo débil, lo que no vale para mostrar a lossoberbios su gloria. En efecto, como aduce San Pio de Pietrelcina son estospiedras preciosas en bruto a quienes se les dirige una ardua y exigente labor defiligrana a través de las manos sacerdotales de los padres formadores y por mediodel fuego ardiente del Espíritu Santo (primer protagonista de la formación) quienes el encargado de llevar a feliz término este loable proyecto de vida que Dios hainiciado en sus elegidos.Por eso ser sacerdote en los tiempos post-modernos, no es fácil pero no imposibleni tampoco innegable ya que si se cuenta con la protección del Altísimo a nada sedebe temer, pues es Dios quien llama y no abandona a quien elige.10 Epístola a los Gálatas 4, 19
  4. 4. Como corolario, traigo a colación una frase del Pbro. Fabio de Jesús Arcila, rectordel Seminario Misionero del Espíritu Santo quién nos dice en muchas de susreuniones: “la gente vive sufriendo por que el sacerdote es célibe, y nosotrosfelices de la vida” y es precisamente, el hombre post-moderno quien se angustiaante los dones que Dios concede y que su razón no le deja entender, por eso nohay porqué dejarse llevar por ideas de unos cuantos que piensaninfructuosamente en cosas que no a todos se les concede por la fe y que por unmero racionalismo jamás comprenderán, por eso San Pablo dice: “mirad quenadie os esclavice mediante la vana falacia de una filosofía fundada en tradicioneshumanas, según los elementos del mundo y no según Cristo”11 Seminarista: Cristian Camilo Cárdenas Aguirre Seminario Misionero del Espíritu Santo La Ceja Antioquia III Filosofía 201111 Epístola a los Colosenses 2, 8

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