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Notas de Elena | Lección 7 | Dominar la lengua | Escuela Sabática

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Notas de Elena | Lección 7 | Dominar la lengua | Escuela Sabática

  1. 1. www.EscuelaSabatica.es IV Trimestre de 2014 La Epístola de Santiago Notas de Elena G. de White Lección 7 15 de noviembre 2014 Nunca Dominar la lengua: Sábado 8 de noviembre Algunas personas salen de su diaria comunión con Dios vestidas con la humildad de Cristo. Sus palabras salen con dulzura de sus labios. Espar- cen semillas de amor y de bondad a todo lo largo de su camino, porque Cristo vive en su corazón. La lengua necesita ser educada, disciplinada y entrenada para que ha- ble acerca de las glorias del cielo para que hable del amor incomparable de Jesús. Hay almas que yerran, y que sienten su vergüenza y su locura. Están hambrientas de recibir palabras de ánimo. Contemplan sus errores y faltas hasta que casi se entregan a la desesperación. En lugar de... reprochar y condenar y quitar el último rayo de esperanza que el Sol de justicia de- rrama en sus corazones, que vuestras palabras traigan un bálsamo sanador sobre el alma quebrantada. No seáis como el granizo desolador que golpea y destruye la tierna esperanza que surge en el corazón. No dejéis al alma hambrienta que perezca en su desamparo porque dejasteis de pronunciar palabras tiernas y de aliento. La elocuencia más persuasiva es la palabra que se habla en amor y simpatía. Tales palabras llevarán luz a las mentes confundidas y esperanza al desanimado, y alumbrarán la perspectiva que tienen por delante. El tiempo en que vivimos exige una energía vital y santificada; pide fervor, celo, y la tierna simpatía y amor; pide palabras que no aumentarán la mi- seria, sino que inspirarán fe y esperanza. Vamos hacia el hogar, en busca de un país mejor, de un país celestial. En lugar de hablar palabras que causarán resentimiento en los pechos de quienes las oyen, ¿no hablaremos del amor con que Dios nos ama? ¿No procuraremos aliviar los corazones de aquellos que nos rodean mediante palabras de simpatía cristiana? Aquellos que aman a Jesucristo contemplarán su carácter, meditarán sobre sus palabras, practicarán sus preceptos, y serán misioneros vivien- tes. Las palabras que pronuncian serán como manzanas de oro con ador- nos de plata (Nuestra elevada vocación, p. 297).
  2. 2. www.EscuelaSabatica.es Domingo 9 de noviembre: Responsabilidad Dios requiere de aquellos a quienes se les ha dado un cometido sagra- do, que se eleven a la altura de su responsabilidad. Todos están en el mundo y deben pasar la prueba. Especialmente aquellos que ocupan posi- ciones de responsabilidad deben ser cuidadosos de no exaltarse a sí mis- mos sino a su Hacedor, y no usar su poder para oprimir a sus prójimos. Cuanto mayor sea la responsabilidad, tanto mayor será el requerimien- to. El siervo fiel dará un servicio pleno y voluntario a Aquel que ha sido el mayor Maestro que el mundo haya conocido. Sus ideas y principios se mantendrán puros mediante el poder de Dios, y cada día buscará ser digno de los cometidos que se le han confiado. Su carácter no se contaminará por la influencia de amigos, parientes o vecinos. En ocasiones tendrá que retirarse de sus actividades para estar en comunión con Dios y escuchar su voz que le diga: “Este es el camino, andad por él”. En la persona que ama a Dios aparecerán los frutos del Espíritu como aparecen los racimos de uvas en la vid viviente. Cristo será su fuerza y su fortaleza. Comprenderá que no puede hacer nada si Cristo no está a su lado. Entonces le pedirá sabiduría, practicará sus lecciones, y les mostrará a sus asociados que Cristo mora en él. Cuanto más responsabilidades ten- ga, tanto más le pedirá a Dios que pueda revelar esa fe viviente que obra por amor y purifica el alma (Special Testimonies for Ministers and Wor- kers, pp. 30, 31). Al maestro le ha sido confiada una obra muy importante, una obra a la cual no debe dedicarse sin una preparación cuidadosa y ca- bal. Debe sentir el carácter sagrado de su vocación, y dedicarse a ella con celo y devoción. Cuanto más conocimiento verdadero tenga, tanto mejor hará su obra. El aula de clase no es lugar para hacer una obra superficial. Ningún maestro que se satisfaga con un conocimiento superficial alcanza- rá un alto grado de eficiencia. Pero no basta que el maestro posea capaci- dad natural y cultura intelectual. Estas cosas son indispensables, pero sin una idoneidad espiritual para el trabajo, no está preparado para dedicarse a él. Debe ver en todo alumno la obra de Dios, un candidato para honores inmortales. Debe procurar educar, preparar y disciplinar de tal manera a los jóvenes, que cada uno de ellos pueda alcanzar la alta norma de exce- lencia a la cual Dios los llama (Consejos para los maestros, p. 218). Busquen los padres al Señor con fervor intenso, para que no sean pie- dras de tropiezo en el camino de sus hijos. Desalójense del corazón la envidia y los celos y que la paz de Cristo venga a reemplazarlos para unir a los miembros de la iglesia en verdadera comunión cristiana. Ciérrense las ventanas del alma a los ponzoñosos miasmas de la tierra y ábranse hacia el cielo para recibir los rayos sanadores del sol de la justicia de Cris- to (Joyas de los testimonios, tomo 2, pp. 460, 461). Tengo un mensaje especial para los padres. Se me encargó comunicar- les los estrictos requerimientos de Dios en cada familia. Es menester que padres y madres se reconviertan diariamente en cuanto a traer luz a sus propias familias. Cultiven la amabilidad cristiana en la instrucción de sus
  3. 3. www.EscuelaSabatica.es hijos... Velen y oren, padres y madres, no sea que entren en tentación. Entre guen sus corazones, mentes y almas al servicio del Señor. No han de ser severos, sino arrodillarse ante el Señor con sus propios corazones enternecidos por su gracia. Conviértanse para que puedan recibir la apro- bación del Espíritu Santo. Qué alivio saber que el Señor los ayudará en toda emergencia, puesto que son obreros juntamente con él (Alza tus ojos, p. 300). Lunes 10 de noviembre: El poder de la palabra El habla es uno de los grandes dones de Dios para el hombre. La len- gua es un miembro pequeño, pero las palabras que forma, hechas audibles por la voz, tienen un gran poder... El talento del habla lleva consigo una gran responsabilidad. Se necesita vigilarlo cuidadosamente, pues es un gran poder tanto para el mal como para el bien (Comentario bíblico ad- ventista, tomo 3, p. 1160). El talento del habla se dio a fin de ser emplea- do para beneficiar a todos. Las palabras placenteras y gozosas no cuestan más que las palabras desagradables y malhumoradas. Las palabras duras hieren y lastiman el alma. En esta vida todos tienen dificultades que solu- cionar. Cada uno se encuentra frente a aflicciones y desilusiones. ¿No llevaremos luz en lugar de oscuridad a las vidas de aquellos con quienes nos relacionamos? ¿No pronunciaremos palabras que ayuden y bendigan? Tales palabras serán una bendición tanto para nosotros como para aque- llos a quienes se las decimos. Padres, no permitáis la crítica en vuestro hogar. Enseñad a vuestros hijos a hablar palabras agradables, palabras que lleven luz y alegría. Los ángeles no son atraídos a un hogar donde reina la discordia. Llevad la piedad práctica al hogar. Preparaos vosotros y prepa- rad a vuestros hijos para entrar en la ciudad de Dios. Los ángeles serán vuestros ayudadores. Satanás os tentará, pero no cedáis. No pronunciéis una sola palabra que pueda proporcionarle ventaja al enemigo. Día a día estamos sembrando semillas para la cosecha futura. No podemos ser de- masiado cuidadosos con la semilla que sembramos mediante nuestras palabras. A menudo las palabras se pronuncian descuidadamente y se olvidan, pero estas palabras para el bien o para el mal, producirán una cosecha. Sembrad una palabra dura y sin bondad, y esta semilla, encon- trando suelo fértil en la mente de los oyentes, brotará y llevará fruto según su especie. Sembrad una semilla mediante palabras amantes, gentiles y cristianas, y producirán una rica recompensa. Cuidémonos para que no hablemos palabras que no son una bendición sino una maldición. Si sem- bramos trigo, cosecharemos trigo. Si sembramos cizaña, cosecharemos cizaña. Y la cosecha, sea de trigo o de cizaña, será segura y abundante. “No os engañéis; Dios no puede ser burlado; que todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6:7). La cosecha es segura; nin- guna helada la agostará, ningún gusano la destruirá. Dios pide a sus hijos que cuiden sus palabras (Nuestra elevada vocación, p. 296). Martes 11 de noviembre: Las cosas “pequeñas” son las grandes
  4. 4. www.EscuelaSabatica.es ¿No deberíamos todos nosotros, jóvenes y adultos, aprender a usar en nuestra conversación, el lenguaje de los que serán trasladados al reino de Dios? ¿No debieran ser nuestras palabras, de la clase que nuestro Padre celestial escuche con placer? Como cristianos que pretendemos ser, esta- mos bajo la solemne obligación de revelar la verdad de nuestra profesión por medio de nuestras palabras. La lengua es un miembro pequeño, pero ¡cuánto bien puede hacer si el corazón es puro! Si damos cabida en el corazón a buenas cosas, si lo abastecemos con la ternura de Cristo, con simpatía y cortesía, esto se demostrará en las palabras que hablemos y los actos que realicemos. La luz que brilla desde la Palabra de Dios es nuestra guía. Nada puede debilitar tanto a una iglesia como el uso erróneo del talento del habla. Deshonramos a nuestro Líder, cuando nuestras palabras no son las que debieran salir de los labios de un cristiano. “Ocupaos, en vuestra salvación con temor y temblor. Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2:12, 13). La calidad de nuestras obras se demuestra por nuestras palabras. Cuando nuestras palabras y obras armonizan en Cristo, demostramos que estamos consagrados a Dios, perfeccionando la santidad en su temor. A medida que entreguemos a él nuestra alma, cuerpo y espíritu, él obrará en nosotros, tanto el querer como el hacer por su buena voluntad. El amor de Cristo en el corazón, se revela por las expresiones de alabanza. Los que están consagrados a Dios lo demostrarán por su conversación santificada. Si tienen corazones puros, sus palabras serán puras, demostrando un prin- cipio elevado que obra en una dirección santificada. La mente quedará absorta en santa contemplación, y habrá un sentido de la presencia de Dios (La voz: su educación y uso correcto, p. 25). Es lo mejor para cada alma investigar cuidadosamente qué alimento mental se le ofrece para comer. Cuando los que viven para hablar vienen a usted, armados y equi- pados para decir: “Cuenten y nosotros lo contaremos”, deténgase y piense si la conversación dará ayuda espiritual, eficiencia espiritual, para que en comunicación espiritual pueda usted comer la carne y beber la sangre del Hijo de Dios. “Acercándose a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa” (1 Pedro 2:4). Estas palabras expresan mucho. No hemos de ser charlatanes, o chismosos, o cuenteros; no hemos de dar falso testimonio. Dios nos prohíbe ocupamos en conversaciones frívolas o necias, en hacer chistes o bromas, o en hablar palabras vanas. Hemos de dar cuenta a Dios de lo que decimos. Seremos llevados a juicio por nuestras palabras apresuradas que no hacen bien ni al que habla ni al que oye. Hablemos todos palabras que tiendan a la edificación. Re- cuerde que usted tiene valor ante Dios. No permita que conversaciones vulgares o necias, o principios equivocados constituyan su experiencia cristiana (Mente, carácter y personalidad, tomo 1, pp. 115, 116). Miércoles 12 de noviembre: Controlar el daño El don del habla es uno de los grandes dones de Dios. Las palabras son el medio mediante el cual se comunican los pensamientos del corazón.
  5. 5. www.EscuelaSabatica.es Con las palabras consolamos y bendecimos, suavizando el alma magulla- da y herida. Con las palabras podemos dar a conocer las maravillas de la gracia de Dios. Con la lengua también podemos pronunciar cosas perver- sas, hablando palabras que muerdan como una víbora. La lengua es un miembro pequeño, pero las palabras que formula tienen un gran poder. El Señor declara: “Ningún hombre puede domar la lengua”. Ella ha puesto a nación contra nación, y ha provocado guerras y derramamientos de san- gre. Las palabras han encendido fuegos muy difíciles de apagar. También han llevado gozo y alegría a muchos corazones. Y cuando se hablan pala- bras porque Dios ha dicho “habladles a ellos mis palabras”, muchas veces han sido la causa de que la tristeza se convierta en arrepentimiento. De la lengua no santificada, el apóstol Santiago escribe: “La lengua es un fuego, un mundo de maldad. Se halla entre nuestros miembros, contamina todo el cuerpo, inflama el curso de la naturaleza, y es inflamada por el in- fierno”. Satanás pone pensamientos en la mente que el cristiano nunca debiera pronunciar. Los insultos despreciativos, el lenguaje apasionado y amargo, las acusaciones crueles y llenas de sospechas, provienen de él. ¡Cuántas palabras se hablan que dañan al que las dice y a los que las escu- chan! Las palabras duras golpean el alma, despertando sus peores pasio- nes. Los que hacen mal con su lengua, los que siembran discordia median- te palabras egoístas y llenas de celo, entristecen al Espíritu Santo; porque ellas están en pugna con los propósitos de Dios. Viendo el apóstol la in- clinación a abusar del don de la palabra, nos presenta orientaciones con- cernientes a su uso. “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca —dice él— sino la que sea buena para edificar”. La palabra “corrompida” significa aquí, cualquier palabra que haga una impresión en detrimento de los santos principios y la religión sin mancha; cualquier expresión que pudiera eclipsar la visión de Cristo, y borrar de la mente la verdadera sim- patía y el amor. Esto incluye alusiones impuras que, a menos que se resis- tan inmediatamente, conducen a un gran pecado. A todos se nos ha dado el deber de obstruir el camino a toda comunicación corrupta... Guardad bien el talento del habla; porque es un tremendo poder para el mal, así como para el bien. Nunca podrá ser usted demasiado cuidadoso de lo que dice; porque las palabras que usted pronuncia, demuestran cuál es el poder que controla su mente. Si Cristo reina allí, sus palabras revelarán la belle- za, la pureza y la fragancia de un carácter amoldado y formado a su vo- luntad. Pero si usted está bajo la dirección del enemigo de todo lo bueno, sus palabras serán eco de sus sentimientos La Biblia da a conocer clara- mente la gran responsabilidad que implica el don del habla. “Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado”, declaró Cristo. Y el salmista pregunta. “Jehová, ¿quién habitará en tu tabernácu- lo? ¿Quién morará en tu monte santo? El que anda en integridad y hace justicia, y habla verdad en su corazón. El que no calumnia con su lengua, ni hace mal a su prójimo ni admite reproche alguno contra su vecino. Aquel a cuyos ojos el vil es menospreciado, pero honra a los que temen a Jehová. El que aun jurando en daño suyo no por eso cambia; quien su dinero no dio a usura, ni contra el inocente admitía cohecho. El que hace
  6. 6. www.EscuelaSabatica.es estas cosas, no resbalará jamás” (Salmo 15:1-5). “Guarda tu lengua de mal, y tus labios de hablar engaño” (Salmo 34:13). La bestia salvaje del bosque puede ser domesticada, “pero ningún hombre puede domar la len- gua” (Santiago 3:8). Solo mediante Cristo podemos ganar la victoria sobre el deseo de ha- blar palabras precipitadas, faltas de cristianismo. Cuando, mediante su poder, rehusamos pronunciar las palabras que Satanás nos sugiere, la planta de amargura de nuestro corazón, se marchita y muere. El Espíritu Santo puede hacer de la lengua, un sabor de vida para vida (La voz: su educación y uso correcto, pp. 2124). Jueves 13 de noviembre: Bendecir y maldecir La influencia que más debe temer la iglesia no es la de los opositores abiertos, infieles y blasfemos, sino la de los miembros profesos de Cristo que son inconsecuentes. Estos son los que impiden la llegada de las ben- diciones del Dios de Israel y traen debilidad a la iglesia, una mancha que no es fácil de quitar. El cristianismo no es solo para ser lucido el sábado y desplegado en el templo; es para cada día de la semana y para cada lugar. Sus exigencias deben reconocerse en el taller, en el hogar, y en las transacciones comerciales con los hermanos y con el mundo (Conflicto y valor, p. 119). Cristo venció cada tentación del enemigo porque su humanidad se combinaba con la divinidad. Pero no hay seguridad para el alma que so- lamente tiene una religión legal, una forma de piedad basada en ceremo- nias externas. Nadie es cristiano solo por asistir a los cultos el sábado y orar ocasionalmente o regularmente. Lo importante es llegar a estar unido con Cristo, creer en él como nuestro Salvador personal, y vivir por la fe en el Hijo de Dios. La pregunta que el alma debe hacerse es: ¿Soy participan- te de la naturaleza divina por haber nacido de nuevo? Si así no fuera, el alma está en peligro fatal. El que es nacido de Dios, es una nueva criatura “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17). La vieja voluntad imperiosa ha desaparecido; el orgullo ha sido lim- piado del alma; el yo ha sido desarraigado; el temperamento rápido y apa- sionado ya no controla; las palabras que salen de la boca ya no son arro- gantes, porque todo ha sido puesto en cautividad a Cristo (Signs of the Times, 26 de septiembre de 1892). Cuando el corazón ha sido renovado por el Espíritu de Dios, el hecho se manifiesta en la vida. Al paso que no podemos hacer nada para cambiar nuestro corazón, ni para ponernos en armonía con Dios, al paso que no debemos confiar para nada en nosotros ni en nuestras buenas obras, nues- tras vidas han de revelar si la gracia de Dios mora en nosotros. Se notará un cambio en el carácter, en las costumbres y ocupaciones. La diferencia será muy clara e inequívoca entre lo que han sido y lo que son. El carácter se da a conocer, no por las obras buenas o malas que de vez en cuando se ejecutan, sino por la tendencia de las palabras y de los actos en la vida diaria...
  7. 7. www.EscuelaSabatica.es ¿Quién posee nuestro corazón? ¿Con quién están nuestros pensamien- tos? ¿De quién nos gusta hablar? ¿Para quién son nuestros más ardientes afectos y nuestras mejores energías? Si somos de Cristo, nuestros pensa- mientos están con él y nuestros más gratos pensamientos son para él. To- do lo que tenemos y somos lo hemos consagrado a él. Deseamos vehe- mentemente ser semejantes a él, tener su Espíritu, hacer su voluntad y agradarle en todo (El camino a Cristo, p. 57). Material facilitado por JESÚS PADILLA © http://escuelasabatica.es/ www.facebook.com/EscuelaSabatica.es Suscríbase para recibir gratuitamente recursos para la Escuela Sabática

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