SAN RAFAEL ARNAIZ
                                           (HERMANO RAFAEL)
                              CANONIZADO EL ...
En 1932 realizó unos ejercicios espirituales donde descubrió que Dios le pedía hacerse monje trapense.
Tenía 23 años cuand...
La hermana Agustina Tescari, postuladora de la causa del hermano Rafael, destaca la manera con el que el
joven monje expre...
Máximas espirituales:

-¡Sólo Dios llena el alma..., y la llena toda!
-El que no tiene a Dios necesita consuelo; pero el q...
En el mundo se desaprovecha mucho, pero es que el mundo distrae… Tanto vale en el mundo el amar a Dios en
el hablar, como ...
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Sanrafaelarnaiz

  1. 1. SAN RAFAEL ARNAIZ (HERMANO RAFAEL) CANONIZADO EL DOMINGO 11 DE OCTUBRE DE 2009 POR SU SANTIDAD BENEDICTO XVI (1911-1938) “Quisiera ser santo y que no lo supiera nadie” Nació en Burgos (España) en 1911. Allí mismo fue a la escuela con los padres Jesuitas. Después comenzó a estudiar en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid. Sus tíos, los duques de Maqueda, influyeron en el crecimiento de su fe.
  2. 2. En 1932 realizó unos ejercicios espirituales donde descubrió que Dios le pedía hacerse monje trapense. Tenía 23 años cuando fue aceptado en el monasterio de San Isidro de Dueñas. Pasaba horas escribiendo cartas, a su madre, sus tíos y a varios amigos. Compartía en ellas sus experiencias interiores: “Para mí esta vida que parece monótona, tiene tantos atractivos que no me canso ni un momento. Cada hora es diferente pues aunque exteriormente siguen iguales, interiormente no lo son como no son iguales todas las misas”. La vida sencilla que vivía en el monasterio se convertía también en motivo de una alegría profunda que contagiaba tanto a sus hermanos de comunidad como a sus familiares. “Las lentejas serán siempre lentejas mientras dure mi vida en el monasterio pero a pesar de todo las como con mucho gusto, porque las sazono con dos cosas: con hambre y con amor de Dios y así no hay alimento que se me resista”, escribía.
  3. 3. La hermana Agustina Tescari, postuladora de la causa del hermano Rafael, destaca la manera con el que el joven monje expresaba su amor a Dios y a su vocación: “Un estilo pictórico porque describe su experiencia como si estuviese pintando. Su espiritualidad es muy sencilla, centrada sobre la eucaristía, la grandeza y la bondad de Dios. En el dominio de Dios sobre su vida. Lo llamaba “el Amo” y a la Virgen “la Señora” Con docilidad, el hermano Rafael supo aceptar los misteriosos designios de Dios. En el momento más feliz de su vida su salud se alteró. La fiebre aumentaba y por ello lo enviaron de regreso a la casa de sus padres. Con el corazón partido de dolor dejó el monasterio. Salió y entró en tres ocasiones hasta que se reincorporó en 1937. Fue la última vez que vio a su familia. Murió el 26 de abril de 1938 de un coma diabético. Los últimos días reflexionaba sobre el misterio del dolor como punto de unión con la Eternidad: “Mi centro es Dios y Dios crucificado. Mi centro es Jesús en la cruz. Agarrado a mi crucifijo quisiera morir. El fin es la eterna posesión del día. Del cielo pero eso será en el cielo”. “Recuerdo los primeros día de postulante cuando salíamos al campo en una fila…Nos encaminábamos en silencio a las viñas…un frío terrible; la tierra dura de la helada y además con un sueño que apenas me podía tener. Nos distribuíamos, rezábamos un Avemaría y a trabajar. Pues bien, más de una vez aquellos días regaba los terrones que arrancaba, con mi azadón, con unos lagrimones del tamaño de naranjas…redoblaba entonces mis fuerzas en el trabajo y si alguien hubiese estado muy cerca de mí, me habría oído cantar una cosa que empieza así: “Virgen del santo Recuerdo, que nunca te podré olvidar…”. Eso era para mí el gran remedio…El cantarle a la Virgen…¡Si vieras cómo me ha tratado la Señora! NUNCA SABREMOS BASTANTE, LO QUE NOS QUIERE MARIA”
  4. 4. Máximas espirituales: -¡Sólo Dios llena el alma..., y la llena toda! -El que no tiene a Dios necesita consuelo; pero el que ama a Dios, ¿qué más consuelo? -¡Cómo se inunda mi alma de caridad verdadera hacia el hombre, hacia el hermano débil, enfermo...! Si el mundo supiera lo que es amar un poco a Dios, también amaría al prójimo. -Al amar a Jesús, forzosamente se ama lo que El ama. -La única verdad es... Cristo. -He hecho el votó de amar siempre a Jesús. Virgen Maria, ayúdame a cumplir mi voto. -Para Jesús todo, y todo, para siempre, para siempre. -No le bastó a Dios entregarnos a su Hijo en una Cruz, sino además nos dejó a Maria. Honrando a la Virgen, amaremos más a Jesús; poniéndonos bajo su manto, comprenderemos mejor la misericordia divina. -¡Qué grande es Dios, qué dulce es María! Del texto: "Las piruetas de los nabos" del Hermano Rafael El día está triste, unas nubes muy feas, un viento “si es no es” fuerte, algunas gotas de agua que caen como de mala gana y que lamen los cristales y, dominándolo todo, un frío digno del país y de la época. Lo cierto es que aparte del frío, que lo noto en mis helados pies y refrigeradas manos, todo esto se puede decir que casi me lo imagino, pues apenas he mirado la ventana. La tarde que padezco hoy es turbia, y turbio me parece todo. Algo me abruma el silencio, y parece que unos diablillos están empeñados en hacerme rabiar, con una cosa que yo llamo recuerdos… Paciencia y esperar. En mis manos han puesto una navaja, y delante de mí un cesto con una especie de zanahorias blancas muy grandes y que resultan ser nabos. Yo nunca los había visto al natural, tan grandes y tan fríos ¡Qué le vamos a hacer!, no hay más remedio que pelarlos. El tiempo pasa lento, y mi navaja también, entre la corteza y la carne de los nabos que estoy lindamente dejando pelados. Los diablillos me siguen dando guerra ¡¡Que haya yo dejado mi casa para venir aquí con este frío a mondar estos bichos tan feos!! Verdaderamente es algo ridículo esto de pelar nabos, con esa seriedad de magistrado de luto. Un demonio pequeñito, y muy sutil, se me escurre muy adentro y de suaves maneras me recuerda mi casa, mis padres y hermanos, mi libertad, que he dejado para encerrarme aquí entre lentejas, berzas y nabos. El día está triste… No miro la ventana, pero lo adivino. Mis manos están coloradas, coloradas como los diablillos; mis pies ateridos… ¿Y el alma? Señor, quizás el alma sufriendo un poquillo… Mas no importa…, refugiémonos en el silencio. Transcurría el tiempo, con mis pensamientos, los nabos y el frío, cuando de repente y veloz como el viento, una luz potente penetra mi alma… Una luz divina, cosa de un momento… Alguien que me dice que ¡qué estoy haciendo! ¿Qué estoy haciendo? ¡Virgen Santa!! ¡qué pregunta! Pelar nabos… ¡pelar nabos! ¿Para qué?... Y el corazón dando un brinco contesta medio alocado: pelo nabos por amor…, por amor a Jesucristo.
  5. 5. En el mundo se desaprovecha mucho, pero es que el mundo distrae… Tanto vale en el mundo el amar a Dios en el hablar, como en la Trapa en el silencio; la cuestión es hacer algo por Él…, acordarse de Él… El sitio, el lugar, la ocupación, es indiferente. Dios me puede hacer tan santo pelando patatas que gobernando un Imperio. Qué pena que el mundo esté tan distraído…, porque he visto que los hombres no son malos…, y que todos sufren, pero no saben sufrir… Si por encima de la frivolidad, si por encima de esa capa de falsa alegría con que el mundo oculta sus lágrimas, si por encima de la ignorancia de lo que es Dios, elevaran un poco los ojos a lo alto…, seguramente les ocurriría lo que al fraile de los nabos…, muchas lágrimas se enjugarían, muchas penas se endulzarían y muchas cruces se amarían para poder ofrecerlas a Cristo. Cuando terminó el trabajo, y en la oración me puse al pie de Jesús muerto…, allí a sus plantas deposité un cesto de nabos peladitos y limpios… No tenía otra cosa que ofrecerle, pero a Dios le basta cualquier cosa ofrecida con el corazón entero, sean nabos, sean Imperios. La próxima vez que vuelva a pelar raíces, sean las que sean, aunque estén frías y heladas, le pido a María no permita se acerquen los diablillos rojos a hacerme rabiar. En cambio, le pido me envíe a los ángeles del cielo, para que yo pelando y ellos llevando en sus manos el producto de mi trabajo, vayan poniendo a los pies de la Virgen María rojas zanahorias; a los pies de Jesús, blancos nabos, y patatas y cebollas, coles y lechugas… En fin, si vivo muchos años en la Trapa, voy a hacer del cielo una especie de mercado de hortalizas, y cuando el Señor me llame y me diga basta de pelar…, suelta la navaja y el mandil y ven a gozar de lo que has hecho…, cuando me vea en el cielo entre Dios y los santos, y tanta legumbre…, Señor Jesús, no podré por menos de echarme a reír De los escritos del hermano Rafael. 1 de enero de 1938 - sábado Madrugadores de Buenos Aires

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