Postestructuralismo

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Postestructuralismo

  1. 1. Post-estrucuralismo y anarquismoTodd MayTodd May es uno de los principales exégetas de la obra de Deleuze y Foucaulten lengua inglesa, según afirma una publicación filosófica de la Universidad deNotre Dame. May es propulsador de una suerte de postestructuralismoanarquista, o ‘post-anarquismo’. Actualmente es profesor de filosofía en laUniversidad de Clemson, Carolina del Sur. Este artículo fue originalmentepublicado en «A Revista Anarchica» de Italia. La versión en castellano es dePablo Serrano, publicada por la revista «Ekintza Zuzena» nº 20 (Bilbao, 1996).La dificultad para valorar la filosofía política de los post-estructuralistas franceses -Foucault, Deleuze, Lyotard, en particular- es inseparable de la dificultad de comprendercuál es su filosofía política general. Que ellos han rechazado el marxismo como el criterioadecuado de actuación social y política, es cosa clara. Pero con qué lo han sustituido esTodavía objeto de controversias. Esto es debido al hecho de que, en vez de ofrecer unateoría política general, los post-estructuralistas nos han suministrado análisis específicosde situaciones concretas de opresión. Su atención se centra en la locura, la sexualidad, elpsicoanálisis, el lenguaje, el inconsciente, el arte, etc.; pero no sobre un criterio unitarioacerca de lo que es política o de las modalidades de su conducción en el mundocontemporáneo.Esta ausencia, o rechazo, de una teoría general ha llevado a algunos críticos a acusar a lospost-estructuralistas de nihilismo. La base sobre la que se construye tal presupuesto es quese debe poseer una posición política previa a confrontar con la situación política presente,a fin de ayudar a comprender los defectos del presente y los posibles itinerarios para llegara un remedio de tales defectos.El anarquismo a menudo se archiva según los mismos criterios aplicados para elpostestructuralismo dado su carácter de relativismo ético o caos voluntarista. Pero la tradiciónteórica del anarquismo, aunque no igual de voluminosa que la del marxismo o el liberalismo,suministra un contexto general en el ámbito del cual el pensamiento post-estructuralistapuede ser situado y ser así valorado de manera adecuada. Lo que sigue propone llegar aconsiderar el post-estructuralismo como una forma contemporánea de anarquismo. Sediscutirá en primer lugar la tradicional posición anarquista. En segundo lugar, se tomará enconsideración la crítica post-estructuralista de algunos conceptos del siglo XIX que estánen la base de la lectura anarquista. En tercer lugar, se esbozará un anarquismo libre de talesconceptos y más consonante con el pensamiento político francés contemporáneo, lo quepodríamos denominar como un anarquismo post-estructuralista. En este esbozo se mostrarácómo tal anarquismo está libre de los problemas que vician lo que podría ser definidocomo una teorización «fundamentalista» del anarquismo.DESDE ABAJO Y DESDE DIVERSOS PUNTOSEn el conflicto entre Marx y Bakunin, que marcó la primera internacional, estaban encuestión tanto el método como los fines de la organización del proletariado contra laburguesía. Lo que Bakunin encuentra errado en la política de Marx, tanto en la estrategiacomo en los fines, es la idea de la representación como concepto político. Allí donde hayrepresentación hay opresión. El anarquismo puede ser definido como la lucha contra larepresentación en la vida pública. El pensamiento anarquista no confía en la representaciónpolítica porque considera la cesión del poder como una invitación al abuso. En este sentido,
  2. 2. no sólo el poder estatal o el económico merecen desconfianza, sino todas las formas depoder ejercidas por un grupo sobre otro.La adopción directa de decisiones a lo largo de los varios registros dula vida social deuna persona permite un acercamiento más descentralizado a la intervención política que elque permite el marxismo. Para este último, aunque haya toda una serie de áreas socialesque pueden, estrictamente hablando, no ser reducibles a la estructura económica capitalista,es siempre el capitalismo el que funda su posibilidad. Al fin y al cabo sólo una intervenciónes la que cuenta: la intervención para apropiarse del plusvalor a través de la conquista de losmedios de producción y la toma de posesión del Estado. El marxismo, independientementede cuánto ha apoyado las luchas contra el racismo, el sexismo, etc., siempre las ha vistocomo estratégicamente subordinadas a la lucha por el socialismo económico. Y es por estoque se presta a formas centralizadas de lucha de representación política.CAPACIDAD NATURALEl anarquismo cuestiona el sometimiento de los individuos a un ideal superior, pues éstesiempre tiende a eliminar la propia capacidad de reflexionar en situaciones irreductiblementeconcretas. Se pide a los individuos que se subordinen a un ideal que pretende realizar sunaturaleza más alta, pero que en realidad los separa de las propias capacidades de reflexióncrítica y de acción ponderada. Si se quiere que los individuos estén en condiciones deactuar autónomamente, es necesario permitirles considerar las situaciones en las que seencuentran en su especificidad y materialidad, y no impulsarles a someterse a una fórmulaabstracta que se impone a las situaciones desde lo alto. Es aquí donde se encuentra el apriori del anarquismo tradicional: la fe en el individuo. La más clara formulación formulacióncontemporánea es la del anarquista norteamericano Murray Bookchin: «Los individuossiempre revelan poseer la capacidad natural -en los hechos una propensión- de idearsoluciones sociales al mismo tiempo justas y eficaces. Es sólo en situaciones dedesigualdad, en las cuales se permita a algunos individuos tener poder por encima deotros, que las capacidades individuales son deformadas y dirigidas hacia la opresión,en vez de hacia el respeto recíproco y la creatividad. Las características del privilegio ytoda posición privilegiada, la característica común que distingue a todas lasinstituciones que oprimen políticas, económicas, religiosas, patriarcales y de otro tipoes larepresión del potencial individual».DESHACERSE DEL SUJETOHay, en la superficie, numerosas similitudes entre el pensamiento anarquista tradicionaly la teoría post-estructuralista. La crítica de la representación es un tema central de lospost-estructuralistas. Descentralización, actuación local, descubrimiento del poder en susvariadas facetas y no como un sólo estado, son las características que distinguen los análisisde los post-estructuralistas. Sin embargo, si se debiera caracterizar el pensamiento políticopost-estructuralista con una única propiedad, la elección recaería sobre la crítica de la teoríadel sujeto. El anarquismo tradicional afirma que sin una confianza en el individuo no tieneabsolutamente ningún sentido hablar de autonomía. El anarquismo tradicional se funda sobreel concepto de que el individuo posee una reserva que es irreductible a los ordenamientossociales del poder.¿Por qué la teoría post-estructuralista rechaza el concepto deautonomíaindividual, que es la primera piedra de la teoría anarquista tradicional?Foucault, Deleuze, Lyotard no buscan el cambio social en menor medida que losanarquistas. Pero si no tienen confianza en una reserva en el ámbito del sujeto, que constituyela fuente del cambio, ¿dónde la encontrarán? Ciertamente no en una agente externo
  3. 3. (ideología) que ellos unánimemente rechazan. La renuncia al individuo o al sujeto autónomocomo lugar de resistencia y su sustitución por «otro algo» constituye el paso decisivo de unconcepto de resistencia radicado en el siglo XIX a concepciones más actuales.Los motivospara deshacerse del sujeto como lugar de resistencia son históricas y conceptuales.Históricamente la revolución pre-anunciada por Marx no se ha verificado, al menos enOccidente. Este fracaso es en parte debido al hecho de que las clases obreras de las nacionesindustriales desarrolladas no han ido empobreciéndose, como Marx pensaba que sucedería.Sin embargo, la razón del fracaso de las previsiones revolucionarias está en parte adscrita ala capacidad del capitalismo de manipular la subjetividad: La Escuela de Frankfurt, porejemplo, ha tratado de explicar la ausencia de revoluciones recurriendo a la capacidad delsistema cultural de absorber toda resistencia y, con ella, toda subjetividad. En el caso de losacontecimientos de Mayo del 68 en Francia, los estudiantes afirmaban que el capitalismocontemporáneo crea un espectáculo en el que cada uno está obligado a participar. En definitiva,la reserva de autonomía individual ha sido absorbida por los sistemas de opresión y, portanto, no está adaptada para formar la base de un cambio social.La puesta en cuestión de laautonomía individual, sin embargo, es más que un hecho histórico. La filosofía del sigloXX ha llegado a concebir el sujeto como una entidad cubierta de fuerzas que anteriormenteeran consideradas externas a él.LA TRAMPA DE LA IDEOLOGÍASin embargo, no es en favor del caos por lo que el post-estructuralismo ha rechazado lasideologías. Lo que en cambio ha ofrecido son análisis precisos de la opresión. Ellos prefierencomprometerse en lo que se ha definido a menudo como «micropolítica»: una teorizaciónde regiones, tipos o niveles de actividad política, pero que no pretende ofrecer una teoríapolítica general. La opresión debe ser analizada y combatida sobre muchos registros y enlos muchos nexos en los cuales se descubre. Para los post-estructuralistas hay un Stalin a laespera de cada teoría política global: o se nos adapta a los conceptos sobre los cuales sebasa, o bien es necesario ser cambiados o eliminados en favor de tales conceptos.La definición de un modelo de sujeto a liberar es la trampa en la que han caído losanarquistas. Para el anarquismo tradicional, la anormalidad debe ser curada, en vez deexpresada; y aunque es mucho más tolerante en la confrontación de las «desviaciones» delas normas en materia de sexualidad y de otros comportamientos, queda en tal anarquismoel concepto de la norma como prototipo de lo propiamente humano e individual. Esteprototipo, han sostenido los post-estructuralistas, no constituye la fuente de la resistenciacontra la opresión en la época contemporánea: es más, con su unidad y su actuar concretoes una de las formas de opresión.El anarquismo tradicional, en sus conceptos ideológicos -y, además, por el hecho detener conceptos fundacionales- traiciona las intuiciones que constituyen su núcleo. Todaideología es una forma de representación y por tanto, el anarquismo como crítica de larepresentación no puede ser construido sobre una base de conceptos cerrados y dados parasiempre.Las ideas de Foucault, Deleuze y Lyotard no buscan definir un sujeto oprimido al cualliberar y se dirigen en cambio a favorecer las luchas de los diversos grupos ofreciendoanálisis,estrategias, así como críticas políticas y teóricas de las diferentes opresiones. «Elintelectual no debe desarrollar el rol de aquellos que dan consejos. Pertenece a losmismos que luchan y debaten con ellos el proyecto, las tácticas y los blancos necesariosen la resistencia. Lo que el intelectual puede hacer es dar los instrumentos de análisis»(M. Foucault). El post-estructuralismo deja la decisión de cómo liberarse a los oprimidos,
  4. 4. limitándose a suministrarles los instrumentos intelectuales que podrán ser útiles durante elcamino.Buscar una teoría general, fuera de todo conflicto específico, es comprometerse denuevo con el proyecto de construir los fundamentos ideológicos de un proyecto derepresentación. Más allá del punto de los valores locales que permitan resistir a lo largo detoda una serie de registros distintos, no hay más teoría, sino sólo lucha.Por lo tanto, la teoría post-estructuralista es más coherentemente anarquista de cuantola teoría anarquista haya dado prueba de ser. La fuente teórica del anarquismo -el rechazo dela representación mediante medios políticos o conceptuales- encuentra la más precisaarticulación de sus fundamentos en los teóricos post-estructuralistas. Reiner Schurmantenía razón al definir el lugar de la resistencia en Foucault como un «sujeto anarquista»que lucha contra la ley de totalización de lo social. El tipo de actividad ejemplificado porlos post-estructuralistas consiste en análisis específicos más que en una crítica global. Losanarquistas tradicionales señalaban los peligros de una dominación de la abstracción; lospost-estructuralistas han tenido en cuenta estos peligros en todas sus obras.Han producido un cuerpo teórico que se desarrolla en una época que ha visto demasiadarepresentación política y demasiada poca autodeterminación. Lo que buscan, sea elanarquismo tradicional o el post-estructuralismo contemporáneo, es una sociedad -o mejor,una serie de sociedades- en la cual a las personas no se las diga quiénes son, qué quieren ycómo vivirán; estando ellas en condiciones de decidir estas cosas por sí mismas.Estas sociedades constituyen un ideal y, como los post-estructuralistas reconocen, unideal probablemente imposible. Pero es en los tipos de análisis y en las luchas que tal idealpromueve -análisis y luchas tendentes a abrir espacios concretos de libertad en el camposocial- donde reside el valor de la teoría anarquista, sea tradicional o contemporánea.
  5. 5. Estructuralismo / Posestructuralismo I(Primera Parte)El estructuralismo es un discurso de las Ciencias Sociales con pretensiones científicas que fue hegemónicodurante gran parte del siglo XX –y aún influye notablemente en el campo intelectual- cuyo nacimiento estáasociado a la teoría lingüística de Ferdinand de Saussure y su aplicación por parte de Claude Levy-Strauss ala Antropología. Para Saussure el lenguaje tiene un carácter preformativo sobre los sujetos humanosdefiniéndolos como tales al imponerles una estructura que organiza no solo sus pensamientos sino tambiénsus prácticas produciendo un orden determinado entre las palabras y las cosas. Saussure planteó que todapalabra está asociada “aleatoriamente” a un objeto pero que esta aleatoriedad termina naturalizándose demodo de que a cada palabra corresponde un significado y no otro. No niega que exista también un“significante”, es decir, una posibilidad de ambigüedad dado el carácter oral de la palabra que se asocia al“sonido” que emitimos para nombrarla y que muchas veces puede producir equívocos en el registro de laconnotación, pero lo importante es el significado y no el significante. De igual modo, también plantea unadicotomía entre “lengua” y “habla” (asociadas a significado y significante) pero una vez más enuncia laprioridad de la lengua sobre el habla, así como del carácter “sincrónico” (inmutable) sobre el “diacrónico”(procesual) de todo hecho lingüístico.Levy-Strauss deduce que si el lenguaje es la estructura fundamental de la experiencia humana entonces losseres humanos estamos “sujetos” a los distintos tipos de estructuras derivadas del lenguaje: la vida socialse organiza como un lenguaje. Pero Levy-Strauss va más allá, al plantear que las Ciencias Sociales paracomprender la sociedad no deben estudiar lo que los individuos hacen sino lo que las estructuras hacenhacer a los individuos. Las estructuras terminan siendo una “esencia” y el estudio de las estructuras lacondición de posibilidad de la antropología, la sociología, la cultura, el arte, la historia, etc.Esta concepción de lo social tuvo tanto éxito que logró capturar el discurso marxista y ahí tenemos elmarxismo estructuralista de Louis Althusser y su reescritura de la obra de Karl Marx, planteando porejemplo que el “modo de producción” es una estructura cuyas leyes se imponen a los sujetos, de modo quellega a proponer que “las revoluciones las hacen las estructuras y no los hombres o las mujeres”. Tambiéndeducía, siguiendo a Levy-Strauss (que desde luego no era ni tenía nada que ver con el marxismo) que elmarxismo podía acceder al estatuto de “ciencia” al incorporar la interpretación estructuralista: todo lodemás era “ideología” es decir falso conocimiento, ilusión, confusión, voluntarismo, y humanismo.A mediados de la década de 1960 un grupo de destacados estructuralistas decide producir una rupturaepistemológica que se convierte en brecha insalvable con el acontecimiento de “Mayo del ’68” en Francia.Se trata de Jacques Derrida, Michel Foucault, y Roland Barthes como principales protagonistas a los queluego seguirán un nutrido colectivo de filósofos franceses, como Jean Lyotard y Gilles Deleuze, los que enEstados Unidos fueron catalogados como “posestructuralistas” (aunque nunca ninguno de ellos admitió eseadjetivo ni su existencia como una “escuela” y cada cual seguiría por su propio camino incluso conprofundas diferencias entre ellos).En general, los “posestructuralistas” plantean que la primacía del significado sobre el significante esinsostenible, así como de la “lengua” sobre el “habla” y de lo “sincrónico” sobre lo “diacrónico”. Si bien escierto que la experiencia humana se organiza de acuerdo a ciertas estructuras que actúanperformativamente sobre el sujeto, también es cierto que esas estructuras no son unívocas al producirsignificación, que el lenguaje es también una práctica y por lo tanto el “habla” no puede dejarse de lado, yfinalmente que las estructuras no son innatas, cual una esencia dada de una vez y para siempre, y por lotanto tienen una historicidad y están sujetas al cambio, es decir, lo “diacrónico” también es co-constitutivode esas estructuras. Aquí terminan las coincidencias y comienzan las diferencias.Simplificando se puede afirmar que mientras Michel Foucault trabaja en dirección a mantener la doblevalencia entre significado y significante otorgando al significante cierta primacía, Jacques Derrida elaboraráuna teoría que prácticamente destierra el significado y establece la primacía absoluta del significante.Ambos incorporan la filosofía de Nietzsche como crítica tanto del estructuralismo (asociado al idealismo, elracionalismo, y el cientificismo positivista) como del humanismo y la fenomenología (que aunque postulanque es el sujeto humano quien hace la historia conciben ese hacer desde una perspectiva idealista yracionalista aunque anti-positivista). Asi, Foucault dirá que “todo es interpretación y por lo tanto no haynada para interpretar”, en tanto Derrida afirmará que “no hay nada fuera de texto”. “Arqueología ygenealogía” en Foucault, “Deconstrucción” en Derrida serán las metodologías de investigación que cadauno de ellos propondrá como superación tanto del estructuralismo como de la fenomenología.De modo que la “ciencia” pasa a ser un discurso, al igual que la ideología, el arte, la literatura, la filosofía, ylas ciencias sociales mismas. Y son esos discursos los que actúan performativamente sobre los sujetos,sujetándolos en el caso de Foucault a un “orden del discurso” y en Derrida a una perpetua interpretación de
  6. 6. textos. De ahí que critiquen las pretensiones de “cientificidad” de las ciencias sociales así como su“independencia” con respecto a otros campos discursivos en los que se expresa la condición humana, enparticular con respecto a la literatura y el arte.

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