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Microrrelatos capaces
“El mar”

Cuando me dijeron que me quedaría ciego en poco más de un año, debido a
una enfermedad, mi madre no pudo contener el llanto y sus ojos se anegaron de
lágrimas en medio de aquel despacho. No supe qué decir, y contemplé con la
mirada perdida, cómo el doctor le entregaba, atento, una caja de pañuelos que
había a un lado de la mesa. Detrás de ella, observé un cuadro que
alguien, queriendo infundir vida a aquella triste habitación, había colgado.
La pintura representaba un paisaje marino, en el que la espuma de las olas
del verde océano acariciaba la arena dorada de la costa. Y en aquel momento
tuve la necesidad de salir de aquel frío hospital, alejarme de los llantos de mi
madre, y aprovechar mi vista, durante el máximo tiempo posible.
Fue aquel mismo día en la playa, cuando comprendí la importancia de las
personas y me di cuenta que, con gente en la que apoyarse, todo puede ser
superado. Entonces, con el sonido de las olas, que me arrullaban como si fuesen
una gran orquesta, y el olor salado que tenía el agua; con el tacto de la arena que
se escapaba entre mis dedos y el roce cálido de los últimos rayos de sol, cerré los
ojos.
DIEGO MARTÍNEZ BERMEJO 2ºB
“La recta final”
Cuando me dijeron que mi abuelo poco a poco iría olvidando las cosas, que
no recordaría ni los mejores momentos de su vida, pensé en todo lo que
habíamos pasado juntos, y lo que nos quedaba por hacer. Algunos días antes ya
habíamos planeado excursiones, viajes, aventuras, nuevas experiencias que nos
cambiarían la vida a los dos, ocasiones únicas, inolvidables para cualquier ser que
las realizara. En eso pensaba mientras le miraba por detrás de la cara del médico.

Allí estaba, todavía asumiendo la terrible noticia que acababan de
transmitirle. Tenía la mirada perdida. Parecía estar recordando lo mismo que yo,
pero a él le preocupaba algo más... sabía que finalmente moriría.
De pronto, cruzamos las miradas, nos levantamos de nuestros asientos y nos
dirigimos al exterior de la clínica. Estaba claro, no había tiempo que perder.
Teníamos que hacer realidad lo que habíamos planeado, necesitábamos sentir
aquello que imaginamos, correr las aventuras que siempre quisimos, porque
aunque él no lo recordara, yo nunca lo olvidaría.
ALINA SIRI SCHUCHNER 2ºA
“Lo que no ves”

Cuando me enteré de que mi abuelo se estaba quedando
ciego, yo tenía siete años. Me sentaba muy mal pensar que
llegaría un día en el que no podría ver nada de lo que se
encontraba a su alrededor. En ese instante recordé que yo
siempre que regresaba a casa de mis abuelos, después del
colegio, jugaba con él al escondite. Eso ya no iba a ser posible
por culpa de su minusvalía.
Pero ahora tengo doce años, y sigo yendo a su casa a comer
con frecuencia. Yo le veo igual, o más contento de lo que estaba
antes. Sigue haciendo su rutina diaria como cuando veía con
normalidad. ¡Y cómo no!, sigue jugando conmigo al escondite.
Y, aunque no os lo creáis, me encuentra con facilidad.
RAQUEL GIL SARDINA 1ºB
“Una pequeña parte de mi vida”

Hoy os voy a hablar sobre la fibrosis quística. Una de las llamadas
enfermedades raras. Cuando uno piensa en una persona con una
discapacidad siempre cree que son ciegos, mudos, sordos, cojos…Todas las
discapacidades que se distinguen nada más verlas. Pero existen otro tipo de
enfermedades en las que la minusvalía no se aprecia a simple vista, este es el
caso de la fibrosis quística.

Se trata de una enfermedad genética que afecta a 1 de cada 3.000
nacidos en España y 1 de cada 25 son portadores, es decir que tienen un gen
defectuoso. Esta dolencia no es contagiosa, afecta a todos los órganos
internos, especialmente a los pulmones, con los que se requieren muchos
tratamientos. Te puede llegar a mermar mucho la calidad de vida.
Yo tengo fibrosis quística y aunque aparentemente no sufro ninguna
discapacidad, interiormente, mis órganos sí tienen serias limitaciones.
Por eso a veces la discapacidad no salta a la vista.
CARMEN GÓMEZ SATURIO 1ºB
“Cambio de vida”
Cuando el doctor me dijo que mi prima no volvería a caminar nunca
más, después del accidente, pensé en nuestras siguientes vacaciones. Habíamos
planeado ir a la playa, a darnos largos baños, caminar por la arena al atardecer
viendo una hermosa puesta de sol, recoger caracolas, estrellas de mar y
cangrejitos que salen de dentro de la concha del bígaro.
Todo esto ya no sería posible. Nos despedimos del doctor, y salimos
tristemente de la consulta. Las vacaciones serían lejos de la costa.
Cambiaríamos las caminatas por la arena, por paseos en el asfalto
empujando su silla; los divertidos baños, por amenas tardes sentados en una
terraza recordando
veranos pasados y, en lugar de coger
caracolas, disfrutaríamos del romper de las olas en el espigón.
Me di cuenta de que su discapacidad no impedía nada. La vida continuaba
igual para ambas.
SARA BOLADO ABAD 2ºA
“Mi mundo de cristal”
Todavía recuerdo aquel día. El doctor pronunció esas dos palabras:
"osteogenia imperfecta". Mi hermana tenía huesos de cristal, su
estructura ósea era tan delicada que a la mínima podía tener un miembro
roto.
Entonces me vi atrapada, aturdida. Mi madre cerró los ojos. Sus
párpados se me antojaban guillotinas. Pensé en todas esas proyecciones
que habían revoloteado por mi mente, y que no se podrían hacer
realidad. Pasar tardes cálidas en invierno, curarle los rasguños tras
haberle enseñado a montar en bicicleta...Nada de eso sería posible.
El médico nos comunicó que mi hermana tendría que pasar bastante
tiempo en el hospital. Entonces mi mundo cambió, ahora era débil y
exquisito. Mi mundo, era ella.
MARÍA VILLAGRÁ CUENA 1ºB
“Una simple cuerda”
Nos fundimos en un profundo e intenso abrazo. Todo nuestro esfuerzo, dedicación y
empeño, habían tenido su recompensa. Obtener esa insignificante medalla era un triunfo
para nosotras. Ya podíamos lograr cualquier cosa. Después de 4 horas y 27 minutos
habíamos acabado la maratón de Nueva York.
Me sentí más unida a ella que nunca. No había vivido tal satisfacción jamás, habíamos
conseguido hacer realidad su sueño y todo gracias a una simple cuerda.
Durante los meses de preparación, la he acompañado en cada paso que ha
dado, siempre las dos próximas, vinculadas por aquel cabo.
Ese día, al cruzar la meta, vi algo brillante, un resplandor, una luz, y sé, que de un modo
diferente al mío, ella también lo vio.
Hoy hace tres años que su visión desvaneció por completo. Un inclemente glaucoma
apagó la luz de sus ojos. Pero aquella incómoda sombra no atenuó el brillo que siempre
albergó en su mirada. Por el contrario, el afán por superar las limitaciones de su
enfermedad intensificó su resplandor. Y, hoy, nuestra victoria es mucho más que traspasar
una meta, hemos ganado una certeza, una ilusión, el sueño de poder alcanzar una
estrella, aunque esta se halle en la más absoluta oscuridad, en lo más profundo de las
tinieblas. Juntas encenderemos la luz del espacio más negro.
MARÍA SHALLCRASS SUSINOS 2ºB
“ELA”
Cuando los médicos diagnosticaron que mi hija padecía esclerosis
lateral amiotrófica (ELA) me quedé sin habla. Me explicaron que al
morirse las células nerviosas dejan de enviar mensajes a los músculos y
paran de trabajar. Comienza una pérdida de movilidad en manos y piernas
y posteriormente los pulmones se ven afectados hasta impedir la propia
respiración.
No sabía como decírselo, qué habíamos hecho mal todos aquellos
años. Pensaba en los entrenamientos en las pistas, el frío, las
mojaduras, las lesiones leves y graves, las expectativas de conseguir una
gran marca para acudir a un campeonato importante. Aquellos sueños de
hacer algo destacado en el atletismo ya no me importaban.
Mi esperanza era que pudiera salir a pie del hospital y que ese largo
paseo a casa, sirviera para recordar todo lo bueno que habíamos vivido
hasta entonces .
CLAUDIA PUERTAS IGLESIAS 1ºB
“Mundo de sueños”
Ese día fue el peor después del accidente. Me encontraba en la sala
blanca del oculista donde tanta veces había estado de niño. Aunque ya no
podía verlo tan bien, traté de descubrir la expresión del
doctor, normalmente bonachona, cuando me dio la noticia. Pensé que su
rostro estaría compungido, tratando de ocultar la tristeza.

Me explicó que, en unos meses, me quedaría totalmente ciego, ya
que el golpe afectó a la parte de la cabeza que comunica la vista y el
cerebro. Cuando oí eso, se me agrietó el alma. Aquel año había empezado
a acudir a clases de piano, me encantaba leer… y todo aquello ahora me
parecía demasiado lejano, inalcanzable.
Al salir de la consulta, vi en la calle a un invidente relatando historias
a unos niños y, solo entonces, comprendí algo. Aunque no pudiese
contemplar el mundo con mis propios ojos, siempre habría un universo
hecho con mis sueños.
BEATRIZ ORIA FERNÁNDEZ 2ºA
“Simplemente un hasta luego”
Cuando me dijeron que mi madre no volvería a andar, que tenía una
parálisis temporal en las extremidades inferiores, debido al terrible accidente
que protagonizó hace una semana, lo primero que recordé fue que las
vacaciones de verano ya no serían lo mismo, no se podría bañar con nosotros en
el mar, no podría pasear a lo largo de la orilla, algo que solía hacer cada vez que
íbamos a la playa.

Lo ansiaba desde que empezaron las clases en septiembre. Desde ese
momento ya estaba contando los días que quedaban para volver a levantarse
tarde, pasarse el día en la playa, coger olas… Pensé en ello mientras mi madre
me lo estaba contando, a mí y a mi hermana. En aquel momento deseaba que le
pasase lo mismo al que la atropelló. Ella tan solo paseaba, cuando un coche la
derribó.
Nos abrazamos, corrí hacia mi cuarto, mis ojos entre lágrimas, pensando que
nada de lo que deseábamos hacer podría hacerse realidad… Mi madre ya tenía la
silla de ruedas, y cuando salí a pasearla me iba contando lo que quería hacer en
el próximo verano, y es que, los niños aprenden a andar, y estoy segura de que
mi madre también lo conseguirá.
AIDA GOMEZBUENO BEREZO 1ºB
“Bienvenido sonido”
Era septiembre del 2004, cuando empezaba mi largo viaje en el colegio. Recuerdo los
gritos, las risas, los lloros, el olor a nuevo, los colores,…todo era desconocido y aún
quedaba un mundo por descubrir.
Una semana más tarde, ya tenía mi grupo de amigos y apenas nadie lloraba…excepto
Mateo. Todos nos preguntábamos qué le pasaba, por qué hablaba raro y no te miraba
nunca; parecía taciturno.

El tiempo pasó raudo y él seguía en su mundo. De vez en cuando, le sacaba de clase
una señorita y cogido de su mano Mateo se alejaba trémulo, con cara de perplejidad.
Un día, cuando el sol ya apretaba y todos corríamos por el vasto patio del
colegio, apareció Mateo con su madre. Parecían risueños. Sentí curiosidad por conocer la
causa de aquellas risas, por saber qué había cambiado en el ánimo de aquel chico. De
repente, observé que un extraño aparato sobresalía por detrás de su oreja. ¿Qué sería
aquel artilugio?-pensé-. Pronto descubrí que se trataba de una máquina mágica que le
ayudaba a oír todo lo que se había perdido hasta ese día. Mateo parecía feliz; todos le
hablábamos y su sonrisa infinita y sus ganas de jugar hicieron que su discapacidad no le
convirtiese en un extraño, sino en un amigo.
IVÁN GONZÁLEZ DEL POZO 2ºB
“No hay obstáculos para la amistad”
Cuando el médico me dijo que mi mejor amiga, no volvería a ver
nunca más, que se había quedado ciega, sentí que el mundo se me venía
encima. Mis pulsaciones aumentaron notablemente. No podía creerlo.
Lo primero que recordé fueron esos días estupendos de calor en los
que ella y yo nos tendíamos en el césped de la casa de verano para
observar las esponjosas nubes y comentar entre risas las formas que
tenían. Esto no volvería a suceder, era la agridulce realidad.
Pero su discapacidad no nos impedía divertirnos. Era una
oportunidad para poder centrarnos en nuestra pasión: la música. Sería
magnífico componer melodías al aire libre. No me interesaba nada
más, lo importante es que nos teníamos la una a la otra y eso no
cambiaría jamás, ningún obstáculo nos iba a separar.
ELENA DÍAZ CASTILLO 2ºB
“Noticia inesperada”
En una revisión oftalmológica, los doctores dijeron que mi hijo podía desarrollar una
ceguera, aunque el equipo médico iba
intentar, con todos los tratamientos
actuales, evitarlo, o si esto no era posible, retrasar la oscuridad total.
El mundo se me vino abajo, a mi cabeza volvían los juegos de verano en la playa, con
mis amigos y hermanos, juegos que yo quería practicar con mi hijo; los paseos a caballo
por el monte. La tristeza me invadía, pero ¿por qué? Él era inteligente y sus padres le iban
a ayudar a superar esa limitación, no tenía por qué ser diferente a los demás, sólo yo
debía aceptarlo y jugar bien mi papel de padre. El niño haría castillos en la playa, y
montaría en unos maravillosos tándems.
Me di cuenta de los superficiales que somos a veces haciendo bromas
estúpidas, sobre algo que desconocemos. Los discapacitados en muchas ocasiones nos
demuestran la superación, como hacen los deportistas paraolímpicos.

Cuando salimos senté a mi hijo en el coche, le até el cinturón y nos fuimos al campo
a disfrutar del paisaje y de su olor en otoño. Sentía su felicidad y ambos reíamos. Lo cogí
en brazos, lo besé y percibí que el vínculo que nos unía ahora era más fuerte.
JOSÉ ANTONIO CAYÓN DE LA HOZ 2ºB
“El tiempo es oro”
La verdad que es el alma de las reuniones familiares: el tío Alfredo siempre
amenizando alegremente nuestros encuentros, contando fantásticas
historias, chistes malos, divertidas bromas…
Sin embargo, en aquella cálida comida navideña, relatándonos su último
viaje al Tíbet, la repentina expresión en su rostro no se correspondía con la gracia
de su anécdota: no vocalizaba, su mandíbula parecía sin fuerza, perdió el
equilibrio, se desplomó…
En aquel momento el tiempo se detuvo. La vida de mi tío se suspendía.
Rápidamente, llamamos al 112. Por fortuna, los servicios de emergencia
acudieron prestos, llevándole de inmediato al hospital.

Actualmente ya está satisfactoriamente recuperado de su ictus. Ese
trastorno podía haberle discapacitado para siempre y aunque hoy mi tío lleva
una vida normal no olvida que hoy su existencia podría ser muy distinta.
PAULA GANDARILLAS GARCÍA 2ºA
“Un mundo a oscuras”

Recuerdo aquel día como si fuera ayer. El médico nos dijo
tres simples palabras: no volverá a ver. Cuando las oí me sentí
morir ¡Mi prima era ciega!
Enseguida me vino a la cabeza todo lo que habíamos
planeado para el verano: ir a el Museo Marítimo a ver los
bonitos peces, comprar ropa, hacer un curso de surf . . . Ahora
todas esas cosas no se podían hacer.

Pensé que siempre hay una luz al final del túnel, que aunque
no pudiéramos realizar todo eso podríamos hacer otras
cosas, cambiaríamos el curso de surf por oír el romper de las
olas, la visita al Museo Marítimo por conciertos. La vida no se
acababa, solo había cambiado.
CELIA MELENDI ORTEGA 1ºB
“Una nueva vida”
Cuando me dijeron que mi prima Clara no volvería a oír, recordé esas
tardes lluviosas en las que veíamos una película que nos sacaba alguna
lágrima, o nos hacía reír hasta quedarnos sin aliento.
En ese momento corrí al encuentro de mis padres, intentando sin
éxito reprimir un sollozo de tristeza. Ese mismo día fuimos a su casa. El
trayecto me recordaba nuestros bailes al compás de mi grupo favorito.
Al llegar, encontramos a la familia completa danzando al ritmo del
piano de Clara. No me esperaba que estuviera tan feliz. Me di cuenta de
que mi prima y yo podíamos hacer muchas cosas sin tener la necesidad
de escuchar. Porque no oír no significa no poder comunicarse.
AMAYA ÁLVAREZ BUENO 1ºB
“La visión”
Cuando el médico me comentó que mi padre iba a perder, poco a
poco la vista, y que dentro de dos meses, ya no podría ver, lo primero
que pensé fue que nada volvería a ser igual.
Salimos de la clínica, le miré a los ojos, sonreí y le dije, que no le
pasaría nada, que todavía había mucho por disfrutar. Mi padre me dio un
gran abrazo y al instante fueron pasando recuerdos e imágenes de las
vacaciones anteriores.
Aquel mes mi padre cumplía 60 años y habíamos pensado ir de
vacaciones a un hotel con una playa muy acogedora al lado. Ahora ya no
podríamos realizar esas cosas, que habíamos soñado, tantos años... Me
volvió a mirar a los ojos, llenos de lágrimas y le dije: "Papá, aunque no
puedas verme, siempre sabrás q estoy a tu lado"
LUCÍA MISAS HIGUERA 1ºB
“Sin poder escuchar nada”
Cuando me dijeron que mi hija no podría oír nunca, debido a una
pérdida de la discapacidad auditiva total, lo único que pensé fue que ya
no podría disfrutar con ella las grandes obras de los mejores músicos
como, Ludwig Van Beethoven, Johann Sebastian Bach y Wolfgang
Amadeus Mozart.
Lo ansiaba desde que me quedé encinta: enseñarle a tocar el piano e
ir a conciertos juntas. Podría darle a conocer tantas cosas sobre la
música... Pero todo eso ya no sucedería.
Pronto caí en la cuenta de que ser sorda no la impediría disfrutar de
las partituras y las melodías, pues el propio Mozart fue un virtuoso del
piano a pesar de no sentir sonido alguno. Así que decidí encontrar el
modo de hacer realidad los planes que, una vez, soñé hacer junto a ella. A
partir de ese momento, empezaba una nueva vida para mí.
LUCÍA FOMBELLIDA GONZÁLEZ 2ºB
“Una sorpresa inesperada”
Cuando el doctor me dijo que mi prima no volvería a andar o primero
que pasó por mi cabeza fueron las cosas planeadas que iba a hacer con
ella. La llevaría al zoo para que diera de comer a los animales, iríamos al
parque de atracciones...
Pensaba en aquello mientras el médico mostraba una cara
inexpresiva que transmitía malas noticias. Le pregunté a qué lugares
podría ir con ella, pero él se encogió de hombros y no supo contestarme.
Salí del hospital con mi prima montada en su pequeña sillita de
ruedas. Nuestros cuerpos reflejaban dos sombras en las que yo era un
maquinista triste y apagado; y ella, con su sillita, era un tren recién
pintado y bonito.
MARÍA GALINDO LÓPEZ 1ºB
“Una vida sin color”

Cuando me dijeron que mi hermano no volvería a
ver, después de que aquella moto le atropellara, recordé que
habíamos planeado ir de vacaciones a Madrid ese invierno. Jugar
con la blanca nieve, ver las puestas de sol sobre la nevada y
observar el arcoíris después de una tormenta. Pensé esto cuando
mire la cara del doctor, al darnos las malas noticias.
Nos despedimos y yo me di cuenta de que ya no
conseguiríamos hacer nada de lo planeado, pero podríamos
pasear sobre el oscuro asfalto, mojado por la lluvia, hablando y
contando chistes, le explicaría como era la ciudad, para que él se
la imaginase. Porque aunque él no la viese, se podría hacer una
idea gracias a mis indicaciones.
MARÍA GÓMEZ BÉLIZ 1ºB
“Recuerdos truncados”

Qué figura tan fundamental representan los abuelos, qué gran palabra, me
encanta estar con ellos, me permiten hacer cosas que mis padres por motivos
educacionales me prohíben, aunque estoy segura de que cuando ellos sean
abuelos también serán permisivos con sus nietos.
Cuando estoy con ellos son capaces de transmitirme aprendizajes de todas
sus experiencias y vivencias que, aunque sean más mayores, se repiten con el
paso del tiempo.
El otro día estuve con ellos y, noté que algo extraño estaba pasando. Mi
abuela no hacía más que recordar relatos arcaicos de los que nunca me había
hablado, solo entonaba canciones antiguas, paisajes de su infancia, enumeraba
todo el árbol genealógico y hacía una radiografía exhaustiva de la habitación de
su niñez y ni si quiera era capaz de recordar mi nombre. Me preguntaba quién
era yo repetidas veces. Mis ojos se empezaron a nublar por una cortina de
lágrimas y, me di cuenta de que mi abuela padecía la enfermedad de Alzheimer.
Todos esos recuerdos instantáneos desaparecieron en un segundo en lo más
profundo del pozo de los recuerdos truncados.
CARLA DELGADO PRIETO 2ºA
“Cimas de esperanza”
Cuando me dijeron que mi hermano no podría caminar nunca, que
tenía la rótula quebrada y un cáncer en la pierna, lo primero que recordé
fue que había planeado subir al Cervino, el pico más famoso de los Alpes
con él.
Lo ansiábamos los dos desde que vimos aquel documental: subir el
pico, aguantar el cansancio en los momentos de más dificultad, sacar
fotos, llorar los dos, conseguirlo juntos… Pensé en ello mientras por
detrás la cara de aquella doctora, un rostro hierático para dar malas
noticias, observaba el cuadro de aquella sala en la que aparecía una
bonita cordillera. Le pregunté a la doctora qué cordillera era aquella, no
supo responderme.
Me despedí, dejé a mi hermano en la clínica, antes de evadirme me
volví y observe el cuadro de nuevo, me aproximé a él y contemplé que en
la esquina derecha de abajo había dos montañistas intentando subir una
de las montañas. Mostraban esfuerzo. Y el esfuerzo muestra disciplina y la
disciplina es amor por algo que deseas conseguir.

GABRIELA BLANCO GÓMEZ 2ºA
“Sebastián”
Un día, fui al dentista. Allí me encontré con un niño que tenía una
discapacidad. Ese niño era autista y su nombre era Sebastián.
Yo quería jugar con él, pero él me rechazaba. Sus padres me
explicaron que a su hijo le gustaba estar en su mundo, no quería jugar con
nadie. La verdad es que yo quería pasármelo bien con el niño.
Cuando ya era hora de que Sebastián entrase en consulta, empezó a
llorar y a gritar. Era normal, era la primera vez que iba a un dentista. Su
madre sacó su amuleto, un bakugan, y empezó a calmarse.
Al final, ese día me di cuenta de que yo era un chico muy afortunado.
LUIS CAGIGAS TRUEBA 2ºA
“Pensamientos positivos”

Cuando el médico me dijo que no podría volver a
caminar, el mundo se me cayó encima. Mis planes de irme a
esquiar se desvanecieron en segundos. Iban a ser las mejores
vacaciones, ya que eran las primeras a las que vendrían mis
amigos.
Ya no podría volver a dar largos paseos por la playa, ni montar en
bici con ellos.
Pero eso daba igual, había sobrevivido a un grave
accidente, podría haberme pasado algo peor, podría haber
muerto ese día. Dejé a un lado esos pensamientos y salí de aquel
hospital. Mi vida cambiaría, sí, pero disfrutaría de ella
igualmente.
.
NATALIA MARTÍNEZ IBÁÑEZ 2ºB
“Un cambio de vida”
Cuando me dijeron que mi tía no volvería a ver, se derrumbó en mi
interior el muro que habíamos creado con nuestros sueños: ir a París a
ver la Torre Eiffel, a Milán a comprar ropa y a Londres a ver el Big Ben.
Estos proyectos ya no se cumplirían.
En el momento en que el doctor nos dio la noticia, vi como mi tía se
veía inquieta, nerviosa. Así que, le cogí de la mano y la llevé a hacer
nuestros planes realidad, nuestros proyectos cántabros, los más
cercanos. Todos los demás ya llegarían más tarde.
Nos deleitaríamos con la montaña, tomaríamos una taza de
chocolate caliente con nubecitas frente a la chimenea y montaríamos a
caballo en las orillas del mar. Disfrutaríamos de todo lo que nos
quedaba por descubrir. No había tiempo que perder.
.
CLAUDIA VIDAL GONZÁLEZ 1ºB
“Cambio de planes”
Cuando mi madre me dijo que mi hermanita acababa de nacer, noté
que tragó saliva y, muy seria, afirmó que había habido una malformación
en el feto y que era distinta al resto de bebés; carecía de brazos.
Fue entonces cuando recordé los planes que tenía preparados para
ella: enseñarle a nadar, diferenciar los estilos de natación
pero, sobretodo, jugar y reírnos en la piscina. Pensaba en ello mientras
por detrás del dolido e inexpresivo rostro impropio de ella, divisaba una
tienda de deportes. La pregunté qué ocurriría ahora y bajó la mirada al
suelo sin saber qué contestarme. La noté tan triste que decidí dar por
finalizada nuestra conversación.
Pasaron los años y mi hermana creció sana y sonriente y me di
cuenta de que el hecho de no tener brazos no significa ser infeliz.
.
CRISTINA SOBRINO FERNÁNDEZ 1ºB

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  • 2. “El mar” Cuando me dijeron que me quedaría ciego en poco más de un año, debido a una enfermedad, mi madre no pudo contener el llanto y sus ojos se anegaron de lágrimas en medio de aquel despacho. No supe qué decir, y contemplé con la mirada perdida, cómo el doctor le entregaba, atento, una caja de pañuelos que había a un lado de la mesa. Detrás de ella, observé un cuadro que alguien, queriendo infundir vida a aquella triste habitación, había colgado. La pintura representaba un paisaje marino, en el que la espuma de las olas del verde océano acariciaba la arena dorada de la costa. Y en aquel momento tuve la necesidad de salir de aquel frío hospital, alejarme de los llantos de mi madre, y aprovechar mi vista, durante el máximo tiempo posible. Fue aquel mismo día en la playa, cuando comprendí la importancia de las personas y me di cuenta que, con gente en la que apoyarse, todo puede ser superado. Entonces, con el sonido de las olas, que me arrullaban como si fuesen una gran orquesta, y el olor salado que tenía el agua; con el tacto de la arena que se escapaba entre mis dedos y el roce cálido de los últimos rayos de sol, cerré los ojos. DIEGO MARTÍNEZ BERMEJO 2ºB
  • 3. “La recta final” Cuando me dijeron que mi abuelo poco a poco iría olvidando las cosas, que no recordaría ni los mejores momentos de su vida, pensé en todo lo que habíamos pasado juntos, y lo que nos quedaba por hacer. Algunos días antes ya habíamos planeado excursiones, viajes, aventuras, nuevas experiencias que nos cambiarían la vida a los dos, ocasiones únicas, inolvidables para cualquier ser que las realizara. En eso pensaba mientras le miraba por detrás de la cara del médico. Allí estaba, todavía asumiendo la terrible noticia que acababan de transmitirle. Tenía la mirada perdida. Parecía estar recordando lo mismo que yo, pero a él le preocupaba algo más... sabía que finalmente moriría. De pronto, cruzamos las miradas, nos levantamos de nuestros asientos y nos dirigimos al exterior de la clínica. Estaba claro, no había tiempo que perder. Teníamos que hacer realidad lo que habíamos planeado, necesitábamos sentir aquello que imaginamos, correr las aventuras que siempre quisimos, porque aunque él no lo recordara, yo nunca lo olvidaría. ALINA SIRI SCHUCHNER 2ºA
  • 4. “Lo que no ves” Cuando me enteré de que mi abuelo se estaba quedando ciego, yo tenía siete años. Me sentaba muy mal pensar que llegaría un día en el que no podría ver nada de lo que se encontraba a su alrededor. En ese instante recordé que yo siempre que regresaba a casa de mis abuelos, después del colegio, jugaba con él al escondite. Eso ya no iba a ser posible por culpa de su minusvalía. Pero ahora tengo doce años, y sigo yendo a su casa a comer con frecuencia. Yo le veo igual, o más contento de lo que estaba antes. Sigue haciendo su rutina diaria como cuando veía con normalidad. ¡Y cómo no!, sigue jugando conmigo al escondite. Y, aunque no os lo creáis, me encuentra con facilidad. RAQUEL GIL SARDINA 1ºB
  • 5. “Una pequeña parte de mi vida” Hoy os voy a hablar sobre la fibrosis quística. Una de las llamadas enfermedades raras. Cuando uno piensa en una persona con una discapacidad siempre cree que son ciegos, mudos, sordos, cojos…Todas las discapacidades que se distinguen nada más verlas. Pero existen otro tipo de enfermedades en las que la minusvalía no se aprecia a simple vista, este es el caso de la fibrosis quística. Se trata de una enfermedad genética que afecta a 1 de cada 3.000 nacidos en España y 1 de cada 25 son portadores, es decir que tienen un gen defectuoso. Esta dolencia no es contagiosa, afecta a todos los órganos internos, especialmente a los pulmones, con los que se requieren muchos tratamientos. Te puede llegar a mermar mucho la calidad de vida. Yo tengo fibrosis quística y aunque aparentemente no sufro ninguna discapacidad, interiormente, mis órganos sí tienen serias limitaciones. Por eso a veces la discapacidad no salta a la vista. CARMEN GÓMEZ SATURIO 1ºB
  • 6. “Cambio de vida” Cuando el doctor me dijo que mi prima no volvería a caminar nunca más, después del accidente, pensé en nuestras siguientes vacaciones. Habíamos planeado ir a la playa, a darnos largos baños, caminar por la arena al atardecer viendo una hermosa puesta de sol, recoger caracolas, estrellas de mar y cangrejitos que salen de dentro de la concha del bígaro. Todo esto ya no sería posible. Nos despedimos del doctor, y salimos tristemente de la consulta. Las vacaciones serían lejos de la costa. Cambiaríamos las caminatas por la arena, por paseos en el asfalto empujando su silla; los divertidos baños, por amenas tardes sentados en una terraza recordando veranos pasados y, en lugar de coger caracolas, disfrutaríamos del romper de las olas en el espigón. Me di cuenta de que su discapacidad no impedía nada. La vida continuaba igual para ambas. SARA BOLADO ABAD 2ºA
  • 7. “Mi mundo de cristal” Todavía recuerdo aquel día. El doctor pronunció esas dos palabras: "osteogenia imperfecta". Mi hermana tenía huesos de cristal, su estructura ósea era tan delicada que a la mínima podía tener un miembro roto. Entonces me vi atrapada, aturdida. Mi madre cerró los ojos. Sus párpados se me antojaban guillotinas. Pensé en todas esas proyecciones que habían revoloteado por mi mente, y que no se podrían hacer realidad. Pasar tardes cálidas en invierno, curarle los rasguños tras haberle enseñado a montar en bicicleta...Nada de eso sería posible. El médico nos comunicó que mi hermana tendría que pasar bastante tiempo en el hospital. Entonces mi mundo cambió, ahora era débil y exquisito. Mi mundo, era ella. MARÍA VILLAGRÁ CUENA 1ºB
  • 8. “Una simple cuerda” Nos fundimos en un profundo e intenso abrazo. Todo nuestro esfuerzo, dedicación y empeño, habían tenido su recompensa. Obtener esa insignificante medalla era un triunfo para nosotras. Ya podíamos lograr cualquier cosa. Después de 4 horas y 27 minutos habíamos acabado la maratón de Nueva York. Me sentí más unida a ella que nunca. No había vivido tal satisfacción jamás, habíamos conseguido hacer realidad su sueño y todo gracias a una simple cuerda. Durante los meses de preparación, la he acompañado en cada paso que ha dado, siempre las dos próximas, vinculadas por aquel cabo. Ese día, al cruzar la meta, vi algo brillante, un resplandor, una luz, y sé, que de un modo diferente al mío, ella también lo vio. Hoy hace tres años que su visión desvaneció por completo. Un inclemente glaucoma apagó la luz de sus ojos. Pero aquella incómoda sombra no atenuó el brillo que siempre albergó en su mirada. Por el contrario, el afán por superar las limitaciones de su enfermedad intensificó su resplandor. Y, hoy, nuestra victoria es mucho más que traspasar una meta, hemos ganado una certeza, una ilusión, el sueño de poder alcanzar una estrella, aunque esta se halle en la más absoluta oscuridad, en lo más profundo de las tinieblas. Juntas encenderemos la luz del espacio más negro. MARÍA SHALLCRASS SUSINOS 2ºB
  • 9. “ELA” Cuando los médicos diagnosticaron que mi hija padecía esclerosis lateral amiotrófica (ELA) me quedé sin habla. Me explicaron que al morirse las células nerviosas dejan de enviar mensajes a los músculos y paran de trabajar. Comienza una pérdida de movilidad en manos y piernas y posteriormente los pulmones se ven afectados hasta impedir la propia respiración. No sabía como decírselo, qué habíamos hecho mal todos aquellos años. Pensaba en los entrenamientos en las pistas, el frío, las mojaduras, las lesiones leves y graves, las expectativas de conseguir una gran marca para acudir a un campeonato importante. Aquellos sueños de hacer algo destacado en el atletismo ya no me importaban. Mi esperanza era que pudiera salir a pie del hospital y que ese largo paseo a casa, sirviera para recordar todo lo bueno que habíamos vivido hasta entonces . CLAUDIA PUERTAS IGLESIAS 1ºB
  • 10. “Mundo de sueños” Ese día fue el peor después del accidente. Me encontraba en la sala blanca del oculista donde tanta veces había estado de niño. Aunque ya no podía verlo tan bien, traté de descubrir la expresión del doctor, normalmente bonachona, cuando me dio la noticia. Pensé que su rostro estaría compungido, tratando de ocultar la tristeza. Me explicó que, en unos meses, me quedaría totalmente ciego, ya que el golpe afectó a la parte de la cabeza que comunica la vista y el cerebro. Cuando oí eso, se me agrietó el alma. Aquel año había empezado a acudir a clases de piano, me encantaba leer… y todo aquello ahora me parecía demasiado lejano, inalcanzable. Al salir de la consulta, vi en la calle a un invidente relatando historias a unos niños y, solo entonces, comprendí algo. Aunque no pudiese contemplar el mundo con mis propios ojos, siempre habría un universo hecho con mis sueños. BEATRIZ ORIA FERNÁNDEZ 2ºA
  • 11. “Simplemente un hasta luego” Cuando me dijeron que mi madre no volvería a andar, que tenía una parálisis temporal en las extremidades inferiores, debido al terrible accidente que protagonizó hace una semana, lo primero que recordé fue que las vacaciones de verano ya no serían lo mismo, no se podría bañar con nosotros en el mar, no podría pasear a lo largo de la orilla, algo que solía hacer cada vez que íbamos a la playa. Lo ansiaba desde que empezaron las clases en septiembre. Desde ese momento ya estaba contando los días que quedaban para volver a levantarse tarde, pasarse el día en la playa, coger olas… Pensé en ello mientras mi madre me lo estaba contando, a mí y a mi hermana. En aquel momento deseaba que le pasase lo mismo al que la atropelló. Ella tan solo paseaba, cuando un coche la derribó. Nos abrazamos, corrí hacia mi cuarto, mis ojos entre lágrimas, pensando que nada de lo que deseábamos hacer podría hacerse realidad… Mi madre ya tenía la silla de ruedas, y cuando salí a pasearla me iba contando lo que quería hacer en el próximo verano, y es que, los niños aprenden a andar, y estoy segura de que mi madre también lo conseguirá. AIDA GOMEZBUENO BEREZO 1ºB
  • 12. “Bienvenido sonido” Era septiembre del 2004, cuando empezaba mi largo viaje en el colegio. Recuerdo los gritos, las risas, los lloros, el olor a nuevo, los colores,…todo era desconocido y aún quedaba un mundo por descubrir. Una semana más tarde, ya tenía mi grupo de amigos y apenas nadie lloraba…excepto Mateo. Todos nos preguntábamos qué le pasaba, por qué hablaba raro y no te miraba nunca; parecía taciturno. El tiempo pasó raudo y él seguía en su mundo. De vez en cuando, le sacaba de clase una señorita y cogido de su mano Mateo se alejaba trémulo, con cara de perplejidad. Un día, cuando el sol ya apretaba y todos corríamos por el vasto patio del colegio, apareció Mateo con su madre. Parecían risueños. Sentí curiosidad por conocer la causa de aquellas risas, por saber qué había cambiado en el ánimo de aquel chico. De repente, observé que un extraño aparato sobresalía por detrás de su oreja. ¿Qué sería aquel artilugio?-pensé-. Pronto descubrí que se trataba de una máquina mágica que le ayudaba a oír todo lo que se había perdido hasta ese día. Mateo parecía feliz; todos le hablábamos y su sonrisa infinita y sus ganas de jugar hicieron que su discapacidad no le convirtiese en un extraño, sino en un amigo. IVÁN GONZÁLEZ DEL POZO 2ºB
  • 13. “No hay obstáculos para la amistad” Cuando el médico me dijo que mi mejor amiga, no volvería a ver nunca más, que se había quedado ciega, sentí que el mundo se me venía encima. Mis pulsaciones aumentaron notablemente. No podía creerlo. Lo primero que recordé fueron esos días estupendos de calor en los que ella y yo nos tendíamos en el césped de la casa de verano para observar las esponjosas nubes y comentar entre risas las formas que tenían. Esto no volvería a suceder, era la agridulce realidad. Pero su discapacidad no nos impedía divertirnos. Era una oportunidad para poder centrarnos en nuestra pasión: la música. Sería magnífico componer melodías al aire libre. No me interesaba nada más, lo importante es que nos teníamos la una a la otra y eso no cambiaría jamás, ningún obstáculo nos iba a separar. ELENA DÍAZ CASTILLO 2ºB
  • 14. “Noticia inesperada” En una revisión oftalmológica, los doctores dijeron que mi hijo podía desarrollar una ceguera, aunque el equipo médico iba intentar, con todos los tratamientos actuales, evitarlo, o si esto no era posible, retrasar la oscuridad total. El mundo se me vino abajo, a mi cabeza volvían los juegos de verano en la playa, con mis amigos y hermanos, juegos que yo quería practicar con mi hijo; los paseos a caballo por el monte. La tristeza me invadía, pero ¿por qué? Él era inteligente y sus padres le iban a ayudar a superar esa limitación, no tenía por qué ser diferente a los demás, sólo yo debía aceptarlo y jugar bien mi papel de padre. El niño haría castillos en la playa, y montaría en unos maravillosos tándems. Me di cuenta de los superficiales que somos a veces haciendo bromas estúpidas, sobre algo que desconocemos. Los discapacitados en muchas ocasiones nos demuestran la superación, como hacen los deportistas paraolímpicos. Cuando salimos senté a mi hijo en el coche, le até el cinturón y nos fuimos al campo a disfrutar del paisaje y de su olor en otoño. Sentía su felicidad y ambos reíamos. Lo cogí en brazos, lo besé y percibí que el vínculo que nos unía ahora era más fuerte. JOSÉ ANTONIO CAYÓN DE LA HOZ 2ºB
  • 15. “El tiempo es oro” La verdad que es el alma de las reuniones familiares: el tío Alfredo siempre amenizando alegremente nuestros encuentros, contando fantásticas historias, chistes malos, divertidas bromas… Sin embargo, en aquella cálida comida navideña, relatándonos su último viaje al Tíbet, la repentina expresión en su rostro no se correspondía con la gracia de su anécdota: no vocalizaba, su mandíbula parecía sin fuerza, perdió el equilibrio, se desplomó… En aquel momento el tiempo se detuvo. La vida de mi tío se suspendía. Rápidamente, llamamos al 112. Por fortuna, los servicios de emergencia acudieron prestos, llevándole de inmediato al hospital. Actualmente ya está satisfactoriamente recuperado de su ictus. Ese trastorno podía haberle discapacitado para siempre y aunque hoy mi tío lleva una vida normal no olvida que hoy su existencia podría ser muy distinta. PAULA GANDARILLAS GARCÍA 2ºA
  • 16. “Un mundo a oscuras” Recuerdo aquel día como si fuera ayer. El médico nos dijo tres simples palabras: no volverá a ver. Cuando las oí me sentí morir ¡Mi prima era ciega! Enseguida me vino a la cabeza todo lo que habíamos planeado para el verano: ir a el Museo Marítimo a ver los bonitos peces, comprar ropa, hacer un curso de surf . . . Ahora todas esas cosas no se podían hacer. Pensé que siempre hay una luz al final del túnel, que aunque no pudiéramos realizar todo eso podríamos hacer otras cosas, cambiaríamos el curso de surf por oír el romper de las olas, la visita al Museo Marítimo por conciertos. La vida no se acababa, solo había cambiado. CELIA MELENDI ORTEGA 1ºB
  • 17. “Una nueva vida” Cuando me dijeron que mi prima Clara no volvería a oír, recordé esas tardes lluviosas en las que veíamos una película que nos sacaba alguna lágrima, o nos hacía reír hasta quedarnos sin aliento. En ese momento corrí al encuentro de mis padres, intentando sin éxito reprimir un sollozo de tristeza. Ese mismo día fuimos a su casa. El trayecto me recordaba nuestros bailes al compás de mi grupo favorito. Al llegar, encontramos a la familia completa danzando al ritmo del piano de Clara. No me esperaba que estuviera tan feliz. Me di cuenta de que mi prima y yo podíamos hacer muchas cosas sin tener la necesidad de escuchar. Porque no oír no significa no poder comunicarse. AMAYA ÁLVAREZ BUENO 1ºB
  • 18. “La visión” Cuando el médico me comentó que mi padre iba a perder, poco a poco la vista, y que dentro de dos meses, ya no podría ver, lo primero que pensé fue que nada volvería a ser igual. Salimos de la clínica, le miré a los ojos, sonreí y le dije, que no le pasaría nada, que todavía había mucho por disfrutar. Mi padre me dio un gran abrazo y al instante fueron pasando recuerdos e imágenes de las vacaciones anteriores. Aquel mes mi padre cumplía 60 años y habíamos pensado ir de vacaciones a un hotel con una playa muy acogedora al lado. Ahora ya no podríamos realizar esas cosas, que habíamos soñado, tantos años... Me volvió a mirar a los ojos, llenos de lágrimas y le dije: "Papá, aunque no puedas verme, siempre sabrás q estoy a tu lado" LUCÍA MISAS HIGUERA 1ºB
  • 19. “Sin poder escuchar nada” Cuando me dijeron que mi hija no podría oír nunca, debido a una pérdida de la discapacidad auditiva total, lo único que pensé fue que ya no podría disfrutar con ella las grandes obras de los mejores músicos como, Ludwig Van Beethoven, Johann Sebastian Bach y Wolfgang Amadeus Mozart. Lo ansiaba desde que me quedé encinta: enseñarle a tocar el piano e ir a conciertos juntas. Podría darle a conocer tantas cosas sobre la música... Pero todo eso ya no sucedería. Pronto caí en la cuenta de que ser sorda no la impediría disfrutar de las partituras y las melodías, pues el propio Mozart fue un virtuoso del piano a pesar de no sentir sonido alguno. Así que decidí encontrar el modo de hacer realidad los planes que, una vez, soñé hacer junto a ella. A partir de ese momento, empezaba una nueva vida para mí. LUCÍA FOMBELLIDA GONZÁLEZ 2ºB
  • 20. “Una sorpresa inesperada” Cuando el doctor me dijo que mi prima no volvería a andar o primero que pasó por mi cabeza fueron las cosas planeadas que iba a hacer con ella. La llevaría al zoo para que diera de comer a los animales, iríamos al parque de atracciones... Pensaba en aquello mientras el médico mostraba una cara inexpresiva que transmitía malas noticias. Le pregunté a qué lugares podría ir con ella, pero él se encogió de hombros y no supo contestarme. Salí del hospital con mi prima montada en su pequeña sillita de ruedas. Nuestros cuerpos reflejaban dos sombras en las que yo era un maquinista triste y apagado; y ella, con su sillita, era un tren recién pintado y bonito. MARÍA GALINDO LÓPEZ 1ºB
  • 21. “Una vida sin color” Cuando me dijeron que mi hermano no volvería a ver, después de que aquella moto le atropellara, recordé que habíamos planeado ir de vacaciones a Madrid ese invierno. Jugar con la blanca nieve, ver las puestas de sol sobre la nevada y observar el arcoíris después de una tormenta. Pensé esto cuando mire la cara del doctor, al darnos las malas noticias. Nos despedimos y yo me di cuenta de que ya no conseguiríamos hacer nada de lo planeado, pero podríamos pasear sobre el oscuro asfalto, mojado por la lluvia, hablando y contando chistes, le explicaría como era la ciudad, para que él se la imaginase. Porque aunque él no la viese, se podría hacer una idea gracias a mis indicaciones. MARÍA GÓMEZ BÉLIZ 1ºB
  • 22. “Recuerdos truncados” Qué figura tan fundamental representan los abuelos, qué gran palabra, me encanta estar con ellos, me permiten hacer cosas que mis padres por motivos educacionales me prohíben, aunque estoy segura de que cuando ellos sean abuelos también serán permisivos con sus nietos. Cuando estoy con ellos son capaces de transmitirme aprendizajes de todas sus experiencias y vivencias que, aunque sean más mayores, se repiten con el paso del tiempo. El otro día estuve con ellos y, noté que algo extraño estaba pasando. Mi abuela no hacía más que recordar relatos arcaicos de los que nunca me había hablado, solo entonaba canciones antiguas, paisajes de su infancia, enumeraba todo el árbol genealógico y hacía una radiografía exhaustiva de la habitación de su niñez y ni si quiera era capaz de recordar mi nombre. Me preguntaba quién era yo repetidas veces. Mis ojos se empezaron a nublar por una cortina de lágrimas y, me di cuenta de que mi abuela padecía la enfermedad de Alzheimer. Todos esos recuerdos instantáneos desaparecieron en un segundo en lo más profundo del pozo de los recuerdos truncados. CARLA DELGADO PRIETO 2ºA
  • 23. “Cimas de esperanza” Cuando me dijeron que mi hermano no podría caminar nunca, que tenía la rótula quebrada y un cáncer en la pierna, lo primero que recordé fue que había planeado subir al Cervino, el pico más famoso de los Alpes con él. Lo ansiábamos los dos desde que vimos aquel documental: subir el pico, aguantar el cansancio en los momentos de más dificultad, sacar fotos, llorar los dos, conseguirlo juntos… Pensé en ello mientras por detrás la cara de aquella doctora, un rostro hierático para dar malas noticias, observaba el cuadro de aquella sala en la que aparecía una bonita cordillera. Le pregunté a la doctora qué cordillera era aquella, no supo responderme. Me despedí, dejé a mi hermano en la clínica, antes de evadirme me volví y observe el cuadro de nuevo, me aproximé a él y contemplé que en la esquina derecha de abajo había dos montañistas intentando subir una de las montañas. Mostraban esfuerzo. Y el esfuerzo muestra disciplina y la disciplina es amor por algo que deseas conseguir. GABRIELA BLANCO GÓMEZ 2ºA
  • 24. “Sebastián” Un día, fui al dentista. Allí me encontré con un niño que tenía una discapacidad. Ese niño era autista y su nombre era Sebastián. Yo quería jugar con él, pero él me rechazaba. Sus padres me explicaron que a su hijo le gustaba estar en su mundo, no quería jugar con nadie. La verdad es que yo quería pasármelo bien con el niño. Cuando ya era hora de que Sebastián entrase en consulta, empezó a llorar y a gritar. Era normal, era la primera vez que iba a un dentista. Su madre sacó su amuleto, un bakugan, y empezó a calmarse. Al final, ese día me di cuenta de que yo era un chico muy afortunado. LUIS CAGIGAS TRUEBA 2ºA
  • 25. “Pensamientos positivos” Cuando el médico me dijo que no podría volver a caminar, el mundo se me cayó encima. Mis planes de irme a esquiar se desvanecieron en segundos. Iban a ser las mejores vacaciones, ya que eran las primeras a las que vendrían mis amigos. Ya no podría volver a dar largos paseos por la playa, ni montar en bici con ellos. Pero eso daba igual, había sobrevivido a un grave accidente, podría haberme pasado algo peor, podría haber muerto ese día. Dejé a un lado esos pensamientos y salí de aquel hospital. Mi vida cambiaría, sí, pero disfrutaría de ella igualmente. . NATALIA MARTÍNEZ IBÁÑEZ 2ºB
  • 26. “Un cambio de vida” Cuando me dijeron que mi tía no volvería a ver, se derrumbó en mi interior el muro que habíamos creado con nuestros sueños: ir a París a ver la Torre Eiffel, a Milán a comprar ropa y a Londres a ver el Big Ben. Estos proyectos ya no se cumplirían. En el momento en que el doctor nos dio la noticia, vi como mi tía se veía inquieta, nerviosa. Así que, le cogí de la mano y la llevé a hacer nuestros planes realidad, nuestros proyectos cántabros, los más cercanos. Todos los demás ya llegarían más tarde. Nos deleitaríamos con la montaña, tomaríamos una taza de chocolate caliente con nubecitas frente a la chimenea y montaríamos a caballo en las orillas del mar. Disfrutaríamos de todo lo que nos quedaba por descubrir. No había tiempo que perder. . CLAUDIA VIDAL GONZÁLEZ 1ºB
  • 27. “Cambio de planes” Cuando mi madre me dijo que mi hermanita acababa de nacer, noté que tragó saliva y, muy seria, afirmó que había habido una malformación en el feto y que era distinta al resto de bebés; carecía de brazos. Fue entonces cuando recordé los planes que tenía preparados para ella: enseñarle a nadar, diferenciar los estilos de natación pero, sobretodo, jugar y reírnos en la piscina. Pensaba en ello mientras por detrás del dolido e inexpresivo rostro impropio de ella, divisaba una tienda de deportes. La pregunté qué ocurriría ahora y bajó la mirada al suelo sin saber qué contestarme. La noté tan triste que decidí dar por finalizada nuestra conversación. Pasaron los años y mi hermana creció sana y sonriente y me di cuenta de que el hecho de no tener brazos no significa ser infeliz. . CRISTINA SOBRINO FERNÁNDEZ 1ºB