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sonrientes habitantes de cada aldea a lo largo del camino, y los -no tan sonrientes- militares durante lostiempos de la gu...
Más de 400 corredores se alinean en el cruce de la calle sexta y la principal para iniciar la carrera de lascien millas de...
Rarámuri fresco con las atractivas facciones cinceladas, el cuerpo de magro músculo y una gran sonrisacasi perpetua. ¡Ahor...
[regalo].Durante el descenso desde Sugarloaf y antes de llegar al campamento de Mayqueen, nos enteramos deque aquí Juan ha...
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Crónica de la Leadville 100 con los Tarahumara en 1994, por Micah True. Traducido por mayayo para carrerasdemontana.com

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La carrera de Leadville 100 Miles de 1994 contada por Micah True (Caballo Blanco) y traducido por Mayayo para Carrerasdemontana.com. La lucha entre Ann trason y los Tarahumaras.

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Crónica de la Leadville 100 con los Tarahumara en 1994, por Micah True. Traducido por mayayo para carrerasdemontana.com

  1. 1. Mi encuentro con los Tarahumara en la Leadville 100 Por Micah True (alias “Caballo Blanco”).Traducido por Mayayo para Carrerasdemontana.comEl verano de 1993:Me desperté en el “Boulder Community Hospital” después de un grave accidente de bicicleta. Mi casco sehabía partido en dos y tenía numerosos cortes alrededor de los ojos que habían requerido muchospuntos. Lo último que recordaba era sentirme salir volando sobre el manillar de la bici mientras acelerabahacia abajo a casi 60 km/h, cuando en el largo descenso pavimentado me encontré un inesperado parchede gravilla.No podía dejar que el personal del hospital me dejara ingresado, pues no tenía seguro alguno de salud ¡Ytodo caballo tiene que comer! Hice que llamaran a mi buena amiga Robin, quien llegó al hospital parallevarme a casa y cuidarme. Ella me diría más tarde que había estado delirando, y cómo estuvo a punto dellevarme de vuelta al lugar que había decidido tan firmemente dejar!Después de una semana o así, ya podía moverme sin mucho dolor, por lo que decidí celebrar el hechode estar vivo apuntándome en la Leadville 100 Miles. Ya la había corrido seis años antes, y con unamarca de 22h30 entré en 10º lugar pese a hacerlo con mucha cautela debido a que en los dos mesesque van de la Western States 100 Miles a Leadville no había podido correr. Había tropezado en una curvaen los primeros tramos de la Western, sufriendo un serio esguince de tobillo. Pero seguí corriendo hastaque el doctor me hizo parar en el control de las 85 millas, cuando apenas podía mover lo que ya era un piehinchado como el de un elefante. Al año siguiente, había estado en las mejores condiciones aeróbicas demi vida, tras haber completado varias semanas de 240km de entrenos y ganar un par de carreras de 50MillasAsi pues fui entonces a Leadville a por todas, sólo para sufrir una fractura por estrés en la tibia y en eltendón de Aquiles por los daños causados al correr demasiado cargando sobre el tobillo izquierdo,teniendo que retirarme a mitad de camino. Después de padecer una variedad de lesiones en los pies y delas decepciones asociadas, había dejado de luchar contra los elementos. Corté en seco la competición yhabía reducido mucho incluso mis kilómetros de correr por correr.Y allí estaba yo, cinco años después, con un buen mes para entrenar, listo para celebrar mi buena fortunade estar vivo.Aquella carrera de Leadville 1.993 fue el momento en que tres Tarahumaras de la Sierra Madre deMéxico habían llegado desde los profundos cañones de su país hacia el norte para correr,literalmente, por comida. Había habido una grave sequía en su tierra, las personas tenían hambre, ladesnutrición era rampante entre los niños, se morían de hambre. El pueblo Tarahumara sufría la maldiciónde una altísima mortalidad infantil. Los corredores tarahumaras recibieron la promesa de traer alimentosabundantes para sus pueblos si aceptaban viajar con un patrocinador "gringo" a los Estados Unidos paracompetir. Así lo hicieron.Mientras disputaba ese año las 100 millas de carrera en las montañas de Colorado, corriendo con muchacautela y sin problemas en su mayor parte, tuve ocasión de charlar en la pista con el viejo Victoriano, elrarámuri de 55 años que había arrancado lentamente y poco a poco fue ganando terreno. Susmovimientos eran tan suaves y elegantes como las nubes de tormenta deslizándose por la tarde en untípico día de verano de las Montañas Rocosas. Victoriano fue pasando al resto de los corredoreshasta ganar la carrera. Cirrildo, que era del mismo pueblo, terminó en segundo lugar y Manuel Lunaterminó en quinto lugar. Yo mismo entré en el puesto 28º, en un tiempo nada malo de poco más de 24horas. Estaba bastante contento teniendo en cuenta lo que había sentido apenas un mes antes.Leadville 1.994:Al año siguiente estaba listo para mejorar en gran medida mi rendimiento en Leadville, después de haberestado muy bien de salud y entrenando a ritmo durante todo el año. Estaba listo para rodar. El únicoproblema era que las inscripciones para la carrera se habían agotado en apenas una semana tras abrirse
  2. 2. al público, mientras yo había estado en Chiapas y Guatemala. Pasaba una temporada conviviendo con losrevolucionarios Maya-Chamula tras haber tenido una colisión con una vaca en una carretera de montañaapenas unos días antes del 1 de enero del 1994 en que se produjo el levantamiento zapatista.Los felices espectadores indígenas habían rematado y despedazado de inmediato al desafortunado animalen la misma cuneta, mientras algunos de ellos me ayudaban a reparar mi coche lo suficiente como parahuir antes de que llegara la policía o el ejército que estaban estacionados allí cerca, o los propiosganaderos dueños de la vaca. Tuvimos que enderezar las aspas del ventilador lo justo para evitar que segolpearan contra el machacado radiador, que echaba agua fuera más rápido de lo que yo lograba verteren él. Entonces me dijo que había mucha agua en un arroyo cercano a su aldea. Cargamos un poco decarne y a los indios en la parte trasera de la camioneta y tres de los Chamula se amontonaron en losasientos delanteros conmigo.El moreno Chamula, normalmente tan serio, no podía dejar de reír cuando me oyó maldecir al animal:"Pinche vaca; No bueno para nada" "Buena para comer" – me contestaron a coro. Entonces nos llevaroncerca de su aldea de montaña donde festejaron y me trataron como a una especie de héroe, más bien unagotado caballo heroico, llenando todos mis contenedores de mi agua, y algunos más, antes de salir yconducir mi destartalado camión de vuelta al campamento en las afueras de la ciudad de San Cristóbal DeLas Casas, donde llegó en una nube de vapor, con los silbidos del radiador y los gritos del motor cantandoen total falta de armonía. Había sentido la urgencia de sacar mi camioneta fuera de las montañas deChiapas, para conducirlo en cinco horas hasta a la costa y al parque de la plantación de coco de miamigo. Trabajé de firme en el camión un par de días antes de conducirlo fuera de allí en la mañana del díade Año Nuevo. A mi llegada a la localidad costera de Puerto Arista, el pueblo entero se había reunidofrente al televisor ¡Viendo la revolución zapatista que se producía en las calles de San Cristóbal !"Bueno, caramba, realmente quiero correr esta carrera. Soy un viejo y leal amigo de este evento ¿No medejas entrar?" Le supliqué al director de carrera, que ni siquiera recordaba mi nombre o quién era yo, apesar de que había formado parte de la “gran familia de la carrera, cuatro veces. Ninguna posibilidad. Lacarrera había crecido mucho ahora, y los dorsales estaban muy cotizados. El "New York Times" y variaspublicaciones habían difundido la historia del indio mejicano de 55 años vencedor de la carrera. ¡Leadvilleahora era un punto destacado en el mapa ultra! La carrera y su patrocinador corporativo, una empresa decalzado, se habían beneficiado considerablemente de toda la publicidad, la sensacional historia de losindios pobres corriendo para llevar comida a la aldea, y no sólo corriendo sino GANANDO, y todo elloobra de un hombre de 55 años en sandalias. Se cerró un nuevo trato en que se hizo un trato con elpromotor "gringo" que había conducido al norte a los Tarahumara, para traer otro equipo de de sieteRarámuris a la carrera del 94. Creo que parte del trato era el uso por los indios de las zapatillas delpatrocinador en carrera, para las fotos correspondientes.Un día recibí una llamada telefónica del promotor gringo del equipo Rarámuri. Buscaba la ayuda dealguien que conociera el trazado y pudiera correr la vuelta al ritmo de algunos de "sus" corredores. "Claro,voy a hacerlo, siempre puedo correr las r 50 millas de vuelta con el corredor de mi elección." "Ellos tiendena correr más rápido a medida que avanzan ¿Seguro que puedes seguir el ritmo?", me desafió. "Si nopuedo mantener el ritmo, entonces no me necesita",le confirmé.Por supuesto ¡Casi todo el mundo puede correr al ritmo de alguien que ya ha completado antes 50millas a una altitud media de más de 3.200 metros!Había llevado mi infame camioneta matavacas desde mi cabaña en las montañas cerca de Nederland,Colorado, hasta Leadville para cumplir con los siete corredores tarahumaras y su patrocinador. Nada másconocernos, un atractivo Rarámuri [se parecía un poco a mí] me miró a los ojos y a cada uno nos brotóuna enorme sonrisa, reconociéndonos mutuamente como pareja para la carrera. El patrocinador gringoquedó sorprendido por la inmediata comunicación entre Martimiano y yo, sobre todo porque el "gringo"había mostrado un desdén evidente hacia mí al principio. Más tarde se abriría considerablemente, siendomucho más amigable y me respetaría mucho más como el otro "loco" gringo que se había presentado a losTarahumara por el apodo de "Caballo Blanco".Este apodo me fue dado por los mayas que habitaban las sierras de Guatemala, donde como corredor demontaña había surcado las laderas de muchos de los altos volcanes del país, mezclándome con los
  3. 3. sonrientes habitantes de cada aldea a lo largo del camino, y los -no tan sonrientes- militares durante lostiempos de la guerra civil. Mientras pasé unos pocos inviernos en los alrededores del lago del crátervolcánico de Attitlan, entraba corriendo en un pueblo, saludaba a los nativos, les compraba tortillas yplátanos, y a continuación seguía avanzando de esta manera de pueblo en pueblo. Cuando me cansaba,me buscaba una habitación por alrededor de un dólar, dar un salto en el lago para bañarme, relajarme ycomer a base de frutas tropicales y variedad de otras golosinas durante el resto de la noche. ¡Una vidadura! Después de un tiempo, solían recibirme al llegar a las afueras de cada pueblo, las mujeres y losniños se alineaban en la calle gritando "El Caballo Blanco", y los niños me seguían, riendo. Me resultó undulce detalle, así que me llevé este nombre conmigo a lo largo de mis viajes por América Latina, y creoque la imagen de un caballo blanco debe ser algo muy querido por la gente de América y los pueblosindígenas porque siempre he sido recibido calurosamente con una sonrisa cuando me presento a mímismo de esta forma.Mientras estábamos en la cabaña de montaña donde los indios, patrocinador gringo y yo nos alojamos, medirigí a los corredores, "Hay una mujer muy especial que va a correr la carrera, una corredora quetiene grandes poderes, como una bruja”. ¡Tiene muy buenas oportunidades de ganar esta carrera! LosRarámuri empezaron a hablar entre sí frenéticamente, "¿Ganar una mujer?". En ese momento, el gringopuso los ojos en blanco y frunció el ceño. La única palabra que entendí de los Rarámuri durante su rápidoy discreta conversación, era "bruja", esta palabra se repetía en voz baja por todos ellos, "bruja bruja .... ....."..... como bruja, ya lo escuchaste eso? bruja! "La mejor manera de correr esta carrera…" continué enmi spanglish de caballo "...es no pasar a la bruja hasta cerca del final, hay que montearla como aun venado” Los Rarámuri estaban charlando muy rápidamente, su lenguaje suena como una bandada depájaros, con tal vez un poco de jerga marciana entre medias. El padrino gringo me fulminó con una intensamirada. Parece que los Tarahumaras creer tanto en brujas como en los hombres del espacio.Era demasiado tarde para que el patrocinador se me quitara de encima. Los Rarámuri ya me habíanaceptado, a este pobre caballo loco. Y además, él me necesitaba para funcionar y correr con los Rarámurien cabeza, ya que les gustaba y confiaban en mí.El Señor Promotor trató de mantenerlos tan aislados como le fue posible, al menos aislados de alguiencuando él no estaba allí para protegerles del mundo exterior al que les había llevado. Un equipo detelevisión estaba en Leadville para retransmitir la carrera, la ciudad bullía animada con su habitualentusiasmo antes de la carrera, y más aún este año. "La Bruja" - Ann Trason, era ampliamenteconocido en los círculos del mudillo como la mejor ultrafondista del planeta, habiendo ganadomuchas carreras venciendo a todas las mujeres… y a TODOS LOS HOMBRES en competición, unaleyenda viviente. Habría una muy fuerte lista de inscritos para esta carrera, en un año decisivo paraLeadville. Muchos de los corredores americanos habían comenzado a quejarse de la presencia de losRarámuri. Sin embargo, otros muchos de los corredores americanos estaban encantados con el regresode este pueblo hermoso y único. Había un poco de todo. El Señor Promotor cruzaba la ciudad con "sus"corredores a remolque, asegurándose de que nadie se acercara demasiado. Me pareció que, aunquetímidos, los Rarámuri también disfrutaban conviviendo con gente amable. ¿Quién no aprecia una carasonriente mostrando amabilidad y respeto? Aunque ciertamente, no todos los rostros que nos rodeabaneran sonrientes.Hubo una progresiva acumulación de tensión entre el promotor, los organizadores de carrera, y elpatrocinador. Parecía que el promotor de los Rarámuri iba a empacarlos a todos ellos a su camioneta ylos llevaría de vuelta a la frontera. Parecía que había una discusión sobre algún tipo de pago. No sé, meestaba divirtiendo de visita con los Rarámuri en la cabaña, mientras les contaba historias y mostraba lascalcomanías de los animales pegados en mi infame camioneta, del Oso, del Puma, y del Pescado [enrealidad, un salmón grande que no creo que alguna vez hayan visto o para el que tengan una palabraautóctona]. La noche antes de la carrera, parecía que el promotor gringo iba a tomar sus indios y dejarlo..qué lástima. Luego, en el último momento al parecer, se alcanzó un acuerdo entre todos los interesadosque habían estado discutiendo.No creo que nadie preguntara a los Rarámuri lo que ellos querían hacer.¡Guadajuko! [palabra Tarahumara que significa algo así como: ¡Guay!] Vamos a Correr4 a.m: Que empiecen Los Juegos.
  4. 4. Más de 400 corredores se alinean en el cruce de la calle sexta y la principal para iniciar la carrera de lascien millas de Leadville. La mayoría estaban estirando y sacudiéndose el nerviosismo pre-carrera. Ungrupo de siete corredores envueltos en blusas de colores y faldas, calzados con sandalias hechas de tirasde neumáticos de fabricación casera estaban de pie a un lado. Totalmente relajados, realizaban su rutinade estiramiento Tarahumara, que consistía en no hacer nada. Hacía demasiado frío en las montañas a3.200 metros, y no había grandes rocas cerca de la calle para dar cabida a la habitual práctica pre-carrerade tumbarse por ahí en alguna gran losa, de modo que los Rarámuri se quedaron allí, sin mostrar signosde que estaban a punto de embarcarse en una carrera de 100 millas a través de las montañas deColorado, compitiendo con algunos de los mejores corredores ultra de los Estados Unidos.El rifle marcó el comienzo de la carrera.Este año, había algunos rarámuris más jóvenes, incluyendo alguno de 25 años de edad, Juan Herrera, quesalieron mucho más rápido de lo que arrancó el equipo de mayores Tarahumara que había llegado aLeadville el año anterior. Había muchos corredores más de lo habitual en carrera este año, se habíallenado hasta el límite más allá de la entrada, en gran parte debido a la presencia de los Rarámuri. Lasprimeras seis o siete millas de carrera fueron sobre pista forestal antes de convertirse en un estrechosendero que rodeaba todo el Lago Turquesa. Para los corredores que quieren estar entre los líderes, unaestrategia segura es comenzar lo suficientemente rápido como para no estar detrás de muchas personascuando se aborda ese caminillo en las horas oscuras de la madrugada. De los siete Rarámuri que corríaneste año, cinco eran todos de la misma aldea de montaña de unos 500 habitantes. El promotor gringo loshabía encontrado simplemente preguntando alrededor de la Sierra Madre, ¿Dónde viven los mejorescorredores?. Juan Herrera y mi amigo Martimiano Cervantes eran los favoritos entre los rarámuri paraganar. Juan me había dicho que a sus 41 años de edad, Martimiano era el mejor corredor en supueblo. Juan estaba muy seguro de sí mismo, casi arrogante. Martimiano se limitó a sonreír, estaba agusto y confiado.Durante las primeras etapas de la carrera, yo estaba pasando el rato en nuestra cabaña de la montaña,leyendo y descansando. Me encontraría con los corredores y promotores en Twin Lakes, en la línea de las40 millas. A los escuderos se les permite comenzar a correr en Winfield, en la marca de 50 millas, apenasunas duras millas tras descender de las montañas pasando el punto más alto de la carrera, cruzando HopePass a 3.800 metros.Los primeros corredores que desembocaron desde la Colorado Trail en el pueblo de Twin Lakes, enlas 40 millas, fueron "La Bruja" - Ann Trason y Martimiano, quien había cometido el error de pasar a laBruja, y otro corredor Tarahumara que había pasado también la Bruja. Juan acababa de llegar después delgrupo de cabeza. Todos en el grupo de cabeza estaban marcando un ritmo increíblemente rápido en estedía soleado de las Montañas Rocosas.. Justo antes de entrar al puesto de control en Twin Lakes, Annhabía vuelto a ponerse por delante de Martimiano y los otros Rarámuri otros que la habían pasadoantes. "¡Pregúntales cómo se sienten al pasados por una mujer!", Gruñó la Bruja. "Aprende español ydíselo tu misma" le sonreí. Era intensamente competitiva. "Los odio", cuentan que le oyeron decir.Salté en la furgoneta del promotor y dimos un rodeo a las montañas para reunirnos después con loscorredores en el punto en que alcanzaban la pista de grava tras haber corrido por lo alto de las montañas ycruzar Hope Pass. Aquí llegaron, descendiendo de la montaña, casi en el mismo orden en que habíanllegado a la última vez que los vi, la Bruja en primer lugar, esta vez seguida por Juan, Martimiano y el restode los Rarámuri a continuación, y luego una gran distancia antes de que los siguientes estadounidensescomenzaran a aparecer. Mi hombre, Martimiano, llegó a la pista como de costumbre, con una gran sonrisade comedor de peyote en su rostro. Me devolvió la sonrisa, y un espectador le entregó una botella fría deCoca-Cola. Martimiano vació la botella en un segundo, luego empezó a correr los cinco kilómetros de pistaa Winfield, el paso de ecuador para este trazado de ida y vuelta. Yo trotaba al otro lado de la calzada,emocionado por empezar a correr ya juntos a partir de su vuelta desde Winfield. Sabía que conMartimiano, íbamos a meternos una buena carrera de 50 millas! A mitad de camino a Winfield, el indio sedobló en dos, sosteniendo su vientre, gimiendo. Los carbónicos de la Coca-Cola le habían provocado unaenorme bolsa de gases y dolor de estómago; Martimiano se dolía. Cojeó el último par de kilómetros hastaWinfield, viendo pasar a la Bruja y a Juan corriendo fuerte ya en su viaje de regreso a la pista que losllevaría hacia arriba y sobre el puerto de nuevo, en las primeras etapas de su viaje de regreso a Leadville.En el giro de las 50 millas en Winfield, Martimiano se estaba tomando su tiempo, tratando de vomitar,incapaz de sacar nada más que un fuerte y musical "buuurrrrp”. No pintaba bien para el tranquilo
  5. 5. Rarámuri fresco con las atractivas facciones cinceladas, el cuerpo de magro músculo y una gran sonrisacasi perpetua. ¡Ahora no sonreía! Le hice comer una banana, le tomé de la mano y dije "¡Andalehuevón!" Se echó a reír y de mala gana me acompañó, caminando de regreso por la carreterilla de tierrahasta que logré que pasara al trote y al fin a la carrera. De camino al sendero de montaña a continuación,vimos a un puñado de corredores que se dirigían al giro, más cerca de nosotros. Lo drogué verbalmentepor toda la empinada trocha que nos conducía hacia el siniestro “Paso de la Esperanza”; diciéndole queaquí es donde yo siempre había querido también abandonar, sintiéndome también miserable. Le dije quecuando llegáramos a la montaña madre de "Esperanza", mamá Esperanza nos iba a premiarbendiciéndonos con su fuerza, y nos enviaría con velocidad y gracia en nuestro camino por su vertientemás suave. ¡Y efectivamente, así lo hizo! Martimiano se había recuperado. Habíamos perdido una grancantidad de tiempo luchando contra su enfermedad, pero había regresado de estar semimuerto en carrera,y ahora volábamos con la gracia de Esperanza, bailando sobre las rocas en el largo descenso hacia elcontrol de Twin-Lakes, todavía en tercer puesto, con nadie próximo por detrás de nosotros, y La Bruja conJuan al acecho, por delante de nosotros.Por delante, a partir de su llegada de vuelta a Twin Lakes, Juan Herrera iba ya acompañado de suescudero, un talentoso corredor de fondo de San Diego llamado Jamie Williams. Iban a rebufo de laBruja y su ayudante. Cada vez que la Bruja se detenía para atarse un zapato, orinar o lo que fuera, Juanse detenía hasta que ella estaba de nuevo lista para continuar, asegurándose de seguir mi consejo: "Noadelantes a la Bruja" Más tarde leí la crónica de la carrera por La Bruja, Ann Trason. En su relato, confesócomo de enervante le resultó que Juan no se esforzara nunca en pasarla, como si con ello le demostraraque podía pasarla en el momento que el quisiera.Martimiano y yo estábamos disfrutando de la suave zona de toboganes, que traza la Colorado Trail en eltramo comprendido entre Twin Lakes y el campamento de Half-Moon. Le dije que íbamos a CAMINAR porlas subidas más empinadas, y correr por los llanosc y los descensos. Cuando llegábamos al pie de unacolina, Martimiano diría "Arriba, caminamos". "¿A eso le llamas un arriba? ¡Andale huevón!", Le soltaba unlatigazo verbal a mi perezoso y risueño indio, y corríamos juntos colina arriba.Seguimos corriendo, por el sube-baja que sale de la pista del bosque y llegamos al puesto de control deHalf-Moon, donde un equipo de filmación estaba esperando. Mientras el cámara plantaba su aparato conrudeza ante la cara de un incómodo Martimiano, el comentarista anunciaba: "Saliendo de la pista en eltercer lugar, al paso de las 70 millas, el corredor Tarahumara Martimiano Cervantes, y su escuderoamericano, desde Colorado, Micah True. “Micah, nos puedes decir si hay algún tipo de secreto de laresistencia increíble de los Tarahumara… ¿Qué comen?" No quería demorarme mucho, puesMartimiano estaba claramente a disgusto, pero atendí la pregunta: "Pues…sí, debería ser por lastres P. El Rarámuri come las tres P cada vez que puede" El comentarista estaba muy emocionado antetal revelación. "¡Señoras y señores, están a punto de escuchar, en exclusiva en esta cadena la fórmulanutricional que es el secreto de los Tarahumara! Micah, ¿Cuáles son las tres P?" "Las tres P, son:Pinole, pisto, y Pinocha". Nos dimos la vuelta para huir mientras el comentarista repetía en voz alta acámara la fórmula secreta de nutrición de los Tarahumara. Como tenía una sonrisa aún más grande quelo normal en mi cara, Martimiano quería saber qué me hacía tanta gracia. Quería saber lo que había dichoel comentarista de televisión. Las tres P, de acuerdo con Caballo Blanco, son las siguientes: Pinole[maíz molido] - Pisto [alcohol duro local] – Pinocha [los genitales femeninos]. Ruego me disculpen.Tuve que levantar al indio después de que se cayera riendo al suelo. ¡Andale!Seguimos corriendo a un ritmo suficientemente rápido para cubrir el tramo de larga pista entre elcampamento de Half-Moon y el puesto de socorro de la Piscifactoría a la luz del día. Después de criaderode peces, que implica un rápido chequeo médico, comienza un largo ascenso por el monte hasta coronarel puerto de Sugarloaf, que parece interminable. Cada vez que veía a Martimiano demasiado serio, lerecordaba que volviera a comer algo más de sus tres P. Nos reíamos y así hacíamos más amena la largasubida.Fue después de coronar al fin este último puerto y correr ya en descenso hacia el otro lado, queMartimiano y yo iniciamos una larga conversación acerca de "La Bruja". Mi español era limitado,definitivamente; y también el de Martimiano, pues él es un Rarámuri muy tradicional que habla su lenguapropia y muy poco español. Sin embargo, la comunicación bajo la luna llena, y durante toda la carrerahabía sido muy bueno. Nos entendíamos por completo. A veces, la risa habla con mucha más claridad quelas palabras. Hablamos del enorme respeto que sentíamos por La Bruja y su asombroso rendimiento, y dequé le íbamos a decir más tarde, después de la carrera. Deseábamos hacerle entrega de un "Korima"
  6. 6. [regalo].Durante el descenso desde Sugarloaf y antes de llegar al campamento de Mayqueen, nos enteramos deque aquí Juan había decidido finalmente pasar a La Bruja, dejando escapar un fuerte grito de guerra alpasar disparado por delante de ella en la noche con su escudero, Jamie. Este apenas podía mantenerse ala par de un Juan encendido, que siguió subiendo el ritmo sin parar hasta la meta. Juan Herrera llegó aLeadville, como ganador y nuevo hombre récord de la carrera, rebajando en casi 30 minutos lamarca anterior, con un crono de 17:30. Ann Trason llegó segunda absoluta, y además logró latercera o cuarta marca más rápida en los más de 20 años de Leadville 100 miles, con unasombroso tiempo de 18:04. No solo destrozó cualquier record femenino anterior, sino que creoque aún se mantiene. Y lo más probable es que lo haga para siempre.Martimiano Cervantes terminó 3 º en un tiempo de 19:40.4 de los 5 primeros clasificados fueron Rarámuri.Hubo 7 Rarámuri que entraron dentro del top 11.En la entrega de premios, que pronunció un discurso en honor al gran corredor, Ann Trason, diciendocómo Martimiano había quedado muy impresionado con ella, y le había hecho un regalo [korima]. "Ennombre de mis amigos Tarahumara, nos gustaría presentar Ann Trason con este regalo." El atletapatrocinado por Nike se acercó a recibir su regalo, un par de huaraches hechos a mano,.Los Tarahumara nunca fueron invitados a volver a correr Leadville, a pesar de que la políticahabitual de la carrera es que TODOS los campeones del pasado son invitadosautomáticamente. Esta regla no parece aplicarse a los Rarámuri.Que los rarámuri y todos nosotros sigamos corriendo libres.____________________________________________________________________Más información sobre la Leadville 100 Miles (1983-2011) y otros ultratrails aquí

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