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Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas.
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Lic. Atilio Augusto Amerio
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Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas.
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Clama el viento.
Los caminos hacia Malvinas
Índice
Prólogo. Ing. Daniel P. Gonzalez (VGM,
Crucero ARA "Gral. Belgrano)
7
Notas Previas. ¿Por qué este libro? 13
Capítulos
1.- Las Malvinas son la Argentina. 19
La historia. 21
Tras su manto de neblinas. 22
Maidenland. 24
La hegemonía de los mares. 30
Bajo extraño pabellón. 32
A río revuelto. 33
Porque si entre ellos pelean, los devoran los
de afuera.
35
La leyenda del Gaucho Rivero. 36
Las intervenciones inglesas en el Río de la
Plata.
38
El credo de los inútiles. 42
2.- El Servicio Militar Obligatorio. 45
Antecedentes históricos. 47
Testimonio de un colimba. 48
El final del Servicio Militar Obligatorio. El caso
Carrasco.
50
Soldados de plomo. 52
¿Volverá la colimba? 60
3.- Primera sangre. 65
Pesos pesados. 67
El factor Davidoff. 70
A Dios rogando. 76
El traidor. 80
4.- Horas desesperadas. 85
La cronología del conflicto del Atlántico Sur. 87
Lic. Atilio Augusto Amerio
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5.- Los hechos bélicos más salientes. 99
Comentario previo. 101
Los desembarcos ingleses. 101
Istmo de Darwin y Pradera del Ganso. 103
BAM “Cóndor” (Pradera del Ganso). 107
Armamento y equipos. 110
El ataque al portaaviones HMS Invincible. 113
Duro de matar. La batalla por el Monte
Longdon.
114
6.- El hundimiento del crucero ARA
General Belgrano.
117
Premeditación y alevosía. 119
Implicancias. 119
Situación táctica y ataque. 121
Por qué al Belgrano. 124
7.- Palabras que se llevó el viento. 131
La batalla diplomática. 133
El escorpión. 138
8.- Consecuencias de la posguerra
(perdida).
143
El día después. 145
Los carapintadas. 147
Semana Santa (abril de 1987). 148
Monte Caseros (enero de 1988). 151
Villa Martelli (diciembre de 1988). 151
Palermo – Boulogne – Edificio Libertador (dic.
de 1990).
153
Los cabecillas. Perfiles. Aldo Rico. 154
Mohamed Ali Seineldin. 155
Otros “próceres”. 158
Desde adentro. 160
9.- La importancia de las islas. 165
Ni vencedores ni vencidos. 167
Algunos datos ilustrativos. 173
Los rehenes de la historia. 179
Sólo es cuestión de negocios. 184
La teoría conspirativa. 187
Hacia nuestra recuperación. 189
Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas.
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10.- Acuerdos con el Reino Unido. 193
Los tratados de posguerra. 195
La primera Declaración de Madrid (octubre de
1989).
196
La Declaración Conjunta de Madrid (febrero
de 1990).
198
11.- Detrás de la tormenta. Testimonios. 205
Cómo explicar. 207
De visita. 208
Darwin. 211
Reencuentro. 213
12.- Amnesia nacional. 219
El proceso de desmalvinización. 221
Hombres de Honor. 223
13.- Epílogos. 237
¿Puede existir la guerra sin odio? 239
¿Se pudo haber evitado esta guerra? 240
¿La Argentina pudo haber ganado la guerra? 241
El encierro de los kelpers, ¿hasta cuándo va a
durar?
247
La politización de los organismos
internacionales.
248
Diferencias y similitudes en la conducción de
la guerra.
249
Agresión psicológica. 251
Superando los rencores. 254
Bibliografía y fuentes consultadas. 257
Índice de ilustraciones. 259
Lic. Atilio Augusto Amerio
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Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas.
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Prólogo
“Leí la última página, cerré el libro y apoyé mi cabeza entre las manos.
Un soplo de la brisa de mi país, una onda de perfumes y armonías lejanas, besó
mi frente y acarició mi oído al pasar.
Toda mi Andalucía, con sus días de oro y sus noches luminosas y transparentes,
se levantó como una visión de fuego del fondo de mi alma.”
(Extracto del prólogo escrito por G. A. Bécquer para “La Soledad” de A. Ferrán)
Creo que este párrafo resume mis sentimientos al finalizar la lectura de "Clama el
Viento", de mejor manera que la que podría yo expresar.
Es un libro que por sobre todas las cosas tiene un contenido de amor, pero no
ese amor sensiblero o romántico, sino aquel varonil, profundo y sentido con que
el autor nos lleva a revivir la heroica locura que fue la Gesta de Malvinas.
Y es, quizás, porque fue tal la vorágine que se creó que hemos perdido de vista
cosas que son fundamentales, como la historia y las circunstancias que dieron
lugar a los acontecimientos que unos tras otros determinaron el rumbo de los
eventos.
"Clama el Viento" alterna entre la descripción de los hechos y el ambiente
intimista -casi cómplice- con que el autor comparte con nosotros sus vivencias,
sus impresiones y sus opiniones, pero fundamentalmente sin perder de vista a
las personas que, en definitiva, son las que por acción u omisión forjan el
destino.
Por años los argentinos hemos vivido bombardeados por la imagen del pobre
soldadito de dieciocho años muerto de miedo y sometido por el avance
Lic. Atilio Augusto Amerio
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avasallador de una fuerza profesional y con un armamento decisivamente
superior, sin rescatar del olvido a esos hombres, algunos de dieciocho años, que
dieron todo, hasta su vida en la batalla. Y que tuvieron y sintieron miedo, sin
lugar a dudas, pero que también tuvieron el orgullo y el valor de pelear por su
Patria; no por un General o por quién fuera que detentara el poder en ese
momento, no por un objetivo político, sino simplemente por su país. Con la
mezcla de euforia, miedo y orgullo que conlleva.
Por años se ha desconocido y negado la existencia de hechos heroicos que
fueron realizados por aquellos a los que el destino reservó un lugar en la
contienda, hayan podido volver o no. No podemos desconocer o menospreciar a
quienes decidieron ofrendar sus vidas en aras de un ideal.
Desde lo personal, esta es una historia que me toca profundamente por haber
sido partícipe de ella a bordo del Crucero A.R.A. “Gral. Belgrano”, y aún me
estremece el recuerdo de la emoción que me embargó cuando me enteré del
desembarco en Malvinas. Sin embargo, no fue sólo el arrebato de una visión
épica del futuro, sino también (y lo mismo vi reflejado en quienes me rodeaban)
el “saber” hasta la última fibra de tu ser lo que se avecinaba…
Tuve el honor de tener conscriptos a cargo. Realmente se comportaron como
hombres conscientes de sus debilidades, pero demostrando un valor y un coraje
dignos de ser destacados. Muchas noches nos quedábamos conversando sobre el
futuro, de lo que habían dejado en casa, de lo que estaba pasando, mirando un
globo terráqueo para “ver” dónde estaban los ingleses, compartiendo sus miedos
y su orgullo de ser parte de algo más grande que nosotros, que tenía que ver
con nuestros ideales y con nuestro sentimiento de “Patria”.
Volver…
Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas.
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Volver fue más difícil.
Todavía se me anuda la garganta al escuchar la Marcha de Malvinas. Con esa
música fuimos recibidos en el aeropuerto de Bahía Blanca, nos saludó el pabellón
y la gente agitaba banderas a nuestro paso.
Lloré como nunca había o volví a llorar.
Durante mucho tiempo sentí que tenía la obligación de dar explicaciones, decir
por qué habíamos perdido, o qué tanto se había combatido, o por qué yo había
vuelto y otros no; o como alguna vez alguien me dijo “yo no sé por qué tanto lío
con el Belgrano, si en definitiva fue sólo un barco que se hundió sin haber
disparado un solo tiro…”
Todas estas fueron y son las cosas que nos unen y nos separan. Y muchas veces
escuchando qué tanto saben nuestros jóvenes sobre Malvinas siento, en ese
preciso momento, que perdimos ya no en el campo de batalla sino en nuestro
país, con la anuencia e impulso de nuestros gobernantes y con nuestro silencio y
complicidad como pueblo.
Es por todo esto que la visión que plantea el autor, abarcando desde los
fundamentos históricos sobre la pertenencia de las islas a nuestro país y hasta el
tiempo presente, es un recorrido por la médula de la cuestión “Malvinas” vista
desde todos los ángulos, pero haciendo centro en la cuestión humana. Se podrán
compartir o no sus ideas, se podrá acordar o discrepar con la posición política,
pero lo que no se pone en duda es la honestidad, por momentos cruda, del
relato.
Le reconozco al autor el valor de otorgarle otro punto de vista a la historia, pero
por sobre todas las cosas el de darle una voz a aquellos que no volvieron, a
Lic. Atilio Augusto Amerio
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quienes dejaron parte de su alma en la turba malvinera o en el mar austral. A los
que vivos o muertos, desde entonces, le hablamos al viento sur.
Creo desde el fondo de mi alma que es por ellos que “Clama el viento”.
Para un amigo que la vida me regaló en las circunstancias más impensadas: es
bueno saber que no estamos solos en el mundo…
Daniel P. González
VGM Crucero “Gral. Belgrano”
Buenos Aires, 22 de Octubre de 2008.
Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas.
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“La primera víctima de la guerra es la verdad.”
Hiram Johnson
“La política es más peligrosa que la guerra, porque en la guerra sólo se muere
una vez.”
Winston Churchill
Lic. Atilio Augusto Amerio
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Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas.
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Notas Previas
¿Por qué este libro?
A principios de 2007 por razones laborales conocí varias ciudades y
lugares de nuestra Patagonia Austral. Lo primero que me llamó la atención de los
paisajes increíbles del Fin del Mundo fue la omnipresente desolación. Los
innumerables pozos petroleros, la meseta con sus rutas infinitas, el viento, el
cielo, el sol estival que nunca se oculta.
Y la película comenzó, sin querer, empapado de ese aire austral, en
esas costas rocosas de Comodoro Rivadavia, Río Gallegos y especialmente de Río
Grande; fue inevitable dirigir la mirada hacia el profundo Mar Argentino, hacia el
Atlántico Sur, hacia ESE lugar tan próximo, tan lejano y tan nuestro.
Imaginé estar en Malvinas. Imaginé sensaciones, situaciones, un viaje
al pasado que no era el mío pero que me desbordaba, me salía por los poros.
Sentí allí una energía especial que me guiaba, un dictado. Un puntapié inicial
hacia un nuevo desafío personal.
Tardé varios meses en descubrirlo… Ya alejado de esos sitios la
sensación me quedó dando vueltas y más vueltas: eran las islas y su canto de
sirenas que me acercaba cada vez más a sus abruptas riberas; con temor de
encallar inicié este viaje.
Aún a riesgo de parecer pretencioso… algo tengo que decir sobre
Malvinas.
Viví el conflicto con Gran Bretaña siendo un adolescente de trece años.
Cursaba el segundo año del bachillerato en un colegio católico muy estricto.
Cuando Malvinas se convirtió en la causa nacional la vivimos con orgullo de
jóvenes argentinos y cristianos. En secreto envidiamos a los muchachos que iban
a la guerra. Por Dios, ¡serían héroes! Exhibirían sus uniformes y medallas al
regresar del frente, relatarían las hazañas de la guerra y todas las chicas se irían
con ellos y nosotros los miraríamos desde lejos, no estaríamos a la altura de
Lic. Atilio Augusto Amerio
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merecer su amistad… Habíamos visto demasiadas películas… Y nos bombardeaba
la acción psicológica oficial.
En lo único que no nos equivocamos fue en que serían Héroes.
Cuando cayó Puerto Argentino simplemente no podíamos creerlo.
¿Cómo pudo pasar? ¿Sería cierto? Si les habíamos hundido a los ingleses el
Sheffield, el Antelope, el Atlantic Conveyor, y les habíamos derribado Harriers
hasta el cansancio… No podía ser, tenía que haber un error.
De hecho, los errores fueron demasiados… y vimos volver derrotados a
nuestros Héroes.
Todo esto me afectó mucho, no podía pasarlo por alto y simplemente
dejarlo atrás. La primera conclusión aceptada era que nos habíamos enfrentado
con quien no debíamos hacerlo, y por eso perdimos la guerra. ¿Fue así? ¿Tan
simple, tan pueril era la explicación? Necesitaba investigar e intentar el hallazgo
de la verdad (o verdades), y un universo desconocido de información, datos,
testimonios y opiniones se fue revelando con el tiempo.
Dialogué con protagonistas directos e indirectos, recabé y analicé
documentación proveniente de todos los tintes políticos e ideológicos. En este
punto fue difícil encontrar hilos conductores, sobre todo cuando el
apasionamiento avasalló a la capacidad de racionalizar, y este es uno de los
principales defectos argentinos.
Me vi en la necesidad de realizar síntesis de pensamientos antagónicos
para buscar en la dialéctica la esencia de los hechos y darle, a su vez, mi visión
individual. Y entonces fue sorprendente coincidir en los aspectos básicos: en
Malvinas como Causa Nacional, como tema que aglutina y conmueve a la
mayoría de los argentinos. Aunque en la política hallé las diferencias más
incompatibles, no ocurrió lo mismo en los aspectos culturales, la historia y las
tradiciones de nuestro país.
Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas.
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La cultura argentina del siglo veinte está profundamente atravesada
por la causa Malvinas; pero no así los intereses políticos o económicos. De serlo,
la recuperación de esa parte de nuestro territorio usurpado hace casi dos siglos
ganaría mayor probabilidad. Este es nuestro talón de Aquiles, por ende el punto
fuerte sobre el que Gran Bretaña se apoya para no negociar la soberanía ad
infinitum.
Este sencillo trabajo pretende en primer lugar rendir homenaje a todos
los Veteranos y Ex Combatientes, sin ser un libro de guerra. Existe al respecto
abundante bibliografía tanto argentina como británica, que recomiendo leer a
quien quiera profundizar sobre aspectos militares.
Ofrezco una síntesis de los hechos acontecidos en aquellos turbulentos
días en el Atlántico Sur con el propósito de resguardar la memoria para las
generaciones que nos seguirán. Este escrito no busca ni pretende objetividad o
asepsia ideológica; van a encontrarse con mis opiniones personales y visiones
particulares, con las cuales podrán coincidir o no. Intenté, sí, observar el rigor
histórico. Apelo, lector, a su comprensión si se ha deslizado algún error, no ha
sido adrede. El resultado procesado de este cúmulo informativo es la expresión
de mi manera de pensar y de sentir el tema.
No combatí ni estuve nunca en Malvinas.
No sé lo que es estar en una guerra.
Una fuerza interior me mueve a escribir este libro. Es un tema que me
apasiona, que a veces me alegra y muchas más me angustia. No quiero más
llanto por Malvinas. Quiero dejar atrás el estado de tristeza que me dura desde el
14 de junio de 1982, y aportar a la construcción de una época en la que
descubramos qué podemos hacer para tener una relación lógica y justa con
nuestra propia historia.
Lic. Atilio Augusto Amerio
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Voy algún día a conocer sus paisajes, y de cara al viento abandonar el
pensamiento de que “no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás
sucedió”, como dice Joaquín Sabina. Mientras termino de escribir estas palabras
sueño con un futuro viaje a las islas, para sentir la historia en carne propia, y que
quizás dé motivo a otras nuevas sensaciones.
Malvinas fue mucho más que setenta y cuatro días de guerra. Las
raíces del conflicto, sus implicancias, sus consecuencias, la crónica de los
heroicos combates y el sacrificio de nuestros hombres: a esto pretendo rendir
honores como argentino de bien. La épica historia de esas islas que, como dicen
algunos, desde el punto de vista geográfico son poca cosa comparadas con
nuestra vasta porción del continente. Es cierto… pero albergan un sentimiento de
rebeldía frente al robo y el despojo y una lucha de casi dos siglos digna de
admiración y reconocimiento por su constancia y su justicia. Que sepan los
invasores que, en oposición a ellos, no nos guía el afán de conquista territorial.
En nuestra inexperiencia de nación joven hicimos lo que pudimos por recuperar
nuestras islas Malvinas de las garras de un imperio vetusto, pero tal erramos la
oportunidad y momento. Más bien creo que lo hicimos con los protagonistas
incorrectos.
Ello no desmerece el heroísmo ni el honor de la gesta, más bien todo lo
contrario: la eleva. El país sumido en la más tenebrosa dictadura de su historia
generó una identidad reivindicatoria del más puro sentimiento patriótico que
pocas naciones del mundo pudieron comprender. Seguramente lo compartirán
otros pueblos que luchan por su dignidad. La generosidad del pueblo argentino
en su combate contra el colonialismo pudo más que la perversión de la Junta
Militar, y a ese caballo se quisieron subir los abyectos generales, almirantes y
brigadieres de escritorio, sin saber que cuando las armas hablaron el único
destino que les aguardaba era el desprecio de la sociedad por su intolerable
cobardía.
Malvinas es una causa del pueblo argentino, no de miserables
dirigentes. Y no nos importa el tiempo que falte hasta que vuelvan adónde
Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas.
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pertenecen: hemos dejado como garante, en la tierra y en el mar, la sangre de
nuestros mártires que algún día brotará y dará sus frutos.
Y resulta vergonzoso que en pleno siglo veintiuno aún existan
anacrónicos imperios, símbolos de rigidez y falta de inteligencia para comprender
que la historia la hacen los pueblos audaces, los pueblos que se atreven, y no los
que se aíslan y aferran al pasado atemorizados por el avance de los tiempos.
Estos últimos son los verdaderos débiles que deben inventar las guerras y torcer
las leyes para abonar su liderazgo en raíces de barro.
Las Malvinas son argentinas.
Las Malvinas son la Argentina.
Es inevitable… todo lo sugiere: el aire, el paisaje, la geografía, la
historia y el indómito viento austral que clama una respuesta: por los muchachos
que allí quedaron y nos están esperando; por los muchachos que volvieron y
todavía nos esperan para unirnos en un abrazo de Hermanos.
Por ellos y por las generaciones futuras, este humilde esfuerzo.
Chajarí, Entre Ríos, 22 de octubre de 2008.-
Lic. Atilio Augusto Amerio
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Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas.
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CAPÍTULO UNO
Las Malvinas son la Argentina.
“Una cosa es capitular en una circunstancial derrota en el campo de las
armas y otra muy distinta hacerlo en el campo de las ideas.”
Rubén Oscar Moro
“La trampa de Malvinas”
Lic. Atilio Augusto Amerio
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Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas.
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La historia.
Es necesario conocer la historia para comprender los hechos del presente.
El capítulo que sigue puede resultar un tanto árido en su lectura, abundante en
datos, nombres y fechas, pero entiendo que el lector atento encontrará fuertes
coincidencias y paralelismos entre la historia de nuestras islas Malvinas, los
hechos de 1982 y la actualidad. Un proceso histórico cíclico nos revela rasgos
característicos de nuestra personalidad como nación, que de no ser por su
análisis meditado nos resultarían intrascendentes en el mejor de los casos, o
sencillamente ignorados.
Para los argentinos siempre es traumático hablar de la memoria, de los
hechos del pasado. Parece que nuestra historia comenzó con la primera
fundación de Buenos Aires en 1536 y finalizó con la Declaración de la
Independencia en 1816. De lo que siguió luego tenemos visiones parciales,
fugaces, correcciones de la realidad, historias oficiales. El mayor punto de
conflicto para los argentinos es nuestro siglo veinte, un período de contrastes y
claroscuros bien marcados, donde coexistieron la prosperidad, la manteca al
techo, el granero del mundo y el país modelo de Sudamérica; con el odio, el
enfrentamiento, la muerte de argentinos a manos de argentinos, la
desocupación, la miseria, el caos económico y político… y la guerra contra una
potencia nuclear.
Por algo es que algunos afirman “el argentino es un pueblo que escapa
hacia el futuro”. Todavía estamos tratando de encontrarnos… pero recuerdo que
en 1982 todos los argentinos, de todos los credos, de todas las ideologías, de
todos los colores y de todas las edades, nos unimos detrás de un ideal y un
sentimiento como fue la reconquista de nuestras Islas Malvinas. Norteamérica
nos despreció; Latinoamérica nos ayudó. Aquella pequeña guerra en el remoto
Atlántico Sur significó la caída de muchas caretas: de pronto nuestros aliados
pasaron a ser esas naciones morenas de las que siempre habíamos renegado,
enancados en el espejismo de ser la “Europa de América”. De repente, nuestros
admirados países del norte de América y Europa, nuestros “amigos”, no sólo nos
Lic. Atilio Augusto Amerio
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daban la espalda olímpicamente sino que nos castigaban con embargos,
sanciones económicas y disparaban misiles contra nuestros soldados.
La guerra terminó en derrota, y con ella la dictadura militar tocó su fin.
Recuperamos la Democracia; nuestra generación comenzó a enterarse de las
situaciones aberrantes que vivieron miles de compatriotas: exilios, torturas,
secuestros, atentados, muertes… sin ninguna sentencia, sin ningún juicio.
Hicimos el recuento de todos nuestros muertos. Todos nuestros muertos. Tanta
sangre nos costó esta Democracia que vivimos… no es para tomarla a la ligera.
Pasaron los años. Mucha agua corrió bajo el puente y los enemigos
volvieron a ser nuestros amigos. Nos reinsertamos en el contexto del mundo,
como pueblo de paz que somos, pero no debemos olvidar: el que te roba una
vez, seguro te volverá a robar (si le das la oportunidad), lo mismo el que te
traiciona. No olvidar, argentinos, a no olvidar…
Esta historia comenzó así.
Tras su manto de neblinas.
Las Islas Malvinas fueron descubiertas por Américo Vespucio el 7 de abril
de 1502. La expedición del marino florentino -que diera su nombre al continente-
se vio arrastrada por fuertes temporales hacia una tierra desconocida que
investigaciones históricas posteriores determinaron que se trataba del
archipiélago de las Malvinas. Vespucio navegaba a las órdenes de los Reyes
Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, entonces las islas pasaron a
ser posesión de la corona española por derecho de descubrimiento.
En al año 1520, Hernando de Magallanes llegó a las islas Malvinas
(probablemente en el mes de julio) y las bautizó Islas de Sansón. En un viaje
posterior que data de 1540, una de sus naves con todos sus tripulantes (la
Incognita) permaneció durante diez meses en la isla Gran Malvina, en un sitio
que denominaron Puerto de las Zorras, hoy conocido como Puerto Richards, y
Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas.
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que probablemente constituyó el primer asentamiento de seres humanos en el
lugar. Magallanes, al servicio de la corona española, no denunció el
descubrimiento porque al estar las islas al este de la línea de Tordesillas (límite
acordado entre las posesiones portuguesas y españolas), Portugal podría
reclamarlas para sí, entonces prefirió mantener el secreto. Este exceso de
prudencia de Magallanes significó a la larga un grave error estratégico.
Un reciente hallazgo producido en la década de 1980 confirmaría
definitivamente estos hechos. Investigadores hallaron en la Biblioteca de París
una obra de fray André Thevet, del año 1568, que contiene un mapa muy
detallado de las Islas de Sansón con una leyenda que dice:
“Los primeros que pusieron un pie en estas islas fueron los portugueses,
que acompañaban a Fernando de Magallanes en su viaje.”
Afirmaba el autor que por esos años un viejo capitán portugués le había
entregado el mapa en Lisboa.
En 1764, un grupo de 115 colonos franceses al mando de Louis Antoine de
Bougainville, se estableció en las islas fundando el primer poblado, Port de Saint
Louis, en honor al rey de Francia, Luis XV. Bougainville había partido del puerto
de Saint Maló, y dio a las islas el nombre de su gentilicio: Malouines, que más
tarde los españoles convertirían en Malvinas. Estos, al enterarse de la expedición
francesa, reclamaron ante la corte de ese país haciendo valer su derecho de
soberanía y hacia 1767 lograron el retiro del asentamiento, previa indemnización
económica a Bougainville por los gastos y molestias ocasionados en la fundación
de la colonia. Port de Saint Louis pasó a llamarse Puerto de Nuestra Señora de la
Soledad (que a posteriori será el nombre de la isla), y quedó al mando del
capitán de navío Felipe Ruiz Puente, como gobernador y comandante de la
guarnición militar española y de algunos colonos franceses que decidieron
quedarse.
Este incipiente carácter cosmopolita del archipiélago, sumado a su
ubicación estratégica y riquezas naturales, daría lugar más adelante a toda clase
Lic. Atilio Augusto Amerio
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de reclamos infundados y disputas de soberanía por parte de las principales
potencias coloniales de la época.
Desde la creación del virreinato del Río de la Plata en 1767, España ejerció
la gobernación de las islas en forma ininterrumpida hasta la Revolución de mayo
de 1810. Las dependencias de las islas fueron utilizadas inicialmente como lugar
de reclusión de presos peligrosos. Conformado el primer gobierno patrio, las
Malvinas pasaron por derecho de sucesión a formar parte de la nueva nación que
se estaba gestando, las Provincias Unidas del Río de la Plata.1
Maidenland.
Los británicos se atribuyen el descubrimiento de las islas en el año 1592,
de acuerdo con los datos aportados por el marino inglés John Davis. Luego en
1594, otro navegante, Richard Hawkins declaró haber divisado unas islas a las
que llamó Maidenland. Por lo dudoso de su origen, estos avistajes no fueron
reconocidos por los cartógrafos ingleses, y los navegantes tampoco recibieron la
patente real que acreditaba el descubrimiento.
Hawkins declaró haber visto en las islas habitantes y muchos fuegos,
cuando en realidad estaban deshabitadas, por lo que presumiblemente llegó a
otro lugar. Ante tantas dudas, los ingleses recién publicaron su descubrimiento
en 1622, cuando hacía más de un siglo que las islas figuraban en las cartas
náuticas españolas como Islas de San Antón, Sansón, de los Patos, y de los
Leones.
Hacia 1690, una fuerte tormenta desvió de su ruta original a la expedición
del capitán inglés John Strong, arrastrándola hasta las islas. Navegaron por el
canal que las separa (San Carlos), al que llamó Falkland2
. Este nombre luego se
extendería a todo el archipiélago (Falkland Islands) para la cartografía británica.
1
Lo mismo sucedería con las islas Galápagos, Juan Fernández y Fernando de Noronha, al
producirse la independencia de Ecuador, Chile y Brasil respectivamente.
2
En honor a Lucius Cary, segundo vizconde de Falkland y primer Lord del Almirantazgo, muerto
en la batalla de Newbury en 1643.
Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas.
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Como sus objetivos eran científicos, Strong no reclamó las tierras halladas, sino
que se limitó a tomar muestras y ejemplares de la fauna autóctona.
Pero se atribuye al marino holandés Sebald de Werth el descubrimiento
oficial de las islas Malvinas. Según ciertas historias, en el año 1600 Werth
regresaba de una malograda expedición al océano Pacífico, cuando avistó un
grupo de tres pequeñas islas en el extremo noreste del archipiélago, a las que
llamó Sebaldes, Sebaldinas o Jasón. Lamentablemente no pudo hacer acto
posesorio porque la tormenta que arruinó su misión oceánica se había llevado
consigo los botes de desembarco. Sin embargo se ha concedido a Sebald de
Werth el descubrimiento de las Malvinas, aunque solamente vio un pequeño
grupo de islas marginales e ignoraba la real extensión de las tierras halladas.
A partir del siglo dieciocho infinidad de naves de distintas nacionalidades
fueron llegando a las islas con fines estrictamente comerciales. La caza de focas
resultaba un negocio altamente lucrativo, por la calidad de sus pieles y su alto
valor en el mercado. Por lo tanto, europeos y estadounidenses depredaron
durante décadas este recurso, sin importarles en lo más mínimo a qué nación
pertenecía el archipiélago. Además, las Malvinas se convirtieron en un sitio de
paso, algo así como una posta oceánica, de todo tipo de buques que surcaban
los mares del sur, y comenzaban a cobrar importancia en la medida que
afloraban los conflictos políticos entre las principales potencias coloniales
ultramarinas: España e Inglaterra.
En 1748, el almirante británico George Anson recomendó a la corona la
fundación de un asentamiento permanente en las Falklands o en Tierra del
Fuego, con el fin de servir de soporte a los buques ingleses que recorrían las
aguas australes. Esto era fundamental para controlar el comercio español desde
América del Sur. Los españoles volvieron a expresar su derecho soberano sobre
el archipiélago y realizaron los reclamos y las gestiones diplomáticas pertinentes
ante la corona británica. El resultado fue positivo para los ibéricos, y la idea de
Anson fue archivada.
Lic. Atilio Augusto Amerio
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Pero dieciséis años después el almirante inglés volvió por sus fueros con
su viejo anhelo, y logró convencer a la corte de establecer un asentamiento
clandestino en un sitio remoto de las islas, que no llamara demasiado la atención.
En 1764 los británicos enviaron una expedición al mando del comodoro John
Byron, quien se estableció en un refugio ubicado en la isla Trinidad al norte de la
Gran Malvina, al que llamó Port Egmont. Era el sitio ideal para ejercer el
comercio, cazar lobos marinos y focas, y abastecer a los buques en tránsito hacia
las posesiones coloniales inglesas en Tasmania. Al decir de Lord Egmont, primer
Lord del Almirantazgo, las islas constituían “la llave del Pacífico”.
La jugada secreta de Inglaterra llegó a oídos del rey de España. Mediante
una Real Cédula incluyó al archipiélago en la jurisdicción de la Gobernación de
Buenos Aires, y le ordena al gobernador, Francisco de Paula Bucarelli, que envíe
una flota naval a desalojar a los británicos de Port Egmont. La misión fue
cumplida, y luego de una refriega armada Bucarelli tomó posesión del
asentamiento inglés en la isla Trinidad, al que renombró como Puerto de la
Cruzada.
En 1769 se produce un nuevo desembarco inglés en Port Egmont. Las
tropas al mando del capitán Anthony Hunt se establecen en las islas y las
reclaman en nombre de su Majestad Británica. Desde Buenos Aires envían al
mayor general Juan Ignacio Madariaga, quien obtiene la rendición de los ingleses
el primero de julio de 1770.
Esta serie de incidentes estuvo a punto de llevar a ambas naciones a una
inevitable escalada bélica, pero finalmente, ante la alternativa de dilapidar las
alicaídas arcas reales en una guerra remota, España e Inglaterra optaron por la
salida diplomática. En 1771 se firmaron dos documentos, Declaración y
Aceptación, para dejar a salvo el honor de ambos imperios sin derramamiento de
sangre. Los derechos españoles sobre las islas quedaban garantizados por la
firma de los acuerdos. Los españoles devolvían el control de Port Egmont a los
ingleses, bajo la promesa de éstos de retirarse en un plazo perentorio. Esto
Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas.
- 27 -
último se acordó de palabra, con lo que la situación quedaba como si los ingleses
nunca hubieran desembarcado y Port Egmont nunca hubiera existido.
En 1774 los ingleses cumplieron su promesa de abandonar las islas. Sin
embargo dejaron una placa recordatoria de su paso por el lugar, en la que
declaraban que esas tierras pertenecían al rey de Inglaterra. Más tarde
intentarían sacar provecho de aquella declaración, aunque el retiro y abandono
del lugar significó en los hechos una renuncia expresa. Pero como ello se había
acordado de palabra, dio lugar a las más antojadizas interpretaciones de la
siempre hábil diplomacia británica. En una audaz maniobra declararon y
sostuvieron la existencia de un acuerdo secreto, no firmado, entre Inglaterra y
España, donde ésta reconocía los derechos posesorios británicos sobre Port
Egmont y sus dependencias. Esta afirmación llegó hasta nuestros días, y
actualmente constituye el pilar fundamental sobre el que el Reino Unido de Gran
Bretaña sostiene su pretensión de soberanía sobre el archipiélago de las Islas
Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur.
En principio, la conflictiva placa grabada de Port Egmont fue llevada por
los españoles a Buenos Aires, y en 1806 durante la primera invasión, los ingleses
la despacharon a Londres.
España controló celosamente que Port Egmont estuviese deshabitado,
enviando frecuentes patrullas armadas. Ante las continuas evidencias de que era
utilizado por cazadores furtivos de focas, el asentamiento fue finalmente
destruido en 1779.
Pero en ese mismo año se produjo un incidente en otras latitudes que
tuvo importantes repercusiones en el extremo sur de América. Inmersas en una
disputa por el control de los océanos del mundo, las potencias coloniales España
e Inglaterra, dueñas de formidables armadas de guerra, no se daban tregua y se
marcaban el territorio mutuamente. Esta vez el conflicto se suscitó en Nootka
Sound, sobre el estrecho de Vancouver (actual Columbia Británica, Canadá).
Lic. Atilio Augusto Amerio
- 28 -
Originalmente descubierto por los españoles en 1774 y explorado por los
ingleses en 1776, el control sobre el estrecho de Vancouver motivó un principio
de acuerdo entre ambos imperios coloniales, que fundaron un establecimiento en
forma conjunta. Pero las rivalidades no tardaron en reaparecer y la disputa
territorial llevó nuevamente a un conato de guerra entre España e Inglaterra.
La solución fue nuevamente negociada, aunque la posición inglesa
prevaleció ante la imposibilidad española de contar con el apoyo de su principal
aliada, Francia, que se encontraba inmersa en plena revolución que haría rodar la
cabeza de su rey Luis XVI, y que transformaría la decadente monarquía en
república.
El tratado firmado restituía a los ingleses sus posesiones en Canadá y les
otorgaba el derecho de libre navegación, pesca y explotación de recursos en los
mares del norte y del sur del continente. Es decir que los españoles, lisa y
llanamente, capitularon sin combatir. Y si bien conservaban la soberanía sobre
las islas australes le otorgaban a Inglaterra la libertad de recorrer sus costas
discrecionalmente. Aunque desde el punto de vista estricto del derecho, el
acuerdo escrito otorgaba a los ingleses un permiso, lo cual implicaba en los
papeles un reconocimiento implícito de la soberanía española. Veremos cómo
estos hechos documentados sobre quién detentaba la soberanía cobrarán cada
vez más fuerza con el correr de los años. Tarde o temprano, los ingleses sacarían
a relucir su célebre placa de Port Egmont y a aducir pactos secretos que nadie
firmó.
A pesar de la independencia de sus colonias en América del Norte ocurrida
en 1776, el imperio británico crecía y se consolidaba, al tiempo que la corona
española se debilitaba. Finalmente, pese a los esfuerzos bélicos, España perdería
sus posesiones coloniales en Sudamérica, y sucumbiría ante la cada vez más
cercana amenaza de Napoleón Bonaparte, quien terminaría finalmente
invadiendo la península ibérica, encarcelando al rey Fernando VII y poniendo a
su hermano José en el trono de los Borbones.
Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas.
- 29 -
En su política exterior, los ingleses continuarán desarrollando su estrategia
racional y metódicamente. Rubén Oscar Moro es muy claro en la definición de las
intenciones británicas y de su proyecto nacional:
“La condición geopolítica de insularidad fue forjando desde antaño la
conciencia de los hombres de estado británicos de la necesidad de contar con
una flota poderosa que asegurase las comunicaciones marítimas vitales para el
imperio por su condición de aislamiento y de territorio escaso, además de sus
relaciones con países europeos vecinos dominados por criterios mercantilicios.
Ello implicaba la necesidad de competir y de nutrir a su industria con las materias
primas que se carecían en las islas. La industria, a su vez, debía producir
manufacturas –y subsidiariamente proporcionar mano de obra a su clase obrera-
sin que esto último no significase la explotación de los propios trabajadores
británicos, como bien lo señalan los abusos cometidos con las famosas
hilanderías de Manchester (…) donde el laboreo se desarrollaba en condiciones
de verdadera esclavitud. (…) El comercio internacional era el medio para obtener
usufructo con el cual nutrir de riquezas a la Corona y sustentar así a la nobleza, a
la clase gobernante, a los capitalistas y financistas, (…) y a la Royal Navy,
instrumento supremo del imperio para hacer factible esta estrategia. Así se
cerraba el círculo de este ‘proyecto nacional’, donde España era el enemigo por
excelencia.” 3
Una clara definición sobre la esencia del imperialismo.
Desde su partida en 1774 y hasta 1832, los ingleses nunca hicieron
reclamo alguno sobre sus presuntos derechos sobre las islas Malvinas, ni tuvieron
presencia alguna en el archipiélago. De hecho lo consideraron una pérdida de
tiempo y de valiosos recursos.
En este contexto se apoderarán de las Islas Malvinas por la fuerza.
3
Rubén Oscar Moro, Op. Cit., págs.15-16.
Lic. Atilio Augusto Amerio
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La hegemonía de los mares.
En 1805 se produce la batalla de Trafalgar, en la que la Royal Navy
derrota a la -hasta entonces- Armada Invencible de España y Francia. Inglaterra
logra consolidarse como la principal potencia marítima.
El siguiente paso era avanzar hacia el Río de la Plata.
En abril de 1806 partió una expedición invasora desde el Cabo de Buena
Esperanza (África del Sur), con 1.640 hombres al mando del comodoro Home
Popham y del brigadier general William Carr Beresford. En junio desembarcaron
en Quilmes y tomaron la ciudad de Buenos Aires con escasa resistencia.
Previsores como siempre, los ingleses exigieron como condición en la
capitulación, la entrega de los caudales reales.4
Días después, la fragata
Narcissus zarpa hacia Gran Bretaña con sus bodegas llenas a tope. El Tesoro del
Virrey Sobremonte, una fortuna de ocho carrozas con más de cinco toneladas de
pesos de plata,5
llegó a Portsmouth en septiembre y fue paseado triunfalmente
por la capital británica.
Pero un mes antes, agosto de 1806, la resistencia del pueblo armada y
encolumnada tras la figura del capitán de navío Santiago de Liniers y Bremond6
,
lograba “La Reconquista de Buenos Aires”, venciendo y expulsando a los ingleses
de estas tierras. Popham y Beresford, derrotados y humillados, volvieron a su
patria, donde les aguardaban los suculentos dividendos de las monedas de plata
depositadas en el Banco de Inglaterra, y una feliz jubilación.
Al año siguiente volvieron, esta vez con el teniente general John
Whitelocke al mando de 15.000 soldados, con la intención de salvar la imagen y
el honor de la corona. Y nuevamente fueron rechazados, en una serie de
combates heroicos en las calles, que la historia luego llamó “La Defensa de
4
La historia cuenta que el reparto del tesoro ya había sido previamente acordado por los
comandantes ingleses al partir de Ciudad del Cabo, y que un espía escocés llamado Russell, que
viajaba como pasajero en una goleta portuguesa, les confirmó cerca de Montevideo de la
existencia y volumen de los caudales reales.
5
Aproximadamente unas trescientas mil libras que se terminaron repartiendo entre los líderes de
la invasión en 1808. Beresford recibió unas doce mil libras.
6
Marino francés al servicio de España.
Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas.
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Buenos Aires”. El 7 de julio de 1807, al firmar la capitulación los ingleses
devolvieron prisioneros, buques y pertrechos, pero se omitió incluir una cláusula
relativa al reintegro del tesoro saqueado el año anterior, con lo cual las arcas
quedaron completamente vacías luego de afrontar los gastos del combate.
Pero a su regreso a Inglaterra, una corte marcial juzgó, condenó y despojó
de cargos y honores a Whitelocke. Decía el fallo:
“Que dicho teniente general sea dado de baja y declarado totalmente
inepto e indigno de servir a Su Majestad en ninguna clase militar.”
Tal vez porque había vuelto con las manos vacías.
El nuevo virrey Liniers, a fin de impulsar la reactivación económica de
Buenos Aires, promulgó el Edicto de Libre Comercio, abriendo el puerto a los
productos británicos a condición de que pagasen en efectivo y por adelantado.
Rápidamente, el contrabando se convirtió en el negocio más lucrativo de los
porteños, dado que la ecuación comercial significaba, en términos comparativos,
que un buque cargado de manufacturas provenientes de Londres equivalía a
doce buques cargados de cebo y cueros de estas latitudes.
¡Pero les habíamos ganado la guerra!
Ya con Baltasar Hidalgo de Cisneros como virrey, se produce la Revolución
de Mayo de 1810 y la conformación de la Primera Junta. Una de sus primeras
medidas fue disponer el fusilamiento de Liniers por declararse opositor al
flamante Gobierno Patrio.
La independencia llegaría en julio de 1816. El proceso independentista de
América para librarse del yugo político de España fue apoyado y fomentado por
los ingleses. Durante esos años, las prioridades de la nueva nación fueron otras.
Las islas Malvinas se abandonaron y fueron sometidas a una brutal depredación
por parte de flotas cazadoras de focas de todas partes del mundo. Sin embargo,
los ingleses no intentaron volver ni reclamar derechos sobre las islas. De todos
Lic. Atilio Augusto Amerio
- 32 -
modos, ya tenían lo que más les importaba: la libre navegación y el comercio con
las (ex) colonias españolas de América del Sur.
Bajo extraño pabellón.
Las Provincias Unidas del Río de la Plata tomaron posesión efectiva de las
deshabitadas Islas Malvinas el 6 de noviembre de 1820. El gobierno comisionó al
capitán David Jewett, quien al mando de La Heroína llegó a Puerto Soledad y
asumió como representante del gobierno de la Confederación Argentina, izando
el pabellón nacional y comunicando el acto a los gobiernos extranjeros. Se
encontraba presente el capitán inglés James Weddell, prestigioso explorador
antártico, quien junto con otros representantes extranjeros no hizo reservas de la
proclama de Jewett.
Cabe destacar la importancia que el gobierno argentino comenzó a
otorgarle a mantener presencia en el archipiélago, destinando esfuerzos y
recursos con esa finalidad, mientras al mismo tiempo enfrentaba la guerra contra
la corona española por la independencia definitiva.
Ya instalados en Puerto Soledad, los argentinos se dedicaron a poner coto
a las matanzas indiscriminadas de aves y mamíferos marinos que practicaban los
inescrupulosos cazadores extranjeros. Además tenían la misión de proteger los
mares del comercio ilegal que España ejercía en la región.
Las durísimas condiciones climáticas, las enfermedades y la indisciplina
fueron constantes calamidades que Jewett debió enfrentar. Pero la presencia
argentina continuó en forma ininterrumpida. Un colono de ascendencia francesa,
Luis Vernet, fue nombrado gobernador de las islas. A fuerza de empeño y
trabajo, Vernet logró organizar el asentamiento y convertirlo en una colonia
próspera. Su principal preocupación seguían siendo los desastres que causaban
los barcos loberos, a los que urgía frenar porque estaban poniendo a la fauna
autóctona en serio peligro de extinción. Lograron detener y capturar a dos
corbetas estadounidenses, la Harriet y la Breakwater. Más tarde esta última logró
Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas.
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fugarse y regresar a Estados Unidos. La Harriet fue llevada a Buenos Aires por el
propio Vernet, para dar cuenta de lo ocurrido al gobierno. Pero en 1831, Estados
Unidos envió a una corbeta de guerra, la Lexington, para frenar lo que ellos
consideraban un atropello de las autoridades argentinas. En un flagrante acto de
violencia, tomaron por la fuerza Puerto Soledad y apresaron y maltrataron a
todos los residentes. Todo fue fríamente planificado entre el cónsul
estadounidense ante la Confederación Argentina, George Slacum, y el capitán de
la corbeta, Silas Duncan. Este último, utilizando las malas artes de la piratería,
utilizó en su buque la bandera de Francia en lugar de la de su país, para que las
autoridades de Malvinas no sospecharan el motivo de su misión. Cuando
reaccionaron ya era tarde y los estadounidenses habían tomado el poblado. Este
hecho generó un serio incidente diplomático entre nuestro país y los Estados
Unidos de América.
A río revuelto.
Gran Bretaña comenzaba a consolidar un sólido imperio colonial en
Sudáfrica, Australia, Nueva Zelanda e India. Después de años de desinterés, las
islas Malvinas reaparecían entre las prioridades de la corona, dada su inmejorable
ubicación estratégica como base de abastecimiento a los barcos que navegaban
desde Europa al Pacífico Sur y el Índico.
Un marino británico, William Langdon, quien habitualmente navegaba esas
rutas, conocía la importancia de las Falkland. Al respecto escribió:
“…he tenido oportunidad de formar opinión sobre la necesidad de que
nuestro gobierno tome de nuevo posesión de estas islas, lo cual puede llevarse a
cabo por una bagatela y después establecer una guarnición formada por una
Compañía de soldados de la Marina”. 7
7
Rubén Oscar Moro, “La trampa de Malvinas”, pág. 31.
Lic. Atilio Augusto Amerio
- 34 -
Mientras tanto, en la Confederación Argentina los unitarios y los federales
se enfrentaban a muerte, fragmentando a la joven nación en una pléyade de
caudillos.
La suerte estaba echada. Los diplomáticos británicos (el Foreign Office)
elaboraron un documento para el abogado del rey con una interpretación harto
antojadiza y plagada de inexactitudes a fin de justificar sus derechos sobre las
islas. Declararon así que:
• Davis fue su descubridor en 1592, ignorando que Vespucio y
Magallanes, como vimos, habían llegado mucho tiempo antes.
• Que nunca hubo otro asentamiento que no fuera Port Egmont,
como si Puerto Soledad nunca hubiese existido, sacando a relucir la famosa
placa.
• No hicieron mención alguna al hecho de que los españoles
mantuvieron presencia en las islas hasta 1811, y de que en 1820 las
Provincias Unidas habían tomado legal posesión de archipiélago.
• En su documento nunca existió un tal Luis Vernet.
• Tampoco explicaron por qué Inglaterra ignoró por completo a las
islas durante cincuenta años.
El 4 de agosto de 1829, el almirantazgo británico decidió “ordenar a sus
buques que hagan escala en Port Egmont y asegurar nuestra soberanía de esa
isla por lo menos.”
Un par de meses más tarde, el encargado de negocios inglés en Buenos
Aires, sir Woodbine Parish, cumpliendo expresas instrucciones del Foreign Office,
oficializó las intenciones británicas ante un asombrado gobierno argentino. La
situación entró en un cono de sombras hasta que se produjeron los incidentes
con los barcos norteamericanos en 1831. Parish se comunicó con las autoridades
del gobierno estadounidense, quienes le aseguraron no tener el menor interés en
las islas, lo único que les interesaba era la libertad de navegación. El inglés
Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas.
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descartó a un posible rival que a la postre, y como veremos más adelante (un
siglo y medio después), resultó siendo su principal aliado. El “operativo despojo”
iba tomando forma.
Porque si entre ellos pelean, los devoran los de afuera.
Hacia 1832 Puerto Soledad estaba sumido en una profunda crisis. Sumado
a la escasa asistencia del gobierno nacional, los barcos loberos continuaban
desarrollando a pleno y sin control su faena depredatoria, esta vez incluso
matando el ganado de los sufridos colonos, y cometiendo todas clase de delitos y
atropellos.
Luego de mucho insistir, Vernet logró que Buenos Aires enviara la corbeta
Sarandí al mando de un militar, el sargento mayor de artillería Esteban Mestivier,
quien asumiría como comandante civil y militar interino de las islas. Llegaba a
poner orden. Luego la corbeta inició una misión de patrullaje para reprimir los
abusos de las flotas loberas, esta vez al mando del capitán José María de Pinedo.
Grande fue su desilusión cuando a su regreso encontró la guarnición de Puerto
Soledad amotinada y a Mestivier muerto a manos de los sublevados. Pinedo
controló la rebelión y encarceló a los cabecillas, lo cual logró después de
muchísimo esfuerzo y de casi haber agotado todas sus municiones. Puerto
Soledad quedó en ruinas, por lo que se dispuso su reconstrucción. Finalizada la
obra, el 1º de enero de 1833, un buque de bandera inglesa, la corbeta Clio, hacía
su entrada a la bahía de Puerto Soledad.
El capitán Pinedo recibió al comandante de la Clio, capitán James Onslow,
a bordo de la Sarandí. No dio crédito a sus oídos cuando el inglés muy
gentilmente le solicitó que a las nueve de la mañana del día siguiente arriara el
pabellón argentino. Pinedo le preguntó si se había declarado la guerra entre
ambos países, a lo que Onslow respondió que “la amistad y el comercio seguían
Lic. Atilio Augusto Amerio
- 36 -
lo mismo…”, sorprendiéndose de que Pinedo no tuviera orden alguna de su
gobierno.8
Ante la alternativa de resistir por la fuerza el desembarco inglés, Pinedo
conferenció con sus hombres. Eran en su mayoría norteamericanos e incluso
había entre sus filas un inglés (Brisbane, el segundo de Vernet), quien manifestó
su reserva de alzarse en armas contra su país natal. La abrumadora disparidad
de fuerzas a favor de los invasores hizo que desestimaran un último e inútil
esfuerzo. Por esta decisión, a su regreso a Buenos Aires Pinedo fue juzgado en
una corte marcial, y condenado a la pena de muerte. No se cumplió, gracias a un
indulto.
A la mañana siguiente la bandera inglesa flameaba en el mástil principal
de Puerto Soledad. Desde el 3 de enero de 1833, casi en forma ininterrumpida,
simboliza el despojo, un acto del más repulsivo pillaje que una nación pueda
cometer. Un país capaz de mentir descaradamente para justificar lo injustificable,
de comprar voluntades y aprovecharse de las debilidades ajenas para sacar
partido. Finalmente Inglaterra tenía su colonia en América del Sur, a la que
influenciaba política, económica y ahora militarmente. El robo se había
consumado.
La leyenda del Gaucho Rivero.
El 26 de agosto de 1833 se produjo en las islas un confuso y sangriento
episodio, que la historia ha registrado con ambigüedad. Antonio Rivero, gaucho
argentino, y un grupo conformado por siete hombres, asaltó la casa de Brisbane,
matando a éste, a Jean Simon (un francés que dirigía el trabajo de los gauchos),
a William Dickson (el despensero), a Ventura Wagner (un poblador alemán) y a
Ventura Pasos (habitante de las islas); todos ellos habían sido colaboradores de
Vernet. Una versión de los hechos considera a Rivero como un héroe sublevado a
la ocupación de los británicos; pero investigaciones posteriores indican que el
8
Rubén Oscar Moro, Op. Cit., pág. 36.
Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas.
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verdadero motivo de la matanza fue económico: los revoltosos exigían el pago de
sus trabajos en plata y no en papeles. Una evidencia bastante contundente es
que Rivero no arrió la bandera inglesa ni tomó la comandancia de Puerto
Soledad, sino que luego de los crímenes escapó a ocultarse en los islotes. “El
cabecilla del grupo era Antonio Rivero y le seguían los criollos Luna y Brasido,
además de los indios Flores, Godoy, Salazar, Gonzalez y Latorre…”9
Más tarde,
fueron apresados y enviados a Inglaterra para ser juzgados, sin mayores
consecuencias. Rivero regresó al Río de la Plata, a la provincia de Entre Ríos, de
donde era oriundo, y se perdió el registro de sus crónicas posteriores.
Por lo tanto, no queda claro a la luz de los hechos si Rivero fue un héroe o
un asesino, aunque la historia de la humanidad suele confundir frecuentemente
ambos roles, o usarlos indistintamente. Cuando se produjo la reconquista
argentina el 2 de abril de 1982, en un principio se rebautizó a Port Stanley con el
nombre de Puerto Rivero. Días más tarde, la Junta Militar optó por cambiarlo por
el más patriótico Puerto Argentino, como se lo conoce hasta hoy, al tomar
conciencia de las connotaciones negativas que podría tener el nombre de un
gaucho matrero para la propaganda oficial.
El dominio británico de las islas Malvinas fue ininterrumpido desde 1833
hasta 1982. En el medio se produjeron innumerables reclamos argentinos por la
vía diplomática, ante todos los foros internacionales, evidentemente sin
resultados favorables para la posición de nuestro país. Gran Bretaña siempre
eludió discutir el tema de la soberanía, dado que su posición se basaba simple y
únicamente en la fuerza, sin tener el más mínimo asidero legal. De haberse
sometido a un laudo arbitral o, simplemente, haber acatado las resoluciones de
las Naciones Unidas sobre descolonización, hubieran tenido que devolver las islas
a la República Argentina y volverse a Inglaterra silbando bajito.
9
Fuente: www.elmalvinense.com.ar
Lic. Atilio Augusto Amerio
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Las intervenciones inglesas en el Río de la Plata.
La historia argentina es abundante en ejemplos demostrativos del interés
permanentemente demostrado por el Reino Unido de la Gran Bretaña por estas
tierras. Fieles a rajatabla a los preceptos del imperialismo económico,
consideraron a la América del Sur como la joya más ansiada para la corona
británica, y llevaron a cabo todos los intentos posibles por poseerla, sobre todo y
con mayor agresividad luego de perder sus colonias de América del Norte,
independientes desde 1776.
Finalmente lo lograron en 1982.
A continuación presentamos una serie de acontecimientos documentados
de la historia argentina y sudamericana, por orden cronológico, como ejemplos
demostrativos de hasta dónde llegó (¿llega?) el poder del dinero y de la fuerza en
las manos adecuadas.
Colonia del Sacramento. Año 1763.
En enero de aquel año los ingleses atacaron esta ciudad, con la intención
de lograr un enclave en el Río de La Plata desde donde desarrollar el comercio
ilegal (contrabando) de sus productos, porque los puertos que se encontraban
bajo el dominio español les estaban totalmente vedados. En el ataque murió el
comandante inglés, John Mc Namara, y los invasores fracasaron en su intento.
Colonia del Sacramento hoy pertenece a la hermana República Oriental del
Uruguay, pero en aquel entonces era parte de la Gobernación de Buenos Aires,
dependiente del Virreinato del Perú.
Port Egmont: primer desembarco. Año 1765.
Los ingleses se establecen en las islas Malvinas y fundan Port Egmont.
Port Egmont: segundo desembarco. Año 1769.
Luego de su expulsión a manos de los españoles, insisten nuevamente en
establecerse en Port Egmont.
Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas.
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Isla de los Estados. Año 1788.
En 1788 los ingleses ocuparon esa isla.
En 1790 se firmó el tratado del Escorial, el cual prohibía a Gran Bretaña
navegar y pescar a menos de diez leguas de tierras españolas, y establecerse en
ellas. Ese mismo año los británicos fueron expulsados de la Isla Grande de Tierra
del Fuego, y en 1791 de la Isla de los Estados, por orden directa del Virrey
Loreto.
Las invasiones inglesas. Años 1806 y 1807.
Las favoritas de la historia oficial. La primera provocó la Reconquista de
Buenos Aires. Un año después volvieron los ingleses a intentar vengar el honor
perdido, hecho que produjo la Defensa de Buenos Aires.
Islas Malvinas. Año 1833.
Al final lograron su viejo anhelo de capturar las islas Malvinas para la
Corona Británica el dos de enero de aquel año.
Vuelta de Obligado. Año 1845.
Gran Bretaña exigía la libre navegación de sus buques mercantes por los
ríos interiores argentinos. Esto era para poder acceder con sus fines comerciales
a puertos como Asunción o Rosario. Juan Manuel de Rosas, autoridad máxima
del país, sistemáticamente les negó el pedido. Entonces los ingleses, junto con
los franceses, declararon el bloqueo al Puerto de Buenos Aires.
Sus objetivos eran obtener la libre navegación de los ríos Paraná, Uruguay
y Paraguay; y poder tomar contacto de una manera más efectiva con la provincia
de Corrientes, que se encontraba en guerra contra el poder central. Enterado de
esto, Rosas mandó fortificar el paraje conocido como la Vuelta de Obligado,
cercano a la localidad de San Pedro, al norte de la provincia de Buenos Aires.
Varias embarcaciones unidas con cadenas les cortarían el paso a la escuadra
anglo–francesa, a la vez que cuatro baterías de cañones defenderían la posición.
Lic. Atilio Augusto Amerio
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El 20 de noviembre de 1845 tuvo lugar el combate. No fue una victoria
precisamente para las fuerzas nacionales. Finalmente el 15 de julio de 1847,
Inglaterra levantó el bloqueo, y Francia dispuso similar medida un año después.
Guerra de la Triple Alianza. Años 1865 a 1870.
Gran Bretaña instigó desde el campo económico y político una guerra
fratricida, utilizando a los ejércitos de Brasil, Argentina y Uruguay en contra del
Paraguay.
El sur de los Estados Unidos de América, principal proveedor de algodón
de las fábricas textiles inglesas, se encontraba en plena guerra civil, lo que
ocasionó una fenomenal crisis económica y situaciones de caos social en sus
ciudades industriales como Lancaster y Manchester. Como consecuencia de ello,
Gran Bretaña enfocó su atención en el segundo productor mundial de dicha
materia prima: el Paraguay, debido a que el abastecimiento alternativo de otra
de sus colonias, Egipto, no le era suficiente.
La traba principal radicaba en la política proteccionista establecida por el
gobierno del mariscal Francisco Solano López, cuya aplicación y fomento habían
posicionado a ese país sudamericano como el más sólido económicamente y
desarrollado del subcontinente.
Fue necesaria una cruenta y larga guerra para someter al Paraguay a las
ideas liberales que ya habían adoptado la Argentina del general Mitre y el
Imperio del Brasil. Las consecuencias fueron desastrosas. Paraguay perdió miles
de hectáreas de su territorio, que quedó principalmente en manos de los
brasileños. La mitad de la población paraguaya fue aniquilada, siendo la
mortandad masculina de alrededor del noventa por ciento, y el país quedó
sumido en la miseria.
Pacto Roca-Runciman. Año 1933.
Con motivo de la crisis económica mundial del año 1930, el liberal
gobierno inglés decidió adoptar una medida proteccionista a mercados por
entonces emergentes: se abastecería de carne vacuna sólo proveniente de sus
Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas.
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colonias de Sudáfrica, Australia y Canadá. En este contexto, el gobierno de
Agustín P. Justo impulsó la firma de un acuerdo con Gran Bretaña, por el cual la
Argentina se aseguraba la entrada al club selecto de proveedores de carne a
aquel país. Los signatarios fueron el entonces vicepresidente Julio A. Roca (hijo
del general y ex presidente), con el encargado de negocios de Gran Bretaña, sir
Walter Runciman.
A instancias de los caballeros británicos, el gobierno argentino aceptó
algunas cláusulas “especiales” del acuerdo, como por ejemplo brindar un trato
benévolo a los frigoríficos ingleses establecidos en el país; una política de
reintegros por exportaciones leonina, en la que Gran Bretaña se beneficiaba
ostensiblemente; la creación del Banco Central con capitales británicos; y el
monopolio de los medios masivos de transportes (ferrocarriles, tranvías) de las
empresas inglesas en Argentina. Algo más que vaquitas.
Al respecto, el vicepresidente Roca declaró durante un ágape que “la
Argentina, por su interdependencia recíproca es, desde el punto de vista
económico, una parte integrante del Imperio Británico”.
Las condiciones especiales de este pacto fueron denunciadas en el Senado
de la Nación por el senador por Santa Fe, Lisandro de la Torre. Durante una de
las acaloradas sesiones en el recinto de la Cámara Alta, en un atentado destinado
a de la Torre fue asesinado su compañero, Enzo Bordabehere, a manos de un
sicario. Sin embargo, el Senado de la Nación aprobó el acuerdo y estuvo en plena
vigencia hasta el año 1936, a pesar de estar manchado de sangre (y no de vaca).
Guerra de las Malvinas. Año 1982.
Tal vez la eclosión de un proceso de más de dos siglos y que significó más
de un millar de muertos, centenares de heridos y suicidios en ambos bandos. El
envío de la flota naval británica en abril de aquel año, su posterior desembarco y
avance sobre las posiciones defendidas por los argentinos, determinaron para la
historia el punto más álgido en la relación entre ambas naciones. Esta vez los
contrincantes se vieron cara a cara. Inglaterra debió pagar un costo muy alto por
unas islas que la mayoría del pueblo inglés consideraba “remotas e inservibles”.
Lic. Atilio Augusto Amerio
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Jamás esperaron encontrar la resistencia que encontraron: ellos peleaban porque
eran profesionales y tenían un trabajo que cumplir; nuestros muchachos
pelearon por devolver a su nación un pedazo de tierra que nos habían robado
años atrás.
El credo de los inútiles.
Desconocer la historia induce a cometer los errores más graves.
En la guerra, no conocer al enemigo conduce a la derrota segura.
Pero no conocerse a sí mismo lleva al peor de los fracasos, tanto en la
contienda bélica como en los tiempos de paz.
A la luz de los hechos presentados era impensable suponer que luego de
los acontecimientos del 2 de abril de 1982 los ingleses no reaccionarían porque
las islas no les importaban. O que los estadounidenses, sus aliados y herederos
ideológicos, apoyarían la causa argentina en detrimento de la británica. Que la
República Argentina recuperaría las islas a un costo mínimo, casi como un
trámite administrativo, gracias a la invasión diplomática, y sin bajas británicas,
que significó la Operación Rosario.
Este fue el credo de los gobernantes de la Argentina por aquellos años.
Desconocimiento. Desaprensión. Soberbia. Improvisación. Incompetencia.
Un cóctel fatídico y autodestructivo fue el combustible de la causa nacional más
justa y emotiva. El motor fundido de la última Junta Militar del Proceso de
Reorganización Nacional (pretencioso eufemismo de la más cruel dictadura que
conoció nuestro país), pretendió lavar la sangre con más sangre. Marchamos
hacia las fronteras, a los bordes, a los filos del entendimiento, donde se repliegan
las más oscuras ideologías. A los extremos de la muerte y el asesinato serial y
metódico. Y la Argentina marchó. Y la Argentina se manchó de sangre y barro en
la turba malvinera.
Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas.
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Nuestras tropas desembarcaron, y días más tarde una Task Force de cien
buques navegaba a toda máquina hacia el Atlántico Sur, proa hacia, en palabras
de Jorge Luis Borges, “unas islas demasiado famosas”.
La Guerra de Malvinas mantiene aún heridas sin cerrar a ambos lados del
Atlántico. Sobre esto intentaremos hablar en el desarrollo del presente libro.
Lic. Atilio Augusto Amerio
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Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas.
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CAPÍTULO DOS
El Servicio Militar Obligatorio.
“El valor combativo de una tropa se basa en la calidad de los jefes. (…) El
jefe debe convivir con su tropa y compartir con ella los peligros y las privaciones,
las alegrías y las penas. Solamente con la observación personal puede formarse
un juicio exacto sobre la capacidad y las necesidades de los hombres puestos
bajo su mando”.
Colegio Militar de la Nación. Reglamento de conducción (RC), Buenos
Aires, 1955, números 11 y 12, págs. 2-3.-
Lic. Atilio Augusto Amerio
- 46 -
Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas.
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Antecedentes históricos.
También llamada conscripción, o por su más conocido apodo, la colimba
(formado por las primeras sílabas de corre, limpia, barre; tales las tareas más
habituales del recluta), fue la institución que la sociedad argentina del Centenario
instauró para asegurar la defensa de la patria.
Para ello, entre 1901 y 1902 se redactó y sancionó la Ley 3948 de Servicio
Militar Obligatorio y Convocatoria de Conscriptos. Corría la segunda presidencia
de Julio Argentino Roca, y fue autor de la misma su Ministro de Guerra, el por
entonces coronel Pablo Ricchieri.
Esta ley se propuso como objetivo desterrar la leva forzosa como
mecanismo de reclutamiento militar, y poner en manos de los ciudadanos la
defensa de la Nación tomando como modelo la experiencia que ya se aplicaba en
Alemania y en Francia. Al respecto, el diario La Nación publicó por aquellos días:
“Los ciudadanos todos de 20 a 21 años pasarán por las filas del ejército,
permaneciendo dos años unos en instrucción militar y seis meses los otros.
Se establecen los dos períodos, considerando que las rentas de la nación
no permiten sostener al presente 20 a 25.000 ciudadanos en el ejército
permanente.
Por nuestra parte, hemos sostenido y seguimos sosteniendo, que por
medio del reclutamiento de conscriptos y la instalación del campo de maniobras,
en la forma ideada por el coronel Ricchieri, se echan las bases de una
organización militar definitiva en perfecta armonía con los adelantos de la época.
Y esto es a lo que aspira el pueblo de la república, reconociendo que el
más noble tributo de sus hijos consiste en prepararse para defender en cualquier
emergencia el decoro de la patria”. 10
10
Organización militar: el proyecto del gobierno. Diario La Nación, Buenos Aires, 18 de julio de
1901.
Lic. Atilio Augusto Amerio
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Posteriormente la edad se bajó a dieciocho años y se mantuvo así hasta su
desaparición a mediados de la década de 1990, donde un infausto hecho
determinó su reemplazo por el actual sistema voluntario.
Testimonio de un colimba.
El sistema de ingreso a la colimba constaba de un sorteo donde los
ciudadanos en edad de merecer la defensa nacional participaban
obligatoriamente con los tres últimos números de su documento de identidad. El
sorteo transmitido por radio era seguido nerviosamente por los ansiosos
participantes que, por lo general, cursaban el último año de la escuela
secundaria. Ese día los profesores se las veían en figurillas para intentar dar
clase. Toda la atención se la llevaba el sorteo.
Estaban los que se salvaban por número bajo, o sea que el sorteo los
favorecía con una cifra inferior al cupo de ingreso asignado por las Fuerzas
Armadas. Por ejemplo, se establecía que entre todos los sorteados entre el 000 y
el 999, entraban los comprendidos a partir del 500. Las expresiones de desatada
alegría de los números bajos convivían con la desazón de aquellos que habían
sido beneficiados con una estadía de doce meses en alguna unidad militar de la
Argentina con todos los gastos pagos. A continuación, un testimonio esclarecedor
para comprender mejor de qué se trataba eso de estar bajo bandera.
“En mi caso particular, fue la única vez en toda mi vida que me gané algo
en un sorteo…. Y no fue gracioso.”
“Unos meses después había que concurrir al reconocimiento médico. Era la
última chance de zafar, si te detectaban algún problema físico te podías salvar de
hacer la colimba. Llegaba un telegrama a tu casa donde te indicaban fecha, hora
y lugar donde se realizaría la revisación médica. En la ciudad de Buenos Aires, la
Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas.
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sede del distrito militar estaba en el barrio de Palermo, lugar de asiento además
del Regimiento de Infantería I “Patricios” y del Cuerpo de Ejército I.11
”
“En dos jornadas consecutivas un enjambre de médicos, enfermeras y
asistentes procedían a realizarnos todo tipo de análisis clínicos, rayos equis,
completar formularios, aplicarnos vacunas. El primer análisis que me realizaron
fue una extracción de sangre, seguido de una vacuna antituberculosa (la BCG),
ambas en el brazo derecho, e inmediatamente la vacuna antitetánica en el
hombro izquierdo. Esta punzante bienvenida al mundo castrense me dejó los
brazos doloridos por algunos días, pero era un pequeño anticipo de la temida
revienta caballos12
que nos aplicarían el primer día de incorporados. Luego
siguieron chequeos físicos, todos desnudos y en fila india, pasando por distintos
consultorios: electrocardiograma, control odontológico, y una sucesión
interminable de preguntas y respuestas que los asistentes iban volcando en
formularios. Así nos pasamos toda la mañana.”
“Al día siguiente la cuestión fue más administrativa. En esa instancia se
definía quién seguía en carrera y quién no, una fase eliminatoria que, al contrario
que en lo deportivo, festeja el que no se clasifica para la siguiente ronda. Nos
entregaron los documentos con el resultado del examen médico. No lo leí hasta
que llegué a mi casa. Estaba resignado, en esa época hacía mucha actividad
física y sabía positivamente que no tenía ningún impedimento de salud para zafar
del servicio. De todos modos, albergaba una pequeña esperanza de que alguien
cometiera un error, o que a último momento hayan modificado el tope del sorteo
(por mi número, 590, entraría seguro), en fin, muchas cosas se me cruzaban por
la cabeza.”
“Después de un largo viaje en colectivo llegué a casa, junté valor y abrí el
documento. Busqué la página del resultado, lo vi… lo leí, lo releí como diez veces
en pocos segundos… Un hermoso ‘APTO A’ y la firma de un teniente coronel me
11
En el lugar donde se definía el destino de miles de jóvenes que harían o no la colimba, hoy se
levanta un importante hipermercado de materiales de la construcción y una majestuosa mezquita.
Símbolo del paso de los tiempos.
12
Esta vacuna se aplicaba en la espalda, entre los omóplatos, y solía causar fiebre y vómitos el
día posterior.
Lic. Atilio Augusto Amerio
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aseguraban casa, comida e instrucción militar en un cuartel por los próximos
doce meses de mi vida.”
“Finalizaba 1980, por lo tanto sabía que durante el año siguiente iba a
estar ocupado cumpliendo con la Patria, y que más o menos a principios de 1982
ya estaría de baja y de regreso a mi vida civil. Para suavizar el mal trago me
puse a planificar a largo plazo, a pensar en un futuro trabajo y en la facultad.
Quería estudiar para abogado.”
“Pero la historia nos tenía reservado a mí y a mis compañeros de la clase
1962 un capítulo especial y trágico que nunca imaginamos.”
El final del Servicio Militar Obligatorio.
El caso Carrasco.
Un crimen perpetrado en una remota unidad de infantería de la provincia
de Neuquén fue el factor desencadenante del final de la colimba.
Omar Carrasco tenía diecinueve años y había sido convocado desde su
Cutral Có natal para cumplir con el servicio militar en el Regimiento de Zapala,
provincia de Neuquén. Ingresó el 3 de marzo de 1994. Era un muchacho tímido y
retraído que nunca había salido de su pueblo, y de entrada fue objeto de burlas y
abusos de parte de sus compañeros y superiores.
Omar fue sorteado para realizar una instrucción individual nocturna, cínico
eufemismo de lo que fue un baile13
interminable. Después, el subteniente Ignacio
Canevaro y dos de sus ayudantes, los conscriptos Cristian Suarez y Víctor
13
Actividad habitual en el entrenamiento militar que consiste en realizar una serie de ejercicios
físicos a las órdenes de un superior, bajo presión y a ritmo constante. También se le llama
“manija” en el argot castrense. Se pretende con ello lograr disciplina, subordinación y aptitud
psicofísica. Los abusos en estas prácticas llevan frecuentemente a ocasionar trastornos a quienes
los padecen, incluso la muerte por causas cardíacas. En este caso se produjo con el agravante de
que Carrasco tenía pocos días de incorporado, con lo cual no estaba entrenado o “en forma”. Por
otra parte, los “bailes” a los reclutas solían ser exigentes, pero no debían incluir golpes, torturas o
maltratos.
Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas.
- 51 -
Salazar, le propinaron una feroz paliza. El cuerpo de Omar no dio más, y falleció
a consecuencia de esos malos tratos.
Era el día 6 de marzo de 1994. Sí, a Carrasco lo mataron sólo tres días
después de su incorporación. Era un colimba sin instrucción militar. Era un
colimba que ni siquiera sabía lo que era el ejército. Parecía una patética
repetición de los hechos de 1982, sólo que esta vez quienes asesinaron a Omar
Carrasco no fueron los ingleses, sino su propio ejército. Tampoco fue en tiempo
de guerra, sino de paz.
Ante el hecho consumado, los autores de la cobarde agresión ocultaron el
cuerpo del infortunado Carrasco. El hallazgo del cadáver se produjo recién el 6
de abril, un mes más tarde, en un monte cercano a las barracas, en el lugar
donde sus asesinos lo habían dejado.
Inmediatamente comenzó una campaña de encubrimiento y un pacto de
silencio. Se dijo que el soldado Carrasco se había escapado por no soportar el
rigor y la disciplina de la vida militar, y se murió de frío. El complot no pudo
sostenerse demasiado, en parte por la presión de la opinión pública que nunca
creyó esa versión y organizó multitudinarias manifestaciones en la capital de
Neuquén, y forzó también el inicio de una profunda investigación desde el más
alto nivel del gobierno, específicamente desde la Jefatura del Ejército. La gente
no sólo reclamaba por el esclarecimiento del crimen sino que también pedían el
final del servicio militar obligatorio.
La hipótesis de que Omar Carrasco había muerto por causas naturales se
cayó a pedazos. El esclarecimiento era un hecho, y cada día se conocían más
detalles macabros que permitieron reconstruir los acontecimientos. Un perro
sabueso entrenado por los investigadores rastreó el trayecto completo del cuerpo
de Omar, desde el lugar donde fue salvajemente golpeado hasta el monte donde
lo abandonaron. Posteriormente, las pericias realizadas indicaron que Omar
Carrasco murió varios días después de la paliza, agonizando en la más absoluta
soledad.
Lic. Atilio Augusto Amerio
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Los autores fueron formalmente imputados por el crimen. La causa llegó a
juicio oral, y el tribunal condenó a Canevaro a la pena de 15 años de prisión; y a
Suarez y Salazar a 10 años.
Al momento de escribir estas líneas todos están en libertad.
Los siete militares (entre ellos un general) del Servicio de Inteligencia del
Ejército que encubrieron el crimen y sembraron pistas falsas que intentaron
culpabilizar a la víctima, no pudieron ser llevados a juicio, por lo que la causa
prescribió y no hubieron condenas para ellos. La vieja práctica, los viejos
métodos de la dictadura seguían vigentes.
En agosto de ese mismo año el presidente Carlos Menem dictaba el
decreto 1537, en el que ponía fin a la tristemente célebre colimba.
El de Omar Carrasco no fue el único caso de vejámenes y muertes de
conscriptos; en los noventa y dos años de historia del servicio militar obligatorio
hubieron muchos más.
Fue el último.
Junto con la guerra de Malvinas, este crimen terminó de demostrar al
pueblo argentino que quienes tenían la obligación de defenderlos no estaban a la
altura de desempeñar tan honorable tarea.
Quién sabe cuántas vidas salvó el Conscripto Clase 1975 Omar Carrasco,
sin proponérselo.
Soldados de plomo.
Actualmente el esquema de reclutamiento de las fuerzas armadas es
voluntario. La ley 24.429, sancionada el 14 de diciembre de 1994, estableció los
requisitos de ingreso a las Fuerzas Armadas de la Nación, para todas aquellas
Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas.
- 53 -
personas que así lo quisieren. Ya no hay más sorteos ni reclutamiento
obligatorio.
“Acá le traigo veinte voluntarios, pero devuélvame las maneas”, decían los
reclutadores del siglo diecinueve que llevaban “gauchos vagos y mal
entretenidos” a la leva forzosa de tropas del Ejército Nacional. Así se pelearon,
entre otras, la guerra contra los indios (Conquista del Desierto), y la Guerra de la
Triple Alianza contra el Paraguay. Esos ejércitos se conformaban con gente de
toda laya pero que no perseguían un afán de integración, sino que fueron más
bien instrumentos de exterminio de minorías étnicas (afroamericanos
principalmente), seres marginales, delincuentes e incluso prisioneros del otro
bando que eran forzados a permutar sus lealtades, so pena de sufrir un sablazo
propinado por sus nuevos jefes.
En su afán modernizador y europeizante, la generación del ‘80 concibió el
servicio militar obligatorio, dotando a la Nación de un concepto moderno de
defensa nacional. Años más tarde, y después de la sangrienta lección de las dos
guerras mundiales (algunos incluso antes), los países que inspiraron a los
generales Roca y Ricchieri, adoptaron el modelo del ejército profesional moderno,
conformaron la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), y dieron a
sus fuerzas armadas el rol de defensa hemisférica, pero subordinadas
inequívocamente al poder político.
En tanto que los países de Europa del Este, bajo la órbita de la Unión
Soviética, se unieron en el llamado Pacto de Varsovia, homólogo de la OTAN,
aunque enfrentado a ella.
Dentro de este contexto los ejércitos modernos adquirieron cada vez
mayor y mejor adiestramiento y tecnología. La amenaza nuclear llevó a ambos
bloques a un delicado equilibrio de fuerzas, donde la capacidad de disuasión se
alimentó con el poder de los misiles. Había nacido la Guerra Fría, con ella el
pingüe negocio de los fabricantes de armamentos, y la paranoia globalizada.
Lic. Atilio Augusto Amerio
- 54 -
Mientras tanto, en el cono sur de América las fuerzas armadas jugaron un
rol completamente distinto en el nuevo reparto del poder mundial. Desde la
segunda mitad del siglo veinte comenzaron a inmiscuirse cada vez más en las
cuestiones políticas, fomentando y participando en asonadas golpistas e
interrumpiendo de facto gobiernos democráticos. Debemos reconocer que no
hubiese sido posible sin un necesario apoyo de parte de la sociedad civil que, en
mayor o menor medida, estuvo a favor de los golpes de estado, en desmedro de
la práctica constitucional. Los gobiernos militares argentinos así constituidos no
tuvieron quizás el condimento del personalismo a ultranza, sino que adquirieron
un cariz pseudo liberal, siempre con un fuerte componente conservador y
anticomunista. Ejemplos distintos fueron las dictaduras vitalicias de Anastasio
Somoza (Nicaragua), Augusto Pinochet (Chile), Alfredo Stroessner (Paraguay),
Fulgencio Batista (Cuba), y Getulio Vargas (Brasil), cuyos fuertes liderazgos
incitaron el culto de la personalidad y la tiranía despótica y se mantuvieron en el
poder durante décadas. No podemos decir lo mismo de Uriburu, Aramburu,
Onganía, Videla o Galtieri y otras versiones menores de grises dictadores
vernáculos. Dentro de su cosmovisión mesiánica la Argentina era la Europa
(occidental) de América Latina, y ellos los Cruzados contra el comunismo
dispuestos a desempeñarse con lealtad y patriotismo en la defensa nacional
reprimiendo las ideologías extrañas.
Definitivamente, y a pesar de sus matices, estos modelos fueron
históricamente nefastos, aunque funcionales al poder occidental anticomunista.
Hacia la década de 1960 las fuerzas armadas argentinas fueron archivando
su misión constitucional consagrada a la defensa exterior y subordinación al
poder político, migrando hacia una concepción más policial que dedicaba todos
sus recursos y esfuerzos a la guerra contrarrevolucionaria (esto es la represión
de la denominada agresión interna)14
, y bajo este concepto actuaron no
solamente en Argentina sino también en el resto de América Latina asesorando,
14
El concepto de guerra contrarrevolucionaria fue creado por los franceses durante la guerra de
Argelia (1954-62), y luego exportado a Sudamérica. Admitía la tortura como método de
interrogatorio. Allí los franceses perfeccionaron el invento de un comisario argentino: la picana
eléctrica.
Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas.
- 55 -
por ejemplo, a los “contras” nicaragüenses y a los “escuadrones de la muerte”
salvadoreños. La Doctrina de la Seguridad Nacional, pergeñada ideológicamente
por la Casa Blanca entre el Secretario de Estado Henry Kissinger y el presidente
estadounidense Richard Nixon, les dio el marco conceptual; y en 1964 el por
entonces Comandante en Jefe del Ejército (y años más tarde presidente de facto
de los argentinos), teniente general Juan Carlos Onganía, la verbalizó en una
famosa alocución brindada en el marco de la Conferencia de Ejércitos
Americanos, realizada en la academia militar estadounidense de West Point.
En resumen, Onganía expresó que bajo ningún punto de vista las fuerzas
armadas se someterían a la constitución y las leyes “si se produce, al amparo de
ideologías exóticas, un desborde de autoridad que signifique la conculcación de
los principios básicos del sistema republicano de gobierno, o un violento
trastrocamiento en el equilibrio o independencia e los poderes”.
En ese tiempo el temor al avance del comunismo replegó a los ejércitos
latinoamericanos sobre sí mismos, buscando enemigos por todas partes y
gestando el huevo de la serpiente de la represión ilegal, alcanzando momentos
culminantes con el derrocamiento del presidente constitucional chileno Salvador
Allende en septiembre de 197315
; y en la Argentina con el Proceso de
Reorganización Nacional a partir del 24 de marzo de 197616
.
Entre los años 1975 y 1976, el Ejército Argentino tuvo la oportunidad de
demostrar todo lo aprendido en guerra contrarrevolucionaria durante el
Operativo Independencia, donde aniquiló a la guerrilla del Ejército Revolucionario
del Pueblo (ERP), que se había hecho fuerte en el monte de la provincia de
Tucumán, una zona que por sus características de clima y geografía se
15
El golpe fue liderado por el general Augusto Pinochet Ugarte, quien era colaborador de Allende.
En un hecho sangriento sin precedentes el palacio presidencial (la Casa de la Moneda) fue
bombardeado por aviones y tropas terrestres. El presidente Allende resistió el ataque junto a un
pequeño grupo de hombres pero finalmente fue cercado. Eligió suicidarse antes que rendirse.
Sucedió el 11 de septiembre de 1973.
16
Con el derrocamiento de la presidenta María Estela Martínez de Perón (Isabelita), se instaló en
el poder una junta militar integrada por un representante de cada una de las FF.AA. Eran el
teniente general Jorge Rafael Videla, el almirante Emilio Eduardo Massera, y el brigadier Orlando
Ramón Agosti. Con ellos se inician los años trágicos de la Argentina, que culminaron con miles de
desaparecidos, la guerra de las Malvinas y una crisis económica y social sin precedentes.
Lic. Atilio Augusto Amerio
- 56 -
asemejaba a la jungla de Vietnam, “ícono de la resistencia al imperialismo.”
Campos de concentración y de exterminio, llamados eufemísticamente Lugar de
Reunión de Detenidos (LRD) por el jefe del operativo, general Acdel Vilas; los
sistemáticos interrogatorios a cargo de oficiales de inteligencia del ejército;
secuestros, torturas y muertes; fueron el saldo de la victoria contra la subversión
en Tucumán. El Operativo Independencia había sido ordenado por el gobierno
constitucional de María Estela Martínez de Perón. El general Vilas fue luego
reemplazado por el general Antonio Domingo Bussi, quien continuó y finalizó la
faena y más tarde, ya con la Junta Militar del Proceso en el poder, fue
gobernador de facto de la provincia.
En la vuelta a la democracia, Bussi fue acusado y condenado por
secuestro, asesinato y enriquecimiento ilícito, pero fue beneficiado por la Ley de
Punto Final. En 1995 los tucumanos lo eligieron gobernador de la provincia, esta
vez mediante las urnas.
Lo que se dice, un hombre de suerte.
Mientras termino de escribir estas líneas, un nuevo juicio condenó a
cadena perpetua al octogenario militar, por apropiación ilegal de menores (robo
de bebés), durante el gobierno del Proceso, un crimen que no prescribe.
Por esos mismos años, las fuerzas armadas y de seguridad también se
enfrentaron con la guerrilla urbana. Los Montoneros, una facción armada del
peronismo detentaba un espacio de poder muy importante, cuya demostración
cumbre fue el secuestro y posterior asesinato del ex presidente de facto de la
llamada Revolución Libertadora17
, teniente general Pedro Eugenio Aramburu.
Las operaciones de represión a los Montoneros principalmente, y otros
grupos guerrilleros que actuaban en las ciudades18
, se encuadraron fielmente
dentro de los lineamientos de la guerra contrarrevolucionaria, por lo que cada
17
Golpe militar que en 1955 derrocó al gobierno constitucional de Juan D. Perón durante su
segundo mandato.
18
Entre ellos estaban, además de Montoneros, las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) y también
el ERP.
Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas.
- 57 -
hogar, escuela, iglesia, fábrica, hospital o universidad fue un virtual campo de
batalla. Funcionó incluso en el exterior: a través de las acciones de inteligencia
del Centro Piloto de París (dependiente del almirante Massera) se persiguió y
cazó a los Montoneros exiliados en Europa. Se destacó en esas funciones, entre
otros, un joven oficial de la Armada llamado Alfredo Astiz, sobre el que
volveremos más adelante.
No se recuerdan de esos años grandes batallas, donde los adversarios
cara a cara se hayan disputado la victoria. Hubieron sí irracionales copamientos
de algunas unidades militares por parte de la guerrilla que fueron violentamente
repelidos19
, y sangrientos atentados explosivos que no hacían distinciones
ideológicas entre sus víctimas. La República Argentina estaba realmente sumida
en un caos político, social y económico, a merced de bandas de terroristas de
todos los signos ideológicos.
Unidades y guarniciones militares como la Escuela de Mecánica de la
Armada, Campo de Mayo y muchas otras fueron utilizadas como centros
clandestinos de detención. Aviones de la Fuerza Aérea arrojaban a los detenidos
previamente drogados a las aguas del Río de la Plata y el Mar Argentino, en los
llamados “vuelos de la muerte”. Las armas de la nación se ensuciaron en una
lucha de argentinos contra argentinos. Viene en este momento a mi memoria el
general José de San Martín, cuando juró jamás desenvainar su espada para
luchar contra un compatriota, y que prefirió marchar al exilio antes que participar
en las guerras fratricidas de mediados del siglo diecinueve. ¡Qué lejos habían
quedado los ejemplos y enseñanzas de nuestros héroes…! ¡Qué visión tan
alejada de la justicia teníamos los argentinos por aquel entonces…!
Meses después de ganar el Mundial de Fútbol de 1978, en los días previos
a la Navidad, nuestro país estuvo al borde de entrar en guerra con Chile a raíz de
un diferendo limítrofe conocido como el conflicto del canal de Beagle. La disputa
19
Los ataques al Batallón 601 de Arsenales Domingo Viejobueno, en Monte Chingolo; al Comando
de Sanidad, en Buenos Aires; al Regimiento 10 de Caballería Blindada, en Azul; al Batallón 141 de
Comunicaciones, en Córdoba, entre otros. La finalidad principal de los guerrilleros en estos
ataques era obtener armas y municiones.
Lic. Atilio Augusto Amerio
- 58 -
territorial sobre las islas Picton, Nueva y Lennox, ubicadas en la desembocadura
de ese canal del extremo sur continental, motivó aprestos bélicos para
desembarcar y tomarlas por la fuerza. A través de un representante, el gobierno
estadounidense condenó el hecho:
“Si ustedes toman una sola roca, por minúscula que sea, el gobierno de
los Estados Unidos y sus aliados de la OTAN los van a calificar de agresores. Le
pediría que transmitiera este mensaje con claridad absoluta a Buenos Aires. El
presidente Carter está al tanto de nuestra conversación…” 20
Palabras casi premonitorias de lo que vendría en 1982, y que la Junta
Militar ignoró.
La radio y la televisión atronaban con el slogan “Argentinos: marchemos a
las fronteras”. Millares de afiches empapelaban las ciudades.
La flota argentina zarpó hacia las islas, dando inicio a la Operación
Soberanía. Entonces intervino el azar, o la providencia, porque una repentina
tormenta en alta mar (no es verso) zarandeó a los buques argentinos, retrasando
su navegación y puso en peligro el desarrollo de las operaciones, por lo que la
misión debió aplazarse.
Ese repentino milagro de Navidad frenó una segura guerra con Chile,
pueblo hermano con el que nos une la historia, la geografía, la cultura, las
costumbres y la religión. Fue justamente esta última coincidencia la que conminó
a la beligerante Junta Militar argentina a aceptar el arbitraje del recientemente
electo Papa Juan Pablo II, quien envió al cardenal Antonio Samoré a mediar
entre los malevos de estas tierras.
Y Samoré fue –literalmente- arrojado a las fieras. El delegado papal inició
gestiones ante los amos de la vida y de la muerte en ambos lados de la
cordillera: los generales Pinochet y Videla, para detener la temida escalada
20
Bob Pastor, asesor para asuntos interamericanos de los EE.UU. Nota publicada en La Nación,
Buenos Aires, el 21 de diciembre de 2003.
Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas.
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bélica. Puso a prueba su fe y, gracias a Dios, salió airoso. Los pueblos de
Argentina y Chile le debemos mucho y se lo agradecemos.
La mediación del Vaticano frenó a último momento el inicio de las
hostilidades y el derramamiento de sangre. Pero el espíritu belicoso de la Junta
Militar argentina necesitaba una satisfacción, un hecho resonante que remendara
su poder cada vez más raído. Los militares argentinos no sabían qué hacer con la
adrenalina de la “casi guerra” que les fluía a torrentes. Con los dientes apretados
volvieron a cuarteles de invierno. La oportunidad les llegaría pronto.
“Acordate bien, hermano
y nunca te olvidés:
la Paz y Soberanía
tenemos que defender.”
Y el siguiente paso fue Malvinas, poco más de tres años después.
En la actualidad existen y pueden verse en la isla Nueva las fortificaciones
chilenas sobre la playa; y en una de las márgenes de la isla Grande de Tierra del
Fuego, sobre el estrecho de Magallanes, los campos minados, como testigos de
la guerra que no fue.
Pero adónde queremos llegar con esta retrospectiva histórica de algunos
de los peores años de la Argentina. El punto es que, sumergidas en esta ciénaga
fratricida, las fuerzas armadas argentinas perdieron el objetivo. El hecho de
actuar en política, donde generales, almirantes, brigadieres y otros oficiales jefes
ocupaban cargos de gobierno y administrativos hizo que el adiestramiento, la
capacitación y la actualización en sus fines específicos -el comando de una fuerza
para la defensa nacional- hayan quedado relegados. Las fuerzas armadas, si se
me permite el término, se rebajaron a cumplir tareas más propias de fuerzas de
seguridad (policía, gendarmería, prefectura naval), y administrativas. La guerra
sucia desdibujó su rol, lo deformó y pervirtió. Borrachos de poder, los jefes
resignaron su liderazgo a cambio de rodearse de adulones y cortesanos, y
Lic. Atilio Augusto Amerio
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gruesos fajos de billetes verdes, al tiempo que eliminaban opositores. Se
convirtieron en “panzones”.21
Mientras tanto, en los cuarteles los colimbas corrían, limpiaban y barrían,
haciendo las veces de personal de servicio en las barracas y en los domicilios
particulares de sus jefes. El colimba era chofer, jardinero, albañil, pintor y
mucamo. Incluso cocinero, niñero y bufón. Hasta amante de ocasión. Pero
también era soldado, porque vestía uniforme, saludaba a la bandera y hacía
guardias con un fusil al hombro. Estaba verde y no lo dejaban salir (Charly García
dixit).
Y así marchamos a la guerra contra los profesionales ingleses, montados
en la nube de las viejas glorias de la Guerra de la Independencia del siglo
diecinueve.
Pero con fuerzas armadas cartelizadas: con las peores tácticas, y las
estrategias ausentes clamaron por San Martín, Belgrano, Güemes, o Santiago de
Liniers. Ni siquiera, para bien o para mal, Roca o Alvear. Ni un solo líder de
verdad. Teníamos a Galtieri, Anaya, Lami Dozo, Menéndez, Parada, Lombardo,
Nicolaides, Vaquero. Soldados de plomo.
Generales de desfile y de escritorio que sólo conocían las armas de los
catálogos y los tiros de los polígonos de práctica. Cuando los cañones hablaron,
brillaron por su ausencia.
¿Volverá la colimba?
Las voces nostálgicas de los que quieren que vuelva la colimba se oyen
con frecuencia. Enancados en razonamientos pueriles ciertos individuos valoran
sobremanera la disciplina, virtud que –según ellos- los jóvenes del siglo veintiuno
aún no han conocido. Algunos en su audacia van más allá, y pretenden con el
21
Apodo despectivo que utilizaban los cuadros del ejército para referirse a sus jefes.
Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas.
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regreso de la colimba resolver los graves problemas de delincuencia e
inseguridad que afectan a las grandes ciudades del país.
¿Qué solución pueden proponernos esos oscuros personajes amantes de la
mano dura y el gatillo fácil?: el regreso del Servicio Militar Obligatorio.
En palabras de Alejandro Dolina, “han tomado irremediablemente el
rumbo de los tomates…”
Estas elucubraciones, tan absurdas como mediocres, desconocen que el
principal rol formador de la juventud está en el hogar, donde los padres son los
máximos responsables. Luego en la escuela, donde la educación formal va
llenando los huecos culturales y se va conformando la personalidad del individuo
cívico.
Ambas instituciones –familia y educación- atraviesan profundas crisis, y
pretender resolverlas a través de la vuelta a las fuerzas armadas, por favor, es
poco serio. Hacer de niñera no es el rol que les ha asignado la Constitución
Nacional. Excede el propósito de este libro el intento de explicar por qué la
familia y la educación atraviesan una época crítica, pero mi apreciación es que
sus roles, alcances y efectos dependen intrínsecamente del modelo de sociedad y
de país que estamos buscando; búsqueda que también incorpora a los otros
actores sociales: a las fuerzas armadas, a la política, a las empresas y sindicatos,
a las organizaciones no gubernamentales, en definitiva a toda construcción
social, económica o política que necesita de una identidad aglutinante para
funcionar, ese ser argentino que tanto hemos despreciado mirando y copiando
modelos foráneos.
Pero no puede modificarse el todo si primero no cambian sus partes.
No es con la vuelta del servicio militar obligatorio como se resuelven las
grandes deudas que el estado nacional tiene con la sociedad argentina: asegurar
la salud, la educación y la seguridad de todos.
Lic. Atilio Augusto Amerio
- 62 -
Aquellos que añoran la colimba son los mismos que siguen sosteniendo
que “ahí te hacías hombre”, que aprendías a acatar la autoridad y que se
avivaban los giles. Personalmente, no comparto la liviandad del razonamiento. La
memoria es selectiva, de a poco va borrando los malos recuerdos, y luego en
sobremesas etílicas y charlas entre amigos las anécdotas gratas de la colimba
suelen ser un tema dominante.
Difícilmente quien haya estado bajo bandera y vivido la guerra en persona
tenga ganas de compartir el recuerdo del horror imborrable.
Entonces, señores apóstoles de la nostalgia:
¿Por qué no les preguntan a las madres y padres de nuestros caídos en la
guerra qué opinan sobre restaurar el viejo sistema de servicio militar obligatorio?
¿Por qué no les piden a los ex combatientes y veteranos de guerra que les
cuenten lo que han vivido, a ver entonces qué piensan?
¿Por qué no les preguntan a las actuales Fuerzas Armadas si quieren
volver al anacrónico sistema del pasado, con todo lo que le cuesta a la nueva
generación de militares argentinos acarrear la mochila del desprestigio que les
legaron los personeros de la derrota?
Y por último, ¿por qué no les preguntan a los padres de los chicos que hoy
tienen dieciocho años si quieren que sus hijos cumplan un servicio militar
obligatorio, y que puedan tomar parte –hipotéticamente- en una guerra?
Es de cobardes arriesgar la vida de otros sin poner en juego la propia.
Sólo los pusilánimes buscan en los demás la responsabilidad de su propio
fracaso.
El ideario de los hipócritas ya se olvidó de las marchas multitudinarias
pidiendo el fin de la conscripción cuando tomó estado público el salvaje asesinato
de Omar Carrasco.
Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas.
- 63 -
Quizás su madre tenga las respuestas que esos nostálgicos pretenden
conocer.
Lic. Atilio Augusto Amerio
- 64 -
Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas.
- 65 -
CAPÍTULO TRES
Primera sangre.
“La guerra es el arte de destruir a los hombres; la política es el arte de
engañarlos.”
Jean D’Alembert
Lic. Atilio Augusto Amerio
- 66 -
Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas.
- 67 -
Pesos pesados.
La Junta Militar ansiaba su momento de gloria.
Un triunfo resonante que acallara los reclamos internacionales por las
violaciones a los derechos humanos, y que soterrara la crisis económica y social
del modelo neo liberal parido por los maquiavélicos economistas del Proceso.
Urgía establecer un acuerdo social con el desengañado pueblo de la república
cada vez más golpeado, más harto, más rebelde y reacio a las botas y los fusiles,
a las que había confiado en 1976 su propia salvación.
Las potencias mundiales observaron con atención los hechos acontecidos
entre Chile y Argentina. Los Estados Unidos condenaron la actitud agresora de la
Junta Militar argentina, por lo que fueron consecuentes con la política exterior
que en materia de derechos humanos sostuviera la administración de James
Carter. Pero los tiempos en el país del norte habían cambiado. En 1981 asume
como presidente el representante del partido republicano y ex actor de
Hollywood Ronald Reagan, quien enseguida se diferencia de su antecesor
estableciendo una política agresiva en materia de lucha contra el comunismo,
especialmente en Centroamérica, y en general contra todo tipo de manifestación
continental opuesta a los intereses norteamericanos. Su país intervendrá
apoyando la contrarrevolución sandinista en Nicaragua, en la guerra civil en El
Salvador y, luego de Malvinas, en la intervención militar a Panamá y la invasión a
la isla de Grenada en el Caribe (en estos dos últimos casos con el aporte de
tropas regulares estadounidenses, dando inicio a una nueva versión de
colonialismo-imperialismo).
Para llevar adelante su estrategia dentro del nuevo esquema geopolítico
internacional los Estados Unidos necesitaban países aliados. Conscientes del
desastre que significó Vietnam, cuyo recuerdo estaba muy fresco en la memoria
de los estadounidenses, el gobierno de Reagan decidió “tercerizar” la guerra
contrarrevolucionaria, por lo que fomentó amistades de conveniencia con países
latinoamericanos gobernados por dictaduras militares. En ese contexto, las
fuerzas armadas de nuestro país, en especial el Ejército, cumplieron un rol
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  • 1. Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas. - 1 -
  • 2. Lic. Atilio Augusto Amerio - 2 -
  • 3. Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas. - 3 - Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas Índice Prólogo. Ing. Daniel P. Gonzalez (VGM, Crucero ARA "Gral. Belgrano) 7 Notas Previas. ¿Por qué este libro? 13 Capítulos 1.- Las Malvinas son la Argentina. 19 La historia. 21 Tras su manto de neblinas. 22 Maidenland. 24 La hegemonía de los mares. 30 Bajo extraño pabellón. 32 A río revuelto. 33 Porque si entre ellos pelean, los devoran los de afuera. 35 La leyenda del Gaucho Rivero. 36 Las intervenciones inglesas en el Río de la Plata. 38 El credo de los inútiles. 42 2.- El Servicio Militar Obligatorio. 45 Antecedentes históricos. 47 Testimonio de un colimba. 48 El final del Servicio Militar Obligatorio. El caso Carrasco. 50 Soldados de plomo. 52 ¿Volverá la colimba? 60 3.- Primera sangre. 65 Pesos pesados. 67 El factor Davidoff. 70 A Dios rogando. 76 El traidor. 80 4.- Horas desesperadas. 85 La cronología del conflicto del Atlántico Sur. 87
  • 4. Lic. Atilio Augusto Amerio - 4 - 5.- Los hechos bélicos más salientes. 99 Comentario previo. 101 Los desembarcos ingleses. 101 Istmo de Darwin y Pradera del Ganso. 103 BAM “Cóndor” (Pradera del Ganso). 107 Armamento y equipos. 110 El ataque al portaaviones HMS Invincible. 113 Duro de matar. La batalla por el Monte Longdon. 114 6.- El hundimiento del crucero ARA General Belgrano. 117 Premeditación y alevosía. 119 Implicancias. 119 Situación táctica y ataque. 121 Por qué al Belgrano. 124 7.- Palabras que se llevó el viento. 131 La batalla diplomática. 133 El escorpión. 138 8.- Consecuencias de la posguerra (perdida). 143 El día después. 145 Los carapintadas. 147 Semana Santa (abril de 1987). 148 Monte Caseros (enero de 1988). 151 Villa Martelli (diciembre de 1988). 151 Palermo – Boulogne – Edificio Libertador (dic. de 1990). 153 Los cabecillas. Perfiles. Aldo Rico. 154 Mohamed Ali Seineldin. 155 Otros “próceres”. 158 Desde adentro. 160 9.- La importancia de las islas. 165 Ni vencedores ni vencidos. 167 Algunos datos ilustrativos. 173 Los rehenes de la historia. 179 Sólo es cuestión de negocios. 184 La teoría conspirativa. 187 Hacia nuestra recuperación. 189
  • 5. Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas. - 5 - 10.- Acuerdos con el Reino Unido. 193 Los tratados de posguerra. 195 La primera Declaración de Madrid (octubre de 1989). 196 La Declaración Conjunta de Madrid (febrero de 1990). 198 11.- Detrás de la tormenta. Testimonios. 205 Cómo explicar. 207 De visita. 208 Darwin. 211 Reencuentro. 213 12.- Amnesia nacional. 219 El proceso de desmalvinización. 221 Hombres de Honor. 223 13.- Epílogos. 237 ¿Puede existir la guerra sin odio? 239 ¿Se pudo haber evitado esta guerra? 240 ¿La Argentina pudo haber ganado la guerra? 241 El encierro de los kelpers, ¿hasta cuándo va a durar? 247 La politización de los organismos internacionales. 248 Diferencias y similitudes en la conducción de la guerra. 249 Agresión psicológica. 251 Superando los rencores. 254 Bibliografía y fuentes consultadas. 257 Índice de ilustraciones. 259
  • 6. Lic. Atilio Augusto Amerio - 6 -
  • 7. Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas. - 7 - Prólogo “Leí la última página, cerré el libro y apoyé mi cabeza entre las manos. Un soplo de la brisa de mi país, una onda de perfumes y armonías lejanas, besó mi frente y acarició mi oído al pasar. Toda mi Andalucía, con sus días de oro y sus noches luminosas y transparentes, se levantó como una visión de fuego del fondo de mi alma.” (Extracto del prólogo escrito por G. A. Bécquer para “La Soledad” de A. Ferrán) Creo que este párrafo resume mis sentimientos al finalizar la lectura de "Clama el Viento", de mejor manera que la que podría yo expresar. Es un libro que por sobre todas las cosas tiene un contenido de amor, pero no ese amor sensiblero o romántico, sino aquel varonil, profundo y sentido con que el autor nos lleva a revivir la heroica locura que fue la Gesta de Malvinas. Y es, quizás, porque fue tal la vorágine que se creó que hemos perdido de vista cosas que son fundamentales, como la historia y las circunstancias que dieron lugar a los acontecimientos que unos tras otros determinaron el rumbo de los eventos. "Clama el Viento" alterna entre la descripción de los hechos y el ambiente intimista -casi cómplice- con que el autor comparte con nosotros sus vivencias, sus impresiones y sus opiniones, pero fundamentalmente sin perder de vista a las personas que, en definitiva, son las que por acción u omisión forjan el destino. Por años los argentinos hemos vivido bombardeados por la imagen del pobre soldadito de dieciocho años muerto de miedo y sometido por el avance
  • 8. Lic. Atilio Augusto Amerio - 8 - avasallador de una fuerza profesional y con un armamento decisivamente superior, sin rescatar del olvido a esos hombres, algunos de dieciocho años, que dieron todo, hasta su vida en la batalla. Y que tuvieron y sintieron miedo, sin lugar a dudas, pero que también tuvieron el orgullo y el valor de pelear por su Patria; no por un General o por quién fuera que detentara el poder en ese momento, no por un objetivo político, sino simplemente por su país. Con la mezcla de euforia, miedo y orgullo que conlleva. Por años se ha desconocido y negado la existencia de hechos heroicos que fueron realizados por aquellos a los que el destino reservó un lugar en la contienda, hayan podido volver o no. No podemos desconocer o menospreciar a quienes decidieron ofrendar sus vidas en aras de un ideal. Desde lo personal, esta es una historia que me toca profundamente por haber sido partícipe de ella a bordo del Crucero A.R.A. “Gral. Belgrano”, y aún me estremece el recuerdo de la emoción que me embargó cuando me enteré del desembarco en Malvinas. Sin embargo, no fue sólo el arrebato de una visión épica del futuro, sino también (y lo mismo vi reflejado en quienes me rodeaban) el “saber” hasta la última fibra de tu ser lo que se avecinaba… Tuve el honor de tener conscriptos a cargo. Realmente se comportaron como hombres conscientes de sus debilidades, pero demostrando un valor y un coraje dignos de ser destacados. Muchas noches nos quedábamos conversando sobre el futuro, de lo que habían dejado en casa, de lo que estaba pasando, mirando un globo terráqueo para “ver” dónde estaban los ingleses, compartiendo sus miedos y su orgullo de ser parte de algo más grande que nosotros, que tenía que ver con nuestros ideales y con nuestro sentimiento de “Patria”. Volver…
  • 9. Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas. - 9 - Volver fue más difícil. Todavía se me anuda la garganta al escuchar la Marcha de Malvinas. Con esa música fuimos recibidos en el aeropuerto de Bahía Blanca, nos saludó el pabellón y la gente agitaba banderas a nuestro paso. Lloré como nunca había o volví a llorar. Durante mucho tiempo sentí que tenía la obligación de dar explicaciones, decir por qué habíamos perdido, o qué tanto se había combatido, o por qué yo había vuelto y otros no; o como alguna vez alguien me dijo “yo no sé por qué tanto lío con el Belgrano, si en definitiva fue sólo un barco que se hundió sin haber disparado un solo tiro…” Todas estas fueron y son las cosas que nos unen y nos separan. Y muchas veces escuchando qué tanto saben nuestros jóvenes sobre Malvinas siento, en ese preciso momento, que perdimos ya no en el campo de batalla sino en nuestro país, con la anuencia e impulso de nuestros gobernantes y con nuestro silencio y complicidad como pueblo. Es por todo esto que la visión que plantea el autor, abarcando desde los fundamentos históricos sobre la pertenencia de las islas a nuestro país y hasta el tiempo presente, es un recorrido por la médula de la cuestión “Malvinas” vista desde todos los ángulos, pero haciendo centro en la cuestión humana. Se podrán compartir o no sus ideas, se podrá acordar o discrepar con la posición política, pero lo que no se pone en duda es la honestidad, por momentos cruda, del relato. Le reconozco al autor el valor de otorgarle otro punto de vista a la historia, pero por sobre todas las cosas el de darle una voz a aquellos que no volvieron, a
  • 10. Lic. Atilio Augusto Amerio - 10 - quienes dejaron parte de su alma en la turba malvinera o en el mar austral. A los que vivos o muertos, desde entonces, le hablamos al viento sur. Creo desde el fondo de mi alma que es por ellos que “Clama el viento”. Para un amigo que la vida me regaló en las circunstancias más impensadas: es bueno saber que no estamos solos en el mundo… Daniel P. González VGM Crucero “Gral. Belgrano” Buenos Aires, 22 de Octubre de 2008.
  • 11. Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas. - 11 - “La primera víctima de la guerra es la verdad.” Hiram Johnson “La política es más peligrosa que la guerra, porque en la guerra sólo se muere una vez.” Winston Churchill
  • 12. Lic. Atilio Augusto Amerio - 12 -
  • 13. Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas. - 13 - Notas Previas ¿Por qué este libro? A principios de 2007 por razones laborales conocí varias ciudades y lugares de nuestra Patagonia Austral. Lo primero que me llamó la atención de los paisajes increíbles del Fin del Mundo fue la omnipresente desolación. Los innumerables pozos petroleros, la meseta con sus rutas infinitas, el viento, el cielo, el sol estival que nunca se oculta. Y la película comenzó, sin querer, empapado de ese aire austral, en esas costas rocosas de Comodoro Rivadavia, Río Gallegos y especialmente de Río Grande; fue inevitable dirigir la mirada hacia el profundo Mar Argentino, hacia el Atlántico Sur, hacia ESE lugar tan próximo, tan lejano y tan nuestro. Imaginé estar en Malvinas. Imaginé sensaciones, situaciones, un viaje al pasado que no era el mío pero que me desbordaba, me salía por los poros. Sentí allí una energía especial que me guiaba, un dictado. Un puntapié inicial hacia un nuevo desafío personal. Tardé varios meses en descubrirlo… Ya alejado de esos sitios la sensación me quedó dando vueltas y más vueltas: eran las islas y su canto de sirenas que me acercaba cada vez más a sus abruptas riberas; con temor de encallar inicié este viaje. Aún a riesgo de parecer pretencioso… algo tengo que decir sobre Malvinas. Viví el conflicto con Gran Bretaña siendo un adolescente de trece años. Cursaba el segundo año del bachillerato en un colegio católico muy estricto. Cuando Malvinas se convirtió en la causa nacional la vivimos con orgullo de jóvenes argentinos y cristianos. En secreto envidiamos a los muchachos que iban a la guerra. Por Dios, ¡serían héroes! Exhibirían sus uniformes y medallas al regresar del frente, relatarían las hazañas de la guerra y todas las chicas se irían con ellos y nosotros los miraríamos desde lejos, no estaríamos a la altura de
  • 14. Lic. Atilio Augusto Amerio - 14 - merecer su amistad… Habíamos visto demasiadas películas… Y nos bombardeaba la acción psicológica oficial. En lo único que no nos equivocamos fue en que serían Héroes. Cuando cayó Puerto Argentino simplemente no podíamos creerlo. ¿Cómo pudo pasar? ¿Sería cierto? Si les habíamos hundido a los ingleses el Sheffield, el Antelope, el Atlantic Conveyor, y les habíamos derribado Harriers hasta el cansancio… No podía ser, tenía que haber un error. De hecho, los errores fueron demasiados… y vimos volver derrotados a nuestros Héroes. Todo esto me afectó mucho, no podía pasarlo por alto y simplemente dejarlo atrás. La primera conclusión aceptada era que nos habíamos enfrentado con quien no debíamos hacerlo, y por eso perdimos la guerra. ¿Fue así? ¿Tan simple, tan pueril era la explicación? Necesitaba investigar e intentar el hallazgo de la verdad (o verdades), y un universo desconocido de información, datos, testimonios y opiniones se fue revelando con el tiempo. Dialogué con protagonistas directos e indirectos, recabé y analicé documentación proveniente de todos los tintes políticos e ideológicos. En este punto fue difícil encontrar hilos conductores, sobre todo cuando el apasionamiento avasalló a la capacidad de racionalizar, y este es uno de los principales defectos argentinos. Me vi en la necesidad de realizar síntesis de pensamientos antagónicos para buscar en la dialéctica la esencia de los hechos y darle, a su vez, mi visión individual. Y entonces fue sorprendente coincidir en los aspectos básicos: en Malvinas como Causa Nacional, como tema que aglutina y conmueve a la mayoría de los argentinos. Aunque en la política hallé las diferencias más incompatibles, no ocurrió lo mismo en los aspectos culturales, la historia y las tradiciones de nuestro país.
  • 15. Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas. - 15 - La cultura argentina del siglo veinte está profundamente atravesada por la causa Malvinas; pero no así los intereses políticos o económicos. De serlo, la recuperación de esa parte de nuestro territorio usurpado hace casi dos siglos ganaría mayor probabilidad. Este es nuestro talón de Aquiles, por ende el punto fuerte sobre el que Gran Bretaña se apoya para no negociar la soberanía ad infinitum. Este sencillo trabajo pretende en primer lugar rendir homenaje a todos los Veteranos y Ex Combatientes, sin ser un libro de guerra. Existe al respecto abundante bibliografía tanto argentina como británica, que recomiendo leer a quien quiera profundizar sobre aspectos militares. Ofrezco una síntesis de los hechos acontecidos en aquellos turbulentos días en el Atlántico Sur con el propósito de resguardar la memoria para las generaciones que nos seguirán. Este escrito no busca ni pretende objetividad o asepsia ideológica; van a encontrarse con mis opiniones personales y visiones particulares, con las cuales podrán coincidir o no. Intenté, sí, observar el rigor histórico. Apelo, lector, a su comprensión si se ha deslizado algún error, no ha sido adrede. El resultado procesado de este cúmulo informativo es la expresión de mi manera de pensar y de sentir el tema. No combatí ni estuve nunca en Malvinas. No sé lo que es estar en una guerra. Una fuerza interior me mueve a escribir este libro. Es un tema que me apasiona, que a veces me alegra y muchas más me angustia. No quiero más llanto por Malvinas. Quiero dejar atrás el estado de tristeza que me dura desde el 14 de junio de 1982, y aportar a la construcción de una época en la que descubramos qué podemos hacer para tener una relación lógica y justa con nuestra propia historia.
  • 16. Lic. Atilio Augusto Amerio - 16 - Voy algún día a conocer sus paisajes, y de cara al viento abandonar el pensamiento de que “no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”, como dice Joaquín Sabina. Mientras termino de escribir estas palabras sueño con un futuro viaje a las islas, para sentir la historia en carne propia, y que quizás dé motivo a otras nuevas sensaciones. Malvinas fue mucho más que setenta y cuatro días de guerra. Las raíces del conflicto, sus implicancias, sus consecuencias, la crónica de los heroicos combates y el sacrificio de nuestros hombres: a esto pretendo rendir honores como argentino de bien. La épica historia de esas islas que, como dicen algunos, desde el punto de vista geográfico son poca cosa comparadas con nuestra vasta porción del continente. Es cierto… pero albergan un sentimiento de rebeldía frente al robo y el despojo y una lucha de casi dos siglos digna de admiración y reconocimiento por su constancia y su justicia. Que sepan los invasores que, en oposición a ellos, no nos guía el afán de conquista territorial. En nuestra inexperiencia de nación joven hicimos lo que pudimos por recuperar nuestras islas Malvinas de las garras de un imperio vetusto, pero tal erramos la oportunidad y momento. Más bien creo que lo hicimos con los protagonistas incorrectos. Ello no desmerece el heroísmo ni el honor de la gesta, más bien todo lo contrario: la eleva. El país sumido en la más tenebrosa dictadura de su historia generó una identidad reivindicatoria del más puro sentimiento patriótico que pocas naciones del mundo pudieron comprender. Seguramente lo compartirán otros pueblos que luchan por su dignidad. La generosidad del pueblo argentino en su combate contra el colonialismo pudo más que la perversión de la Junta Militar, y a ese caballo se quisieron subir los abyectos generales, almirantes y brigadieres de escritorio, sin saber que cuando las armas hablaron el único destino que les aguardaba era el desprecio de la sociedad por su intolerable cobardía. Malvinas es una causa del pueblo argentino, no de miserables dirigentes. Y no nos importa el tiempo que falte hasta que vuelvan adónde
  • 17. Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas. - 17 - pertenecen: hemos dejado como garante, en la tierra y en el mar, la sangre de nuestros mártires que algún día brotará y dará sus frutos. Y resulta vergonzoso que en pleno siglo veintiuno aún existan anacrónicos imperios, símbolos de rigidez y falta de inteligencia para comprender que la historia la hacen los pueblos audaces, los pueblos que se atreven, y no los que se aíslan y aferran al pasado atemorizados por el avance de los tiempos. Estos últimos son los verdaderos débiles que deben inventar las guerras y torcer las leyes para abonar su liderazgo en raíces de barro. Las Malvinas son argentinas. Las Malvinas son la Argentina. Es inevitable… todo lo sugiere: el aire, el paisaje, la geografía, la historia y el indómito viento austral que clama una respuesta: por los muchachos que allí quedaron y nos están esperando; por los muchachos que volvieron y todavía nos esperan para unirnos en un abrazo de Hermanos. Por ellos y por las generaciones futuras, este humilde esfuerzo. Chajarí, Entre Ríos, 22 de octubre de 2008.-
  • 18. Lic. Atilio Augusto Amerio - 18 -
  • 19. Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas. - 19 - CAPÍTULO UNO Las Malvinas son la Argentina. “Una cosa es capitular en una circunstancial derrota en el campo de las armas y otra muy distinta hacerlo en el campo de las ideas.” Rubén Oscar Moro “La trampa de Malvinas”
  • 20. Lic. Atilio Augusto Amerio - 20 -
  • 21. Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas. - 21 - La historia. Es necesario conocer la historia para comprender los hechos del presente. El capítulo que sigue puede resultar un tanto árido en su lectura, abundante en datos, nombres y fechas, pero entiendo que el lector atento encontrará fuertes coincidencias y paralelismos entre la historia de nuestras islas Malvinas, los hechos de 1982 y la actualidad. Un proceso histórico cíclico nos revela rasgos característicos de nuestra personalidad como nación, que de no ser por su análisis meditado nos resultarían intrascendentes en el mejor de los casos, o sencillamente ignorados. Para los argentinos siempre es traumático hablar de la memoria, de los hechos del pasado. Parece que nuestra historia comenzó con la primera fundación de Buenos Aires en 1536 y finalizó con la Declaración de la Independencia en 1816. De lo que siguió luego tenemos visiones parciales, fugaces, correcciones de la realidad, historias oficiales. El mayor punto de conflicto para los argentinos es nuestro siglo veinte, un período de contrastes y claroscuros bien marcados, donde coexistieron la prosperidad, la manteca al techo, el granero del mundo y el país modelo de Sudamérica; con el odio, el enfrentamiento, la muerte de argentinos a manos de argentinos, la desocupación, la miseria, el caos económico y político… y la guerra contra una potencia nuclear. Por algo es que algunos afirman “el argentino es un pueblo que escapa hacia el futuro”. Todavía estamos tratando de encontrarnos… pero recuerdo que en 1982 todos los argentinos, de todos los credos, de todas las ideologías, de todos los colores y de todas las edades, nos unimos detrás de un ideal y un sentimiento como fue la reconquista de nuestras Islas Malvinas. Norteamérica nos despreció; Latinoamérica nos ayudó. Aquella pequeña guerra en el remoto Atlántico Sur significó la caída de muchas caretas: de pronto nuestros aliados pasaron a ser esas naciones morenas de las que siempre habíamos renegado, enancados en el espejismo de ser la “Europa de América”. De repente, nuestros admirados países del norte de América y Europa, nuestros “amigos”, no sólo nos
  • 22. Lic. Atilio Augusto Amerio - 22 - daban la espalda olímpicamente sino que nos castigaban con embargos, sanciones económicas y disparaban misiles contra nuestros soldados. La guerra terminó en derrota, y con ella la dictadura militar tocó su fin. Recuperamos la Democracia; nuestra generación comenzó a enterarse de las situaciones aberrantes que vivieron miles de compatriotas: exilios, torturas, secuestros, atentados, muertes… sin ninguna sentencia, sin ningún juicio. Hicimos el recuento de todos nuestros muertos. Todos nuestros muertos. Tanta sangre nos costó esta Democracia que vivimos… no es para tomarla a la ligera. Pasaron los años. Mucha agua corrió bajo el puente y los enemigos volvieron a ser nuestros amigos. Nos reinsertamos en el contexto del mundo, como pueblo de paz que somos, pero no debemos olvidar: el que te roba una vez, seguro te volverá a robar (si le das la oportunidad), lo mismo el que te traiciona. No olvidar, argentinos, a no olvidar… Esta historia comenzó así. Tras su manto de neblinas. Las Islas Malvinas fueron descubiertas por Américo Vespucio el 7 de abril de 1502. La expedición del marino florentino -que diera su nombre al continente- se vio arrastrada por fuertes temporales hacia una tierra desconocida que investigaciones históricas posteriores determinaron que se trataba del archipiélago de las Malvinas. Vespucio navegaba a las órdenes de los Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, entonces las islas pasaron a ser posesión de la corona española por derecho de descubrimiento. En al año 1520, Hernando de Magallanes llegó a las islas Malvinas (probablemente en el mes de julio) y las bautizó Islas de Sansón. En un viaje posterior que data de 1540, una de sus naves con todos sus tripulantes (la Incognita) permaneció durante diez meses en la isla Gran Malvina, en un sitio que denominaron Puerto de las Zorras, hoy conocido como Puerto Richards, y
  • 23. Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas. - 23 - que probablemente constituyó el primer asentamiento de seres humanos en el lugar. Magallanes, al servicio de la corona española, no denunció el descubrimiento porque al estar las islas al este de la línea de Tordesillas (límite acordado entre las posesiones portuguesas y españolas), Portugal podría reclamarlas para sí, entonces prefirió mantener el secreto. Este exceso de prudencia de Magallanes significó a la larga un grave error estratégico. Un reciente hallazgo producido en la década de 1980 confirmaría definitivamente estos hechos. Investigadores hallaron en la Biblioteca de París una obra de fray André Thevet, del año 1568, que contiene un mapa muy detallado de las Islas de Sansón con una leyenda que dice: “Los primeros que pusieron un pie en estas islas fueron los portugueses, que acompañaban a Fernando de Magallanes en su viaje.” Afirmaba el autor que por esos años un viejo capitán portugués le había entregado el mapa en Lisboa. En 1764, un grupo de 115 colonos franceses al mando de Louis Antoine de Bougainville, se estableció en las islas fundando el primer poblado, Port de Saint Louis, en honor al rey de Francia, Luis XV. Bougainville había partido del puerto de Saint Maló, y dio a las islas el nombre de su gentilicio: Malouines, que más tarde los españoles convertirían en Malvinas. Estos, al enterarse de la expedición francesa, reclamaron ante la corte de ese país haciendo valer su derecho de soberanía y hacia 1767 lograron el retiro del asentamiento, previa indemnización económica a Bougainville por los gastos y molestias ocasionados en la fundación de la colonia. Port de Saint Louis pasó a llamarse Puerto de Nuestra Señora de la Soledad (que a posteriori será el nombre de la isla), y quedó al mando del capitán de navío Felipe Ruiz Puente, como gobernador y comandante de la guarnición militar española y de algunos colonos franceses que decidieron quedarse. Este incipiente carácter cosmopolita del archipiélago, sumado a su ubicación estratégica y riquezas naturales, daría lugar más adelante a toda clase
  • 24. Lic. Atilio Augusto Amerio - 24 - de reclamos infundados y disputas de soberanía por parte de las principales potencias coloniales de la época. Desde la creación del virreinato del Río de la Plata en 1767, España ejerció la gobernación de las islas en forma ininterrumpida hasta la Revolución de mayo de 1810. Las dependencias de las islas fueron utilizadas inicialmente como lugar de reclusión de presos peligrosos. Conformado el primer gobierno patrio, las Malvinas pasaron por derecho de sucesión a formar parte de la nueva nación que se estaba gestando, las Provincias Unidas del Río de la Plata.1 Maidenland. Los británicos se atribuyen el descubrimiento de las islas en el año 1592, de acuerdo con los datos aportados por el marino inglés John Davis. Luego en 1594, otro navegante, Richard Hawkins declaró haber divisado unas islas a las que llamó Maidenland. Por lo dudoso de su origen, estos avistajes no fueron reconocidos por los cartógrafos ingleses, y los navegantes tampoco recibieron la patente real que acreditaba el descubrimiento. Hawkins declaró haber visto en las islas habitantes y muchos fuegos, cuando en realidad estaban deshabitadas, por lo que presumiblemente llegó a otro lugar. Ante tantas dudas, los ingleses recién publicaron su descubrimiento en 1622, cuando hacía más de un siglo que las islas figuraban en las cartas náuticas españolas como Islas de San Antón, Sansón, de los Patos, y de los Leones. Hacia 1690, una fuerte tormenta desvió de su ruta original a la expedición del capitán inglés John Strong, arrastrándola hasta las islas. Navegaron por el canal que las separa (San Carlos), al que llamó Falkland2 . Este nombre luego se extendería a todo el archipiélago (Falkland Islands) para la cartografía británica. 1 Lo mismo sucedería con las islas Galápagos, Juan Fernández y Fernando de Noronha, al producirse la independencia de Ecuador, Chile y Brasil respectivamente. 2 En honor a Lucius Cary, segundo vizconde de Falkland y primer Lord del Almirantazgo, muerto en la batalla de Newbury en 1643.
  • 25. Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas. - 25 - Como sus objetivos eran científicos, Strong no reclamó las tierras halladas, sino que se limitó a tomar muestras y ejemplares de la fauna autóctona. Pero se atribuye al marino holandés Sebald de Werth el descubrimiento oficial de las islas Malvinas. Según ciertas historias, en el año 1600 Werth regresaba de una malograda expedición al océano Pacífico, cuando avistó un grupo de tres pequeñas islas en el extremo noreste del archipiélago, a las que llamó Sebaldes, Sebaldinas o Jasón. Lamentablemente no pudo hacer acto posesorio porque la tormenta que arruinó su misión oceánica se había llevado consigo los botes de desembarco. Sin embargo se ha concedido a Sebald de Werth el descubrimiento de las Malvinas, aunque solamente vio un pequeño grupo de islas marginales e ignoraba la real extensión de las tierras halladas. A partir del siglo dieciocho infinidad de naves de distintas nacionalidades fueron llegando a las islas con fines estrictamente comerciales. La caza de focas resultaba un negocio altamente lucrativo, por la calidad de sus pieles y su alto valor en el mercado. Por lo tanto, europeos y estadounidenses depredaron durante décadas este recurso, sin importarles en lo más mínimo a qué nación pertenecía el archipiélago. Además, las Malvinas se convirtieron en un sitio de paso, algo así como una posta oceánica, de todo tipo de buques que surcaban los mares del sur, y comenzaban a cobrar importancia en la medida que afloraban los conflictos políticos entre las principales potencias coloniales ultramarinas: España e Inglaterra. En 1748, el almirante británico George Anson recomendó a la corona la fundación de un asentamiento permanente en las Falklands o en Tierra del Fuego, con el fin de servir de soporte a los buques ingleses que recorrían las aguas australes. Esto era fundamental para controlar el comercio español desde América del Sur. Los españoles volvieron a expresar su derecho soberano sobre el archipiélago y realizaron los reclamos y las gestiones diplomáticas pertinentes ante la corona británica. El resultado fue positivo para los ibéricos, y la idea de Anson fue archivada.
  • 26. Lic. Atilio Augusto Amerio - 26 - Pero dieciséis años después el almirante inglés volvió por sus fueros con su viejo anhelo, y logró convencer a la corte de establecer un asentamiento clandestino en un sitio remoto de las islas, que no llamara demasiado la atención. En 1764 los británicos enviaron una expedición al mando del comodoro John Byron, quien se estableció en un refugio ubicado en la isla Trinidad al norte de la Gran Malvina, al que llamó Port Egmont. Era el sitio ideal para ejercer el comercio, cazar lobos marinos y focas, y abastecer a los buques en tránsito hacia las posesiones coloniales inglesas en Tasmania. Al decir de Lord Egmont, primer Lord del Almirantazgo, las islas constituían “la llave del Pacífico”. La jugada secreta de Inglaterra llegó a oídos del rey de España. Mediante una Real Cédula incluyó al archipiélago en la jurisdicción de la Gobernación de Buenos Aires, y le ordena al gobernador, Francisco de Paula Bucarelli, que envíe una flota naval a desalojar a los británicos de Port Egmont. La misión fue cumplida, y luego de una refriega armada Bucarelli tomó posesión del asentamiento inglés en la isla Trinidad, al que renombró como Puerto de la Cruzada. En 1769 se produce un nuevo desembarco inglés en Port Egmont. Las tropas al mando del capitán Anthony Hunt se establecen en las islas y las reclaman en nombre de su Majestad Británica. Desde Buenos Aires envían al mayor general Juan Ignacio Madariaga, quien obtiene la rendición de los ingleses el primero de julio de 1770. Esta serie de incidentes estuvo a punto de llevar a ambas naciones a una inevitable escalada bélica, pero finalmente, ante la alternativa de dilapidar las alicaídas arcas reales en una guerra remota, España e Inglaterra optaron por la salida diplomática. En 1771 se firmaron dos documentos, Declaración y Aceptación, para dejar a salvo el honor de ambos imperios sin derramamiento de sangre. Los derechos españoles sobre las islas quedaban garantizados por la firma de los acuerdos. Los españoles devolvían el control de Port Egmont a los ingleses, bajo la promesa de éstos de retirarse en un plazo perentorio. Esto
  • 27. Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas. - 27 - último se acordó de palabra, con lo que la situación quedaba como si los ingleses nunca hubieran desembarcado y Port Egmont nunca hubiera existido. En 1774 los ingleses cumplieron su promesa de abandonar las islas. Sin embargo dejaron una placa recordatoria de su paso por el lugar, en la que declaraban que esas tierras pertenecían al rey de Inglaterra. Más tarde intentarían sacar provecho de aquella declaración, aunque el retiro y abandono del lugar significó en los hechos una renuncia expresa. Pero como ello se había acordado de palabra, dio lugar a las más antojadizas interpretaciones de la siempre hábil diplomacia británica. En una audaz maniobra declararon y sostuvieron la existencia de un acuerdo secreto, no firmado, entre Inglaterra y España, donde ésta reconocía los derechos posesorios británicos sobre Port Egmont y sus dependencias. Esta afirmación llegó hasta nuestros días, y actualmente constituye el pilar fundamental sobre el que el Reino Unido de Gran Bretaña sostiene su pretensión de soberanía sobre el archipiélago de las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur. En principio, la conflictiva placa grabada de Port Egmont fue llevada por los españoles a Buenos Aires, y en 1806 durante la primera invasión, los ingleses la despacharon a Londres. España controló celosamente que Port Egmont estuviese deshabitado, enviando frecuentes patrullas armadas. Ante las continuas evidencias de que era utilizado por cazadores furtivos de focas, el asentamiento fue finalmente destruido en 1779. Pero en ese mismo año se produjo un incidente en otras latitudes que tuvo importantes repercusiones en el extremo sur de América. Inmersas en una disputa por el control de los océanos del mundo, las potencias coloniales España e Inglaterra, dueñas de formidables armadas de guerra, no se daban tregua y se marcaban el territorio mutuamente. Esta vez el conflicto se suscitó en Nootka Sound, sobre el estrecho de Vancouver (actual Columbia Británica, Canadá).
  • 28. Lic. Atilio Augusto Amerio - 28 - Originalmente descubierto por los españoles en 1774 y explorado por los ingleses en 1776, el control sobre el estrecho de Vancouver motivó un principio de acuerdo entre ambos imperios coloniales, que fundaron un establecimiento en forma conjunta. Pero las rivalidades no tardaron en reaparecer y la disputa territorial llevó nuevamente a un conato de guerra entre España e Inglaterra. La solución fue nuevamente negociada, aunque la posición inglesa prevaleció ante la imposibilidad española de contar con el apoyo de su principal aliada, Francia, que se encontraba inmersa en plena revolución que haría rodar la cabeza de su rey Luis XVI, y que transformaría la decadente monarquía en república. El tratado firmado restituía a los ingleses sus posesiones en Canadá y les otorgaba el derecho de libre navegación, pesca y explotación de recursos en los mares del norte y del sur del continente. Es decir que los españoles, lisa y llanamente, capitularon sin combatir. Y si bien conservaban la soberanía sobre las islas australes le otorgaban a Inglaterra la libertad de recorrer sus costas discrecionalmente. Aunque desde el punto de vista estricto del derecho, el acuerdo escrito otorgaba a los ingleses un permiso, lo cual implicaba en los papeles un reconocimiento implícito de la soberanía española. Veremos cómo estos hechos documentados sobre quién detentaba la soberanía cobrarán cada vez más fuerza con el correr de los años. Tarde o temprano, los ingleses sacarían a relucir su célebre placa de Port Egmont y a aducir pactos secretos que nadie firmó. A pesar de la independencia de sus colonias en América del Norte ocurrida en 1776, el imperio británico crecía y se consolidaba, al tiempo que la corona española se debilitaba. Finalmente, pese a los esfuerzos bélicos, España perdería sus posesiones coloniales en Sudamérica, y sucumbiría ante la cada vez más cercana amenaza de Napoleón Bonaparte, quien terminaría finalmente invadiendo la península ibérica, encarcelando al rey Fernando VII y poniendo a su hermano José en el trono de los Borbones.
  • 29. Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas. - 29 - En su política exterior, los ingleses continuarán desarrollando su estrategia racional y metódicamente. Rubén Oscar Moro es muy claro en la definición de las intenciones británicas y de su proyecto nacional: “La condición geopolítica de insularidad fue forjando desde antaño la conciencia de los hombres de estado británicos de la necesidad de contar con una flota poderosa que asegurase las comunicaciones marítimas vitales para el imperio por su condición de aislamiento y de territorio escaso, además de sus relaciones con países europeos vecinos dominados por criterios mercantilicios. Ello implicaba la necesidad de competir y de nutrir a su industria con las materias primas que se carecían en las islas. La industria, a su vez, debía producir manufacturas –y subsidiariamente proporcionar mano de obra a su clase obrera- sin que esto último no significase la explotación de los propios trabajadores británicos, como bien lo señalan los abusos cometidos con las famosas hilanderías de Manchester (…) donde el laboreo se desarrollaba en condiciones de verdadera esclavitud. (…) El comercio internacional era el medio para obtener usufructo con el cual nutrir de riquezas a la Corona y sustentar así a la nobleza, a la clase gobernante, a los capitalistas y financistas, (…) y a la Royal Navy, instrumento supremo del imperio para hacer factible esta estrategia. Así se cerraba el círculo de este ‘proyecto nacional’, donde España era el enemigo por excelencia.” 3 Una clara definición sobre la esencia del imperialismo. Desde su partida en 1774 y hasta 1832, los ingleses nunca hicieron reclamo alguno sobre sus presuntos derechos sobre las islas Malvinas, ni tuvieron presencia alguna en el archipiélago. De hecho lo consideraron una pérdida de tiempo y de valiosos recursos. En este contexto se apoderarán de las Islas Malvinas por la fuerza. 3 Rubén Oscar Moro, Op. Cit., págs.15-16.
  • 30. Lic. Atilio Augusto Amerio - 30 - La hegemonía de los mares. En 1805 se produce la batalla de Trafalgar, en la que la Royal Navy derrota a la -hasta entonces- Armada Invencible de España y Francia. Inglaterra logra consolidarse como la principal potencia marítima. El siguiente paso era avanzar hacia el Río de la Plata. En abril de 1806 partió una expedición invasora desde el Cabo de Buena Esperanza (África del Sur), con 1.640 hombres al mando del comodoro Home Popham y del brigadier general William Carr Beresford. En junio desembarcaron en Quilmes y tomaron la ciudad de Buenos Aires con escasa resistencia. Previsores como siempre, los ingleses exigieron como condición en la capitulación, la entrega de los caudales reales.4 Días después, la fragata Narcissus zarpa hacia Gran Bretaña con sus bodegas llenas a tope. El Tesoro del Virrey Sobremonte, una fortuna de ocho carrozas con más de cinco toneladas de pesos de plata,5 llegó a Portsmouth en septiembre y fue paseado triunfalmente por la capital británica. Pero un mes antes, agosto de 1806, la resistencia del pueblo armada y encolumnada tras la figura del capitán de navío Santiago de Liniers y Bremond6 , lograba “La Reconquista de Buenos Aires”, venciendo y expulsando a los ingleses de estas tierras. Popham y Beresford, derrotados y humillados, volvieron a su patria, donde les aguardaban los suculentos dividendos de las monedas de plata depositadas en el Banco de Inglaterra, y una feliz jubilación. Al año siguiente volvieron, esta vez con el teniente general John Whitelocke al mando de 15.000 soldados, con la intención de salvar la imagen y el honor de la corona. Y nuevamente fueron rechazados, en una serie de combates heroicos en las calles, que la historia luego llamó “La Defensa de 4 La historia cuenta que el reparto del tesoro ya había sido previamente acordado por los comandantes ingleses al partir de Ciudad del Cabo, y que un espía escocés llamado Russell, que viajaba como pasajero en una goleta portuguesa, les confirmó cerca de Montevideo de la existencia y volumen de los caudales reales. 5 Aproximadamente unas trescientas mil libras que se terminaron repartiendo entre los líderes de la invasión en 1808. Beresford recibió unas doce mil libras. 6 Marino francés al servicio de España.
  • 31. Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas. - 31 - Buenos Aires”. El 7 de julio de 1807, al firmar la capitulación los ingleses devolvieron prisioneros, buques y pertrechos, pero se omitió incluir una cláusula relativa al reintegro del tesoro saqueado el año anterior, con lo cual las arcas quedaron completamente vacías luego de afrontar los gastos del combate. Pero a su regreso a Inglaterra, una corte marcial juzgó, condenó y despojó de cargos y honores a Whitelocke. Decía el fallo: “Que dicho teniente general sea dado de baja y declarado totalmente inepto e indigno de servir a Su Majestad en ninguna clase militar.” Tal vez porque había vuelto con las manos vacías. El nuevo virrey Liniers, a fin de impulsar la reactivación económica de Buenos Aires, promulgó el Edicto de Libre Comercio, abriendo el puerto a los productos británicos a condición de que pagasen en efectivo y por adelantado. Rápidamente, el contrabando se convirtió en el negocio más lucrativo de los porteños, dado que la ecuación comercial significaba, en términos comparativos, que un buque cargado de manufacturas provenientes de Londres equivalía a doce buques cargados de cebo y cueros de estas latitudes. ¡Pero les habíamos ganado la guerra! Ya con Baltasar Hidalgo de Cisneros como virrey, se produce la Revolución de Mayo de 1810 y la conformación de la Primera Junta. Una de sus primeras medidas fue disponer el fusilamiento de Liniers por declararse opositor al flamante Gobierno Patrio. La independencia llegaría en julio de 1816. El proceso independentista de América para librarse del yugo político de España fue apoyado y fomentado por los ingleses. Durante esos años, las prioridades de la nueva nación fueron otras. Las islas Malvinas se abandonaron y fueron sometidas a una brutal depredación por parte de flotas cazadoras de focas de todas partes del mundo. Sin embargo, los ingleses no intentaron volver ni reclamar derechos sobre las islas. De todos
  • 32. Lic. Atilio Augusto Amerio - 32 - modos, ya tenían lo que más les importaba: la libre navegación y el comercio con las (ex) colonias españolas de América del Sur. Bajo extraño pabellón. Las Provincias Unidas del Río de la Plata tomaron posesión efectiva de las deshabitadas Islas Malvinas el 6 de noviembre de 1820. El gobierno comisionó al capitán David Jewett, quien al mando de La Heroína llegó a Puerto Soledad y asumió como representante del gobierno de la Confederación Argentina, izando el pabellón nacional y comunicando el acto a los gobiernos extranjeros. Se encontraba presente el capitán inglés James Weddell, prestigioso explorador antártico, quien junto con otros representantes extranjeros no hizo reservas de la proclama de Jewett. Cabe destacar la importancia que el gobierno argentino comenzó a otorgarle a mantener presencia en el archipiélago, destinando esfuerzos y recursos con esa finalidad, mientras al mismo tiempo enfrentaba la guerra contra la corona española por la independencia definitiva. Ya instalados en Puerto Soledad, los argentinos se dedicaron a poner coto a las matanzas indiscriminadas de aves y mamíferos marinos que practicaban los inescrupulosos cazadores extranjeros. Además tenían la misión de proteger los mares del comercio ilegal que España ejercía en la región. Las durísimas condiciones climáticas, las enfermedades y la indisciplina fueron constantes calamidades que Jewett debió enfrentar. Pero la presencia argentina continuó en forma ininterrumpida. Un colono de ascendencia francesa, Luis Vernet, fue nombrado gobernador de las islas. A fuerza de empeño y trabajo, Vernet logró organizar el asentamiento y convertirlo en una colonia próspera. Su principal preocupación seguían siendo los desastres que causaban los barcos loberos, a los que urgía frenar porque estaban poniendo a la fauna autóctona en serio peligro de extinción. Lograron detener y capturar a dos corbetas estadounidenses, la Harriet y la Breakwater. Más tarde esta última logró
  • 33. Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas. - 33 - fugarse y regresar a Estados Unidos. La Harriet fue llevada a Buenos Aires por el propio Vernet, para dar cuenta de lo ocurrido al gobierno. Pero en 1831, Estados Unidos envió a una corbeta de guerra, la Lexington, para frenar lo que ellos consideraban un atropello de las autoridades argentinas. En un flagrante acto de violencia, tomaron por la fuerza Puerto Soledad y apresaron y maltrataron a todos los residentes. Todo fue fríamente planificado entre el cónsul estadounidense ante la Confederación Argentina, George Slacum, y el capitán de la corbeta, Silas Duncan. Este último, utilizando las malas artes de la piratería, utilizó en su buque la bandera de Francia en lugar de la de su país, para que las autoridades de Malvinas no sospecharan el motivo de su misión. Cuando reaccionaron ya era tarde y los estadounidenses habían tomado el poblado. Este hecho generó un serio incidente diplomático entre nuestro país y los Estados Unidos de América. A río revuelto. Gran Bretaña comenzaba a consolidar un sólido imperio colonial en Sudáfrica, Australia, Nueva Zelanda e India. Después de años de desinterés, las islas Malvinas reaparecían entre las prioridades de la corona, dada su inmejorable ubicación estratégica como base de abastecimiento a los barcos que navegaban desde Europa al Pacífico Sur y el Índico. Un marino británico, William Langdon, quien habitualmente navegaba esas rutas, conocía la importancia de las Falkland. Al respecto escribió: “…he tenido oportunidad de formar opinión sobre la necesidad de que nuestro gobierno tome de nuevo posesión de estas islas, lo cual puede llevarse a cabo por una bagatela y después establecer una guarnición formada por una Compañía de soldados de la Marina”. 7 7 Rubén Oscar Moro, “La trampa de Malvinas”, pág. 31.
  • 34. Lic. Atilio Augusto Amerio - 34 - Mientras tanto, en la Confederación Argentina los unitarios y los federales se enfrentaban a muerte, fragmentando a la joven nación en una pléyade de caudillos. La suerte estaba echada. Los diplomáticos británicos (el Foreign Office) elaboraron un documento para el abogado del rey con una interpretación harto antojadiza y plagada de inexactitudes a fin de justificar sus derechos sobre las islas. Declararon así que: • Davis fue su descubridor en 1592, ignorando que Vespucio y Magallanes, como vimos, habían llegado mucho tiempo antes. • Que nunca hubo otro asentamiento que no fuera Port Egmont, como si Puerto Soledad nunca hubiese existido, sacando a relucir la famosa placa. • No hicieron mención alguna al hecho de que los españoles mantuvieron presencia en las islas hasta 1811, y de que en 1820 las Provincias Unidas habían tomado legal posesión de archipiélago. • En su documento nunca existió un tal Luis Vernet. • Tampoco explicaron por qué Inglaterra ignoró por completo a las islas durante cincuenta años. El 4 de agosto de 1829, el almirantazgo británico decidió “ordenar a sus buques que hagan escala en Port Egmont y asegurar nuestra soberanía de esa isla por lo menos.” Un par de meses más tarde, el encargado de negocios inglés en Buenos Aires, sir Woodbine Parish, cumpliendo expresas instrucciones del Foreign Office, oficializó las intenciones británicas ante un asombrado gobierno argentino. La situación entró en un cono de sombras hasta que se produjeron los incidentes con los barcos norteamericanos en 1831. Parish se comunicó con las autoridades del gobierno estadounidense, quienes le aseguraron no tener el menor interés en las islas, lo único que les interesaba era la libertad de navegación. El inglés
  • 35. Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas. - 35 - descartó a un posible rival que a la postre, y como veremos más adelante (un siglo y medio después), resultó siendo su principal aliado. El “operativo despojo” iba tomando forma. Porque si entre ellos pelean, los devoran los de afuera. Hacia 1832 Puerto Soledad estaba sumido en una profunda crisis. Sumado a la escasa asistencia del gobierno nacional, los barcos loberos continuaban desarrollando a pleno y sin control su faena depredatoria, esta vez incluso matando el ganado de los sufridos colonos, y cometiendo todas clase de delitos y atropellos. Luego de mucho insistir, Vernet logró que Buenos Aires enviara la corbeta Sarandí al mando de un militar, el sargento mayor de artillería Esteban Mestivier, quien asumiría como comandante civil y militar interino de las islas. Llegaba a poner orden. Luego la corbeta inició una misión de patrullaje para reprimir los abusos de las flotas loberas, esta vez al mando del capitán José María de Pinedo. Grande fue su desilusión cuando a su regreso encontró la guarnición de Puerto Soledad amotinada y a Mestivier muerto a manos de los sublevados. Pinedo controló la rebelión y encarceló a los cabecillas, lo cual logró después de muchísimo esfuerzo y de casi haber agotado todas sus municiones. Puerto Soledad quedó en ruinas, por lo que se dispuso su reconstrucción. Finalizada la obra, el 1º de enero de 1833, un buque de bandera inglesa, la corbeta Clio, hacía su entrada a la bahía de Puerto Soledad. El capitán Pinedo recibió al comandante de la Clio, capitán James Onslow, a bordo de la Sarandí. No dio crédito a sus oídos cuando el inglés muy gentilmente le solicitó que a las nueve de la mañana del día siguiente arriara el pabellón argentino. Pinedo le preguntó si se había declarado la guerra entre ambos países, a lo que Onslow respondió que “la amistad y el comercio seguían
  • 36. Lic. Atilio Augusto Amerio - 36 - lo mismo…”, sorprendiéndose de que Pinedo no tuviera orden alguna de su gobierno.8 Ante la alternativa de resistir por la fuerza el desembarco inglés, Pinedo conferenció con sus hombres. Eran en su mayoría norteamericanos e incluso había entre sus filas un inglés (Brisbane, el segundo de Vernet), quien manifestó su reserva de alzarse en armas contra su país natal. La abrumadora disparidad de fuerzas a favor de los invasores hizo que desestimaran un último e inútil esfuerzo. Por esta decisión, a su regreso a Buenos Aires Pinedo fue juzgado en una corte marcial, y condenado a la pena de muerte. No se cumplió, gracias a un indulto. A la mañana siguiente la bandera inglesa flameaba en el mástil principal de Puerto Soledad. Desde el 3 de enero de 1833, casi en forma ininterrumpida, simboliza el despojo, un acto del más repulsivo pillaje que una nación pueda cometer. Un país capaz de mentir descaradamente para justificar lo injustificable, de comprar voluntades y aprovecharse de las debilidades ajenas para sacar partido. Finalmente Inglaterra tenía su colonia en América del Sur, a la que influenciaba política, económica y ahora militarmente. El robo se había consumado. La leyenda del Gaucho Rivero. El 26 de agosto de 1833 se produjo en las islas un confuso y sangriento episodio, que la historia ha registrado con ambigüedad. Antonio Rivero, gaucho argentino, y un grupo conformado por siete hombres, asaltó la casa de Brisbane, matando a éste, a Jean Simon (un francés que dirigía el trabajo de los gauchos), a William Dickson (el despensero), a Ventura Wagner (un poblador alemán) y a Ventura Pasos (habitante de las islas); todos ellos habían sido colaboradores de Vernet. Una versión de los hechos considera a Rivero como un héroe sublevado a la ocupación de los británicos; pero investigaciones posteriores indican que el 8 Rubén Oscar Moro, Op. Cit., pág. 36.
  • 37. Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas. - 37 - verdadero motivo de la matanza fue económico: los revoltosos exigían el pago de sus trabajos en plata y no en papeles. Una evidencia bastante contundente es que Rivero no arrió la bandera inglesa ni tomó la comandancia de Puerto Soledad, sino que luego de los crímenes escapó a ocultarse en los islotes. “El cabecilla del grupo era Antonio Rivero y le seguían los criollos Luna y Brasido, además de los indios Flores, Godoy, Salazar, Gonzalez y Latorre…”9 Más tarde, fueron apresados y enviados a Inglaterra para ser juzgados, sin mayores consecuencias. Rivero regresó al Río de la Plata, a la provincia de Entre Ríos, de donde era oriundo, y se perdió el registro de sus crónicas posteriores. Por lo tanto, no queda claro a la luz de los hechos si Rivero fue un héroe o un asesino, aunque la historia de la humanidad suele confundir frecuentemente ambos roles, o usarlos indistintamente. Cuando se produjo la reconquista argentina el 2 de abril de 1982, en un principio se rebautizó a Port Stanley con el nombre de Puerto Rivero. Días más tarde, la Junta Militar optó por cambiarlo por el más patriótico Puerto Argentino, como se lo conoce hasta hoy, al tomar conciencia de las connotaciones negativas que podría tener el nombre de un gaucho matrero para la propaganda oficial. El dominio británico de las islas Malvinas fue ininterrumpido desde 1833 hasta 1982. En el medio se produjeron innumerables reclamos argentinos por la vía diplomática, ante todos los foros internacionales, evidentemente sin resultados favorables para la posición de nuestro país. Gran Bretaña siempre eludió discutir el tema de la soberanía, dado que su posición se basaba simple y únicamente en la fuerza, sin tener el más mínimo asidero legal. De haberse sometido a un laudo arbitral o, simplemente, haber acatado las resoluciones de las Naciones Unidas sobre descolonización, hubieran tenido que devolver las islas a la República Argentina y volverse a Inglaterra silbando bajito. 9 Fuente: www.elmalvinense.com.ar
  • 38. Lic. Atilio Augusto Amerio - 38 - Las intervenciones inglesas en el Río de la Plata. La historia argentina es abundante en ejemplos demostrativos del interés permanentemente demostrado por el Reino Unido de la Gran Bretaña por estas tierras. Fieles a rajatabla a los preceptos del imperialismo económico, consideraron a la América del Sur como la joya más ansiada para la corona británica, y llevaron a cabo todos los intentos posibles por poseerla, sobre todo y con mayor agresividad luego de perder sus colonias de América del Norte, independientes desde 1776. Finalmente lo lograron en 1982. A continuación presentamos una serie de acontecimientos documentados de la historia argentina y sudamericana, por orden cronológico, como ejemplos demostrativos de hasta dónde llegó (¿llega?) el poder del dinero y de la fuerza en las manos adecuadas. Colonia del Sacramento. Año 1763. En enero de aquel año los ingleses atacaron esta ciudad, con la intención de lograr un enclave en el Río de La Plata desde donde desarrollar el comercio ilegal (contrabando) de sus productos, porque los puertos que se encontraban bajo el dominio español les estaban totalmente vedados. En el ataque murió el comandante inglés, John Mc Namara, y los invasores fracasaron en su intento. Colonia del Sacramento hoy pertenece a la hermana República Oriental del Uruguay, pero en aquel entonces era parte de la Gobernación de Buenos Aires, dependiente del Virreinato del Perú. Port Egmont: primer desembarco. Año 1765. Los ingleses se establecen en las islas Malvinas y fundan Port Egmont. Port Egmont: segundo desembarco. Año 1769. Luego de su expulsión a manos de los españoles, insisten nuevamente en establecerse en Port Egmont.
  • 39. Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas. - 39 - Isla de los Estados. Año 1788. En 1788 los ingleses ocuparon esa isla. En 1790 se firmó el tratado del Escorial, el cual prohibía a Gran Bretaña navegar y pescar a menos de diez leguas de tierras españolas, y establecerse en ellas. Ese mismo año los británicos fueron expulsados de la Isla Grande de Tierra del Fuego, y en 1791 de la Isla de los Estados, por orden directa del Virrey Loreto. Las invasiones inglesas. Años 1806 y 1807. Las favoritas de la historia oficial. La primera provocó la Reconquista de Buenos Aires. Un año después volvieron los ingleses a intentar vengar el honor perdido, hecho que produjo la Defensa de Buenos Aires. Islas Malvinas. Año 1833. Al final lograron su viejo anhelo de capturar las islas Malvinas para la Corona Británica el dos de enero de aquel año. Vuelta de Obligado. Año 1845. Gran Bretaña exigía la libre navegación de sus buques mercantes por los ríos interiores argentinos. Esto era para poder acceder con sus fines comerciales a puertos como Asunción o Rosario. Juan Manuel de Rosas, autoridad máxima del país, sistemáticamente les negó el pedido. Entonces los ingleses, junto con los franceses, declararon el bloqueo al Puerto de Buenos Aires. Sus objetivos eran obtener la libre navegación de los ríos Paraná, Uruguay y Paraguay; y poder tomar contacto de una manera más efectiva con la provincia de Corrientes, que se encontraba en guerra contra el poder central. Enterado de esto, Rosas mandó fortificar el paraje conocido como la Vuelta de Obligado, cercano a la localidad de San Pedro, al norte de la provincia de Buenos Aires. Varias embarcaciones unidas con cadenas les cortarían el paso a la escuadra anglo–francesa, a la vez que cuatro baterías de cañones defenderían la posición.
  • 40. Lic. Atilio Augusto Amerio - 40 - El 20 de noviembre de 1845 tuvo lugar el combate. No fue una victoria precisamente para las fuerzas nacionales. Finalmente el 15 de julio de 1847, Inglaterra levantó el bloqueo, y Francia dispuso similar medida un año después. Guerra de la Triple Alianza. Años 1865 a 1870. Gran Bretaña instigó desde el campo económico y político una guerra fratricida, utilizando a los ejércitos de Brasil, Argentina y Uruguay en contra del Paraguay. El sur de los Estados Unidos de América, principal proveedor de algodón de las fábricas textiles inglesas, se encontraba en plena guerra civil, lo que ocasionó una fenomenal crisis económica y situaciones de caos social en sus ciudades industriales como Lancaster y Manchester. Como consecuencia de ello, Gran Bretaña enfocó su atención en el segundo productor mundial de dicha materia prima: el Paraguay, debido a que el abastecimiento alternativo de otra de sus colonias, Egipto, no le era suficiente. La traba principal radicaba en la política proteccionista establecida por el gobierno del mariscal Francisco Solano López, cuya aplicación y fomento habían posicionado a ese país sudamericano como el más sólido económicamente y desarrollado del subcontinente. Fue necesaria una cruenta y larga guerra para someter al Paraguay a las ideas liberales que ya habían adoptado la Argentina del general Mitre y el Imperio del Brasil. Las consecuencias fueron desastrosas. Paraguay perdió miles de hectáreas de su territorio, que quedó principalmente en manos de los brasileños. La mitad de la población paraguaya fue aniquilada, siendo la mortandad masculina de alrededor del noventa por ciento, y el país quedó sumido en la miseria. Pacto Roca-Runciman. Año 1933. Con motivo de la crisis económica mundial del año 1930, el liberal gobierno inglés decidió adoptar una medida proteccionista a mercados por entonces emergentes: se abastecería de carne vacuna sólo proveniente de sus
  • 41. Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas. - 41 - colonias de Sudáfrica, Australia y Canadá. En este contexto, el gobierno de Agustín P. Justo impulsó la firma de un acuerdo con Gran Bretaña, por el cual la Argentina se aseguraba la entrada al club selecto de proveedores de carne a aquel país. Los signatarios fueron el entonces vicepresidente Julio A. Roca (hijo del general y ex presidente), con el encargado de negocios de Gran Bretaña, sir Walter Runciman. A instancias de los caballeros británicos, el gobierno argentino aceptó algunas cláusulas “especiales” del acuerdo, como por ejemplo brindar un trato benévolo a los frigoríficos ingleses establecidos en el país; una política de reintegros por exportaciones leonina, en la que Gran Bretaña se beneficiaba ostensiblemente; la creación del Banco Central con capitales británicos; y el monopolio de los medios masivos de transportes (ferrocarriles, tranvías) de las empresas inglesas en Argentina. Algo más que vaquitas. Al respecto, el vicepresidente Roca declaró durante un ágape que “la Argentina, por su interdependencia recíproca es, desde el punto de vista económico, una parte integrante del Imperio Británico”. Las condiciones especiales de este pacto fueron denunciadas en el Senado de la Nación por el senador por Santa Fe, Lisandro de la Torre. Durante una de las acaloradas sesiones en el recinto de la Cámara Alta, en un atentado destinado a de la Torre fue asesinado su compañero, Enzo Bordabehere, a manos de un sicario. Sin embargo, el Senado de la Nación aprobó el acuerdo y estuvo en plena vigencia hasta el año 1936, a pesar de estar manchado de sangre (y no de vaca). Guerra de las Malvinas. Año 1982. Tal vez la eclosión de un proceso de más de dos siglos y que significó más de un millar de muertos, centenares de heridos y suicidios en ambos bandos. El envío de la flota naval británica en abril de aquel año, su posterior desembarco y avance sobre las posiciones defendidas por los argentinos, determinaron para la historia el punto más álgido en la relación entre ambas naciones. Esta vez los contrincantes se vieron cara a cara. Inglaterra debió pagar un costo muy alto por unas islas que la mayoría del pueblo inglés consideraba “remotas e inservibles”.
  • 42. Lic. Atilio Augusto Amerio - 42 - Jamás esperaron encontrar la resistencia que encontraron: ellos peleaban porque eran profesionales y tenían un trabajo que cumplir; nuestros muchachos pelearon por devolver a su nación un pedazo de tierra que nos habían robado años atrás. El credo de los inútiles. Desconocer la historia induce a cometer los errores más graves. En la guerra, no conocer al enemigo conduce a la derrota segura. Pero no conocerse a sí mismo lleva al peor de los fracasos, tanto en la contienda bélica como en los tiempos de paz. A la luz de los hechos presentados era impensable suponer que luego de los acontecimientos del 2 de abril de 1982 los ingleses no reaccionarían porque las islas no les importaban. O que los estadounidenses, sus aliados y herederos ideológicos, apoyarían la causa argentina en detrimento de la británica. Que la República Argentina recuperaría las islas a un costo mínimo, casi como un trámite administrativo, gracias a la invasión diplomática, y sin bajas británicas, que significó la Operación Rosario. Este fue el credo de los gobernantes de la Argentina por aquellos años. Desconocimiento. Desaprensión. Soberbia. Improvisación. Incompetencia. Un cóctel fatídico y autodestructivo fue el combustible de la causa nacional más justa y emotiva. El motor fundido de la última Junta Militar del Proceso de Reorganización Nacional (pretencioso eufemismo de la más cruel dictadura que conoció nuestro país), pretendió lavar la sangre con más sangre. Marchamos hacia las fronteras, a los bordes, a los filos del entendimiento, donde se repliegan las más oscuras ideologías. A los extremos de la muerte y el asesinato serial y metódico. Y la Argentina marchó. Y la Argentina se manchó de sangre y barro en la turba malvinera.
  • 43. Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas. - 43 - Nuestras tropas desembarcaron, y días más tarde una Task Force de cien buques navegaba a toda máquina hacia el Atlántico Sur, proa hacia, en palabras de Jorge Luis Borges, “unas islas demasiado famosas”. La Guerra de Malvinas mantiene aún heridas sin cerrar a ambos lados del Atlántico. Sobre esto intentaremos hablar en el desarrollo del presente libro.
  • 44. Lic. Atilio Augusto Amerio - 44 -
  • 45. Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas. - 45 - CAPÍTULO DOS El Servicio Militar Obligatorio. “El valor combativo de una tropa se basa en la calidad de los jefes. (…) El jefe debe convivir con su tropa y compartir con ella los peligros y las privaciones, las alegrías y las penas. Solamente con la observación personal puede formarse un juicio exacto sobre la capacidad y las necesidades de los hombres puestos bajo su mando”. Colegio Militar de la Nación. Reglamento de conducción (RC), Buenos Aires, 1955, números 11 y 12, págs. 2-3.-
  • 46. Lic. Atilio Augusto Amerio - 46 -
  • 47. Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas. - 47 - Antecedentes históricos. También llamada conscripción, o por su más conocido apodo, la colimba (formado por las primeras sílabas de corre, limpia, barre; tales las tareas más habituales del recluta), fue la institución que la sociedad argentina del Centenario instauró para asegurar la defensa de la patria. Para ello, entre 1901 y 1902 se redactó y sancionó la Ley 3948 de Servicio Militar Obligatorio y Convocatoria de Conscriptos. Corría la segunda presidencia de Julio Argentino Roca, y fue autor de la misma su Ministro de Guerra, el por entonces coronel Pablo Ricchieri. Esta ley se propuso como objetivo desterrar la leva forzosa como mecanismo de reclutamiento militar, y poner en manos de los ciudadanos la defensa de la Nación tomando como modelo la experiencia que ya se aplicaba en Alemania y en Francia. Al respecto, el diario La Nación publicó por aquellos días: “Los ciudadanos todos de 20 a 21 años pasarán por las filas del ejército, permaneciendo dos años unos en instrucción militar y seis meses los otros. Se establecen los dos períodos, considerando que las rentas de la nación no permiten sostener al presente 20 a 25.000 ciudadanos en el ejército permanente. Por nuestra parte, hemos sostenido y seguimos sosteniendo, que por medio del reclutamiento de conscriptos y la instalación del campo de maniobras, en la forma ideada por el coronel Ricchieri, se echan las bases de una organización militar definitiva en perfecta armonía con los adelantos de la época. Y esto es a lo que aspira el pueblo de la república, reconociendo que el más noble tributo de sus hijos consiste en prepararse para defender en cualquier emergencia el decoro de la patria”. 10 10 Organización militar: el proyecto del gobierno. Diario La Nación, Buenos Aires, 18 de julio de 1901.
  • 48. Lic. Atilio Augusto Amerio - 48 - Posteriormente la edad se bajó a dieciocho años y se mantuvo así hasta su desaparición a mediados de la década de 1990, donde un infausto hecho determinó su reemplazo por el actual sistema voluntario. Testimonio de un colimba. El sistema de ingreso a la colimba constaba de un sorteo donde los ciudadanos en edad de merecer la defensa nacional participaban obligatoriamente con los tres últimos números de su documento de identidad. El sorteo transmitido por radio era seguido nerviosamente por los ansiosos participantes que, por lo general, cursaban el último año de la escuela secundaria. Ese día los profesores se las veían en figurillas para intentar dar clase. Toda la atención se la llevaba el sorteo. Estaban los que se salvaban por número bajo, o sea que el sorteo los favorecía con una cifra inferior al cupo de ingreso asignado por las Fuerzas Armadas. Por ejemplo, se establecía que entre todos los sorteados entre el 000 y el 999, entraban los comprendidos a partir del 500. Las expresiones de desatada alegría de los números bajos convivían con la desazón de aquellos que habían sido beneficiados con una estadía de doce meses en alguna unidad militar de la Argentina con todos los gastos pagos. A continuación, un testimonio esclarecedor para comprender mejor de qué se trataba eso de estar bajo bandera. “En mi caso particular, fue la única vez en toda mi vida que me gané algo en un sorteo…. Y no fue gracioso.” “Unos meses después había que concurrir al reconocimiento médico. Era la última chance de zafar, si te detectaban algún problema físico te podías salvar de hacer la colimba. Llegaba un telegrama a tu casa donde te indicaban fecha, hora y lugar donde se realizaría la revisación médica. En la ciudad de Buenos Aires, la
  • 49. Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas. - 49 - sede del distrito militar estaba en el barrio de Palermo, lugar de asiento además del Regimiento de Infantería I “Patricios” y del Cuerpo de Ejército I.11 ” “En dos jornadas consecutivas un enjambre de médicos, enfermeras y asistentes procedían a realizarnos todo tipo de análisis clínicos, rayos equis, completar formularios, aplicarnos vacunas. El primer análisis que me realizaron fue una extracción de sangre, seguido de una vacuna antituberculosa (la BCG), ambas en el brazo derecho, e inmediatamente la vacuna antitetánica en el hombro izquierdo. Esta punzante bienvenida al mundo castrense me dejó los brazos doloridos por algunos días, pero era un pequeño anticipo de la temida revienta caballos12 que nos aplicarían el primer día de incorporados. Luego siguieron chequeos físicos, todos desnudos y en fila india, pasando por distintos consultorios: electrocardiograma, control odontológico, y una sucesión interminable de preguntas y respuestas que los asistentes iban volcando en formularios. Así nos pasamos toda la mañana.” “Al día siguiente la cuestión fue más administrativa. En esa instancia se definía quién seguía en carrera y quién no, una fase eliminatoria que, al contrario que en lo deportivo, festeja el que no se clasifica para la siguiente ronda. Nos entregaron los documentos con el resultado del examen médico. No lo leí hasta que llegué a mi casa. Estaba resignado, en esa época hacía mucha actividad física y sabía positivamente que no tenía ningún impedimento de salud para zafar del servicio. De todos modos, albergaba una pequeña esperanza de que alguien cometiera un error, o que a último momento hayan modificado el tope del sorteo (por mi número, 590, entraría seguro), en fin, muchas cosas se me cruzaban por la cabeza.” “Después de un largo viaje en colectivo llegué a casa, junté valor y abrí el documento. Busqué la página del resultado, lo vi… lo leí, lo releí como diez veces en pocos segundos… Un hermoso ‘APTO A’ y la firma de un teniente coronel me 11 En el lugar donde se definía el destino de miles de jóvenes que harían o no la colimba, hoy se levanta un importante hipermercado de materiales de la construcción y una majestuosa mezquita. Símbolo del paso de los tiempos. 12 Esta vacuna se aplicaba en la espalda, entre los omóplatos, y solía causar fiebre y vómitos el día posterior.
  • 50. Lic. Atilio Augusto Amerio - 50 - aseguraban casa, comida e instrucción militar en un cuartel por los próximos doce meses de mi vida.” “Finalizaba 1980, por lo tanto sabía que durante el año siguiente iba a estar ocupado cumpliendo con la Patria, y que más o menos a principios de 1982 ya estaría de baja y de regreso a mi vida civil. Para suavizar el mal trago me puse a planificar a largo plazo, a pensar en un futuro trabajo y en la facultad. Quería estudiar para abogado.” “Pero la historia nos tenía reservado a mí y a mis compañeros de la clase 1962 un capítulo especial y trágico que nunca imaginamos.” El final del Servicio Militar Obligatorio. El caso Carrasco. Un crimen perpetrado en una remota unidad de infantería de la provincia de Neuquén fue el factor desencadenante del final de la colimba. Omar Carrasco tenía diecinueve años y había sido convocado desde su Cutral Có natal para cumplir con el servicio militar en el Regimiento de Zapala, provincia de Neuquén. Ingresó el 3 de marzo de 1994. Era un muchacho tímido y retraído que nunca había salido de su pueblo, y de entrada fue objeto de burlas y abusos de parte de sus compañeros y superiores. Omar fue sorteado para realizar una instrucción individual nocturna, cínico eufemismo de lo que fue un baile13 interminable. Después, el subteniente Ignacio Canevaro y dos de sus ayudantes, los conscriptos Cristian Suarez y Víctor 13 Actividad habitual en el entrenamiento militar que consiste en realizar una serie de ejercicios físicos a las órdenes de un superior, bajo presión y a ritmo constante. También se le llama “manija” en el argot castrense. Se pretende con ello lograr disciplina, subordinación y aptitud psicofísica. Los abusos en estas prácticas llevan frecuentemente a ocasionar trastornos a quienes los padecen, incluso la muerte por causas cardíacas. En este caso se produjo con el agravante de que Carrasco tenía pocos días de incorporado, con lo cual no estaba entrenado o “en forma”. Por otra parte, los “bailes” a los reclutas solían ser exigentes, pero no debían incluir golpes, torturas o maltratos.
  • 51. Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas. - 51 - Salazar, le propinaron una feroz paliza. El cuerpo de Omar no dio más, y falleció a consecuencia de esos malos tratos. Era el día 6 de marzo de 1994. Sí, a Carrasco lo mataron sólo tres días después de su incorporación. Era un colimba sin instrucción militar. Era un colimba que ni siquiera sabía lo que era el ejército. Parecía una patética repetición de los hechos de 1982, sólo que esta vez quienes asesinaron a Omar Carrasco no fueron los ingleses, sino su propio ejército. Tampoco fue en tiempo de guerra, sino de paz. Ante el hecho consumado, los autores de la cobarde agresión ocultaron el cuerpo del infortunado Carrasco. El hallazgo del cadáver se produjo recién el 6 de abril, un mes más tarde, en un monte cercano a las barracas, en el lugar donde sus asesinos lo habían dejado. Inmediatamente comenzó una campaña de encubrimiento y un pacto de silencio. Se dijo que el soldado Carrasco se había escapado por no soportar el rigor y la disciplina de la vida militar, y se murió de frío. El complot no pudo sostenerse demasiado, en parte por la presión de la opinión pública que nunca creyó esa versión y organizó multitudinarias manifestaciones en la capital de Neuquén, y forzó también el inicio de una profunda investigación desde el más alto nivel del gobierno, específicamente desde la Jefatura del Ejército. La gente no sólo reclamaba por el esclarecimiento del crimen sino que también pedían el final del servicio militar obligatorio. La hipótesis de que Omar Carrasco había muerto por causas naturales se cayó a pedazos. El esclarecimiento era un hecho, y cada día se conocían más detalles macabros que permitieron reconstruir los acontecimientos. Un perro sabueso entrenado por los investigadores rastreó el trayecto completo del cuerpo de Omar, desde el lugar donde fue salvajemente golpeado hasta el monte donde lo abandonaron. Posteriormente, las pericias realizadas indicaron que Omar Carrasco murió varios días después de la paliza, agonizando en la más absoluta soledad.
  • 52. Lic. Atilio Augusto Amerio - 52 - Los autores fueron formalmente imputados por el crimen. La causa llegó a juicio oral, y el tribunal condenó a Canevaro a la pena de 15 años de prisión; y a Suarez y Salazar a 10 años. Al momento de escribir estas líneas todos están en libertad. Los siete militares (entre ellos un general) del Servicio de Inteligencia del Ejército que encubrieron el crimen y sembraron pistas falsas que intentaron culpabilizar a la víctima, no pudieron ser llevados a juicio, por lo que la causa prescribió y no hubieron condenas para ellos. La vieja práctica, los viejos métodos de la dictadura seguían vigentes. En agosto de ese mismo año el presidente Carlos Menem dictaba el decreto 1537, en el que ponía fin a la tristemente célebre colimba. El de Omar Carrasco no fue el único caso de vejámenes y muertes de conscriptos; en los noventa y dos años de historia del servicio militar obligatorio hubieron muchos más. Fue el último. Junto con la guerra de Malvinas, este crimen terminó de demostrar al pueblo argentino que quienes tenían la obligación de defenderlos no estaban a la altura de desempeñar tan honorable tarea. Quién sabe cuántas vidas salvó el Conscripto Clase 1975 Omar Carrasco, sin proponérselo. Soldados de plomo. Actualmente el esquema de reclutamiento de las fuerzas armadas es voluntario. La ley 24.429, sancionada el 14 de diciembre de 1994, estableció los requisitos de ingreso a las Fuerzas Armadas de la Nación, para todas aquellas
  • 53. Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas. - 53 - personas que así lo quisieren. Ya no hay más sorteos ni reclutamiento obligatorio. “Acá le traigo veinte voluntarios, pero devuélvame las maneas”, decían los reclutadores del siglo diecinueve que llevaban “gauchos vagos y mal entretenidos” a la leva forzosa de tropas del Ejército Nacional. Así se pelearon, entre otras, la guerra contra los indios (Conquista del Desierto), y la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay. Esos ejércitos se conformaban con gente de toda laya pero que no perseguían un afán de integración, sino que fueron más bien instrumentos de exterminio de minorías étnicas (afroamericanos principalmente), seres marginales, delincuentes e incluso prisioneros del otro bando que eran forzados a permutar sus lealtades, so pena de sufrir un sablazo propinado por sus nuevos jefes. En su afán modernizador y europeizante, la generación del ‘80 concibió el servicio militar obligatorio, dotando a la Nación de un concepto moderno de defensa nacional. Años más tarde, y después de la sangrienta lección de las dos guerras mundiales (algunos incluso antes), los países que inspiraron a los generales Roca y Ricchieri, adoptaron el modelo del ejército profesional moderno, conformaron la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), y dieron a sus fuerzas armadas el rol de defensa hemisférica, pero subordinadas inequívocamente al poder político. En tanto que los países de Europa del Este, bajo la órbita de la Unión Soviética, se unieron en el llamado Pacto de Varsovia, homólogo de la OTAN, aunque enfrentado a ella. Dentro de este contexto los ejércitos modernos adquirieron cada vez mayor y mejor adiestramiento y tecnología. La amenaza nuclear llevó a ambos bloques a un delicado equilibrio de fuerzas, donde la capacidad de disuasión se alimentó con el poder de los misiles. Había nacido la Guerra Fría, con ella el pingüe negocio de los fabricantes de armamentos, y la paranoia globalizada.
  • 54. Lic. Atilio Augusto Amerio - 54 - Mientras tanto, en el cono sur de América las fuerzas armadas jugaron un rol completamente distinto en el nuevo reparto del poder mundial. Desde la segunda mitad del siglo veinte comenzaron a inmiscuirse cada vez más en las cuestiones políticas, fomentando y participando en asonadas golpistas e interrumpiendo de facto gobiernos democráticos. Debemos reconocer que no hubiese sido posible sin un necesario apoyo de parte de la sociedad civil que, en mayor o menor medida, estuvo a favor de los golpes de estado, en desmedro de la práctica constitucional. Los gobiernos militares argentinos así constituidos no tuvieron quizás el condimento del personalismo a ultranza, sino que adquirieron un cariz pseudo liberal, siempre con un fuerte componente conservador y anticomunista. Ejemplos distintos fueron las dictaduras vitalicias de Anastasio Somoza (Nicaragua), Augusto Pinochet (Chile), Alfredo Stroessner (Paraguay), Fulgencio Batista (Cuba), y Getulio Vargas (Brasil), cuyos fuertes liderazgos incitaron el culto de la personalidad y la tiranía despótica y se mantuvieron en el poder durante décadas. No podemos decir lo mismo de Uriburu, Aramburu, Onganía, Videla o Galtieri y otras versiones menores de grises dictadores vernáculos. Dentro de su cosmovisión mesiánica la Argentina era la Europa (occidental) de América Latina, y ellos los Cruzados contra el comunismo dispuestos a desempeñarse con lealtad y patriotismo en la defensa nacional reprimiendo las ideologías extrañas. Definitivamente, y a pesar de sus matices, estos modelos fueron históricamente nefastos, aunque funcionales al poder occidental anticomunista. Hacia la década de 1960 las fuerzas armadas argentinas fueron archivando su misión constitucional consagrada a la defensa exterior y subordinación al poder político, migrando hacia una concepción más policial que dedicaba todos sus recursos y esfuerzos a la guerra contrarrevolucionaria (esto es la represión de la denominada agresión interna)14 , y bajo este concepto actuaron no solamente en Argentina sino también en el resto de América Latina asesorando, 14 El concepto de guerra contrarrevolucionaria fue creado por los franceses durante la guerra de Argelia (1954-62), y luego exportado a Sudamérica. Admitía la tortura como método de interrogatorio. Allí los franceses perfeccionaron el invento de un comisario argentino: la picana eléctrica.
  • 55. Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas. - 55 - por ejemplo, a los “contras” nicaragüenses y a los “escuadrones de la muerte” salvadoreños. La Doctrina de la Seguridad Nacional, pergeñada ideológicamente por la Casa Blanca entre el Secretario de Estado Henry Kissinger y el presidente estadounidense Richard Nixon, les dio el marco conceptual; y en 1964 el por entonces Comandante en Jefe del Ejército (y años más tarde presidente de facto de los argentinos), teniente general Juan Carlos Onganía, la verbalizó en una famosa alocución brindada en el marco de la Conferencia de Ejércitos Americanos, realizada en la academia militar estadounidense de West Point. En resumen, Onganía expresó que bajo ningún punto de vista las fuerzas armadas se someterían a la constitución y las leyes “si se produce, al amparo de ideologías exóticas, un desborde de autoridad que signifique la conculcación de los principios básicos del sistema republicano de gobierno, o un violento trastrocamiento en el equilibrio o independencia e los poderes”. En ese tiempo el temor al avance del comunismo replegó a los ejércitos latinoamericanos sobre sí mismos, buscando enemigos por todas partes y gestando el huevo de la serpiente de la represión ilegal, alcanzando momentos culminantes con el derrocamiento del presidente constitucional chileno Salvador Allende en septiembre de 197315 ; y en la Argentina con el Proceso de Reorganización Nacional a partir del 24 de marzo de 197616 . Entre los años 1975 y 1976, el Ejército Argentino tuvo la oportunidad de demostrar todo lo aprendido en guerra contrarrevolucionaria durante el Operativo Independencia, donde aniquiló a la guerrilla del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), que se había hecho fuerte en el monte de la provincia de Tucumán, una zona que por sus características de clima y geografía se 15 El golpe fue liderado por el general Augusto Pinochet Ugarte, quien era colaborador de Allende. En un hecho sangriento sin precedentes el palacio presidencial (la Casa de la Moneda) fue bombardeado por aviones y tropas terrestres. El presidente Allende resistió el ataque junto a un pequeño grupo de hombres pero finalmente fue cercado. Eligió suicidarse antes que rendirse. Sucedió el 11 de septiembre de 1973. 16 Con el derrocamiento de la presidenta María Estela Martínez de Perón (Isabelita), se instaló en el poder una junta militar integrada por un representante de cada una de las FF.AA. Eran el teniente general Jorge Rafael Videla, el almirante Emilio Eduardo Massera, y el brigadier Orlando Ramón Agosti. Con ellos se inician los años trágicos de la Argentina, que culminaron con miles de desaparecidos, la guerra de las Malvinas y una crisis económica y social sin precedentes.
  • 56. Lic. Atilio Augusto Amerio - 56 - asemejaba a la jungla de Vietnam, “ícono de la resistencia al imperialismo.” Campos de concentración y de exterminio, llamados eufemísticamente Lugar de Reunión de Detenidos (LRD) por el jefe del operativo, general Acdel Vilas; los sistemáticos interrogatorios a cargo de oficiales de inteligencia del ejército; secuestros, torturas y muertes; fueron el saldo de la victoria contra la subversión en Tucumán. El Operativo Independencia había sido ordenado por el gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón. El general Vilas fue luego reemplazado por el general Antonio Domingo Bussi, quien continuó y finalizó la faena y más tarde, ya con la Junta Militar del Proceso en el poder, fue gobernador de facto de la provincia. En la vuelta a la democracia, Bussi fue acusado y condenado por secuestro, asesinato y enriquecimiento ilícito, pero fue beneficiado por la Ley de Punto Final. En 1995 los tucumanos lo eligieron gobernador de la provincia, esta vez mediante las urnas. Lo que se dice, un hombre de suerte. Mientras termino de escribir estas líneas, un nuevo juicio condenó a cadena perpetua al octogenario militar, por apropiación ilegal de menores (robo de bebés), durante el gobierno del Proceso, un crimen que no prescribe. Por esos mismos años, las fuerzas armadas y de seguridad también se enfrentaron con la guerrilla urbana. Los Montoneros, una facción armada del peronismo detentaba un espacio de poder muy importante, cuya demostración cumbre fue el secuestro y posterior asesinato del ex presidente de facto de la llamada Revolución Libertadora17 , teniente general Pedro Eugenio Aramburu. Las operaciones de represión a los Montoneros principalmente, y otros grupos guerrilleros que actuaban en las ciudades18 , se encuadraron fielmente dentro de los lineamientos de la guerra contrarrevolucionaria, por lo que cada 17 Golpe militar que en 1955 derrocó al gobierno constitucional de Juan D. Perón durante su segundo mandato. 18 Entre ellos estaban, además de Montoneros, las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) y también el ERP.
  • 57. Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas. - 57 - hogar, escuela, iglesia, fábrica, hospital o universidad fue un virtual campo de batalla. Funcionó incluso en el exterior: a través de las acciones de inteligencia del Centro Piloto de París (dependiente del almirante Massera) se persiguió y cazó a los Montoneros exiliados en Europa. Se destacó en esas funciones, entre otros, un joven oficial de la Armada llamado Alfredo Astiz, sobre el que volveremos más adelante. No se recuerdan de esos años grandes batallas, donde los adversarios cara a cara se hayan disputado la victoria. Hubieron sí irracionales copamientos de algunas unidades militares por parte de la guerrilla que fueron violentamente repelidos19 , y sangrientos atentados explosivos que no hacían distinciones ideológicas entre sus víctimas. La República Argentina estaba realmente sumida en un caos político, social y económico, a merced de bandas de terroristas de todos los signos ideológicos. Unidades y guarniciones militares como la Escuela de Mecánica de la Armada, Campo de Mayo y muchas otras fueron utilizadas como centros clandestinos de detención. Aviones de la Fuerza Aérea arrojaban a los detenidos previamente drogados a las aguas del Río de la Plata y el Mar Argentino, en los llamados “vuelos de la muerte”. Las armas de la nación se ensuciaron en una lucha de argentinos contra argentinos. Viene en este momento a mi memoria el general José de San Martín, cuando juró jamás desenvainar su espada para luchar contra un compatriota, y que prefirió marchar al exilio antes que participar en las guerras fratricidas de mediados del siglo diecinueve. ¡Qué lejos habían quedado los ejemplos y enseñanzas de nuestros héroes…! ¡Qué visión tan alejada de la justicia teníamos los argentinos por aquel entonces…! Meses después de ganar el Mundial de Fútbol de 1978, en los días previos a la Navidad, nuestro país estuvo al borde de entrar en guerra con Chile a raíz de un diferendo limítrofe conocido como el conflicto del canal de Beagle. La disputa 19 Los ataques al Batallón 601 de Arsenales Domingo Viejobueno, en Monte Chingolo; al Comando de Sanidad, en Buenos Aires; al Regimiento 10 de Caballería Blindada, en Azul; al Batallón 141 de Comunicaciones, en Córdoba, entre otros. La finalidad principal de los guerrilleros en estos ataques era obtener armas y municiones.
  • 58. Lic. Atilio Augusto Amerio - 58 - territorial sobre las islas Picton, Nueva y Lennox, ubicadas en la desembocadura de ese canal del extremo sur continental, motivó aprestos bélicos para desembarcar y tomarlas por la fuerza. A través de un representante, el gobierno estadounidense condenó el hecho: “Si ustedes toman una sola roca, por minúscula que sea, el gobierno de los Estados Unidos y sus aliados de la OTAN los van a calificar de agresores. Le pediría que transmitiera este mensaje con claridad absoluta a Buenos Aires. El presidente Carter está al tanto de nuestra conversación…” 20 Palabras casi premonitorias de lo que vendría en 1982, y que la Junta Militar ignoró. La radio y la televisión atronaban con el slogan “Argentinos: marchemos a las fronteras”. Millares de afiches empapelaban las ciudades. La flota argentina zarpó hacia las islas, dando inicio a la Operación Soberanía. Entonces intervino el azar, o la providencia, porque una repentina tormenta en alta mar (no es verso) zarandeó a los buques argentinos, retrasando su navegación y puso en peligro el desarrollo de las operaciones, por lo que la misión debió aplazarse. Ese repentino milagro de Navidad frenó una segura guerra con Chile, pueblo hermano con el que nos une la historia, la geografía, la cultura, las costumbres y la religión. Fue justamente esta última coincidencia la que conminó a la beligerante Junta Militar argentina a aceptar el arbitraje del recientemente electo Papa Juan Pablo II, quien envió al cardenal Antonio Samoré a mediar entre los malevos de estas tierras. Y Samoré fue –literalmente- arrojado a las fieras. El delegado papal inició gestiones ante los amos de la vida y de la muerte en ambos lados de la cordillera: los generales Pinochet y Videla, para detener la temida escalada 20 Bob Pastor, asesor para asuntos interamericanos de los EE.UU. Nota publicada en La Nación, Buenos Aires, el 21 de diciembre de 2003.
  • 59. Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas. - 59 - bélica. Puso a prueba su fe y, gracias a Dios, salió airoso. Los pueblos de Argentina y Chile le debemos mucho y se lo agradecemos. La mediación del Vaticano frenó a último momento el inicio de las hostilidades y el derramamiento de sangre. Pero el espíritu belicoso de la Junta Militar argentina necesitaba una satisfacción, un hecho resonante que remendara su poder cada vez más raído. Los militares argentinos no sabían qué hacer con la adrenalina de la “casi guerra” que les fluía a torrentes. Con los dientes apretados volvieron a cuarteles de invierno. La oportunidad les llegaría pronto. “Acordate bien, hermano y nunca te olvidés: la Paz y Soberanía tenemos que defender.” Y el siguiente paso fue Malvinas, poco más de tres años después. En la actualidad existen y pueden verse en la isla Nueva las fortificaciones chilenas sobre la playa; y en una de las márgenes de la isla Grande de Tierra del Fuego, sobre el estrecho de Magallanes, los campos minados, como testigos de la guerra que no fue. Pero adónde queremos llegar con esta retrospectiva histórica de algunos de los peores años de la Argentina. El punto es que, sumergidas en esta ciénaga fratricida, las fuerzas armadas argentinas perdieron el objetivo. El hecho de actuar en política, donde generales, almirantes, brigadieres y otros oficiales jefes ocupaban cargos de gobierno y administrativos hizo que el adiestramiento, la capacitación y la actualización en sus fines específicos -el comando de una fuerza para la defensa nacional- hayan quedado relegados. Las fuerzas armadas, si se me permite el término, se rebajaron a cumplir tareas más propias de fuerzas de seguridad (policía, gendarmería, prefectura naval), y administrativas. La guerra sucia desdibujó su rol, lo deformó y pervirtió. Borrachos de poder, los jefes resignaron su liderazgo a cambio de rodearse de adulones y cortesanos, y
  • 60. Lic. Atilio Augusto Amerio - 60 - gruesos fajos de billetes verdes, al tiempo que eliminaban opositores. Se convirtieron en “panzones”.21 Mientras tanto, en los cuarteles los colimbas corrían, limpiaban y barrían, haciendo las veces de personal de servicio en las barracas y en los domicilios particulares de sus jefes. El colimba era chofer, jardinero, albañil, pintor y mucamo. Incluso cocinero, niñero y bufón. Hasta amante de ocasión. Pero también era soldado, porque vestía uniforme, saludaba a la bandera y hacía guardias con un fusil al hombro. Estaba verde y no lo dejaban salir (Charly García dixit). Y así marchamos a la guerra contra los profesionales ingleses, montados en la nube de las viejas glorias de la Guerra de la Independencia del siglo diecinueve. Pero con fuerzas armadas cartelizadas: con las peores tácticas, y las estrategias ausentes clamaron por San Martín, Belgrano, Güemes, o Santiago de Liniers. Ni siquiera, para bien o para mal, Roca o Alvear. Ni un solo líder de verdad. Teníamos a Galtieri, Anaya, Lami Dozo, Menéndez, Parada, Lombardo, Nicolaides, Vaquero. Soldados de plomo. Generales de desfile y de escritorio que sólo conocían las armas de los catálogos y los tiros de los polígonos de práctica. Cuando los cañones hablaron, brillaron por su ausencia. ¿Volverá la colimba? Las voces nostálgicas de los que quieren que vuelva la colimba se oyen con frecuencia. Enancados en razonamientos pueriles ciertos individuos valoran sobremanera la disciplina, virtud que –según ellos- los jóvenes del siglo veintiuno aún no han conocido. Algunos en su audacia van más allá, y pretenden con el 21 Apodo despectivo que utilizaban los cuadros del ejército para referirse a sus jefes.
  • 61. Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas. - 61 - regreso de la colimba resolver los graves problemas de delincuencia e inseguridad que afectan a las grandes ciudades del país. ¿Qué solución pueden proponernos esos oscuros personajes amantes de la mano dura y el gatillo fácil?: el regreso del Servicio Militar Obligatorio. En palabras de Alejandro Dolina, “han tomado irremediablemente el rumbo de los tomates…” Estas elucubraciones, tan absurdas como mediocres, desconocen que el principal rol formador de la juventud está en el hogar, donde los padres son los máximos responsables. Luego en la escuela, donde la educación formal va llenando los huecos culturales y se va conformando la personalidad del individuo cívico. Ambas instituciones –familia y educación- atraviesan profundas crisis, y pretender resolverlas a través de la vuelta a las fuerzas armadas, por favor, es poco serio. Hacer de niñera no es el rol que les ha asignado la Constitución Nacional. Excede el propósito de este libro el intento de explicar por qué la familia y la educación atraviesan una época crítica, pero mi apreciación es que sus roles, alcances y efectos dependen intrínsecamente del modelo de sociedad y de país que estamos buscando; búsqueda que también incorpora a los otros actores sociales: a las fuerzas armadas, a la política, a las empresas y sindicatos, a las organizaciones no gubernamentales, en definitiva a toda construcción social, económica o política que necesita de una identidad aglutinante para funcionar, ese ser argentino que tanto hemos despreciado mirando y copiando modelos foráneos. Pero no puede modificarse el todo si primero no cambian sus partes. No es con la vuelta del servicio militar obligatorio como se resuelven las grandes deudas que el estado nacional tiene con la sociedad argentina: asegurar la salud, la educación y la seguridad de todos.
  • 62. Lic. Atilio Augusto Amerio - 62 - Aquellos que añoran la colimba son los mismos que siguen sosteniendo que “ahí te hacías hombre”, que aprendías a acatar la autoridad y que se avivaban los giles. Personalmente, no comparto la liviandad del razonamiento. La memoria es selectiva, de a poco va borrando los malos recuerdos, y luego en sobremesas etílicas y charlas entre amigos las anécdotas gratas de la colimba suelen ser un tema dominante. Difícilmente quien haya estado bajo bandera y vivido la guerra en persona tenga ganas de compartir el recuerdo del horror imborrable. Entonces, señores apóstoles de la nostalgia: ¿Por qué no les preguntan a las madres y padres de nuestros caídos en la guerra qué opinan sobre restaurar el viejo sistema de servicio militar obligatorio? ¿Por qué no les piden a los ex combatientes y veteranos de guerra que les cuenten lo que han vivido, a ver entonces qué piensan? ¿Por qué no les preguntan a las actuales Fuerzas Armadas si quieren volver al anacrónico sistema del pasado, con todo lo que le cuesta a la nueva generación de militares argentinos acarrear la mochila del desprestigio que les legaron los personeros de la derrota? Y por último, ¿por qué no les preguntan a los padres de los chicos que hoy tienen dieciocho años si quieren que sus hijos cumplan un servicio militar obligatorio, y que puedan tomar parte –hipotéticamente- en una guerra? Es de cobardes arriesgar la vida de otros sin poner en juego la propia. Sólo los pusilánimes buscan en los demás la responsabilidad de su propio fracaso. El ideario de los hipócritas ya se olvidó de las marchas multitudinarias pidiendo el fin de la conscripción cuando tomó estado público el salvaje asesinato de Omar Carrasco.
  • 63. Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas. - 63 - Quizás su madre tenga las respuestas que esos nostálgicos pretenden conocer.
  • 64. Lic. Atilio Augusto Amerio - 64 -
  • 65. Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas. - 65 - CAPÍTULO TRES Primera sangre. “La guerra es el arte de destruir a los hombres; la política es el arte de engañarlos.” Jean D’Alembert
  • 66. Lic. Atilio Augusto Amerio - 66 -
  • 67. Clama el viento. Los caminos hacia Malvinas. - 67 - Pesos pesados. La Junta Militar ansiaba su momento de gloria. Un triunfo resonante que acallara los reclamos internacionales por las violaciones a los derechos humanos, y que soterrara la crisis económica y social del modelo neo liberal parido por los maquiavélicos economistas del Proceso. Urgía establecer un acuerdo social con el desengañado pueblo de la república cada vez más golpeado, más harto, más rebelde y reacio a las botas y los fusiles, a las que había confiado en 1976 su propia salvación. Las potencias mundiales observaron con atención los hechos acontecidos entre Chile y Argentina. Los Estados Unidos condenaron la actitud agresora de la Junta Militar argentina, por lo que fueron consecuentes con la política exterior que en materia de derechos humanos sostuviera la administración de James Carter. Pero los tiempos en el país del norte habían cambiado. En 1981 asume como presidente el representante del partido republicano y ex actor de Hollywood Ronald Reagan, quien enseguida se diferencia de su antecesor estableciendo una política agresiva en materia de lucha contra el comunismo, especialmente en Centroamérica, y en general contra todo tipo de manifestación continental opuesta a los intereses norteamericanos. Su país intervendrá apoyando la contrarrevolución sandinista en Nicaragua, en la guerra civil en El Salvador y, luego de Malvinas, en la intervención militar a Panamá y la invasión a la isla de Grenada en el Caribe (en estos dos últimos casos con el aporte de tropas regulares estadounidenses, dando inicio a una nueva versión de colonialismo-imperialismo). Para llevar adelante su estrategia dentro del nuevo esquema geopolítico internacional los Estados Unidos necesitaban países aliados. Conscientes del desastre que significó Vietnam, cuyo recuerdo estaba muy fresco en la memoria de los estadounidenses, el gobierno de Reagan decidió “tercerizar” la guerra contrarrevolucionaria, por lo que fomentó amistades de conveniencia con países latinoamericanos gobernados por dictaduras militares. En ese contexto, las fuerzas armadas de nuestro país, en especial el Ejército, cumplieron un rol