Juan el Bautista predicaba en el desierto llamando a la conversión. Cuando la gente le preguntaba qué debían hacer, les respondía que compartieran lo que tenían con los necesitados. Advirtió que Dios pronto juzgaría a todos, salvando a los que dieran frutos de conversión pero condenando a los arrogantes. Juan anunciaba la llegada de uno más poderoso que él, Jesús, quien bautizaría con el Espíritu Santo y separaría el trigo de la paja.