El documento describe cómo los monopolios y carteles dominan la economía hondureña a pesar de estar prohibidos por la constitución. Estos grupos económicos influyen en el gobierno para que apruebe leyes y decretos que los favorecen y eliminen la competencia, lo que permite que controlen industrias como el cemento, el azúcar, la harina de maíz y la telefonía celular. Como resultado, los consumidores hondureños pagan precios más altos por estos productos y servicios.