Este documento critica las enseñanzas contemporáneas de la "prosperidad" que predican que Dios quiere que sus seguidores sean ricos. Argumenta que Jesús enseñó que las riquezas pueden apartar a la gente de Dios y que los primeros cristianos vivían humildemente. Concluye que no se puede servir a la vez a Dios y al dinero.