La leyenda cuenta que en la India antigua un sabio inventó el juego del chaturanga, antecesor del ajedrez moderno, para enseñarle al soberano indio a tratar bien a su pueblo. El juego mostraba que el rey dependía de sus piezas para defenderse. Más tarde, el sabio pidió al rey una recompensa de granos de trigo crecientes por casilla que resultó imposible de pagar, demostrándole así su poder limitado.