Alcibíades
¿discípulo de Sócrates?




      Guillermo Barber Soler
        Federico Caivano
Introducción
        El personaje de Alcibíades ha sido íntimamente relacionado con Sócrates en
muchos ámbitos. Numerosas fuentes nos confirman su existencia y relatan hechos de su
vida, constatando a su vez la relación que mantuvo con Sócrates en su juventud.
        Es notable su presencia en varios diálogos platónicos, en los que aparece como
uno de los seguidores más acérrimos de Sócrates, y como uno de sus enamorados. Sin
embargo, sus biografías narran una adultez alejada de los principios socráticos de la
virtud, la humildad y la verdad. Alcibíades es descripto como un joven político y
estratega amante de la bebida y las orgías, soberbio, vergonzoso y temeroso de la
muerte (todas características contrarias al modelo de virtud que enseñaba Sócrates).
Llegó a ser odiado por la clase política de Atenas y se ganó enemigos en todo lugar en
el que estuvo.
       Es por esto que la acusación realizada por Anito y Meleto a Sócrates, en la que
le imputaban “corromper a los jóvenes”1, está ligada a los crímenes que cometieron
Critias y Alcibíades, quienes fueran discípulos suyos en la juventud, ya que
consideraban que Sócrates era responsable de aquello por haberlos “corrompido”. Pero
justamente es por haberse alejado de sus enseñanzas y por no haberlas seguido por lo
que se convirtieron en lo que fueron.
        A continuación caracterizaremos al personaje real y ficticio de Alcibíades y la
actitud frente a las enseñanzas de Sócrates que mantuvo a lo largo de su vida, para
separar así su vida real del ideal socrático de virtud, tomando principalmente lo
expuesto por Platón en los diálogos de la Apología de Sócrates y de El Banquete.




1
    Platón, Apología de Sócrates, 24b; Jenofonte, Apología de Sócrates, 10.



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Desarrollo
                                                I
                                        Vida de Alcibíades

        Alcibíades nació en el año 450 a.C. Tras la muerte de su padre en el 447 a.C.,
pasó a ser educado por su tío Pericles, renombrado político griego. Durante su
adolescencia tuvo importantes profesores, y fue seguidor de Sócrates2. De éste y de su
tío Pericles aprendería el arte de la retórica y la oratoria3.
        Alcibíades tomó parte en la batalla de Potidea en 432 a. C., donde Sócrates salvó
su vida, favor que le devolvió en la batalla de Delio en 424 a. C. Se casó con Hipareta,
la hija de Hipónico, un rico ateniense. Hipareta intentó divorciarse porque Alcibiades
gastaba sus riquezas en orgías y frecuentaba a las cortesanas, aunque terminó viviendo
con él hasta su muerte.
        En el 421 a.C. se firmó entre Atenas y Esparta la llamada Paz de Nicias, que
terminaría con los conflictos entre ambas ciudades por un lapso de 50 años. Alcibíades
estaba en contra de esta resolución y abogaba por una línea más agresiva de la política
ateniense. Se ganó así la enemistad del mismo Nicias y de Laques, importantes políticos
y defensores de la Paz. Durante las negociaciones entre Atenas y Esparta, Alcibíades
intentó desbaratar la misión de los negociantes espartanos, destruyendo su credibilidad.
Logrando esto, incrementó su prestigio, a la vez que avergonzaba a Nicias y su postura
pacifista. Alcibíades fue nombrado entonces general, armó una alianza de ciudades en
contra de Esparta y marchó sobre el Peloponeso. Esta alianza fue finalmente vencida en
la batalla de Mantinea.
        Luego de esto, Alcibíades se dedicó a organizar una expedición a Sicilia, como
apoyo a la ciudad de Segesta y en contra de Siracusa, principal aliada espartana. Nicias
fue nombrado general junto con él, pero durante los preparativos de la expedición
estatuas del dios Hermes fueron mutiladas en toda Atenas. Alcibíades y sus amigos
fueron inmediatamente acusados por estos hechos, y su juicio se postergó para su
vuelta. Aprovechando su ausencia, los enemigos de Alcibiades empezaron a acusarlo de
sacrílego y de enemigo de la democracia, cambiando así la opinión popular a su favor.
Se mandó a buscar a Alcibíades para someterlo a juicio, pero durante su vuelta a Atenas
escapó con su tripulación. Fue juzgado entonces “en ausencia” y condenado a muerte.
Ya fuera de la ley ateniense, Alcibíades previno a los siracusanos del ataque. Nicias, al
mando ahora de la expedición, no pude lograr la victoria y su misión se vio frustrada.
       Luego de esto Alcibíades buscó asilo en Esparta, "prometiendo ofrecerles una
ayuda y un servicio más grandes aún que todo el daño que antes les había hecho como


2
    Plutarco, Vidas paralelas: Alcibíades, X
3
    Ídem, I.


                                                                                       3
enemigo"4. Alegando que los atenienses querían conquistar toda Sicilia, Italia y Cartago,
Alcibíades convenció a los espartanos de que organizaran la defensa de Siracusa y el
ataque a las fuerzas enemigas en la región, para ganarse así su confianza como
consejero militar5. Aprovechó entonces la decadencia de Atenas para animar a las
ciudades dominadas por ella a que se rebelaran6. Sin embargo, Alcibíades perdió al poco
tiempo el favor del gobierno espartano al descubrirse una aventura amorosa que tenía
con la esposa del mismísimo rey espartano, Agis II. EL rey mandó a matar a Alcibíades,
pero este, siendo advertido, logró escapar y se dirigió a Persia.
       Allí se ganó la confianza del sátrapa Tisafernes, y buscó a través de su influencia
en su corte entablar relaciones secretas con las ciudades griegas para así desgastar tanto
a Atenas como Esparta. Según Tucídides, sus verdaderas motivaciones eran usar su
supuesta influencia con los persas para provocar su restauración en Atenas7.
        Asumiendo el hecho de que la democracia nunca estaría de acuerdo con su
regreso, buscó ganarse la confianza de los generales atenienses y prometió que, si se
instalaba una oligarquía, se limitaba la constitución y se aseguraba su regreso por medio
de una votación, el volvería a Atenas con dinero persa, una flota persa de 147 trirremes
y el apoyo de Tisafernes y del Rey de Persia. Frente al inminente ataque de los
espartanos, Atenas buscó negociar con Alcibíades el apoyo suyo y de los persas, pero al
retirar Tisafernes su apoyo (ya que consideraba que era más beneficioso mantenerse
neutral), Alcibíades debió inventar condiciones extremas a Atenas para que debieran
romper con las negociaciones.
       Luego de sucesivas rebeliones en Samos y en Atenas, donde se intentó imponer
una oligarquía, Alcibíades fue finalmente restituido como general ateniense, para poder
así hacer frente las fuerzas del Peloponeso. Sin embargo, ya no contaba con la
influencia sobre el sátrapa persa (si es que alguna vez había contado con ella), por lo
que debió arreglárselas por sus propios medios para lograr la victoria. Tras varias
derrotas espartanas, Alcibíades regresó triunfal a Atenas8, y todos los cargos contra él
fueron oficialmente retirados.
        Sin embargo, en su siguiente misión contra la flota espartana (ahora apoyada por
un nuevo sátrapa persa), su timonel, Antíoco, desobedeció su orden expresa de no
atacar, y llevó a la flota ateniense a la derrota. La responsabilidad recayó entonces sobre
Alcibíades, quien fue desposeído del mando. Se condenó al exilio y se retiró junto con
sus principales aliados, entre los que estaba Critias9. Un tiempo después, Atenas debió
rendirse tras nuevas derrotas.
       Cuando Alcibíades viajó a Persia para buscar el apoyo del Rey Artajerjes, el
sátrapa Farnabazo, a pedido del almirante espartano Lisandro, lo mandó a matar. Su



4
  Ídem, XXIII
5
  Tucídides, La Guerra del Peloponeso, VI, 89-90; y Kagan, D., The Peloponnesian War, Viking
Penguin, 2003, pp. 282-283.
6
  Plutarco, op.cit., XXIV; y Tucídides, op.cit., VIII, 26.
7
  Tucídides, op.cit. VIII, 47.
8
  Jenofonte, Helénicas, 1, 4, 13.
9
  Plutarco, op.cit. XXXIII.


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residencia fue rodeada e incendiada cuando él se disponía a ir a la corte persa. Murió
acribillado por una lluvia de flechas cuando salía10.
       Según otras fuentas, Alcibíades había seducido a una joven, cuyos hermanos
incendieron la casa y lo mataron cuando intentaba escapar.




10
     Ídem, XXXIX.


                                                                                    5
II
                           El modelo socrático de perfección

       Queda expuesta de una manera sintetizada la vida del Alcibíades histórico.
Pasemos entonces a caracterizar el modelo socrático de la virtud, expuesto
principalmente en la Apología y en El Banquete.
           Analizaremos este modelo en base a dos ramas:




                   1. En primer lugar, la búsqueda de la verdad: Básicamente consiste en
                      la idea socrática (y platónica) del uso de la retórica o dialéctica con el
                      fin de encontrar la verdad, caracterizada por ser única y objetiva. Esto
                      es lo que diferencia primeramente a Sócrates de los sofistas de la
                      época, cuyo objetivo y diversión era la discusión con el único fin de
                      convencer al “contrincante”, más allá de si era verdad o no lo que se
                      defendía. En El Banquete, por ejemplo, Sócrates dice, irónicamente:
                      “Llevado por mi ingenuidad, creía, en efecto, que se debía decir la
                      verdad sobre cada aspecto del objeto encomiado […]. Ciertamente
                      me hacía grandes ilusiones de que iba a hablar bien, como si supiera
                      la verdad de cómo hacer cualquier elogio. Pero, según parece, no
                      era éste el método correcto de elogiar cualquier cosa, sino que, más
                      bien, consiste en atribuir al objeto elogiado el mayor número posible
                      de cualidades y las más bellas, sean o no así realmente; y si eran
                      falsas, no importaba nada. Pues lo que antes se nos propuso fue, al
                      parecer, que cada uno de nosotros diera la impresión de hacer un
                      encomio a Eros, no que éste fuera realmente encomiado.”11 Es tal la
                      necesidad de Platón de diferenciar a su maestro de los sofistas, que en
                      casi todos los diálogos aclara que él no es uno de ellos, e incluso lo
                      enfrenta en discursos contra los sofistas. Así, en Gorgias hace decir a
                      Sócrates: “Por tanto, si tú eres del mismo tipo de hombre que yo soy,
                      te interrogaré con gusto; si no, lo dejaré. ¿Qué clase de hombre soy
                      yo? Soy de aquellos que aceptan gustosamente que se les refute, si
                      no dicen la verdad, y de los que refutan con gusto a su interlocutor,
                      si yerra; pero que prefieren ser refutados a refutar a otro, pues
                      pienso que lo primero es un bien mayor, por cuanto vale más
                      librarse del peor de los males que librar a otro; porque creo que no
                      existe mal tan grave como una opinión errónea sobre el tema que
                      ahora discutimos”12. Podemos entonces distinguir la idea socrática de
                      la retórica de la idea sofista y el fin para el que cada uno la utiliza.
                      Sócrates y Platón no sólo se diferencian del fin sofista de la retórica
11
     Platón, El Banquete, 198d-199b.
12
     Platón, Gorgias, 458a.


                                                                                              6
sino que lo critican enérgicamente, ya que consideran sobre todo la
                      búsqueda de la única verdad, y la idea sofista va justamente en contra
                      de eso.



                  2. En segundo lugar, el ordenamiento de las pasiones y la
                     superioridad de la vida interior: Para Sócrates y para Platón, la
                     verdadera belleza y lo verdaderamente importante no es el placer
                     físico o sexual, sino más bien el placer intelectual, producido por el
                     conocimiento de la verdad y por la perfección del sujeto. Esta se
                     realiza por el ordenamiento de las pasiones hacia los fines superiores.
                     En cuanto a la superioridad de la belleza interior, podemos ver en El
                     Banquete que Sócrates dice a Alcibíades: “En tal caso, debes estar
                     viendo en mí, supongo, una belleza irresistible y muy diferente a tu
                     buen aspecto físico. Ahora bien, si intentas, al verla, compartirla
                     conmigo y cambiar belleza por belleza, no en poco piensas
                     aventajarme, pues pretendes adquirir lo que es verdaderamente bello
                     a cambio de lo que lo es sólo en apariencia, y de hecho te propones
                     intercambiar oro por bronce”13. A lo que Alcibíades responde
                     posteriormente en el diálogo: “¿Qué sentimientos creéis que tenía
                     yo, pensando, por un lado, que había sido despreciado, y admirando,
                     por otro, la naturaleza de este hombre, su templanza y su valentía,
                     ya que en prudencia y firmeza había tropezado con un hombre tal
                     como yo no hubiera pensado que iba a encontrar jamás?”14. Vemos
                     así cómo la templanza, la prudencia y la firmeza son admiradas por el
                     joven Alcibíades, quien a su vez ve en estas virtudes algo ajeno a sí y
                     hasta curioso. Entre los ejemplos y anécdotas que muestran la
                     capacidad de autodominio de Sócrates, rescataremos la siguiente:
                     “En cambio, en las comidas abundantes sólo él era capaz de
                     disfrutar, y especialmente en beber, aunque no quería, cuando era
                     obligado a hacerlo vencía a todos; y lo que es más asombroso de
                     todo: ningún hombre ha visto jamás a Sócrates borracho.”15 Cuando
                     Alcibíades dice esto en su elogio, parece realmente asombrado de la
                     capacidad de autocontrol de su maestro, hasta el punto de creer que
                     es algo fuera de las capacidades normales, lo que, en cierta manera,
                     lo aleja de pensarse a sí mismo al nivel de esas capacidades.




       Con este resumen del ideal socrático de perfección, basado, si se quiere, en el
perfeccionamiento de la Inteligencia (a través de la búsqueda de la verdad) y de la
Voluntad (a través del autocontrol), podemos dedicarnos a hacer la diferenciación del
13
   Platón, El Banquete, 218e.
14
   Ídem, 219d
15
   Ídem, 220a


                                                                                          7
tipo de vida llevado por Alcibíades (con el cual y por el cual cometió sus peores
crímenes) y el tipo de vida enseñado por Sócrates a sus discípulos, tanto con la teoría
como con el ejemplo.




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III
                          Las falsas acusaciones a Sócrates

         Los crímenes de Alcibíades, que llevaron a la ruina de Atenas y al desgaste de
toda la Grecia Antigua, fueron en gran parte causa de las inculpaciones que recibió
Sócrates. Jenofonte, mencionando los cargos atribuidos éste, dice: “Habiéndose
convertido Critias y Alcibíades en discípulos de Sócrates, hicieron numerosos males a
la ciudad. Por un lado, Critias fue, en la época de la oligarquía, el más desvergonzado
ladrón, violento y asesino de todos16; por otro lado, Alcibíades, durante la democracia,
fue a su vez el más descontrolado, insolente y violento de todos”17. A continuación
siguen argumentos defensivos de Jenofonte, quien advierte que no pretende disculpar a
Critias y a Alcibíades, sino explicar su relación con Sócrates, el tiempo que pasaron con
él y el desaprovechamiento o mal uso que hicieron de sus enseñanzas.
        Es curioso que los hechos narrados en El Banquete, en los que Alcibíades
aparece de una manera vergonzosa (borracho, haciendo ruido y clamando
caprichosamente por la atención de Agatón y de Sócrates18), coincidan en fecha con el
año en que Alcibíades, estando en preparación de su expedición a Sicilia, fue acusado
de mutilar los hermai o estatuas de Hermes. Según los acusadores, esto habría sido en
una noche de fiestas y bebidas, y Alcibíades habría estado acompañado de varios
amigos, como sucede en El Banquete. Aunque no se sepa si estas acusaciones son
verdaderas (pues Alcibíades tenía enemigos que querían lograr su condena), es
destacable la personificación que hace Platón del personaje en el momento indicado. El
diálogo a su vez narra que Alcibíades ya había dejado de frecuentar a Sócrates, a quien
miraba ahora más que nada como un fenómeno extraño y una persona a la que no había
entendido completamente. Es curioso, a su vez, que el encargado de realizar el elogio de
Sócrates sea nada más y nada menos que su discípulo más vergonzoso y quien ha
influido tanto en su acusación (pues Platón escribe el diálogo 15 años después de la
muerte de su maestro y más de 30 años después del suceso del banquete y de la
mutilación de los hermai). Pero también es lógico que narre el elogio de Sócrates aquél
que lo ha conocido en su intimidad y quien más ha escuchado sus amonestaciones y
exigencias. Aunque Alcibíades no haya seguido el ejemplo y las enseñanzas de su
maestro, es evidente que conocía a la perfección su doctrina, ya que durante su
adolescencia lo había seguido a todas partes buscando también la perfección; aunque,
16
   Critias fue, en efecto, un sofista y político oligarca griego. Compañero de Alcibíades en su juventud,
habría participado con él en la mutilación de las estatuas de Hermes. Apoyó la vuelta de Alcibíades, pero
debido a la opinión popular contra este, debió seguirlo en el exilio. Volvió a Atenas en el 404 a.C. como
miembro principal de los Treinta Tiranos, gobierno despótico impuesto por Esparta en Atenas tras su
victoria en la Guerra del Peloponeso. Esta tiranía se carácterizó por ser un reinado de terror en el que
miles de griegos fueron ejecutados o exiliados por oponerse al régimen. Al convertirse Alcibíades
(durante su último exilio) también en una amenaza para la oligarquía ateniense, Critias convenció a los
espartanos para que lo mandaran a matar. Meses después Critias moría en un enfrentamiento contra los
demócratas reunidos en el exilio bajo el mando de Trasíbulo, que intentaban recuperar la ciudad y el
régimen democrático. Finalmente se logró la reconciliación de ambos bandos y la victoria de la
democracia. (Jenofonte, Helénicas, 2, 3 y 4).
17
   Jenofonte, Memorabilia Socratis, 1.2.12-48.
18
   Platón, El Banquete, 212d y ss.


                                                                                                        9
según parece, en la adultez se haya rendido en ese camino, o simplemente alejado de
Sócrates, para dedicarse a la política y a los bienes materiales.
        Sobre la relación de Alcibíades con Sócrates en su juventud, dice Plutarco:
“Entró, pues, muy luego en su confianza, y oyendo la voz de un amador que no andaba
a caza de placeres indignos, ni solicitaba indecentes caricias, sino que le echaba en
cara los vicios de su alma y reprimía su vano y necio orgullo, como gallo vencido en la
pelea, dejó caer acobardado el ala.”19 Sin embargo, el mismo Plutarco nos dice que,
aunque Alcibíades seguía a Sócrates, no siempre seguía su doctrina, ya que las
tentaciones le ganaban. “Este amor de Sócrates […] lograba, sin embargo, dominar el
buen natural de Alcibíades, fijándose en su ánimo los discursos de aquel, convirtiendo
su corazón y arrancándole lágrimas. Había ocasiones, no obstante, en que, cediendo a
los aduladores que le lisonjeaban con placeres, se le deslizaba a Sócrates, y como
fugitivo tenía que cazarle; pues sólo respecto de él se avergonzaba, y a él sólo le tenía
algún temor, no dándosele nada de los demás.” Queda explícita la actitud de un
Alcibíades que quería a Sócrates y lo seguía, sintiendo en verdad la perfección que éste
enseñaba; pero que, cediendo repetidamente a los placeres, se alejaba de Sócrates y se
avergonzaba. Más adelante reitera: “Como el hierro, pues, ablandado por el fuego,
después con el frío vuelve a comprimirse y sus partes se aprietan entre sí, de la misma
manera cuantas veces Alcibíades, disipado por el lujo y la vanidad, volvía a las manos
de Sócrates, conteniéndole éste y refrenándole con sus razones, le hacía sumiso y
moderado, reconociendo que estaba todavía muy falto y atrasado para la virtud.”20
        Podemos decir, entonces, que Alcibíades, siendo un joven impulsivo que caía
fácilmente en las tentaciones materiales, no pudo aprender de Sócrates la virtud, ya que
se preocupó en esa época más por su gloria política en Atenas que por su crecimiento
espiritual. Sin embargo, logró mantener un cierto autocontrol y virtud, pero únicamente
con el amparo de Sócrates a su lado. Al alejarse de él, y sin haber convertido en hábitos
sus enseñanzas, Alcibíades volvió fácilmente a los placeres materiales y renunció a su
vez a la valoración de la verdad para dedicarse a la oratoria y la retórica (de manera
sofista) y así ganarse el apoyo político.
        Si algo aprendió Alcibíades de su maestro, fue el arte de la oratoria y de la
discusión. Al recibir influencia de su tío Pericles, famoso político y orador de gloria
popular y de su compañera Critias, sofista, y frecuentar los ámbitos políticos atenienses
(plagados de sofistas) es natural que Alcibíades se haya visto también inmerso en las
actividades sofistas, aprendiendo de ellos a la vez que aprendía de Sócrates. Aquello
que Alcibíades logró aprender de su maestro y convertir en hábito fue, principalmente,
el arte del discurso, ya que no se contradecía con sus fines políticos, aunque utilizaba
esta habilidad de manera sofista y muy alejada de la búsqueda de la verdad. Plutarco
afirma que “Alcibíades era un hábil orador además de sus otros talentos” 21. Demóstenes
subraya el hecho de que fuera considerado “el más hábil orador del día”22.
       Jenofonte nos dice en las Memorabilia:“Desde que Critias y Alcibíades se
creyeron superiores a los gobernantes de la Ciudad, dejaron de ver a Sócrates, que en
19
   Plutarco, op.cit., IV.
20
   Ídem, VI.
21
   Ídem, X.
22
   Demóstenes, Contra Midias, 145.


                                                                                      10
verdad nunca les agradó, pues cuando a él se acercaban les reprendía de sus errores;
se dedicaron, pues, a la política, que por este fin se habían aproximado a Sócrates.”23
       Queda clara entonces la divergencia entre lo seguido por Alcibíades en su vida y
lo enseñado por Sócrates en sus discursos.
Es entendible que, los jueces de Sócrates, habiendo conocido los crímenes de
Alcibíades y las consecuencias desastrosas que trajeron para la gloria de Atenas, hayan
relacionado las habilidades de este sujeto con las enseñadas por su maestro. Sin
embargo, es claro que la relación es errónea, ya que justamente fue en su juventud,
cuando Alcibíades frecuentaba a Sócrates, que tenía más control sobre sí mismo. En las
Memorabilia se dice: “¿Por qué achacar a Sócrates las faltas de ellos [de Critias y
Alcibíades], como hace el acusador?. En su juventud, edad en que según lo probable
habían de ser más desarreglados e intemperantes, Sócrates los hizo sensatos y sabios.
Y ¿no será esto, a los ojos del acusador, digno de algún elogio?”24 Además, es claro
que, aunque lo frecuentara, Alcibíades seguía participando en el ambiente político y
sofista de la época, desobedeciendo en gran parte los consejos de su maestro. El mismo
Sócrates, en la Apología de Platón, se defiende de estas acusaciones alegando que él no
ha enseñado más que bien, y que los que aprendían algo de él era únicamente porque lo
seguían y lo oían hablar cuando lo hacía en público. El texto es el siguiente:
       “En cualquier caso, durante toda la vida, me he mostrado de ese modo, tanto
públicamente, en las ocasiones en que me ha tocado actuar, como privadamente, no
consintiendo a nadie en ningún momento algo contra la justicia, y menos aún a alguno
de aquellos que los que distorsionan mi figura dicen que son mis discípulos.
        Yo, en rigor, no he llegado a ser maestro de nadie.”25


        La acusación contra Sócrates, entonces, habría sido equivocada. Los demás
motivos por los que pudo haber sido acusado no interesan a este trabajo. Con respecto a
Alcibíades, sin embargo, encontramos también, en Plutarco: “Maravillábanse todos,
por tanto, de verle cenar con Sócrates y ejercitarse y habitar con él, mientras que se
mostraba con los demás amadores áspero y desabrido; y aun a algunos los trataba con
altanería, como a Ánito el de Antemión. Amaba éste a Alcibíades…”26. Aunque sea
curioso el hecho de que Ánito fuera uno de los acusadores de Sócrates27 en el juicio,
esto ya no interesa al presente trabajo, y queda más que nada como anécdota.




23
   Jenofonte, Memorabilia Socratis, Bibliotheca scriptorum graecorum et romanorum mexicana, México
D.F., 1947, p. 35.
24
   Ídem, p. 25.
25
   Platón, Apología de Sócrates, 33a.
26
   Plutarco, op.cit., IV.
27
   “Como consecuencia de esto me han acusado Meleto, Ánito y Licón.” En Platón, Apología de
Sócrates, 23e.


                                                                                                 11
Conclusión


       Queda demostrado, por el presente trabajo, que Sócrates no es responsable de los
crímenes de Alcibíades y de sus malos comportamientos, ya que justamente dedicó su
vida a formar hombres de bien y a enseñar el autocontrol y la búsqueda de la verdad,
ambas cosas que Alcibíades no muestra a lo largo de su vida.
       Se sabe que Alcibíades siguió a Sócrates durante su adolescencia y parte de su
juventud, pero los motivos son dudosos, y aunque quisiera en verdad convertirse en un
hombre de bien, su comportamiento posterior demuestra lo contrario. El complejo
personaje de Alcibíades parece haberse alejado por completo del modelo de vida
Socrático, ya sea por considerarlo imposible para él o simplemente porque iba en contra
de su búsqueda de gloria política. Están íntimamente relacionados, entonces, su
alejamiento de las enseñanzas de Sócrates con su vida descontrolada y desastrosa.




                                                                                    12
Bibliografía


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Alcibíades. En Wikipedia. (2008)

DENYER, N. Alcibiades        (commentary).       Cambridge   University   Press.
  (Cambridge, 2001)

EGGERS LAN, C., Apología de Sócrates: Estudio Preliminar. Eudeba (Buenos
  Aires, 2007)

JENOFONTE: Apología de Sócrates.

JENOFONTE, Helénicas.

JENOFONTE, Memorabilia Socratis (Recuerdos de Sócrates)

KAGAN, D. The Peloponnesian War. Viking Penguin. (Oxford, 2003)

PLATÓN, Alcibíades I.

PLATÓN, Apología de Sócrates.

PLATÓN, El Banquete.

PLATÓN, Gorgias.

PLUTARCO, Vidas Paralelas: Alcibíades.

TUCÍDIDES, La Guerra del Peloponeso.




                                                                             13
Índice



Introducción………………………………………………………..……..1



Desarrollo…………………………………………………………………..2
  I.     Vida              de               Alcibíades.……………...
         …………………………………2
  II.    El     modelo    socrático    de   perfección……………...
         ……………….5
  III.   Las    falsas   acusaciones    a   Sócrates………………..
         ……………...7




Conclusión…………………………...…………………………………...10



Bibliografía………………………………..……………………………..11




                                                             14

Alcibíades

  • 1.
    Alcibíades ¿discípulo de Sócrates? Guillermo Barber Soler Federico Caivano
  • 2.
    Introducción El personaje de Alcibíades ha sido íntimamente relacionado con Sócrates en muchos ámbitos. Numerosas fuentes nos confirman su existencia y relatan hechos de su vida, constatando a su vez la relación que mantuvo con Sócrates en su juventud. Es notable su presencia en varios diálogos platónicos, en los que aparece como uno de los seguidores más acérrimos de Sócrates, y como uno de sus enamorados. Sin embargo, sus biografías narran una adultez alejada de los principios socráticos de la virtud, la humildad y la verdad. Alcibíades es descripto como un joven político y estratega amante de la bebida y las orgías, soberbio, vergonzoso y temeroso de la muerte (todas características contrarias al modelo de virtud que enseñaba Sócrates). Llegó a ser odiado por la clase política de Atenas y se ganó enemigos en todo lugar en el que estuvo. Es por esto que la acusación realizada por Anito y Meleto a Sócrates, en la que le imputaban “corromper a los jóvenes”1, está ligada a los crímenes que cometieron Critias y Alcibíades, quienes fueran discípulos suyos en la juventud, ya que consideraban que Sócrates era responsable de aquello por haberlos “corrompido”. Pero justamente es por haberse alejado de sus enseñanzas y por no haberlas seguido por lo que se convirtieron en lo que fueron. A continuación caracterizaremos al personaje real y ficticio de Alcibíades y la actitud frente a las enseñanzas de Sócrates que mantuvo a lo largo de su vida, para separar así su vida real del ideal socrático de virtud, tomando principalmente lo expuesto por Platón en los diálogos de la Apología de Sócrates y de El Banquete. 1 Platón, Apología de Sócrates, 24b; Jenofonte, Apología de Sócrates, 10. 2
  • 3.
    Desarrollo I Vida de Alcibíades Alcibíades nació en el año 450 a.C. Tras la muerte de su padre en el 447 a.C., pasó a ser educado por su tío Pericles, renombrado político griego. Durante su adolescencia tuvo importantes profesores, y fue seguidor de Sócrates2. De éste y de su tío Pericles aprendería el arte de la retórica y la oratoria3. Alcibíades tomó parte en la batalla de Potidea en 432 a. C., donde Sócrates salvó su vida, favor que le devolvió en la batalla de Delio en 424 a. C. Se casó con Hipareta, la hija de Hipónico, un rico ateniense. Hipareta intentó divorciarse porque Alcibiades gastaba sus riquezas en orgías y frecuentaba a las cortesanas, aunque terminó viviendo con él hasta su muerte. En el 421 a.C. se firmó entre Atenas y Esparta la llamada Paz de Nicias, que terminaría con los conflictos entre ambas ciudades por un lapso de 50 años. Alcibíades estaba en contra de esta resolución y abogaba por una línea más agresiva de la política ateniense. Se ganó así la enemistad del mismo Nicias y de Laques, importantes políticos y defensores de la Paz. Durante las negociaciones entre Atenas y Esparta, Alcibíades intentó desbaratar la misión de los negociantes espartanos, destruyendo su credibilidad. Logrando esto, incrementó su prestigio, a la vez que avergonzaba a Nicias y su postura pacifista. Alcibíades fue nombrado entonces general, armó una alianza de ciudades en contra de Esparta y marchó sobre el Peloponeso. Esta alianza fue finalmente vencida en la batalla de Mantinea. Luego de esto, Alcibíades se dedicó a organizar una expedición a Sicilia, como apoyo a la ciudad de Segesta y en contra de Siracusa, principal aliada espartana. Nicias fue nombrado general junto con él, pero durante los preparativos de la expedición estatuas del dios Hermes fueron mutiladas en toda Atenas. Alcibíades y sus amigos fueron inmediatamente acusados por estos hechos, y su juicio se postergó para su vuelta. Aprovechando su ausencia, los enemigos de Alcibiades empezaron a acusarlo de sacrílego y de enemigo de la democracia, cambiando así la opinión popular a su favor. Se mandó a buscar a Alcibíades para someterlo a juicio, pero durante su vuelta a Atenas escapó con su tripulación. Fue juzgado entonces “en ausencia” y condenado a muerte. Ya fuera de la ley ateniense, Alcibíades previno a los siracusanos del ataque. Nicias, al mando ahora de la expedición, no pude lograr la victoria y su misión se vio frustrada. Luego de esto Alcibíades buscó asilo en Esparta, "prometiendo ofrecerles una ayuda y un servicio más grandes aún que todo el daño que antes les había hecho como 2 Plutarco, Vidas paralelas: Alcibíades, X 3 Ídem, I. 3
  • 4.
    enemigo"4. Alegando quelos atenienses querían conquistar toda Sicilia, Italia y Cartago, Alcibíades convenció a los espartanos de que organizaran la defensa de Siracusa y el ataque a las fuerzas enemigas en la región, para ganarse así su confianza como consejero militar5. Aprovechó entonces la decadencia de Atenas para animar a las ciudades dominadas por ella a que se rebelaran6. Sin embargo, Alcibíades perdió al poco tiempo el favor del gobierno espartano al descubrirse una aventura amorosa que tenía con la esposa del mismísimo rey espartano, Agis II. EL rey mandó a matar a Alcibíades, pero este, siendo advertido, logró escapar y se dirigió a Persia. Allí se ganó la confianza del sátrapa Tisafernes, y buscó a través de su influencia en su corte entablar relaciones secretas con las ciudades griegas para así desgastar tanto a Atenas como Esparta. Según Tucídides, sus verdaderas motivaciones eran usar su supuesta influencia con los persas para provocar su restauración en Atenas7. Asumiendo el hecho de que la democracia nunca estaría de acuerdo con su regreso, buscó ganarse la confianza de los generales atenienses y prometió que, si se instalaba una oligarquía, se limitaba la constitución y se aseguraba su regreso por medio de una votación, el volvería a Atenas con dinero persa, una flota persa de 147 trirremes y el apoyo de Tisafernes y del Rey de Persia. Frente al inminente ataque de los espartanos, Atenas buscó negociar con Alcibíades el apoyo suyo y de los persas, pero al retirar Tisafernes su apoyo (ya que consideraba que era más beneficioso mantenerse neutral), Alcibíades debió inventar condiciones extremas a Atenas para que debieran romper con las negociaciones. Luego de sucesivas rebeliones en Samos y en Atenas, donde se intentó imponer una oligarquía, Alcibíades fue finalmente restituido como general ateniense, para poder así hacer frente las fuerzas del Peloponeso. Sin embargo, ya no contaba con la influencia sobre el sátrapa persa (si es que alguna vez había contado con ella), por lo que debió arreglárselas por sus propios medios para lograr la victoria. Tras varias derrotas espartanas, Alcibíades regresó triunfal a Atenas8, y todos los cargos contra él fueron oficialmente retirados. Sin embargo, en su siguiente misión contra la flota espartana (ahora apoyada por un nuevo sátrapa persa), su timonel, Antíoco, desobedeció su orden expresa de no atacar, y llevó a la flota ateniense a la derrota. La responsabilidad recayó entonces sobre Alcibíades, quien fue desposeído del mando. Se condenó al exilio y se retiró junto con sus principales aliados, entre los que estaba Critias9. Un tiempo después, Atenas debió rendirse tras nuevas derrotas. Cuando Alcibíades viajó a Persia para buscar el apoyo del Rey Artajerjes, el sátrapa Farnabazo, a pedido del almirante espartano Lisandro, lo mandó a matar. Su 4 Ídem, XXIII 5 Tucídides, La Guerra del Peloponeso, VI, 89-90; y Kagan, D., The Peloponnesian War, Viking Penguin, 2003, pp. 282-283. 6 Plutarco, op.cit., XXIV; y Tucídides, op.cit., VIII, 26. 7 Tucídides, op.cit. VIII, 47. 8 Jenofonte, Helénicas, 1, 4, 13. 9 Plutarco, op.cit. XXXIII. 4
  • 5.
    residencia fue rodeadae incendiada cuando él se disponía a ir a la corte persa. Murió acribillado por una lluvia de flechas cuando salía10. Según otras fuentas, Alcibíades había seducido a una joven, cuyos hermanos incendieron la casa y lo mataron cuando intentaba escapar. 10 Ídem, XXXIX. 5
  • 6.
    II El modelo socrático de perfección Queda expuesta de una manera sintetizada la vida del Alcibíades histórico. Pasemos entonces a caracterizar el modelo socrático de la virtud, expuesto principalmente en la Apología y en El Banquete. Analizaremos este modelo en base a dos ramas: 1. En primer lugar, la búsqueda de la verdad: Básicamente consiste en la idea socrática (y platónica) del uso de la retórica o dialéctica con el fin de encontrar la verdad, caracterizada por ser única y objetiva. Esto es lo que diferencia primeramente a Sócrates de los sofistas de la época, cuyo objetivo y diversión era la discusión con el único fin de convencer al “contrincante”, más allá de si era verdad o no lo que se defendía. En El Banquete, por ejemplo, Sócrates dice, irónicamente: “Llevado por mi ingenuidad, creía, en efecto, que se debía decir la verdad sobre cada aspecto del objeto encomiado […]. Ciertamente me hacía grandes ilusiones de que iba a hablar bien, como si supiera la verdad de cómo hacer cualquier elogio. Pero, según parece, no era éste el método correcto de elogiar cualquier cosa, sino que, más bien, consiste en atribuir al objeto elogiado el mayor número posible de cualidades y las más bellas, sean o no así realmente; y si eran falsas, no importaba nada. Pues lo que antes se nos propuso fue, al parecer, que cada uno de nosotros diera la impresión de hacer un encomio a Eros, no que éste fuera realmente encomiado.”11 Es tal la necesidad de Platón de diferenciar a su maestro de los sofistas, que en casi todos los diálogos aclara que él no es uno de ellos, e incluso lo enfrenta en discursos contra los sofistas. Así, en Gorgias hace decir a Sócrates: “Por tanto, si tú eres del mismo tipo de hombre que yo soy, te interrogaré con gusto; si no, lo dejaré. ¿Qué clase de hombre soy yo? Soy de aquellos que aceptan gustosamente que se les refute, si no dicen la verdad, y de los que refutan con gusto a su interlocutor, si yerra; pero que prefieren ser refutados a refutar a otro, pues pienso que lo primero es un bien mayor, por cuanto vale más librarse del peor de los males que librar a otro; porque creo que no existe mal tan grave como una opinión errónea sobre el tema que ahora discutimos”12. Podemos entonces distinguir la idea socrática de la retórica de la idea sofista y el fin para el que cada uno la utiliza. Sócrates y Platón no sólo se diferencian del fin sofista de la retórica 11 Platón, El Banquete, 198d-199b. 12 Platón, Gorgias, 458a. 6
  • 7.
    sino que locritican enérgicamente, ya que consideran sobre todo la búsqueda de la única verdad, y la idea sofista va justamente en contra de eso. 2. En segundo lugar, el ordenamiento de las pasiones y la superioridad de la vida interior: Para Sócrates y para Platón, la verdadera belleza y lo verdaderamente importante no es el placer físico o sexual, sino más bien el placer intelectual, producido por el conocimiento de la verdad y por la perfección del sujeto. Esta se realiza por el ordenamiento de las pasiones hacia los fines superiores. En cuanto a la superioridad de la belleza interior, podemos ver en El Banquete que Sócrates dice a Alcibíades: “En tal caso, debes estar viendo en mí, supongo, una belleza irresistible y muy diferente a tu buen aspecto físico. Ahora bien, si intentas, al verla, compartirla conmigo y cambiar belleza por belleza, no en poco piensas aventajarme, pues pretendes adquirir lo que es verdaderamente bello a cambio de lo que lo es sólo en apariencia, y de hecho te propones intercambiar oro por bronce”13. A lo que Alcibíades responde posteriormente en el diálogo: “¿Qué sentimientos creéis que tenía yo, pensando, por un lado, que había sido despreciado, y admirando, por otro, la naturaleza de este hombre, su templanza y su valentía, ya que en prudencia y firmeza había tropezado con un hombre tal como yo no hubiera pensado que iba a encontrar jamás?”14. Vemos así cómo la templanza, la prudencia y la firmeza son admiradas por el joven Alcibíades, quien a su vez ve en estas virtudes algo ajeno a sí y hasta curioso. Entre los ejemplos y anécdotas que muestran la capacidad de autodominio de Sócrates, rescataremos la siguiente: “En cambio, en las comidas abundantes sólo él era capaz de disfrutar, y especialmente en beber, aunque no quería, cuando era obligado a hacerlo vencía a todos; y lo que es más asombroso de todo: ningún hombre ha visto jamás a Sócrates borracho.”15 Cuando Alcibíades dice esto en su elogio, parece realmente asombrado de la capacidad de autocontrol de su maestro, hasta el punto de creer que es algo fuera de las capacidades normales, lo que, en cierta manera, lo aleja de pensarse a sí mismo al nivel de esas capacidades. Con este resumen del ideal socrático de perfección, basado, si se quiere, en el perfeccionamiento de la Inteligencia (a través de la búsqueda de la verdad) y de la Voluntad (a través del autocontrol), podemos dedicarnos a hacer la diferenciación del 13 Platón, El Banquete, 218e. 14 Ídem, 219d 15 Ídem, 220a 7
  • 8.
    tipo de vidallevado por Alcibíades (con el cual y por el cual cometió sus peores crímenes) y el tipo de vida enseñado por Sócrates a sus discípulos, tanto con la teoría como con el ejemplo. 8
  • 9.
    III Las falsas acusaciones a Sócrates Los crímenes de Alcibíades, que llevaron a la ruina de Atenas y al desgaste de toda la Grecia Antigua, fueron en gran parte causa de las inculpaciones que recibió Sócrates. Jenofonte, mencionando los cargos atribuidos éste, dice: “Habiéndose convertido Critias y Alcibíades en discípulos de Sócrates, hicieron numerosos males a la ciudad. Por un lado, Critias fue, en la época de la oligarquía, el más desvergonzado ladrón, violento y asesino de todos16; por otro lado, Alcibíades, durante la democracia, fue a su vez el más descontrolado, insolente y violento de todos”17. A continuación siguen argumentos defensivos de Jenofonte, quien advierte que no pretende disculpar a Critias y a Alcibíades, sino explicar su relación con Sócrates, el tiempo que pasaron con él y el desaprovechamiento o mal uso que hicieron de sus enseñanzas. Es curioso que los hechos narrados en El Banquete, en los que Alcibíades aparece de una manera vergonzosa (borracho, haciendo ruido y clamando caprichosamente por la atención de Agatón y de Sócrates18), coincidan en fecha con el año en que Alcibíades, estando en preparación de su expedición a Sicilia, fue acusado de mutilar los hermai o estatuas de Hermes. Según los acusadores, esto habría sido en una noche de fiestas y bebidas, y Alcibíades habría estado acompañado de varios amigos, como sucede en El Banquete. Aunque no se sepa si estas acusaciones son verdaderas (pues Alcibíades tenía enemigos que querían lograr su condena), es destacable la personificación que hace Platón del personaje en el momento indicado. El diálogo a su vez narra que Alcibíades ya había dejado de frecuentar a Sócrates, a quien miraba ahora más que nada como un fenómeno extraño y una persona a la que no había entendido completamente. Es curioso, a su vez, que el encargado de realizar el elogio de Sócrates sea nada más y nada menos que su discípulo más vergonzoso y quien ha influido tanto en su acusación (pues Platón escribe el diálogo 15 años después de la muerte de su maestro y más de 30 años después del suceso del banquete y de la mutilación de los hermai). Pero también es lógico que narre el elogio de Sócrates aquél que lo ha conocido en su intimidad y quien más ha escuchado sus amonestaciones y exigencias. Aunque Alcibíades no haya seguido el ejemplo y las enseñanzas de su maestro, es evidente que conocía a la perfección su doctrina, ya que durante su adolescencia lo había seguido a todas partes buscando también la perfección; aunque, 16 Critias fue, en efecto, un sofista y político oligarca griego. Compañero de Alcibíades en su juventud, habría participado con él en la mutilación de las estatuas de Hermes. Apoyó la vuelta de Alcibíades, pero debido a la opinión popular contra este, debió seguirlo en el exilio. Volvió a Atenas en el 404 a.C. como miembro principal de los Treinta Tiranos, gobierno despótico impuesto por Esparta en Atenas tras su victoria en la Guerra del Peloponeso. Esta tiranía se carácterizó por ser un reinado de terror en el que miles de griegos fueron ejecutados o exiliados por oponerse al régimen. Al convertirse Alcibíades (durante su último exilio) también en una amenaza para la oligarquía ateniense, Critias convenció a los espartanos para que lo mandaran a matar. Meses después Critias moría en un enfrentamiento contra los demócratas reunidos en el exilio bajo el mando de Trasíbulo, que intentaban recuperar la ciudad y el régimen democrático. Finalmente se logró la reconciliación de ambos bandos y la victoria de la democracia. (Jenofonte, Helénicas, 2, 3 y 4). 17 Jenofonte, Memorabilia Socratis, 1.2.12-48. 18 Platón, El Banquete, 212d y ss. 9
  • 10.
    según parece, enla adultez se haya rendido en ese camino, o simplemente alejado de Sócrates, para dedicarse a la política y a los bienes materiales. Sobre la relación de Alcibíades con Sócrates en su juventud, dice Plutarco: “Entró, pues, muy luego en su confianza, y oyendo la voz de un amador que no andaba a caza de placeres indignos, ni solicitaba indecentes caricias, sino que le echaba en cara los vicios de su alma y reprimía su vano y necio orgullo, como gallo vencido en la pelea, dejó caer acobardado el ala.”19 Sin embargo, el mismo Plutarco nos dice que, aunque Alcibíades seguía a Sócrates, no siempre seguía su doctrina, ya que las tentaciones le ganaban. “Este amor de Sócrates […] lograba, sin embargo, dominar el buen natural de Alcibíades, fijándose en su ánimo los discursos de aquel, convirtiendo su corazón y arrancándole lágrimas. Había ocasiones, no obstante, en que, cediendo a los aduladores que le lisonjeaban con placeres, se le deslizaba a Sócrates, y como fugitivo tenía que cazarle; pues sólo respecto de él se avergonzaba, y a él sólo le tenía algún temor, no dándosele nada de los demás.” Queda explícita la actitud de un Alcibíades que quería a Sócrates y lo seguía, sintiendo en verdad la perfección que éste enseñaba; pero que, cediendo repetidamente a los placeres, se alejaba de Sócrates y se avergonzaba. Más adelante reitera: “Como el hierro, pues, ablandado por el fuego, después con el frío vuelve a comprimirse y sus partes se aprietan entre sí, de la misma manera cuantas veces Alcibíades, disipado por el lujo y la vanidad, volvía a las manos de Sócrates, conteniéndole éste y refrenándole con sus razones, le hacía sumiso y moderado, reconociendo que estaba todavía muy falto y atrasado para la virtud.”20 Podemos decir, entonces, que Alcibíades, siendo un joven impulsivo que caía fácilmente en las tentaciones materiales, no pudo aprender de Sócrates la virtud, ya que se preocupó en esa época más por su gloria política en Atenas que por su crecimiento espiritual. Sin embargo, logró mantener un cierto autocontrol y virtud, pero únicamente con el amparo de Sócrates a su lado. Al alejarse de él, y sin haber convertido en hábitos sus enseñanzas, Alcibíades volvió fácilmente a los placeres materiales y renunció a su vez a la valoración de la verdad para dedicarse a la oratoria y la retórica (de manera sofista) y así ganarse el apoyo político. Si algo aprendió Alcibíades de su maestro, fue el arte de la oratoria y de la discusión. Al recibir influencia de su tío Pericles, famoso político y orador de gloria popular y de su compañera Critias, sofista, y frecuentar los ámbitos políticos atenienses (plagados de sofistas) es natural que Alcibíades se haya visto también inmerso en las actividades sofistas, aprendiendo de ellos a la vez que aprendía de Sócrates. Aquello que Alcibíades logró aprender de su maestro y convertir en hábito fue, principalmente, el arte del discurso, ya que no se contradecía con sus fines políticos, aunque utilizaba esta habilidad de manera sofista y muy alejada de la búsqueda de la verdad. Plutarco afirma que “Alcibíades era un hábil orador además de sus otros talentos” 21. Demóstenes subraya el hecho de que fuera considerado “el más hábil orador del día”22. Jenofonte nos dice en las Memorabilia:“Desde que Critias y Alcibíades se creyeron superiores a los gobernantes de la Ciudad, dejaron de ver a Sócrates, que en 19 Plutarco, op.cit., IV. 20 Ídem, VI. 21 Ídem, X. 22 Demóstenes, Contra Midias, 145. 10
  • 11.
    verdad nunca lesagradó, pues cuando a él se acercaban les reprendía de sus errores; se dedicaron, pues, a la política, que por este fin se habían aproximado a Sócrates.”23 Queda clara entonces la divergencia entre lo seguido por Alcibíades en su vida y lo enseñado por Sócrates en sus discursos. Es entendible que, los jueces de Sócrates, habiendo conocido los crímenes de Alcibíades y las consecuencias desastrosas que trajeron para la gloria de Atenas, hayan relacionado las habilidades de este sujeto con las enseñadas por su maestro. Sin embargo, es claro que la relación es errónea, ya que justamente fue en su juventud, cuando Alcibíades frecuentaba a Sócrates, que tenía más control sobre sí mismo. En las Memorabilia se dice: “¿Por qué achacar a Sócrates las faltas de ellos [de Critias y Alcibíades], como hace el acusador?. En su juventud, edad en que según lo probable habían de ser más desarreglados e intemperantes, Sócrates los hizo sensatos y sabios. Y ¿no será esto, a los ojos del acusador, digno de algún elogio?”24 Además, es claro que, aunque lo frecuentara, Alcibíades seguía participando en el ambiente político y sofista de la época, desobedeciendo en gran parte los consejos de su maestro. El mismo Sócrates, en la Apología de Platón, se defiende de estas acusaciones alegando que él no ha enseñado más que bien, y que los que aprendían algo de él era únicamente porque lo seguían y lo oían hablar cuando lo hacía en público. El texto es el siguiente: “En cualquier caso, durante toda la vida, me he mostrado de ese modo, tanto públicamente, en las ocasiones en que me ha tocado actuar, como privadamente, no consintiendo a nadie en ningún momento algo contra la justicia, y menos aún a alguno de aquellos que los que distorsionan mi figura dicen que son mis discípulos. Yo, en rigor, no he llegado a ser maestro de nadie.”25 La acusación contra Sócrates, entonces, habría sido equivocada. Los demás motivos por los que pudo haber sido acusado no interesan a este trabajo. Con respecto a Alcibíades, sin embargo, encontramos también, en Plutarco: “Maravillábanse todos, por tanto, de verle cenar con Sócrates y ejercitarse y habitar con él, mientras que se mostraba con los demás amadores áspero y desabrido; y aun a algunos los trataba con altanería, como a Ánito el de Antemión. Amaba éste a Alcibíades…”26. Aunque sea curioso el hecho de que Ánito fuera uno de los acusadores de Sócrates27 en el juicio, esto ya no interesa al presente trabajo, y queda más que nada como anécdota. 23 Jenofonte, Memorabilia Socratis, Bibliotheca scriptorum graecorum et romanorum mexicana, México D.F., 1947, p. 35. 24 Ídem, p. 25. 25 Platón, Apología de Sócrates, 33a. 26 Plutarco, op.cit., IV. 27 “Como consecuencia de esto me han acusado Meleto, Ánito y Licón.” En Platón, Apología de Sócrates, 23e. 11
  • 12.
    Conclusión Queda demostrado, por el presente trabajo, que Sócrates no es responsable de los crímenes de Alcibíades y de sus malos comportamientos, ya que justamente dedicó su vida a formar hombres de bien y a enseñar el autocontrol y la búsqueda de la verdad, ambas cosas que Alcibíades no muestra a lo largo de su vida. Se sabe que Alcibíades siguió a Sócrates durante su adolescencia y parte de su juventud, pero los motivos son dudosos, y aunque quisiera en verdad convertirse en un hombre de bien, su comportamiento posterior demuestra lo contrario. El complejo personaje de Alcibíades parece haberse alejado por completo del modelo de vida Socrático, ya sea por considerarlo imposible para él o simplemente porque iba en contra de su búsqueda de gloria política. Están íntimamente relacionados, entonces, su alejamiento de las enseñanzas de Sócrates con su vida descontrolada y desastrosa. 12
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    Bibliografía Alcibíades. En EncyclopaediaBritannica (2002) Alcibíades. En Wikipedia. (2008) DENYER, N. Alcibiades (commentary). Cambridge University Press. (Cambridge, 2001) EGGERS LAN, C., Apología de Sócrates: Estudio Preliminar. Eudeba (Buenos Aires, 2007) JENOFONTE: Apología de Sócrates. JENOFONTE, Helénicas. JENOFONTE, Memorabilia Socratis (Recuerdos de Sócrates) KAGAN, D. The Peloponnesian War. Viking Penguin. (Oxford, 2003) PLATÓN, Alcibíades I. PLATÓN, Apología de Sócrates. PLATÓN, El Banquete. PLATÓN, Gorgias. PLUTARCO, Vidas Paralelas: Alcibíades. TUCÍDIDES, La Guerra del Peloponeso. 13
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    Índice Introducción………………………………………………………..……..1 Desarrollo…………………………………………………………………..2 I. Vida de Alcibíades.……………... …………………………………2 II. El modelo socrático de perfección……………... ……………….5 III. Las falsas acusaciones a Sócrates……………….. ……………...7 Conclusión…………………………...…………………………………...10 Bibliografía………………………………..……………………………..11 14