La Cueva de Altamira en España fue el primer lugar descubierto con pinturas rupestres prehistóricas. Fue descubierta en 1879 por Marcelino Sanz de Sautuola, quien encontró dibujos y pinturas de mamíferos salvajes y manos humanas en las paredes y techos de la gran cueva. Aunque inicialmente hubo controversia sobre la autenticidad de las pinturas, fueron declaradas auténticas en 1902, cambiando la percepción de la capacidad mental de los seres prehistóricos.