ATENDED A LOS QUE SUFREN.
Queridos amigos: Hemos de reconocer que no reaccionamos igual ante el
sufrimiento lejano que cercano; ante el sufrimiento propio que ajeno; ante las cosas que
nos van mal o se hacen insoportables, que ante las que nos van bien y son agradables.
Hay dos personajes en las lecturas bíblicas de este domingo que nos exhortan a
“estar atentos al que sufre”.
Job. 7, 1 -4. 6. 7, llega a una situación tal, que no encuentra sentido a su vida y pierde
la esperanza. No entiende nada, pero una fuerza secreta le mantiene en la fe y en la
paciencia.
El Señor “proclama la Buena Noticia del Reino curando enfermos y expulsando
demonios” (Mc. 1, 29 – 39).
¿Cómo reaccionamos nosotros ante el que sufre?
 ¿Desde fuera o desde dentro?
 ¿Desentendiéndonos de él o atendiéndole según nuestras fuerzas y
posibilidades?
 ¿De forma activa (como el Señor) o insensibles “a dar la mano y a curar
compasivamente”?
¿Qué lleva consigo atender al que sufre?
 El Señor nos da pistas en el evangelio de Marcos. 1, 29 -39:
 Hay que acercarse, ver, escuchar, y observar cuál es el motivo del sufrimiento:
enfermedad, vacío, desencanto, soledad, opresión, desvalimiento, exceso de
trabajo o abandono total.
 “Coger de la mano; o mejor, “estar dispuestos a echar una mano”. Quien está
dispuesto a echar una mano, es porque aún se le conmueven las entrañas y es
misericordioso; es porque es sensible y está dispuesto a atender al necesitado.
 Cuando somos capaces de atender, el que es atendido (como la suegra de Pedro)
“se puso a servir”. Es decir, se muestra tan agradecido y agraciado, que él
también se pone a atender al otro. Se hace misericordioso.
Oración: “Señor, enséñanos a atender a los que sufren bendiciendo, curando,
sirviendo, acompañando…”.
Gabriel.
5º. Domingo Ordinario. Ciclo. B. Madrid. 5 de Febrero de 2012.

Atended a los que sufren (1)

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    ATENDED A LOSQUE SUFREN. Queridos amigos: Hemos de reconocer que no reaccionamos igual ante el sufrimiento lejano que cercano; ante el sufrimiento propio que ajeno; ante las cosas que nos van mal o se hacen insoportables, que ante las que nos van bien y son agradables. Hay dos personajes en las lecturas bíblicas de este domingo que nos exhortan a “estar atentos al que sufre”. Job. 7, 1 -4. 6. 7, llega a una situación tal, que no encuentra sentido a su vida y pierde la esperanza. No entiende nada, pero una fuerza secreta le mantiene en la fe y en la paciencia. El Señor “proclama la Buena Noticia del Reino curando enfermos y expulsando demonios” (Mc. 1, 29 – 39). ¿Cómo reaccionamos nosotros ante el que sufre?  ¿Desde fuera o desde dentro?  ¿Desentendiéndonos de él o atendiéndole según nuestras fuerzas y posibilidades?  ¿De forma activa (como el Señor) o insensibles “a dar la mano y a curar compasivamente”? ¿Qué lleva consigo atender al que sufre?  El Señor nos da pistas en el evangelio de Marcos. 1, 29 -39:  Hay que acercarse, ver, escuchar, y observar cuál es el motivo del sufrimiento: enfermedad, vacío, desencanto, soledad, opresión, desvalimiento, exceso de trabajo o abandono total.  “Coger de la mano; o mejor, “estar dispuestos a echar una mano”. Quien está dispuesto a echar una mano, es porque aún se le conmueven las entrañas y es misericordioso; es porque es sensible y está dispuesto a atender al necesitado.  Cuando somos capaces de atender, el que es atendido (como la suegra de Pedro) “se puso a servir”. Es decir, se muestra tan agradecido y agraciado, que él también se pone a atender al otro. Se hace misericordioso. Oración: “Señor, enséñanos a atender a los que sufren bendiciendo, curando, sirviendo, acompañando…”. Gabriel. 5º. Domingo Ordinario. Ciclo. B. Madrid. 5 de Febrero de 2012.