El documento aborda el incremento de la criminalización de la protesta y el debilitamiento de garantías judiciales en Venezuela, destacando la opacidad institucional y el uso de la justicia para perseguir a disidentes políticos y sociales. También menciona la reciente criminalización de defensores de derechos humanos, como Rocío San Miguel, tras acusaciones infundadas del gobierno. Finalmente, se menciona que las sentencias judiciales han restringido la libertad de expresión y han contribuido a la impunidad y a la fractura social y política en el país.