Querida amiga: Me dirijo a ti con
este pronombre, como si fueras otra,
como si tu cuerpo no fuera el mío, como
si tu pensamiento y tus emociones no
fueran mis emociones y mis
pensamientos. ¿Qué mejor amiga que yo
misma, ese otro yo que me acompaña en
todos los momentos del día, que me sigue
mejor que la sombra, pues no depende
de la luz? Y eso que durante años no
hemos hablado…
Durante años me he olvidado de mí
misma, he dedicado mis días y mis noches
a cuidar, a proteger, a dar ánimos. ¿Y
ahora? ¿Quién me cuida a mí? ¿Quién
sabe de mis miedos, de mis vacíos? Sí,
amiga, me siento vacía, siento que he
dado la vida, que me he volcado en las
personas más cercanas a mí, tan cercanas
y tan queridas que eran una extensión de
mí misma.
Pero eso fueron otros tiempos, días
de sol y nubes blancas que no volverán.
Mi vida transcurre ahora entre
nubes grises. Tú misma has oído en boca
de quienes me rodean expresiones como
“es normal; a todas nos ha pasado”, “la
edad no perdona” o “las mujeres somos
así”. ¡Me rebelo y me rebelo contra la
feminidad, contra la normalidad y contra
la edad! Por eso te escribo, para pedirte
ayuda, a pesar del olvido de los años, para
que me ayudes a levantarme y a
reconstruirme.
Ya sé que el tiempo no vuelve atrás,
pero te necesito. No quiero volver a
perderte, volver a perderme. Acepto las
nuevas condiciones de vida, acepto las
nubes grises y el dolor, pero quiero al
menos un rayo de sol de vez en cuando.
Quiero dejar de sentir este frío de la
soledad. Para estar completa me faltas tú,
que eres yo misma.
Nunca más me olvidaré de ti, vida
mía. Con todo mi amor

Carta a una mujer

  • 1.
    Querida amiga: Medirijo a ti con este pronombre, como si fueras otra, como si tu cuerpo no fuera el mío, como si tu pensamiento y tus emociones no fueran mis emociones y mis pensamientos. ¿Qué mejor amiga que yo misma, ese otro yo que me acompaña en todos los momentos del día, que me sigue mejor que la sombra, pues no depende de la luz? Y eso que durante años no hemos hablado… Durante años me he olvidado de mí misma, he dedicado mis días y mis noches a cuidar, a proteger, a dar ánimos. ¿Y ahora? ¿Quién me cuida a mí? ¿Quién sabe de mis miedos, de mis vacíos? Sí, amiga, me siento vacía, siento que he dado la vida, que me he volcado en las personas más cercanas a mí, tan cercanas y tan queridas que eran una extensión de mí misma. Pero eso fueron otros tiempos, días de sol y nubes blancas que no volverán.
  • 2.
    Mi vida transcurreahora entre nubes grises. Tú misma has oído en boca de quienes me rodean expresiones como “es normal; a todas nos ha pasado”, “la edad no perdona” o “las mujeres somos así”. ¡Me rebelo y me rebelo contra la feminidad, contra la normalidad y contra la edad! Por eso te escribo, para pedirte ayuda, a pesar del olvido de los años, para que me ayudes a levantarme y a reconstruirme. Ya sé que el tiempo no vuelve atrás, pero te necesito. No quiero volver a perderte, volver a perderme. Acepto las nuevas condiciones de vida, acepto las nubes grises y el dolor, pero quiero al menos un rayo de sol de vez en cuando. Quiero dejar de sentir este frío de la soledad. Para estar completa me faltas tú, que eres yo misma. Nunca más me olvidaré de ti, vida mía. Con todo mi amor