Tomemos como punto de partida la realidad que estamos viviendo en nuestro centro
educativo.
La tarea educativa nos ha reunido a personas muy diversas: unos son profesores;
otros, educadores en diversas facetas: orientadores, animadores de grupo,
entrenadores, monitores de actividades diversas... Otros, hacen posible la
organización y gestión del centro: portería, caja, secretaría, limpieza, cocina... Tal
vez hay algunos Hermanos, otros son seglares, creyentes cristianos, tal vez de otras
religiones…
Una vez reunidos, ¿qué compartimos? ¿la tarea?: Esto conduce a la constitución de
equipos de trabajo, en vistas a la organización, la coordinación, la eficacia...
Contemplemos ahora esta misma realidad con otra perspectiva que complementa la
anterior. Tomemos la educación lasaliana como una misión eclesial que estamos
compartiendo Hermanos y Seglares. Hasta hace no mucho tiempo los seglares
ayudaban a los Hermanos en lo que se creía que era la misión de éstos. Y no es fácil
cambiar una manera de pensar y actuar que se ha prolongado durante siglos en la
Iglesia, el protagonismo de unos
pocos frente a la pasividad de la mayoría, el paternalismo del estamento sacerdotal
y religioso frente a la supuesta minoría permanente de edad del estamento seglar...
Cuando nos hemos descubierto unos a otros como personas, y no sólo como
elementos de un equipo de trabajo, entonces ya estamos preparados para entender
por qué hablamos de “misión” y no sólo de “tarea”, aunque se trate de una tarea
educativa.
– Descubrir la misión tras la tarea educativa significa que, más allá de los programas
que hay que desarrollar, encontramos la persona de cada alumno y la situamos en el
centro de nuestra preocupación de educadores. Toda la persona, y no sólo su faceta
intelectual o sus habilidades. Mi tarea como educador comienza, no en el programa
o la asignatura, sino en la persona, en sus necesidades, en su situación humana.
El proceso de misión compartida que da lugar a la Asociación lasaliana tiene un eje
sobre el que gira todo el proceso; dicho de otra forma, tiene un espíritu que anima
todo el proceso: es el carisma lasaliano.
Decíamos que el proceso consiste en “crear lazos” entre las personas, promover la
comunión entre cuantos participan en la misión lasaliana. La comunión es la relación
que se produce entre personas con un espíritu común. El proceso de comunión
promueve la participación en el carisma común lasaliano. Es decir, impulsa una
relación desde el espíritu propio del carisma lasaliano.
Nos referimos a Juan Bautista de La Salle como nuestro Fundador. Considerarlo como
“Fundador” equivale a admitir que posee un carisma que le permite descubrir, discernir
y valorar aspectos de la realidad que nos toca vivir a nosotros. Justamente ese carisma
del que acabamos de hablar.
La Salle no es sólo Fundador porque haya “inventado” una estructura que se llama
“Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas”. Si fuera así, sólo los Hermanos
podrían reconocerlo como Fundador; y sin embargo, hoy, muchas personas además de
los Hermanos consideran a La Salle, con toda justicia, su “Fundador”. Aclaremos esto:
Dice la Regla actual de los Hermanos:
“Impresionado por la situación de abandono de los 'hijos de los artesanos y de los
pobres', Juan Bautista de La Salle descubrió, a la luz de la fe, la misión de su Instituto
como respuesta concreta a su contemplación del designio salvador de Dios.” (R 11).

Compartir es un camino

  • 2.
    Tomemos como puntode partida la realidad que estamos viviendo en nuestro centro educativo. La tarea educativa nos ha reunido a personas muy diversas: unos son profesores; otros, educadores en diversas facetas: orientadores, animadores de grupo, entrenadores, monitores de actividades diversas... Otros, hacen posible la organización y gestión del centro: portería, caja, secretaría, limpieza, cocina... Tal vez hay algunos Hermanos, otros son seglares, creyentes cristianos, tal vez de otras religiones… Una vez reunidos, ¿qué compartimos? ¿la tarea?: Esto conduce a la constitución de equipos de trabajo, en vistas a la organización, la coordinación, la eficacia...
  • 3.
    Contemplemos ahora estamisma realidad con otra perspectiva que complementa la anterior. Tomemos la educación lasaliana como una misión eclesial que estamos compartiendo Hermanos y Seglares. Hasta hace no mucho tiempo los seglares ayudaban a los Hermanos en lo que se creía que era la misión de éstos. Y no es fácil cambiar una manera de pensar y actuar que se ha prolongado durante siglos en la Iglesia, el protagonismo de unos pocos frente a la pasividad de la mayoría, el paternalismo del estamento sacerdotal y religioso frente a la supuesta minoría permanente de edad del estamento seglar...
  • 4.
    Cuando nos hemosdescubierto unos a otros como personas, y no sólo como elementos de un equipo de trabajo, entonces ya estamos preparados para entender por qué hablamos de “misión” y no sólo de “tarea”, aunque se trate de una tarea educativa. – Descubrir la misión tras la tarea educativa significa que, más allá de los programas que hay que desarrollar, encontramos la persona de cada alumno y la situamos en el centro de nuestra preocupación de educadores. Toda la persona, y no sólo su faceta intelectual o sus habilidades. Mi tarea como educador comienza, no en el programa o la asignatura, sino en la persona, en sus necesidades, en su situación humana.
  • 5.
    El proceso demisión compartida que da lugar a la Asociación lasaliana tiene un eje sobre el que gira todo el proceso; dicho de otra forma, tiene un espíritu que anima todo el proceso: es el carisma lasaliano. Decíamos que el proceso consiste en “crear lazos” entre las personas, promover la comunión entre cuantos participan en la misión lasaliana. La comunión es la relación que se produce entre personas con un espíritu común. El proceso de comunión promueve la participación en el carisma común lasaliano. Es decir, impulsa una relación desde el espíritu propio del carisma lasaliano.
  • 6.
    Nos referimos aJuan Bautista de La Salle como nuestro Fundador. Considerarlo como “Fundador” equivale a admitir que posee un carisma que le permite descubrir, discernir y valorar aspectos de la realidad que nos toca vivir a nosotros. Justamente ese carisma del que acabamos de hablar. La Salle no es sólo Fundador porque haya “inventado” una estructura que se llama “Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas”. Si fuera así, sólo los Hermanos podrían reconocerlo como Fundador; y sin embargo, hoy, muchas personas además de los Hermanos consideran a La Salle, con toda justicia, su “Fundador”. Aclaremos esto: Dice la Regla actual de los Hermanos: “Impresionado por la situación de abandono de los 'hijos de los artesanos y de los pobres', Juan Bautista de La Salle descubrió, a la luz de la fe, la misión de su Instituto como respuesta concreta a su contemplación del designio salvador de Dios.” (R 11).