El documento contrasta la naturaleza pecaminosa y débil del hombre con la santidad y soberanía de Dios, lo que los separa. Sin embargo, Cristo es el único y suficiente mediador entre Dios y el hombre, capaz de limpiar el pecado, perdonar, reconciliar y fortalecer al hombre débil para que Dios pueda ser propicio. Cristo, como Dios y hombre, es el único apto para ser este mediador eterno.