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C.S. Lewis: “El Quijote de la luz"
“La verdad os hará libres”1. La conocida sentencia bíblica expresada en el
Evangelio de San Juan guió toda la vida del escritor británico Clive Staples
Lewis, todo un gigante de la literatura universal.
Este profesor británico influyó a través de sus libros en miles de personas, que
fueron cautivados por la frescura y valentía de sus ideas. En palabras del
estadounidense Chad Wals, Lewis fue un auténtico “apóstol de los escépticos”
y en las del filósofo español José Luis del Barco, un auténtico “quijote de la
luz”.
Si bien gozó de una vida jalonada de triunfos y éxitos personales y
profesionales, no le fueron esquivas la contradicción, la pena y la amargura. Su
vida es digna de ser estudiada por considerarla una auténtica vida lograda.
Clives Staples Lewis nació en Belfast el 29 de Noviembre de 1898. Fue
bautizado el 29 de Junio de 1899 en la iglesia de San Marcos Dundela de la
misma ciudad.
Su padre, Albert, era notario y provenía de una familia de granjeros de Gales
que habían emigrado a Irlanda. Comenzó trabajando de obrero pero terminó
como socio de una importante firma de ingeniería y armadores de buques.
Parece ser que siendo en el fondo muy sensible, mantenía una pose de frialdad
y seriedad que lo distanciaba de sus hijos. Todo lo contrario que su madre,
Florence Augusta Hamilton, que provenía de una familia de clérigos y
abogados. Era hija de un pastor protestante. Sus hijos la recordaron siempre
como muy tierna y cercana, además de con una mente crítica e irónica que le
hacían muy interesante. Complementaba perfectamente el carácter de su
marido.
El matrimonio tuvo dos hijos, el mayor llamado Warren (conocido como Warnie)
y Clive Staple (conocido como Jack). Se llevaban sólo tres años de diferencia.
Fueron inseparables. Vivieron felices y despreocupados siendo niños en un
hermoso entorno natural a las afueras de la ciudad. Los hermanos Lewis se
entregaron a la creación de un mundo imaginario sobre el que elaboraron
historias, mapas, etc. Influyeron en ellos los libros de Beatriz Potter, llenos de
animales con características humanas. Warren se marchó a un colegio de
Inglaterra, y Jack pudo entregarse de lleno a la magnífica biblioteca de los

1
    Jn 8, 32.
padres donde había libros de historia, biografías y todo tipo de novelas y
relatos fantásticos.
En 1908, la madre de los Lewis falleció de cáncer tras una larga convalecencia.
Fue un duro golpe para la familia, fundamentalmente para los niños. Ese
mismo año fallecieron también su abuelo y su tío paterno.




                                      C.S. Lewis (derecha) con su padre y su hermano

Unas semanas después de la muerte de su madre, Jack fue enviado al centro
educativo del que era también alumno su hermano, el Wynyard School en
Watford, Hertfordshire. En este colegio es donde tuvo el primer contacto con el
cristianismo en su forma anglicana. Aunque sus padres asistían regularmente a
la iglesia, la religión no fue algo significativo en su infancia.
El pequeño Jack disfrutaba desde niño con los libros de mitología nórdica. Le
fascinaban los interesantes paisajes, atractivos dragones, admirados héroes y
desconocidos dioses. Quería encontrarse con lo que el denominaba “alegría”,
que todavía no sabía bien definir pero que sentía de una forma intensa con la
lectura de esos libros.
En 1910 el colegio cerró y al año siguiente ingresó en Cherbourg House, una
escuela preparatoria del Malvern College de la Universidad de Oxford.
En esos años Jack descubrió sus aptitudes para las lenguas, y comenzó su
interés por el mundo del ocultismo gracias a la afición que tenía al mismo la
gobernanta de su colegio.
En 1913 Lewis entró por un año en el Malvern College, del que había salido su
hermano, que preparaba en esos meses su ingreso en la carrera militar.
Mantiene su interés por la lectura y descubre en ese tiempo la mitología celta.
Conoce a su vecino Arthur Greeves, gracias a la enfermedad que este
padecía. Un día va a visitarlo y descubre que en la mesilla junto a su cama
tiene el libro “Mitos nórdicos”. Sólo por ese detalle entabla con él una amistad
que le duraría toda la vida. Su fascinación por la mitología ocupaba la mayor
parte de su tiempo.
Corre el año 1914 y Warren que había ingresado ya en la Academia Militar, es
llamado a combatir a Francia en la I Guerra Mundial. Mientras Jack, es enviado
a estudiar a Great Bookham, Surrey, con un profesor particular, que ya lo había
sido de su padre y hermano, el señor W.T. Kirkpatrick. Este nuevo profesor lo
introdujo en la lectura de los clásicos griegos y latinos, y le ofreció una
magnífica biblioteca para que pudiera disfrutar el joven Jack a sus anchas.
A finales de 1916 se presentó en Oxford y se examinó para el examen para
una beca de la citada universidad. Entra en el University College en el trimestre
del verano de 1917. Aunque como irlandés, podría haber sido eximido de
participar en la I Guerra Mundial, se alistó voluntariamente en 1917.
En los meses previos a la entrada en combate, Jack trabó una gran amistad
con su compañero de armas, el también irlandés Edward F.C. Moore (conocido
como Paddy). Él y su hermana de 11 años, Maureen, vivían con su madre,
Janie King Moore, que estaba separada de su marido hacía años. Parece ser
que Jack prometió a Paddy que si moría en la guerra, él se ocuparía de su
familia. Pronto fueron destinados a Francia. El 15 de Noviembre de 1917, Jack
telegrafió a su padre para que fuera a despedirlo antes de que embarcara.
Desgraciadamente no acudió y este hecho separó al pequeño de los Lewis de
su padre definitivamente.
Cruzó el canal de la Mancha y llegó a las trincheras el día de su 19
cumpleaños, como segundo teniente de infantería.
En 1918 cayó enfermo en el frente y fue enviado a un hospital en Le Trépot. Allí
en su convalecencia tuvo su primer encuentro con los libros del católico G.K.
Chesterton. También comenzó a leer a George McDonald, que le descubrió un
mundo donde Dios estaba más cerca de la realidad de lo que él había pensado
hasta ahora. Para un ateo convencido como era en aquella época Jack, esos
dos autores precisamente no eran los más recomendables para él.
De nuevo en el frente, es herido por metralla de su propio ejército en la batalla
de Arras, cerca de Lillers, y su amigo Paddy desaparece en la misma.
Es enviado a un hospital de Londres, al que su padre tampoco va a visitarlo. El
convaleciente joven se trasladó a Bristol, para estar más cerca de la familia de
Paddy, y finalmente se queda a vivir con ella, toda vez que es confirmada la
muerte de su amigo.
Tras una breve visita a Belfast, volvió a Oxford en Enero de 1919. Al año
siguiente se trasladan la Sra Moore y su hija a esa misma ciudad. Alquilaron
una casa en Headington Quarry donde fijaron su residencia. Quiso de esa
forma cumplir la promesa que había hecho a su amigo, a la vez que encontraba
en esta familia el calor que no había encontrado en la propia.
Sólo tenía 21 años y había podido por un lado, granjearse una buena formación
universitaria, y por otro, la vida le había ya reservado muchos momentos de
contradicción y prueba.2
En aquella época publicó varios libros de poemas, y soñaba con una carrera
poética.
Tras la obtención de la licenciatura en Filología Clásica e Inglesa, buscó
empleo, pero tuvo poco éxito. Comenzó a impartir clases particulares de
filosofía. En 1925 obtuvo una plaza en la Universidad de Oxford, como tutor y
profesor de lengua y literatura inglesa en el Magdalen College. Así se inició su
fecunda carrera universitaria que es muy interesante conocer.
En ese “college” estuvo 29 años. En 1937 recibió el Premio Gollancz Memorial
de Literatura en reconocimiento a su estudio de la tradición medieval en “The
Allegory of Love”.



2
    D. Barrat. “C.S. Lewis and his world”. Ed. Marshall Pickering. London 1987.
Magdalen College de la Universidad de Oxford


Fue nombrado Doctor of Divinity por la Universidad de St. Andrews en 1946 y
más tarde en 1948 Miembro de la Royal Society of Literatura. Se le concedió el
Doctorado en Letras por la Universidad de Laval en Québec en 1951. Y
finalmente en 1954 aceptó la Cátedra de Literatura Medieval y del
Renacimiento de la Universidad de Cambridge.
En su carrera académica se puede resaltar que fue miembro de la Academia
Británica, y rehusó la Orden del Imperio Británico. En 1957 recibió la Carnegie
Medal en reconocimiento por su obra “The Last Battle”.
En 1958 fue elegido Miembro Honorario de la University College de Oxford y un
año más tarde fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de
Manchester. C. S. Lewis tuvo una acabada y dilatada carrera universitaria que
le permitió acercarse a miles de jóvenes, que siempre lo recordaron como un
profesor especial.3




3
    C.S Lewis Foundation: www.cslewis.org
C.S. Lewis en Oxford
Nos interesa mucho destacar lo que supuso para él la amistad con
determinados colegas suyos de la Universidad de Oxford, por lo que influyeron
en su vida y en su obra.
Tras comenzar a dar clases en Oxford, hizo una gran amistad con el profesor y
escritor J.R.R. Tolkien, católico y catedrático de literatura anglosajona desde
1925. Con él discutió ampliamente sobre la relación de los mitos “paganos” y el
cristianismo. Lewis conoció a Tolkien hacia 1927 y ambos comenzaron a
reunirse regularmente para leerse mutuamente sus escritos y comentar sus
diferentes obras. De esos encuentros iniciales, a principios de los 30, formaron
el grupo denominado “The Inklings”, que se reunían los jueves por la tarde en
las habitaciones de Lewis en el Magdalen College y también los martes por la
mañana en el pub “Eagle and Child”, que en la actualidad aún existe y
conserva fotos de esos encuentros. Al grupo se unieron su hermano Warren, y
sus compañeros Barfield, Hugo Dyson y Charles Williems entre otros. Las
reuniones formales de los jueves dejaron de realizarse en 1949, mientras que
las de los martes por la mañana duraron hasta que falleció Jack. Estas
reuniones influyeron sobremanera tanto en el desarrollo de las obras de los
amigos escritores que se reunían, como en sus aventuras personales
relacionadas con la religión.4




4
    Pablo de Felipe. “C.S. Lewis. El autor de Las Crónicas de Narnia”. H&D editores.Madrid 2006.
Pub “Eagle and Child” en Oxford

Conocíamos que Lewis ejercía de ateo en sus primeros años de universidad, o
mejor dicho, como él mismo escribía: “estaba muy molesto con Dios por no
existir”. Influido por las conversaciones de sus colegas católicos, como Tolkien,
así como las lecturas de Chersterton y Macdonald, fue redescubriendo el
cristianismo. Así en 1929 describe su lucha intelectual en esta materia de la
siguiente forma: “Me tienen que imaginar estando solo en Magdalen, noche tras
noche, sintiendo, cada vez que mi mente se alejaba por unos segundos de mi
trabajo, el lento venir de Él a quien yo honestamente había tratado de no
conocer. A aquel a quien yo le había temido, finalmente me alcanzó. En 1929
me entregué, y admití que Dios era Dios, y me arrodillé y oré; a lo mejor,
aquella noche, yo era el converso más desanimado e indispuesto de toda
Inglaterra”.5
En 1931 después de una larga discusión con Tolkien y otro de sus amigos
cercanos, Hugo Dyson, Lewis se convirtió al Cristianismo y, en contra de lo
querido por Tolkien, se unió a la Iglesia de Inglaterra.
Tras su conversión al cristianismo no dudó ni un momento en escribir texto
apolégeticos, entre los que destacaron en 1933 “El regreso del peregrino”, y el
más autobiográfico “Cautivado por la alegría” de 1955.
Previamente a su conversión religiosa, a Jack le ocurrió un fatal suceso, que
fue la muerte de su padre en 1929, víctima también de un cáncer. Este hecho
hace que los dos hermanos se queden definitivamente solos y se vuelven a
encontrar. Warren deja el ejército en 1932 y también se acerca al cristianismo y
deciden vivir juntos en una casa que compran en Oxford. Warren es un gran
aficionado a la historia del siglo XVII francés y comienza a publicar libros sobre
el tema, un total de diez a lo largo de su vida. También ayuda a Jack como
secretario personal, y tan importante es su contribución a la difusión de la obra
del mismo, que tras su muerte es precisamente Warren, el que publica una
voluminosa historia de la familia, edita una colección de cartas de su hermano y
su diario personal.6



5
    C.S. Lewis. “Cautivado por la alegría. Historia de mi conversión”. Editorial Encuentro. Madrid 1989.
6
    C.S. Lewis Institute. www.cslewisinstitute.org
En estos años C.S. Lewis se entrega por completo a la docencia y a la
escritura, cosechando numerosos éxitos. Publica muchos artículos en un
periódico semanal anglicano, ya desaparecido, llamado “The Guardian”.
En 1940 publica una de sus obras más famosas “El problema del dolor”, donde
defiende la doctrina cristiana sobre el sentido del dolor y el sufrimiento. Su éxito
entre el público es enorme. Tanta es su popularidad que es llamado a dar
conferencias con esta temática a los pilotos de la fuerza aérea británica por
diferentes bases del país. Pero su fama se ve acrecentada, cuando el director
de los programas religiosos de la BBC, impresionado por el libro citado, le
solicita que dé unas charlas radiofónicas en plena II Guerra Mundial. Sus
charlas fueron en Agosto, los miércoles de 19:45 a 20:00 y gozaron de una
gran audiencia, que hicieron de Lewis un profesor y escritor muy valorado en
todo el país y también en EEUU.




                                          C.S. Lewis en su casa
Dotado de una inteligencia excepcionalmente brillante y lógica, con un estilo
claro y vivo, llegó a ser uno de los escritores más influyentes del siglo XX
“Cartas del demonio a su sobrino”, “Mientras no tengamos rostro”, “Los cuatro
amores”, “El problema del Dolor”, “El Gran divorcio, un sueño”, son algunas de
sus obras más célebres. También escribió libros para niños como las “Crónicas
de Narnia” y de literatura fantástica “La Trilogía de Ransom”, además de
muchos trabajos de crítica literaria. Las traducciones de sus libros son
conocidas por millones de personas en todo el mundo. Aunque Carmen Martín
Gaite tradujo al español su libro “Una pena en observación” con brillantez, el
filósofo José Luis del Barco es su mejor traductor en lengua española, en mi
modesta opinión. La mayoría de sus traducciones se encuentran en la editorial
española Rialp, que ha publicado prácticamente toda su obra.
C.S. Lewis es un autor enmarcado dentro de la rica tradición de apologistas
cristianos del mundo anglosajón de los dos últimos siglos, junto con
Chersterton, Belloc, Knox y Sayers, por citar algunos. Su obra fue muy popular,
y como señala uno de sus mejores críticos, H. Hyslop, “a pesar de sus
defectos, Lewis hizo más que otros muchos al esforzarse en explicar la
herencia cristiana a una generación mal instruida y equivocada”.
Pocos escritores tienen el honor de ser citados habitualmente por pensadores
de la talla de Josef Pieper, Robert Spaemann o el propio Cardenal Ratzinger,
actual “Benedicto XVI”.
Sus escritos muestran una ortodoxia casi general, aunque queda patente su
formación anglicana y sus prejuicios contra el catolicismo, como señala José
Miguel Odero, autor de uno de los mejores estudios completos y sistemáticos
de Lewis. Estos autores destacan la hondura del pensamiento del profesor
inglés, así como la elegancia de su estilo, su rica imaginación y su afilado
sentido del humor.7
C.S.Lewis en España ha sido un autor muy conocido por la publicación de sus
conocidas “Crónicas de Narnia” recientemente. Es una heptología de libros
infantiles escrita entre 1949 y 1954, e ilustrados, en su versión original, por
Pauline Baynes. Relatan las aventuras en Narnia, tierra de fantasía y magia
poblada por animales parlantes y otras criaturas mitológicas que se ven
envueltas en la eterna lucha entre el bien y el mal. Aslan, un legendario león
creador del país de Narnia, se constituye como el auténtico protagonista de
todos los relatos, si bien los cuatro hermanos Peter, Susan, Lucy y Edmund
Pevensie, aunque ausentes directamente en dos títulos, sirven de hilo
conductor. La saga es considerada un clásico de la literatura infantil, y es el
trabajo más conocido del autor entre el gran público, habiendo vendido más de
100 millones de ejemplares, y siendo traducida a más de 41 idiomas. Las
Crónicas de Narnia se han adaptado varias veces, completa o en parte, por la
radio, la televisión y el cine.




Además de numerosos temas cristianos tradicionales, la serie toma los
personajes y las ideas de la mitología griega y la mitología romana, así como
de los cuentos de hadas tradicionales británicos e irlandeses, tan del gusto de
Lewis y que le fascinaron desde niño. Mucho tuvo que ver en la escritura de
estos libros su amistad con Tolkien, y su mutua influencia en este tipo de
literatura.
Llegados a este punto, me interesa especialmente de la ingente obra de C.S.
Lewis, lo que reflexionó y escribió a propósito del dolor y sufrimiento humanos,
motivo de este libro como bien conocen.
El escritor inglés, previamente comentábamos, que escribió en 1940 su libro
“El problema del dolor”. Su propósito era resolver el problema intelectual
presentado al sufriente por el sufrimiento. Esta erudición intelectual del
problema del dolor es una necesidad urgente para quien sufre, pues el doliente
no sólo se duele de padecimientos físicos sino también de la misma conciencia
del dolor como aporía, como callejón sin salida. Por eso la reflexión sobre el
sentido del dolor resulta inevitable. Con todo Lewis observa con agudeza que
una filosofía del dolor nunca podrá llegar a ser un analgésico adecuado para
obviar al sufrimiento.
Tampoco la fe cristiana es para el creyente una especie de opio espiritual que
le evite la experiencia lacerante del dolor. El dolor es siempre doloroso; es más
7
 José Miguel Odero. “Reflexiones al hilo del pensamiento de C.S. Lewis”. Comunicación a la III Semana
de Teología. Revista Española de Teología”. Artículo encontrado en: www.arvo.net
la misma conciencia de la inevitabilidad del dolor duele a su vez. Lo único que
el teólogo puede y debe proponerse en su discurso es inyectar en el dolor la
esperanza.
Para un materialista, o un no creyente, el dolor es tan sólo un síntoma que hay
que tratar de erradicar. Es decir, el problema del dolor se reduce a un problema
técnico: encontrar remedios adecuados.
Por el contrario, la fe cristiana en un Dios bueno y omnipotente suscita el
problema del dolor en sus términos más paradójicos.
Según desarrolla en su libro Lewis, el primer paso para comprender el enigma
del dolor así planteado consiste en entender que la posibilidad del sufrimiento
está implicada por el orden de la naturaleza y por la existencia de voluntades
libres. Una reflexión seria sobre estas dos condiciones de posibilidad de dolor
tiene una consecuencia trascendental e inquietante: la convicción de que el
intento de excluir de raíz la posibilidad del sufrimiento llevaría a hacer imposible
la vida humana.
En el contexto de la relevancia y el sentido que tiene el dolor en la salvación
para los cristianos, Lewis escribe que el dolor actúa ante el entendimiento
como despertador de que algo va mal en la vida humana: “El dolor no sólo es
un mal inmediatamente reconocible, sino un mal imposible de ignorar”. Lewis
observa que el dolor es uno de los vehículos más eficaces para que se
despierte en el hombre la conciencia de la existencia de Dios; porque “el dolor
insiste en ser atendido. Dios nos susurra en nuestros placeres, también nos
habla mediante nuestra conciencia, pero en cambio grita en nuestros dolores,
que son el megáfono que Él usa para hacer despertar a un mundo sordo”.
En este primer libro, Lewis había sufrido en primera persona un dolor lacerante
y desgarrador con las muertes de sus padres por cáncer, pero nunca toco
fondo. Cuando murió su madre él era muy niño. Cuando lo hizo su padre, su
relación era muy distante. Posiblemente por esos motivos concluye en ese libro
que “cuando el dolor tiene que ser sufrido, un poco de valor ayuda más que
mucho conocimiento; un poco de simpatía humana ayuda más que mucho
valor, y el más leve rastro de amor de Dios es lo que ayuda más que cualquier
otra cosa”.8
La vida hace que posteriormente Lewis sufra en primera persona el zarpazo del
dolor, y en 1961 publica “Una pena en observación”. El problema deja de ser
un hecho intelectual y se transforma en el centro de su vida. La pérdida de su
esposa se transforma en dolor hondo que invita a Lewis a escribir en las pocas
páginas de este libro la reflexión de su desdicha, enfrentándose a todo lo que
previamente había preconcebido, incluso a Dios, por su aparente ausencia en
esos momentos tan difíciles.
Veinte años después de publicar su ensayo “El problema del dolor”, Lewis tuvo
la oportunidad de experimentar vivamente de modo nuevo y diferente el
perenne carácter enigmático que presenta siempre el dolor sufrido en presente
y primera persona. Esta experiencia quedó plasmada en el diario espiritual que
Lewis escribió a raíz de la muerte de su esposa Joy.
Este diario, publicado en 1961 con el título “Una pena en observación”, es
también una reflexión sobre el problema del sufrimiento humano; sólo que
entonces Lewis estaba constituido él mismo en sufriente de un modo especial.
Con todo, en medio de su intenso dolor, Lewis intenta reflexionar sobre su

8
    C.S. Lewis. “El problema del dolor”. Editorial Rialp. Madrid 1995.
propia situación: “Cada día no sólo vivo en pena, sino pensando lo que es vivir
en pena”.
Lewis trata de mitigar su dolor por el procedimiento de objetivarlo, pero se da
cuenta de que ello no es posible: no existe una estrategia para que el dolor no
duela, porque la subjetividad doliente no es capaz de autoobjetivarse
adecuadamente. Lo único que está en sus manos es tratar de dar sentido al
dolor que necesariamente ha de ser padecido.
Lo primero que Lewis descubre en su reflexión es que el sufrimiento ha hecho
tambalearse sus convicciones teológicas más profundas, de modo que el
sentido de su dolor no se le aparece inmediatamente como algo dado.
A pesar de ser creyente y de haber escrito un ensayo clarividente sobre “El
problema del dolor”, Lewis descubre, ante el dolor por la muerte de su mujer,
que su antigua teorización sobre el dolor ha quedado existencialmente inerte y
que ya no le es de utilidad. Lewis comprende que tiene que replantearse de
nuevo todo el problema desde su situación en ese momento.
Ahora experimenta el dolor como miedo, como tedio y también como rebeldía
frente a Dios. El sufrimiento ha convertido su vida en un “callejón angosto” y en
un sinsentido. El dolor tiñe la vida con una sensación de permanente
provisionalidad: “Antes nunca llegaba a tiempo para nada, ahora no hay nada
más que tiempo, tiempo en estado casi puro, una vacía continuidad”.
Tras sus primeros desahogos Lewis cobra cierta autoconciencia de su estado.
Entonces cae en la cuenta de que el orden de su pensamiento doliente se ha
dirigido primero a él mismo, luego a su mujer y sólo finalmente ha pensado en
Dios. Ahora bien, desde su fe cristiana comprende que ese ordenamiento de su
atención es “justo lo que no debe ser”. Disfrazado de altruismo, su dolor era
esencialmente egoísta.
La constatación de su egoísmo le lleva a percibir de forma notablemente
diferente su situación espiritual: “Mi pensamiento, cuando se vuelve hacia Dios,
ya no se encuentra con aquella puerta de cerrojo echado”.
En las entradas posteriores de su diario íntimo se impone ya la mente lógica y
cristiana de Lewis. Entonces descubre que el intenso dolor que sufre el ser
humano lleva a comprender de una forma nueva a Dios y a sí mismo.
Lo único que podemos hacer con el dolor es aguantarlo, remediarlo, aunque la
experiencia del sufrimiento es distinta cuando el sujeto advierte que tiene un
sentido.
Los dilemas que en medio del sufrimiento planteamos a Dios no nos son
contestados, porque son preguntas sin respuestas: “Es una forma especial de
decir no hay contestación. No es la puerta cerrada. Es más bien como una
mirada silenciosa y en realidad no exenta de compasión. Como si Dios moviese
la cabeza, no a manera de rechazo sino esquivando la cuestión. Como
diciendo: cállate, hijo, que no entiendes”.
Este segundo libro completa de una forma precisa el itinerario que Lewis
realiza junto al dolor y el sufrimiento.9
No entenderíamos la vida de C.S. Lewis si no conociéramos su relación con la
poetisa norteamericana de origen judío, Helen Joy Gresham. Ella se convirtió
al cristianismo influida en gran medida por las obras de Lewis. Tras varios años
de relación epistolar, Joy visitó por primera vez a Lewis en 1952. Al año
siguiente, tras divorciarse de su marido que era alcohólico, el también escritor
William Gresham, Joy se instaló definitivamente en Inglaterra con sus dos hijos.
9
    C.S. Lewis. “Una pena en observación”. Editorial Anagrama. Barcelona 1994.
Desde ese momento, el trato entre Joy y Lewis se intensificó, sin salirse
inicialmente de una mera amistad entre escritores. En 1956 le diagnosticaron a
Joy un grave cáncer óseo. Lewis aceptó entonces un singular matrimonio civil
de conveniencia para que Joy pudiera obtener la nacionalidad británica. Poco a
poco, el inteligente y soltero profesor de Oxford, que vivía con su hermano, se
dio cuenta que estaba verdaderamente enamorado de la poetisa
norteamericana. Así, el 21 de Marzo de 1957 se casaron canónicamente en la
habitación del hospital donde estaba ingresada Joy. Por aquel entonces, Lewis
tenía 59 años y Joy 42.




                                                          C.S. Lewis con su esposa Joy
Joy se recuperó momentáneamente gracias a la radioterapia, y vivió con sus
dos hijos en la casa de Lewis en Oxford, e incluso hizo con él un viaje a Grecia
en la primavera de 1960.
En esa época de plenitud, y en ese mismo año, aparece el libro “Los cuatro
amores”. Es este libro un ensayo lúcido, directo y colmado de ejemplos. Para el
escritor inglés los cuatro amores fundamentales de la condición humana son el
afecto, la amistad, el eros y la caridad. Cada uno de ellos se funde en el otro
sin perder su peculiar diferencia. En este estudio se encuentra una auténtica
psicología del amor, un atisbo de las profundidades del alma humana que el
amor pone en juego. El amor era conjugado en primera persona por Lewis,
ponía al servicio de las ideas su propia experiencia y su fina inteligencia.10
Amar a una persona es confirmarla en su ser, en palabras del filósofo Tomás
Melendo. Amar de verdad es querer hasta tal punto que sin el otro, el universo
queda incompleto. Con palabras de Ortega: amar a una persona “es estar
empeñado en que exista; no admitir, en lo que depende de uno, la posibilidad
de un universo donde aquella persona esté ausente”. El ser querido resulta así
imprescindible, el mundo es incompleto sin él.
El amor también podemos considerarlo un misterio convertido en su plenitud en
realidad gozosa. Dolor y amor son misterios que en muchas ocasiones son
vividos de forma intensa e indivisible. Lewis, hombre de altos vuelos
intelectuales, a través de su elegante pluma, nos acercó a ambos misterios. Su
vida, con su experiencia en el dolor y el amor, fueron magisterio aún mayor que
el ejercido por sus propios libros. Una vez más la realidad supera en calidad a
la ficción y nos acerca a la verdadera condición y fragilidad humanas.

10
     C.S. Lewis. “Los cuatro amores”. Editorial Rialp. Madrid 1991.
Fueron años muy felices para ambos. Al poco tiempo de su regreso del país
heleno, Joy volvió a recaer y, finalmente murió tres meses después. “Cáncer,
cáncer, y cáncer. Mi madre, mi padre, mi mujer. Me pregunto quien será el
siguiente en la lista”.
C.S. Lewis padeció osteoporosis, hipertensión arterial, problemas de próstata y
sobrevivió a un ataque al corazón. Falleció en su casa de Oxford justo una
semana antes de cumplir 65 años. Fue el 22 de Noviembre de 1963, el mismo
día en que se había cometido el atentado contra el presidente de EEUU
J.F.Kennedy y el escritor A. Huxley moría.
Su hermano Warren le sobrevivió 10 años. En 1973 fue enterrado junto a su
querido hermano. Sus documentos cruzaron el océano y pasaron a la colección
del Dr. Clyde S. Kilby, en el Wheaton Collage, Illinois, EEUU.11




                                               Tumba de C.S.Lewis




Tierras de penumbra, la película

La historia intensa y romántica entre los dos escritores, Lewis y Joy, fue
convertida en guión cinematográfico por William Nicholson, a partir de un
trabajo suyo para la televisión británica, más tarde convertido en obra de teatro.
En su adaptación, que optó a los premios Oscar, Nicholson se tomó algunas
licencias. Por ejemplo, sólo aparecía uno de los dos hijos de Joy, Douglas, y no
se cita el viaje que realiza con su marido a Grecia, ni la controversia entre el
obispo anglicano de Oxford y Lewis por su matrimonio con una divorciada. No
aparecen tampoco sus tertulias literarias en extenso junto con su amigo
católico Tolkien.
La película llevó por nombre original “Shadowlands”. Fue dirigida por Richard
Attemborough y fue presentada en 1993. El director llevó a cabo una primorosa
puesta en escena, de ritmo apacible, que permitía una sólida definición de
caracteres y ambientes. Evitó con decisión la tendencia al exceso
melodramático propio de la historia, a través de un punto de vista en el que la
reflexión dominaba siempre sobre el sentimentalismo.

11
 Este lugar se denomina actualmente Marion E. Wade Center:
www.wheaton.edu/learnres/wade/index.html.
En el aspecto formal, Attenborough jugó con acierto la baza de la humildad,
dejando que su cámara permitiera en todo momento que se lucieran los actores
y resplandecieran con luz propia los diálogos. El premio fue que sus encuadres
y movimientos de cámara, así como su cuidado envoltorio fotográfico, de la
mano de Roger Pratt, y musical, obra de George Fenton, acabaron revelando
su perfección técnica y su hondura artística.
Era muy difícil abarcar plenamente la rica personalidad de Lewis, pero su talla
humana e intelectual quedó patente en la película. En este sentido, la sutilísima
y contenida caracterización de sir Anthony Hopkins en el papel del escritor
inglés resulta magistral. Como lo es también la de Debra Winger, en el papel de
Joy, que le valió una candidatura al Oscar a la mejor actriz.
A los expertos en Lewis, quizá la película le supo a poco, pero no podemos
negar que el largometraje de Attenborough no sólo consiguió mostrar al gran
público la relevancia del escritor inglés, sino que es una auténtica obra de arte.

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  • 1. C.S. Lewis: “El Quijote de la luz"
  • 2. “La verdad os hará libres”1. La conocida sentencia bíblica expresada en el Evangelio de San Juan guió toda la vida del escritor británico Clive Staples Lewis, todo un gigante de la literatura universal. Este profesor británico influyó a través de sus libros en miles de personas, que fueron cautivados por la frescura y valentía de sus ideas. En palabras del estadounidense Chad Wals, Lewis fue un auténtico “apóstol de los escépticos” y en las del filósofo español José Luis del Barco, un auténtico “quijote de la luz”. Si bien gozó de una vida jalonada de triunfos y éxitos personales y profesionales, no le fueron esquivas la contradicción, la pena y la amargura. Su vida es digna de ser estudiada por considerarla una auténtica vida lograda. Clives Staples Lewis nació en Belfast el 29 de Noviembre de 1898. Fue bautizado el 29 de Junio de 1899 en la iglesia de San Marcos Dundela de la misma ciudad. Su padre, Albert, era notario y provenía de una familia de granjeros de Gales que habían emigrado a Irlanda. Comenzó trabajando de obrero pero terminó como socio de una importante firma de ingeniería y armadores de buques. Parece ser que siendo en el fondo muy sensible, mantenía una pose de frialdad y seriedad que lo distanciaba de sus hijos. Todo lo contrario que su madre, Florence Augusta Hamilton, que provenía de una familia de clérigos y abogados. Era hija de un pastor protestante. Sus hijos la recordaron siempre como muy tierna y cercana, además de con una mente crítica e irónica que le hacían muy interesante. Complementaba perfectamente el carácter de su marido. El matrimonio tuvo dos hijos, el mayor llamado Warren (conocido como Warnie) y Clive Staple (conocido como Jack). Se llevaban sólo tres años de diferencia. Fueron inseparables. Vivieron felices y despreocupados siendo niños en un hermoso entorno natural a las afueras de la ciudad. Los hermanos Lewis se entregaron a la creación de un mundo imaginario sobre el que elaboraron historias, mapas, etc. Influyeron en ellos los libros de Beatriz Potter, llenos de animales con características humanas. Warren se marchó a un colegio de Inglaterra, y Jack pudo entregarse de lleno a la magnífica biblioteca de los 1 Jn 8, 32.
  • 3. padres donde había libros de historia, biografías y todo tipo de novelas y relatos fantásticos. En 1908, la madre de los Lewis falleció de cáncer tras una larga convalecencia. Fue un duro golpe para la familia, fundamentalmente para los niños. Ese mismo año fallecieron también su abuelo y su tío paterno. C.S. Lewis (derecha) con su padre y su hermano Unas semanas después de la muerte de su madre, Jack fue enviado al centro educativo del que era también alumno su hermano, el Wynyard School en Watford, Hertfordshire. En este colegio es donde tuvo el primer contacto con el cristianismo en su forma anglicana. Aunque sus padres asistían regularmente a la iglesia, la religión no fue algo significativo en su infancia. El pequeño Jack disfrutaba desde niño con los libros de mitología nórdica. Le fascinaban los interesantes paisajes, atractivos dragones, admirados héroes y desconocidos dioses. Quería encontrarse con lo que el denominaba “alegría”, que todavía no sabía bien definir pero que sentía de una forma intensa con la lectura de esos libros. En 1910 el colegio cerró y al año siguiente ingresó en Cherbourg House, una escuela preparatoria del Malvern College de la Universidad de Oxford. En esos años Jack descubrió sus aptitudes para las lenguas, y comenzó su interés por el mundo del ocultismo gracias a la afición que tenía al mismo la gobernanta de su colegio. En 1913 Lewis entró por un año en el Malvern College, del que había salido su hermano, que preparaba en esos meses su ingreso en la carrera militar. Mantiene su interés por la lectura y descubre en ese tiempo la mitología celta. Conoce a su vecino Arthur Greeves, gracias a la enfermedad que este padecía. Un día va a visitarlo y descubre que en la mesilla junto a su cama tiene el libro “Mitos nórdicos”. Sólo por ese detalle entabla con él una amistad que le duraría toda la vida. Su fascinación por la mitología ocupaba la mayor parte de su tiempo. Corre el año 1914 y Warren que había ingresado ya en la Academia Militar, es llamado a combatir a Francia en la I Guerra Mundial. Mientras Jack, es enviado a estudiar a Great Bookham, Surrey, con un profesor particular, que ya lo había sido de su padre y hermano, el señor W.T. Kirkpatrick. Este nuevo profesor lo
  • 4. introdujo en la lectura de los clásicos griegos y latinos, y le ofreció una magnífica biblioteca para que pudiera disfrutar el joven Jack a sus anchas. A finales de 1916 se presentó en Oxford y se examinó para el examen para una beca de la citada universidad. Entra en el University College en el trimestre del verano de 1917. Aunque como irlandés, podría haber sido eximido de participar en la I Guerra Mundial, se alistó voluntariamente en 1917. En los meses previos a la entrada en combate, Jack trabó una gran amistad con su compañero de armas, el también irlandés Edward F.C. Moore (conocido como Paddy). Él y su hermana de 11 años, Maureen, vivían con su madre, Janie King Moore, que estaba separada de su marido hacía años. Parece ser que Jack prometió a Paddy que si moría en la guerra, él se ocuparía de su familia. Pronto fueron destinados a Francia. El 15 de Noviembre de 1917, Jack telegrafió a su padre para que fuera a despedirlo antes de que embarcara. Desgraciadamente no acudió y este hecho separó al pequeño de los Lewis de su padre definitivamente. Cruzó el canal de la Mancha y llegó a las trincheras el día de su 19 cumpleaños, como segundo teniente de infantería. En 1918 cayó enfermo en el frente y fue enviado a un hospital en Le Trépot. Allí en su convalecencia tuvo su primer encuentro con los libros del católico G.K. Chesterton. También comenzó a leer a George McDonald, que le descubrió un mundo donde Dios estaba más cerca de la realidad de lo que él había pensado hasta ahora. Para un ateo convencido como era en aquella época Jack, esos dos autores precisamente no eran los más recomendables para él. De nuevo en el frente, es herido por metralla de su propio ejército en la batalla de Arras, cerca de Lillers, y su amigo Paddy desaparece en la misma. Es enviado a un hospital de Londres, al que su padre tampoco va a visitarlo. El convaleciente joven se trasladó a Bristol, para estar más cerca de la familia de Paddy, y finalmente se queda a vivir con ella, toda vez que es confirmada la muerte de su amigo. Tras una breve visita a Belfast, volvió a Oxford en Enero de 1919. Al año siguiente se trasladan la Sra Moore y su hija a esa misma ciudad. Alquilaron una casa en Headington Quarry donde fijaron su residencia. Quiso de esa forma cumplir la promesa que había hecho a su amigo, a la vez que encontraba en esta familia el calor que no había encontrado en la propia. Sólo tenía 21 años y había podido por un lado, granjearse una buena formación universitaria, y por otro, la vida le había ya reservado muchos momentos de contradicción y prueba.2 En aquella época publicó varios libros de poemas, y soñaba con una carrera poética. Tras la obtención de la licenciatura en Filología Clásica e Inglesa, buscó empleo, pero tuvo poco éxito. Comenzó a impartir clases particulares de filosofía. En 1925 obtuvo una plaza en la Universidad de Oxford, como tutor y profesor de lengua y literatura inglesa en el Magdalen College. Así se inició su fecunda carrera universitaria que es muy interesante conocer. En ese “college” estuvo 29 años. En 1937 recibió el Premio Gollancz Memorial de Literatura en reconocimiento a su estudio de la tradición medieval en “The Allegory of Love”. 2 D. Barrat. “C.S. Lewis and his world”. Ed. Marshall Pickering. London 1987.
  • 5. Magdalen College de la Universidad de Oxford Fue nombrado Doctor of Divinity por la Universidad de St. Andrews en 1946 y más tarde en 1948 Miembro de la Royal Society of Literatura. Se le concedió el Doctorado en Letras por la Universidad de Laval en Québec en 1951. Y finalmente en 1954 aceptó la Cátedra de Literatura Medieval y del Renacimiento de la Universidad de Cambridge. En su carrera académica se puede resaltar que fue miembro de la Academia Británica, y rehusó la Orden del Imperio Británico. En 1957 recibió la Carnegie Medal en reconocimiento por su obra “The Last Battle”. En 1958 fue elegido Miembro Honorario de la University College de Oxford y un año más tarde fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Manchester. C. S. Lewis tuvo una acabada y dilatada carrera universitaria que le permitió acercarse a miles de jóvenes, que siempre lo recordaron como un profesor especial.3 3 C.S Lewis Foundation: www.cslewis.org
  • 6. C.S. Lewis en Oxford Nos interesa mucho destacar lo que supuso para él la amistad con determinados colegas suyos de la Universidad de Oxford, por lo que influyeron en su vida y en su obra. Tras comenzar a dar clases en Oxford, hizo una gran amistad con el profesor y escritor J.R.R. Tolkien, católico y catedrático de literatura anglosajona desde 1925. Con él discutió ampliamente sobre la relación de los mitos “paganos” y el cristianismo. Lewis conoció a Tolkien hacia 1927 y ambos comenzaron a reunirse regularmente para leerse mutuamente sus escritos y comentar sus diferentes obras. De esos encuentros iniciales, a principios de los 30, formaron el grupo denominado “The Inklings”, que se reunían los jueves por la tarde en las habitaciones de Lewis en el Magdalen College y también los martes por la mañana en el pub “Eagle and Child”, que en la actualidad aún existe y conserva fotos de esos encuentros. Al grupo se unieron su hermano Warren, y sus compañeros Barfield, Hugo Dyson y Charles Williems entre otros. Las reuniones formales de los jueves dejaron de realizarse en 1949, mientras que las de los martes por la mañana duraron hasta que falleció Jack. Estas reuniones influyeron sobremanera tanto en el desarrollo de las obras de los amigos escritores que se reunían, como en sus aventuras personales relacionadas con la religión.4 4 Pablo de Felipe. “C.S. Lewis. El autor de Las Crónicas de Narnia”. H&D editores.Madrid 2006.
  • 7. Pub “Eagle and Child” en Oxford Conocíamos que Lewis ejercía de ateo en sus primeros años de universidad, o mejor dicho, como él mismo escribía: “estaba muy molesto con Dios por no existir”. Influido por las conversaciones de sus colegas católicos, como Tolkien, así como las lecturas de Chersterton y Macdonald, fue redescubriendo el cristianismo. Así en 1929 describe su lucha intelectual en esta materia de la siguiente forma: “Me tienen que imaginar estando solo en Magdalen, noche tras noche, sintiendo, cada vez que mi mente se alejaba por unos segundos de mi trabajo, el lento venir de Él a quien yo honestamente había tratado de no conocer. A aquel a quien yo le había temido, finalmente me alcanzó. En 1929 me entregué, y admití que Dios era Dios, y me arrodillé y oré; a lo mejor, aquella noche, yo era el converso más desanimado e indispuesto de toda Inglaterra”.5 En 1931 después de una larga discusión con Tolkien y otro de sus amigos cercanos, Hugo Dyson, Lewis se convirtió al Cristianismo y, en contra de lo querido por Tolkien, se unió a la Iglesia de Inglaterra. Tras su conversión al cristianismo no dudó ni un momento en escribir texto apolégeticos, entre los que destacaron en 1933 “El regreso del peregrino”, y el más autobiográfico “Cautivado por la alegría” de 1955. Previamente a su conversión religiosa, a Jack le ocurrió un fatal suceso, que fue la muerte de su padre en 1929, víctima también de un cáncer. Este hecho hace que los dos hermanos se queden definitivamente solos y se vuelven a encontrar. Warren deja el ejército en 1932 y también se acerca al cristianismo y deciden vivir juntos en una casa que compran en Oxford. Warren es un gran aficionado a la historia del siglo XVII francés y comienza a publicar libros sobre el tema, un total de diez a lo largo de su vida. También ayuda a Jack como secretario personal, y tan importante es su contribución a la difusión de la obra del mismo, que tras su muerte es precisamente Warren, el que publica una voluminosa historia de la familia, edita una colección de cartas de su hermano y su diario personal.6 5 C.S. Lewis. “Cautivado por la alegría. Historia de mi conversión”. Editorial Encuentro. Madrid 1989. 6 C.S. Lewis Institute. www.cslewisinstitute.org
  • 8. En estos años C.S. Lewis se entrega por completo a la docencia y a la escritura, cosechando numerosos éxitos. Publica muchos artículos en un periódico semanal anglicano, ya desaparecido, llamado “The Guardian”. En 1940 publica una de sus obras más famosas “El problema del dolor”, donde defiende la doctrina cristiana sobre el sentido del dolor y el sufrimiento. Su éxito entre el público es enorme. Tanta es su popularidad que es llamado a dar conferencias con esta temática a los pilotos de la fuerza aérea británica por diferentes bases del país. Pero su fama se ve acrecentada, cuando el director de los programas religiosos de la BBC, impresionado por el libro citado, le solicita que dé unas charlas radiofónicas en plena II Guerra Mundial. Sus charlas fueron en Agosto, los miércoles de 19:45 a 20:00 y gozaron de una gran audiencia, que hicieron de Lewis un profesor y escritor muy valorado en todo el país y también en EEUU. C.S. Lewis en su casa Dotado de una inteligencia excepcionalmente brillante y lógica, con un estilo claro y vivo, llegó a ser uno de los escritores más influyentes del siglo XX “Cartas del demonio a su sobrino”, “Mientras no tengamos rostro”, “Los cuatro amores”, “El problema del Dolor”, “El Gran divorcio, un sueño”, son algunas de sus obras más célebres. También escribió libros para niños como las “Crónicas de Narnia” y de literatura fantástica “La Trilogía de Ransom”, además de muchos trabajos de crítica literaria. Las traducciones de sus libros son conocidas por millones de personas en todo el mundo. Aunque Carmen Martín Gaite tradujo al español su libro “Una pena en observación” con brillantez, el filósofo José Luis del Barco es su mejor traductor en lengua española, en mi modesta opinión. La mayoría de sus traducciones se encuentran en la editorial española Rialp, que ha publicado prácticamente toda su obra. C.S. Lewis es un autor enmarcado dentro de la rica tradición de apologistas cristianos del mundo anglosajón de los dos últimos siglos, junto con Chersterton, Belloc, Knox y Sayers, por citar algunos. Su obra fue muy popular, y como señala uno de sus mejores críticos, H. Hyslop, “a pesar de sus defectos, Lewis hizo más que otros muchos al esforzarse en explicar la herencia cristiana a una generación mal instruida y equivocada”. Pocos escritores tienen el honor de ser citados habitualmente por pensadores de la talla de Josef Pieper, Robert Spaemann o el propio Cardenal Ratzinger, actual “Benedicto XVI”. Sus escritos muestran una ortodoxia casi general, aunque queda patente su formación anglicana y sus prejuicios contra el catolicismo, como señala José
  • 9. Miguel Odero, autor de uno de los mejores estudios completos y sistemáticos de Lewis. Estos autores destacan la hondura del pensamiento del profesor inglés, así como la elegancia de su estilo, su rica imaginación y su afilado sentido del humor.7 C.S.Lewis en España ha sido un autor muy conocido por la publicación de sus conocidas “Crónicas de Narnia” recientemente. Es una heptología de libros infantiles escrita entre 1949 y 1954, e ilustrados, en su versión original, por Pauline Baynes. Relatan las aventuras en Narnia, tierra de fantasía y magia poblada por animales parlantes y otras criaturas mitológicas que se ven envueltas en la eterna lucha entre el bien y el mal. Aslan, un legendario león creador del país de Narnia, se constituye como el auténtico protagonista de todos los relatos, si bien los cuatro hermanos Peter, Susan, Lucy y Edmund Pevensie, aunque ausentes directamente en dos títulos, sirven de hilo conductor. La saga es considerada un clásico de la literatura infantil, y es el trabajo más conocido del autor entre el gran público, habiendo vendido más de 100 millones de ejemplares, y siendo traducida a más de 41 idiomas. Las Crónicas de Narnia se han adaptado varias veces, completa o en parte, por la radio, la televisión y el cine. Además de numerosos temas cristianos tradicionales, la serie toma los personajes y las ideas de la mitología griega y la mitología romana, así como de los cuentos de hadas tradicionales británicos e irlandeses, tan del gusto de Lewis y que le fascinaron desde niño. Mucho tuvo que ver en la escritura de estos libros su amistad con Tolkien, y su mutua influencia en este tipo de literatura. Llegados a este punto, me interesa especialmente de la ingente obra de C.S. Lewis, lo que reflexionó y escribió a propósito del dolor y sufrimiento humanos, motivo de este libro como bien conocen. El escritor inglés, previamente comentábamos, que escribió en 1940 su libro “El problema del dolor”. Su propósito era resolver el problema intelectual presentado al sufriente por el sufrimiento. Esta erudición intelectual del problema del dolor es una necesidad urgente para quien sufre, pues el doliente no sólo se duele de padecimientos físicos sino también de la misma conciencia del dolor como aporía, como callejón sin salida. Por eso la reflexión sobre el sentido del dolor resulta inevitable. Con todo Lewis observa con agudeza que una filosofía del dolor nunca podrá llegar a ser un analgésico adecuado para obviar al sufrimiento. Tampoco la fe cristiana es para el creyente una especie de opio espiritual que le evite la experiencia lacerante del dolor. El dolor es siempre doloroso; es más 7 José Miguel Odero. “Reflexiones al hilo del pensamiento de C.S. Lewis”. Comunicación a la III Semana de Teología. Revista Española de Teología”. Artículo encontrado en: www.arvo.net
  • 10. la misma conciencia de la inevitabilidad del dolor duele a su vez. Lo único que el teólogo puede y debe proponerse en su discurso es inyectar en el dolor la esperanza. Para un materialista, o un no creyente, el dolor es tan sólo un síntoma que hay que tratar de erradicar. Es decir, el problema del dolor se reduce a un problema técnico: encontrar remedios adecuados. Por el contrario, la fe cristiana en un Dios bueno y omnipotente suscita el problema del dolor en sus términos más paradójicos. Según desarrolla en su libro Lewis, el primer paso para comprender el enigma del dolor así planteado consiste en entender que la posibilidad del sufrimiento está implicada por el orden de la naturaleza y por la existencia de voluntades libres. Una reflexión seria sobre estas dos condiciones de posibilidad de dolor tiene una consecuencia trascendental e inquietante: la convicción de que el intento de excluir de raíz la posibilidad del sufrimiento llevaría a hacer imposible la vida humana. En el contexto de la relevancia y el sentido que tiene el dolor en la salvación para los cristianos, Lewis escribe que el dolor actúa ante el entendimiento como despertador de que algo va mal en la vida humana: “El dolor no sólo es un mal inmediatamente reconocible, sino un mal imposible de ignorar”. Lewis observa que el dolor es uno de los vehículos más eficaces para que se despierte en el hombre la conciencia de la existencia de Dios; porque “el dolor insiste en ser atendido. Dios nos susurra en nuestros placeres, también nos habla mediante nuestra conciencia, pero en cambio grita en nuestros dolores, que son el megáfono que Él usa para hacer despertar a un mundo sordo”. En este primer libro, Lewis había sufrido en primera persona un dolor lacerante y desgarrador con las muertes de sus padres por cáncer, pero nunca toco fondo. Cuando murió su madre él era muy niño. Cuando lo hizo su padre, su relación era muy distante. Posiblemente por esos motivos concluye en ese libro que “cuando el dolor tiene que ser sufrido, un poco de valor ayuda más que mucho conocimiento; un poco de simpatía humana ayuda más que mucho valor, y el más leve rastro de amor de Dios es lo que ayuda más que cualquier otra cosa”.8 La vida hace que posteriormente Lewis sufra en primera persona el zarpazo del dolor, y en 1961 publica “Una pena en observación”. El problema deja de ser un hecho intelectual y se transforma en el centro de su vida. La pérdida de su esposa se transforma en dolor hondo que invita a Lewis a escribir en las pocas páginas de este libro la reflexión de su desdicha, enfrentándose a todo lo que previamente había preconcebido, incluso a Dios, por su aparente ausencia en esos momentos tan difíciles. Veinte años después de publicar su ensayo “El problema del dolor”, Lewis tuvo la oportunidad de experimentar vivamente de modo nuevo y diferente el perenne carácter enigmático que presenta siempre el dolor sufrido en presente y primera persona. Esta experiencia quedó plasmada en el diario espiritual que Lewis escribió a raíz de la muerte de su esposa Joy. Este diario, publicado en 1961 con el título “Una pena en observación”, es también una reflexión sobre el problema del sufrimiento humano; sólo que entonces Lewis estaba constituido él mismo en sufriente de un modo especial. Con todo, en medio de su intenso dolor, Lewis intenta reflexionar sobre su 8 C.S. Lewis. “El problema del dolor”. Editorial Rialp. Madrid 1995.
  • 11. propia situación: “Cada día no sólo vivo en pena, sino pensando lo que es vivir en pena”. Lewis trata de mitigar su dolor por el procedimiento de objetivarlo, pero se da cuenta de que ello no es posible: no existe una estrategia para que el dolor no duela, porque la subjetividad doliente no es capaz de autoobjetivarse adecuadamente. Lo único que está en sus manos es tratar de dar sentido al dolor que necesariamente ha de ser padecido. Lo primero que Lewis descubre en su reflexión es que el sufrimiento ha hecho tambalearse sus convicciones teológicas más profundas, de modo que el sentido de su dolor no se le aparece inmediatamente como algo dado. A pesar de ser creyente y de haber escrito un ensayo clarividente sobre “El problema del dolor”, Lewis descubre, ante el dolor por la muerte de su mujer, que su antigua teorización sobre el dolor ha quedado existencialmente inerte y que ya no le es de utilidad. Lewis comprende que tiene que replantearse de nuevo todo el problema desde su situación en ese momento. Ahora experimenta el dolor como miedo, como tedio y también como rebeldía frente a Dios. El sufrimiento ha convertido su vida en un “callejón angosto” y en un sinsentido. El dolor tiñe la vida con una sensación de permanente provisionalidad: “Antes nunca llegaba a tiempo para nada, ahora no hay nada más que tiempo, tiempo en estado casi puro, una vacía continuidad”. Tras sus primeros desahogos Lewis cobra cierta autoconciencia de su estado. Entonces cae en la cuenta de que el orden de su pensamiento doliente se ha dirigido primero a él mismo, luego a su mujer y sólo finalmente ha pensado en Dios. Ahora bien, desde su fe cristiana comprende que ese ordenamiento de su atención es “justo lo que no debe ser”. Disfrazado de altruismo, su dolor era esencialmente egoísta. La constatación de su egoísmo le lleva a percibir de forma notablemente diferente su situación espiritual: “Mi pensamiento, cuando se vuelve hacia Dios, ya no se encuentra con aquella puerta de cerrojo echado”. En las entradas posteriores de su diario íntimo se impone ya la mente lógica y cristiana de Lewis. Entonces descubre que el intenso dolor que sufre el ser humano lleva a comprender de una forma nueva a Dios y a sí mismo. Lo único que podemos hacer con el dolor es aguantarlo, remediarlo, aunque la experiencia del sufrimiento es distinta cuando el sujeto advierte que tiene un sentido. Los dilemas que en medio del sufrimiento planteamos a Dios no nos son contestados, porque son preguntas sin respuestas: “Es una forma especial de decir no hay contestación. No es la puerta cerrada. Es más bien como una mirada silenciosa y en realidad no exenta de compasión. Como si Dios moviese la cabeza, no a manera de rechazo sino esquivando la cuestión. Como diciendo: cállate, hijo, que no entiendes”. Este segundo libro completa de una forma precisa el itinerario que Lewis realiza junto al dolor y el sufrimiento.9 No entenderíamos la vida de C.S. Lewis si no conociéramos su relación con la poetisa norteamericana de origen judío, Helen Joy Gresham. Ella se convirtió al cristianismo influida en gran medida por las obras de Lewis. Tras varios años de relación epistolar, Joy visitó por primera vez a Lewis en 1952. Al año siguiente, tras divorciarse de su marido que era alcohólico, el también escritor William Gresham, Joy se instaló definitivamente en Inglaterra con sus dos hijos. 9 C.S. Lewis. “Una pena en observación”. Editorial Anagrama. Barcelona 1994.
  • 12. Desde ese momento, el trato entre Joy y Lewis se intensificó, sin salirse inicialmente de una mera amistad entre escritores. En 1956 le diagnosticaron a Joy un grave cáncer óseo. Lewis aceptó entonces un singular matrimonio civil de conveniencia para que Joy pudiera obtener la nacionalidad británica. Poco a poco, el inteligente y soltero profesor de Oxford, que vivía con su hermano, se dio cuenta que estaba verdaderamente enamorado de la poetisa norteamericana. Así, el 21 de Marzo de 1957 se casaron canónicamente en la habitación del hospital donde estaba ingresada Joy. Por aquel entonces, Lewis tenía 59 años y Joy 42. C.S. Lewis con su esposa Joy Joy se recuperó momentáneamente gracias a la radioterapia, y vivió con sus dos hijos en la casa de Lewis en Oxford, e incluso hizo con él un viaje a Grecia en la primavera de 1960. En esa época de plenitud, y en ese mismo año, aparece el libro “Los cuatro amores”. Es este libro un ensayo lúcido, directo y colmado de ejemplos. Para el escritor inglés los cuatro amores fundamentales de la condición humana son el afecto, la amistad, el eros y la caridad. Cada uno de ellos se funde en el otro sin perder su peculiar diferencia. En este estudio se encuentra una auténtica psicología del amor, un atisbo de las profundidades del alma humana que el amor pone en juego. El amor era conjugado en primera persona por Lewis, ponía al servicio de las ideas su propia experiencia y su fina inteligencia.10 Amar a una persona es confirmarla en su ser, en palabras del filósofo Tomás Melendo. Amar de verdad es querer hasta tal punto que sin el otro, el universo queda incompleto. Con palabras de Ortega: amar a una persona “es estar empeñado en que exista; no admitir, en lo que depende de uno, la posibilidad de un universo donde aquella persona esté ausente”. El ser querido resulta así imprescindible, el mundo es incompleto sin él. El amor también podemos considerarlo un misterio convertido en su plenitud en realidad gozosa. Dolor y amor son misterios que en muchas ocasiones son vividos de forma intensa e indivisible. Lewis, hombre de altos vuelos intelectuales, a través de su elegante pluma, nos acercó a ambos misterios. Su vida, con su experiencia en el dolor y el amor, fueron magisterio aún mayor que el ejercido por sus propios libros. Una vez más la realidad supera en calidad a la ficción y nos acerca a la verdadera condición y fragilidad humanas. 10 C.S. Lewis. “Los cuatro amores”. Editorial Rialp. Madrid 1991.
  • 13. Fueron años muy felices para ambos. Al poco tiempo de su regreso del país heleno, Joy volvió a recaer y, finalmente murió tres meses después. “Cáncer, cáncer, y cáncer. Mi madre, mi padre, mi mujer. Me pregunto quien será el siguiente en la lista”. C.S. Lewis padeció osteoporosis, hipertensión arterial, problemas de próstata y sobrevivió a un ataque al corazón. Falleció en su casa de Oxford justo una semana antes de cumplir 65 años. Fue el 22 de Noviembre de 1963, el mismo día en que se había cometido el atentado contra el presidente de EEUU J.F.Kennedy y el escritor A. Huxley moría. Su hermano Warren le sobrevivió 10 años. En 1973 fue enterrado junto a su querido hermano. Sus documentos cruzaron el océano y pasaron a la colección del Dr. Clyde S. Kilby, en el Wheaton Collage, Illinois, EEUU.11 Tumba de C.S.Lewis Tierras de penumbra, la película La historia intensa y romántica entre los dos escritores, Lewis y Joy, fue convertida en guión cinematográfico por William Nicholson, a partir de un trabajo suyo para la televisión británica, más tarde convertido en obra de teatro. En su adaptación, que optó a los premios Oscar, Nicholson se tomó algunas licencias. Por ejemplo, sólo aparecía uno de los dos hijos de Joy, Douglas, y no se cita el viaje que realiza con su marido a Grecia, ni la controversia entre el obispo anglicano de Oxford y Lewis por su matrimonio con una divorciada. No aparecen tampoco sus tertulias literarias en extenso junto con su amigo católico Tolkien. La película llevó por nombre original “Shadowlands”. Fue dirigida por Richard Attemborough y fue presentada en 1993. El director llevó a cabo una primorosa puesta en escena, de ritmo apacible, que permitía una sólida definición de caracteres y ambientes. Evitó con decisión la tendencia al exceso melodramático propio de la historia, a través de un punto de vista en el que la reflexión dominaba siempre sobre el sentimentalismo. 11 Este lugar se denomina actualmente Marion E. Wade Center: www.wheaton.edu/learnres/wade/index.html.
  • 14. En el aspecto formal, Attenborough jugó con acierto la baza de la humildad, dejando que su cámara permitiera en todo momento que se lucieran los actores y resplandecieran con luz propia los diálogos. El premio fue que sus encuadres y movimientos de cámara, así como su cuidado envoltorio fotográfico, de la mano de Roger Pratt, y musical, obra de George Fenton, acabaron revelando su perfección técnica y su hondura artística. Era muy difícil abarcar plenamente la rica personalidad de Lewis, pero su talla humana e intelectual quedó patente en la película. En este sentido, la sutilísima y contenida caracterización de sir Anthony Hopkins en el papel del escritor inglés resulta magistral. Como lo es también la de Debra Winger, en el papel de Joy, que le valió una candidatura al Oscar a la mejor actriz. A los expertos en Lewis, quizá la película le supo a poco, pero no podemos negar que el largometraje de Attenborough no sólo consiguió mostrar al gran público la relevancia del escritor inglés, sino que es una auténtica obra de arte.